anamar26
Rango8 Nivel 39 (2947 ptos) | Poeta maldito
#1
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  • #2

Rosa Prieto se estaba muriendo. Había llegado a la edad de ochenta y cuatro años y, tras unos problemas de salud, su vida se apagaba lentamente.
Se encontraba en una habitación de hospital cuyas paredes estaban pintadas de azul. Los muebles eran blancos y las ropas de cama blancas, excepto la colcha que también era azul. Sobre una mesa había un jarrón con flores amarillas y blancas. Aunque ella no podía verlo, las ventanas tenían vistas al mar.
Los últimos días de su enfermedad escuchaba todos los días el sonido de las olas. Pero hoy, su mente solo podía concentrarse en su última lucha.
No estaba sola. La acompañaba su marido, Ramón. No tenían hijos. Habían tenido diferentes mascotas a lo largo de sus vidas, pero hacía varios años que había muerto el último perro.
Su marido, un hombre atractivo, elegante, la confortaba con caricias en las mejillas y sonrisas cariñosas. Rosa, moribunda, agradecía esas atenciones. Sin embargo, a pesar de tener los sentidos aletargados, sabía que había algo extraño en él.
Sus ojos vidriosos escudriñaron el rostro del hombre. Los ojos castaños de...

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13
Kapmeh
Rango4 Nivel 16
hace 5 meses

Genial tu lectura.


#2

Sus ojos vidriosos escudriñaron el rostro del hombre. Los ojos castaños de Ramón seguían teniendo el mismo brillo que tanto llamó su atención cuando se conocieron, hacía más de sesenta años.
Se habían conocido una noche de verano, en una fiesta familiar. Rosa todavía podía recordar cuánto habían bailado esa velada. Desde entonces, no se separaron jamás. Solo tardaron un año en prometerse y otro en casarse. En aquellos tiempos no se podía correr tanto como en los tiempos recientes. Habían pasado momentos buenos y malos pero siempre estuvieron juntos. ¿Siempre?
Rosa hizo un esfuerzo y abrió más los ojos. Observó detenidamente el rostro del hombre. Tenía los rasgos viriles, la nariz ligeramente aguileña, la boca de labios bien delineados y lucía un bigote fino que, a pesar de quedarle bien, era de estilo antiguo. Y fue ese detalle el que la hizo recordar lo sucedido hacía varios años. ¿Cuántos? Su memoria fallaba y no tenía la lucidez suficiente para pensar en ello pero, estaba segura, de que debían ser unos veinte años, más o menos.
Su mente, en su última batalla, negándose a morir, tuvo un momento de lucidez y recordó el día que su esposo había dejado de estar con ella, a su lado. El día que la abandonó para siempre.
No había sido un abandono por decisión propia, sino por circunstancias ajenas a las que se vio sometido. Sucedió una tarde, cuando regresaba a casa. Un coche conducido por un conductor imprudente, se cruzó con él, y chocaron. Sobrevivió al accidente unos días, tras los cuales, falleció.
Durante esos días, Rosa recibió la visita de dos hombres que le ofrecieron la posibilidad de alargar la vida de su marido en un androide. Solo tenían que copiar los recuerdos del moribundo y grabarlos en la memoria del androide, además de fabricarlo respetando los rasgos exactos de su esposo.
Rosa, rota de dolor y temerosa ante un futuro en soledad, aceptó. Firmó el contrato y pagó el dinero que pedían. Era una cantidad cuantiosa, pero ella se lo podía permitir.
El cuerpo de su esposo sería incinerado y le entregarían las cenizas. No podía constar que Ramón había fallecido en ningún documento ni registro oficial, hasta el día que ella falleciera.
Al principio se le hizo extraño relacionarse con él pero, tanto era el parecido, que enseguida se olvidó de que su marido había muerto. Se convenció de que él seguía a su lado, olvidó esos días tan duros y adoptó al androide como si realmente fuera su esposo.
No quiso ver que, mientras ella envejecía, el androide no lo hacía. Ella adquiría nuevos conocimientos y recuerdos, sin embargo el androide permanecía anclado en el pasado. Solo recordaba lo que su esposo había vivido hasta el día de su muerte. No tenía capacidad de mejorar, ni adaptarse a los nuevos tiempos.
A Rosa eso no le importó, se conformó con tener a un esposo amante, cariñoso y dedicado a ella las veinticuatro horas del día.
Ahora, en su lecho de muerte, se dio cuenta de su error. Allí estaba siendo confortada por un androide que solo repetía frases y acciones de lo que había sido un ser humano hacía dos décadas. Dejó de vivir, de buscar otra felicidad, por vivir al lado del cromo de su esposo.
Sí, eso es lo que veía en él ahora. El androide era una copia de su marido. Un recuerdo eterno.
Ahora era tarde para lamentarse por no haber sido más valiente y tomar la decisión de afrontar la vida sola, de buscar otras oportunidades. La muerte ya estaba a su lado y se la llevaría.
La copia seguía sonriendo. A Rosa le quedaba la esperanza de volver a encontrarse con su esposo. Pero ¿existía en verdad esa otra realidad?

FIN

Hiarbas
Rango11 Nivel 51
hace 5 meses

Muy buena, me ha encantado, genial el giro.

DanaMaat
Rango12 Nivel 55
hace 4 meses

Me ha gustado mucho como ha girado la trama en la historia, espero que sigas así.

¡Nos leemos!

@anamar26