Galin_H
Rango6 Nivel 26 (841 ptos) | Novelista en prácticas

En 1988, un incendio en Grecia acabó con muchas vidas, incluyendo a los padres y familiares de Ryan Russó, quien sobrevive a la catástrofe con tan solo tres meses de nacido. El niño va creciendo con pequeñas dificultades que el incendio provocó en su cuerpo y múltiples familias intentan ayudarlo, pero su dificultad avanza a medida que pasa el tiempo, así que las familias se rinden fácilmente y terminan regresándolo a los orfanatos por no ser un niño fácil de llevar.En el año 2000, los padres de Emma James, viajan a Brasil por trabajo, dejando a Emma y a su hermana menor, con su tía, quien es dueña del orfanato donde Ryan está hospedado desde hace siete años.Emma y Ryan aún son niños en etapas distintas

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NOVACHEK
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 1 año

Me voy a tomar el tiempo de leerlo, pronto me verás dándole like a tus partes.

Galin_H
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 1 año

¡Graciaasss!

cristian123axel
Rango4 Nivel 18
hace alrededor de 1 año

inspiradora la forma en la que pasas tiempo haciendo historias y el tiempo que agstas son iluciones largas de tan solo una salida


#2

Prólogo

VEINTIDÓS AÑOS ANTES

Una noche como cualquiera en Grecia, Bolos, un niño de aspecto tranquilo, ojos verdes, cabello castaño oscuro y lentes redondos, ha sido llevado a un orfanato, donde la mujer dueña y principal encargada llamada Mary lo recibe con los brazos abiertos.
–¿Por qué lo traen?–les pregunta Mary a la mujer y al hombre que están llevando al pequeño.
–Realmente no pudimos con él, no podemos con su discapacidad, este niño necesita mucha atención y no somos los padres que necesita.
–No son sus padres biológicos ¿Cierto?–les pregunta Mary.
La mujer y el hombre niegan con la cabeza.
–¿Como se llama el pequeño?
–Ryan–responde el hombre.
Mary asiente y anota en su carpeta, algo que el señor y la señora no pueden ver.
–Bien Ryan ¿Cómo estás?–Mary mira al niño, dirigiéndole aquella pregunta.
Ryan sonríe de oreja a oreja.
–Muy bien–responde.
Mary esperaba que estuviese triste, pero el pequeño mostraba tanta felicidad que ella misma no pudo contenerse y le sonrió.
–¿Cuántos años tienes amor?–le pregunta Mary a Ryan.
–Tengo seis años–el niño piensa un poco y se mira la pierna derecha–y tengo una piernita mala–hace un gesto triste, Mary mira al hombre y a la mujer que lo están entregando.
–¿Qué discapacidad me decía que tenía?–le pregunta al hombre y a la mujer, ellos suspiran.
–Cuando era bebé–comenzó a hablar la mujer–, su casa se incendió, sus padres murieron en el intento de sacar a sus tres hijos, los cual no resultó, solo lograron salvar a Ryan, pero Ryan se lastimó una pierna cuando iban saliendo de casa, se le quedó enganchada y por poco pierde la pierna.
Mary asiente con dificultad, tal vez un poco sorprendida.
–¿Puede Caminar sin muletas?–le pregunta Mary a la pareja.
–Si–dice el hombre–pero últimamente le ha costado, dice que le duele, mi esposa y yo no podemos estar siempre con él, realmente no tenemos tiempo para ayudarlo y mucho menos con su dificultad.
Mary mira a Ryan y el pequeño le sonríe.
Mary le responde a su sonrisa.
–Llenen estos papeles–dice Mary entregándole dos hojas a cada uno.
Ellos simplemente asienten y reciben las hojas.
–Ven un momento Ryan–le pide Mary saliendo de la oficina.
Ryan se acerca cogiendo un poco y con cara de dolor.
–¿Cuantas veces te han adoptado?–le pregunta al pequeño.
Él mira sus dedos y de repente comienza a contar, hace un esfuerzo de guardar tres dedos para poder mostrarle a Mary "siete"
Mary abre los ojos como platos.
–Bien cariño, dentro de unos minutos estaré contigo, espera allí sentado–le dice Mary y acaricia el cabello castaño de Ryan.
Ryan le sonríe y asiente, Camina hacia la silla y se sienta a esperar.

Cuando Mary termina de hablar con los antiguos padres adoptivos de Ryan, los acompaña a la puerta, los ayuda a cargar las pocas cosas de Ryan y la pareja se marcha.
–Señora Mary–dice Ryan–¿Dónde voy a dormir?–le pregunta sin dejar de sonreír.
–Le diré a una de tus hermanas que te lleve a tu habitación–le dice Mary y sale de la oficina.
Ryan se sienta y mira sus manos mientras espera.
–Hola Caro–escucha Ryan desde adentro–¿Y tú eres...?
–Oh, soy Brith–le dice un niño.
–¿Caro, podrías acompañar a Ryan a su habitación? Está en la misma que tú.
Ryan levanta la cara y nota que la puerta ya está abierta, por lo tanto mira a una niña que le sonríe con ternura.
Ryan se levanta con dificultad y camina hacia la niña.
–Hola–dice Ryan.
Los niños lo saludan y suben las escaleras, llegan a una habitación muy grande, donde se encuentran muchas camas; posiblemente si sea bastante grande, pero para los ojos de un pequeñín como él, es más que inmensa.
El pequeño Ryan coloca su boca en forma de O.
–Adiós Ryan–le dice Caro.
Él le sonríe y entra, la habitación está sola, Ryan ve una cama, la parte de abajo de una litera desocupada–porque la sabana está organizada, no como las otras–y se tira con dificultad.
Se ríe un poco y luego se sienta.
De repente entra Mary y le sonríe.
–¿Te gusta?–le pregunta al niño.
Él asiente alegremente.
–¿Y los demás?–pregunta Ryan a Mary.
–Ya deben de estar por subir, estaban cenando–le responde Mary.
Ryan asiente y mira a todos lados.
Para él esto era hermoso, era genial estar allí, ya que había sido hasta ahora, el mejor orfanato de todos, todo era sumamente limpio y muy organizado.
–Estaré abajo por si me necesitas, baja con cuidado las escaleras–es lo último que le dice Mary y cierra la puerta detrás de ella.
Ryan suspira y mira sus pies, sonríe y luego mira su mano derecha.
–Solo estás un poco dañada, te arreglarás–le dice a su propia mano y logra mover solo tres dedos.

Ryan no solo casi pierde una pierna, sino que también se lastimó lo suficiente una mano, hasta llegar el punto que le cuesta moverla; tuvo una pequeña fractura en sus caderas, que ya había sido arreglada cuando era un bebé, sin embargo por haber durado tanto en el fuego, esto provocó que Ryan no viera muy bien, que le costara apreciar de lejos y de cerca, solo tenía la opción de ver ni tan lejos ni tan cerca, pero gracias a los lentes, ya que sin ellos no podría apreciar casi nada.

Comienzan a escucharse muchas voces que vienen subiendo las escaleras. Ryan sonríe y espera con ansias conocer sus nuevos compañeros.
Todos entrar riéndose y hablando, unos más grandes que otros pero ninguno pasaba de los 8 años.
–¡Hola!–dice Ryan levantándose se golpe.
Todos lo miran extrañados y lo ignoran.
Siguen en lo suyo y cada quien se divide con su grupo de amigos.
La sonrisa de Ryan se deshizo al notar que estos compañeros no eran como los de él anteriormente, sus otros compañeros hablaban con él y en uno de los orfanatos conoció a un amigo que no tenía un brazo, lo que le hizo sentir agradecido de tener dificultades, pero estar completo.
Ryan se acuesta con dificultad en su cama y mira al techo–la parte que sostiene el colchón de arriba.
Suspira y de repente se le sale una lágrima, tal vez estaba acompañado de miles de niños, pero nada lo hacía cambiar de la dura realidad…estaba solo, siempre estuvo solo, jamás se sintió amado por alguien y esa era la peor parte de todo.

QUINCE AÑOS ANTES

Emma James, una niña de ocho años de edad, con una familia no muy adinerada, vivía en Lárisa, con sus padres y su hermana menor Camila, de cinco años.
–¡Niñas vengan un momento!–grita el padre de Emma, Giorgio, desde la parte de abajo.
Emma baja rápidamente las escaleras y en el último escalón se enreda y cae de frente.
Se levanta y se sacude como si no hubiese pasado nada.
Sonríe a sus padres, mientras sus padres niegan con la cabeza.
–Ya lo sé, ya lo sé, no debo correr por las escaleras–dice Emma colocando los ojos en blanco.
–Hum, como que no te queda claro Emma–dice su madre Carolina.
Se escuchan los pasos de Camila bajar las escaleras.
Camila sonríe y se detiene.
–Chicas, su madre y yo saldremos a Brasil, por cuestiones de trabajo, así que se quedarán con la tía Mary.
–Ahhhggg papá–dice Emma algo molesta–a mi no me gusta quedarme con mi tía Mary, allí hay niños fastidiosos.
–A ver Emma–le dice Carolina agarrándola delicadamente por los hombros–solo será una semana, no nos tardaremos ¿Si?
–¿Dónde es mami?–pregunta Camila.
–Tú nunca has ido Camila, no has ido porque eres una mimada y yo por ser la mayor tengo que aguantarme a todos esos niños–dice Emma molesta.
–Oh vamos Emma, no le hables así a tu hermana–dice su padre–además, esta vez irían las dos.
–Que maravilla–dice Emma y comienza a subir las escaleras.
–Emma–dice Carolina–, Emma te estoy hablando, baja enseguida.
Emma sigue subiendo y coloca los ojos en blanco.
Las otras veces que Emma se ha quedado con su tía Mary ha tenido que soportar a niños mal criados que le escupían desde la litera de arriba mientras dormía, o que se le pegara las gripes de aquellos niños, los gritos, las carreras y sobre todo, tenía que soportar a la señora Serrano. La señora Serrano era lo peor que podía haber en el orfanato, a veces esa mujer iba y les hacia la vida imposible.

Llega el día en que Camila y Emma tienen que partir a Bólos, desgraciadamente Emma tuvo que aceptar, a penas es una niña de ocho años, no puede mandarse ella sola.
–Emma mami te llama–le dice Camila desde la puerta de su habitación.
–Ya voy Cami–le dice y cierra su maleta.
Va a la habitación de sus padres y Carolina es la única que está allí.
–¿Me llamabas mamá?–le pregunta Emma sin entrar.
Carolina frunce el ceño.
–No ¿Ya estás lista? En unos minutos salimos.
Emma se da la vuelta y ve a Camila riéndose.
–Qué ridícula–susurra Emma y entra a su habitación para bajar su pequeña maleta.
Cuando llegan al orfanato donde vive su tía Mary, las caras de las dos niñas no son muy bonitas, tienen aspecto triste y molesto, ya Camila entiende que no verá a sus padres por una semana.
Se abre la puerta del orfanato y desde afuera se pueden escuchar a los niños gritar, como si fuese un colegio.
Son las 8:34 am.
La tía Mary sale con una sonrisa gigante y con los brazos abiertos para abrazar a sus sobrinas.
Los pechos de esa mujer saltan cuando Camina, Mary es un "ponquesito" como le dice su hermano Giorgio, por su aspecto regordete y redondita, ella es de esas tías tiernas que te traen siempre dulces.
–¡Qué grandes están mis bebés!–dice Mary al abrazar a Camila y a Emma.
Emma, como muy odiosa que es, coloca los ojos en blanco mientras su tía la abraza.
–Bueno niñas–dice Carolina–nos vemos dentro de una semana, compórtense bien.
Las dos niñas asienten.
Los padres se despiden y no pasan ni dos minutos cuando ya Emma pensaba <>
Mary, Camila y Emma entran, comienzan a caminar a través del grupo de niños que jugaban, saltaban y hacían desastre.
–Emma–susurra Camila a su hermana–esos niños son peores que nosotras–le dijo con cara asustada.
Emma la abrazó con un brazo.
Sabía que su hermana estaba tan aterrada como ella cuando se quedó por primera vez.
–El grupo cinco está allá arriba en donde siempre te quedas Emma–dice Mary–pero tú Cami, tienes que ir con el grupo uno.
Camila mira con miedo a Emma.
–Todo saldrá bien–le dice Emma con un movimiento de boca, sin que salieran...

Hace alrededor de 1 año

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#3

...sus palabras.
Camila asiente con inseguridad y se va junto a su tía, quien la lleva de la mano.
–¡Eh tú!–escucha Emma que le gritan.
Ella voltea.
–¿Eres la chiquilla de los James, cierto?–le pregunta un chico de más o menos catorce años.
El chico Camina hacia ella y ella lo mira con inseguridad.
–Eso no te incumbe–dice y lo empuja un poco para seguir su Camino.
–Oh vamos, yo era tu amigo ¿No recuerdas nuestra noche de aventuras?–le pregunta el chico a Emma.
Y aunque suene raro, no, no es nada extraño.
–¡Mark!–grita ella sonriendo.
Deja su maleta en donde está y corre a abrazarlo.
El chico le corresponde al abrazo y se miran.
–¡Estás grande Emma!–le dice Mark sonriéndole.
–Si, tú también estás grande–le dice ella sonriéndole.
–¡Hey Mark! ¡Deja de hablar con el kínder de allá!–grita un chico de más o menos dieciséis años.
Un grupo de chicos se ríen y a Emma se le desaparece su sonrisa.
–Adiós Emma, te tengo que dejar ¿Cuánto tiempo estarás? Podríamos jugar otro rato.
Emma se ríe y el la besa en la mejilla, luego se va a donde sus amigos.
Ella se queda mirándolo.
Cada vez está más lindo, piensa ella y se ríe por tremenda estupidez que ha dicho en su mente.
Sube las escaleras y va al grupo cinco.
Ella antes era el grupo tres, pero poco a poco que van creciendo los van cambiando de grupos.
Camina hasta la habitación y abre la puerta.
Ay niñas riéndose, jugando, niños gritando, otros corriendo, eso la hace suspirar.
Cierra la puerta detrás de ella y cuando mira al fondo de la habitación, ve a un niño, un niño distinto a los demás, un niño que no está corriendo, no está gritando ni jugando, era raro para ella ver a alguien tan tranquilo, por lo que le entra curiosidad y va hacia él tras dejar sus cosas en una de las camas vacías.
Camina y al llegar a su lado, nota que está en una silla, una silla que ella no tiene en casa.
El Niño mira fijamente el paisaje de Grecia, que se ve tras el ventanal gigante de esa habitación.
–Hola–le dice Emma–soy Emma, mucho gusto–ella estira su mano y el chico voltea a verla.
Le sonríe.
–¿Podrías darme la otra mano?–le pregunta él.
Ella ladea la cabeza pero aún así hace lo que le pide, extiende su brazo Izquierdo y él hace lo mismo con su brazo izquierdo.
Se estrechan la mano.
–Me llamo Ryan–le dice al soltarse.
Ella asiente y mira el paisaje, ya que Ryan ha vuelto a mirar hacia allí.
–Ryyyyyyannnnn–dice Emma en susurro–Ryyyyyannnn.
Ryan se ríe y la mira.
–¿Qué se supone qué haces?–le pregunta Ryan.
Ella se ríe y se encoge de hombros.
–Me gusta como suena, Ryyyyyannnn–sigue ella y los dos se ríen.
–Oye ¿A qué hora bajan? Quiero comer algo–le dice Emma a él.
–Dentro de unos minutos tal ves la señora Matilde venga por ustedes.
Emma asiente.
Hay nuevo personal, piensa ella.
–Bien Ryan, ya me caes bien, no eres revoltoso como los otros niños.
Ryan se ríe.
–Desearía serlo–dice con un tono de tristeza.
–Ahg, que mal, pero como no lo haces me caes bien–Emma sonríe.
Ryan vuelve a mirar hacia afuera.
–¿Qué tanto miras hacia afuera?–le pregunta Emma.
–Veo lo bonito que es ¿No lo es Emma?
Ella mira nuevamente el paisaje y suspira.
Si, es hermoso, no puede negarlo.
–Si, es lindo–dice ella y se sienta en posición de indio en el suelo al lado de Ryan.
–¡Niños, bajen a comer!–se escuchó en el salón.
De repente todo el ruido que ahogaba a Emma desaparece, ya todos han salido excepto ellos dos.
Ella se levanta y comienza a caminar hacia la puerta, pero al ver que su amigo nuevo no viene se devuelve.
–Hey Ryan, vamos a bajar–le dice Emma.
–No puedo Emma, yo como aquí arriba–le responde sin dejar de mirar hacia afuera.
–¿Por qué?–le pregunta ella extrañada.
–No hay rampa, por lo tanto mi silla no puede bajar las escaleras.
–¡Pues levántate!–le dice ella–¿A caso te pegaron en esa silla?
Él se ríe con tristeza.
–Algo así–dice y la mira–no puedo–le responde–no puedo mantenerme solo, Emma.
La cara de Emma entristeció.
–¿Ni porque te ayude?–le pregunta Emma.
Él niega con la cabeza.
–Ni porque me ayudes.
Ella mira la puerta y busca una silla, se sienta al lado de él.
–Entonces yo también estaré pegada a esta silla, no te pienso dejar solo.
Ryan le sonríe y ella le devuelve la sonrisa.
Y así…de una simple manera e inesperada forma de conocer a alguien, es como Emma y Ryan comienzan su historia.

Hace alrededor de 1 año

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#4

Capítulo 1: Pegados a una silla

Me quedo con Ryyyyyyaaaann–todavía pienso que su nombre es extraño, no había conocido a otro niño con ese nombre–, porque no quiero dejarlo solito, a mí no me gustaría que me dejaran sola mientras que mis amigos bajan a divertirse, pues no me parece justo ¿Así será siempre?
–¿Y cuantos años tienes Ryan?–le pregunto..
–Trece–responde Ryan sonriendo.
Su sonrisa es distinta a la de mis amigos, la sonrisa de mis amigos son comunes, pero la de Ryan es…no lo sé ¿Tierna? Es bonita, solo sé decir eso.
Frunzo el ceño.
Ahora que me fijo…¿Él no está grande para estar en este grupo? Aquí son hasta niños de ocho años…que yo sepa claro.
–¿No deberías estar en otro grupo? Hasta donde sé, este grupo es hasta los ocho–le digo con una ceja arqueada.
Él se ríe.
–Lo sé, solo que es más difícil para mí y para las señoras trabajadoras, ayudarme desde aquel grupo. Por dos razones: uno...no puedo Caminar, dos...el grupo donde debería estar queda muy lejos–me responde.
Asiento y suspiro.
Creo que están siendo un poco malos con Ryan, él también tiene derecho como todos los demás; mi padre siempre habla de derechos y deberes, me aburre escucharlo, pero tiene razón.
–Supongo que tienes ocho–dice Ryan mirándome, pero yo volteo hacia el ventanal y veo el paisaje fijamente.
–Si–digo en voz baja–oye, tengo hambre, bajaré y te traeré algo ¿Qué quieres de comer?–le pregunto y volteo a mirarlo.
Me doy cuenta que me mira, entonces me sonríe otra vez tiernamente, como mis amigos del colegio no lo hacen.
–Gracias, pero no tengo hambre, si quieres te quedas allí abajo, juega, yo estaré aquí arriba esperándote–me dice.
Sonrío, me levanto y corro hacia afuera.
De veras tengo hambre.
Bajo las escaleras y me encuentro con esos niños revoltosos que gritan como locos.
Coloco los ojos en blanco, quisiera gritarles a todos que se callen por una vez en su vida, pero lamentablemente no me harán caso, si ni siquiera Cami me hace caso ¿Ellos si? Ellos ni me conocen.
Busco a mi alrededor y veo a una de las mujeres que trabajan con mi tía.
–Disculpe ¿Dónde puedo comer?–le pregunto.
La mujer voltea y me sonríe.
Por lo menos esta no es la señora Serrano…aunque la señora Serrano se reconoce rápidamente.
–¿Eres la sobrina de Mary, cierto?–me pregunta.
–Si–le respondo.
–Bien cariño, vamos al comedor privado, allí no hay tanto alboroto–me dice y hace como para llevarme a otro lado agarrándome de la mano.
No quiero, primero que todo, no soy una bebé para que me estén agarrando la mano y segundo, yo quiero comer con Ryan.
–No quiero comer en el comedor–le digo seria y algo molesta.
La mujer frunce el ceño extrañada, pues espero que entienda, porque una de las cosas que más detesto de la señora Serrano es que ve nuestro mundo de un solo punto de vista y es el de los adultos, cuando realmente ni siquiera los mismos adultos ven la vida de una misma manera.
–¿Dónde quieres comer entonces?–me pregunta.
–En la habitación con mi amigo Ryan–le respondo.
La mujer niega con la cabeza. Oh no, no querrá discutir con Emma James.
Casi toda mi familia dice que mi forma de ser es muy malcriada, y no digo que no, odio que me lleven la contraria, odio que no hagan lo que yo quiero, odio todo.
–Lo siento amor, en las habitaciones no se come–me dice.
–Pero…–intento decir pero me interrumpe.
–No, si no es en el comedor principal o en el privado, no comerás–me dice esta vez más molesta.
Frunzo el ceño y quiero gritarle, pero me da tanta rabia que mis ojos se llenan de lágrimas, jamás me han negado comer en la habitación ¡Y es por mi amigo!
La mujer dice algo más pero la ignoro dándole la espalda y Caminando hacia las escaleras, pues subiré y no comeré nada.
–Has vuelto–dice Ryan desde el mismo lugar que lo había dejado antes de que bajara; claro, no se puede mover, debe ser muy difícil para él.
No digo nada y me siento en la silla.
Estoy molesta, ya me quiero ir y a penas llevo unos estúpidos minutos.
–¿Por qué subiste tan rápido?–me pregunta.
Gruño de rabia y otra vez mis ojos se llenan de lágrimas.
–No quiero comer en el comedor, quiero comer aquí, acompañándote, se supone que yo también estaré pegada a la silla ¿No?–le digo.
De verdad no me parece justo.
Ryan comienza a reírse ¿De qué se ríe?
–¡Emma por dios! ¡No hace falta que comas conmigo!–se sigue riendo–ya estoy acostumbrado–su voz baja un poco y eso me pone peor.
¿Cómo puede comer solo? Es demasiado complicado y aburrido.
–No–digo y me cruzo de brazos–no me pararé de aquí.
Ryan me mira y evita reírse.
–Tienes hambre Emma, ve a comer–insiste luego de unos minutos en silencio.
Lo miro.
No me gusta estar aquí, ya me quiero ir, tengo hambre y no sé dónde está mi hermana.
–Quiero irme a mi casa–digo triste.
–tendrás que esperar a que alguien te adopte, te quiera y te cuide–dice él un poco decepcionado.
–¡No!–grito–mi tía es Mary, Mary James, la dueña del orfanato, me quedaré aquí una semana nada más.
Ryan me mira.
–Ni si quiera has durado un día ¡Ni medio día! Y ya te quieres ir–dice y niega con la cabeza.
No es mi culpa que no sepan tratar a niñas como yo.
Me quedo callada y me volteo en la silla para sentarme mirándolo a él.
–¿Cuánto tiempo tienes aquí, Ryan?–le preguntó.
–Siete años y aún nadie quiere tenerme en su hogar, realmente creo que traigo muchos problemas ¿Sabes? Desde que nací he sido un problema–me dice como si estuviera molesto.
–Claro, si no haces más que estar pegado a esa silla, cualquiera se cansaría de ti–digo.
Él me mira como si estuviera molesto por lo que dije, pero entonces relaja el rostro otra vez y habla.
–A ver Emma, estoy “pegado” a esta silla porque mis piernas no sirven para nada, mi brazo derecho no funciona y no puedo hacer absolutamente nada, además de comer con mi mano izquierda y hacer todo con esa mano, no puedo hacer nada por sí solo ¿Notaste que desde que llegaste estoy aquí? Pues bueno, estoy aquí porque tengo que esperar a una maldita cuidadora para que me mueva, porque ni siquiera puedo mover mi silla con un brazo.
Me quedo callada, está molesto…
–Lo-lo siento–logro decir–, es que no sabía que alguien podía quedar en una silla de por vida, además, en mi casa no hay de esas sillas–sonrío con tristeza–solo la del escritorio de papá tiene rueditas, pero no son como las tuyas.
Él suspira y cierra los ojos.
Creo que le estresa que hable, a todo el mundo le estresa que yo hable.
–Oye Emma, será mejor que llames a una de las cuidadoras, comienzo a sentirme mal–me dice.
Frunzo el ceño.
–Claro, ya vengo–digo y comienzo a arrastrar la silla, que por supuesto no tiene ruedas, haciendo un sonido horrible por toda la habitación.
Cierro la puerta y sigo arrastrándome.
Veo a una mujer de las que trabajan aquí.
–¡Oye!–grito–mi amigo Ryan se siente mal–le digo.
La mujer se voltea y coloca los ojos como platos, entonces corre hacia la habitación.
¿Qué sucede si alguien se siente mal? No es para morirse.
–¡Niña!–grita un chico.
Volteo.
Espera ¿Qué hacen ellos de este lado? Son mucho más grandes que yo.
–Esa silla es mía–me dice uno de los chicos entre dientes, como si estuviera molesto.
¿Qué le pasa? Yo conseguí esta silla primero.
El chico de aproximadamente 16 años me arrebata la silla de un golpe, haciéndome caer de espalda y golpeándome la cabeza, los demás chicos se ríen y a mi se me colocan los ojos llorosos.
Auch, me duele; sobo mi cabeza.
Me levanto y veo a Mark ¿Por qué no me defiende? ¿No era mi amigo? El grupo de chicos se va y comienzo a llorar.
¡Por dios me quiero ir ya!
Entro a la habitación llorando.
Lo primero que veo es a Ryan acostado en una cama y la mujer que había entrado llamando a alguien algo desesperada.
–¿Qué te pasó?–me pregunta él con una voz gruesa.
Niego con la cabeza y me seco las lágrimas.
–¿Qué te pasó a ti?–le pregunto, porque se ve mal.
–Solo me mareé un poco, pero ya pasará–me dice Ryan y me sonríe algo forzado.
Asiento.
¿Cuánto falta para que acabe la semana?

Unas horas después, cuando ya unos doctores han visitado al orfanato–para chequear a Ryan–, me acerco a Ryan, quien sigue acostado, los demás niños hablan y corretean como cuando entré por primera vez en la mañana.
–Ryan ¿Quieres jugar?–le pregunto algo alegre ya que los dos nos sentimos algo mejor.
Él me mira.
–Lo siento Emma, será mañana, aún estoy algo cansado–me dice.
Mi cara se entristece, quiero jugar con él.
Bajo la cara, pero siento como una mano me toca la cabeza.
Enseguida levanto la cabeza y miro a Ryan, su mano me acaricia y me gusta, nadie me hace ese estilo de cariño.
Miro su cuello, tiene algo, una cadena, sus cariñitos me emboban pero la cadena me llama la atención.
–¿Qué es eso?–le pregunto.
Él me suelta y trata de mirarse el pecho, levanta la cadena, es una estrella ¡Qué linda!
Sonrío.
–Esto…lo tengo desde bebé–me mira–ábrelo–me pide.
Lo abro curiosa, es una estrellita que se abre en dos ¡Me encanta! Yo quiero una, pero…
–¿No deberían haber fotos aquí?–le pregunto ahora mirándolo.
Él sonríe.
–Tú misma los has dicho, deberían, pero no las hay, no ha llegado el momento especial de colocar una foto, algún día le pondré unas–me dice mirándome de la forma extraña que me hace sentir penosa.
–Eres muy buena Emma–dice mirándome y volviéndome a agarrar la cara–quisiera jugar contigo, pero no puedo, te aseguro que mañana si jugamos–Ryan me guiña un ojo y sonrío.
Asiento y miro cómo retira su mano izquierda y la coloca encima de su estómago, cierro la estrella y la dejo sobre su pecho.
Lo miro a la cara, él también me está mirando a la cara y es incómodo, casi nunca miro a las personas a los ojos, ni a mi mamá, me da pena…no lo sé, soy extraña.
–Tienes lindos ojos Emma–me dice Ryan–siempre me ha gustado el color verde en los ojos, pero los tuyos son más bonitos.
Sonrío tímida y siento que me sonrojo ¡Mi madre nunca me hace cumplidos! ¡Puros regaños! Me levanto y corro hacia un lado de la habitación donde Ryan no me puede ver, tengo mucha pena.
Ryan se ríe.
–Es una niña, pervertido de mierda–le dice alguien–ella es mi amiga, no la tuya, niño de ruedas.
Espera ¿Ese no es mi...

Hace alrededor de 1 año

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#5

...amigo?
–¿A caso la anotaste en una piedra? Vete de aquí Mark, este no es tu grupo–le responde Ryan.
No se escucha ninguna respuesta, así que supongo que Mark se fue.
Es tan raro todo.

Ya es hora de dormir, todos los niños se están arreglando para dormir, pero Ryan está acostado desde la tarde cuando se comenzó a sentir mal, creo que este ha sido el momento más tranquilo en el orfanato, pues los niños se colocan las pijamas en silencio y nadie habla a gritos.
Lo único es que odio estas pijamas, por eso me traje las mías, porque estas de aquí parecen tan viejas como la casa.
Como todo el mundo está en silencio y no hacen nada porque van a dormir…yo bajo, me siento en el patio trasero, veo como el sol termina de ocultarse, pues ya faltaba poco ahorita que bajé.
Todos duermen a esta hora excepto yo, ya estoy acostumbrada a dormir tarde, mi madre siempre me deja dormir tarde en vacaciones, tal vez estas no sean unas vacaciones en si, pero no iré a clases, así que para mí son vacaciones.
Agarro aire, hace frío pero no me quiero colocar el suéter…no me gusta.
–Amor–escucho la voz de mi tía Mary–ya es hora de dormir, deberías ir a la habitación con los demás.
Ni siquiera volteo, quiero estar aquí afuera.
–No quiero dormir–le digo–a esta hora yo no duermo.
Mi tía toca mi hombro y volteo a mirarla.
Entonces de repente gotas comienzan a caer del cielo, lentamente y pocas.
–Tendrás que entrar cariño, comenzará a llover, no quiero que te enfermes o tus padres me odiarán.
Me levanto sin ánimo y voy hacia adentro.
–¿Y mi hermana?–le preguntó a mi tía.
–Ya se acostó, la verás mañana, ahora ve a descansar–me dice.
Asiento.
No…no lo sé, me siento algo triste, ahora que lo veo, extraño a mi hermana por primera vez.
Subo, entro a la habitación y ya todos los niños parecen estar dormidos.
Al fin paz.
Miro mi cama y luego miro a justo la que está frente a la mía, en donde Ryan duerme tranquilamente.
Aún así, dormido, donde nada lo molesta…no parece feliz.
Suspiro y me acuesto en mi cama, trato de arreglar la almohada pero no funciona, esta almohada es terrible, no sirve.
Extraño mi cama y eso que no he pasado ni una noche aquí.
Además…
Miro a cada uno de los niños y todos, pero absolutamente TODOS tienen una sola almohada.
Por Dios ¿Cómo pueden dormir así? Yo tengo como ocho almohadas en mi cama, al menos necesito una más para poder abrazarla, ahora no tengo nada a qué abrazar.
No podré dormir bien esta noche, lo sé.
Y de repente una lágrima se desliza por mi mejilla, entonces otra, otra y otra. El problema es que cuando eres pequeño, por supuesto extrañas a tus padres cuando te dejan con un familiar, pero luego te acostumbras, porque no eres muy consciente de donde estás ni de qué harás, pero cuando creces un poco más, eres consciente de muchas más cosas, si, extrañarás a tus padres pero esto no será nada más el primer día, si no todos los días, extrañarás tu hogar, extrañarás todo lo qué hacías, así fuera una semana, ya que sabías qué tiempo tendrías que pasar, cuando antes no sabias ni siquiera el significado de “Tiempo”
Tal vez yo aún no lo tenga claro, porque este día ya se me ha hecho una eternidad.

Despierto, todos los niños aún duermen, me siento en la cama, miro a los lados y luego al frente.
¡Ryan! ¡Tienes los ojos abiertos! Parece que se da cuenta de que ya desperté y voltea a verme, cierro los ojos para que piense que estoy dormida.
Espera ¡Estoy sentada! Ahg.
–Buenos días Emma–me dice.
No me moveré, tal vez piense que duermo sentada.
–Emma, sé que estás despierta, al menos que seas sonámbula–dice y se ríe.
Abro los ojos y me rio.
–Buenos días Ryan–lo saludo.
Él me sonríe.
–Quiero sentarme ¿Podrías decirle a alguna de las cuidadoras?–me pregunta.
Asiento, me levanto de mi cama y me golpeó en la cabeza.
Auch, Ryan evita reírse y le saco la lengua.
Tonto.
Salgo de la habitación y Camino por la soledad del orfanato, trato de conseguir a alguien pero está súper solo y de paso esta casa parece un castillo, es enorme.
¡Oh allí hay una!
Me acerco a ella.
–Buenos días, mi amigo Ryan quiere que lo levanten ¿Podría ayudarlo?–le pregunto a la señora.
–Si–dice la cuidadora–gracias, Emma–me sonríe y comienza a caminar hacia la habitación.
–¿Cuál es su nombre?–le pregunto a la mujer mientras ella camina.
Se detiene.
¿Cómo sabe mi nombre? La mujer me mira y se ríe.
Su risa es dulce, es muy bonita, no es una señora, parece más bien una chica joven…bastante joven realmente.
–Soy Manuela, amiga de tu tía–me responde la pregunta–yo estuve en el hospital cuando naciste Emma.
Le sonrío.
Ya entiendo.
–Pues gracias entonces–le digo a Manuela.
Manuela se ríe.
–¿De qué?–le pregunta.
–De haber estado en mi nacimiento, eso es muy importante ¿Sabías?–le digo.
Me sonríe y acaricia mi cabello.
–Si, lo sé–me dice.
Comenzamos a caminar hasta la habitación, los terremotos siguen dormidos.
–Hola Ryan–saluda Manuela a Ryan con una sonrisa.
–Hola Manu–le responde él con la misma sonrisa.
Antes de levantarlo de la cama, Manu, saca algo del bolso de Ryan.
¿Qué es eso? ¿Por qué se lo coloca en los ojos? ¿Le estará haciendo daño?
–¿Qué es?–le pregunto preocupada.
Manuela me sonríe como si nada.
–Son lentes de contacto–me responde.
Ah claro, y como sé que es.
Fingiré que sé que son.
–¿Por qué los usa?–le pregunto.
–Porque no puede ver muy bien y esto lo ayuda–dice Manu.
Asiento extrañada.
¡Ah! Como los de papi pero dentro de los ojos.
Ay…qué feo.
Manu sienta a Ryan y Ryan me sonríe.
–¿Hoy jugaremos?–le pregunto a él.
–Sip, hoy si–me responde.
Manuela nos sonríe y se va.
–Vamos a bajar–le digo.
Él frunce los labios.
–Recuerda que no puedo, Emma–me dice serio.
Coloco mis labios de medio lado, no me parece.
Jugar aquí sería tan…aburrido.
–Pero quiero jugar contigo allá abajo–le digo y ya siento esa cosa caliente en la garganta.
–No puedo, Emma–dice aún serio.
–Ya regreso–le digo y bajo las escaleras.
Comienzo a caminar para hacer algo productivo o por lo menos lograr que bajen a Ryan.
Escucho pasos detrás de mi.
–Hola Emma–escucho que dice Mark.
Me volteo y le sonrío.
–Hola Mark ¿Has visto a mi tía Mary?–le pregunto.
Él no dice nada y comienza a caminar hacia mi lentamente, por supuesto que comienzo a caminar hacia atrás.
–No sé dónde está–dice Mark.
–Bueno...entonces adiós–le digo y corro con todas mis fuerzas para perderlo de vista, o mejor dicho, para que él me pierda de vista a mi.
Cuando ya estoy lo bastante lejos me detengo detrás de una pared y me recuesto de ella, estoy cansada y algo asustada, no sé que le pasaba, estaba raro y eso me da miedo.
Voy a Caminar pero caigo al suelo, auch, me he doblado el tobillo.
Me dueleeeee, ayyyy.
–¡Tía!–grito con lágrimas en los ojos.
¿Cómo me caí? ¿Qué pasó? Miro hacia atrás y veo un estúpido murito.
Poco después llega mi tía corriendo.
–¿Qué te sucede mi amor? ¿Cómo te caíste?–me pregunta preocupada.
Comienzan a salirse mis lágrimas y como buena niña que soy lloro al ver mi pequeña raspadura en la rodilla.
De paso me duele el tobillo.
–No lo sé, solo tropecé–digo secándome las lágrimas.
–Ya te traigo algo frío ¿Dónde te duele?–me pregunta.
Le señalo el tobillo, ella asiente asustada y corre a buscar algo frío, como dijo, espero en el suelo hasta que llega, me limpia la pequeña herida, me coloca hielo envuelto en tela de una especie de blusa.
–Gracias–le digo a mi tía.
Ella me sonríe.
–Tranquila mi amor, ya se te pondrá bien.
–Tía quiero salir al patio delantero a jugar–aprovecho y le digo.
–Está bien cariño, ve con cuidado para que no se empeore tu herida–me responde.
Pero ay un pequeño detalle, que es el que me preocupa.
–Pero es que quiero jugar con Ryan–le digo algo incómoda.
Mi tía hace una cara algo extraña.
–Lo lamento amor, pero Ryan no puede bajar de allí–dice muy segura de sí misma.
–Pero...
–Emma–me interrumpe–, sé que eres mi sobrina, pero en el orfanato no puedes cambiar nada, Ryan está enfermo y no podemos bajarlo, se tiene que quedar allí arriba quieras o no.
Otra vez la cosa caliente en mi garganta…quiero llorar, eso es lo que sucede, mis ojos se llenan de lágrimas, mi tía trata de ignorarlo, sé que odia verme de esta manera y por su causa.
Nunca le ha gustado.
–Solo sube ¿Si?–me pide y se va.
Comienzo a llorar nuevamente y no es por mi rodilla rota o mi tobillo doblado, esta vez es porque apenas llevo un día aquí y ya me quiero ir, no puedo hacer lo que quiero y mi madre siempre me repetía eso: “No puedes hacer lo que quieres Emma, eres pequeña y no puedes mandar a los adultos”
Ahora veo que ella tiene razón, ya he intentado que bajen a mi amigo y no lo he logrado, supongo que siempre será así.
Odio estar aquí.
Me levanto y comienzo a caminar rápidamente–y con un poco de dolor– hacia la salida del orfanato.
Rayos, ya hay más gente, hay dos mujeres allí…no podré escaparme, además, mi hermana, no puedo dejarla sola.
Sacudo la cabeza para que todos mis pensamientos de querer fugarme se vayan, subo otra vez, entro a la habitación y Ryan sigue en el mismo lugar desde que me fui.
–¿Qué te pasó?–me pregunta al verme mi curita en la rodilla.
–No pude lograr nada–le digo ignorando su pregunta.
Me seco las lágrimas.
Ryan se ríe negando con la cabeza.
–Emma ¿Cómo te caíste? Y ya déjalo, podemos jugar aquí–me dice dulcemente, ya no está tan serio.
Sonrío un poquitico nada más, no estoy del todo bien.
–Oye ¿Quieres que te lleve a ver el paisaje?–le pregunto.
Ryan asiente, así que me coloco detrás de su silla y comienzo a empujarlo hacia el ventanal.
Ryan se ríe.
–¿Peso un poco, no?–me dice jugando.
–No, es solo que soy algo débil–le respondo.
Ryan no dice nada, llegamos al ventanal, me siento al lado de Ryan pero en el suelo.
Callados vemos el paisaje de...

Hace alrededor de 1 año

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NOVACHEK
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 1 año

Me encariñe con los dos personajes, Emma y Ryan.


#6

...la mañana.
–¿Cuándo te vas a mejorar?–le pregunto a Ryan.
Pues ya estoy obstinada de esto y solo lo conozco de un día.
–No lo sé, espero que pronto–me responde suspirando.
Yo también quiero que sea pronto.
–¿Quisieras tener una familia?–le pregunto sin mirarlo, pues miro al paisaje.
Se hace un silencio bastante largo.
–Por supuesto que quiero tener una familia–me responde Ryan por fin–una de verdad, que no me vaya a dejar como todas las anteriores.
¿Anteriores?
–Sería divertido tenerte en casa–le digo y sonrío, ahora sí lo miro–tú eres mejor que mi hermana, ella es un fastidio–coloco los ojos en blanco–en cambio tú eres genial.
Ryan me mira y me sonríe.
–Tú también me caes bien Emma.
Me arrodillo, me quejo un poco por mi rodilla pero ignoro el dolor cuando veo su mano, agarro su mano derecha con delicadeza y la observo.
–¿Por qué no puedes moverla?–le pregunto acariciándole suavemente la mano.
Noto que me mira, entonces me da pena porque me mira de una manera extraña, así que le suelto la mano.
–No–dice él–no la sueltes, nadie hace eso–dice esta vez un poco más dolido.
Lo miro a los ojos y vuelvo a agarrar su mano suavemente.
Siento como algo se mueve en mi mano, bajo la cara y es su dedo pulgar ¡Es su dedo pulgar! ¡Se mueve!
Me rio de emoción y lo miro.
–¡Lo moviste!–digo asombrada.
–Tenía años sin hacer eso–dice Ryan sonriendo.
Yo también sonrío y es como si de repente nos volvemos una sola persona, como si su sonrisa me perteneciera, como si yo fuera él…o más bien, como si yo le perteneciera a él.
Sus ojos son hermosos y también siento que tratan de decirme algo, algo qué tal vez no entienda porque soy una niña, pero algún día lo entenderé.
–¿Quieres que te cuente una historia?–me pregunta Ryan sacándome de mis pensamientos.
Y ahora qué lo pienso…¿Él habrá sentido lo mismo que yo sentí?, asiento sin soltar su mano, más bien la aprieto un poco.
–Es algo triste, pero termina bien–me advierte.
Sonrío y asiento.
–Cuando yo era un bebé, apenas tenía tres meses de nacido, hubo un incendio en mi ciudad, un incendio muy grande, que afectó a muchos habitantes de allí. Mi madre murió tratando de salvarse junto a mi hermanita, pues cayeron de un tercer piso, tratando de escapar del fuego, mi hermano mayor quedó atrapado en su habitación y murió quemado, mi padre se pudo haber salvado, pero dijo que no dejaría morir a mi hermana que en ese tiempo tenía cinco años, ni a mi; entonces entró a la casa que aún seguía incendiándose, logró sacar a mi hermana, luego entró por mi, yo estaba en la cuna llorando, mi padre me sacó y me abrazó para evitar el contacto con el fuego, pero aún así eso afectó mi vista, el calor hizo que mi vista estuviese casi perdida. Eso no fue lo peor, lo peor fue que justo cuando ya faltaba solo la mitad del camino para llegar a la salida, se cayó una parte del techo, lo que hizo que bloqueara la salida, solo quedaba una salida y era por el patio, pero también estaba trancada, solo quedaba un pequeño espacio, por donde mi padre tratando de salvarme me lanzó. Quedé enganchado en una madera, los bomberos acababan de llegar así que me salvaron de ser quemado; cuando lograron abrir la casa, ya toda mi familia estaba muerta.
Mis ojos no quieren llenarse de agüita salada, pero es inevitable.
Es difícil pensar que eso le pasó a mi amigo nuevo.
–Me operaron las caderas a los tres meses de nacido, gracias a ello logré caminar pero a los tres años, tuve un tratamiento para los ojos, mejoré mucho, porque logré ver con un poco más de claridad a los dos años de edad, mi brazo derecho aún lograba funcionar pero cuando cumplí seis años comenzó a detenerse, comenzó a desobedecer a mis órdenes y de un día a otro se paralizó, los doctores no sabían que mi brazo había sido afectado en el incendio, por lo tanto no hicieron nada al respecto, pero al pasar los años comenzó a notarse; a los ocho años me levanté en una mañana normal, me dolían las caderas y las piernas, por cierto yo estaba en este orfanato ya, entonces cuando me puse de pie: caí al piso como un muñeco de trapo, mis piernas empezaron a dejar de funcionar a partir de ese día, las cosas empeoraban, ya no podía utilizar ni mi brazo, ni mis piernas.
“Un mes después comencé a andar en silla de ruedas y hasta ahora ando en ella, los doctores dicen que todavía hay posibilidad de que mejoren mis piernas y mi brazo derecho, el año que viene me harán varias pruebas y allí veremos, pasó el tiempo y ahora estoy en el año dos mil, contándole mi historia a una nueva amiga.
Ryan me mira y yo me seco una pequeña lágrima.
–Me dijiste que tu historia terminaría feliz–le digo en forma de protesta.
Él me mira sonriendo.
–Pues claro que terminó feliz–dice–terminó en que estoy contándote una historia.
–¿Y eso es feliz?–le pregunto.
No me parece feliz que siga mal.
Él me sonríe de medio lado.
–Si, con el solo colocarte en mi historia, la historia ya no es triste, ahora es feliz, conocerte me ha alegrado, por lo tanto mi historia hasta ahora es feliz.
Eso me hace sonreír.
Mi padre siempre le dice cosas así a mi madre, frases bonitas o poemas, pero jamás me la habían dicho a mi.
Ryan es muy amable, pero ese estilo de palabras son de gente grande, gente que puede tener novios y esas cosas asquerosas que los adultos tienen. Pues a mí me parece asqueroso que se besen, o sea… ¿No pueden saludarse con la mano? Los niños nos saludamos así y es más higiénico.
Le suelto la mano.
–Quisiera que saliéramos a un parque–le digo–quiero mostrarte las cosas que puedo hacer.
–¿Cómo qué?–me pregunta Ryan.
–Practico gimnasia, soy una linda gimnasta y también bailo.
Él arquea una ceja.
–Pero aquí puedes bailar–me dice.
Oh dios, otra vez siento pena, aquí no puedo bailar.
–Aquí no voy a bailar–le digo en voz baja.
–¿Cuál es la diferencia?–me pregunta divertido.
–Que aquí...no sé, ahorita no quiero bailar–digo como escusa porque me da pena.
Él no dice nada, solo me mira sonriendo así de lado, pensativo, ahora estoy incomoda.
Espera.
Miro a nuestro alrededor y no hay nadie, estamos solos, todos han bajado a desayunar.
–Emma, baja a desayunar–dice una cuidadora al entrar a la habitación.
–No, yo me quedo con mi amigo–digo y le agarro la mano a Ryan.
–Emma...tú tía te regañará si no bajas–dice la mujer.
Me encojo de hombros.
–Que me regañe entonces–digo sin importar nada.
–Que grosera–dice la mujer ofendida.
¿Me importa?
–Emma, ve abajo, nos vemos ahorita–me dice Ryan.
Niego con la cabeza.
–¡No quiero bajar si Ryan no baja!–grito esta vez molesta.
La mujer se queda callada al ver mi reacción y Ryan frunce el ceño, la mujer desaparece por la puerta y a mi se me colocan los ojos llorosos.
–No tienes que ser grosera Emma–dice Ryan.
Lo miro.
–Lo siento, necesito irme a casa–digo y corro hacia la puerta.
Me duele un poco la rodilla, pero realmente me da igual, solo quiero irme.
–¡Emma!–me grita Ryan sin poder hacer nada.
Lo ignoro y busco nuevamente la puerta del orfanato ¡Está sola! Corro hasta allí y salgo rápidamente, entonces me dirijo a la parte donde hay mucho césped y césped alto.
Corro, corro y corro sin saber a dónde me dirijo, solo corro, realmente puedo estar fuera en el aire libre, pero aún me siento atrapada.

Hace alrededor de 1 año

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#7

Capítulo 2: Gente buena y bonita

Siento como la brisa pega en mis mejillas y echa hacia atrás mis lágrimas, sigo corriendo, parece infinito, puro césped corto, no me puedo esconder en ningún lugar.
Miro a mi derecha, por allá hay árboles, me iré para allá, corro hacia esa dirección y tropiezo con algo.
¿Pero por qué? Siempre me caigo en todos lados.
Gruño, me levanto y comienzo a caminar esta vez, menos mal no me he roto otra vez la rodilla, llego hasta el árbol y me siento, me seco las lágrimas, entonces espero…no sé qué espero, solo miro a todos lados y ya.
Por Dios amo mi vida, mi vida normal con mi hermana, mis padres, mi casa, todo ¿Cómo esos niños pueden vivir así? ¿Cómo Ryan puede vivir así? Es horrible, mi vida es perfecta a diferencia de eso.
Ahora tengo sueño, no lo sé, estoy mareada y…

–¡Emma!–escucho como un zumbido en mi oído, así como cuando un mosquito me molesta–¡¿Emma donde estás?!–escucho más nítido.
Abro los ojos, estoy acostada en el césped ¿Qué hago aquí?
–¡Emma!–insiste la voz.
Me levanto con sueño y me froto los ojos.
Entonces busco la voz y me quedó paralizada al ver a Ryan en su silla de ruedas sobre el césped gritando.
Me levanto algo emocionada y abro la boca sorprendida.
–¡Saliste!–grito sonriendo.
–¡Allí estás!–dice Ryan suspirando–ven Emma, por favor–me dice con cansancio y cariño.
Camino hacia él y me detengo justo al frente, lo miro, él quiere decir algo pero cierra la boca y no dice nada.
–Vamos a casa–me pide en silencio.
–Esa no es mi casa–digo seria.
Ryan se queda callado solo me mira.
–Es la mía y te estoy invitando a venir–me dice también serio.
Asiento forzada.
–No vuelvas a hacer esto Emma, es peligroso–dice Ryan como si fuera un adulto.
Asiento algo arrepentida…no le gusta que me haya ido y me siento mal por dejarlo solo.
–¿Quién te trajo? ¿Cómo llegaste aquí?–le pregunto confundida.
–Me vine solo–me responde Ryan sonriéndome algo travieso–pedí como mil veces que me bajaran a tomar aire, luego pedí que me dejaran solo y cuando lo hicieron vine a buscarte, me deben de estar buscando como locos–se ríe levemente–a ti te estaban buscando como locos, sabía que vendrías aquí, no hay otro lugar a donde ir Emma.
Pero…no lo entiendo, la silla no rueda sola.
–Pero... ¿Cómo...?–le pregunto aún confundida.
–Con mi brazo izquierdo–me dice Ryan sonriéndome y levantando el brazo–fue difícil al principio pero luego fue más sencillo ¿Sabes? uno se acostumbra.
Sonrío de medio lado, ya veo que uno sí se acostumbra, esto va para todos los temas.
–¿Vamos a casa?–me pregunta Ryan.
Asiento y me coloco detrás de su silla para llevarlo.

En el Camino de regreso al orfanato hablamos, Ryan me contó chistes muy malos y pasados de moda, algunos me hicieron reír de lo malo que eran y otros me hicieron mirarlo con cara de pocos amigos; él si rió de todos sus chistes, es divertido verlo reír, pero de verdad, reír así como cuando sientes que no puedes respirar, que todo se queda en silencio por un momento hasta que tú risa se escucha a todo pulmón, cuando solo piensas en que morirás porque no circula el aire en tu cuerpo…bueno, así reía él y eso me hacía reír a mi.
Hablamos de mis locuras, mis desastres, mis experiencias de niña, sus experiencias en el orfanato y en cada casa que ha estado.
Ahora nos conocemos más, es bueno conocer a un amigo.
Llegamos al orfanato, todo el mundo parece estar alarmado por algo.
Veo que viene corriendo mi tía Mary, su cuerpo se mueve como gelatina y eso me hace reír.
–Emma…–susurra Ryan para que “me comporte” como dice mi mamá.
Cierro la boca rápidamente.
–¡¿Como se te ocurre semejante ridiculez Emma?!–me grita mi tía–¡Ryan no puede salir JAMÁS! ¿Acaso no lo entiendes? ¡Eres una niña muy traviesa! Yo no puedo cuidarte si andas con estas travesuras–mi tía está muy molesta, está roja como un tomate, así se pone mi padre cuando se molesta también, pero como una manzana, no todas las personas son iguales así que uno es una manzana y otro es un tomate.
Quiero hablar para explicarle qué fue lo qué pasó pero mi tía sigue gritándome, así que me quedo callada, mi mamá dice que no puedo interrumpir a un adulto sin permiso.
–Señorita Mary–dice Ryan interrumpiéndola–yo salí solo.
Lo miro con los ojos como platos por dos razones, la primera; la interrumpió, la segunda; dijo que fue él el que salió.
Mi tía se calla un momento y lo mira.
–¡No la defiendas Ryan! Ella es una niña muy traviesa–grita mi tía aún molesta.
Bajo la cabeza.
–Yo salí solo–insiste Ryan.
Lo miro con la cabeza gacha y mis lágrimas comienzan a aparecer, no me gusta que me regañen.
Ryan me mira.
–Yo fui quien salió, ella me fue a buscar–dice Ryan.
¿Por qué miente?
–¿Verdad Emma?–me pregunta Ryan mirándome insistente.
Así que asiento con algo de inseguridad.
–Bueno...que no vuelva a pasar–dice mi tía Mary confundida sin saber qué decir realmente y se retira.
Veo que Manuela se acerca.
–Les tengo una habitación–nos dice en voz baja–pero no se lo digan a nadie, está en la parte de abajo, aquí en este piso, así podrán salir a jugar y a comer juntos.
¡Que bien! ¡Que bonita es Manuela!
–Gracias–le dice Ryan y yo la abrazo.
Manu sonríe.
–¿Los acompaño?–nos pregunta con cariño.
Asentimos y comenzamos a caminar hacia adentro, hasta llegar a la habitación que nos dijo.

Manuela se acaba de ir, ella es muy buena y bonita, mi abuela dice que a la gente que es buena y bonita hay que quererla mucho, Ryan también es bueno y bonito, él me ha salvado de un castigo quizás, de verdad se lo agradezco mucho.
–Gracias Ryan–le digo.
–No es nada, a mí nunca me regañan, soy un ángel y por una vez que haga algo malo no me van a castigar–se encoge de hombros y sonríe orgulloso.
–Eres un ángel porque estás pegado a una silla Ryan, sino fueras peor que yo–le digo con sinceridad.
Él me sonríe de medio lado y luego se ríe.
–Tienes razón–concuerda conmigo.
–Además, no hiciste nada malo, fui yo la que escapó–digo.
–¿Quieres que sea como tú?–me pregunta.
Bueno…
–Por cierto lado si, pero…
–Ayúdame a sentarme en el suelo–me interrumpe.
¿Qué acaba de decir?
–¿Que? ¿Estás loco?–le pregunto sorprendida y asustada a la vez.
Él se ríe.
–No, no estoy loco, pero sé que lo puedo hacer Emma, solo ayúdame.
No lo sé…no debería ¿Y si se cae por mi culpa?
–No lo creo Ryan, soy pequeña y débil, no puedo hacerlo–le digo encogiéndome de hombros.
–Si que puedes, ayúdame–dice.
Lo pienso un poco…bueno, si se puede, nada es imposible así que me acerco a él.
–¿Qué hago?–le pregunto nerviosa.
Ryan me explica cómo tengo que hacerlo, me dice también que nos acerquemos al ventanal para que se recueste de allí cuando esté sentado en el suelo, busco las almohadas, uno todas mis fuerzas y de alguna manera loca e inesperada Ryan está sentado en el suelo frente a mi.
Estoy nerviosa ¿Y si entra una de las cuidadoras? Nos van a regañar.
–¿Que sucede?–me pregunta Ryan mientras le termino de acomodar las almohadas y él se termina de acomodar con su brazo izquierdo.
Niego con la cabeza, no quiero que piense que soy una bebé llorona.
–Emma…–insiste.
–No es nada, sólo que me da miedo que nos regañen–hago una pausa y pienso otro poco–otra vez–digo arrugando la cara.
Ryan se ríe y estira su brazo izquierdo hacia mi.
–Ven aquí–me pide.
¿Qué quiere?
–¿Para qué?–le pregunto.
–Solo siéntate aquí, quiero abrazarte–me dice señalando a su lado izquierdo con su brazo aún estirado.
Siento pena, pero me acerco gateando hasta él y me siento en el suelo a su lado, Ryan pasa su brazo por detrás de mí y posa su mano en mi cintura, así como me abraza papá cuando tiene cargada a Camila.
Me provoca abrazarlo así como a papá, entonces lo abrazo con mi brazo izquierdo, pasando por toda su pancita y recostándome de él.
–Eres mi mejor amigo ¿Sabes?–le digo.
–Nos acabamos de conocer–me dice él riéndose un poco.
–¿Y que tiene?–le pregunto y lo miro.
Yo creo que eso no importa, uno sabe cuando conoce a sus verdaderos amigos.
–Nada...–dice Ryan y me aprieta un poco más hacia él.
–Si tú no estuvieras en esa silla…
–Ahora mismo no lo estoy–me interrumpe.
–No seas grosero y déjame hablar–digo frunciendo el ceño, él se ríe y su risa me hace sonreír–ajá, si tú no estuvieras en esa silla ¿Cómo sería tu vida?
–Perfecta–dice enseguida.
–Mi abuela dice que no hay ninguna vida perfecta, solo que tenemos que adaptarla a lo que nosotros creamos mejor–le digo.
Sonríe otra vez de lado.
–¿Cómo podrás mejorar?–le pregunto.
–Hay máquinas, maquinas que me pueden ayudar, cosas que probablemente inventen en un futuro cercano, que tal vez por fin me logren mejorar, pero primero necesito una familia, todo eso no lo puede pagar el orfanato y ese es el problema, es mucho dinero, nadie quiere adoptar a un chico para gastar todo su dinero–se encoge de hombros–de todos modos aún tengo esperanza de que me adopten y me ayuden, pero también existe la otra cara de la moneda y es que no me adopten y todos mis huesos empeoren, ya que mientras más tiempo, más trabajo.
–¿Por eso los adultos trabajan?–le pregunto.
Él frunce el ceño.
–Lo último que dijiste, mientras más tiempo, más trabajo, pues los adultos tienen más tiempo viviendo y por eso ellos trabajan más que los niños.
Ryan se ríe.
–No hablaba de eso Emma, pero tienes razón, mientras más tiempo más trabajo.
Asiento.
–¿Te gusta vivir así?–le pregunto.
–¿Cómo?–me pregunta.
–Así–le digo encogiéndome de hombros y tocándole la mano derecha.
–Soy conforme con la simple razón de estar vivo Emma, pero quisiera más–dice.
Lo miro.
–Tienes razón.
Lo abrazo otra vez porque quiero, porque puedo y porque siento que tengo que hacerlo, tal vez yo sea la única persona que lo haga y eso no me...

Hace alrededor de 1 año

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#8

...parece justo.

–¿Y ahora qué?– le pregunto a Ryan después de que tengo el pábilo entre mis dedos.
–Acércate–me pide.
Arrastro mi trasero por el piso hasta estar más cerca de él.
Rayan coloca su mano izquierda dentro de la pequeña figura que he hecho con el pabilo.
–Suelta este y este dedo cuando te diga–me dice señalándome cuáles son los dedos.
Asiento.
–Ya–me dice y los suelto.
Veo que su mano no queda atrapada, queda libre, es extraño, debería de agarrar su mano así como una trampa.
–Deja de fruncir el ceño Emma–me dice Ryan riendo.
–Pero no entiendo cómo pasó–le digo extrañada aún.
Él ríe y se me queda viendo por un momento, pero pareciera que sus ojos me traspasaran, como si mirara al infinito.
–Ryan…–digo para que deje de mirarme así.
Él sonríe.
¿Qué pensará?
–Lástima que no nos conocimos de grandes–dice de repente.
–¿Qué?–le pregunto sin entender.
Ryan niega con la cabeza y se ríe como si fuera algo estúpido.
–Ahora que entras en ese tema ¿Cómo seremos de adultos?–le pregunto.
Ryan se recuesta del ventanal otra vez, cierra los ojos y pega la cabeza también al ventanal, tal vez esté imaginándonos.
–Tú serás hermosa–me dice con los ojos cerrados, ahora soy yo quien lo mira–yo probablemente siga siendo el mismo fracaso de siempre–se encoge de hombros–más te vale conseguirte a alguien que te ame.
–Yo también quiero que consigas a alguien que te ame–le digo agarrándole la mano.
Él no se mueve, solo sigue con los ojos cerrados.
–Tú también podrías ser un adulto bonito–digo encogiéndome de hombros–tal vez hasta camines.
Ryan se ríe.
–No lo creo Emma, no lo sé–abre los ojos y me mira–a veces es algo absurdo pensar cosas que jamás van a pasar.
Frunzo el ceño.
–¿Qué tiene de malo tener fantasías? Mi abuela dice que nunca es malo soñar, más bien es bueno pensar en eso que quieres y ponerle amor para que pase.
Ryan frunce los labios.
–Tengo años deseando que pase algo y aún no pasa–dice decepcionado.
–Tal vez no le has puesto suficiente amor en estos años o…simplemente no te lo han querido dar en estos años para dártelo de la mejor manera posible, tal vez suceda hoy o mañana, nadie sabe Ryan–le digo.
–No creo en esa teoría ¿Sabes? Eres muy pequeña para entender.
Eso si me molestó.
–¡No soy pequeña!–le digo casi gritando molesta–¡Y si entiendo! No me gusta que me digan bebé.
Me cruzo de brazos y le doy la espalda.
Escucho cómo se ríe bajito.
–No me da risa–digo aún molesta.
–A mí si–dice él.
Muy gracioso. Siento como me tocan el cabello.
Oh no, mi cabello no.
Me giro rápidamente quedando frente a él.
–No me toques el cabello–digo frunciendo el ceño.
–¿Por qué?–me pregunta ladeando la cabeza.
–No me gusta–digo colocando los ojos en blanco.
–Ven, ahora sí te van a gustar–me dice haciéndome ceña de que me acueste en su regazo.
–No.
–Si.
–No–insisto.
–Que si, ven–me pide–por favorcito.
Sonrío.
–Solo porque dijiste por favorcito–digo riéndome un poco.
Ryan sonríe.
Coloco mi cabeza en su regazo y él comienza a hacerme cariño en el cabello.
Mis ojos se debilitan, mis párpados comienzan a caer, hasta que no veo nada más que oscuridad.

–¡Corre, corre!–escucho como una chica grita.
Espera ¿Soy yo? ¿Qué edad tengo?
Veo como un chico corre, está jugando béisbol ¿En Europa? No lo sé...es raro.
Anota una carrera y grito como loca, tengo como quince años.
Todo el equipo celebra, al parecer hacía falta solo esa carrera para que ganaran y el tiempo se acabara.
Corro cuando el chico sale del campo y lo abrazo.
Es extraño, su olor se me hace peculiar, así esté sudado.
Entonces lo miro pero esta vez a los ojos.
Sus ojos son verdes, así como los míos, pero él es…distinto…espera ¿Él es Ryan? ¡¿Qué edad tiene?! ¡Está grande! ¿Cómo corrió? ¿Qué sucede?

Abro los ojos, siento el peso de la mano de Ryan en mi cabeza, está dormido, sentado y todo lo contrario a como lo vi en mi sueño, desearía que se hiciera realidad pero de una vez…sería mejor si Ryan pudiese caminar.

Hace alrededor de 1 año

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#9

Capítulo 3: Infierno

Le quito la mano de mi cabeza y me siento, eso lo despierta, espera ¿Qué hora es? Suspiro y miro a los lados, ya está oscureciendo.
–Ryan es mejor que te sientes en la silla, nos van a regañar–le digo nerviosa.
Él bosteza y asiente.
–Tengo sueño–me dice.
Sonrío.
–Se te nota–le digo y nos reímos.
Esto es mucho más complicado, ahora no sé cómo ayudarlo a volver a la silla de ruedas.
–No puedo, me rindo–digo y me tiro al piso molesta, es muy difícil y eso me molesta.
–Vamos Emma, tú puedes–dice él algo intranquilo.
Bufo y lo vuelvo a ayudar, pero todo se dificulta y cuando casi Ryan logra sentarse la silla, se mueve, no sé cómo hago para correr detrás de la silla y dejarlo a él solo para que la silla no se fuera hacia atrás ¡Se me olvidó colocar los frenos!
Ryan se queja por algo.
–Lo siento, lo siento, lo siento–digo de verdad con mucha pena.
–Llama a Manuela–me pide sin decirme otra cosa, su cara está arrugada de dolor.
Nooooo ¿Qué hice? Corro a buscar a Manu.
–¡Manuela!–grito al verla y corro.
De repente me entra la desesperación ¿En que me he metido?
–¿Qué sucede nena?–me pregunta preocupada.
Miro detrás de ella y está la señora Serrano.
Oh nooooo de paso tenía que aparecer ella.
–Es Ryan, se lastimó, no lo sé, algo le pasó–le digo nerviosa.
Manuela corre de inmediato y cuando casi estoy decidida a correr también detrás de Manu, alguien me agarra fuertemente del brazo.
Volteo y es la señora Serrano.
–¿Qué piensas qué haces?–me pregunta.
–Es mi amigo, quiero ir–digo tratando de soltarme.
Ella no me suelta y le pego con la otra mano en el brazo.
Sin embargo eso hace que me mire con una mirada de “te mataré” y no me suelte.
–Lo siento–digo en voz baja, pero eso no sirve porque la señora Serrano me jala de mi orejita fuertemente y me lleva no sé a dónde.
Comienzo a llorar, me duele, me duele mucho.
–¡Suélteme!–le grito aún llorando.
Siento como mi orejita se coloca muy caliente. Ay, ayyyyyy.
–¡Dije que me suelte!–grito tratando de empujarla.
Ella no dice nada.
–¡Espera qué haces!–escucho que grita mi tía Mary y por primera vez su voz es un alivio.
–¡Tía ayuda!–le grito.
Serrano se detiene y mira a mi tía que nos observa preocupada.
–¿Qué pasó?–pregunta mi tía Mary.
–Pues que tú sobrinita se llevó a Ryan a una habitación y lo sentó en el suelo, de paso se escapó hace unas horas y todo lo que hace es un caos, merece ir a la habitación de castigo.
Mi tía me mira, mira a Serrano y solo asiente.
Mi mamá siempre dice: “sentí que mi mundo cayó al piso” cuando le pasa algo extremadamente malo, por ejemplo aquella vez que su madre (mi abuela) dejó que su padre (mi abuelo) le pegara porque se había ido a una fiesta cuando era más joven y aún no conocía a papá, pues ella dijo que sintió un estilo de “vacío” y que su mundo cayó al piso porque la única persona que podía detener eso era ella, pero no lo hizo.
Pues jamás entendí esa frase hasta ahora, soy una niña, pero sentir lo que mi mamá sintió en ese momento cuando era una adolescente, creo que es grave.
Mi tía, la única que puede impedir que me haga algo malo esta vieja, no lo hace.
Serrano me sigue llevando de la oreja.
–¡Para ya!–le grito entre llantos.
Además ¿Cómo sabía que estábamos ahí?
Serrano se detiene y eso me da un poco de tranquilidad y a la vez miedo.
Abre una puerta y me empuja a esa habitación oscura, pues estoy lejos de todo, ésta es la parte más retirada de todo el orfanato, podría decirse que la última habitación.
–Te quedarás aquí hasta que aprendas a hacer las cosas–dice y cierra la puerta dejándome allí sola.
No puedo ver mucho, mis ojos aún no se han acostumbrado a la oscuridad.
–¿Qué haces aquí?–escucho que me pregunta alguien.
Brinco un poquito por el susto y me pego a la puerta.
–Soy yo, Mark–dice y eso por cierta parte me relaja.
–Ah, hola–digo y me alejo de la puerta.
Lo veo prender una pequeña lámpara y ahora sí puedo verlo físicamente mejor.
–¿Qué haces aquí?–le pregunto.
Sonríe de medio lado.
–No, no, qué haces tú aquí, pues ya yo estoy acostumbrado a que me castiguen–se encoge de hombros.
–Pues…–pienso un poco–sabes que me escapé…
–Sentémonos–dice interrumpiéndome, agarrando mi mano y llevándome al sofá.
Nos sentamos.
–Me escapé, Ryan lo resolvió, luego Manuela nos llevó a un lugar mejor y ahí Ryan me pidió que lo ayudará a sentar fuera de la silla de ruedas.
–Woow–dice sorprendido.
–Si, pues Serrano me descubrió y ahora estoy aquí, Ryan quedó adolorido y ahora no sé cómo está.
–Ya…que mal–dice mirándome.
–¿Tú que hiciste?–le pregunto.
–Me cacharon fumando otra vez–chasquea la lengua–son uñas viejas pendejas todas.
Ok…él fuma, mi mami dice que eso no se hace ni siquiera de adulto.
–¿Y qué haces cuando te castigan?–le pregunto.
–Nada, pensar, pensar y pensar–dice suspirando.
–¿En que?
Se ríe.
–Cosas que no puedes saber, además de imaginar el día que por fin salga de esta cárcel–coloca los ojos en blanco.
Me rio.
–Yo ya quiero irme a casa–digo en voz baja.
–Por lo menos tienes una–dice con voz seca.
Es cierto.
–Juguemos–digo sonriendo.
–¿A que?–me pregunta.
–No lo sé ¿A qué juegan ustedes?–le pregunto.
Quiero jugar, realmente siempre que venía aquí jugaba y eso es lo que menos he hecho.
–Jugamos cosas de niños grandes, tú no puedes jugar eso–dice.
Frunzo el ceño.
–¿Y por qué no?
Él se queda callado y me mira, ahora su cara cambió, no lo sé, es extraña.
–Está bien, juguemos–dice, se levanta y apaga la única luz que alumbra el lugar.
Espera…no…no me gusta así, me da miedo.
–Mark…–digo asustada.
Siento sus manos en mis rodillas, por lo menos está aquí y sé que no me va a asustar.
–¿De qué es el juego?–le pregunto aún nerviosa.
Mis ojos comienzan a acostumbrarse a la oscuridad.
–De dejarse llevar–dice.
–Eh...creo que ya no quiero, juguemos a las escondidas o tal vez sea mejor que es mejor que no juegue, soy chiquita y…
Trato de quitarle las manos pero no me deja.
Mi pequeño corazoncito late fuerte, como cuando voy a exponer en mi salón.
–No, tú quisiste jugar, pues ahora vas a jugar–dice y sus manos comienzan a subir por mis muslos.
–¡¿Qué haces?!–le grito intentando quitarlo.
–Cálmate ¿Si? No te haré nada, sólo es el juego–dice obstinado.
–No me gusta este juego, no quiero jugar ya–digo con miedo.
Mi madre, aunque más que todo mi abuela, me han dicho las zonas del cuerpo en donde nadie puede tocar y Mark está llegando a una de esas, mi abuela me explicó qué hay partes que son privadas y que solo mamá y yo podemos ver, pero más nadie, esas partes ni las pueden ver ni tocar otra persona que no sea mi mamá o yo.
Voy a golpearlo pero como un Ninja para el golpe y me agarra los dos brazos, luego de alguna manera los agarra con una sola mano y con la otra llega directo a la parte privada uno.
Grito porque no quiero que me toque, mi mamá me regañará, necesito ayuda, él no puede hacer eso.
–¡Eso no lo puedes tocar!–grito con mucha rabia tratando de que me suelte.
Pero es inútil, soy pequeña, no tengo tanta fuerza.
De repente con esa misma mano me quita mi ropa interior y ahora grito más.
¡¿A caso nadie escucha?!
Trato de patearlo pero no le duele, o tal vez si pero no lo demuestra ni se detiene.
Me carga y me tira al piso.
Siento como el mundo da vueltas, mi cabeza…duele mucho mi cabeza ¡Me soltó! Pero no tengo fuerza para levantarme, me tiró muy duro al suelo.
Las lágrimas se acumulan en mis ojos y es como si tuviese sueño, luego siento que se acerca y de un momento a otro siento el dolor más horroroso que he podido sentir en estos ocho años que tengo de vida, es como si me cayera de la bici y se me abriera una gran herida, pero esta vez entre mis piernas, como si me hubieran golpeado fuertemente ahí abajo, duele mucho y ya siento que de verdad no tengo fuerza, creo que ni siquiera para hablar, ya no puedo hacer el intento de que alguien afuera escuche y me saque de aquí.
Yo solo quería jugar, divertirme, pero Mark me ha hecho mucho daño y el dolor no para hasta que se detiene, no siento mis piernas, no siento mi cabeza, solo quiero irme de aquí y que acabe el dolor de una vez por todas.
Sin poder hacer nada–sólo llorar–Mark coloca mi ropa interior otra vez, sigo ahí tirada, mirando al infinito, sintiendo como mis lágrimas se deslizan por mis mejillas.
Escucho como Mark se aleja, abre la puerta y sale.
Quiero levantarme, pero no puedo, me duele todo.
Tengo miedo, tengo frío, siento la voz de mi abuela y mi madre en mi cabeza, regañándome por jugar este juego…solo quiero ir a casa.
Mary llega enseguida corriendo.
–¡Dios mío Emma!–dice y se agacha para ayudarme a sentar.
Siento como si me sentara en agua.
Miro hacia abajo y es rojo.
Me duele.
Comienzo a llorar fuertemente.
–Tranquila amor,es algo que a todas las mujeres nos pasa, ya eres una niña grande.
¿Qué? ¿A todas las mujeres les gusta jugar ese juego y que le hagan daño?
Solo lloro.
–Ven, eso se lava–dice Mary.
La odio por dejar que me trajeran hasta aquí.
–Pero me duele–le digo casi en susurro.
–Claro, eso dolerá unos tres o cinco días, tendrás que acostumbrarte, nos pasa todo los meses.
¡¿Qué?! ¡¿Me lastimarán todos los meses?!
No quiero.
–¿Pero por qué me hace esto?–le pregunto entre llantos.
–Es algo que el cuerpo hace normalmente, luego le digo a tu madre que te explique mejor.
Asiento insegura.
Esto no me lo hizo mi cuerpo, esto me lo hizo Mark.
Me ayuda a levantar pero siento dolor y ardor, entonces me quejo en voz alta, camino como si estuviese mareada.
–No seas exagerada Emma, tampoco para tanto.
Mary coloca los ojos en blanco y cuando salimos de la habitación veo a Mark parado mirándonos.
–Gracias por avisar Mark–le dice Mary.
Frunzo el...

Hace alrededor de 1 año

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NOVACHEK
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 1 año

Que hijo de puta ese Mark


#10

...ceño.
¿Qué le avisó? ¿Que me hizo daño? ¿Y por qué no lo regañan?
Mark asiente y sonríe un poco.
Entrecierro los ojos y luego dejo de mirarlo.
–Emma, tendrás que dormir en una habitación sola, estás castigada aún–dice Mary.
Me quedo callada, la odio.
Me lleva a un baño, me da un estilo de trapo y me dice que lo coloque en mi ropa interior, me pasa otro vestido limpio al igual que la ropa interior y luego salgo.
–Creo que ya–digo.
Me duele aún y la cabeza hace como si tuviera un corazón dentro, también me duele mucho.
–Me duele la cabeza–digo agarrándomela y arrugando la cara.
–Vamos a tu habitación nueva, estarás completamente sola, ahorita te llevo una pastilla.
Asiento y Caminamos juntas por un pasillo.
Llegamos, abre la puerta, enciende la luz, la habitación es demasiado grande para mí sola, pero no importa, así tengo más que ver.
–Ni se te ocurra salir de aquí o será peor el castigo.
–Pensé que Mark las ayudaba a castigar a los niños–digo mirándola.
Ella frunce el ceño y se ríe.
–¿Es una broma Emma?–me pregunta.
Niego con la cabeza y solo paso, ella se va cerrando la puerta.
Me siento en el suelo y siento el dolor más fuerte, auch, de verdad duele.
Pero no entiendo nada ¿Por qué lo hizo? ¿Por que mi cuerpo? ¿A que se refiere Mary? No comprendo.
Miro mis manos y nuevamente mis ojos se llenan de lágrimas, solo han pasado horas, no se cuantas, pero ya siento que este lugar es un infierno, ya quiero que regresen mis padres.

Hace alrededor de 1 año

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#11

Capítulo 4: ¿Se va?

Despierto, es Manuela entrando a mi habitación nueva, trae algo en las manos, creo que ya es de día.
–Buenos días Emma–me saluda.
Sip, es de día.
Me levanto del suelo, esperen…¿Dónde dormí? ¿En el suelo?
–Hola Manu–la saludo.
–¿Qué hacías en el suelo?–me pregunta evitando reírse pero con ternura.
Me encojo de hombros.
–Bueno, te traje esto–dice entregándome una cobija, desayuno y mi bolso con todas mis cosas–deberías darte una ducha, comer y bueno…quedarte tranquila.
Asiento mientras ella deja todo sobre un mesón que está pegado a la pared.
–Yo…–dice Manuela como buscando las palabras para hablar, así como cuando quiero pedirle algo a mi mamá que sé que no me dará–dejaré de trabajar aquí–dice y mis ojos se abren como platos.
¡¿Qué?! ¡Mi amiga Manu no se puede ir!
–Noooo ¿Y por qué?–le pregunto.
–Por que…no lo sé, me mandaron una carta ofreciéndome trabajo en otro lugar y me gusta, así que me iré–dice algo triste.
–No pareciera que te gustara–digo frunciendo la boca de medio lado.
Sonríe tristemente.
–Si me gusta, confía en mi–dice y se acerca para abrazarme.
La abrazo también.
–Manu antes de que te vayas…–digo y ella me mira a los ojos.
Sus ojos color café me miran con ternura.
–Si un niño toca una parte que no debe de tu cuerpo ¿Qué haces?–le pregunto.
Su cara cambia inmediatamente de una amorosa a una amorosa preocupada.
–¿Pasó algo?–me pregunta nerviosa.
No le puedo decir, al parecer si es algo malo, además ella puede decirle a mi mamá y yo no quiero que me regañen.
–No, no, es solo que mi mamá siempre me ha hablado de eso y quiero saber tu punto de vista–me encojo de hombros para que parezca más normal.
Ella suspira como si estuviera aliviada, pero sin embargo sigue mirándome extrañada.
–No puedes dejar que eso pase ¿Ok? Nadie, pero absolutamente nadie que no sea tu mami puede tocarte en esas partes y si llega a pasar entonces tú vas y le dices a una persona mayor para que arreglen la situación los adultos–dice agarrándome el hombro.
Asiento pero quiero llorar, le estoy mintiendo a mi amiga Manuela.
–Sabes que puedes confiar en mi, los serranos somos fieles–piensa un poco–mi tía no sirve mucho pero yo si–dice riendo ahora.
–¿Tú tía es la señora Serrano?–le pregunto con los ojos como platos.
Se ríe.
–Si, pero es una molestia, mejor dicho, yo soy una molestia para ella, así que ya tendrá tranquilidad al irme yo.
–Pero yo no quiero que te vayas, me caes bien–digo triste.
Manu sonríe.
–Nos veremos pronto Emma, tú tranquila, solo soporta unos días más a esta gente y te irás.
Sonrío y la abrazo.
–Adiós Manu–le digo.
–Adiós Emma–me dice y se va.
Agarro mi desayuno, como, espero unos minutos y me meto a bañar.
Me coloco mi vestido de rayas blanco con rojo, me gustan mucho los vestidos y faldas, pero también adoro los pantalones, solo que a mi mamá le gustan más los vestidos y faldas, entonces es un fastidio porque ella es quien me compra la ropa.
Me siento en el sofá a mirar al infinito porque realmente no tengo nada que hacer.
Tocan la puerta y me pongo nerviosa, no quiero que pase nadie, Manu se fue, ella no es, tengo miedo ¿Y si entra Mark? ¿Y si entra otro niño? ¿Qué pasa si no puedo escapar?
Mis ojos se llenan de lágrimas mientras vuelven a tocar.
–Emma soy yo–escucho la dulce voz de mi hermanita.
¡Camila! ¡Por fin!
Corro, abro la puerta y la abrazo.
Es pequeña pero me gustan sus abrazos, tal ves sea porque la extraño mucho o porque me siento demasiado sola, no lo sé.
Su cabello amarillo huele rico, está recién bañada también.
–¿Viniste sola?–le pregunto.
Ella señala a alguien a su derecha y cuando veo está Ryan en el pasillo.
Mi sonrisa no se puede anchar más porque me dolería.
–¡Ryan!–digo feliz y corro hacia él.
Lo abrazo cómo puedo, pues es difícil abrazar a alguien sentado y más en una silla de ruedas.
Cami camina hacia nosotros y nos mira.
–Camila quería verte y nadie la traía, así que confió en mi y aquí estamos.
La miro, ella me sonríe.
–Te prohíbo que le hagas caso a las demás personas, solo a Ryan ¿Ok?–la señalo con mi dedo índice.
Ella asiente.
Miro a Ryan.
–¿Cómo sabías que estaba aquí?–le pregunto.
–Pues me dijeron…–dice mirándome presumido.
Coloco los ojos en blanco y lo vuelvo a abrazar.
–Ahora estoy sola–le digo abrazándolo.
–Lo sé–dice él.
Mi hermana me hala el vestido.
Me alejo de Ryan y la miro.
–¿Cuándo nos vamos?–me pregunta.
–Dentro de…–cuento con mis dedos–lamentables cinco días–digo y arrugo la cara.
Ryan hace una expresión de asombro demasiado exagerado.
–Eso significa que ya no me quieres ver–dice aún exagerado.
Me rio.
–No, no, sino que ya me quiero ir a mi casa, pero hablaré con mis padres para que te lleven conmigo, así será más divertido–digo.
Él se ríe.
–Por supuesto–dice sin dejar de sonreír.
–Ser mi hermano no sería tan mala idea, además Camila te fastidiaría a ti y no a mi–me rio y acaricio la cabeza de Cami.
Ella frunce el ceño mirándome y me pega.
–¡Deja!–le digo un poquito molesta pero no mucho, es que estoy feliz.
–Ser tu hermano sería una tortura–dice pensativo.
Ahora soy yo la de la exposición exagerada.
–¿Por qué? ¡Yo soy buena, bonita y educada!–digo contándolos con mis dedos para luego ponerme las manos en las cinturas.
Se ríe.
–Ese es el problema–dice.
¿Qué? Ay no, la gente grande es complicada, es rara y dice cosas sin sentido, no quiero ser gente grande.
–Como sea, no debería de estar aquí afuera, es mejor que vayamos a mi habitación.
Camila me sigue pero Ryan no.
–¿Ryan?–le pregunto al voltearme.
–Lo siento, Camila y yo no podemos estar aquí, realmente rompimos las normas, pero ya tenemos que irnos.
Camila se abraza a mi.
–No quiero–dice con puchero en su rostro.
Miro a Ryan.
–Nos van a regañar Emma, es mejor que convenzas a tu hermana–dice serio.
Suspiro, me agacho y le agarro la carita, sus ojos verdes me miran con miedo.
–Cami, tienes que irte, luego me verás otra vez–le digo–tal vez pase a verte.
Me abraza.
–Quiero ir a casa–dice triste.
Le doy un beso en la mejilla.
–Ya falta poco–le digo–ahora ve con Ryan, ya sabes, prométeme que no harás caso a nadie que no sea él.
Ella asiente y se va corriendo, Ryan me sonríe y los dos se van.
Entro a mi habitación, que aburrido es esto ¿De verdad tendré que soportarlo?

Han pasado dos días ya desde que Manu se fue, desde que vi a mi hermana y desde que vi a Ryan…no sé hasta cuando estaré alejada de todos, comienzo a deprimirme. Una linda chica morena me trajo el almuerzo y ahora me ha traído la merienda, son las tres de la tarde, comienzo a escuchar a muchos niños gritar y decir “Adiós” “Nos vemos pronto” “No nos olvides” me asomo por la ventana y veo que a lo lejos hay muchos niños moviendo la mano, despidiéndose de alguien.
Es un niño ¡Lo adoptaron! ¡Genial! Sonrío de felicidad.
Veo como se aleja el auto y todos entran, suspiro y termino de comer mi galleta salada.
Escucho voces en el pasillo, así que pego mi oído a la puerta.
–¡Dije que no!–grita una mujer.
Espera ¿Es la señora Serrano? ¡Que no venga para acá por favor!
–Usted no se meta en lo que no le importa–dice un chico.
¿Quién es? No logró identificar su voz.
–¡Alejate de ella!–grita–¡¿No ves que te hace daño?!
¿Qué? ¿De que hablan?
–Con mucho respeto, a usted no es a quien le duele lo que sea que haga ella, así que déjeme en paz.
Es Ryan, por supuesto que es Ryan.
–¡Ryan Russó! ¡No me hagas castigarte a ti también!–grita la señora Serrano, ahora sus gritos se escuchan más cerca.
Escucho como tocan mi puerta.
Corro hasta la puerta y la abro, por supuesto es Ryan, está molesto, se le nota en la cara.
–¡Maldita niña!–grita la señora serrano.
–¡¿A quien le dice Maldita?!–grita Ryan mirándola tan feo que siento miedo.
Su piel está roja, sus venas están casi fuera, dios ¿Qué ha pasado?
–Ryan…–digo intentando calmarlo mientras tocó su pierna.
–¡Aprenda a Respetar a las personas!–le grita Ryan.
Tengo miedo.
La señora Serrano me mira con rabia.
–¡Los dos tendrán su merecido! Y pequeño–sonríe acosadora–tú no sabes con quién te metes.
La señora Serrano se aleja molesta y Ryan cierra los ojos para calmarse.
Lo miro, mis ojos están llorosos del susto, cuando abre los ojos me mira con lamento.
–Lo siento–dice.
Niego con la cabeza y lo abrazo.
–Tenía días sin verte ¿Qué pasó?–le pregunto agarrándole la cara.
Malas costumbres mías.
–No me dejaban venir, tu hermana también te quería ver pero tampoco ha podido–me dice.
Asiento.
–Entremos–digo y le agarro la mano.
Entonces me quedo parada cuando siento que no se mueve, lo miro y él evita reírse.
–Oh, claro–digo penosa soltándole la mano para que él pueda moverse por si solo.
Se ríe un poco y pasa, cierro la puerta para luego buscar un banco y sentarme frente a él y frente a este otro ventanal que está en mi habitación.
–Me aburro mucho–le digo con cara triste.
Me sonríe.
–Me imagino.
Suspiro.
–Ya quiero irme–digo mirando mis manos.
–Ya faltan solo tres días, ya te iras–dice lo ultimo en voz baja.
De verdad hablaré con mis padres, él tiene que irse conmigo.
–Deberíamos jugar algo–dice él.
Mi corazón se acelera y me levanto rápidamente, alejándome de él lo más que puedo.
Frunce el ceño extrañado.
¡Ni loca jugaré con él! ¡Realmente no jugaré con nadie!
–¿Pasó algo?–me pregunta.
–No quiero jugar–digo y de repente me doy cuenta de que estoy...

Hace alrededor de 1 año

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#12

...temblando.
–Está bien, tranquila, solo pensé que…
–No voy a jugar ningún juego y ya–digo seca.
Él mira a otro lado.
–¿Entonce que quieres hacer?–me pregunta.
Abren la puerta, es Mary con una sonrisa en el rostro.
–¡Ryan!–dice Mary sin dejar de sonreír.
Pensé que lo iba a regañar.
–¡Una familia quiere conocerte!–dice casi aplaudiendo.
Ryan me mira.
¿Qué? ¿Se va?
Salgo de donde sea que estaba para alejarme de él.
–¿Se lo llevan?–pregunto triste.
–¡Esperemos que si!–dice Mary–¡Vamos, vamos!–dice a Ryan.
Él sonríe.
–Nos vemos Emma, será para después–dice algo confuso.
Solo veo como se aleja y luego cierran la puerta.
¿Se va en serio? ¿Y ahora?
Yo no quiero que se vaya con otra familia, tiene que irse obligatoriamente con la mía.
Me siento en el piso y como no soy casi llorona, comienzo a llorar ¿Ahora quien me visitara en estos tres días que quedan?
Por cierto lado…ya no quiero que se me acerque nadie.

Hace alrededor de 1 año

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#13

Capítulo 5: Es inevitable

No he podido dormir hoy, mi mente está muy activa, solo piensa en Ryan y en que se va, de verdad no quiero que se vaya, él tenía que irse conmigo, es muy triste…aunque aún no sé si realmente se va, nadie me lo ha confirmado.
Me levanto, tomo agua que me trajeron hace horas y me acuesto esta vez en el suelo frío.
“Cuando estés grande y te duela la panza recordarás por qué te lo digo” recuerdo que dice mi madre siempre que me acuesto en el suelo o ando descalza por la casa. No entiendo eso de “me dolerá la panza” pero bueno, tal vez lo entienda algún día por las malas.
Siento que el sueño comienza a desaparecer.
Así que poco a poco me voy quedando dormida.

Despierto, voy al baño, me cepillo los dientes, me doy una ducha con agua tibia y cuando estoy lista salgo del baño para encontrarme la linda sorpresa de ver a mi amigo Ryan ahí en su silla de ruedas.
No digo nada y solo lo abrazo.
–No te vayas por favor–es lo único que digo.
–Tengo que hacerlo, sino jamás saldré de aquí–me dice.
Lo miro, mis ojos se colocan llorosos.
No, no, yo no quiero llorar, eso me hace parecer muy bebé.
Echo la cabeza hacia atrás para intentar que mis ojos se traguen las lágrima ¿Funcionará?
Ryan se ríe.
–¿Qué de supone qué haces?–me pregunta tratando de bajar mi cara.
Me rio y bajo la cara pero las lágrimas se escapan.
–Nos veremos pronto, venía a despedirme–me dice.
Lo vuelvo a abrazar.
–Más le vale a esa familia que te ayuden a caminar o cuando los vea los golpearé y te secuestraré.
Ryan ríe nuevamente.
–¿De donde una niña tan bonita y educada saca esas palabras tan macabras?–me pregunta sonriendo.
Sonrío.
–No lo sé–digo y me separo de él.
–No te pierdas mucho–dice Ryan.
–¿Y cómo hago eso?–le pregunto.
Nos quedamos en silencio, tengo ochos años pero sé que separarnos es algo que será inevitable, pues nosotros hemos pasado por nuestras vidas para decirnos hola y adiós.
Otra lágrima se escapa, porque sé que jamás lo volveré a ver.
Ryan me seca la lágrima en silencio.
–Adiós–me dice y una de las señoras del orfanato comienza a dirigirlo hacia la salida.
–Adiós Ryan–me despido.
Cierran la puerta y me quedo allí parada, hasta que escucho los mismos gritos de la otra vez.
Corro hasta el ventanal y veo a muchos niños despidiéndose.
–¡Adiós Ryan!–gritan algunos.
–¡Mejórate!–grita otro.
–No te pierdas mucho–repito sus palabras en voz baja–aunque sea inevitable.
Veo como el auto se aleja y la mano de Ryan por fuera.
Suspiro y me siento en el suelo.
Me quiero ir ahora con más razón.

–Si, lo se, soy hermosa–digo fingiendo la voz de un frasco que tiene dentro crema de peinar.
Mi padre me enseñó qué hay que verle el lado positivo a la vida y que tenemos que ser creativos cuando se nos trancan las ideas fáciles. Pues un día estábamos en un hotel, no me llevé mis juguetes porque no sabíamos que nos quedaríamos en el hotel, todo fue por una bendita tormenta pasajera.
–Estoy aburrida–le dije a mi padre que leía un libro.
Él me miró.
–Juega un rato–me dijo y volvió a su lectura.
Suspiré y me senté en el suelo con la cabeza entre las piernas.
Escuché que mi padre se levantó, entró al baño, luego se devolvió y se sentó en la cama, entonces lo miré, tenía un shampoo, un enjuague, un jabón, una crema dental y un cepillo dental en sus manos.
Lo miré extrañada.
–¿Quieres jugar?–me preguntó.
–Si–respondí.
–Entonces juega–dijo y me miró a ver si yo reaccionaba–Emma, no todo en la vida será sencillo, algunas cosas serán fáciles como si te cayeran del cielo, pero hay otras que nosotros mismos tenemos que crear para poder vivir una mejor vida. ¿Tienes juguetes aquí?–me preguntó y negué con la cabeza–entonces créalos tú misma–me entregó todos esos productos que tenía en las manos.
–¿Y ahora que?–le pregunté.
–Este–dijo agarrando el shampoo–es el padre, este–agarró el enjuague–es la madre, este–agarró el jabón–es el hijo y así sucesivamente con los otros productos, has tu propia colección de muñecos, solo tienes que imaginar.
Desde ese momento aprendí que la imaginación a veces es lo más importante que debemos mantener vivo y presente, no hay que sobrepasarse, pero si hay que tenerla.
–No me hables así, todas somos hermosas–digo fingiendo la voz de la crema dental ahora.
Alguien entra a la habitación y me asusto, haciendo un pequeño salto.
–¿Qué haces Emma?–me pregunta Mary.
–Solo juego–digo y comienzo a recoger todo.
–Te llevaremos con tu hermana, mañana temprano las vienen a buscar.
¡SI! ¡SI SI SI!
Me levanto casi volando, agarró mis cosas aún más rápido y nos vamos.
Cuando veo a Cami la abrazo y ella sonríe.
–Ya nos vamos mañana–le digo emocionada.
Ella asiente.
Que ya sea de noche, que ya sea de nocheeeee quiero dormiiiirrrr para irme de este infierno.

Luego de que llegó la noche y pues por fin despertar a la mañana siguiente, o sea ¡Hoy! Ya estoy fuera con mi hermana esperando ver la Camioneta de nuestros padres.
–¡Allí!–grita Cami señalando la Camioneta.
Sonrío y me levanto rápidamente.
Mi tía Mary nos ayuda a llevar las cosas al auto.
–¡Mamá! ¡Papá!–digo feliz y los abrazo.
Cami hace lo mismo, solo que mi padre la carga a ella y a mí no…ya me estoy acostumbrando a eso.
Mi madre saluda a mi tía y comienzan a hablar, luego mi padre se le une y yo me quedo mirando hacia una de las ventanas del orfanato.
Veo a alguien ahí parado, espera…es Mark.
Mi corazón se acelera y solo comienzo a caminar hacia atrás.
Choco con algo.
Ups, choqué con el auto de mi padre.
Todos voltean a mirarme, yo agarro fuerzas y hago como si nada pasó, solo me subo, me siento como más protegida, poco después mis padres se montan con Cami, yo ni siquiera me despido de Mary, no merece ni eso.
Cuando el auto comienza a alejarse de allí siento un alivio tan grande, como si me estuvieran alejando del peligro, de todo lo malo, ahora si me siento libre.
Me duermo en el Camino.

–Pero es extraño–escucho que dice mi madre.
–No es extraño, sabes cómo son los cuerpos de distintos, cada mujer es un problema distinto–responde mi padre.
Tengo demasiado sueño como para abrir mis ojos.
–Giorgio, es normal si fuera algo que no lo sé–escucho como suenan las manos de mi madre contra su regazo–yo me desarrollé a los trece, mis hermanas igual y mi madre a los doce, pero ¿Ocho? Es demasiado temprano.
Mi padre chasquea la lengua.
–Se han visto casos de niñas a los mueve embarazadas, así que tiene que ser algo normal eso de desarrollarse a temprana edad.
¿Qué? Esperen ¡¿Qué?!
Abro los ojos y me siento de golpe.
Mi madre voltea a verme.
–¿Pasó algo nena?–me pregunta.
Frunzo el ceño.
–Lo mismo pregunto yo–digo restregándome la cara por el sueño.
–No cariño, duerme otro poco, aunque ya falta casi nada para llegar–me dice mi madre mientras mi padre sigue manejando en silencio.
Nos quedamos en silencio hasta que llegamos.
–Ayuden a llevar cosas–dice mi padre y entra con Camila en brazos que sigue dormida.
Ayudo a mi madre, pero jamás veo salir a mi padre para que nos ayude.
Entramos completamente a la casa y él está simplemente relajado en el sofá viendo televisión.
–Gracias por ayudar–dice mi madre en un tono bastante fuerte.
Mi padre nos mira.
–Les dije que ayudarán–dice amargado.
–Hicimos todo–digo en voz baja algo decepcionada realmente.
–Cállate Emma, ve a tu habitación–dice fulminándome con la mirada.
Subo las escaleras con la cabeza gacha, no pasan ni cinco minutos cuando ya ellos están discutiendo.
Me tiro a la cama, escucho como se gritan, hasta que escucho un golpe fuerte y el grito de mi madre, algo pasó abajo.
Mi corazón se acelera, quiero bajar y ver qué pasó pero no puedo moverme, mi mente da vueltas, solo me levanto y corro hacia el closet, me encierro.
Y a partir de este momento…salí de un infierno para entrar a otro.

Hace alrededor de 1 año

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#14

Capítulo 6: Jamás

Lloro de miedo, de preocupación, de desespero, de todo un poco, no sé en dónde está mi hermana, tampoco sé cómo está mi mamá, solo me tapo los oídos como si eso me fuera a sacar de este infierno en el que he entrado.
Se escucha la puerta de la casa cerrase fuertemente, luego escucho la puerta de mi habitación y mi corazón casi se sale del susto.
Logro ver entre las rejillas que es Cami, salgo enseguida del closet para cerrar la puerta y abrazarla, sus ojos están abiertos como platos, está asustada, no entiende lo qué pasa y por cierto lado yo tampoco lo entiendo.
–Ven–le digo en voz baja y nos escondemos las dos en el closet.
Menos mal nuestros closet´s son bastante grandes.
Minutos después se escucha la policía.
Dios, dios, dios, que mi madre esté bien, que mi madre esté bien…
–¿Policía?–me pregunta mi hermana.
Asiento y le hago señal de que no haga ruido.
Camila es más fuerte que yo, no ha llorado mientras yo todavía estoy en un mar de lagrimas pero silenciosamente.
Se abre la puerta de mi habitación nuevamente.
–Camila y Emma James, es la policía, salgan niñas–dice un hombre.
Abro la puerta del armario y salimos asustadas.
–¡Aquí están!–grita el hombre y otros dos entran a mi habitación–vengan niñas, estarán bien ¿Ok?
–¿Mi mamá?–le pregunto nerviosa casi temblando.
–Ella también está bien, vamos–me dice tendiéndome la mano.
–Mamá dice que no confíe en nadie–digo y Camila se va con otro de los hombres.
Tengo miedo, no puedo detenerla.
El hombre policía que me habló se agacha para quedar frente a mis ojos mientras los otros se van con mi hermanita.
Doy un paso atrás, él intenta tocarme y doy otro más.
–¿Emma?–me pregunta.
Asiento.
–Bueno Emma, no quiero hacerte daño ¿Si? Tampoco le haremos daño a tu hermana ni a tu madre, más bien las estamos ayudando–dice el hombre de ojos verdes como los míos.
–No…–digo cuando intenta acercarse.
No quiero que me toque nadie.
–Yo voy con ustedes si no me tocan–digo–prométalo.
Él coloca su dedito pequeño al aire.
–Lo prometo.
Frunzo el ceño ¿Qué hace con el dedo?
–Tienes que colocar tu dedito pequeño con el mío y será una promesa–me dice sonriendo.
Hago lo que dice un poco insegura pero luego sonrío.
–Me llamo Marshall Ward–se presenta–es hora de irnos.
Asiento y lo sigo.
Bajamos las escaleras y veo sangre en una de ellas, esa sangre me marea y hace que me agarre de la mano de Marshall por miedo.
–Tranquila–dice en voz baja.
Salimos de casa, veo a una ambulancia irse y a mi hermana Camila viendo todo atentamente en los brazos de unos de los policías.
Mis ojos otra vez se llenan de lágrimas, quisiera que fuese un sueño y despertar al lado de Ryan, como si nada hubiese pasado.
–¿Mi mamá está allí?–le pregunto señalando la ambulancia.
Marshall me mira y asiente.
–Estará bien–me dice sonriendo de medio lado.
Bajo la cabeza y me doy cuenta de que estoy descalza, mi mamá me va a matar si me ve así.
–¿Dónde está papá?–le pregunto.
Marshall se agacha y me agarra las dos manos, esta vez si me dejo.
–Tú padre también estará bien, pero hizo algo malo Emma, tenemos que buscarlo y que nos explique por qué lo hizo, pero no pasará nada–intenta acariciarme el cabello pero me alejo.
Eso sí que no.
Suspira y se va con sus compañeros, les dice algo y regresa.
–Llamaremos a tu tía más cercana que al parecer es…–mira en su listado–¿Mary cierto?
–Nooooooo ¡Llamen a mi abuela!–digo con una voz de niña suplicona.
Marshall frunce el ceño y asiente.
–¿Cómo se llama su abuela?–me pregunta el chico que tiene el teléfono en la mano.
–Caitlyn Vitale–digo.
Él asiente, avisa a otro policía y luego yo solo miro a todo el mundo, hay vecinos que nunca estuvieron en ningún momento presente, pero ahora sí, justo cuando se arma un escándalo…son unos chismosos.
–Emma, tu abuela–dice el chico y me pasa el teléfono.
Coloco el teléfono en mi odio.
–¿Abuela?–digo.
–Ay Dios mío santísimo Emma, ya voy para allá ¿Si? No vayas a ningún lado, has caso a los policías, no te muevas, ya voy para allá, enseguida ¿Y tu hermana? ¿Están bien?–todo lo dice a toda velocidad.
–Tranquila abuela, estamos bien, queremos ver a mamá pero se la llevaron y…–miro a Marshall–un amigo nos cuida aquí, no tardes mucho–le digo.
–Emma, mi amor, claro que voy a ir enseguida, solo has caso ¿Ok?–dice con una voz tan preocupada que ahora me preocupa ella.
–Ok abuela–digo y le entrego el teléfono a el chico.
Ahora esperaré.

Estamos Camino al hospital, mi abuela, Camila, una amiga de mi abuela, una tía que vive por aquí cerca pero que nunca vemos y yo.
Llegamos, nos bajamos del auto y entramos al hospital, mi abuela pregunta por mi madre y la señorita le responde un número.
Comenzamos a caminar hacia allí donde se supone que debería estar mi madre, tocamos la puerta y una doctora nos abre.
–¡Hija!–dice mi abuela tan alto que hasta me asusto.
Camina rápidamente y la besa en todos lados, mi abuela llora y mi madre no dice nada.
–Hola mami–digo y agarró su mano.
–¿Puedo sentarme?–le pregunta a la doctora.
La chica asiente y mi mamá se sienta.
–Hola mi amor–me dice dándome un beso en la frente.
Camila estira los brazos hacia ella pero como por supuesto no la va a cargar en la camilla, pues se sienta a su lado y la abraza.
–¿Qué fue lo qué pasó? ¿Por que lo hizo?–le pregunta mi abuela preocupada a mi madre.
Mi madre niega con la cabeza y arruga la cara, oh no…va a llorar.
Mi abuela la abraza.
–Ya mi amor, ya…ya pasó–le dice mi abuela y mi madre comienza a llorar.
De repente siento como unas lágrimas se me escapan y las seco rápidamente, no me gusta verla así.
–Él y yo ya habíamos discutido en el viaje–dice mi madre sollozando hasta que se calma–pues me estaba engañando en la cara y ¡Con una mujer que acababa de conocer! ¡Ni siquiera que ya se conocían! Y…discutimos mucho, además el trabajo lo estresó el doble, luego le insistí en algo que aún me parece raro, entonces se molestó y ahí comencé a decirle lo que sentía cada vez que me trataba así, se acercó a mí, me gritó más y cuando le fui a responder…–resiste las ganas de llorar–me golpeó, mi cabeza cayó en el segundo escalón, además del golpe en la cara–se seca las lágrimas–él jamás había hecho eso…
Mi abuela la abraza y también llora.
Camila estira los brazos para que la cargue, solo la abrazo porque soy pequeña, aún no puedo cargarla o me quedaré chiquita.
Mi padre golpeó a mi madre…no puedo creerlo.
–¿Y qué es lo que te tiene la cabeza dándote vueltas? ¿Por lo ultimo que discutieron?–le pregunta mi abuela secándole las lágrimas.
–Niñas, salgan por favor–dice mi madre.
Camila se baja y camina hacia la puerta obedeciendo, pero yo me quedó allí parada.
–Emma–me llama Camila.
Miro por última vez a mi madre y salgo de la habitación.
Para mi sorpresa está Marshall sentado en una de las sillas con su uniforme de policía.
–¿Qué haces aquí?–le pregunto y camino hacia él mientras Camila se sienta en una de las sillas.
Me sonríe.
–Vine a ver cómo está tu madre–me dice Marshall.
Frunzo el ceño.
–¿La conoces?–le pregunto.
–Solo quería ver cómo seguía–dice y sus sonrisa se desvanece.
Me siento a su lado.
–Marshall…–digo.
–¿Si?
–Si ustedes consiguen a mi padre…¿Irá preso?–le pregunto.
–Tiene que cumplir una sentencia corta de tiempo, pero tiene que pagar por lo que hizo–se queda callado un momento–ver Emma–me mira–, jamás, pero jamás, jamás, un hombre debe golpear a una mujer, ni una mujer a un hombre, es algo que tienes que saber desde ahorita, eso es algo que realmente yo no perdonaría, es algo feo.
Asiento.
Jamás, jamás, jamás….ni un hombre golpea a una mujer ni una mujer golpea a un hombre.
Pero…¿Si puede lastimarla como lo hizo Mark conmigo.

Ya han pasado cuatro días desde lo que sucedió aquí en mi casa, pues mi mamá ya está algo más alegre, Marshall ha ayudado mucho, ha estado con nosotras desde ese día, nos trae donas, pizzas, comida, de todo, es un hombre muy bueno, a veces me recuerda a Ryan, que por cierto lo extraño demasiado.
–Emma–me llama mi abuela.
Ella se ha quedado estos días con nosotras, también ha servido mucho de apoyo, mientras nadie sabe en dónde está mi papá.
–Dime abuela–digo levantándome del suelo, estoy jugando con mis muñecas.
Se ve delicada, como si tuviera algún dolor o preocupación por dentro.
–Mi amor…¿Recuerdas los lugares que te dije?–me pregunta–los lugares que tu madre y yo siempre repetimos que no deben tocar.
Pienso un poco y enseguida me viene el horrible recuerdo de Mark.
–Si…–digo nerviosa.
¿Será que sabe? ¿Será que me va a regañar por dejarme? ¡Pero es que yo no me quería dejar! ¡Él tocó solo a la fuerza!
–¿Alguien tocó eso?–me pregunta–¿Alguna parte de esas?
Mi corazón trata de salirse, de repente recuerdo el dolor, mis gritos de que me dejara en paz, él sonriendo como si lo disfrutara…y ahí caigo, me pongo a llorar por el recuerdo.
Me tapo la cara y mi abuela me abraza.
–¿Si o no mi amor? Necesito que me digas–su voz es llorosa.
–Mamá, sabes que…–escucho la voz de mi madre alegre, pero se detiene.
–¿Pasa algo?–escucho que ahora pregunta Marshall.
–Dime por favor Emma–dice mi abuela y absorbe por la nariz.
–Si…–digo en voz baja asintiendo.
No la suelto, pero siento como mira a mi madre y asiente mirándola.
Escucho los pasos de mi madre apresurada hacia algún lugar de la casa.
–Caro–dice Marshall y la sigue.
Sollozo en el pecho de mi abuela.
–Estarás bien amor, estarás bien–dice mi abuela acariciando mi cabello.
Pues eso espero.

Me ha costado un mundo para que me dejara hacer el supuesto “chequeo” como le llama mi mamá y mi abuela, una doctora quería tocar el lugar donde Mark me lastimó y pues entré en pánico, le di como ocho patadas a la doctora, fue horrible, pero mi mamá habló conmigo y tuve que dejarme, lloré mucho, es difícil soportar a una niña de ocho años llorar, pues nuestro llanto es más fuerte.
Pero ya estoy bien, me como un sándwich que me regaló Marshall, quien aún está con nosotras, pues trabaja y luego viene a estar el resto del día con nosotras.
Ya han pasado catorce días desde aquel evento en mi casa.
Veo a mi madre que sale...

Hace alrededor de 1 año

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#15

...del consultorio, tiene la cara hinchada, mi abuela se levanta y mi madre solo asiente, las dos se abrazan mientras mi madre llora.
No lo entiendo…
¿Ahora qué pasó?
Marshall se acerca a ellas y más atrás Camila y yo.
–Encontraremos al desgraciado ¿Ok? Ya comenzaremos la búsqueda.
¿Qué? ¿A quien?
Mi madre abraza a Marshall y llora, él solo le acaricia la espalda.
No entiendo nada.
–Además hay que llevarla a un psicólogo, es algo que…–mi madre me mira–lo lamentó tanto mi amor–me dice y me abraza–no volverá a ocurrir, lo prometo.
Esperen ¿Entonces si es malo eso que hizo? ¡Lo sabía! ¿Y ahora?
Solo no quiero que esto afecte más de lo que ya está de afectada mi vida.

Hace alrededor de 1 año

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NOVACHEK
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 1 año

@Galin_H en las últimos dos partes de la historia. Se notó que estuviste apurada en escribir, tomate el tiempo que necesite para seguir con la historia, adoro como la desarrollas. La verdad que esto se merece un 10 pero cono nota personal. Tu tienes
9/10 la mejor historia de este año 2018.

Esperaré las siguientes partes 😀😉


#16

Capítulo 7: Lluvia y chocolate caliente

NUEVE AÑOS ANTES

Salgo de la secundaria, al fin de vacaciones, esto parecía infinito, por cierto lado no me gusta porque no veré mucho a mis amigos, porque siempre es un problema para vernos absolutamente TODOS, siempre hay uno que no puede, otro que la mamá no lo deja, el típico que no tiene dinero, el otro que está ocupado siempre y por supuesto, el flojo que nunca falta. Pero bueno, ya es vacaciones y saldremos los que podamos, además quiero trabajar estas vacaciones, necesito ganar mi propio dinero para pedirle a mi madre lo menos posible, pues ahorita está embarazada y tiene muchos gastos por el nuevo bebé.
–¡Emma!–escucho que me grita alguien.
Volteo y es Nicole, mi mejor amiga de hace varios años, la conocí un año después de todo el desastre que pasó en mi casa, pues Nicole es casi mi familia, es sobrina de Marshall, así que somos algo así como primas. Ella vivía en Francia, pero se mudó para acá así que ahora vivimos cerca y estudiamos juntas.
–Dime–digo deteniéndome, ya yo me iba a mi casa.
–¡Olvidas a Camila!–dice corriendo hacia mi y riendo.
Me tapo la boca y comenzamos a caminar juntas hacia el lado de primaria.
–Tienes la mente en otro país–dice Nicole riendo.
–Lo sé–digo y coloco los ojos en blanco.
Llegamos y digo su nombre para que la dejen salir.
–Menos mal le avisé a Nicole–dice Cami colocándome los ojos en blanco y caminando al frente de nosotras sola con su maleta escolar.
Evito reírme y Nicole me pega sonriendo.
–Bueno, ya llegó mi transporte, adiós–dice Nicole y se va.
Alcanzo a Cami y caminamos en silencio hasta que decido romper el silencio.
–¿Cómo te fue?–le pregunto.
Me mira con sus ojos verdes fríos.
–¿Te parece que bien?–me pregunta amargada.
La abrazo con un brazo riendo.
–Lo siento ¿Si? Sabes que a veces ando en las nubes–digo y la suelto.
–Es la tercera vez en este año–dice Camila aún molesta.
Me rio otra vez.
–No pasara más–le prometo.
–Claro, porque salimos de vacaciones, porque si no…
Esta vez me rio a carcajadas y eso la hace reír a ella.
–Te perdono porque te quiero, de resto me caes mal a veces–dice mirándome de reojo–además ya pasaré a secundaria, así que no tendrás que buscarme como si fuese una bebé.
Le doy un beso en la mejilla y llegamos a casa.
Nuestra casa queda cerca del colegio a donde vamos, nos mudamos con Marshall como un año después de todo lo sucedido, tres años después mi madre y Marshall se casaron y pues ahora tendrán un lindo bebé, yo digo que es hembra, pero todos quieren varón, realmente yo también quisiera varón pero sé que es hembra, tengo el instinto de hermana activo.
–Llegamooooss–grita Camila.
Roy nuestro perrito yorkshire terrier corre hacia nosotras, saluda a Cami y luego me salta alegre, lo cargo y le doy besitos al igual que él a mí.
Marshall, a quien ya le digo papá sale sonriendo de la cocina.
–¡Papá!–dice Cami y lo abraza.
Camila lo adora, por cierto ¿Qué hace aquí a esta hora? Debería estar trabajando.
Él la besa en la mejilla.
–Hola–lo saludo sonriendo y luego voy a abrazarlo con Roy en brazos.
–¿Y mi madre?–le pregunto.
–Arriba, está haciendo una de sus terapias de relajaciones–coloca los ojos en blanco y se ríe.
Asiento, dejo a Roy en el suelo y me dirijo a las escaleras, pero me detengo y lo miro.
–¿Te dieron el día?–le pregunto ladeando la cabeza.
Él asiente mientras se come un sándwich, le sonrío y ahora si subo, entro a mi habitación, dejo mis cosas y busco a mi madre en la sala del Yoga.
–Permiso…–digo con cuidado, ella coloca pausa a la música de relajación y voltea a verme.
Sonríe.
–Hola mamá–digo sonriendo.
–Hola mi amor ¿Cono te fue?–me pregunta.
Voy, la beso en la frente y me siento a su lado.
–Bien, hoy también olvidé a Cami, pero ya se le pasó la rabia–sonrío y miro su pancita que cada vez crece un poco más, coloco mi mano allí–¿Cómo está la bebe de la casa?–le pregunto con voz chiquita.
Mi madre se ríe y me agarra la mano con delicadeza también.
–No se sabe aún Emma, no te adelantes–dice mirándome y riendo–pero bien, cada vez más activo o activa.
Acaricio su pancita y me levanto.
–Me ducharé, dormiré y luego cuando me levante como, de verdad que tengo más sueño que ganas de vivir–digo, mi madre se ríe y asiente.
Me voy a mi habitación, me ducho y prendo la tele para dormir, es algo que por obligación tengo que hacer, necesito eso de tener algo encendido para dormir bien, hasta que mi padre o mi madre lo apaga, a veces hasta Camila lo hace.
Pongo la cabeza en la almohada y pienso en lo que he pensado desde hace años: Ryan.
¿Cómo no puedo superarlo? Es increíble, tengo catorce años y aún pienso en él, en sus ojos que tienen algo especial, su sonrisa perfecta, la manera en que me hablaba y como hacia sentirme…nerviosa, inquieta, rara…pero eran sensaciones bonitas, cosas que jamás había experimentado. Era pequeña pero ahora que estoy grande entendí que me gustaba, que era hermoso, esos pequeños momentos que recuerdo cuando estaba con él, fueron hermosos, hizo más cosas por mí en una semana que muchos no han hecho en estos años.
¿Cómo puedo recordar su rostro? ¿Su voz? ¿Su manera de ser? Es algo increíble. Suspiro, quisiera volverlo a ver, de verdad deseo y espero poder cumplirlo.

Despierto, está lloviendo, perfecto y yo que quería salir hoy a buscar trabajo…bueno, comeré y saldré así sea a tomar un chocolate caliente.
Salgo de mi habitación, todo está en silencio, Cami debe de estar durmiendo al igual que mis padres.
Roy se me acerca con pereza y eso me hace reír bajito.
–Al parecer hoy es un día perezoso ¿Cierto Roy?–le digo como si me fuera a responder.
Como y luego me visto.
Salgo con cuidado, ya dejé una nota de que estaré tomando algo, llevo mi sombrilla y mi suéter, hace frío, camino hasta llegar a una cafetería, mi favorita, aquí siempre vengo con Nicole a tomar los chocolates calientes.
Hay poca gente, supongo no salieron por la lluvia, por lo tanto a nadie le importará que me siente en una mesa para cuatro.
–Buenas ¿Qué desea de comer o beber?–me pregunta un chico, volteo y me paralizo.
Es hermoso.
Y yo así de fea, qué pena dios, ni siquiera me acomodé un poco para salir ¿Qué me está pasando?
–Emmm–bajo la mirada y observo el menú–un chocolate caliente, para tomar aquí por favor–digo.
–Está bien, enseguida vengo–dice, lo miro y me sonríe.
Siento que me puse roja, ayuda.
Cuando se va me siento un poco mejor, pero aún así estoy nerviosa, el chico tiene los ojos oscuros, el cabello oscuro y la piel clara, es súper guapo.
–Aquí tienes–dice el chico luego de que pasan unos minutos, deja el chocolate y se va, me le quedo mirando como una estúpida, pero como mi suerte es la mejor de todas, él voltea.
QUE PENA POR DIOS.
¿Por qué soy así? El chico sonríe de medio lado y sigue caminando ¡Pero me sonrió otra vez! ¡Siiiiii! Ok, ya me quiero ir.
Me tomo rápidamente el chocolate, pago, busco al chico pero no lo encuentro, así que me dirijo hacia la puerta y cuando la abro él está entrando.
¿Qué hacia afuera? ¿En qué momento salió y por donde? Ni siquiera lo vi, tal vez salió por la puerta trasera.
Miro detrás de él y veo a una chica de espalda alejarse.
Ah…ya, tiene novia, que decepción.
El chico no me deja pasar.
–Emmm, permiso–digo algo nerviosa.
Me sonríe de medio lado otra vez.
–¿Por favor?–dice él refiriéndose a que yo no lo dije.
Ups.
–Por favor–digo riendo penosa.
–¿Y si no quiero?–me dice.
Mi corazón se acelera y no es por lo que me dijo ni como me miró…sino…Mark.
Me hecho hacia atrás.
“Respira, no todos te harán daño Emma, no todas las personas son malas”
Recuerdo las palabras de mi doctora.
El chico frunce el ceño extrañado y se quita, paso enseguida.
–Adiós–dice pero no respondo.
Mi respiración es fuerte y agitada, maldición mi sombrilla la dejé, ay ya qué, luego la busco o me compro otra, no quiero volver, me creerán loca…aunque no se equivocarían mucho.
Llego a la casa empapada.
Camila está en la sala jugando con Roy, me mira con los ojos como platos, se levanta enseguida y corre hacia arriba.
–¡Camila no les digas!–grito en voz baja.
Cuando desaparece chasqueo la lengua, ya les fue a decir la chismosa esa, nunca se puede guar…
–Toma–dice en voz baja corriendo hacia mi con una toalla.
Eh…me retracto.
–Gracias, te súper amo, ayúdame a buscar ropa seca mientras me quito esta en el patio–le digo en voz baja.
Ella asiente y sube.
Camino hacia el patio, me quedo en la parte que por supuesto tiene techo, me quito la ropa y me coloco la toalla, creo que me bañaré aquí mismo con sifón del patio, aquí tenemos siempre un shampoo y jabón porque a Camila le gusta bañarse en la lluvia, cuando la dejan claro. Por ejemplo…esta lluvia es la que enferma, porque llueve poco y con mucha brisa.
Camila llega mientras me baño para quitarme el agua de lluvia.
–Yo quiero–dice sonriente.
Me rio.
–Te vas a enfermar, yo porque me mojé sin querer–le explico–¿O te quieres enfermar? Capás ya estoy enferma.
Ella frunce sus labios y mira a uno de los lados.
–Está bien, pero a la próxima me llevas ¿Si?–dice con su voz más angelical.
Le sonrío y asiento.

Estamos viendo La bella y la bestia, es la caricatura favorita de Cami, pues a mí también me encanta, así que la disfrutamos juntas.
–No quiero que Bestia la trate así–dice Cami–llevo no sé cuantos años viendo la película y aún me molesta–coloca los ojos en blanco.
Le acaricio la cabeza mientras come palomitas de maíz.
–Ya te sabes toda la historia Camila, sabes que al final la trata bien–digo.
Ella se ríe.
–Ya lo sé, pero no me gusta cuando la trata mal–dice.
–A mí tampoco…–digo tan bajo que creo que no escuchó.
No puedo evitar pensar en mi padre, en Mark…uno que yo amaba y el otro en el que confié.
Con respecto al tema de mi padre, lo consiguieron, y una “novia” que tenía o tiene aún, le pagó todos los años que tenía que pagar en la cárcel, jamás volvió a reportarse y creo que tampoco quiero que se reporte, ya ha perdido muchos años que por lo menos pudo haber pasado con Camila y conmigo, pero no...

Hace alrededor de 1 año

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#17

...nunca intentó nada.
Camila se quedó dormida, no me quiero levantar y despertarla, me quedaré aquí por bastante rato, menos mal tengo el teléfono cerca, esto de los teléfonos portátiles e inteligentes de verdad fue un éxito en la historia, aunque tal vez arruine muchas historias, cómo puede crear algunas nuevas.

Ya ha pasado una semana desde que salí de vacaciones y que he hecho: NADA. No sé si les pasa a muchos pero esperamos tanto las vacaciones para luego no hacer nada, es tan inútil.
Estoy con Nicole en mi casa.
–Oye ¿Qué hacemos?–me pregunta Nicole.
Me encojo de hombros.
–¿Salimos a Caminar?–le pregunto.
Ella lo piensa un poco y luego accede.
Comenzamos a Caminar.
–Sabes que hoy son los dieciséis de Kaley, estoy invitada pero me da fastidio ir sola ¿Será que vamos?
–¿Estás loca? No tengo ni qué ponerme ¿Son formales?–le pregunto.
–Es semiformal, algo podemos hacer con tu ropa, nos encargamos más de la cara y te verás hermosa–dice muy convencida.
–No lo sé…es mejor que vayamos a comer o no sé, cosas que no tengan que ver con arreglarme mucho.
–¿Y así quieres tener novio? Nunca llegarás a nada Emma–dice colocando los ojos en blanco.
Es que tengo fastidio, aunque tengo que salir, porque yo misma me quejo de mis vacaciones y cuando tengo por fin algo que hacer me da fastidio ¿Quién me entiende?
–Oye hablando de novios ¿Qué tal vas con Lance?–le pregunto.
Lance es el “amigo” de Nicole, siempre la fastidio con que van a terminar juntos, pero es porque LO SÉ, aunque ella no lo quiere aceptar.
Nicole me mira con los ojos entrecerrados y yo me rio.
–Somos amigos Emma ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?–me pregunta fastidiada.
Me rio.–Cuando lo beses y te guste me buscaras y me dirás que tengo la razón–digo muy segura de mí misma.
Nicole se queda callada y ese silencio…hey…la miro y está sonriendo al piso.
–¡Nicole!–grito–¡Lo besaste! ¡Nicole!
–Shhhhhhhhh deja de gritar Emma, no querrás que todo el vecindario se entere–dice en voz baja.
–Aaaaahhhhhhhh–grito en forma bajita–¡Se besaroooooon! ¿Lo ves? ¡Te lo dijeeee!–grito aún en forma bajita muy feliz.
Lo sabía, a ella le gusta y a él se le nota también.
–¿Y qué tal? ¿Te gustó?–le pregunto emocionada.
Ella sonríe como boba ¡Le gusta!
–Si…–dice y salta como loca.
De repente las dos saltamos como locas en media calle y una señora que va por el otro lado de la calle nos ve como si estuviéramos endemoniadas.
–Je…hola–saludo a la señora con pena.
La señora sigue de largo extrañada y nosotras nos reímos a carcajadas.
–Tienes que contarme TODO ¿Ok?–le digo amenazándola con mi dedo en su nariz.
Ella se ríe.
–Si aceptas ir conmigo a los dieciséis de Kaley.
Gruño.
–Está bien, vamos a casa–digo y comenzamos a caminar de regreso.

Hace alrededor de 1 año

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#18

Capítulo 8: Fiesta de Kaley

Luego de que Nicole me contara todo lo que pasó con Lance, comimos y comenzamos a buscar la ropa que nos pondríamos para los dieciséis de Kaley, pues por supuesto me coloqué un vestido, Nicole se colocó una falda con una blusa que le queda perfecta, ahora vamos camino a la fiesta, espero no haya mucha gente, nunca me ven en fiestas y es raro para mi.
Llegamos y veo a TODO lo contrario que dije o por lo menos deseé…hay DEMASIADA gente, esto pareciera un festival o algo así, no unos dieciséis ¿Quién invita a tanta gente a un cumpleaños? No me parece, pero bueno, ni son mis dieciséis ni…es mi dinero.
Hacemos una pequeña fila para entrar.
–Creo que necesitamos la invitación–digo mirando de puntillas a la gente de adelante, entregando un papel–yo no tengo invitación Nicole, no me van dejar pasar ¿Ves en lo que me metes?
Ahora estoy nerviosa, estas situaciones me ponen nerviosa.
Nicole suspira.
–¿Puedes calmarte?–me pregunta Nicole algo estresada–estás así de nerviosa desde que nos subimos al auto, nadie te comerá aquí, probablemente ni nos noten–dice ella colocando los ojos en blanco.
Asiento con inseguridad.
Llegamos a la entrada por fin, dos hombres están ahí, son altos y bastante musculosos.
Se me acelera en corazón y miro al suelo, no me dejaran entrar…
–Invitación–dice uno de los hombres.
Nicole entrega la invitación, el hombre le hace un huequito con un abre huecos.
–Adelante–le dice a Nicole, ella camina hacia adentro y yo la sigo, pero el hombre me detiene y me mira–invitación–me pide.
Voy a llorar ¡Te lo dije Nicole!
–Yo…–no sé qué decir, de verdad lloraré.
–Viene conmigo–dice Nicole agarrándome del brazo y mirando al hombre.
–¿La cumpleañera la invitó?–le pregunta a Nicole.
–¿Usted qué cree? ¿Qué ella vendrá como una loca a colearse en una fiesta formal?–le pregunta Nicole como si no fuera así.
Ahora tengo ganas de reírme.
–Lo lamento, pero para la próxima traiga en mano su invitación señorita–me dice serio y me deja pasar.
–Gracias–digo más bajo de lo que quiero.
Nicole sigue mirando feo al hombre, luego me mira a mí y evita reírse.
–Estás loca–le digo mientras caminamos detrás de una multitud.
–He aprendido de ti–me dice y os reímos–además, viene media ciudad y no dejarán entrar a una pobre chiquilla inocente que jamás ha probado droga en toda su vida–lo dice con tanto drama que me hace hacerle mofa.
–Tú tampoco así que cállate mejor–hago una pausa–¡Y ni se te ocurra probarla!–digo amenazándola con mi dedo índice.
Se ríe.
–Como digas mamá–dice colocando los ojos en blanco.
Me rio y seguimos caminando.
Cuando por fin la multitud se divide entramos a un súper salón de fiesta, con decoraciones rosa, fucsia, plateado y blanco, es lindo, pero no es mi estilo.
–Ya me quiero ir y a penas llegamos–digo fastidiada a Nicole.
Nicole me mira con cara de pocos amigos.
–Ya empezaste, disfrútalo ¿Si? Solo te pido eso–dice mirando a todo el mundo.
Pedirme eso es demasiado, eso de salir a “Disfrutar” una fiesta no me gusta, por lo menos no cuando ni si quiera tengo edad para beber, cuando por fin pueda hacerlo si me gustará y lo disfrutaré de verdad. También quiero un auto, bueno ¿Quién no quiere uno? Espero tenerlo a los diecisiete, aunque eso de combinar bebidas alcohólicas con auto nuevo no cuadra muy bien que digamos.
La música comienza a sonar más fuerte, un camarero pasa frente a nosotras con copas llenas de alguna bebida que no reconozco.
Miro a Nicole, ella se encoge de hombros y las dos agarramos una.
El hombre se va y yo miro nuevamente a Nicole.
–¿Qué se supone que es esto?–le pregunto.
Nicole piensa un poco mientras mira la copa.
–Tenemos tres opciones–comienza–uno, puede ser un jugo normal, dos, puede ser una bebida alcohólica suave, tres, es un jugo con droga adentro, para que luego todos nos desmayemos y nos roben las pertenencias, nos violen y despertemos como si nada mañana.
La miro de la manera más horrible que puedo.
–TE-SÚPER-ODIO–digo matándola con la mirada–esperemos que sea la primera–digo y pruebo un poco.
Ella se ríe y también hace lo mismo.
Es una bebida suave y si, tiene algo de alcohol, así que resultó siendo la segunda, espero no se ligue con la tercera.
Pasan como veinte minutos y la gente deja de entrar, las luces se apagan y se enciende solo una en la puerta donde supongo saldrá Kaley, un hombre comienza a hablar acerca del crecimiento, de cómo pasan los años, las experiencias que cada uno ha tenido en su vida, que es única y bla bla bla, comienza un video donde pasan la vida literalmente de Kaley, desde de que nació hasta la actualidad, entonces se detiene el video y la luz comienza a moverse hacia otra puerta donde sale una hermosa chica con un vestido más grande que ella, es hermoso, de verdad es hermoso y eso que no es mi estilo.
Hacen un procedimiento de cosas hasta que la fiesta agarra su rumbo, todos comienzan a tomarse fotos con la cumpleañera, algo que NO haré, ni siquiera estoy invitada.
Nicole y yo nos sentamos en una mesa donde hay mas chicos, yo lo traté de evitar peeero mi amiga es terca y quiere que yo conozca chicos.
–¿Y tú crees que los chicos me hablarán? De verdad que ese poquito de alcohol que ingeriste ya te hizo efecto–digo obstinada en voz baja.
Ella ríe.
–No me causa risa–digo algo molesta.
–A mi…
–Y bueno chicas–interrumpe uno de los chicos que están sentados en la mesa a Nicole.
Bueno, uno habló, eso es buena señal.
–¿Qué las trae por aquí?–pregunta.
Nicole y yo fruncimos el ceño, mientras su amigo lo golpea fuerte y él se queja.
–Estúpido de mierda ¿A qué viniste tú?–le pregunta el amigo.
–Al cumpleaños de…oh–dice penoso–lo siento.
Nicole se ríe pero yo no, ella me patea debajo de la mesa pero aun así no me reiré falsamente, jamás me ha salido eso.
–Nicole acompáñame a…no lo sé, estoy fastidiada–digo en voz alta.
Ella me fulmina con la mirada, lo que me hace encogerme de hombros.
–Es la verdad–digo mirando a los chicos.
El primero que habló aún tiene pena y el amigo lo mira negando con la cabeza.
–Por eso sigues solo–dice el amigo.
Eso sí me divierte así que me rio.
–¿Me acompañas o no?–le pregunto a Nicole.
Ella asiente y se levanta, pero ocurre algo que no me lo esperaba de verdad, se enreda con el mantel de la mesa, pues eso la hace caer al piso, haciendo sonar la silla y haciendo que todo el mundo voltee a vernos.
Enseguida me levanto para ayudarla a levantar, muchos se ríen, otros secretean y me molesta, nadie ayuda.
El chico que tenía pena y su amigo son los únicos que se acercan y colaboran.
–Nadie sirve–digo en voz alta sin pena.
–La verdad duele–dice el amigo del chico apenado concordando conmigo.
Nicole se sienta en su silla y sé que quiere llorar, ella odia que le pasen este estilo de cosas, esta es la segunda vez y sé que se está haciendo la fuerte.
–De verdad necesitamos ir al baño Nico–le digo sobándola del hombro.
Ella asiente.
Me levanto y la ayudo a levantar.
–Ya venimos chicos–digo y nos vamos caminando agarradas de las manos, la gente nos ve, algunos se ríen porque recuerdan la caída de mi amiga y a esas personas las miro de tal manera que su felicidad cambia a cara de “¿Por qué me mira así?” aunque saben por qué los miro así.
Entramos al baño, es bastante grande y está vacío, creo que no hemos ni terminado de entrar cuando Nicole rompe a llorar, la abrazo.
–Tranquila amiga, no pasa nada, solo es una fiesta, donde verás que se caerán como mil personas más y todos olvidarán lo tuyo, es algo muy estúpido de su parte reírse de ti, probablemente les ha pasado y peor, tal vez hasta han vomitado encima del cumpleañero–eso la hace reír y se seca las lágrimas corriéndose todo el rímel–menos mal traje maquillaje en mi cartera–digo sacando el poco maquillaje que traje.
Mientras Nicole se limpia la cara tres chicas entran hablando y riendo.
Dos de ellas ni nos notan, pero una de ellas se queda fuera en donde nosotras estamos, esa si nos mira, le devuelvo la mirada y me sonríe tiernamente.
–Tranquila, todos lo olvidarán–dice la chica mirando esta vez a Nicole.
Nicole la mira a través del espejo.
La chica le sonríe, tiene una sonrisa perfecta, su piel es morena, su cabello tiene bastante volumen y risos en todo él, es hermosa.
Nicole le sonríe también.
–Eso espero–dice Nicole y me quita el maquillaje para arreglarse.
Miro a la chica.
–¿Cuál es tu nombre?–le pregunto.
–Aldana–responde sonriendo.
Pareciera que siempre anda feliz, no sé, eso es lo que inspira; me acerco a ella, le estiro la mano y ella la agarra.
–Mi nombre es Emma–me presento sonriendo también.
Una de las chicas sale y nos mira frunciendo el ceño.
–Esperemos a Johanna afuera–dice mirándome con asco.
¿Y qué le pasa a ella? Aldana asiente.
–Adiós–nos dice y camina hacia la salida.
–Deja de hablar con desconocidos Aldana, no…–es todo lo que escucho que dice la otra.
Coloco los ojos en blanco, la chica que falta, que al parecer se llama Johanna sale y nos ignora por completo.
Nicole me mira y coloca los ojos en blanco.
–Niñas ricas–decimos a la vez y nos reímos.
–Apúrate para seguir comiendo–digo ansiosa y ella ríe.
Estamos comiendo desde que llegamos, no hemos tomado muchas cosas con alcohol, sin embargo este es mi tercer vaso con vodka y jugo de naranja, es demasiado bueno.
Si, sé que dije que no estoy en edad y esas cosas, peeero, es inevitable.
Timothy, el chico que pasó pena cuando nosotras llegamos, es muy divertido, tiene dieciséis y hace reírnos...

Hace alrededor de 1 año

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#19

...demasiado, Parker es su amigo, el que también nos ayudó cuando Nicole se cayó.
Luego de reírnos como locos porque Timothy botó vodka por la nariz, Parker pide a uno de los meseros que por favor limpien este desastre que Timothy hizo.
–Eres un maldito desastre–dice Parker aun riendo.
Nicole y yo asentimos mientras reímos.
Un chico llega a la mesa, comienza a limpiar y…se me parece a alguien conocido, entrecierro mis ojos mirándolo.
–¿Tienes algo contra el caballero?–me pregunta Timothy para fastidiarme.
El chico me mira y me pongo nerviosa, me sonríe y arquea las cejas.
–Tú eres la del otro día–dice sonriéndome y limpiando la mesa–aún está tu sombrilla allí.
Trato de buscar algún lugar en donde esconderme pero no lo encuentro.
–Nadie te va a comer, recuérdalo–dice Nicole en voz alta.
Le pego en la pierna y el chico se ríe, termina de limpiar y me mira cruzándose de brazos.
–¿Cuando pasarás por él?–me pregunta.
Todos me miran esperando mi respuesta.
–Eh...no lo sé–digo aún nerviosa, de paso que todos me miran a mi y al chico ¿No pueden seguir hablando entre ellos?
–Matt, te necesitan en el despacho de bebidas–dice otro de los meseros que pasa a su lado.
El chico que ahora tiene nombre: Matt, asiente y me mira.
–No creas que esto llega hasta aquí, algún día volverás por tu sombrilla–dice y se va.
Todos me miran con cara de sorpresa.
–WOOW–dice exageradamente expresivo Nicole–no me lo esperaba ¿En qué lugar está tu sombrilla?–alza una ceja y me mira con cara de sádica.
Me rio con algo de pena y le pego en el brazo.
–La chiquilla ya está apartada–dice Timothy levantando las manos–pensé que tenía una esperanza contigo–hace puchero y me hace reír–es broma, creo que de aquí en adelante se ha creado una linda amistad entre nosotros cuatro.
Nicole y yo asentimos, mientras Parker coloca su puño en frente, todos lo vemos.
–¿Lo colocarán o no?–nos pregunta.
Nos reímos y los cuatro unimos nuestros puños.
–Luego nos ponemos un nombre, ya lo verán–dice Parker.
Reímos pero alguien toca mi espalda y todos volteamos incluyéndome.
Es Matt.
–¿Puedes venir?–me pregunta.
NOOOOO ¿Está loco? Ni lo conozco, es capaz que me invita una bebida y me droga…bien, tengo que dejar de juntarme con Nicole, cada día me traumatiza más de lo que ya estoy.
–No, si me disculpas, estoy con mis amigos–digo tan segura que siento que ya los nervios han pasado, tal vez sea el alcohol.
Matt entrecierra los ojos, creo que le parece extraño que una chica lo niegue.
–Está bien, aquí estás con tus amigos, pero en la cafetería estarás sola y no puedes negar mi intención, ellos estarán de testigos, tienes que aceptar.
Sonrío, me gusta su manera de hablar o por lo menos como se dirige hacia mí.
–Acepto, ahora que estás trabajando tráeme un vaso de vodka con más vodka que hielo y que jugo–le pido.
Él alza las cejas.
–Primero dime cómo te llamas y qué edad tienes, porque si no, no te traeré nada–dice.
Mis amigos siguen callados mirándonos ¿No tienen algo mejor que hacer?
–Emma, y no te importa mi edad, tráeme mi trago.
Matt sonríe y se va.
Es…hermoso.
–Cada vez me sorprendes más Emma–dice Nicole.
Le sonrío picara.
–Hasta yo estoy sorprendida–digo y me rio.
Pues así pasamos el resto de la noche: viendo a Matt de vez en cuando, riendo con los chicos y bebiendo mucho.

Hace alrededor de 1 año

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#20

Capítulo 9: "No deja de mirarte"

Llegamos a la casa de Nicole, son las 3:45 am, menos mal la madre de Nicole está de viaje y el padre no le presta atención a eso de que lleguemos tarde, solo nos pregunta cómo la pasamos, qué hicimos y qué bebimos, eso es todo.
Estoy muerta, como a las una de la mañana comenzamos a bailar y no paramos hasta ahorita, Timothy ahora mismo debe estar en el taxi camino a casa con Parker, pues Parker lo cuidará esta noche, creo que se pasó de bebidas nuestro pequeño Timothy.
–Hora de dormir–digo tirándome a la cama de Nicole.
Ella iba a hacer lo mismo pero cae en cuenta que aún tenemos los vestidos puestos y que no podemos dormir así.
–Cámbiate eso, toma–me lanza una pijama, la que siempre uso cuando me quedo a dormir aquí.
Me quejo pero me levanto, ella se va al baño y yo me quedo en la habitación.
–Maldita sea–sale del baño maldiciendo.
La miro.
– ¿Pasó algo?–le pregunto soltando mi cabello y dejando la ropa doblada en su escritorio.
–Me vino la regla–dice estresada.
Me encojo de hombros.
–Por lo menos disfrutaste la fiesta–digo relajada.
–Si…–dice pensativa.
Termino de acomodar la cama para acostarnos.
–Ahora si, a dormir–digo.
–Espera, déjame llamar a Parker para ver si ya llegaron–dice mirando su teléfono.
Frunzo el ceño pero no digo nada.
–¿Parker?–pregunta ella mientras camina de un lado al otro.
Típico.
–Ok, perfecto, que tengan una linda noche–dice ella y cuelga–vamos a dormir.
Nos tiramos en la cama, nos vemos las caras y nos reímos, ninguna apagó la luz, ella se levanta, apaga y ahora si.
–Buenas noches–dice.
–Buenas noches–respondo y enseguida que cierro los ojos siento como el sueño invade mi cuerpo.

–No te pierdas mucho–dice Ryan.
– ¿Y cómo hago eso?–le pregunto.
Nos quedamos en silencio, tengo ochos años pero sé que separarnos es algo que será inevitable, pues nosotros hemos pasado por nuestras vidas para decirnos hola y adiós.
–Adiós–me dice y una de las señoras del orfanato comienza a dirigirlo hacia la salida.
–Adiós Ryan–me despido.
Cierran la puerta y me quedo allí parada, hasta que escucho los mismos gritos de la otra vez.
La última vez que vi a Ryan.

Despierto, Nicole está en la computadora, me estiro haciendo mucho ruido, ella voltea y nos reímos.
–Deberías irte a casa, tu mamá lleva como dos horas llamándote, atendí hace como veinte minutos pero ya te dejó tres mensajes más–se encoge de hombros–creo que no está acostumbrada a que salgas.
Me rio.
–Ni yo estoy acostumbrada a salir–digo y me siento en la cama.
Tengo tanta flojera y tengo la garganta seca.
Es mejor que me vaya a mi casa.

Llego a mi casa, Cami corre a saludarme junto a Roy.
–¿Emma?–pregunta mi madre mientras baja las escaleras.
–Hola mamá–la saludo.
Espero no recibir un regaño o algo por el estilo.
–¿Cómo les fue en la fiesta?–me pregunta sonriendo.
Creo que lo que le preocupa a mi madre es que esté lejos de ella, porque parece pacifica, a ella le gusta que yo disfrute pero que también tenga cuidado con todo el mundo…no solo yo quedé paranoica.
–Bien, fue divertido–digo acariciando a Roy.
Cami se va a la sala a jugar y yo me siento en la escalera.
–¿Comerás algo?–me pregunta yendo a la cocina.
–No, ya comí en donde Nico–le digo.
Asiente y se termina de ir a la cocina.
Mi teléfono vibra, es un mensaje de una persona desconocida.

Desconocido: hola chica ruda.

Pienso un poco, tengo dos opciones: o es Timothy o Matt.

Emma: ¿Timothy o Matt?

Desconocido: te espero a las cuatro en la cafetería ;)

Sonrío, por supuesto que es Matt, guardo el contacto y ahora que lo pienso, ni siquiera me sé el apellido de él, los de mis amigos nuevos son, Timothy Morgan y Parker Ford.
Lo guardo simplemente como Matt.

Llego a la cafetería, busco con la mirada a Matt parada desde la entrada pero no lo veo.
–¿A caso me estás buscando?–escucho que me pregunta él.
Volteo y está detrás de mí.
Me rio como una estúpida ¿Tan evidente soy?
–Hola Matt–lo saludo sonriéndole.
–Hola Emma–dice de la misma manera–cuando quieras terminas de pasar, no sé, solo digo.
Coloco los ojos en blanco y paso.
–¿Por qué no traes el uniforme?–le pregunto.
Se encoge de hombros.
–Soy rebelde–dice divertido y nos sentamos–es broma, hoy no trabajo–explica.
–Ah claro, sino no podrías sentarte a hablar aquí conmigo.
Se ríe.
–Sí, es cierto–dice mirándome.
No le da miedo mirarme, solo busca mis ojos y yo lo evito por no lo sé… ¿Pena? Desde pequeña he sido así.
–¿Qué quieres comer o tomar?–me pregunta.
–No lo sé ¿Un café?–pregunto.
Se encoge de hombros.
–Que sean dos entonces–dice y le hace seña a uno de sus compañeros–y bueno Emma ¿Qué edad tienes?–me pregunta.
Suspiro, no creo que le agrade mi respuesta.
–Catorce–digo.
Frunce el ceño y luego se ríe.
–¿Es broma cierto?–me pregunta tan seguro de que sea broma que ahora tengo pena.
Niego con la cabeza.
–Oh vaya señorita, aun no tienes edad para tomar como lo hiciste ayer–dice sonriendo.
Sonrío.
–¿Y tú?–le pregunto.
–Dieciocho–responde y mira a la calle.
Aprovecho de mirarlo por unos minutos mientras él mira a otro lado.
Su cara es…tan woow.
–¿Qué te gusta hacer en las tardes?–me pregunta de repente y eso me hace salir de ese extraño trace en el que entré.
–Eh…siempre salgo a Caminar, me reúno con Nicole, a veces vamos al cine, todo depende de en qué época estemos–digo.
Él asiente.
–¿Y en la mañana?–me pregunta.
Es extraño que te pregunten qué haces en las mañanas, así que me rio.
–Pues dormir, no me gusta levantarme temprano–digo riendo.
Se ríe.
–¿Y si te invito a algo en la mañana irías?–me pregunta.
–Creo que si, todo depende de qué sea.
Él asiente.
–¿Te gusta el deporte?–pregunta con unos ojos deseosos, como si hablara de algo que de verdad ama.
–Sí, no es que lo ame pero si me gusta.
–¿Conoces el béisbol?
–Sí, no es mi favorito pero si sé de él.
Sonríe…que linda sonrisa.
–¿Quieres ir a un partido? Yo jugaré–me invita Matt.
Sonrío.
–¿De verdad?–le pregunto.
–Sí, lo practico desde pequeño–dice–soy estadounidense, me mudé hace dos años aquí.
–Oh, me parece muy bien que practiques algún deporte, yo debería practicar alguno, a veces soy muy floja–arrugo la cara y nos reímos–bueno, si me gustará ir a uno de tus juegos.
No dice nada, solo me mira ido, eso me hace poner algo nerviosa.
–Está bien ¿Puedes mañana a las siete de la mañana?–me pregunta.
Arqueo una ceja.
–Hablabas muy enserio lo de levantarse temprano–me quejo riéndome–pero si, solo dime en dónde queda el lugar por mensaje y allí estaré.
Asiente.
–Ok, más tarde te lo paso–me dice–¿Y tu familia es grande?–comienza una conversación al salir de la otra.
Dudo un poco en contestar.
–Realmente si lo es, pero no tenemos mucho contacto con ellos, mi madre es divorciada y vivimos con un hombre al que puedo considerar como un padre, él tiene una familia normal y de verdad que nos llevamos de maravilla con ellos, incluso Nicole es mi prima por parte de Marshall, así se llama él.
Matt asiente.
–¿Tienes hermanos?
–Sí, tengo una hermana de once años, es un amor y se porta mejor que yo, además tiene una imaginación enorme, tienes que conocerla en algún momento–sonrío al recordarla ¿Por qué la amo tanto?–además mi madre está embarazada.
Matt alza las cejas de sorpresa.
–Woow, serán una familia grande entonces–dice.
Me encojo de hombros.
–Ni tanto, es pequeña a diferencia de muchas–digo y miro mis manos.
Ahora pienso en mi padre, quién sabe si ya tuvo más hijos…
–¿Tú tienes hermanos?–le pregunto sin verlo.
–Si–dice pero no habla más, así que lo miro–bueno, tenía uno–su voz ahora es baja.
–¿Y qué pasó?–le pregunto.
–Lo secuestraron, nos pidieron dinero por el rescate y luego de que pagamos, nos dijeron en donde teníamos que buscarlo y cuando fuimos allí estaba muerto.
Siento como el impacto de la noticia me paraliza, que fuerte debe de ser para su familia.
–Lo…siento mucho–digo en voz baja.
Él sonríe con tristeza.
–¿Cuándo sucedió todo eso?–le pregunto–¿Qué edad tenia tu hermano?
–Hace dos años, por eso me mudé aquí, queríamos que todo el dolor y los recuerdos se quedaran en Estados Unidos, ya no soportábamos estar en los mismos lugares donde estuvimos con mi hermano, fue muy difícil y aún lo es, mi madre sigue destrozada y ya han pasado dos años, mi padre no es el mismo y pues hasta el perro ha cambiado, mi hermano tenia dieciocho, trabajaba en un muy buen lugar donde le pagaban muy bien, en ese momento teníamos mucho dinero por los trabajos de cada uno, yo era el único que no trabajaba, era el menor así que me consentían–se ríe–mi hermano era el mejor, él me pagó la academia de béisbol–su sonrisa se borra de su rostro–él tenía fe de que yo llegara lejos.
–Y llegarás lejos, si es que no estás ya lejos–digo.
–Estoy en eso–dice sonriendo agradecido–pues gracias.
–Ahora tendrás a una amiga que te apoyará, supongo que ya tienes, pero tienes una nueva.
Se ríe.
–Eres la primera–dice triste.
–Llegarán más, ya lo veras–lo animo.
Llegan nuestros cafés.
Hablamos otro rato, conociéndonos el uno al otro, hablando de cada tema que aparecía en nuestra conversación anterior, es muy fácil llevar una conversación con Matt.
–Hora de irme–digo mirando el reloj–mi madre se atacará si no regreso, ya llevamos tres horas hablando–digo sorprendida y riendo.
–Bueno ¿Quieres que te lleve a casa?–se ofrece.
–Si quieres–digo con algo de pena y me encojo de hombros.
–Vamos entonces–dice, paga la cuenta, nos montamos en su auto y nos vamos, le indico donde queda mi casa y se estaciona al frente.
–Gracias por la pequeña reunión–digo mirándolo mientras él mira hacia al frente.
Voltea y me mira, sus ojos oscuros son tan penetrantes.
–Nos vemos mañana, no es nada.
Sonrío, abro la puerta, la cierro al salir y Matt baja el vidrio del auto.
–Adiós–digo, él se despide con la mano mientras sonríe.
Saco las llaves y entro a casa, escucho como el auto arranca y se va, Roy me salta para que lo cargue.
Pues hoy ha sido un día distinto con un chico guapo, mañana será mucho mejor entonces, iré a mi primer partido de béisbol.

–¡Me voy mamá!–grito mientras abro la puerta.
Mi madre se asoma desde...

Hace alrededor de 1 año

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#21

...la cocina.
–¿Ya tan temprano? No has desayunado ni siquiera Emma.
Niego con la cabeza.
–No importa mamá, desayunaré en el partido–digo y cierro la puerta.
–¡Cuídate!–la escucho gritar desde adentro.
Veo el auto de Matt, sonrío y abro la puerta del copiloto.
–Buenos días–lo saludo.
–Buenos días–me responde del mismo modo alegre en que yo lo saludé–te va bien eso de levantarte temprano ¿No?
Lo miro frunciendo el ceño.
–¿Estás loco? Solo me levanté temprano por ti–digo riendo–¿Cómo amaneces?
–No, lo digo porque estás alegre y pareces más activa que ayer–comienza a manejar hacia el lugar, al final él quedó en buscarme, era más fácil para mí–amanecí bien ¿Qué tal tú?
Suspiro.
–Es extraño para mí, pero bien–sonrío–estoy emocionada.
Se ríe.
–Verás al súper Matt en acción–dice gracioso y nos reímos.
Ahora que recuerdo lo de su nombre ¿Cuál será su apellido?
–Matt ¿Cuál es tu apellido?– le pregunto.
Me mira.
–Matthew Brent Cooper–dice su nombre completo.
Sonrío.
–Pensé que te llamabas Matt–digo–mi nombre completo es Emma Molly James.
–Entonces Molly–dice él y se ríe–te llamaré así.
Abro los ojos como platos.
–Tú me llamas así y juro que no te hablaré hasta que me digas Emma–digo amenazándolo con mi dedo divertida.
Ríe un poco y callamos hasta llegar al lugar.
Veo como chicos así como él llegan en buenos autos–también como este– muchos llegan solos y otros llegan con familiares.
–¿Tus padres vienen?–le pregunto.
Nos bajamos del auto.
–No, ellos nunca vienen–dice serio.
Oh…
–¡Matt llegaste!–dice una chica.
Volteo y es una rubia, muy parecida a Nicole, Matt también voltea y la mira de una manera extraña, no sé cómo definir esa mirada.
La chica rubia lo abraza y él evita un poco el abrazo, la chica lo suelta y me mira, yo como una estúpida los veo atentamente.
–¿Y quién es ella?–le pregunta a Matt de mala manera mirándome a mi.
–Ella es Emma, una amiga–responde Matt relajado–Emma, te presento a Sabrina Astor, otra amiga–me presenta.
Extiendo mi mano y ella dudosa extiende la de ella, nos saludamos educadamente.
–Bueno…me voy–dice Sabrina–adiós Matt–se despide de él besándolo en la mejilla y alejándose moviendo sus caderas de una manera tan perfecta que la envidio, tiene una figura casi perfecta y esos shorts que lleva puestos hacen que todos los hombres volteen a verla.
Miro mis jeans y me hace sentir tan inútil, su ropa es extremadamente sexy pero le queda tan bien… yo me vería absurda.
Suspiro y Matt me agarra delicadamente de un brazo.
–¿Vamos?–me pregunta.
Asiento y comenzamos a caminar, siento como alguien me mira, volteo y es un chico alto, no logro verlo mejor porque me alejo rápidamente pero él no deja de verme.
Ignoro eso, sin embargo siento un escalofrío extraño subir por mi cuerpo.
Matt me indica en donde me sentaré, son una de las barras más cercas del campo.
–Me iré a cambiar, nos vemos después del partido–dice y me besa en la mejilla, ese acto me hace sonreír, él lo nota, solo sonríe y se va.
Me siento y sonriendo como una estúpida saco mi celular, miro los mensajes y algunas fotos mientras pasa el rato ¿Eso lo hace todo el mundo cierto? Cuando no tienes nada que hacer finges que haces algo con tu teléfono.
Comienza el partido, cada quien apoyando a su equipo, todos disfrutando, hasta yo, que hablo con una chica amiga también de uno de los amigos de Matt.
La rubia Sabrina está lejos, pero a veces echa una que otras miradas hacia acá.
–Oye no es por nada, pero ese chico te está mirando demasiado–dice Nishta, la chica que conocí.
Sigo su mirada y me encuentro con la mirada fija de aquel chico que me había mirado cuando entramos, pues pertenece al equipo contrario y está ahora mismo sentado con el resto de su equipo.
Siento otra vez esa cosa en el cuerpo.
Él sonríe y siento como me pierdo, como viajo no sé a dónde, pero me hace sentir miles de cosas en un solo instante.
Nishta me mueve con su hombro y eso me hace volver a tierra, la miro y ella se ríe.
–¿Qué pasó?–me pregunta–¿Lo conoces?
Sonrío como tonta.
–¡Emma estás roja!–dice riendo.
Volteo nuevamente a donde el chico y está hablando con uno de los amigos del equipo, todos se levantan y celebran por una carrera, así que también nosotras hacemos lo mismo, el chico entra al campo en cambio de otro, echa una mirada hacia donde estoy, sonríe y baja la cara.
Sonrío otra vez ¿Qué sucede?

Luego de miles de miradas intercambiadas, celebradas de carreras y diversión junto a Nishta, termina el partido, todos salimos y cada quien se encuentra con las personas que vinieron a apoyar.
Nishta ya me dio su número y quedamos en vernos luego, pues me cayó de maravilla, ya ella se fue con su amigo, mientras yo espero a Matt.
Lo busco con la mirada por todos lados, aún no ha salido.
Me volteo y me encuentro con unos ojos verdes viéndome fijamente pero esta vez de cerca, tiene una toalla en su cuello, está sudado y sigue sonriéndome como lo hacía cuando yo estaba en las barras.
–Hola–dice acercándose a mi, cuando ya estamos a tres pasos de distancia mi corazón se acelera, estoy tan nerviosa ¿Qué me pasa?
–Hola–digo sonriendo.
¿Por qué me pongo así?
–¿Te conozco de algún lado?–me pregunta entrecerrando los ojos.
Alguien me toca por detrás, volteo y veo a Matt mirando al chico de una manera extraña, de verdad no puedo definir las miradas de Matt, es muy complicado.
–¿Nos vamos?–me pregunta Matt ahora mirándome.
Miro al otro chico y me da otra vez por sonreír, él me mira se llame los labios y de verdad no puedo evitar imaginar muchas cosas.
–Emma, te estoy hablando–insiste Matt.
Dejo de mirar al chico, que al parecer se ha quedado paralizado.
–Si…–le respondo a Matt algo perdida, vuelvo a mirar al chico de ojos verdes–adiós–me despido de él y comenzamos a caminar hacia el auto.
El chico de ojos verdes se quedó ahí sin decir nada.
–Ryan hermano, es hora de irnos, el autobús nos espera–escucho decir a otro chico.

Me quedo con Ryyyyyyaaaann–todavía pienso que su nombre es extraño, no había conocido a otro niño con ese nombre–porque no quiero dejarlo solito, a mí no me gustaría que me dejaran sola mientras que mis amigos bajan a divertirse, pues no me parece justo ¿Así será siempre?

Enseguida mi corazón se detiene y luego comienza a latir tan apresuradamente que siento que se saldrá.
Volteo, el chico me da una última mirada confundido y se va.
No…no lo creo, lo primero que pienso es en sus piernas, así que las miro, están perfectas, no está en silla de ruedas, sus brazos…son normales, mueve los dos como una persona normal ¡Lo vi jugando!
No creo que sea él, hay muchos Ryan en el mundo.
Sacudo mi cabeza y me monto en el auto, Matt comienza a hablar de muchas cosas, pero yo estoy perdida en mis pensamientos ¿Será ese Ryan que yo conozco? Es que no puede ser él, él solo estaba en su silla de ruedas y…¿Cuánto tiempo ha pasado? No creo que todo eso se le haya curado de un día a otro, bueno seis años son algo, pero aun así no entiendo, no puede ser él.
–Emma, no me estás escuchando–dice Matt molesto.
–Lo siento, estoy pensando y…¿Sabes quién es él? ¿Ryan?–pregunto.
Matt me mira molesto.
–¿Qué? ¿Te gusta?–me pregunta de una manera extraña.
Frunzo el ceño.
–No–miento, porque es tan…mi Ryan, el que conocí alguna vez, que es muy poco probable que sea este–es solo que se me parece conocido ¿Sabes su apellido?–le pregunto.
¿Cuál era el apellido de Ryan? ¿Rucci? ¿Rudelli? ¿Russó? algo así, supongo, solo sé que empezaba por la “R”
–Hollins–dice serio y algo molesto todavía.
No, lo sabía, no puede ser el Ryan que yo creo.
–Él no es de aquí así que no creo que lo vuelvas a ver–dice Matt.
Mis ojos se llenan de lágrimas por alguna razón desconocida, así que miro por la ventana, las lágrimas no esperan llegar a casa, sino que comienzan a salir, rápidamente las seco, siento que llegué a tener una esperanza, pero son muchas cosas y no creo, solo que…lo extraño y pensar que en algún momento lo pueda volver a ver me hace feliz, el problema es que no es así y por eso me duele pensar que las esperanzas que tenía reunidas en este momento se han ido a la mierda.
¿Cuándo lo volveré a ver?

Hace alrededor de 1 año

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NOVACHEK
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 1 año

Es la primera ves que al leer esta historia me hacen soltar unas cuantas lágrimas. Y con esta última parte, me emocioné mucho. Tenía una mezcla de sentimientos en este capítulo. ¡¡POR DIOS!!

ERES UNA MALDITA GENIAAAA

Galin_H
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 1 año

@NOVACHEK Muchísimas graciaaaass! No había leído los comentarios, de verdad gracias :)


#22

Capítulo 10: Pizzería

Matt no quería dejarme en casa así que me invitó a almorzar, ya había desayunado con Nishta, luego de almorzar me trajo a casa de Nicole, me dijo que tenía que hablar conmigo.
Toco la puerta de la casa de Nicole.
Me abre su hermano.
–Hola Andrés–lo saludo–¿Está tu…?
–Pasa–me interrumpe colocando los ojos en blanco.
Lo miro con mala cara, paso, subo a su habitación y toco la puerta.
–Pasa Emma–dice Nico.
Paso y me siento directamente en la cama con ella.
–¿Tú saliste hoy con Matt cierto?–me pregunta.
Se supone que ella ya sabía desde que le dije que si a Matt en la fiesta.
–Ajá ¿Y qué tiene?–le pregunto.
Ella se levanta, busca su teléfono y me muestra una foto en donde aparezco riendo con Matt.
La miro extrañada, no tiene nada de malo esta foto.
–No entiendo, no tiene nada malo–digo mirándola.
–No, la foto no, lee lo que dice abajo.
¿Qué?
–¿De dónde sacaste eso?–le pregunto, ahora si me parece extraño.
–Está en Internet–dice ella algo preocupada.
Me siento nerviosa ¿Por qué coño está en Internet?
Arranco su teléfono de las manos y leo.
Tiene como título “La chica misteriosa” y dice: Una chica nueva en la barra, acompaña a Matthew Cooper, pues suponemos que es la nueva presa, luego de Sabrina Astor quien al parecer sigue sintiendo cosas por él…
MIERDA SABRINA.
¿Por qué el Internet es así?
Sigo leyendo: eso no es todo, no solo es la presa de Matt, sino que es una presa al parecer bastante deseada entre los equipos…
¿Qué?
...Ryan Hollins, integrante del equipo rival, estuvo pendiente durante todo el partido de esta chica.
Oh mierda, ya se están haciendo una historia donde no la hay.
Sigo leyendo y veo una foto donde aparezco con el supuesto Ryan, los dos sonriéndonos.
...¿La rubia podrá contra esta presa? ¿Matt cuidará a su presa o Ryan ganará esta vez? La chica misteriosa, la cual su nombre aún no sabemos ¿De quién estará interesada?
–¿Qué mierda?–digo tirando el teléfono en la cama molesta–¿De donde sacaron esa historia? ¿Sabrina estuvo con Matt’? Dios mío es primera vez que me ven y ya están inventando ¿Y qué tiene que ver Ryan en esta situación? ¿Por qué dice que quien ganará esta vez? Dios, estoy confundida–me tapo la cara y me tiro de espalda a la cama.
–Bueno, sabes como soy yo–dice Nico mirándome con lamento–así que ya investigué esa supuesta historia en la que ahora estás entrometida.
–¿PERO QUÉ HICE YO?–grito estresada–¡Ni siquiera tienen más pruebas como para decir que estamos saliendo!
–Bueno, eso sí es verdad–dice encogiéndose de hombros–pero sabes cómo son esos paparazzi ocultos, de seguro ni los vistes.
Niego con la cabeza.
–En fin, Sabrina Astor, me imagino que la conociste hoy–asiento–estaba de novia con Ryan Hollins, que por cierto lo vi y…–hace una cara pervertida y le pego–aja, sigo, entonces a Matt le gustaba ella, pero ya sabes, solo lo físico, hizo que ella lo dejara por él, él la utilizó y la dejó, ella se enamoró de él y al parecer sigue enamorada. Estuvieron un tiempo peleados pero luego comenzaron a hablar solo como amigos, ya que él no la quiere como más nada, por esa razón te dicen presa, creen que te quiere solo para revolverse en una cama y ya–dice siendo directa y arrugando la cara–así que ten cuidado. Por otro lado, dicen que Ryan perdió porque Sabrina se fue con Matt y ahora que tú supuestamente sales con Matt, están preguntándose si te quedarás con él o te iras con Ryan ya que te vieron hablando y sonriéndose–se encoge de hombros–si no quieres a Ryan me lo puedo quedar yo.
Nos reímos.
–Qué enredo, todo en un día y sin saber nada–digo molesta y estresada–¡Yo ni siquiera sabía el nombre de Ryan! Tuve que preguntárselo o Matt…ahora que lo pienso, por eso se molestó cuando se lo pregunté–nos quedamos calladas–pero no entiendo ¿Con quién está Sabrina?–le pregunto a Nico.
–Sola, hasta ahora eso dicen, hay rumores de que sale con otro chico del equipo pero esos sí parecen demasiado falsos–Nico arruga la cara–trata de no lo sé…tener más discreción y deja de sonreírle de esa manera a Ryan–me regaña y sonrió otra vez como tonta al recordarlo–oh oh…
La miro.
–¿Qué?–le pregunto aun sonriendo.
–Oh oh…repito–dice–¿Qué pasó? ¿Lo conoces de antes?–me pregunta.
Lo pienso un poco.
–No, supongo que no, al principio creía que sí, pero es muy distinto al Ryan que yo conocí–digo pensando en el Ryan de silla de ruedas.
–¿Y cómo era el que conocías?–me pregunta.
–Estaba en silla de ruedas, técnicamente no se podía mover–digo frunciendo los labios.
–¿Y qué tiene?–me pregunta–las personas mejoran y más con esta tecnología Emma.
–Si, lo sé, pero no me encaja nada…–digo confusa.
–¿Cómo era físicamente?–me pregunta cada vez más interesada en el tema.
–Igual que él, ojos verdes y cabello castaño, era tan lindo…–sonrío–su sonrisa es igual a la de este chico ¿Pero cómo una persona luego de estar tanto tiempo en silla de ruedas y sin poder moverse puede jugar béisbol, un deporte que tienes que mover de todo? Y ese chico corre perfecto, batea perfecto, no puedo creerlo posible.
Nico suspira.
–Yo si lo creo, así que probablemente sea él–dice ella.
Ahora yo soy quien suspira.
–No me estás ayudando–digo haciendo puchero.
Suena mi teléfono, es mi papá.
–Hola papá–digo en forma de saludo.
–¿Emma en dónde estás? ¿Qué haces en Internet?–me pregunta algo molesto.
Perfecto, lo que faltaba, mi padre enterándose de estas cosas.
–Estoy en casa de Nicole, no sé por qué aparecí en Internet–digo tranquila, porque de verdad yo no tengo la culpa.
–Emma ¿Estás saliendo con ese chico?–me pregunta aún más molesto.
–¿Qué papá? Ni siquiera lo conozco bien–digo ofendida.
–¿Y qué hacías en un partido de ese chico si ni lo conoces? ¿Y al otro si?
–Papá al otro a penas y lo vi un segundo–digo molestándome esta vez.
Se hace un silencio en la línea.
–Cuidado Emma, de verdad–dice ahora con voz preocupada–no quiero que te hagan daño, ahorita estoy en la comisaria, pero te quiero en casa con tu madre y tu hermana.
Coloco los ojos en blanco.
–Ya voy para allá–digo y cuelgo.
Nico me mira.
–Tengo que irme, nos vemos luego Nico–le digo, bajamos y me voy Caminando.

Ha pasado una semana y media desde que pasó todo aquello del drama, Matt no me ha escrito mas, supongo que no le agradó lo que dijeron de nosotros en Internet, tal vez le da pena estar con alguien menor y si soy sincera no me importa, prefiero estar sola que con alguien que le dé pena estar conmigo.
Hoy quedamos en ver películas en mi casa Timothy, Parker, Nishta, Nicole y yo. Contacté a Nishta y le dije a mis amigos que les presentaría a una amiga nueva, pues ella es lo máximo, nadie se aburre con su presencia.
Nishta tiene dieciocho, su cabello es castaño y sus ojos son azules.
Mis amigos y Nico llegan, ahora estamos esperando a Nishta.
–¿Y es linda?–me pregunta Timothy.
–Muy linda–le aseguro.
Timothy sonríe.
–Me alegra–dice.
Nico está hablando con Parker, esos dos han estado algo raros, pero Nico ya tiene “novio” por decirlo así.
Suena el timbre.
–Ya llegó Nishta–digo y me levanto del sofá para abrirle.
Abro la puerta y la veo, tiene unas bolsas en las manos.
Me sonríe.
–¡Hola Emma!–me saluda alegre.
Nos damos un abrazo corto y la dejo entrar.
–Su voz ya es hermosa–escucho decir a Timothy en susurro.
–Hey–digo mirándolo amenazadora.
Él se ríe.
–Bueno chicos les presento a Nishta–digo mirándolos a todos–Nishta él es Timothy–digo señalándolo.
Él se levanta sonriendo, Nishta no retira su mirada de él y sonríe algo ¿Nerviosa? ¡Ja! Ya veo amor aquí.
Se saludan estrechando las manos pero no dejan de mirarse.
–Estem…hay más personas en la sala–digo pasando mi mano entre ellos.
Nishta se ríe y me mira.
–Ella es Nicole, mi mejor amiga y prima también–digo señalándola.
Nicole se levanta y se saludan.
–Y él es Parker–digo por último, Parker la saluda con la mano desde el sofá y ella hace lo mismo–entonces ¿Colocamos la película?–les pregunto.
Todos asienten.
Perfecto, que comience la tarde.

Son las ocho de la noche y a mi madre le ha dado por decir: ¿Por qué no compran pizza? Pues sí, es perfecto, comer pizza, el único problema es que ella también quiere comer y justo de un lugar en donde no hay a domicilio.
–Mamá yo no pienso ir hasta allá a comprar pizzas, es mejor que la pidamos en otro lugar–digo fastidiada.
Mi madre hace puchero.
–Por favoooor, tu hermano quiere–dice sobándose la panza.
Coloco los ojos en blanco.
–Hermana–le corrijo.
–Vamos Emma, todos te acompañamos–dice Timothy.
–Sí, así podemos caminar un rato–dice Nico.
–¿Estás loca?–pregunta Nishta–nos vamos en mi auto.
–Cierto o en el mío–dice Parker.
Nico, Timothy y yo lo miramos con cara de pocos amigos.
–Ok, está bien, descubrieron mi pobreza–dice como si estuviese dolido.
Nos reímos.
–Entonces vamos–digo y todos salimos de casa.
Mi madre me da su tarjeta, ya que nos la comprará ella, nos montamos en el auto de Nishta y nos vamos.
Llegamos, hay bastante gente, los chicos se sientan en una mesa mientras yo voy a pedirlas; luego de pedirlas, reviso la factura y comienzo a caminar de regreso a la mesa, pero entonces veo a un grupo grande llegar a la pizzería, parecen el típico grupo popular, chicas lindas, chicos lindos y todos con estilo.
No puedo evitar mirarlos, pues todos voltean a mirarlos.
Sigo caminando y veo a mis amigos sentados en la mesa, ahora tengo que pasar por al lado de todos ellos para llegar a la mesa ¿De verdad? ¿No podían sentarse en otro lugar? Qué pena.
Todos ellos comienzan a pasarme por un lado, ignorándome por completo, pero entonces cuando dejo de mirarlos rozo mi brazo con alguno de ellos, enseguida los dos volteamos y no puede ser cualquier persona...

Hace alrededor de 1 año

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#23

...que no haya visto antes, sino Ryan.
Él me mira pero esta vez serio, tampoco se lo esperaba supongo.
Mi corazón se acelera, siento que mis piernas fallarán en cualquier momento y me caeré como una estúpida.
Justo este momento parece de película, él no hace nada, no sonríe, solo gira la cabeza lentamente y yo me quedo así quieta, luego de un rato cuando entro en sí, me muevo y termino de llegar a la mesa.
Todos me esperan con la mirada puesta sobre mí.
–¿Qué acaba de pasar?–me pregunta Nishta.
–Lo mismo pregunto yo–dice Nicole.
–Y yo–dicen los muchachos al mismo tiempo.
–Solo…¿Qué pasó? Me pregunto yo ahora–digo confundida.
Me siento y ellos me miran.
–Te miró como si tuviera algo contra ti, es extraño…–dice Nicole–en las fotos se veían ustedes dos tan sonrientes.
–¡Por supuesto!–grito y muchos voltean a ver, incluyendo parte de su grupo–ups–digo en voz baja–las fotos, seguro no le agradó la idea de estar por Internet por culpa mía, de haber sido rechazado por una chica y de que piensen que coqueteaba con otra, todo ese tema, tal vez está molesto–digo algo deprimida.
¿Por qué me afecta si ni lo conozco?
–Oh, claro–dice Nishta–probablemente sea eso, conociéndolo como es él, no le gusta que lo fastidien con cosas que no son ciertas.
–¿Tú lo conoces?–le pregunto.
–Claro, es muy reconocido por esa pequeña novela de la cual todo el mundo habla, además conoce a mi hermano, con el que yo andaba en el partido–explica.
Oh, era su hermano, no su amigo.
–Ahora me da pena mirarlo–digo escondiendo mi cara en mis manos.
Volteo a ver a su grupo, así me de pena volteo, veo como todos se sientan juntos, pero no lo veo a él.
Suena mi teléfono mientras mis amigos hablan del tema.
Contesto, es mi padre.
–¿Emma?
–Sí, dime–digo.
–¿Me escuchas? No te escucho bien–dice.
–Sí, si te escucho ¿Pasó algo?
–¿Hola? ¿Emma?
Reviso la señal, al parecer aquí es mala.
–Chicos saldré porque aquí no hay señal, tengan la factura por si nos laman–digo y salgo de la pizzería, enseguida el frío de la noche me invade–¿Listo?–le pregunto a mi padre en el teléfono.
–Ahora si–me dice–te llamaba para decirte que le traigas un calzone a tu hermana, que ella no quiere pizza.
Coloco los ojos en blanco.
–Dile a Camila que eso es lo mismo–digo fastidiada.
–Dice que no, tráele su calzone y ya–dice y cuelga.
Gruño porque Camila es muy antojada.
–¿Hermanos?–me pregunta alguien.
Al voltear y ver a Ryan recostado de la pared mirándome, se me sale el corazón y comienzo a temblar…lo de temblar es por el frio, claro ¿Por qué más sería?
Miro a otro lado, me abrazo a mí misma por el frío, pero luego volteo y lo enfrento.
–Si–digo arrugando la cara.
Siento como mi cuerpo se coloca débil, es como si su presencia hiciera esto.
–Entiendo…–dice guardando su teléfono en el bolsillo.
Se separa de la pared y camina hacia mí, los nervios se disparan y la pena arrasa conmigo.
¿Qué hago? ¿Me voy? No, no puedo.
–Supongo que viste las noticias en Internet–dice suspirando.
Lo sabía, si es eso.
–Si…esas personas que crean historias en donde no las hay, no merecen nada bueno–digo y sonrío un poco.
Él ve mis labios y también sonríe.
¿A qué le recordaría?
–Entonces te llamas Emma–dice entrecerrando los ojos.
Asiento y bajo la cara, ya me puse nerviosa.
–Si…–digo.
Emma, levanta la cara, no seas inútil.
Hago lo que me dice mi mente así que lo miro.
–Qué casualidad–dice y ahora sonríe.
Por alguna razón nos reímos.
–¿Cómo está tu hermana?–me pregunta y siento mis latidos a mil por hora.
Es él…no…si…dios mío ¿Es él?
Se abren las puertas de la pizzería y veo la cabeza de Nicole.
–Eh…–me mira incomoda, pues Ryan y yo la estamos viendo–me llamó tu padre, dice que le compremos un calzone a tu hermana.
Camino hacia ella, le entrego la tarjeta y se retira sin decir nada.
Cuando regreso frente a Ryan está sonriendo.
–Lo sabía–dice en voz baja.
–Tú no puedes ser–digo aun sorprendida y nerviosa por la situación.
–Niégalo–dice sonriendo–eres Emma James, la sobrina de Mary James–no deja de sonreír–y por supuesto hermana de Camila, la pequeña de ojos verdes.
–Es que no…–miro sus piernas–tú no puedes ser el mismo Ryan de aquél tiempo.
Él se ríe.
–Realmente no soy el mismo Ryan físicamente, pero sigo siendo él ¿Cómo entonces sé que tienes una hermana y me sé tu apellido?–me pregunta sin dejar de sonreír, le parece divertida la situación.
Su sonrisa me hace sonreír.
–¡Es que no puedes ser tú!–digo aun sorprendida–¡Mírate! ¡Estás bien!
Doy un pequeño salto de los nervios, emoción y a la vez el frío lo causa.
Siento como mis ojos por alguna razón se llenan de lágrimas.
Lo miro, él tiene los labios fruncidos evitando reírse.
–¿Este es el momento del abrazo o espero seis años más?–me pregunta y eso me hace revolver el estómago.
Sonrío como loca y me lanzo sobre él.
¿Esto es verdad? ¿De verdad está pasando? No lo puedo creer.
Él me aprieta fuerte y el abrazo parece infinito, huele a hombre, inhalo su olor y suspiro, aun no nos soltamos.
–Al fin puedo abrazarte bien–me dice en voz baja.
Sin darme cuenta tengo lagrimas sobre mis mejillas, de verdad no puedo créelo.
Nos separamos y nos miramos.
–Estás tan grande y cambiada–dice evaluándome con la mirada–pero sabía que eras tú, no cualquier chica…–se calla–olvídalo–se ríe negando con la cabeza.
–Ni pienses que dejarás la frase hasta allí, habla–digo con tanta confianza que ahora que lo pienso me da pena, solo lo vi de pequeño, pero no lo conozco de grande.
–No es nada–dice negando con la cabeza–siempre tuve la esperanza de volverte a ver ¿Sabes?–dice sonriendo.
¿Jamás dejará de sonreír? Eso me provoca a mí muchas sonrisas.
Es tan hermoso ¡Y yo que pensaba que de pequeño era lo más bello de este mundo! Ahora me doy cuenta que es la perfección en persona.
–Yo también la tenía–digo siendo sincera.
–¿Cómo puedes acordarte de mí?–me pregunta.
–Así como tú puedes acordarte de mí–respondo sencilla encogiéndome de hombros.
–Tú estabas más pequeña–insiste.
–Tú no eras cualquier chico–se me escapa.
Él evita reírse y mira a otro lado.
¿Qué dije?
–Emma–me llama alguien.
Volteo y es Timothy, todos ya están afuera.
–Te esperamos en el auto–dice y se van, todos me miran con caras distintas, unos de pervertidos, otros de “Vaya”
Coloco los ojos en blanco y miro a Ryan otra vez.
Mi reacción es abrazarlo nuevamente ¡Por fin lo tengo cerca! Soñé tanto con este momento.
Él corresponde a mi abrazo y acaricia mi espalda en forma de afecto.
–Creo que ya me voy–digo y lo suelto.
–Dame tu número, ni loco te dejaré ir sin tener alguna manera de comunicarme contigo, antes no teníamos opción.
Eso me hace sonreír, le doy mi número, lo guarda, me escribe y yo guardo el de él.
–Tenemos que vernos para hablar y actualizar todo lo sucedido en estos seis años sin vernos, de verdad te extrañé–dice con tanta sinceridad que provoca abrazarlo, pero no, pareceré una loca desesperada.
–Definitivamente tenemos que hablar–digo.
Los muchachos me tocan corneta.
–Me voy–digo mirándolo de cerca.
Me abraza.
–Nos vemos pronto–dice, asiento y voy al auto.
Me monto en el auto, veo como mira el auto hasta que nos alejamos lo suficiente.
–WOOW WOOW WOOOOOOW–dice Nicole– ¡Si era él entonces!–dice tan emocionada que yo también me emociono y comenzamos a pegar griticos de niñas.
–¿Y qué pasó? ¿Ya lo conocías? ¿Por qué se abrazaron tanto?–me pregunta Nishta.
Me tapo la cara al recordar su sonrisa y cuando huelo mis brazos…huelen a él.
Cierro los ojos y suspiro.
Aún no lo puedo creer.

Hace alrededor de 1 año

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#24

Capítulo 11: Éramos niños, pero no tontos

Luego de comer, todos se fueron, ya es tarde y todos en casa se fueron a dormir, pero yo estoy acostada en mi cama, viendo al techo, pensando en Ryan y en lo loca que es la vida ¿Cómo puede ser él? ¿Cómo se acordará de mí? No creo haber sido tan importante para él… ¿O sí?
Todas mis luces están apagadas, Roy duerme a mi lado, entonces escucho como mi teléfono vibra, volteo mi cara hacia la mesa de noche y veo como la pantalla alumbra la habitación.
Me sorprende y me da medio ataque al corazón cuando veo un mensaje de Ryan:

Ryan: Holaa ¿Estás dormida?

Sonrío y me revuelco en la cama como toda chica que le llega a pasar esto, pues creo que nunca pasará de moda. Agarro mi teléfono y respondo.

Emma: ¡Hola! Nop

Ryan: Qué bien :) ¿Qué haces?

¡Me está sacando conversación! ¡Siiii!
Por supuesto que sí Emma, no te escribiría si no quisiera hablar contigo…espera ¡¿Quiere hablar conmigo?! ¡Siiiiii!

Emma: Acostada en mi cama, no tengo mucho sueño ¿Y tú?

Ryan: La verdad yo tampoco tengo mucho sueño, estoy sentado en el balcón del hotel.

Emma: ¿Hotel?

¿Qué hace en un hotel?

Ryan: sep, pues vine de visita por dos semanas por los partidos, luego me iré :(

¿Qué? Noooooooooo

Emma:¿Qué? ¿Y en dónde vives?

Ryan: Estados Unidos, Kansas City.

Muero…lenta…mente.

Emma: ¿TAN LEJOS? :(

Ryan: Si, lo sé, estaremos bastante lejos :( por lo menos agradece que acepté viajar, no quería pero lo hice por mi padre.

Cierto, su nueva familia.

Emma: Oh cierto ¿Y cómo te va con tu familia?

Ryan: la verdad muy bien, los amo demasiado, tengo siete hermanos, todos son adoptados, ellos no pueden tener hijos, así que todos nos entendemos.

Woow…

Emma: ¿Son como muchos cierto?

Ryan: Jajajaja sí, pero a veces es divertido tener una familia grande, no lo sé, te entretienes.

Emma: ¿Tu apellido no era por la “R”?

Tenía que preguntarlo.

Ryan: ¿De verdad lo recuerdas? Creo que no recordaba eso hasta ahora, pero sí, mi apellido biológico era Russó.

¡Lo sabía!

Emma: si, lo recuerdo jajaja.

Ryan: oye ¿Cuándo nos vemos?

Otra vez entra esa sensación en mi cuerpo.

Emma: No lo sé, yo estoy de vacaciones, cuando quieras :)

Ryan: entonces si es cuando yo quiera, nos veremos todos los días.

Agarro la almohada y me la coloco en la cara, siento que estoy roja.

Emma: no me quejaría jeje.

Ryan: te invitaría a un partido, pero creo que no es la mejor idea.

Emma: si…yo también creo lo mismo.

Ryan: tengo que dormir, mañana tengo que levantarme temprano ¿Puedo pasar por ti luego del partido? :)

Ay que miedo.

Emma: Si, ya te paso la dirección de mi casa.

Se la paso.

Ryan: perfecto, que descanses Emma, nos vemos mañana <3

Sonrío.

Emma: que descanses también, suerte en tu juego :)

Dejo el teléfono en la mesa de noche cargando y las ganas de gritar y saltar de emoción me invaden, pero solo doy vueltas en la cama hasta que casi aplasto a mi pobre perrito que no tiene la culpa de nada.
Me quedo tranquila, cierro los ojos y sonriendo me quedo dormida.

Lo miro a los ojos y vuelvo a agarrar su mano suavemente.
Siento como algo se mueve en mi mano, bajo la cara y es su dedo pulgar ¡Es su dedo pulgar! ¡Se mueve!
Me rio de emoción y lo miro.
– ¡Lo moviste!–digo asombrada.
–Tenía años sin hacer eso–dice Ryan sonriendo.
Yo también sonrío y es como si de repente nos volvemos una sola persona, como si su sonrisa me perteneciera, como si yo fuera él…o más bien, como si yo le perteneciera a él.
Sus ojos son hermosos y también siento que tratan de decirme algo, algo qué tal vez no entienda porque soy una niña, pero algún día lo entenderé.

Despierto ¿Cómo mierda una persona puede amanecer tan feliz? Siento como si ayer gané la lotería y hoy despierto siendo rica…tal vez así de importante se ha vuelto sentir que volví a estar con Ryan después de tantos años.
Veo mi teléfono para revisar la hora, pero para mi sorpresa encuentro un mensaje de él.

Ryan: ¡Buenos días Emma! Espero hayas dormido muy bien, estoy saliendo al campo, nos vemos más tarde ;)

¿Un mensaje de buenos días? Si ya había despertado feliz, esto me hizo el doble de feliz.

Emma: ¡Hola! Acabo de despertar, espero te esté yendo bien, nos vemos más tarde :D

Sonrío y voy a mi baño, me lavo los dientes y me doy una ducha para ya estar bañada, bajo de mi habitación y encuentro a Camila haciendo ejercicio en las escaleras.
–Buenos días Cami, deberías hacer ejercicio en otro lado, mamá puede tropesar contigo–le digo.
–Pero es que la revista dice que es mejor en las escaleras–dice mirándome.
Sonrío y coloco los ojos en blanco.
–Solo ten cuidado cuando alguien vaya bajando ¿Si? Especialmente mi mamá.
Ella asiente.
–Mamá está en el sofá–me dice.
Asiento y voy a la sala.
–Buenos días preciosa–me saluda mi madre.
–Hola mamá ¿Cómo amaneces?–le pregunto.
–Bien, hoy iremos a consulta ¿Quieres ir?–me pregunta–nos dirán el sexo.
Ay… ¿Ryan o sexo de mi hermana?… Ryan, porque sé que es niña.
–No, saldré con un amigo–digo.
Mi madre me mira.
–¿El de la otra vez?–me pregunta con una cara de “NI LOCA TE DEJARÉ”
Niego con la cabeza.
–No, es uno que conocí hace años–digo y sonrío.
Mi madre frunce el ceño sonriendo.
–Qué extraño…–dice–tú sonriendo al hablar de un chico.
Eso me hace reír.
–Te puedo dejar ir, pero con una condición…
Ay no…

–¡Camila muévete!–le grito al escuchar la corneta del auto de Ryan.
¿Por qué mi mamá es así conmigo? ¿No podía ponerme otra condición?
Mis padres van saliendo también.
–Adiós mis niñas–dice mi madre–Camila compórtate con tu hermana.
A veces desearía odiar a mi madre, pero no lo haré, la amo mucho.
Miro a mi madre con los ojos entrecerrados.
–Me vengaré, lo prometo–digo y mi madre se ríe.
–Adiós niñas–dice nuestro padre y se montan en el auto.
Camila llega a mi lado.
–¿Listo?–me pregunta Cami.
Asiento, la empujo hacia afuera con delicadeza y salgo yo también.
Ryan tuvo que mover el auto para que mis padres salieran, pero ahora volvió a su posición anterior, me acerco al auto, abro la puerta de atrás, Camila se monta y lo mira sin decir nada.
Yo me voy hacia adelante, me monto y él me sonríe.
–Hola niñera–me saluda burlón.
Le sonrío tan falso que él se ríe a carcajadas.
–Hola transporte–digo aun sonriendo falsamente y entrecerrando los ojos.
–Ok, quedamos empatados–dice y coloca su puño.
Sonreímos y chocamos los puños.
–Hola Camila, estás bastante grande–dice mirándola.
–¿De dónde te conozco?–pregunta Camila con el ceño fruncido.
–Larga historia–dice Ryan.
Me rio y miro a Cami.
–Usted compórtese como buena niña y ya–digo y me volteo.
Cami se echa hacia adelante.
–¿Él es tu novio?–pregunta.
Siento como la pena invade mi rostro.
–Camila…–digo con voz amenazadora.
–Somos amigos–responde Ryan por mí.
Nos miramos…momento incomodo por alguna razón.
–¿A dónde iremos?–le pregunto a Ryan para dejar el tema.
–¿Centro comercial?–pregunta Camila.
–¡Camila!–la regaño.
Ryan se ríe.
–O no, mejor parque–arruga la cara asintiendo.
La miro como que “cállate y siéntate”
–Me parece bien–dice Ryan.
–¡Sí!–dice Camila.
La echo hacia atrás con mi brazo.
–Siéntate y silencio–digo.
Ryan sonríe y arranca.
Llegamos a un parque, nos bajamos y Cami comienza a caminar sola adelante mientras Ryan se coloca a mi lado.
–Bueno, allí–dice Ryan señalando a un parque infantil–hay un parque infantil de tu edad, es divertido, si yo tuviera tu edad me montara–Ryan se encoge de hombros.
Camila lo mira con cara de pocos amigos.
–Qué risa me da tu nuevo amigo Emma–dice.
Ryan y yo nos reímos.
–Iré al lado de ejercicio–dice Cami y comienza a caminar hacia allá.
Asiento.
–No salgas de ahí ¿Ok? Nosotros te buscamos–digo, ella solo me hace un gesto con la mano de “si, si”
Suspiro, qué rebelde y yo diciéndole a Matt que es un amor y se porta bien.
–¿Qué quieres hacer?–me pregunta colocándose frente a mí.
Sus ojos están fijos en los míos.
Sonrío porque no lo sé, solo me da por sonreír.
–Caminemos–digo–necesito que me expliques muchas cosas.
Él asiente y sonríe.
Comenzamos a caminar.
–¿Cómo es que ya puedes Caminar y mover tus dos brazos perfectamente?–le pregunto.
Él suspira.
–¿Recuerdas que te dije que necesitaba encontrar una familia que me amara e hiciera todo lo posible para que yo estuviese bien?–asiento–pues la conseguí, esa familia desde el primer día me dejó en claro que empezarían con mis tratamientos y operaciones, por lo que puedes notar, tienen y tenían mucho dinero–no me digas…ocho hijos es algo. Asiento–ellos hicieron de todo, me operaron, metieron tubos dentro de mis piernas, hicieron muuuchas cosas, hasta que logré caminar, el brazo fueron puros tratamientos y algunos tornillos, me mandaron a practicar algún deporte para poco a poco ir agilizando todos los movimientos del cuerpo, me metí en natación, luego en fútbol y hace como dos años en béisbol, pero el sueño de mi padre es que uno de sus hijos sea beisbolista, ya cumplió su sueño, peeero–lo miro–este no es el mío.
Oh…
–¿Y cuál es tu sueño?–le pregunto.
–Sé que te parecerá extraño o no lo sé…–dice evitando el tema.
–Solo dime–le pido.
–Psicólogo o psicoanalista–dice y me mira.
No digo nada, no quiero entrar en el tema.
–Está bien, solo te digo que si quieres hacerlo, puedes, inténtalo, tal vez te salga mejor de lo que crees–le digo.
Él asiente.
–Si…supongo.
–No supongas, créelo.
Se hace un largo silencio, solo se escuchan nuestros zapatos rozar con el césped.
–¿Tú que quieres ser?–me pregunta.
Pues…no tengo ni la mínima idea.
–No lo sé–respondo siendo sincera–no he encontrado algo que me atrape.
–Bueno eres joven, aún puedes pensar–dice encogiéndose de hombros.
–Lo sé, tengo que pensarlo bien, aunque ya muchos saben qué harán con sus vidas y yo aún no se nada–me rio un poco.
–Tranquila, ya sabrás–su mano toca mi hombro y algo en mi estómago se revuelca.
Sonrío.
–¿Nos sentamos?–le pregunto al ver una banca.
Asiente y caminamos hacia allí, nos sentamos.
Yo subo mis pies a la banca y me siento en posición de indio, Ryan solo sube una pierna para quedar frente a frente.
–Te extrañé mucho–suelta de...

Hace alrededor de 1 año

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#25

...repente.
¡Maldita sensación en el estómago!
–Pero ¿Por qué?–le pregunto confundida.
¿Cómo puede extrañarme si solo me vio cinco días? Bueno…yo también lo extrañé, pero es distinto, yo sentía otras cosas…cosas que ahora de grande entiendo.
–¿Cómo que por qué?–me pregunta riendo.
–Es que no creo que yo haya sido tan importante para ti ¿O sí?–le pregunto.
Él sonríe algo tímido y deja de mirarme.
¡Ahhhhhh!
–Si fuiste importante, por supuesto que si–dice sin mirarme–fuiste la primera niña en fijarse que yo existía, me trataste distinto, sentí algo distinto contigo–confiesa y ahora si voltea a verme, yo no le quito la mirada de encima…me encanta...
Emma, regresa a tierra.
–Eso era lo que quería decir ayer–dice y sonríe–que no siento eso que siento contigo con cualquier otra persona, por eso supe desde un principio que eras tú, solo que tenía que hablar contigo para con firmarlo, sigue estando esa sensación en el estomago cuando estás cerca, por eso te reconocí.
Por supuesto que mi sonrisa no desaparece.
–Es tan raro…–dice aun sonriendo.
–¿Qué es raro?–le pregunto de la misma manera.
–Decirte todo esto cuando tenemos seis años sin vernos y éramos unos niños cuando nos conocimos–explica riendo.
–Tal vez no sea tan raro si te digo que recuerdo lo poco que vivimos juntos en el orfanato–hago una pausa–, si te digo que ahora entiendo las miradas de antes–me encojo de hombros–éramos niños pero no éramos tontos.
Él se ríe.
–Se supone que tú tienes catorce ¿Cierto?–me pregunta.
–Si–respondo.
–Yo tengo diecinueve–dice y se ríe.
–¿Y qué tiene?–le pregunto riendo.
Dios ¿Qué cosas digo?
–Antes yo tenía ocho y tu trece, así que no puedes hablar mucho–me quejo riéndome.
Él está callado mirándome.
¿Por qué esto me pone tan nerviosa?
Su sonrisita delata que está pensando en algo que sé que tiene que ver conmigo.
–¿Ahora qué?–le pregunto sonriendo.
–¿Qué tal si comemos helados?–me pregunta–busquemos a tu hermana.
Se levanta y extiende su mano para ayudarme, me levanto y quedo extremadamente cerca de él, tanto así que siento su corazón latir junto a mi mano que está en su pecho.
Estoy tocando su pecho ¿De verdad? Woow, qué cosas.
–Eh…vamos–dice, se aleja de mí y comienza a caminar.
Cuando se aleja siento como la tensión del momento disminuye y noto que yo estaba aguantando la respiración.
Que loca…
Comienzo a caminar detrás de él, llegamos a donde está Camila, él la llama y ella viene.
–Iremos a comer helado–le dice Ryan a Cami.
–¡Qué bien! Yo quiero el mío de chocolate–dice.
Ryan me mira, le sonrío, él me devuelve la sonrisa y yo bajo la cara.

Nos reímos los tres porque Ryan se chorreó helado en la mejilla.
–Aquí tienes–dice una de las chicas que trabajan en la heladería entregándole una servilleta.
–Gracias–dice él riéndose.
Cami muerde su barquilla por debajo, haciendo salir su helado por la punta de la barquilla.
–Camila, mamá te ha dicho que no hagas eso, tú eres muy desastro..
Cuando volteo a ver a Ryan él también está comiendo su helado así.
Me trago las palabras y solo me rio.
–Eres un buen ejemplo para los niños Ryan–digo y él ríe.
–Así es sabroso, es como si comieras de una máquina–dice y sigue comiendo su helado desde la punta de la barquilla.
Camila hace lo mismo y pues ¿Qué más da? Agarro mi barquilla, la muerdo por debajo y aspiro, los tres comiéndonos por debajo la barquilla nos reímos.
La chica tan amable nos trae un vasito a cada uno.
Damos las gracias y mientras Cami come su helado en silencio Ryan y yo nos miramos.
–¿Cómo se llaman tus hermanos?–le pregunto por curiosidad.
Arquea una ceja.
–¿De verdad quieres que te hable de mis siete hermanos?–me pregunta divertido.
–¿Siete?–pregunta Cami sorprendida–y yo pensaba que con dos era mucho–dice fingiendo estar amargada.
Coloco los ojos en blanco.
–Lo mismo pensaba yo, era mejor estar sola–digo por supuesto que de mentira, yo amo a esa niña fastidiosa.
Ella me saca la lengua.
–Te amo–le digo y le lanzo un beso.
–Yo no–dice y coloca los ojos en blanco.
Nos reímos.
–Bueno, háblame de tu familia–digo mirando a Ryan.
–Bien, el mayor es Sebastián, tiene veintidós años, luego estamos mi hermana y yo, se llama Maureen, tiene diecinueve como yo; luego están Verónika y Yannel, las dos tienen dieciocho, le sigue Wesley, él tiene quince, después Cameron que tiene trece y por ultimo Rhianne, que tiene once, por eso te entiendo–dice señalando a Camila.
Me rio.
–La mayoría son grandes–digo–pero son muchos, me imagino pelean demasiado–digo arrugando la cara.
Ryan duda un poco.
–Sí, algo–se ríe–pero como todos somos adoptados sabemos cómo llevar las cosas, nos entendemos. Mi madre se llama Darleen, tiene cuarenta y ocho años y parece de veinte, se cuida demasiado–alza las cejas–mucho, mucho, créeme.
–Eso es bueno, así se mantiene joven–digo sonriendo.
–Si…bueno mi padre tiene cincuenta y cuatro, se llama Abraham y se ve mucho más joven porque mi madre lo obliga a hacerse esos tratamientos que ella se hace–nos reímos–los dos son muy buenos, de verdad que no podría desear más; andan pendiente de cada uno de nosotros y aun así quieren adoptar otro–coloca los ojos en blanco–la verdad no me importaría, la pasamos muy bien todos juntos.
Sonrío.
–Me encantaría conocerlos a todos, así Cami tiene una amiga nueva–digo y la miro.
Ella coloca sus labios de medio lado.
–No lo sé, suena a niña rica–dice y le pego por debajo de la mesa, la miro amenazante–lo siento–dice en voz baja.
–Tranquila, entiendo que pienses eso, hasta yo lo pensaría–dice Ryan pero se nota la decepción.
Dios Camila.
–¿Y cómo se llama tu madre?–me pregunta Ryan.
–Carolina–digo y sonrío–está embarazada, hoy le dirán de qué sexo es.
Los ojos de Ryan alumbran de alegría.
–¿De verdad? Qué bueno–dice alegre.
–Si, por eso esta criatura–despeino a Camila y ella se queja–está con nosotros, no la puedo dejar sola en casa.
–Claro–dice y le sonríe–recuerdo que era un piojito cuando nos conocimos–dice y se ríe.
Camila frunce el ceño.
–¿Qué? ¿Él me conoce?–me pregunta Camila.
–Sip ¿Recuerdas cuando fuimos la última vez al orfanato?–le pregunto–no sé si recuerdes, estabas pequeña.
–Creo que sí, fue antes de que mi papá se fuera ¿Cierto?
Ryan me mira extrañado.
–Eh…si–digo y Cami asiente.
–Entonces si ¿Él era el que andaba en una silla?–me pregunta con los ojos como platos sorprendida.
Me rio.
–Sí, lo sé, a mí también me costó procesar la información–Ryan no ríe, aun me mira extrañado por lo de mi padre.
–¿Qué pasó con tu padre?–me pregunta.
Lo sabía, ahora tengo que contar por segunda vez esta estúpida historia de mierda, no puedo decir que odio a mi padre biológico, porque en algún momento lo amé, él me enseñó muchas cosas y literalmente me enseñó una gran parte del significado “felicidad” pero lamentablemente él dañó todo lo que tenía, la familia que ya tenía formada y simplemente nos echó a la basura como si jamás hubiéramos existido.
Recuerdo el día del juicio…

Mi madre no deja de llorar en voz baja, está dolida por todo lo que pasó, el juez dice unas palabras y mi padre sonríe como si hubiera sido una grandiosa noticia. Pues han dado varios años de cárcel para él y él solo sonríe.
Mi madre rompe a llorar y abraza a mi abuela que también llora pero levemente, dejo de mirarlas, Camila me agarra la mano fuerte y miro a mi padre.
Él besa a otra mujer y siento como la rabia me invade, el sentimiento del odio hacia esa mujer me terminará matando algún día. La mujer le dice algo, él asiente y su mirada se encuentra con la mía, pero no dice nada, no hace nada, no noto dolor y eso me hace colocar los ojos llorosos ¿A caso no me quiere?
Mi padre se gira y los guardias se lo llevan.
–¿A dónde va papá?–me pregunta Cami.
No puedo decir nada, solo me agacho, la abrazo y lloro.
Nuestro padre nunca nos amó de verdad.

Esa fue la última vez que vi a mi padre biológico, se habló de él solo una vez más en la casa cuando nos enteramos que esa mujer le pagó los años de cárcel, de resto no se ha tocado el tema, a nadie le gusta hablar de ello.
–Él…–agarro aire–maltrató a mi madre.
Con solo eso Ryan se queda callado, mueve su silla más cerca de mí y me abraza.
Si, se nota mucho que ese tema me afecta.
Cierro los ojos, sentirlo tan cerca me hace olvidar todo eso, los problemas, lo malo y hasta olvidar que estamos en una heladería frente a varias personas.
Camila nos mira.
–¿Puedo unirme?–nos pregunta.
Ryan y yo nos reímos y asentimos.
Ella nos abraza y ahora me siento mucho más feliz.
–Bueno, es hora de regresar a casa, mamá debe de estar allá–digo mientras nos separamos.
–¡Nos dirán si es niña o niño!–dice Cami emocionada.
Ryan y yo nos reímos.
–Vamos–dice, nos levantamos y nos vamos.
Estamos frente a mi casa, Camila se baja enseguida y le abren la puerta de casa.
–Gracias por sacarnos hoy–le agradezco–por lo que ves, mi hermana también disfrutó mucho.
Él asiente y sonríe.
–Yo también la pasé muy bien–dice y baja la cara.
Noto como se muerde los labios, eso me hace agarrar aire…es hora de irme.
–¿Cuándo nos volvemos a ver?–le pregunto antes de abrir la puerta.
Me mira.
–Quiero verte todos los días antes de que me vaya–dice honestamente.
Sonrío.
–Nos vemos mañana–digo y me acerco a él para besarlo en la mejilla.
Abro la puerta del auto y me bajo, volteo, sonrío, él hace lo mismo y nos despedimos con las manos.
Me encanta, me encanta, juro que me encanta.
Cuando camino hacia la puerta Camila sale corriendo y gritando algo, cuando presto atención dice “¡Es niña!”
Sonrío, Camila me abraza.
–¡Otra mini tú!–grita feliz abrazándome.
Eso me hace reír ¿De dónde sacó eso? ¿Otra mini yo? Mi madre se asoma en la puerta sonriendo y mi padre hace lo mismo abrazando a mi madre por detrás.
–¡Se los dije!–grito feliz.
El auto de Ryan arranca tocando la bocina, todos volteamos a ver y nos despedimos con las manos.
–¿Y quién es ese?–pregunta mi padre.
Sonrío y dejo a Cami en el suelo.
–Un amigo–digo y abro más la puerta para poder pasar.
–Emma–dice mi padre.
Me detengo antes de subir las escaleras y me...

Hace alrededor de 1 año

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#26

...giro.
–¿Si?
–Tráelo a casa–dice serio–no te dejaré salir con tu “amigo”–hace las comillas con los dedos cuando dice amigo–hasta que no sepa quién es él.
Coloco los ojos en blanco.
–es mi amigo papá–insisto–pero si tanto quieres conocerlo, lo conocerás, no tengo ningún problema–me encojo de hombros.
Mi madre me sonríe y mi padre asiente.
–Es su novio–dice Camila.
La fulmino con la mirada y ella se ríe.
–Es broma–dice ahora mirando a mis padres–pero si me gustaría que lo fuese, cuando lo conozcan lo verán–dice Camila como si nada y sube.
Eso me hace bajar la cara y sonreír.
–Iré a…no lo sé–digo con las mejillas calientes y subo.
Escucho la risita de mi madre.
–Si Camila lo acepta, entonces es el indicado–escucho susurrar a mi madre.
Me detengo para escuchar en un lado donde no me pueden ver.
Escucho su beso y hago una mueca.
–No lo creo, aun no lo conozco–responde mi padre.
Escucho otro beso así que el asco invade mi mente y termino de subir.
Ah claro, pero cuando te pase a ti Emma, ni loca dirás que es un asco, sonrío porque mi mente tiene razón.
Ahora por alguna razón me siento vacía, solo llevo un día viendo a Ryan y ya me hace falta ¿Cómo será dejarlo de ver otra vez?

Hace alrededor de 1 año

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#27

Capítulo 12: Estoy sola

Entro a mi habitación, tengo que llamar a Nicole.

–Hola preciosura–dice Nico al atender.

– ¿A quién le dices preciosura?–escucho la voz de un chico en el fondo.

¿Eh?

–Ujumm ¿Con quién estas?–le pregunto bastante interesada.

Ella se ríe.

–Con Parker–dice y podría decir que puedo escuchar su sonrisa.

–Oh vaya–digo alzando las cejas y acostándome en mi cama–¿Y qué pasó con Lance?–pregunto para molestarla.

– ¡No seas así conmigo!–dice ofendida–no creo ser tan perra ¿Ok?

–Crees–digo y nos reímos.

–De todas maneras Lance no me ha querido hablar, es extraño, pero tranquila, no pasa nada.

–Por lo menos ahora–escucho que dice Parker en el fondo.

Me rio a carcajadas.

– ¡Cállate que no ayudas!–lo regaña Nicole.

Coloco los ojos en blanco.

– ¿Y qué me cuentas?–me pregunta.

–Pues salí con Ryan–digo más feliz de lo que esperaba.

– ¡AAAAAHHHHH!–grita al otro lado de la línea.

Me rio.

–Nico…me encanta…–digo y ella sigue gritando–de verdad, es tan él…sigue siendo el mismo y literalmente me dijo que desde pequeño sintió algo distinto por mí.

– ¡Mentira!–dice feliz–¡Parece una película!

–Lo sé…él parece de película, es tan perfecto–sonrío y me muerdo el labio inferior–físicamente es hermoso y sentimentalmente, lo poco que he llegado a conocer es hermoso también, además me hace sentir como si siempre estuviésemos solos, como si nada estuviera a nuestro alrededor, pareciera que viviéramos en otro universo.

–Amiga estás poética, eso significa que ha hecho bastante efecto en ti–dice y se ríe–me encanta escucharte así de feliz.

–A mí me gusta sentirme así.

Escucho como llaman a Nicole.

–Oye, hablamos luego, necesito que me cuentes todo con lujo de detalles, te amo, adiós–dice y cuelga.

–Yo también te amo–digo mirando el teléfono.

Sonrío, ahora no sé qué hacer.

¡El trabajo! Tengo que trabajar dios, me distraje toda la semana en otras cosas ¿En dónde puedo conseguir trabajo?

Pienso un poco ¡Matt! Él puede conseguirme trabajo fácilmente en esa cafetería, le escribiré a ver si me puede ayudar.

Emma: hola Matt ¿Cómo estás? Oye necesito tu ayuda.

Ok, creo que fui demasiado directa, pero enseguida me llega un mensaje de él.

Matt: Hola Emma, bien ¿Qué necesitas?

¿Se molestará? No lo creo.

Emma: Oye, sabes que necesito trabajar estas vacaciones, quiero ganar mi propio dinero ¿No sabes si en la cafetería necesitan a alguien?

Matt: Sabes que justo necesitaba a alguien para que me ayudara, hay una vacante como mesera, es lo más que te puedo ayudar.

¡Es perfecto!

Emma: ¿De verdad? Pues con gusto la ocuparía, dime el horario y si me parece bien pues ya tienes una ayudante.

Matt: ok, enseguida te lo paso, me gustaría la verdad.

Sonrío.

Me llega el mensaje del horario, es de lunes a viernes, desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, me parece bien, tendré que levantarme temprano, pero todo por ganar algo de dinero para comprarme mis propias cosas.

Emma: me parece bien, hablaré con mi madre, lo más seguro es que ella no quiera que trabaje, pero insistiré y ganaré, así que ve diciéndole a tu jefe que trabajaré con ustedes.

Matt: tranquila Jajajaja ya hablo con él.

Emma: gracias… ¿Oye por qué trabajas si juegas béisbol? No creo que te dé tiempo

Matt: no trabajo todos los días, la verdad no tengo un horario fijo, voy cuando quiero y me pagan las horas, son mis amigos y voy para distraerme un rato.

Oh, ahora todo tiene sentido.

Emma: ya veo, bueno gracias ¿Cuándo comienzo?

Matt: Si quieres el lunes, es mejor así te organizas y hablas con tu madre.

Emma: Ok, gracias, adiós.

No recibo respuesta, pues ahora tengo que hablar con mi madre, la parte más difícil…

Ayer luché con mi madre y mi padre para que me dejaran trabajar, casi mi madre llora creyendo que no me dan lo suficiente para ser feliz, tuve que explicarle que no es eso, es solo que hay cosas que quiero hacerlas de mi propio esfuerzo y así ellos no tendrían que pagar todo movimiento que yo haga, mi padre tampoco está de acuerdo, pero insistí tanto que aceptaron, solo estas vacaciones, que no me preocupe por el trabajo cuando esté estudiando. Acepté, pensaba trabajar en las vacaciones nada más, ya cuando entre al colegio será más presión.

Hoy desperté tranquila, la casa estaba silenciosa y eso me pareció extraño, busqué a todos en la casa y nadie estaba.

Tuve que llamar a mi madre, que me dijo muy tranquila que estaban en casa de la abuela ¡Sin mí! ¡¿Cómo van a visitar a la abuela sin mí?! Me molestó pero no puedo hacer nada, así que me siento a ver tele en la sala.

Mi teléfono suena, miro y es Ryan.

Mi corazón se acelera como cosa rara, pienso un poco ¿Atiendo? No…si… ¿Si? ¡Atiende y ya Emma!

– ¿Ryan?–pregunto cuando respondo.

–Hola Emma–dice con su voz hermosa y varonil.

ME ENCANTA.

Sonrío.

–Hola–digo con voz baja y penosa.

– ¿Estás en tu casa?–me pregunta.

Mis ojos se abren como platos ¿Le digo que no? si viene ahora me verá horrible.

–Emm…–le bajo volumen al televisor–no.

Ryan se ríe.

–Eso no funciona ahorita Emma, súbele volumen a ese divertido programa que vez.

Miro a mis dos lados.

– ¿De verdad creerías que estoy dentro de tu casa?–me pregunta divertido.

Yo no digo nada y escucho como tocan la ventana.

Volteo asustada y lo veo allí mirándome con el teléfono en su oreja, me escondo en el mismo sofá.

– ¡Vete estoy horrible!–digo al teléfono.

Escucho su risa.

–Nop, ya estoy aquí, ábreme–dice.

–Mis padres están en casa–digo porque es lo primero que pienso.

–Emma…el auto no está–dice obvio.

Me golpeo la cara, maldición, olvidaba ese detalle.

–Ryan no estoy ahorita para recibir a personas, sigo en pijama–digo aun golpeándome en la frente.

Me asomo a verlo desde el sofá.

Se ríe.

–Estás hermosa Emma, siempre lo estas–dice tan tranquilo que eso me hace sentir la cosa esa en el estómago ¿Siempre será así?

Le sonrío, me levanto del sofá, cuelgo y me dirijo hacia la puerta.

Abro y aparece Ryan evitando sonreír.

–Ya sé para cuando no quieras hacer algo, te diré hermosa–dice y sonríe.

Coloco los ojos en blanco.

–Pasa Ryan–le digo haciéndome a un lado.

Él pasa y mira mi casa.

– ¿Y tu hermana?–me pregunta.

–En el baño–le miento.

Ryan me mira algo decepcionado.

Comienzo a reírme.

–Mentira bobo, está con mis padres en casa de mi abuela–digo suspirando.

Lo veo observarme de reojo.

– ¿Qué?–le pregunto y como no me responde sino que se sonríe de medio lado sin dejar de mirarme así–¡¿Por qué tienes que mirarme siempre extraño?!

Se ríe y se para frente a mí.

– ¿Cómo te miro?–me pregunta.

– ¡Así!–digo ahora más nerviosa por el momento.

– ¿Cómo?–insiste.

Me tapo la cara, siento que me puse roja.

–Solo te miraba así porque dejaste pasar a un chico a tu casa estando sola–dice y me agarra las manos para quitármelas de la cara.

Otra vez su cuerpo está peligrosamente cerca del mío.

Mi respiración se acelera.

–Tú sabias que estaba sola–digo mirándolo a los ojos.

–Sabía que tus padres no estaban, pensé que estabas con tu hermana–dice aun mirándome a los ojos.

Agarro aire pero entrecortado.

– ¿Estás nerviosa?–me pregunta sonriendo de medio lado.

–No–digo, por supuesto mintiendo.

Se ríe.

–Emma, no puedes mentirme–arquea una ceja.

– ¿Cómo estás tan seguro de eso?–le pregunto.

–Porque no solo yo puedo ponerme nervioso–explica.

Sonrío.

– ¿Estás nervioso?–le pregunto.

–Si–dice como si nada.

Eso me hace reír.

–Yo no me estoy burlando de ti–dice sonriendo.

Cierro la boca evitando reírme pero la abro nuevamente para preguntarle algo.

– ¿Cómo puedes estar nervios? No se te nota NADA–digo–además, estas con una niña–arqueo las cejas–y tú decidiste venir.

Se ríe.

–Eso no tiene nada que ver.

Miro hacia otro lado y me rio.

– ¿Qué se supone que haremos?–le pregunto.

Él sonríe ¿Qué pensará?

Me hala y me abraza.

–Tenía que hacer algo–dice mientras nos abrazamos.

– ¿Por qué?–le pregunto sin soltarlo.

–Porque si no podría hacer algo que no tendría un final cercano–me suelta.

¿Qué estilo de cosa que no tendría un final cercano? Mejor ni le pregunto.

–Vamos al sofá mejor–lo suelto y Camino hacia el sofá.

Ryan me sigue, se sienta a mi lado un puesto de por medio y le doy el control del televisor.

– ¿Qué?–me pregunta.

–Coloca lo que quieras–me encojo de hombros.

Cuando pienso que pondrá un canal, pues no, apaga la tele, lo miro frunciendo el ceño y literalmente arrugando la cara.

–Dije “Coloca” no “Apaga”–digo colocando los ojos en blanco y acercándome a él para quitarle el control.

Se ríe y lleva el control hacia otro lado en donde no lo puedo agarrar, eso me hace acercarme más a él.

–No me gusta ver tele, mejor hablemos.

Suspiro y me rindo, regreso a mi sitio.

–Como quieras…–¿De qué podemos hablar?–¿Cuándo te vas?–le pregunto.

–El domingo–dice.

Saco mi labio inferior, no quiero que se vaya.

–Que mal.

Él asiente.

– ¿A qué hora llegan tus padres? Me daría mucha pena que ellos llegasen y yo aquí de entrometido en su casa.

Me rio.

–Mi padre te quiere conocer, ayer me lo exigió.

– ¿Qué?–me pregunta bastante sorprendido– ¿Él no es el que maltrató a tu madre cierto?

–No, no, no, para nada, él es otro hombre que mi madre conoció literalmente cuando pasó todo aquello, pues él era el policía que nos sacó a mi hermana y a mi del closet en donde nos escondimos por miedo, se llama Marshall.

Ryan asiente.

–Entonces me quiere conocer…–se ríe–no creo que le caiga tan mal, solo que no le agradará que sea tan mayor.

–Uy si, cuidado, mejor me alejo del anciano–digo fingiendo que me da asco.

Nos reímos.

–No es eso, solo que estamos en etapas distintas, si estuviéramos como por ejemplo: veinte y veinticinco, se acepta, pero ¿Catorce y diecinueve?–arruga la cara–no creo que le agrade, a mí no me agradaría mucho al enterarme que a mi hija de catorce le guste un...

Hace alrededor de 1 año

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#28

...chico de diecinueve y…

–Espera, detente ahí–digo riendo–¿De dónde sacaste esa información de que supuestamente me gustas?–pregunto.

Él arquea una ceja.

–Es tan obvio como que el cielo es azul Emma.

Me hago la que no sabe de qué habla.

–No te hagas, estás más clara que yo–se ríe.

– ¿Cómo dices las cosas tan seguro cuando ni siquiera sabes si es cierto?

–Emma, lo digo porque estoy seguro, jamás diría algo que no esté completamente seguro.

– ¿Ah sí?–le pregunto irónica y con las cejas alzadas–ni te conozco.

Se ríe.

–Siempre me has conocido, desde que nos vimos por primera vez en el orfanato–me mira–¿O me vas a decir que me olvidaste todos estos años y que nunca pensaste en mí?

¿Cómo mierda dice este estilo de cosas y no le da pena?

–Eres tan…directo.

Ríe.

–No me respondiste.

–Sí, si, como quieras, tienes razón–coloco los ojos en blanco.

Se ríe y se acerca más a mí.

– ¿Puedo volverte a abrazar?–me pregunta.

Frunzo el ceño.

– ¿Lo has hecho como cuatro veces sin pedir permiso y me pedirás ahora?

No dice nada y me abraza.

¿Por qué es tan meloso? Esto me hace mal.

–Ryan… ¿Qué pensabas cuando me viste por primera vez de grande?

Me suelta y mira hacia la ventana.

–Solo deseaba que fueras tú, te necesitaba…–hay un largo silencio–te necesito, mejor dicho.

– ¿Por qué?

Su silencio es tan largo que siento que no responderá, es extraño, pero me encanta mirarlo en silencio.

–Porque tú fuiste la primera persona que no lo sé…sentí que eras distinta y me han pasado tantas cosas que quería volver a conocer a una persona como tú o simplemente encontrarte otra vez, sé que cuando nos conocimos éramos pequeños, pero aun así hiciste algún estilo de brujería conmigo–se ríe–porque de verdad jamás te olvidé e hice algo que no se debe hacer; comparé a todas las chicas que me llegaron a atraer, contigo, jamás fueron como tú, por eso nunca funcionó nada, quería una réplica tuya en una chica, estaba consciente de que ya habías crecido, pero sabía que no habías cambiado, tu forma de ser sigue siendo igual, solo que más madura, por supuesto.

Insisto ¿Cómo puede decirme todo esto sin pena?

–Pero bueno, te necesito porque tú eres distinta, ya por las chicas que he pasado han sido iguales, además, necesito apoyo y créeme que sé que tú me lo puedes llegar a dar más que nadie, tú tuviste fe cuando ni yo mismo la tenía, eras inocente pero aun así confiabas en que me mejoraría y tendría una familia que me quisiera…pues mírame ahora.

Sonrío, es cierto.

–Tu palabra vale por la de todos–dice mirándome tiernamente.

Mi sonrisa aún sigue en mi rostro ¿Cómo le digo que no a mi sonrisa si él la provoca?

–No sé qué decirte de verdad–digo negando con la cabeza y mirando mis manos.

–No hace falta, solo quería que me escucharas y supieras que de verdad eres importante–se ríe–qué loco, solo nos conocimos cinco días y fue así, imagínate que hubiésemos estado más tiempo juntos o que no hubiésemos perdido el contacto, seriamos tan unidos.

–Lo se…probablemente ya estuviéramos casados–digo riendo.

Ryan me mira sorprendido por lo que dije pero entonces se ríe también.

–No lo dije yo porque pensé que sonaría muy apresurado.

– ¡¿Qué?! ¡¿Apresurado?! ¡Más de todo lo que has dicho!

Nos reímos.

–Te odio–digo y me recuesto completamente del espaldar del sofá.

–No lo haces, tú no me odias–dice y hace lo mismo que yo.

–Es cierto, no lo hago–suspiro.

¿Cómo voy a odiarlo si él fue en la persona que pensé todas las noches desde que lo conocí? son seis años, seis años es mucho.

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Hola! Lamento la tardanza, he tenido algunos problemas personales pero aquí estoy, espero les guste :)

Hace alrededor de 1 año

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#29

Capítulo 13: No podías hacer nada

Él voltea su cara hacia mí, luego mira mi mano y la agarra.

Otra vez su toque me hace sentir mil cosas en un segundo, pero solo me mira las uñas.

–Tienes las uñas largas, mi madre se molesta porque siempre se le parten y yo le digo que es culpa de ella por tenerlas tan largas.

Me miro la otra mano.

–Tengo que arreglármelas, las tengo horribles.

Ryan chasquea la lengua.

–Tú dices estar horrible cuando estás hermosa, imagínate cuando dices que estás hermosa–alza las cejas–entonces te verías perfecta…si es que ya no te ven así.

Sonrío con la boca cerrada.

–Gracias…–es lo único que puedo decir, pero entonces recuerdo lo de mi trabajo–oye sabes que comenzaré a trabajar–digo y él frunce el ceño.

– ¿Estás loca Emma?–me pregunta tal cual como me preguntó mi madre y mi padre.

– ¿De verdad? Eres la tercera persona que me hace esa pregunta–coloco los ojos en blanco–pero si, comenzaré a trabajar.

– ¿Y para qué? Aún eres joven.

Me suelta la mano y ahora quiero pedirle que la vuelva a agarrar…me gusta, pero no, no le diré nada.

–Quiero ganarme mis propias cosas–me encojo de hombros.

Ryan coloca los ojos en blanco.

– ¿Y dónde piensas trabajar?–me pregunta.

–En una cafetería, solo de lunes a viernes hasta que acaben mis vacaciones.

Su cara es de una persona que no está convencida, así como la de mi madre y mi padre cuando les conté, pero no solo es eso, sino que tiene una pequeña cara de preocupación.

– ¿Pasa algo?–le pregunto.

– ¿Es cerca?–me pregunta ignorando mi pregunta.

–Si… ¿Pasa algo?–repito.

–Solo que no quiero que salgas por ahí sola, hay mucha gente mala en la calle.

Me rio.

–Ya te estas volviendo viejo–digo riéndome.

Me mira negando con la cabeza y colocando los ojos en blanco.

–Solo me preocupo ¿Ok? Deja de decirme viejo.

–Viejooo–digo para fastidiarlo.

Se ríe.

–Creo que debería irme, tus padres deben de estar por llegar–dice sentándose bien para levantarse, pero me le tiro arriba y no lo dejo levantar, mi torso queda en su regazo y él queda inmóvil– ¿Qué estás haciendo?–pregunta riendo.

–No te iras, conocerás a mis padres.

–Emma, seguro no les agradaré.

Me levanto pero ahora estoy sentada literalmente frente a él, lo suficientemente cerca como para poder oler su perfume de manera más intensa.

–No te vayas–insisto.

–Está bien, no me iré.

Sonrío, me siento en su regazo y lo abrazo.

Espera ¿Por qué me senté en su regazo como si fuera un bebé? Esto no lo puedo hacer, está prohibido en mi lista de acercamientos humanos de hombres.

Pero siento que en él si confío, tal vez no debería, pero siento que tiene que ser así, no me muevo, solo lo abrazo y huelo su perfume, supongo que él hace lo mismo.

–Hueles ri…–decimos los dos al mismo tiempo pero no terminamos la palabra porque nos reímos–Gracias–volvemos a decir a la vez.

–Deja de copiarme–dice Ryan riendo.

–¡Tú deja de copiarme!

Escuchamos la puerta abrirse así que de un salto me bajo de su regazo y me siento en el sofá como si nada pasó…realmente nada pasó, pero igual era extraño.

–Hola herma…–Camila coloca su boca en forma de pico–eh…hola Ryan–lo saluda y mira detrás de ella como si estuviera preocupada.

– ¿Quién está ahí hija?–le pregunta mi mamá a Cami.

–Ryan, el novio de mi hermana–se ríe al igual que Ryan, Cami se tapa la boca–lo sé, lo sé, son solo amigos–coloca los ojos en blanco y se va a la cocina, yo entrecierro los ojos, esa mocosa la va a pagar.

Mi madre entra, nos mira y nos sonríe.

–Mucho gusta Ryan, yo soy Carolina, la madre de Emma–dice mi madre acercándose a nosotros y extendiendo su mano para saludar a Ryan.

Se saludan.

–Mucho gusto–dice Ryan sonriendo.

Mi padre entra a la casa y cierra la puerta.

–Buenas…–dice evaluando a Ryan de pies a cabeza–mucho gusto, Marshall–se presenta mi padre.

–Un placer, Ryan–dice él y se estrechan las manos.

–Hola amor–me saluda mi padre sonriendo– ¿Qué hacían?

Trato de no mirar a Ryan para que no parezca extraño, porque solo hablamos.

–Hablar–digo.

Mi madre le sonríe a Ryan y él a ella.

–Creo que es hora de irme–dice Ryan.

Oh no, ni creas que te dejaré ir.

–Acabamos de llegar Ryan, quédate otro poco ¿Quieres almuerzo? Haré algo de comer–dice mi madre levantándose del sofá y yendo a la cocina.

–Gracias, pero…

–Por favor–lo interrumpo.

Él me mira, entrecierra los ojos y luego niega con la cabeza.

–Está bien–dice por fin.

Quiero abrazarlo nuevamente, pero no lo hago porque mi padre nos mira.

–Bueno Ryan, cuéntame de ti–dice mi padre para sacarle conversación.

Dios, espero que le agrade…no es algo que dude mucho, pero los padres a veces son exigentes.

Ryan comienza a hablarle de él, de lo que le gusta hacer, de su vida de adoptado, de sus tratamientos y de todo un poco–hasta cosas que yo no sabía–, mi padre se queda sorprendido con la historia de su niñez, cuando sucedió el gran incendio en Grecia, donde mi padre estuvo presente para ayudar en la situación, ya él trabajaba de oficial.

–Es increíble que hayas tenido que pasar por todo eso y que estés aquí, así de bien–dice mi padre sonriendo con los ojos como platos–me alegra mucho.
Ryan le sonríe.

–¿Y cómo conociste a Emma?–le pregunta.

Sonrío y Ryan me mira también sonriendo.

–La conocí en el orfanato, yo tenía trece–se ríe–ella era un encanto de niña–se queda callado–bueno, sigue siendo un encanto de niña.

Evito sonreír y miro a otro lado.

– ¿Qué?–escucho preguntar a mi madre–¿La conociste en el orfanato de la señora Mary?

Mi madre sale de la cocina con las manos llenas de harina.

Me rio.

–Si ¿Y qué con eso?–le pregunto riendo.

Mi madre me mira nerviosa.

–Él no…–sus ojos casi están fuera de sus órbitas.

– ¡No mamá! ¡Dios!–me tapo la cara por pena–¿Cómo se te ocurre?

¿Por qué mi madre tiene que ser así?

– ¿Qué cosa?–pregunta Ryan confundido.

Mi padre entiendo y se hace un momento incómodo.

Mi madre piensa que él es quien abusó…de mí.

–Por dios mamá ¿No estabas escuchando? ¡Estaba en silla de ruedas!–aun siento que estoy roja.

Ryan sigue confundido, me mira frunciendo el ceño, cierro los ojos y trato de no pensar en el momento…sus agarres…su roce…mi dolor.

–Basta–digo y me levanto–¿Comemos?–pregunto.

–Eh…si, deberíamos–dice mi padre y me sigue.

Ryan se levanta y hace lo mismo, pasamos a la sala donde está el comedor y nos sentamos en la mesa.

–Ya está casi lista la comida, ahorita les llevo una parte–dice mi madre desde la cocina, mi padre me mira algo incómodo y se levanta de la mesa.

–Ayudaré a tu madre–se va a la cocina.

Ryan me mira con una cara de “Dime”

–Entonces tienes un perro…–digo y recuerdo a Roy.

Mierda lo dejé en el patio.

–Oh oh, ya vengo–cuando me voy a levantar Ryan me agarra por un brazo.

–Necesito que me expliques qué pasó–me pide con voz suave.

Niego con la cabeza.

–No puedo–me suelto de su agarre, voy al patio le abro la puerta a Roy, mi pequeño perrito me saluda contento ¿Cómo pueden ser tan fieles cuando lo he dejado todo el día ahí afuera? A veces las personas deberían ser así de fieles, aunque por otro lado no, porque si las dos personas no son así de perritos fieles, no sirve, si se va a ser fiel, que sea de parte de las dos personas…ok, ya me fui de la realidad, estaba abriéndole la puerta a mi perrito y terminé pensando en la fidelidad humana.

Roy saluda a Ryan moviendo su colita.

–Nuestros perros son grandes–dice acariciando a Roy–a veces hace falta uno pequeño para poder cargarlo y abrazarlo–sonríe.

Yo también sonrío, es como un estilo efecto espejo, cada vez que él sonríe, su sonrisa se refleja en la mía.

Roy se aleja y Ryan vuelve a mirarme.

–¿Y cuantos perros tienen?–le pregunto.

–Dos guardianes que son los pastores alemanes y dos que son como los más desastres entre todos, uno es lobo siberiano y el otro es Golden Retriever.

Asiento.

–Pues es cierto, todos son grandes.

–Si…era más divertido cuando estaban pequeños–se ríe–bien, cuéntame–insiste.

Rayos, pensé que ya lo había olvidado, me siento y niego otra vez con la cabeza.

–No puedo–digo seria.

– ¿Pero por qué? ¿No confías en mí?

Lo miro con cara de pocos amigos.

–No es eso, es solo un tema que no lo hablo con nadie…solo con mi doctora–digo tan bajo que siento que no me escucha, pero no es así.

– ¿Doctora?–me pregunta arrugando la cara–Emma, explícame por favor.

Niego con la cabeza, no le pienso contar nada.

Aparecen mis padres con los platos y la comida en las manos, pero Ryan no deja de mirarme.

–Cami baja a comer–grita mi madre.

Camila aparece y se sienta junto a Ryan, comienza a hablarle de sus juegos y unos que otros libros, lo cual me parece extraño ¿Desde cuándo a Camila le gusta leer? , mis padres hablan de otros temas y yo…solo pienso en el daño que causó Mark en mi ¿Cómo es posible que un niño se atreva a hacerle eso a una niña menor que él? Es algo tan…por dios no, siento como mis ojos se llenan de lágrimas, así que bajo la cara para que nadie lo note, como un poco por comer, ya se me quitó el hambre. Solo pienso en ¿Qué sentiría él si su hija es abusada sexualmente por un niño que él desconoce? ¿Cómo se sentiría al recordar que él alguna vez lo hizo con una niña? O tal vez con varias, no lo sé…pero su remordimiento sería grande, él más que nadie sabe lo mucho que las niñas sufren y…

No, me tengo que ir de aquí.

Me levanto sin decir nada y subo rápidamente a mi habitación, me encierro y comienzo a llorar, otra vez los recuerdos invaden mi mente y tengo mucho miedo, como si otra vez tuviera ocho años, como si Mark estuviera ahí viéndome y pensando en todo lo que me hará, comienzo a temblar mientras lloro, enseguida tocan la puerta, yo estoy en la pared de al frente, con la cabeza entre las rodillas.

–Emma ¿Qué pasó amor? Abre–dice mi madre...

Hace alrededor de 1 año

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#30

...preocupada.

No respondo y sigo llorando en silencio, se escuchan susurros detrás de la puerta hasta que mi padre habla.

–Emma…abre–dice mi padre con un tono más fuerte–abriremos nosotros a la fuerza si no abres tú.

–No lo hagan a la fuerza–escucho la voz de Ryan y miro hacia la puerta–no es por nada, pero esto no es un crimen señor Ward–se hace un silencio profundo–Emma ¿Puedo pasar?–pregunta con una voz tan dulce que es inevitable decirle que no, pero aun así lo niego–por favor, solo yo o tu madre, hasta puede ser Camila pero ¿Alguien puede pasar?

–No quiero–digo secándome las lágrimas–déjenme aquí sola, ya se me pasará.

Si se me pudo pasar la primera vez cuando todo parecía estar muerto en ese instante…no creo que tarde mucho en sanar ahorita.

–Emma…–insiste mi madre.

–Sigan comiendo, ahora bajo–digo.

–Por favor no la dejes sola–escucho que dice mi padre y como bajan las escaleras.

– ¿Siguen ahí?–pregunto.

–Estoy solo–dice Ryan–déjame pasar, por favor.

Me levanto, abro la puerta, lo dejo pasar y vuelvo a cerrarla con seguro, no quiero que entren mis padres ni Camila. Me siento en el suelo con la espalda hacia mi cama, Ryan hace lo mismo sentándose a mi lado.

–Si no quieres contarme lo entiendo, pero sabes que puedes confiar en mi–me agarra la cara para que lo mire pero lo evito, él suspira.

–Yo…–intento empezar a hablar–fui abusada sexualmente–suelto y evito volver a llorar–fue esa misma semana que te conocí, allí en…

– ¡¿En él orfanato?!–pregunta tan sorprendido que volteo a verlo.

Asiento.

–Hice lo que pude, pero yo era más débil, estábamos encerrados, no podía escapar a ningún lado–mis ojos se llenan de lágrimas–él me hizo pensar que era un juego, que nos divertiríamos…yo solo quería jugar–lo miro y mis lágrimas se escapan.

–¿Quién fue?–me pregunta.

Niego con la cabeza.

–Emma…¿Quién fue?–pregunta molesto.

–¡Se supone que tienes que estar bien conmigo porque estoy mal Ryan! ¡No tienes que molestarte!–digo llorando.

–¿Cómo no quieres que me moleste? ¡Pudiste habérmelo dicho y te pude haber ayudado!

–¿Ah sí? ¿Cómo? De cualquier manera tú saldrías perdiendo, no podías hacer nada, estabas pegado en una maldita silla.

Veo como mis palabras lo hieren.

No…

–No era mi intención…

–No importa Emma, no importa–dice, se levanta y abre la puerta de mi habitación, escucho como se despide de mis padres, mi madre insiste en que se quede, pero él no acepta, así que escucho como su auto se enciende, como mi madre cierra la puerta y como el auto de Ryan arranca. Ahora yo estoy aquí, sola, por haber dicho algo que tuve que pensar antes de decirlo. Lo entiendo, a mí también me hubiese molestado, después de que le dije tantas cosas bonitas a esa persona que me salga con esas palabras.

Lo sé, estuve terrible, pero es el bendito momento, no pensé nada, solo lo dije.

Pero esa no es la peor parte, la peor parte es que pude detenerlo, decirle que lo sentía hasta que me perdonara y entendiera que solo me sentía mal en el momento y por eso fue que lo dije, pero no, no lo hice…

Hace alrededor de 1 año

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#31

Capítulo 14: Como una película

Tengo prácticamente dos días llorando porque le escribí a Ryan y no responde, lo llamo y no atiende, Nicole y Nishta son las que han estado aquí conmigo, no he querido salir de casa, menos mal el trabajo lo comienzo el lunes y ya es miércoles, de resto he estado comiendo galletas con helado que las chicas me han traído, mi madre ha querido hablar conmigo pero no he querido, solo quiero estar con mis amigas, ya son muchas cosas para mi madre, no quiero que se enfoque en mí.

–Emma, no puedes estar así por tantos días–dice Nishta insistiéndome para salir con ellas a una fiesta.

– ¿De verdad piensas que me sacarás de aquí?–le pregunto irónica.

–Vamos Emma, hay que divertirnos y olvidar todo, además solo es un chico más.

¿Qué acaba de decir? ¡¿Solo un chico MÁS?!

–Estás completamente loca, no sabes lo importante que es para mí–digo y como una galleta.

– ¿En dos días que se vieron?–me pregunta Nishta bastante extrañada–no creo que eso sea amor.

–Ah claro, lo mismo digo, solo porque hayas visto a Timothy en un día no puede ser amor–ella baja la cabeza en forma de derrota.

Ya ayer dijo que le encanta y que han hablado desde ese día.

Coloco los ojos en blanco.

–Además a él lo conozco desde antes.

–Eran niños Emma–dice Nicole.

–Ustedes no lo pueden entender–digo molesta–no insistan que no iré.

Ellas dos se miran.

–Pero habrán más chicos–dice Nishta.

Niego.

–No iré–insisto.

Nicole gruñe, agarra mi teléfono yo solo la miro.

–¿Qué haces?–pregunto.

Anota algo en su teléfono viendo el mío.

Mis ojos se abren como platos.

Mierda ¿Qué hace?

–Nicole…–me entrega mi teléfono y entro en desesperación cuando veo como se levanta de la cama con el teléfono en la oreja– ¡Nicole!–grito.

Trato de levantarme pero Nishta me detiene.

– ¿Hola?–dice Nicole–¿Ryan?

No grito porque me da pena que me escuche pero hago movimientos bruscos para ir a quitarle el teléfono.

–Es Nicole, la amiga de Emma–dice ella tan sonriente–bien, bien ¿Qué tal tú?...que bueno, oye sabes que quería invitarte a una fiesta el viernes…–el silencio invade la habitación, es como si esperáramos la respuesta aunque Nishta y yo no podemos escucharla–sí, sí, es algo entre gente conocida, entonces quera invitarte, sé que no nos conocemos en persona pero me han hablado de ti y bueno, quería invitarte…–otra vez se hace un silencio–a las ocho, si quieres llevar algo de tomar en especial puedes llevarlo, igual habrá venta de bebidas, ahorita te paso la dirección del lugar…–de repente Nicole me mira y sonríe–sí, si va–evita reírse–ok, perfecto, nos vemos allá Ryan, un placer.

Nicole cuelga y me mira victoriosa.

– ¿Qué decías? ¿Aun quieres quedarte en casa?

Agarro una almohada y se la lanzo en la cara.

Ella se ríe junto a Nishta.

– ¡Tú también!–digo y le lanzo una almohada pero la detiene con sus brazos.

–Entonces ¿Lista para el viernes?–me pregunta Nishta.

Entrecierro los ojos y sonrío falsamente, ellas se me tiran encima y me abrazan.

Las odio y las amo a la vez.

Cuando por fin conseguimos algo adecuado para mí y la situación, salimos las tres listas de mi casa, los chicos nos están esperando en un auto de un amigo nuevo, al parecer lo conocieron en una fiesta hace tiempo pero nunca entraron en contacto hasta que casualmente se consiguieron ayer y justo hoy irían a la misma fiesta.

–Hola chicas–nos saluda Timothy quien está de copiloto.

–Hola–nos saluda un chico, supongo que el dueño del auto.

–Chicas él es Ian–dice Parker que está sentado con nosotras en la parte de atrás.

–Hola–saludo a Ian.

Él me sonríe y el auto arranca.

–Estamos algo apretados–dice Nicole y se mueve.

Todos nos quejamos por la manera en que se mueve.

–Ok, esperen–digo–uno hacia adelante y otro hacia atrás, así las caderas no quedan todas juntas.

Todos nos miramos las caras y se hace un desastre, nos movemos hacia adelante, luego hacia atrás, dios ¿Qué es esto?

Nos reímos a carcajadas al ver que no sabemos organizarnos y que terminamos estando iguales que al principio.

–Parker, atrás–digo y se queda como está–Nico adelante–ella hace lo que le digo–tú Nishta quédate así y yo me muevo hacia adelante–reímos–ahora si.

Unos minutos después llegamos, es como si fuera una casa pero a la vez un estilo de caney bastante grande.

–Algo sencillo…–digo mirando a Nicole e imitándola–solo la gente conocida–coloco los ojos en blanco.

Nos bajamos y veo el auto de Ryan estacionado.

Mi…er…da., ya está aquí.

Veo a varia gente fuera, unos hablando y otros bebiendo en la entrada.

Paso entre ellos, unos me miran de arriba abajo, mientras los otros solo fastidian a mis amigas diciéndoles cosas.

Coloco los ojos en blanco, estoy nerviosa, siempre eso de ir a fiestas me pone nerviosa, creo que ya lo había dicho antes.

Camino junto a mis amigas mientras mis amigos buscan bebidas, entonces miro a todos lados y cuando encuentro a Ryan mi corazón se detiene por un momento y comienza a palpitar más rápido de lo normal, así como solo él lo provoca.

Está hablando con ¿El hermano de Nishta? Oh, creo que sí.

–¿Ese es tu hermano?–le pregunto a Nishta.

–Sip, vamos a saludarlo–dice y me hala.

No, no, no, espera ¿Por qué digo esto en mi mente? Me arrastra hasta llegar ahí, Nishta saluda a su hermano y luego a Ryan.

–Hola Nishta–la saluda Ryan.

Se conocen…claro, su hermano está con él en el mismo equipo, si soy tonta.

–Hola Emma–me saluda ahora frunciendo los labios.

Mi corazón no para de latir fuerte.

–Hola...–digo en voz baja.

–Jerrod, ella es Emma y ella es Nicole–nos presenta Nishta a su hermano.

Jerrod nos saluda con una sonrisa en su rostro, es simpático.

–Los chicos están en la barra, vamos a tomar–dice Nicole.

–Recuerda que no podemos tomar mucho–digo mirándola.

Aun somos menores de edad, solo que ella prueba una gota de alcohol y olvida eso.

–Sí, si Emma, no seas aguafiestas–dice ella como una viejita.

Nos reímos.

–Vamos–dice Nishta.

Asiento, miro a Ryan y me giro.

Lo siento tanto…quisiera decírselo pero no puedo, siento que no puedo.

Llegamos a la barra, me dan un vaso de ron, los miro con cara de “¿Están locos?”

– ¡Tómatelo Emma!–dice Timothy–cualquier cosa estamos aquí para cuidarte–se encoge de hombros.

La fiesta comienza a agarrar vida de un momento a otro, la gente habla, toma, baila, juega, es divertido y comienzo a sentirme en ambiente.

Ya han sacado a Nicole y a Nishta a bailar varias veces mientras yo solo bebo y hablo con la chica de la barra, pero es inevitable no buscar con la mirada a Ryan, a veces lo veo con sus amigos, a veces se pierde y otras veces se acerca a la barra con sus amigos para pedir tragos, de resto no me ha hablado ni nada.

Un chico se me acerca, huele a cigarro.

Le sonrío con la boca cerrada.

–¿Bailamos?–me pregunta.

No lo creo…miro a la chica de la barra, ella me hace un estilo de seña para que vaya.

Agarro aire, es cierto, tengo que divertirme, además no puedo pensar toda la noche en alguien que ni me ha hablado, asiento sonriendo, él también sonríe, me agarra la mano y nos unimos a bailar en donde todos mueven sus cuerpos como si no hubiera un mañana.

Nicole está bailando con Parker y cuando me ve bailando ahí, abre la boca sorprendida, yo me rio y sigo bailando.

– ¿Cómo te llamas?–me pregunta el chico mientras bailamos.

–Emma–digo incómoda porque nos hablamos al oído.

–Yo soy Sergio–dice, solo asiento, no quiero hablar con él ni conocerlo.

Cuando termina la canción las tres nos devolvemos a la barra, nos quedamos hablando por un rato y tomando.

Llega un grupo de chicos en donde está incluido con el que bailé, se presentan y la verdad a las tres nos desagradan, huelen demasiado a cigarro, entonces en unos minutos desaparecen cuando ven que no les seguimos los temas de conversación.

Cada vez siento como el alcohol hace efecto, porque me siento más activa y quiero bailar.

La música suena alto y las personas no paran de bailar.

–Quiero bailar–digo y las chicas se sorprenden al escucharme decir eso.

Entonces comienzan a aplaudir y se chocan las manos.

–Me encanta–dice Nicole.

Me rio.

–Yo quiero seguir bailando–dice Nishta.

–Igual yo–apoya Nicole.

Sonrío y pareciera que nos han escuchado, llegan tres chicos–entre ellos Jerrod que saca a Nicole–, nos invitan a bailar, ellas por supuesto dicen que si, el chico que me va a sacar a mi tiene su mano extendida, pero veo como Ryan viene hacia acá con un amigo, aunque el baño está literalmente detrás de donde estoy yo, así que no me emociono mucho, aún sin agarrarle la mano al chico veo a Ryan, me sorprende verlo cruzar hacia mí y extender su mano.

Me está sacando…me está sacando a bailar, no lo pudo creer.

Sin pensarlo agarro la mano de Ryan y dejo al otro chico ahí, me rio por lo que acabo de hacer, creo que Ryan no lo nota, caminamos en silencio hacia la pista.

Comenzamos a bailar, la canción que suena tiene partes rápidas pero también hay partes que se hacen más íntimas y lentas.

No puedo dejar de sonreír al sentir su cuerpo rozar con el mío, es tan…extraño.

Terminamos de bailar, él no dice nada, solo me sonríe y vuelve con su grupo, como yo hago también.

–¿Con quién bailaste Emma?–me pregunta Nicole sorprendida.

–Con Ryan–digo penosa y entonces comienza a saltar, luego me contagia su salto ridículo y parecemos dos niñas de cuatro años.

Nishta niega con la cabeza riendo.

–Chicas–escuchamos como dice Jerrod– ¿Un trago?–pregunta con una botella de ron en la mano.

Nos reímos, Nicole abre la boca, le echan directo en la boca al igual que a Nishta, yo abro la boca y siento como el ron quema mi garganta.

Agito mi cabeza y luego me rio, me gusta esa sensación de que te estas quemando por dentro pero energética por fuera.

Ryan se ríe al ver nuestras caras.

Lo miro y sonrío, él hace lo mismo.

Todos comenzamos a hablar en grupo, mis amigos se unen también así que somos un grupo bastante grande, los amigos de Ryan...

Hace alrededor de 1 año

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#32

...con todos mis amigos.

De repente veo a una chica que se me parece a alguien que ya había visto antes.

– ¡Aldana ven aquí!–grita Jerrod.

¡Aldana! La chica que conocimos en los dieciséis de Kaley. Aldana viene con nosotros y nos mira.

– ¡Hola!–nos saluda alegre.

Anda sola.

Nicole y yo la reconocemos, pero Nishta por supuesto ya la conoce.

Entonces cuando se nos une comenzamos a darnos cuenta que Aldana tiene algo extraño con Jerrod. Timothy habla con Nishta mientras Ryan, Nicole y yo hablamos.

–Deberías sacar a Alex–dice Ryan–él no ha bailado con nadie.

Alex es uno de los amigos de Ryan y Jerrod pero es el más tímido de todos, es tan tranquilo que a veces da lástima que haya venido, ni siquiera lo hemos visto tomar.

–Saca tú a esa chica que está sentada ahí–le dice Nicole.

Yo solo me rio.

–No, saca tú a mi amigo, míralo está solito–insiste Ryan.

Nicole se ríe.

–Pero dile a Emma que lo saque ¿Por qué tengo que sacarlo yo a bailar?–sigue “discutiendo” con Ryan.

–No, no, yo saco a Emma, tú bailas con Alex y ya–dice Ryan.

Sonrío.

–Yo no quiero bailar con Alex, bailaré con Parker mejor–dice–¿Con quien bailarás tú?–le pregunta Nico a Ryan.

–Por supuesto que con Emma–dice y siento como su mano toca la mía, sus dedos se abren y se entrelazan con los míos.

Mi corazón explotará…

Nicole ve mi mano, arquea una ceja y sonríe.

–Entonces vayan–dice Nicole.

Trato de no sonreír pero es difícil.

Cuando comenzamos a bailar la canción estaba terminando así que tuvimos que detenernos, pero para nuestra hermosa sorpresa cambian la música de la bailable a la electrónica que no se puede bailar.

Ryan me mira a los ojos.

–Te debo un baile–dice.

Sonrío.

–Lo sé–respondo.

Todos volvemos a unirnos pero los chicos dicen que irán a hacer no sé qué.

–Ya venimos–me dice Ryan pasando su mano por mi cintura.

Asiento y me estremezco.

Nicole sube y baja las cejas.

–Quien lo diría–dice y se ríe.

Nico, Nishta, Aldana y yo comenzamos a hablar, yo dejo de tomar porque ya estoy algo mareada, no quiero hacer un desastre.

Después de hablar un rato y de que toda la gente haya descansado de tanto bailar, ponen música bailable nuevamente, mis amigas se van todas a bailar, busco a Ryan, nos encontramos de frente.

–Ya colocaron música bailable ¿Vamos?–le pregunto.

Asiente pero me agarra las dos manos y me pega a él, entrelazando las dos manos con las mías, frente a todos sus amigos.

– ¿Qué prefieres? ¿Hablar o Bailar?–pregunta evitando sonreír.

Sonrío.

–Hablar–digo.

Suena mi teléfono, coloco los ojos en blanco y respondo.

–Emma, estoy siendo para allá–dice mi padre.

– ¿Qué? Yo dije que me iría con mis amigos–digo y me alejo un poco de Ryan.

–Tu madre dice que ya basta, voy para allá.

No me da tiempo de responder, mi padre cuelga.

Ryan se ríe.

– ¿Ya te vienen a buscar?

–Si–digo algo molesta–vamos–lo trato de llevar a un lado donde hay como tres parejas hablando, de resto no hay nadie.

–No…–dice, me detengo y lo miro extrañada–¿No es mejor por allá?–me pregunta mirando un estilo de caminito.

Me pongo nerviosa pero acepto, solo porque es Ryan y confío en él, antes de entrar él se detiene.

–Está algo mojado–comenta mirándome.

Miro el suelo, la tierra está algo mojada porque ha estado lloviendo, por suerte ya paró, solo caen algunas gotas que le quedan a los árboles.

–No importa–digo y paso de primera mientras nuestras manos van entrelazadas.

Caminamos hasta llegar a una pequeña redoma y nos detenemos, mis nervios aumentan como nunca, no quiero verlo, me da pena.

Miro las plantas que están a nuestro alrededor, son altas, hay otras bajas en donde hay flores, el lugar es tan….romántico, solo hay una luz que alumbra apenas a donde nosotros estamos y la humedad le da un toque especial.

– ¿Parece de película verdad?–pregunta pasando sus manos por mi cintura llegando a mi espalda y empujándome hacia él.

Me rio nerviosa.

–Si...–digo bajito.

Se ríe.

Trato de no mirarlo por pena.

–Mírame–me pide.

Hasta ahí llega mi fuerza, ya me derritió, su voz, su cuerpo tan cerca y ahora mirarlo…cuando mis ojos hacen contacto con los de Ryan, él sonríe.

Es imposible no imaginar algo bonito con él mirándolo a los ojos, sus hermosos ojos verdes que tienen algo distinto a los demás ojos que siempre veo.

–Tenemos poco tiempo–dice.

Agarro fuerza, pues lo que quiero es lo que haré y sé que pasará ahora mismo.

Me inclino hacia él, levantándome porque es más alto que yo y ahí donde todo parecía de película, la música cambia de bailable a lenta, como si estuviésemos pidiéndola, justo en ese momento sus labios hacen contacto con los míos. Por alguna razón siento que por fin lo han hecho, como si siempre lo hubiese esperado y ahora que pasa me hace sentir acompañada, su beso hace la noche más perfecta del mundo.

Cierro los ojos porque él provoca que eso haga, abrimos los labios y el beso se hace más profundo, su lengua hace contacto con la mía y juraría que es la mejor sensación de todas.

El lugar se hace cada vez más íntimo, nuestros labios se mueven lentamente, hasta que muerde mi labio inferior y eso hace que lo agarre por la parte de atrás de la cabeza y lo hunda más hacia mí, sus manos viajan por mi espalda hasta llegar cerca de mi trasero, su toque me da escalofríos, pero el momento no me hace pensar en otra cosa que no sea lo bien que me siento estando con él, aquí, besándonos como si todo hubiese sido planeado.

Hace alrededor de 1 año

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#33

Capítulo 15: El mejor secuestro

Cuando despegamos los labios nos miramos, sonrío y sin dejarlo hablar lo vuelvo a besar, es como si necesitara más, más besos y más de él.

Ryan sonríe en medio del beso, donde se aplica nuevamente el estilo de efecto espejo.

–No me lo esperaba–dice.

Me rio aun con las frentes pegadas.

–¿Y tú crees que yo sí?–le pregunto.

Se muerde el labio y me besa esta vez con más ganas, antes lo hacía con delicadeza, como si yo fuese de papel y me pudiese romper, pero ahora lo hace más deseoso, haciendo que mis brazos se aferren a su cuello, mis pies se levanten aún más y sus manos bajen más.

Nuestras respiraciones son aceleradas y seguiríamos si mi teléfono no estuviera sonando justo ahora.

Me separo de él y atiendo.

–Emma tengo rato afuera ¿Por qué no has salido?–la voz de mi padre delata que está muy molesto.

–Ya voy–digo y cuelgo–me tengo que ir–digo acercándome otra vez a él y enrollando mis brazos en su cuello.

Me besa otra vez pero suavemente.

–Quédate otro rato–pide abrazándome más.

–No puedo, mi padre está afuera y está molesto–saco mi labio inferior.

–No te vayas todavía, por favor, quédate otro rato–insiste tentándome con sus labios sobre los míos, nos besamos otra vez.

–Tengo que irme–insisto.

Él sonríe.

–Está bien–acepta por fin.

Nos damos un beso corto y salimos de este pequeño laberinto en el que entramos.

Él se va con sus amigos, yo con los míos, me despido y salgo.

El auto de mi padre está allí afuera, siento que me va a matar, abro la puerta del copiloto y me monto, todo está en silencio.

Sin decir nada mi padre arranca el auto.

–Si así será en todas las fiestas, entonces no saldrás más, tu madre se preocupa, yo me preocupo y ninguno en la casa duerme, necesitamos que colabores y más con tu madre que está embarazada.

Coloco los ojos en blanco.

–Yo no lo hice con mala intención, para la próxima me voy con Nicole y ya, si tanto problema es para ustedes que yo salga–mi tono de voz es algo fuerte, tal vez por el alcohol que hace que me altere un poco, sin embargo yo dejé de tomar hace rato.

–No es eso Emma, sabes que en las horas de la madrugada es que pasan más cosas…–mi padre sigue hablando pero no le presto atención, ahora solo pienso en el beso, en mi primer beso que ha sido de película, de un cuento de princesas…ok ya, me fui, pero de verdad fue único–¿Entiendes?–me pregunta mi padre.

Ehhh…

–Si–respondo y llegamos a casa en silencio.

Nos bajamos, Roy nos recibe en la puerta y sube conmigo a mi habitación, me quito toda la ropa y me tiro a la cama como un tronco.

Me da sueño y también me da flojera de vestirme, así que así mismo caigo rendida.

Despierto, giro como cuatro veces en mi cama con tanta pereza que hasta mi perro bosteza, no me quiero levantar, pero no sé qué hora es y hoy quiero ver a Ryan porque ya se va mañana supongo. Agarro mi teléfono, lo desbloqueo y me sorprende por alguna razón ver un mensaje de Ryan, es la segunda vez.

Ryan: Buenos días Emma, hoy tengo practica hasta las doce del mediodía ¿Nos veremos hoy? Espero que sí, te escribo cuando salga de práctica, espero sigas durmiendo bien, un beso <3

Sonrío, un beso…si es como el de anoche lo acepto…ay Emma.

Pero veo otro mensaje de él, mierda ¿Qué hora es? Lo envió hace doce minutos.

Ryan: Creo que sigues dormida Jajajaja yo tengo sueño, no pude dormir nada, escríbeme cuando veas este mensaje o si quieres llámame.

¿Lo llamo? ¿Será? Bueno si, ya que tanto puede pasar.

Marco su número.

–¿Ryan?–digo cuando cae.

–Hola Emma–me saluda, casi puedo escuchar su sonrisa, esa que muchas veces me mostró anoche–¿Cómo estás dormilona?

No puedo evitar reírme como una tonta.

–Bien ¿Y tú qué tal? ¿Cómo te fue en la práctica?

–Bien, ya hoy fue la última, mañana nos regresamos a Estados Unidos.

Ahora que lo pienso ¿Y Nishta también es de estados unidos?

–¿Oye Nishta y Jerrod también se van?–le pregunto algo triste.

–Claro, Nishta vino coleada, pero todo el equipo la ama así que es fácil para nosotros tener que compartir con ella–explica.

No puedo evitar colocarme triste.

–No se vayan…–digo en voz baja.

Ryan se ríe al otro lado de la línea y suspira.

–No podemos, oye ¿Nos veremos hoy verdad? Necesito verte antes de irme.

Sonrío pero entonces caigo otra vez en cuenta como hace seis años atrás, que pasará mucho tiempo para volverlo a ver, así que mis ojos se llenan de lágrimas pero hago que se sequen rápidamente, no quiero llorar.

–Sí, sí, claro ¿A qué hora?–pregunto.

–Tú come, báñate y alístate, cuando ya estés completamente lista me llamas y te paso buscando enseguida.

–Está bien, entonces me voy, adiós–digo y cuelgo.

Abro la ducha para que el agua caliente comience a salir, me miro en el espejo y estoy hecha un completo desastre de verdad, me quito un poco el maquillaje regado en mi cara con el desmaquillante para que no me cueste tanto quitármelo cuando me bañe, cepillo mis dientes y ahora si me meto en la ducha.

Cuando termino de bañarme me arreglo de una vez y bajo.

–Mamá Emma ya despertó–dice Cami.

–Buenos días–digo pero recuerdo que ya es el mediodía–digo, buenas tardes–me rio.

–Aquí está tu desayuno ¿Qué vas a comer? ¿El desayuno o el almuerzo?–me pregunta mi madre.

Suspiro.

–Desayuno, ahorita me iré con Ryan, mañana se va a Estados Unidos–me siento en una de las sillas que están en la cocina y veo a mi madre cocinar.

–¿Por qué se va?–me pregunta.

–Recuerda que él vive allá, solo que vino un tiempo por los juegos–digo y mi madre coloca mi plato de desayuno frente a mí–gracias.

Comienzo a comer mientras Roy me pide comida, Cami habla de algo con mi madre y mi madre cocina escuchando a Cami.

–¿Y mi padre?–le pregunto a mi madre.

–Salió, hoy estaba libre pero ocurrió una emergencia en la comisaria.

Asiento.

–¿Qué pasó?–pregunto mientras cómo.

Mi madre se encoge de hombros.

–No me quiso decir–dice algo molesta.

Frunzo el ceño, que extraño, la última vez que pasó eso fue porque era un caso según mi padre “muy fuerte” aun no sé de qué se trata.

–Creo que me voy–digo dejando el plato en el fregadero.

–Eh, eh–dice mi madre.

Cierro los ojos y sonrío, sin decir nada me doy la vuelta y me acerco a lavar lo que dejé ahí, luego subo a mi habitación y le aviso a Ryan que me venga a buscar.

Unos minutos después llega, me despido de mi mamá y de mi hermanita, salgo, me monto en el auto y cierro la puerta.

Lo miro y sin decir nada él se acerca a mí, me agarra la cara y me besa, es un beso de juntar labios solamente, pero aun así me hace sentir cositas en el estómago, tal vez nervios y felicidad en un solo sentimiento.

–Hola–me saluda estando a centímetros de mi cara.

Sonrío.

–Hola.

– ¿A dónde quieres ir?–me pregunta.

Me rio.

– ¿Soy yo quien invitó? Elige tú, con tal de que sea contigo está bien.

Ryan me mira tiernamente y me sonríe.

–Está bien, entonces…–piensa un poco–mejor vamos y ya–se ríe y arranca el auto.

– ¿A dónde se supone que vamos?–le pregunto.

Se ríe.

–Tú dijiste que yo elegía–dice y me mira pícaro.

Es cierto.

–Con tal de que no me secuestres, todo bien–digo bromeando.

Se queda callado.

– ¿Pasa algo?–le pregunto.

Niega con la cabeza y sonríe.

–Esto me dice que será un secuestro–digo aun bromeando.

Me mira con cara de pocos amigos pero luego sigue riendo.

Llegamos poco después a un lugar que parece un parque, pero no hay gente, está solo, es como un lugar de relajación…así lo siento yo.

Nos bajamos, la brisa aún sigue siendo fría por el tiempo de lluvia, me estremezco y volteo a mi izquierda donde Ryan está parado observándome.

–Hola–digo riendo porque fue un momento incómodo.

Evita reírse y mira a otro lado, luego rodea el auto y se quita la chaqueta que carga puesta.

–¿Frio?–me pregunta pasándomela.

Sonrío, asiento y me ayuda a colocármela.

Dios, parece una de esas historias de amor que vemos en las películas.

Me agarra de la mano entrelazando sus dedos con los míos, me besa en la mejilla y comenzamos a caminar en silencio.

–No quiero que te vayas–digo, Ryan me mira y frunce los labios–desearía que te quedaras conmigo.

Si supiera todo lo que yo soñé por estar caminando de la mano con él, así, de esta misma manera, solo con algunas palabras, el silencio relajante, el ambiente frío, yo con su suéter, parece todo tan perfecto…que sé, que lo que lo arruina es que se tenga que ir.

Nos detenemos frente a un lago, bastante grande y parece que se une con otro lugar a lo lejos, un lugar grande, de verdad no sé en donde estamos, jamás había venido aquí.

Sus manos agarran mi rostro, así que me hace mirarlo a sus ojos verdes, potentes, llenos de algo que aún no logro descifrar, ya pude con una parte, pero aún queda más.

–Yo desearía secuestrarte y llevarte conmigo a Estados Unidos–dice–poder tenerte conmigo todos los días, poder levantarme y saber que estarás ahí, salir de casa sabiendo que te quedas durmiendo–sonríe–o a veces verte en mis partidos, salir en las tardes a caminar y hablar de nuestro día, verte estudiar mientras veo la tele, verte hablar con mi familia, jugar con mi hermanita, escucharte reír siempre cerca de mí, besarte cuando quiera…–se queda callado un momento, solo nos miramos, entonces sus ojos se cierran, no dudo en hacerlo yo también y sigue–escucharte mientras te quejas de la vida como buena adolescente que eres, escucharte llorar por las noches por cualquier cosa que las chicas lloran…

–Escuchar cómo me cuentas tus triunfos–hablo ahora yo, abro los ojos, me está mirando algo sorprendido, como si no se hubiese esperado que yo hablara, sonrío y cierro los ojos–o verte como los logras, sentarnos en el patio...

Hace alrededor de 1 año

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#34

...a comer la merienda en familia, que lloremos juntos, que riamos juntos, que discutamos por una estupidez y nos reconciliemos a los minutos–me rio–hacerte cosquillas hasta que no puedas respirar de la risa–siento como la respiración de Ryan está cada vez más cerca.

–Poder decirte que eres lo más bonito que me ha pasado en la vida–susurra cerca de mi mientras baja sus manos a mi espalda, sonrío aun con los ojos cerrados–poder…–se ríe–eso lo dejamos para después.

Abro los ojos y me rio ¿Qué estaba pensando?

Lo veo tan cerca de mí, mi corazón para no perder la costumbre, acelerado, me empuja hacia él, mis manos las coloco en su cuello, nuestras frentes chocan y me atrevería a jurar que así podría estar toda la tarde, en silencio.

–Sería el mejor secuestro–digo en voz baja.

Enseguida sus labios se juntan con los míos, yo abro la boca y me dejo llevar nuevamente por sus besos, mis ojos cerrados, imaginando tantas cosas que probablemente jamás pasarán, sus besos se hacen más fuertes y rústicos, pero me gustan, hasta sus besos son hermosos de cualquier manera.

–Dios–dice separándose de mí y respirando fuertemente.

Lo miro, también estoy respirando así ¿Cómo un beso puede hacernos esto? Bueno…depende.

– ¿Qué?–le pregunto.

No me responde, solo se abalanza sobre mí y me besa otra vez, sus manos bajan hasta mi trasero y por alguna razón no me da el maldito ataque de pánico que me da siempre, sino que siento algo distinto ¿Cómo se le dice a esa sensación de querer más? donde no te importa nada, solo quieres estar con esa persona y…no lo sé, es mejor que deje de pensar tanto.

–Quiero…–dice pero no termina.

Lo miro, tiene los ojos fuertemente cerrados.

Frunzo el ceño.

–Ryan… ¿Estás bien?–le pregunto acariciando sus mejillas.

Él niega con la cabeza.

– ¿Por qué eres tan chiquita?–me pregunta y se ríe forzado.

Sonrío de medio lado.

–Quisiera ser lo suficientemente chiquita para no entender–digo y él se ríe.

Me da un beso corto.

–No te volveré a besar–me amenaza con su dedo índice.

Abro la boca como si estuviese disgustada…y la verdad ¡Sí! ¡¿Cómo que no me besará?!

– ¡¿Y por qué?! ¡Yo no hice nada!

Se ríe, me agarra la mano y me hala para que sigamos caminando.

–Claro que sí, tú haces todo–explica relajado–si no besaras tan bien fuese mejor.

Alzo una ceja y lo miro.

– ¿Qué?–me pregunta divertido.

Me rio.

–Entonces beso bien–digo ahora divertida.

Se muerde el labio.

–Muy bien…créeme.

Miro hacia otro lado y me rio.

– ¿Ahora a donde vamos mi secuestrador favorito?

– ¿Tienes otro?–me pregunta sonriendo.

Evito reírme.

–Eres un ridículo–entre cierro los ojos y le saco la lengua.

–Sentémonos aquí–dice señalando el pasto–no está mojado, por lo menos por ahora–mira al cielo y nos sentamos–y cuéntame ¿Qué hay de nuevo?

Suspiro.

–Nada, solo que te vas y no quiero que te vayas–hago puchero.

–Nos veremos pronto.

Eso espero…

Comenzamos a hablar de que quiere comenzar a estudiar y que al parecer se lo dirá a sus padres, también hablamos de Manuela Serrano, de quien no me acordaba que existía hasta que me la nombró, me dijo que de casualidad vive cerca de él, porque sus padres la conocen desde que ella era una niña, así que la ayudaron a conseguir casa en estados unidos.

–Emma…–me dice luego de un largo silencio.

Estoy recostada en su hombro, mirando el paisaje.

–Dime.

– ¿Puedo saber quién fue?–pregunta entrando en un tema que por lo visto no sabemos llevar.

Suspiro.

–Si te digo, prométeme que no me sacaras más el tema, de verdad ya no quiero hablarlo, viste como me coloco–nos miramos, él solo asiente–Mark–digo y tan solo recordar su nombre es horrible.

Ryan no dice nada, solo baja la cara y veo como se tensa.

–Ya olvídalo Ryan, ya pasó, no podemos arreglar nada–digo agarrando mis piernas como si tuviera miedo y siéndome sincera, siempre tengo miedo cuando hablo de eso.

Ryan me mira y veo sus ojos llenos de lágrimas.

–No…–digo ahora nerviosa, me acerco más a él y lo abrazo, haciendo que su cabeza quede en mi cuello, cuando saca la cabeza me agarra la cara.

–Pensar en el daño que te hicieron, el dolor que sentiste y…estar tan cerca sin poder avisar a nadie…me duele, me duele pensar que por culpa de ese desgraciado tu vida cambió, me duele saber que te hicieron daño–cierra los ojos–te aseguro que conmigo no sentirás ese temor…–me mira–Emma, no te haré daño y no permitiré que te lo hagan, no mientras yo pueda estar ahí para evitarlo.

Sonrío.

–Lo sé–me acerco a besarlo, este beso es más suave y lento.

–No te volvería a besar–dice y se ríe.

Me rio.

–Ups–digo divertida.

Comienzan a caer gotas.

–Es mejor que nos vayamos–dice Ryan levantándose, me ayuda a levantar y nos vamos al auto, nos sentamos ahí y la lluvia revienta fuertemente.

Lo miro, está mirando hacia al frente, no sé cuánto tiempo pasa, pero estamos en silencio, agarrados de las manos, viendo la lluvia caer, no sé en qué pensará, pero de verdad me siento bien estando con él.

–Tus silencios son cómodos–digo y eso lo hace voltear hacia mí.

–¿Hum?–se pregunta evitando reírse.

Coloco los ojos en blanco.

–Me refiero a que hay silencios incómodos y silencios cómodos, pues los tuyos son cómodos, me haces sentir bien–sonrío con timidez.

Truena fuerte, Ryan mira hacia fuera y me sonríe.

–Es un buen día para estar en la cama–frunce los labios–pero juntos claro.

Una sensación extraña pasa por mi estómago y luego otra más extraña por mi cuerpo.

Espera ¿Me estoy sonrojando? Ay no, que mal.

Ryan se ríe por mi reacción.

–Te llevaré a casa–enciende el auto y nos vamos.

Coloca música y comienza a sonar música clásica, me extraña que no la cambie, pero tampoco se lo diré, no es que sea mi favorita, pero de todos modos es relajante.

– ¿Te gusta la música clásica?–me pregunta.

Lo miro.

–Es relajante ¿Y a ti?

Se encoje de hombros.

–Es relajante–sonríe.

Eso me hace sonreír también.

Hablamos de que tenemos hambre, pero llegamos a mi casa.

– ¿No quieres bajarte? Podríamos comer algo, claro, sin arranques locos–coloco los ojos en blanco y me rio.

–No lo sé, me da pena con tus padres, salí tan horrible ese día que de verdad me da mucha pena.

–Mi papá no está, solo está mi madre y mi hermanita.

–Hummm, no lo sé, mejor no, yo comeré por ahí y así les llevo a Nishta y a Jerrod, me mandaron un mensaje hace ratito.

Sonrío sin muchos ánimos.

–Está bien, que tengas un buen viaje campeón–le digo y me inclino a besarlo, pero él me agarra por la cintura y me hala, mi cuerpo no es muy grande y puede pasar fácilmente por encima de todas las palancas y todas estas cosas que llevan los carros, así que de un momento a otro estoy sobre su regazo, besándolo como si jamás hubiese probado sus labios.

– ¿Cómo llegué aquí?–le pregunto riéndome.

Me vuelve a besar, siento…ay no ¿Eso es su…? ¿Qué? Me tengo que ir, demasiado contacto físico por hoy y por siempre.

–Ryan, me voy–digo cortante alejado mi cara de él, pero me agarra por la cintura, evitando que pueda levantarme–Ryan…–lo miro asustada, mi corazón late ahora de miedo y ahí es cuando él lo nota, enseguida me suelta y me bajo lo más rápido que puedo.

Siento un nudo en la garganta, quiero llorar por alguna razón, escucho los pasos mojados de Ryan detrás de mí, nos estamos mojando con la lluvia, Ryan me alcanza y me detiene por un brazo agarrándome fuertemente, pues solo ese simple acto de fuerza hacia mi hace que todo empeore y mis lágrimas comiencen a salir.

Él me suelta y me mira nervioso, yo me tapo la cara mientras lloro como una bebé.

–Lo siento…yo…–trata de hablar pero no puede, así que me abraza y me acaricia la cabeza suavemente–Emma lo siento.

Escucho que abren la puerta.

– ¡Emma, Ryan, se están mojando!–grita mi madre preocupada, volteo y la veo correr hacia nosotros con un paraguas en la mano.

– ¡Mamá no corras, puedes resbalar!–digo nerviosa, ella llega hacia nosotros y Caminamos hacia la puerta dentro del paraguas.

Roy nos recibe alegre como siempre, nos secamos un poco y Camila nos trae unas toallas de baño.

–Gracias–decimos los dos al mismo tiempo.

Cami sonríe y se va.

– ¿Tienen hambre?–nos pregunta mi madre.

–Emm…

–Sí, los dos tenemos mucha hambre–hablo por Ryan también.

Ryan me mira entrecerrando los ojos.

–Me debías una–digo en voz baja–tendrás que aprender a jugar conmigo.

Él arquea las cejas sorprendido.

–Mamá vamos a subir a mi habitación mientras nos preparas algo.

Ella nos mira, Ryan sonríe angelicalmente así que mi mamá asiente sonriendo, bingoooo, cuando quiera conseguir algo le diré a Ryan que venga a Grecia, le sonría a mi mamá y listo.

Subimos, entramos a mi habitación y nos sentamos en el suelo para no mojar nada.

–No puedes jugar así conmigo–le digo–sabes que es muy delicado–mi mirada es hacia el suelo.

–Lo siento Emma, de verdad…pero es que tú me provocas, me provocas a hacer cosas que sé que no puedes hacer–se encoge de hombros–entiéndeme, soy hombre y soy adolescente.

Me rio.

–Ya casi eres un viejo, relaja las hormonas Ryan–sigo riéndome.

–Uy si, casi cincuenta años–se burla de él mismo y se ríe.

Me agarra la mano, se la lleva a sus labios y le da un beso suave.

–De verdad lo siento–sigue disculpándose.

Tuerzo los labios.

–Está bien–digo en voz baja.

–Que bipolares somos–dice y comenzamos a reírnos como locos.

–Oye si, demasiado ¿Qué tipo de personas somos?

Nos reímos otro poco hasta que suspiramos y nos quedamos callados.

–Listo chicos–grita mi madre.

–A comer–digo levantándome, Ryan me sigue y bajamos.

Hace alrededor de 1 año

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#35

Capítulo 16: Es falso

Luego de que comimos Ryan se fue, realmente me dolió mucho, otra vez estaríamos lejos, sin poder abrazarnos, hablar frente a frente y poder sentir ese silencio cómodo que yo siento…pero no puedo hacer nada, ahora mismo estoy en el café, ya llevo tres días trabajando, hoy es jueves, así que es el cuarto día, realmente la paso bien, trabajo literalmente con puros chicos, porque las chicas son las que cocinan, en cambio los hombres sirven más en caja o sirviendo a la gente…al igual que yo realmente, yo no sirvo para cocinar.

–Emma mesa tres–dice Sergey, el chico de caja.

Asiento y voy hacia la mesa con el menú y mi mini blog de notas.

–Buenas, aquí tiene el menú–digo entregándole a la chica y al chico el menú.

–Gracias, cuando tengamos pensado que vamos a pedir la llamamos–dice el chico amablemente.

Sonrío.

–No hay problema–digo y me retiro.

Me acerco a caja, pero Sergey hace una seña de saludo hacia la puerta sonriendo.

–Ya llegó el alboroto del café–dice Sergey riendo.

Volteo y es Matt, con su mejor ropa y estilo de entrar.

Todas las chicas del café lo miran, incluyéndome ¿Cómo puede atraer tanto? Aparece y pareciera que entra un ángel.

Se acerca a mí y me abraza fuerte.

–Hola preciosa–dice y entra al lado de la caja para saludar a Sergey y a otro compañero.

Las chicas me miran con cara de demonio…ups.

Me rio, la pareja me llama, tomo el pedido, lo llevo a la cocina, recojo los restos que dos chicas dejaron en la mesa cinco, los llevo a la cocina y así se pasa el día, solo que hoy Matt está aquí; no había venido en toda la semana, él ya me explicó que no siempre viene, pero es divertida su presencia en el café.

Cuando ya casi no hay nadie y comienza a anochecer, todos los empleados nos sentamos en la mesa cuatro ¿Por qué la cuatro? No lo sé, es la que más nos gusta.

–Bien, hoy el tema será “Los Britney´s”–dice Pedro, nuestro otro compañero.

Todos nos reímos.

–¿Qué estilo de conversación es esa?–pregunto riendo.

Britney que se golpea la frente me mira.

–Oh cariño, no querrás saber–dice Britney.

Me rio.

–Oh vamos Britney, habla, esa historia es muy divertida–la anima Sergey.

Britney comienza a contar una historia de tres hombres–Transgéneros–que la amaban, querían ser como ella…los entiendo, Britney es hermosa, realmente no presto atención a la historia, me pierdo en mis pensamientos.

Yo hablo con Ryan cada vez que regreso del trabajo, a veces ya está dormido, se acuesta temprano por el béisbol, es difícil hablar con él, pero bueno, lo poco que hemos hablado ha sido bien.

Todos ríen y yo sigo en mi mundo.

– ¿No te gustó la historia Emma?–me pregunta Matt.

Lo miro.

–No, no es eso, estoy cansada–digo y sonrío.

–Es cierto chicos, es hora de cerrar–anima Pedro.

Frunzo los labios mientras todos se levantan. Matt se sienta a mi lado un momento.

– ¿Algo anda mal?–me pregunta.

Niego con la cabeza, él asiente y se va.

Me levanto, busco mis cosas y poco después me voy, hoy ha habido mucha clientela, estoy muy cansada, así que apenas llego a casa me acuesto a dormir.

Despierto, creo que el hambre me pegó ¿Qué hora es? Miro la hora, son las once en punto, pero hay ruido abajo, abro la puerta cuidadosamente y escucho que mis padres hablan.

–Pero no podemos tampoco dejar que salgan solas amor, no quiero exponerlas por ahí sabiendo todo esto–dice mi padre.

–Lo sé cariño pero tampoco podemos decirles, además, Emma se traumatizará más de lo que ya está, ya es suficiente de todo esto, necesitamos que ella olvide eso y siga con su vida.

Hay un silencio.

¿De qué hablan? ¿Por qué hablan de mi trauma? ¿Qué sucede?

– ¿Qué no nos pueden decir?–escucho que alguien me susurra, enseguida me asusto, volteo a la habitación de mi hermana y está Camila despierta escuchando también.

–Se despertaron, es mejor que lo hablemos luego–dice mi madre.

Le hago seña a Camila de que corra a su cama, yo hago lo mismo.

–Niñas, las escuchamos–dice mi madre mientras sube las escaleras.

Mi padre entra a la habitación de mi hermana y ella comienza a reírse, mientras yo me hago la dormida.

–Emma–dice mi madre, abro los ojos y la miro.

–Hola mamá, tengo hambre–me rio.

Ella coloca los ojos en blanco y luego se ríe.

–Bajen a comer, no cenaron ninguna de las dos–dice mi madre, asiento y salgo.

Aun quiero que me aclaren eso, pero será mejor que lo hablemos mañana.

Un mes trabajando, un mes sin ver a Ryan, un mes de desastre…no, en serio, ha sido el peor mes de todos, pues al día siguiente de aquella noche cuando escuchamos hablando a mis padres de algo que no entendíamos, les pregunté y me dieron la peor noticia de todas: Mark está aquí en Lárisa, pero eso no es lo peor, lo peor es que ha abusado de dos niñas ya…justo de ocho años las dos. Es muy triste, es un sádico de mierda, he entrado en pánico muchas veces, cuando salgo con mi hermana al parque y de repente se pierde, lloro como una loca hasta que Camila aparece asustada porque no sabe qué me pasa, he estado asustada en la calle, con miedo de volverlo a ver, sus malditos ojos de maldad…lo odio tanto. Por otro lado no he hablado con Ryan desde hace como una semana y media, he estado yendo una vez a la semana a donde mi doctora, que por cierto hoy me toca, no quiero ir pero a la vez sí, mi madre ya tiene seis meses de embarazo y ya le colocaron nombre a mi pequeña hermana: Dayana Aline, querían algo distinto a nuestros nombres–el de mi hermana y el mío–y si, consiguieron algo distinto a nuestros nombres.

Tengo demasiada flojera, pero hoy sábado tengo que ir a consulta…que vida tan fastidiosa.

Tocan mi puerta.

–Adelante.

Cami pasa con sus pies descalzos, enseguida se los señalo.

–Emma–dice con los hombros hacia abajo y carita triste.

Niego con la cabeza.

–Ve y te las pones–digo.

Ella bufa y se va, cuando regresa tiene sus sandalias puestas.

– ¿Feliz?–me pregunta señalando sus sandalias.

Me rio y abro los brazos para que venga y me abrace.

Coloca los ojos en blanco y me abraza.

–Mamá dice que no irás hoy a consulta–dice mirándome mientras sus brazos me abrazan el torso.

Sonrío y le doy un beso salivoso en la frente.

Ella se aleja asqueando.

– ¡Se lo voy a decir a mi mamá!–dice molesta y sale de mi habitación.

Me rio y me acuesto en la cama otra vez, no pasan ni dos segundos.

– ¡Emma!–grita mi madre.

Coloco los ojos en blanco ¿De verdad se lo dijo?

– ¡Solo le di un beso!–grito riendo.

Escucho como mi madre habla con Camila y yo solo me rio.

A veces tengo que reírme de todo, es la única manera de no deprimirme.

UN MES DESPUÉS

Ryan anda perdido, me contesta de vez en cuando, me dice que está ocupado y desaparece, luego le vuelvo a escribir, tarda en responderme, cuando responde me dice que está ocupado y así sucesivamente, ya no le he escrito más, tengo una semana sin hablar con él, ya han pasado dos meses desde que se fue y dos meses desde que empecé a trabajar, mañana comienzo a estudiar, mis vacaciones acabaron, pero no dejaré de trabajar, ya me acostumbré a estar con esta gente y me siento bien estando con ellos.

Estoy sentada en el sofá con mi hermana cuando tocan la puerta.

–Voy–digo levantándome rápidamente.

Mi madre salió y mi padre sigue trabajando, nunca para por dios.

Me asomo por la mirilla, no hay nadie, ok, esto es raro.

–¿Quién es?–pregunta Camila apareciendo detrás de mi.

Me encojo de hombros.

–No hay nadie–digo.

Camila me mira algo ¿Preocupada?

–No abras, mamá dice que no abramos a desconocidos–dice–y mi papá ni se diga.

Miro otra vez por la mirilla, no veo nada, así que caminamos juntas hacia la sala pero nos detenemos en seco cuando escuchamos gritar a una niña, pues comienzan a darle golpes fuertemente a la puerta gritando que la ayuden.

Camila se pone nerviosa, se paraliza, así como si hubiese pasado un muerto.

Corro hacia la puerta.

– ¡NO ABRAS!–grita Camila.

Sin hacerle caso abro la puerta y una niña cae a mis pies llorando, la halo hacia adentro y cierro la puerta con llave y todos los seguros.

– ¡Cierren todo! ¡Cierren todo!–grita la pequeña llorando en el suelo.

– ¡Camila ayúdame!–grito y comenzamos a cerrar las ventanas como locas, ella sube y cierra las de arriba por si acaso, pero mi corazón se paraliza cuando escucho la puerta de atrás…maldita sea…la puerta del patio.

La niña comienza a gritar, pero recuerdo que la puerta de atrás es más difícil de abrir porque es doble, así que corro enseguida y veo a un hombre forzando la puerta, le pongo el candado de seguridad que mi padre le hizo, también coloco muchos obstáculos.

– ¡LLAMA A LA POLICÍA! ¡LLAMA A MI PADRE!–grito a Camila que llega detrás de mí llorando.

Enseguida reacciona y se va a la cocina a llamar.

Entonces cuando no sé qué hacer ya, miro al hombre que tiene una pañoleta que tapa su boca y su nariz, solo le puedo ver los ojos y enseguida lo reconozco, solo hace falta verle los ojos a alguien para reconocerlo.

–No…–digo caminando hacia atrás.

De repente se detiene y deja de forzar la puerta para mirarme, me mira de arriba abajo, golpea la puerta tan fuerte que le hace unas grietas al vidrio, pero luego se va.

–Ya vienen para acá–dice Camila secándose las lágrimas pero a la vez llorando.

La abrazo aún en shock y caminamos hacia la pequeña que sigue llorando en el suelo.

–Ya…ya pasó–digo acariciando su cabello castaño.

Un minuto después se escucha como las patrullas llegan, abro la puerta y un grupo se mete en la casa para inspeccionar, ya les dije que se fue, pero es deber de ellos inspeccionar.

Mi padre llega y nos abraza, ahí es cuando comienzo a llorar, todo el miedo acumulado sale por mis ojos. Lo vi, vi a Mark, el hombre que más detesto en todo este mundo.

– ¿Era él?–me pregunta mi padre.

Asiento contra su pecho.

Escucho la voz de mi madre preocupada.

–Dios mío ¿Qué ha pasado?–pregunta al entrar.

Camila la abraza.

–Vino hasta aquí–responde mi padre...

Hace alrededor de 1 año

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#36

... y mi madre se queda en silencio.

–Tenemos que sacarlas de aquí–dice mi madre angustiada–no se pueden quedar aquí, ya sabe en donde vivimos.

Mi padre piensa un poco.

–No podemos alejarlas ¿A dónde las mandaríamos?

–Estados Unidos–digo enseguida–allá estaremos bien.

Así como cuando me aprovecho de la situación para ir a Estados Unidos y ver a Ryan.

Mi madre me mira entrecerrando los ojos.

– ¿Qué se supone que quieres ver en Estados Unidos? Ni siquiera pensaste mucho en decirlo–mi madre sigue mirándome con cara obvia.

Me rio y me seco la cara, ya pasó el susto porque estoy pensando en Ryan.

–Está Ryan, él nos puede cuidar, su casa es grande y su familia mucho más, podría hablar con él–me encojo de hombros.

Mi padre mira a mi madre.

–Me parece buena idea, el joven me cae bien y puedo confiar en él, se ve que es de una buena familia–opina mi padre.

Mi madre no dice nada.

–¡A mí me gustaría!–dice Cami–Ryan me cae bien desde que tengo cinco años.

Me rio.

–Déjenme pensarlo–dice mi madre–pero es mejor que sea lo más pronto posible.

–Deberías decírtelo a ti misma, ya mi papá dijo que si–digo–piénsalo lo más pronto posible.

Rato después los hombres se van de nuestra casa, comemos y nos sentamos en la sala principal.

–Bueno, mañana mismo iré a comprar los pasajes, se van a estados unidos con o sin Ryan–dice mi madre.

Sonrío, no digo nada solo subo a mi habitación y llamo a Ryan.

–Emm ¿Si?–pregunta al responder.

– ¡Hola! Soy yo Emma, sabes que tengo una buena noticia y mala a la vez, pero necesito tu ayuda.

– ¿Con quién hablas amor?–escucho la voz de una chica al fondo.

–Te llamo luego ¿Si?–dice y cuelga.

Miro el teléfono y mi humilde corazón se rompe a pedacitos…ese pensamiento de cuento de hadas en donde el chico te será fiel así ya no hables, así estén lejos y literalmente no se pueda llevar una relación, es completa y absolutamente FALSA, todo es FALSO. Pude haberlo pensado antes y si lo pensé pero no lo creía capaz, o tal vez tenía la esperanza de vivir una novela…sin embargo ¿De qué me quejo? Si nunca fuimos algo.

De todas maneras duele, solo han pasado dos meses y ese “Amor” que me tenía ¿Desapareció? Todos los hombres son iguales.

Bajo, me duele pero aún me siento fuerte.

–Mejor nos quedamos sin Ryan ¿A dónde iremos?–les pregunto.

–Kansas City, se supone que allí es donde vive él ¿No?–habla mi padre.

–Sí, pero no estaremos con él–digo seca.

Mi madre me mira sospechosa.

–¿Pasó algo?–pregunta mirándome y sobándose la panza.

–No–respondo seca–creo que me iré a dormir–digo y me voy nuevamente.

Hace alrededor de 1 año

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#37

Capítulo 17: Tenía que ser el béisbol

Hoy es el viaje, hace tres días que sucedió aquello y mis padres nos tenían a mi hermana y a mi literalmente en una jaula, no nos dejaban salir de nuestras habitaciones, pero por fin salimos y estamos en el aeropuerto esperando a que el avión llegue. Mis padres tuvieron que quedarse del otro lado, pero no se han ido, quieren quedarse hasta que el avión salga.

– ¿Y en los aviones dan comidas?–me pregunta Cami.

Asiento.

– ¿Y no vomitaremos si comemos volando?

Niego con la cabeza.

– ¿Y si…?

–No se Camila, no sé, espera a montarte y cállate–digo estresada.

Siento que me mira así que volteo a mirarla también, no me dice nada, solo me mira.

– ¿Qué?–le pregunto para que hable.

–No es mi culpa que estés de mal humor, siempre matas el mal humor con alguien que no tiene la culpa–dice seria, se levanta y va hacia los ventanales del aeropuerto.

Solo la miro.

¿Cómo mi hermana menor puede tener tanta razón? Suspiro.

Ryan nunca me volvió a llamar, tampoco quiero que lo haga, lo único que me preocupa es conseguírmelo en Estados Unidos, de todos modos el lugar es muy grande, no creo estar justamente en donde él vive.

Mi madre me dijo que estaremos en una casa, pues allí hay un alquiler de dos habitaciones y hay personas de servicio que se hacen cargo de nosotras, algo así como niñeras, espero llevarme bien con esas personas.

Llegamos, luego de un largo viaje llegamos sanas y salvas, un hombre nos recibió en la salida del aeropuerto y nos llevó a una hermosa casa, es extraña, es dividida en tres partes, la entrada principal queda a un lado, subiendo las escaleras y llegas a la sala principal, tiene un estilo de segundo piso pero también tiene otro abajo, en total son como tres pisos, la casa es cómoda, no es tan grande pero tampoco tan pequeña, una familia de cinco personas cabrían aquí perfectamente bien.

Por otro lado Camila no me ha dirigido la palabra, solo me hace caso cuando le digo algo pero no me habla.

La señora de servicio es morena, pero es hermosa, pareciera la dueña de la casa, sabe en dónde queda todo perfectamente, cómo se llama cada cosa y me cuenta las historias de los objetos que hay en la casa, así que supongo es de ella y alquila dos de las habitaciones, se llama María Abbott.

–Bueno, esta será tu habitación, la de tu hermana será la de abajo, allí es más cómodo para que haga sus cosas–sonríe.

Le sonrío a María.

–Gracias María.

–No hay de qué, si me necesitas normalmente estoy en la cocina o en la sala, en la noche es que me voy a la habitación.

Asiento y ella se va.

Entro a mi habitación nueva, se ve cómoda, es linda y sencilla a la vez, suspiro, realmente no quiero estar aquí ahora mismo, quiero salir a caminar, es temprano aquí en Estados Unidos, son como las cinco de la tarde, además dormí mucho en el camino.

Me cambio la ropa y voy a la cocina en donde se encuentra sentada María.

–Hola–digo–saldré un rato a caminar, no iré muy lejos.

Ella me mira y asiente.

–Está bien, no tardes, ahorita comenzaré a hacer la cena.

–Ok–digo y salgo de la casa, comienzo a caminar por las calles de Stayton Meadows.

Ahora mismo lo que me preocupa más es mi colegio, pues perderé muchas clases, pero no le puedo hacer nada.

Veo a muchos chicos en las calles, todos con mochilas, debe haber un colegio cerca entonces, uno de los chicos se me queda mirando y me asusta ver que camina ahora hacia mí, mejor me voy.

Comienzo a caminar rápidamente al sentido contrario, pero me sigue.

–Hey–dice–Hey preciosa no corras–insiste–oh vamos ¿A caso no eres de aquí?

Me detengo y lo miro, él hace lo mismo.

–No te incumbe eso–digo en ingles claro, desde pequeña lo sé hablar, ya lo hablo como si fuese mi idioma, que por cierto no lo utilicé con Ryan porque él habla Griego por supuesto, es nuestro idioma de nacimiento.

–Woow bonita, eres un poco amargada–dice arrugando la cara.

–Déjala en paz Bill, tú asustas a todo el mundo–dice una chica morena caminando hacia nosotros con dos chicos más.

Ella me sonríe.

–Hola, mucho gusto, mi nombre es Shaleen Hollins–se presenta.

Maldición, tenía que tener justo el mismo apellido que Ryan, gracias a dios y no se parecen en nada…si soy estúpida, Ryan es adoptado, pero igual, él me habló de dos hermanas grandes y una pequeña, ninguna está en la edad de esta chica.

¿Qué mierda pienso? ¡Aléjate de mi mente Ryan!

–Yo soy Bill Spencer, déjame presentarme como debe de ser y no persiguiéndote.

Me rio.

–Me llamo Emma James–me presento–un placer.

Ellos me sonríen.

–Por cierto él es Sly–dice Shaleen señalando a uno de los chicos que venían detrás de ella y andan en bicicleta, este es gordito y tiene los ojos marrones, así como ella, solo que él es de tez blanca.

–Hola–me saluda dedicándome una sonrisa de boca cerrada.

–Y él es…–intenta decir Shaleen pero el chico que es súper delgado y alto la interrumpe.

–Yo tengo boca Shaleen–dice mirándola con cara de pocos amigos, luego me mira a mí–soy Alec James–se presenta–un placer.

Le sonrío.

–Tenemos el mismo apellido–digo y me rio.

Él coloca los ojos en blanco y asiente.

–Nuestro apellido es uno de los más sonados aquí en Estados Unidos ¿De dónde vienes?–me pregunta.

–Grecia.

Ellos se miran entre sí.

– ¿Y qué haces aquí?–me preguntan Bill y Sly.

–Larga historia–digo arrugando la cara–¿Estudian por aquí cerca?–les pregunto.

–Si, en la secundaria Raytown Middle School.

Alzo las cejas.

–Oh, yo vivo por aquí cerca, probablemente los vea todas las tardes cuando ustedes salgan y yo pasee.

Shaleen me sonríe.

–Me parece bien, nosotros nos venimos siempre por aquí porque también vivimos cerca ¿Cuánto tiempo llevas mudada?–me pregunta Shaleen.

–Acabo de llegar hoy–respondo sonriendo.

–¡Qué bien! Eso significa que lo más seguro es que estudies con nosotros.

Niego con la cabeza.

–Solo vengo por un tiempo, luego me voy a Grecia otra vez.

–Oh…ya.

–Bueno, tenemos que seguir o mi madre me matará si llego tarde–dice Bill–espero volverte a encontrar Emma.

Le sonrío de boca cerrada.

–Adiós Emma–se despiden todos de mí y siguen sus caminos.

Suspiro, tengo que volver a casa.

Me doy la vuelta y sigo mi camino, ya hice amigos y es el primer día, por lo menos comencé bien.

Estoy entrando en sueño cuando suena mi teléfono, gruño y lo agarro con rabia, no odio más esto porque no puedo.

–¿Qué quieres?–pregunto sin siquiera ver el nombre.

–Lo siento, de verdad, te dije que te llamaría pero se me pasó y…–miro el nombre. Mierda es Ryan–solo lo siento.

–Vete a la mierda y déjame dormir–digo molesta, cuelgo y apago el teléfono.

Me acuesto de golpe y ahora estoy molesta, por lo tanto no puedo dormir porque pienso mucho.

¿No podía llamar antes? Justo a las once de la noche.

Agarro aire, suspiro y me quedo dormida en cuanto puedo.

Mi hermana está jugando abajo, mientras yo veo la tele en la sala, cuando me desperté en la mañana tenía siete intentos de llamadas de Ryan, no se las devolví, si no le importe antes no tiene sentido importarle ahora.

–Mamá llegué–escucho que dice un chico entrando a la casa.

Mierda ¿Quién es ese?

Me levanto del sofá enseguida, el chico se asoma a la sala y se queda quieto cuando me ve, es moreno, alto y sus ojos son muy oscuros, también tiene anteojos.

Frunce los labios.

–Emmmm ¿Y María?–me pregunta.

–Ehh…–me quedo pensando.

¿Dónde está María?

–Hola hijo–dice María subiendo las escaleras de la parte de abajo.

Ah, ahora todo tiene sentido, es su hijo, él es el de la foto que vi cuando entré.

Termina de pasar y veo su uniforme, es de béisbol ¿Por qué todo me recuerda a Ryan? ¡YA NO MÁS POR FAVOR!

Se abrazan.

–No sabía que tenías alquilados ahorita–le dice en voz baja–quería quedarme pero bueno.

–Te puedes quedar, tú tienes tu propia habitación–dice María.

–Si…–hace mueca de disgusto–pero sabes que no me gusta molestar.

–Gabriel, solo porque pasó una vez no volverá a pasar–le dice María seria.

¿De qué hablaran? Él solo niega con la cabeza mirando a otro lado.

–Te presento a Emma–dice María–se queda con su hermanita.

Gabriel me mira, me sonríe de boca cerrada y luego mira a la mamá.

–Me voy–dice–quería saludarte–la besa en las mejillas.

–Dijiste que te querías quedar–María lo agarra por los brazos.

–Mamá ya lo hablamos–dice serio.

–Nunca estás conmigo, siempre te vas.

Qué momento tan incómodo; él suspira fastidiado.

–Me quedaré solo una noche.

La madre lo abraza, ella es mucho más pequeña que él, pero son idénticos.

Gabriel me mira de arriba abajo, suspira, le da una palmadita en la espalda a su madre y luego se va a la cocina.

–Déjalo, él es así–dice María sonriéndome con ternura.

Le sonrío también.

–Emma, mira lo que hice–dice Cami mientras sube por las escaleras mostrándome una casita de lego.

Que bien, ya me habla, se acerca a mí y me la muestra más de cerca, sonriéndome.

–Perdón Cami–le digo.

Ella me mira, sus ojos verdes literalmente son iguales a los míos.

–No te preocupes, ya te conozco–se encoje de hombros.

Le sonrío y la abrazo.

–¡Cuidado con mi casita de lego!–la suelto y me rio.

–Lo siento, lo siento.

–Seguiré jugando allá abaj…

–Hola.

Camila y yo volteamos, Gabriel nos mira.

–¿Y quién es él?–me pregunta Camila.

No sé qué decir, solo miro a los lados.

–Soy Gabriel, el hijo de María–camina hacia nosotras y se sienta en el sofá, a mi lado pero un puesto intermedio.

–Ah–dice Camila y se va, dejándome sola con él.

¿Y ahora de qué hablamos? Creo que le caigo mal.

–Tu hermana es muy tierna–me dice así que lo miro.

–Gracias–sonrío de boca cerrada.

– ¿Desde cuándo estas aquí?

–Ayer–digo sin saber qué más palabras agregarle al “ayer”

–Oh ¿Hasta cuándo?

La verdad no lo sé ¿Qué le puedo decir? ¿Un mes?

–Ni idea–digo.

Él se ríe.

– ¿Y cómo entonces te vas a quedar aquí sin fecha indefinida?

La verdad ni yo lo sé; me encojo de hombros y me rio.

–No lo sé, mis padres...

Hace alrededor de 1 año

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#38

...me enviaron con mi hermanita.

– ¿No te quieren o algo?

Me rio.

–No, no es eso, es solo un problema personal.

Él asiente y se ríe, es más agradable de lo que se veía.

–Practicas béisbol por lo que veo–digo.

Él se mira el uniforme.

–Un poco obvio ¿No?

Me rio.

–Deja que te saque conversación ¿Si?

Él se ríe.

–¿Te gusta el béisbol?–pregunta.

–No lo adoro, pero si, si llego a tener un hijo me gustaría que juegue béisbol, se ven tan bonitos–sonrío–, en Grecia no es demasiado famoso, en cambio en Estados Unidos y en Latinoamérica, es muchísimo más famoso, por eso no lo conozco tanto.

–Bueno cerca de la casa, en carro por supuesto–queda un campo en donde a veces jugamos, hace unos meses mi equipo viajó a Grecia, pero no pude ir, me había lesionado la muñeca y pues si iba solo estorbaría.

Ay mierda, es del equipo de Ryan, mejor me alejo de él.

–Que bien…–digo pero él me mira confundido ¿Qué dije?–no, no, digo que mal, pero me alegra que estés mejor…–¿Me dijo si estaba mejor? Oh dios que pena, Gabriel se ríe–¿Estás mejor?–pregunto apenada.

–Si Emma, estoy mejor.

Sonrío de boca cerrada pero aún con pena, siempre ando perdida, ya es natural en mi por lo visto.

–Si algún día te apetece ir a verme jugar, no me molestaría, siempre le digo a todo el mundo que me vaya a ver, muy pocos lo hacen, así que bueno…

–Gracias de verdad pero no lo creo–digo.

Él frunce el ceño, quiere preguntar pero se cohíbe al verme tan seca de un momento a otro.

–Como quieras–dice y se levanta para luego subir las escaleras.

De paso dormiremos literalmente al lado, qué pena, yo hago demasiado ruido cuando me levanto.

Hace alrededor de 1 año

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#39

Capítulo 18: Nunca fuimos nada

Suspiro, estoy más que fastidiada.

–Cami–la llamo.

– ¿Qué?–grita desde abajo.

– ¿Salimos?

–No, estoy jugando Lego.

Coloco los ojos en blanco, agarro las llaves y abro la puerta.

–Saldré un rato María–digo y cierro la puerta sin escuchar su respuesta.

Comienzo a caminar por el mismo lado de ayer con esperanza de conseguirme a mis nuevos amigos, miro la hora, creo que salí muy temprano, pero no importa, seguiré caminando.

Llego a un lugar grande luego de caminar unos minutos, esta parece ser la preparatoria, la miro por un rato y luego me siento en uno de los muritos que tienen alrededor las plantas, pero esos que son de cemento, que hacen especialmente para sentarse.

Comienzo a ver mi teléfono y de repente me entra una llamada, es Ryan, no le pienso atender, no seré la fácil que…tengo que atender, le voy a atender.

– ¿Qué?–digo haciéndome la dura.

Si, cualquiera cae, te estás muriendo por él y lo niegas.

Cállate ridícula.

No me soporto.

–Te extraño–dice y mi corazón se derrite.

No caigas Emma, no digas yo también.

–Qué extraño ¿Y eso?–le pregunto.

Bien, vas bien.

–Emma perdón–dice con una voz sumisa.

–No importa Ryan, estás perdonado, sigue tu vida y yo la mía, así como si nunca nos hubiésemos visto otra vez, ya no vale la pena.

–Es que han pasado muchas cosas, ayer estaba ebrio en la noche y hablé de ti…

Me rio sarcásticamente.

– ¿Y se te salió frente a tu novia? Seguro me llamaste por eso mismo, estabas ebrio, uno extraña a las personas cuando está ebrio, así me han contado, no te preocupes, es un sentimiento falso que el alcohol te hace sentir.

–No es mi novia Emma, no tengo novia y no, no fue el alcohol lo que me hizo llamarte.

–Si, como sea, hablamos…nunca, hagamos como si jamás nos vimos.

–No, espera–dice cuando voy a colgar, espero y lo escucho–Emma solo porque hayas escuchado a una mujer a través de mi teléfono, no significa que sea una novia, no sabes si pudo haber sido mi hermana.

– ¿Tú hermana te dice mi amor? ¿Le esconderías a tu hermana que hablas con una amiga?–bufo–es ridículo Ryan, ya déjalo.

–Creo que el mes que viene iré a Grecia–dice evitando la conversación.

–Que te diviertas–digo y cuelgo.

Enseguida comienzan a salir los chicos de la secundaria, algunos me miran, otros simplemente ignoran mi existencia.

– ¡Hey Emma!–escucho la voz de una chica.

La busco con la mirada y encuentro a Shaleen caminando sola hacia mí.

– ¿Qué haces aquí?–me pregunta y yo me levanto, quedando frente a ella.

Sonrío.

Caminaba un rato y llegué aquí, así que decidí esperar a que ustedes salieran.

–Que bien, allí vienen los chicos–dice mirando hacia la entrada.

Los miro agarrar sus bicis y acercarse.

– ¡La amargadita vino!–dice Bill sonriendo.

Me rio.

–Hola chicos–los saludo.

–Oye sabes que justo mañana iremos a un partido de béisbol en el estadio que queda cerca de aquí–dice Sly.

–Sí, estábamos hablando de que si te veíamos te invitábamos, luego de salir de la secundaria mañana iremos–habla ahora Alec.

¿Cómo les digo que no? Tiene que haber un modo.

–Yo…estaré ocupada mañana, saldré con la señora que nos cuida a comprar algunas cosas y a visitar a su familia.

–Oh…–dice Shaleen–que lastima.

–Si…

–Oye danos tu número para poder contactarte e invitarte a lugares, así conoces un poco más de Estados Unidos–dice Alec.

Le sonrío, les doy mi número y los acompaño hasta que nuestros caminos se dividen, ellos a sus casas y yo a la mía.

Llego a casa, tres llamadas perdidas de Ryan y dos de Mamá, le devuelvo la llamada a mi madre.

–Hola hija ¿Qué tal todo?–me pregunta.

–Bien, estoy en casa, acabo de llegar, había salido un rato.

–Que bien, quería saber cómo estaban, estoy cansada, recuerda que aquí es tarde, hablamos luego.

–Está bien mamá, adiós.

Que llamada tan corta ¿De verdad me llamó solo para decirme “¿Cómo estás?” y “adiós”? Ya veo de dónde salió mi rareza.

Subo a mi habitación y cuando voy a entrar Gabriel sale de la suya.

–Oye no es por nada, sé que te pusiste rara cuando hablé del campo, pero mañana tendré juego, si quieres vas, solo te aviso–se encoje de hombros.

Le sonrío de boca cerrada y asiento, sin decir nada entro a mi habitación, me siento en la cama y comienzo a pensar.

No lo quiero ver, un lado de mi lo odia, otro lado de mi lo adora y quiere verlo, pero estoy consciente que no soy la única chica, que tal vez solo fui algo pasajero para él y que probablemente él sea algo pasajero para mi. La vida nos coloca a gente en nuestras vidas que están en el principio de la historia…haré el ejemplo como si fuese un libro, pues está el protagonista, que eres tú, luego los secundarios, que son los que aparecen a tu lado en el libro, sean buenos o malos, poco a pico cuando vamos leyendo hay personajes nuevos, muchos que solo serán de reparto, otros probablemente sean personaje secundarios a partir de allí, porque realmente cuando acabas el libro te darás cuenta que muchos de los que estaban al principio no están o simplemente no aparecieron mucho, otros que pensaste que serian de reparto están en el final, pero al final…¿Quién es el que de verdad importa? Tú y solo tú que eres el protagonista es el que importa de verdad, muchos libros terminan mal, tal vez no como lo esperábamos, otros tan bien que a veces tenemos la mente tan sucia y destructiva que pensamos que terminaría mal, pero cuando cierras el libro y piensas en todo lo que leíste, te darás cuenta de si te gustó o no el libro. La única diferencia con la realidad, es que nosotros podemos apartar a personajes que sabemos que no estarán en el final, podemos elegir el desarrollo y todo depende de nuestros actos, sabremos cual será el final de nuestro libro hecho en la realidad.

El caso es que tal vez Ryan es uno de reparto, esos que aparecen en el libro pero luego es mejor que desaparezcan, porque o arruina el libro o le da otro final que no queremos.

Suspiro.

Por otro lado no puedo detener mi vida por un personaje pasajero, porque sino estaría haciendo el papel de aquel personaje que te hirió, por lo tanto sería un personaje importante y no quiero que sea importante, así que ¿Saben? Iré al partido y no me importará verlo, capaz ni siquiera me nota, él piensa que estoy en Grecia.

Salgo de mi habitación y toco la puerta de Gabriel.

Él abre, está sin camisa.

Estem…concéntrate en su cara, no en su cuerpo Emma, no en su cuerpo.

¿Pero cómo? Tiene un cuerpo…

Ya.

Mucho.

–Oye si iré, iré con unos amigos–digo.

Él sonríe.

–Que bien, te esperaré allá entonces–dice.

Asiento y me devuelvo a mi habitación.

Maldita sea con su cuerpo, ya me des concentré, eso que nunca llegué a ver a Ryan…NO, Ryan NO ME IMPORTA.

Me acuesto, necesito dejar de pensar en él por dios, comienzo a aturdirme yo solita.

Salgo de casa, ya mis amigos deben de haber salido del colegio, hoy es el juego. Le digo a María que me voy, dejo a Camila jugando con sus cosas y comienzo a caminar hacia el colegio.

Cuando voy en camino los veo a ellos venir, como siempre Sly y Alec en sus bicis y Shaleen y Bill caminado, vienen riéndose de Alec, porque todos se ríen mientras él coloca mala cara.

–No es mi culpa que ustedes sean estúpidos y no entiendan lo que digo–dice Alec molesto.

Sonrío.

– ¡Chicos!–los saludo.

– ¡Emma!–dicen todos sonriéndome.

Siempre me saludan tan alegres todos que me hacen sentir feliz.

– ¿Qué tal todo?–les pregunto.

– ¿Decidiste venir con nosotros?–pregunta Sly.

Asiento.

–Bien, vamos a casa de Sly un momento para buscar tres bicis más–dice Bill–sabes manejar bici supongo–sus ojos me miran interrogantes.

–Por supuesto, vamos–sonrío y comenzamos a caminar juntos a casa de Sly.

Llegamos, sacamos tres bicis más, que al parecer son de su padre porque su padre trabaja en una tienda de ventas de bicis y cosas relacionadas a eso, además los fines de semanas corre con un grupo de ciclistas o así nos contó Sly.

–Es hora de irnos, en media hora comienza el partido y tenemos quince minutos para llegar–dice Alec.

Todos concordamos con él y comenzamos a manejar bicicleta hacia el estadio, muchos carros se dirigen hacia allá, tanto así qué hay gran tráfico, solo que nosotros venimos en bicis y así no tardamos allí en el tráfico.

Cuando llegamos hay gente en todos lados, muchos con las camisas del equipo de Ryan y otros con las del equipo de…¿Matt? ¿Ese no es el equipo de Matt?

Frunzo el ceño y no digo nada.

–Déjenlas aquí y colóquenle el candado–dice Sly.

Todos hacemos caso y nos llevamos nuestras llaves guindadas en el cuello.

–¡Que emoción!–dice Shaleen, me río–yo no vengo mucho por eso del béisbol, yo vengo a ver a los amigos o rivales de mi primo, todos son guapos–dice moviendo sus cejas arriba y abajo.

La miro.

–¿Qué? ¿Tienes un primo allí?–le pregunto frunciendo el ceño.

–Sep, Ry…

–NOOOOOO, NONONONONO–no la dejo terminar, ni que lo piense–SSSHHHHHHHHHHHH NO DIGAS EL NOMBRE DEL DEMONIOOOO–grito como una loca, comienzo a percatarme de que miles de personas me están viendo ahora mismo entonces me sonrojo–sigan en lo suyo amigos, no pasa nada por aquí–me río fingido y Shaleen trata de reírse pero se tapa la boca.

–¿Por qué no puedo decir Ry…?

–¡Que no!–la interrumpo tapándole la boca.

Ella comienza a reírse y los chicos nos miran extrañados.

–Jeje, estem, caminemos–agarro la delantera y comienzo a caminar sola entre la gente.

Entramos, buscamos nuestros lugares y nos sentamos, los chicos comienzan a hablar del partido, de quién creen que ganará, de los nuevos jugadores y esas cosas, mientras Shaleen me mira preguntándose muchas cosas en su cabecita, lo sé porque se le nota.

–Oh vamos, pregunta de una vez–digo colocando los ojos en blanco.

Ella se ríe.

– ¿Lo conoces?–me pregunta.

–¿A quién?–le pregunto para fastidiarla.

Me mira con cara de pocos amigos, me río y la abrazo.

–Claro que lo conozco, lo conocí antes que tú–me encojo de hombros–yo tenía ocho y él...

#40

... trece.

–Oh–asiente–¿Y por qué no te gusta que diga su nombre?

–Es solo que tuve algunos roces con él y pues cada vez que me lo nombran recuerdo lo molesta que estoy y lo poco que pudimos pasar juntos.

–Espera ¿Fueron novios?–me pregunta con los ojos como platos.

Me río.

–No–niego con la cabeza…eso hubiese querido yo, pero ya no.

Gritos nos interrumpen, vemos a todos de pie aplaudiendo, salen los jugadores del equipo de Grecia y enseguida veo a Matt.

Sonrío.

–Él es un amigo–digo a Shaleen.

–Uhhhh preséntalo–dice picara y nos reímos.

Nombran al equipo de aquí y todos hacen más ruido, yo no hago nada, sólo miro a los jugadores uno por uno, mis ojos se detienen en esos benditos ojos verdes y cabello castaño que me vuelve loca.

Trato de no sonreír, pero lo estoy viendo, por fin, luego de meses al fin lo veo.

Él no me mira, solo saluda y mira a todos lados.

El juego comienza, todos concentrados mirando el juego, excepto yo, que estoy comiendo como cerda.

–¿No hay más de estos?–le pregunto con la boca llena a Shaleen que está a mi lado.

Ella se ríe al verme así.

–No Emma, ya te los comiste todos y era uno para cada uno–frunce los labios.

–Ups–miro para otro lado y mi mirada se encuentra con una chica que reconozco enseguida–¡NISHTA!–grito como loca y comienzo a caminar entre la gente…bueno, las rodillas de la gente, tropiezo y pido perdón, tropiezo y vuelvo a pedir perdón, hasta que llego a donde Nishta quien me mira ansiosa.

La abrazo fuertemente.

–¡Emma! ¡No puedo creer que estés aquí! ¿Qué haces aquí?–me pregunta sonriéndome.

–Larga historia ¿Y tu hermano cómo está? ¿Cómo estás tú? Dios Nishta te extrañé.

Me abraza fuertemente.

–Yo también te extrañé Emma, estoy bien y mi hermano también, allá abajo jugando–se ríe.

Le sonrío.

– ¿Has hablado con los chicos y las chicas de allá?–le pregunto.

Ella asiente.

–Ayer justamente hablé con Nicole, pero no me dijo nada de que estabas aquí–se sienta y me señala su puesto de al lado para sentarme con ella, me siento.

–Si…la verdad es larga historia, no sabe que estoy aquí, aún no he hablado bien con ella.

Nishta asiente pensando.

– ¿Viniste por Ryan?–me pregunta.

–La verdad vine por un amigo, Gabriel, y también porque conocí hace unos días a varios chicos que me invitaron, pero de resto…ni siquiera he hablado con él, estoy molesta–arrugo la cara y ella se ríe.

–Él…–piensa un poco pero no dice nada.

– ¿Él que?–le pregunto.

–No es nada–dice y prefiero no insistir.

Me encojo de hombros y miro hacia el campo, de repente veo a Gabriel que me sonríe pero luego se concentra nuevamente, enseguida miro a Ryan, él está mirando a Gabriel para luego mirar a donde él miró, entonces nuestras miradas se encuentran, mi corazón se acelera y la presión del momento al darme cuenta que vio que estoy aquí, no me deja mover.

Baja la cara y trata de concentrarse otra vez, sin embargo comienza a jugar pésimo, mira de vez en cuando al público buscando algo y hasta que no termina el juego no para de lucir extraño.

Gana el equipo de Grecia por una carrera, todos comienzan a salir pero yo me quedo sentada mirando al campo que está semi vacío.

–Emma–escucho que me llama Shaleen, ya Nishta se fue.

La miro.

–Vamos–me hace seña con la mano y la cabeza.

Niego con la cabeza.

–Yo…yo me quedo un rato más, si quieren llévense la bici que estoy usando, yo veo cómo me voy.

Ella mira a los chicos.

–Mañana me la entregas Emma, no te preocupes–dice Sly.

Asiento, me despido y ellos se van sin siquiera preguntar por qué me quedo.

Aunque han hecho bien, no quiero que me pregunten, tal vez pensaron que no me sentiría cómoda y están en lo cierto.

–Emma–escucho que alguien me llama.

Volteo y es Matt, me sonríe, le devuelvo la sonrisa.

– ¡Matt!–me levanto de la banca y camino hacia él, lo abrazo–¿Cómo estás?–le pregunto.

– ¡Emma!–dice otra persona enseguida, lo que hace que Matt no responda y los dos volteemos a ver a la persona.

Es Gabriel.

– ¡Hola!–lo saludo alegre, caminamos hacia él, ellos se saludan amablemente, yo los tengo al frente y ellos me miran…no, miran detrás de mí.

–Emma–dice alguien en voz baja, enseguida volteo y me doy cuenta que los chicos miraban a Ryan.

–Hola–lo saludo con voz baja también y bajo la cara.

–Emm… ¿Te irás conmigo?–me pregunta Gabriel–yo ya me voy a casa de mi mamá.

Lo miro.

–No Gabriel, tengo una bici–me río–es prestada, pero me voy en ella, nos vemos allá.

Él sonríe, asiente y se despide.

Matt mira a Ryan.

–Buen juego–le dice Matt a Ryan burlón.

Ryan tensa la mandíbula pero no dice nada, Matt se ríe me agarra por la cintura y me besa en la mejilla.

–Tengo que irme, estaré una semana aquí Emma, necesito preguntarte muchas cosas, nos vemos en estos días ¿Si?–asiento–adiós campeón–se despide otra vez burlón, me suelta y se va, dejándome sola con este chico que no quiero tener cerca porque sé que caeré otra vez.

–Lo siento–dice mirando al suelo.

– ¿Qué cosa?–le pregunto mirándolo, pero él no me mira.

–Por haberte mentido–aún no me mira y eso me molesta.

–Mírame a los ojos Ryan–le pido y siento como un nudo aparece en mi garganta, como esas ganas de llorar acumuladas.

Ryan está como a cuatro pasos de mí, me mira, su mirada es triste.

–Dímelo mirándome a los ojos–le pido y siento como mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas, pero sin embargo me contengo, no pienso llorar– ¿En qué me mentiste?–le pregunto.

–En todo–dice bajando la mirada otra vez.

– ¡Mírame a los ojos Ryan!–le pido y se me escapa una sola lagrimita por la presión de la impotencia–¿En qué me mentiste?–repito.

–Te dije…bueno no te dije, te hice entender que no tenía novia y si, lo admito, fue mentira, mi novia vive aquí en Estados Unidos, tenemos poco tiempo juntos y encontrarte a ti me desvió de mis expectativas con ella, yo siempre te quise a ti desde que te conocí, volverte a ver fue como ver la luz Emma, solo que alejarme de ti me hizo perder las esperanzas y pues seguí mi vida. Sé que hice mal al no decirte nada y simplemente alejarme–ya mis ojos no aguantan más–, pero no sabía qué hacer, cómo decírtelo, pues…

–Ya basta–digo y cierro los ojos–no importa, no hace falta que sigas hablando y dando explicaciones, de todos modos tú y yo nunca fuimos nada.

Él se queda mirándome de una manera extraña pero no me importa, solo me doy media vuelta y me voy.

Creo que eso no es lo que más me duele, sino que simplemente me voy y él no me detiene.

#41

Capítulo 19: No estoy lista

Agarro mi bici, me monto y comienzo a manejar con lágrimas en los ojos, que con la brisa se deslizan por mis mejillas, voy rápido porque es normal cuando una persona está triste o molesta, siempre hace este estilo de cosas, maneja rápido, impaciente por llegar a casa y poder llorar en su cama.
Un auto comienza a tocarme la bocina, bajo la velocidad para ver hacia atrás, es un auto plateado y tiene los vidrios ahumados.
Sigo pedaleando pero el auto me alcanza, baja la ventanilla y veo a Ryan observándome con una cara de sufrimiento.
–Emma detente–me pide pero comienzo a acelerar, enseguida me alcanza y se mantiene a la misma velocidad que yo, esta carretera es larga y recta–detente por favor.
Poco a poco voy bajando la velocidad hasta que me detengo, prefiero escuchar lo que va a decir, que seguir con una inmadurez que probablemente termine en un accidente espantoso.
Ryan estaciona el auto a un lado del camino y se baja.
–Emma necesito que me perdones–dice cuando llega frente a mí, yo aún sigo en la bicicleta.
–¿Para qué? Para que vayas a casa y te sientas feliz de sentirte perdonado ¿Eso es todo?–le pregunto.
Él no dice nada.
–¿Eso es todo Ryan?–mis ojos se llenan de lágrimas–no quiero, simplemente no quiero darte el placer de que te sientas perdonado por una mentira que me lastimó, para que luego vayas a casa y puedas llamar a tu novia como si nada nunca pasó entre tú y yo–me quedo callada porque mi voz está demasiado temblorosa, él no habla–¿Y sabes qué es feo? Enamorarse sola, amar a alguien que no te ama y sentirte tan inútil por culpa de una persona que no vale la pena–me seco las lágrimas–. Yo soy joven, lo sé, ahora es que me queda por vivir, pero créeme que ésta ha sido la peor primera experiencia amorosa que he tenido.
–Emma no es así, no es como tú lo ves…
–¿Ah no? Entonces además de tener que soportar tus mentiras también soy ciega, soy una estúpida que ve las cosas mal ¿Y qué se supone que estoy viendo? A un Ryan Hollins, acabado de salir de su partido, pidiéndome que lo perdone por haberme mentido de que no tenía novia y haberme ilusionado como una estúpida niña que soy…¿Estoy diciendo mentiras Ryan? Porque si algo aprendí de ti es que tengo que decir la verdad siempre para no cagarla como tú lo has hecho.
–No sé qué decirte, se supone que yo iba a hablar primero…
–Ok–lo interrumpo–¿Y qué me ibas a decir? Se supone que tú tenías que hablar primero, es cierto, entonces tenías algo que decirme ¿Por qué ahora no sabes que decirme?–le pregunto, espero que responda pero no dice nada–ah claro, venias a convencerme de que lo que yo pensaba era mentira, pero te diste cuenta que no puedes así que te quedaste sin palabras porque tengo razón…¿Sabes que? Vete a la mierda Ryan, ya no me importa lo que sea que querías decirme, aléjate de mi vida y yo seguiré como si nada hubiese pasado, eso sí, ya no vuelvas, no pasa nada Ryan, solo fue un amor de niños, eso es lo que yo aún no quiero entender.
Lo miro por última vez, llorando, muriéndome del dolor, pero arranco con mi bici y él solo se queda allí parado, mirando cómo me voy, como me pierde.

TRES SEMANAS DESPUÉS

–¡No Emma no!–me grita Shaleen riendo–así no es el reto.
Me rio.
–No me importa, ya toqué el piso con mi boca, así que ya cumplí–me encojo de hombros y me rio.
–Bueno, sigues tú–dice Sly.
–¿Verdad o reto?–le pregunto a Bill.
Entrecierra los ojos y piensa.
–Verdad–se decide.
Pienso un poco a ver qué pregunta le haré.
–¿Quién te gusta?–le pregunto.
Bill se coloca rojo.
–Otra pregunta o mejor reto–pide.
–No se vale–protesta Shaleen–a mí nunca me dejan hacer eso.
Me encojo de hombros y frunzo los labios.
–Ok, cámbialo a reto–asiento–te reto a que me respondas eso.
Todos hacen bulla y yo me rio.
–Arin–dice entre murmullos.
–¿Arin? ¿Quién es Arin?–pregunto mirando a los chicos.
Alec carraspea.
–Shaleen–dice Sly como si estuviese tosiendo.
–Shaleen–lo apoya Alec de la misma manera.
Yo miro a Bill.
–¿Shaleen? ¡¿Es Shaleen?!–pregunto con una sonrisa de oreja a oreja.
Shaleen baja la cara.
Me rio.
–No lo puedo creer, me encanta este juego–digo riendo.
–A mí no–dicen los cuatro al mismo tiempo.
Me rio a carcajadas esta vez, pues a todos les he hecho preguntas incomodas. A Sly le pregunté que qué había sido lo más morboso que había llegado a pensar, fue muy gracioso imaginarlo a él pegándole en el trasero a una prostituta. A Alec le pregunté si veía cosas de adultos en Internet; todos sabemos que Alec es el más prestigioso entre nuestro grupo, así que necesitaba saber, respondió que sí muy apenado. A Shaleen le pregunté que con quien se había dado su primer beso y respondió que con Bill, así que por eso tanta emoción cuando Bill respondió su pregunta.
–Ok, ya es hora de irnos muchachos, ya no queda casi nadie en el colegio–dice Sly.
Todos nos levantamos del suelo, comenzamos a caminar juntos y llegamos al mismo punto de todos los días en donde nos dividimos cada quien para su casa.
He hablado con mi madre y le dije que me inscribiera en esa secundaria, mientras vivo aquí por lo menos, al igual que a Cami, me dijeron que sí, pero que dentro de una semana me enviaran todo lo necesario para la inscripción, María nos ayudará en casi todo.
–Ya llegué–digo al cerrar la puerta.
–¡Mira lo que me hice!–llega rápidamente Cami subiendo por las escaleras y mostrándome su dedito pequeño con una cara de sufrimiento que hasta me hace sentir mal.
–¿Con qué te hiciste eso?–le pregunto sobando su dedito.
Tiene un raspón.
–Con la puerta, fue muy duro–se mira su dedito y me rio.
–Dile a María que te lo cure.
Ella asiente y se va corriendo a donde está María, la saludo desde lejos con la mano y una sonrisa, ella hace lo mismo y cuando voy a subir por las escaleras me llama.
Me regreso.
–¿Sí?
–Gabriel viene el sábado–me informa.
Sonrío y asiento.
–Está bien, entonces lo esperaremos con mucho gusto–digo y subo.
Entro a mi habitación, suspiro y me tiro en la cama.

Despierto porque me entra una llamada.
–¿Hola?–digo con voz dormilona.
Ya es de día.
–Hola Emma, es Matt.
–Oh, hola Matt ¿Qué tal todo?
–Bien, bien, estoy de visita en Estados Unidos, cerca del estadio ¿Aun sigues aquí?–me pregunta.
Verdad que sí, ya se me había olvidado.
–Sip, aún sigo aquí ¿Nos veremos?
–Para eso te llamaba boba ¿Cuándo puedes?
Pienso, pues hoy no tengo nada que hacer, solo ir a la misma hora de siempre a la secundaria para reunirme con mis amigos…aunque pensándolo bien, yo siempre estoy libre, así que no sé para qué pienso tanto.
–Hoy puedo ¿Puedes?
–Si–se ríe–que rápida y activa eres pequeña Emma.
Me rio.
–Siempre Matt, no esperes menos de mí.
Se ríe otra vez.
–Nos vemos a las tres en… ¿Algún centro comercial?
Le digo en cual centro comercial, él acepta y así quedamos.

Nos estamos riendo de una niña que por estar de malcriada se cayó y de paso la mamá la regañó por caerse, no nos reímos porque la regañen, nos reímos de la manera en que se cayó, fue demasiado tonto.
Volvemos a lo nuestro–comer helado–y nos quedamos callados.
–¿Y qué piensas hacer en estos días?–le pregunto mirando mi barquilla.
Su barquilla es de mantecado, la mía es de fresa, a veces me gusta variar.
–Mmm, no lo sé, probablemente te avise para fastidiarte todos estos días–lo miro y se encoje de hombros, le sonrío.
–Por mi bien, los únicos amigos que tengo salen a las cinco de la tarde de clases, así que nos podemos ver temprano–me encojo de hombros.
Me sonríe.
–¿Caminamos?–me pregunta.
Asiento.
Empezamos a caminar y a hablar de la vida, nos terminamos de comer los helados y nos sentamos afuera luego de un rato.
–Creo que ya me tengo que ir, me veré con una tía–dice mirando la hora.
Asiento.
–Bueno… ¿Te acompaño?–le pregunto y me rio–no mentira, la pregunta es ¿Me llevas a mi casa?
Él se ríe.
–Claro, vamos–se levanta, me da la mano y nos vamos a su auto.
En el camino vamos hablando de la música del momento, hasta llegar al frente de mi casa, nos detenemos y me mira.
–¿Nos vemos mañana entonces?–pregunta.
Asiento sonriendo.
Él hace un movimiento extraño, pero retrocede en su asiento y deja de mirarme.
–Eh…adiós–digo y cuando voy a abrir la puerta él me agarra con delicadeza por un brazo, lo miro y cierro la puerta–¿Qué?–le pregunto al verlo extraño.
No responde y se acerca a mí, hace que nuestros labios rocen nada más.
¿Qué hago? ¿Lo beso o qué? ¿Sabes qué? A la mierda todo el mundo y Ryan.
Abro la boca y eso es darle luz verde a Matt, enseguida me besa, le devuelvo el beso y siento como me hala más hacia él.
Pero todo se daña cuando su mano izquierda toca mi pierna, justo en ese momento los recuerdos vuelan en mi cabeza, recordando mis gritos de auxilio que nadie escuchó…
–No–lo detengo enseguida–adiós–me bajo del auto y entro a casa lo más rápido que puedo.
No estoy lista para volver a sentir...

#42

… toques íntimos, no estoy lista para volver a besar a alguien que no sea la persona que de verdad me trae loca, no estoy lista para nada y eso es lo que más me preocupa, que poco a poco el tiempo irá pasado pero yo me iré quedando atrás.

3 MESES DESPUÉS

Ya tengo algunos meses estudiando y es lo máximo, me encanta mi salón, la gente, todo, es lo mejor. Camila se fue a Grecia el mes pasado, supuestamente Mark desapareció, no ha habido rastro de él ni de otro abuso sexual en estos meses, mi madre me lloró suplicándome por teléfono que me fuera, pero no quería ni quiero irme, me acostumbré a estar aquí y me siento tan feliz que de verdad no quiero regresar. A veces hablo con Nicole y mis otros amigos, me extrañan, pero normal, se nota cuando una persona te extraña demasiado y cuando no, ya pasó navidad y por eso es que mi madre estaba muriéndose porque yo fuera, además que justo cuando comencé las clases–aquí en Estados Unidos–en octubre, nació mi hermana, entonces quería que la pasáramos en familia, por supuesto que quiero conocer a mi hermana Dayana, pero prefiero estar aquí.
–Emma vamos–me dice Shaleen.
Recojo mis cosas y salimos, hoy Bill, Sly y Alec no vinieron, dijeron que irían a un estilo de feria de videojuegos, al cual a Shaleen y a mí no nos interesa. No vinieron porque no había evaluación, sino tenían que venir a la fuerza.
Comenzamos a caminar juntas, agarramos nuestras bicis y nos vamos al parque.
Shaleen me explicó su relación con Ryan, pues la madre de Ryan es morena, toda su familia es morena, en cambio el padre de Ryan es blanco, ella es familia de Ryan por parte de mamá, pero no se lleva mucho con él, sino con Verónika y Yannel que tienen dieciocho, sin embargo son muy escasos los momentos que comparten.
–¿Cuándo cumples tú Emma? Ha pasado mucho tiempo y nunca me has dicho cuando cumples ¿Ya cumpliste años y no me dijiste?–me pregunta mientras nos sentamos en el parque.
Miro el parque, hay una pareja en otra banca y como eso es lo primero que captan mis ojos los bajo para luego mirar a Shaleen.
–El veintiséis de abril–respondo–¿Y tú?
Ella asiente.
–El dos de marzo–me sonríe y yo hago lo mismo.
–Andas rara desde hace días Shaleen ¿Qué te pasa?–le pregunto sin poder aguantar más.
Lleva días de una manera extraña, anda como si estuviese triste; la miro y sus ojos se colocan llorosos.
¿Qué le sucede?
–Emma…–dice y las lágrimas comienzan a caer sobre sus mejillas.
¿Qué va a decir? Dios mío.

#43

Capítulo 20: Una explicación

–Hice algo malo–dice secándose las lágrimas.
Mi corazón sigue latiendo fuerte ¿Ahora qué se supone que tendré que soportar? Nunca salgo de un estrés.
– ¿Qué cosa?–le pregunto intentando disimular que estoy bien y que no me preocupa, cosa que es mentira porque estoy más nerviosa que ella.
–Yo…estuve con Bill–dice y evita seguir llorando.
Ok…no entiendo.
– ¿Y qué tiene de malo que estés con él?–le pregunto bastante confundida la verdad.
Me mira casi que con cara de pocos amigos, pero su ánimo es débil y niega con la cabeza.
–No Emma, no de esa manera sencilla como suena, estuvimos…hicimos algo…
Espera.
Ya va, ya va, no es lo que creo ¿Verdad?
–Shaleen…–la miro nerviosa– ¿Te acostaste con él?–pregunto en un hilo de voz.
Ella no me mira.
–Dios mío, si es eso–me agarro la cara e inhalo fuertemente para luego exhalar de la misma manera.
–Yo…no pensé Emma, solo pasó y ya–se vuelve a secar las lágrimas.
–Ok, no me interesa que hayas hecho lo que hiciste, porque al fin y al cabo esa es una pequeña tela, por decírtelo así, que se rompe y en cualquier momento pasaría, ahora necesito que me digas por qué mierda lloras–mi tono ahora es serio.
Estoy molesta, es cierto que lo estoy, no puedo evitarlo, es mi amiga y jamás pensé que haría algo así sin siquiera pensar, tal vez porque tengo un trauma, algo que me hace pensar que todo lo referente a eso es malo, puede ser eso lo que me hace sentir tan molesta.
–No ha aparecido–dice como si yo la entendiera.
– ¡Por favor Shaleen háblame claro o no me hables!–digo molesta.
–No te molestes Emma, por favor, eso es lo que falta–dice de una manera tan inofensiva que me hace relajar un poco.
Tiene razón, en momentos de crisis lo que menos quieres es que aparezca alguien a empeorar tu situación, sino a alguien que te ayude y te escuche, porque para eso nos podemos ir a una parada y contarle lo que sentimos a una persona desconocida.
–Lo siento, pero necesito que me expliques amiga, de verdad es una situación bastante desesperante.
–No me ha llegado la regla–suelta.
Me paralizo.
No…no Shaleen.
Trago grueso.
– ¿Bill lo sabe?–le pregunto seria.
Ella niega con la cabeza y arranca a llorar otra vez, yo solo me quedo ahí paralizada, luego de unos cuantos parpadeos la abrazo fuerte.
–Shaleen…estuvo muy mal ¿Ok? Eso es todo lo malo que te puedo decir por ahora, porque sé que estás débil y no quiero lastimarte ¿No se protegieron?– le pregunto tranquila para que no se sienta tan mal.
Ella niega con la cabeza como respuesta.
– ¿En qué pensaste Shaleen?
–No lo sé Emma, no lo sé, no pensé en nada y ese fue mi error.
–Su error, el de los dos–la corrijo–¿Tú madre no sabe nada verdad?
–No, pero ahora tengo que decírselo y tengo mucho miedo–cuando va a llorar la detengo haciendo que me mire.
Suspiro.
–Mírame–cuando sus ojos miran a los míos sigo hablando–no te preocupes, iremos tú y yo al ginecólogo, para que te chequeen y también te hagan el eco ¿Ok?–ella asiente–tienes una amiga Shaleen, nunca olvides eso por favor, estaremos juntas pase lo que pase.
Ella asiente y me abraza para seguir llorando.
De allí nos vamos a mi casa, hablamos un poco más del tema ya que María salió de compras por comida, Gabriel no está y mi hermana ya se fue hace tiempo.
Quiero creer que todo esto es mentira y que mi amiga no está embarazada, por dios es una niña, somos unas niñas, no puede pasar esto, por otro lado es una irresponsabilidad y una estupidez que ninguno de los dos hayan pensado y no se hayan protegido ¡Son dos cabezas y no sirvió ni una! Pero en fin, seguro no es nada, a veces los nervios nos hacen desesperar y pensar cosas que realmente no son.

Despierto, tengo que resolver el tema de Shaleen, ahora necesito a alguien mayor de edad que nos acompañe, le iba a decir a Gabriel, pero él no puede porque aún no tiene dieciocho, podría decirle a Matt, peeeero, no hablo con él desde aquella vez que salimos y todo terminó de la peor manera, a Ryan ni loca le diré por dos cosas:
1–Lo detesto…o sea no lo detesto pero ya no lo quiero ver más.
2–Es primo de Shaleen, entonces no puede enterarse de eso.
María, la mamá de Gabriel sería una opción, pero ella habla con mis padres y puede decirle que una amiga está metida en eso, cosa que obligaría a mis padres buscarme hasta aquí si yo no quiero volver.
No sé qué hacer, así que iré hasta allá para hablar con el doctor y explicarle nuestra situación.
Me visto, hoy es sábado, no hay clases por supuesto, salgo de casa sin decir a donde voy.
María confía en mí, nos hemos agarrado mucha confianza, es como si ella fuese un nuevo familiar para mí.

–Buenas–digo al entrar a la pequeña sala de espera del ginecólogo.
Todas las mujeres me miran y esperan a que llegue otra persona detrás de mi, pero yo cierro la puerta y todas se sorprenden, varias están embarazadas, otras no, o eso supongo.
– ¿Sí? ¿Qué desea?–me pregunta la recepcionista.
–Emm…yo vine a hablar algo con él doctor ¿Puedo pasar un momento cuando salga la paciente que está allí? Es solo para preguntarle algo.
La mujer me mira por primera vez, no había volteado a verme porque estaba escribiendo en algunos documentos.
Se sube los lentes.
– ¿Y tú representante?–me pregunta frunciendo el ceño.
–Yo…–me quedo en blanco, no sé por qué me pongo nerviosa pero siento que todos me miran.
–Señorita, si no es mayor de edad o no tienes a algún representante, no te podemos atender, es regla.
–Pero…–no termino de hablar cuando abren la puerta del consultorio y sale una chica de cabello pintado color amarillo, con un chico…no.
No, no, no, no.
Hay MILES de ginecólogos en este país, planeta, si quieres galaxias, no lo sé, pero JUSTO A ESTE tenía que venir Ryan, de paso con esa ridícula.
Me quedo paralizada.
La chica sigue hablándome, solo que ya no le presto atención, Ryan me mira y coloca los ojos como platos, yo me giro y salgo enseguida dejando a la chica hablando sola y la mirada de Ryan en el aire.
Comienzo a caminar rápido, no quiero que me siga, ya yo estaba bien sin él.
– ¡Emma!–escucho que me grita cuando abre la puerta.
¡NO! ¿Por qué a mí? ¿Por qué? Necesito una explicación, siento como me persiguen pero rápidamente.
– ¿Ryan quien es ella?–pregunta la chica caminando detrás de él.
Maldita sea, quiero llorar, Ryan me alcanza y me hace detener agarrándome por un brazo, trato de soltarme sin mirarlo, pero no lo logro y por eso volteo a verlo.
–¿Qué haces aquí?–me pregunta mirándome a los ojos.
–Lo mismo te pregunto yo–digo con los ojos lloros.
¿Habrá un día que cuando vea a Ryan no llore? Por dios Emma, madura.
–¿Qué sucede?–pregunta la chica con cara extremadamente molesta, sin entender nada de lo que sucede, aunque yo no estoy muy lejos de sentirme como ella, porque yo tampoco entiendo qué sucede, si se supone que él y yo no nos veríamos más.
Ryan me suelta yo miro a la rubia falsa.
–¿Tú quién eres?–me pregunta con más asco que ganas de vivir.
–No es asunto tuyo…o tal vez si, supieras de mi si él te contara de lo que pasa en su vida–digo molesta–no sé cuántas veces te he tenido que decir adiós–digo mirando a Ryan.
Él no dice nada.
–¿Te da miedo hablar verdad?–me rio irónica–por supuesto que si.
Cuando me voy a dar la vuelta me detiene otra vez por un brazo.
–¡Suéltala Ryan! –pide la loca esa.
–Hazle caso–digo mirándolo.
En serio, no podía ir a cualquier otro ginecólogo en el mundo o tal vez venir más tarde o más temprano, no lo sé, no quería verle la cara y mucho menos a la rubia falsa.
–Necesito que me expliques qué sucede–dice la chica.
–Vete al auto Sharon–le pide Ryan sin dejar de mirarme y ni siquiera soltarme.
–No quiero, me vas a explicar ahora mismo–dice molesta.
–Que vayas al auto–insiste Ryan con voz alta, ella intenta hablar pero él la interrumpe–no te lo repito más.
Ella me mira con los ojos llorosos, enseguida me pasa por un lado, escucho como baja las escaleras y se va.
Por lo visto eso de llorar con Ryan le sale a la perfección, otra chica más que llora por su culpa.
–¿Qué?–le pregunto–¿Qué piensas hacer? ¿Hablar conmigo como las otras veces? Que a la final termino hablando sola.
–Emma te amo–dice de repente.
Justo ahora todas las palabras que pueden salir por mi boca han sido selladas, como si se me hubiesen olvidado todas las palabras aprendidas en estos catorce años de mi vida, ahora soy yo la que no sabe que decir, quisiera decirle que es mentira lo que está diciendo, también quisiera creer que es verdad y poder decirle que yo también lo amo; pero no, nada sale de mi boca.
–Te amo y nunca se lo he dicho a nadie, a absolutamente nadie–me suelta, pero no me voy corriendo–todas las veces que quise hablar contigo quería decírtelo, en el mínimo momento que aparecías frente a mis ojos o en mi mente quería decírtelo, pero no tuve el valor de interrumpirte en uno de tus muchos sermones que sí, me han hecho sentir peor de lo que me siento ya–creo que mi corazón se está rompiendo–sé que me diste momentos de silencio para que yo hablara, pero Emma–se ríe forzado–¿Cómo le dices a alguien que lo amas cuando te está tirando al suelo y te está aplastando al verte caer? Es difícil–hace una pausa–tú no sabes lo que yo siento por ti, tampoco sabes por lo que yo he tenido que pasar y mucho menos sabes lo que yo pensaba y pienso cada vez que te veo. Tus palabras me destrozan y escucharlas de la persona que amo duele más–sus ojos se llenan de lágrimas–no soy fuerte Emma, no lo soy, sé que tú tampoco lo eres y por eso siento haberte lastimado y sé que todo lo que me dijiste no fue más que la pura verdad, solo que…igual nunca deja de doler–mira al suelo para disimular las lágrimas, se las seca y me vuelve a mirar–lo siento.
Yo me quedo igual que él en las otras ocasiones, no digo nada, no sé qué decir ni cómo reaccionar.
–Me voy o a la mujer le dará un ataque–coloca los ojos en blanco y da algunos pasos hacia la escalera, pero se detiene y se gira, yo volteo a mirarlo–por cierto, ella es la chica con la que salía, pero para que sepas…me engañó con mi propio hermano y para colmo–levanta su dedo...

#44

… índice y luego lo baja–me dijo que estaba embarazada de mi–se ríe–es falso, solo quiere que la perdone y que vuelva con ella, por eso vine aquí.
No lo puedo creer.
–Ryan…–me tapo la cara y comienzo a llorar como buena niña que soy y no ha madurado.
Él se acerca y me abraza.
–Necesito que me perdones–susurra mientras me abraza.
Asiento y yo también lo abrazo.
–Lamento haberte hecho sentir mal–me disculpo–estaba molesta y no pensaba–nos soltamos y nos miramos, me seco la cara–pues eso fue todo lo que me salió en el momento, el dolor te hace actuar de una manera que no te importa saber cómo se sienten las demás personas, solo quieres hacer daño porque estás dañado, eso es todo.
Ryan me sonríe y me echa el cabello hacia atrás, acariciándome con sus manos, sus manos hermosas.
–Te extrañé mucho–dice en un tono que yo solo puedo escuchar.
Sonrío con la boca cerrada.
–Y yo a ti–digo la completa y absoluta verdad, es mentira eso de que yo estaba mejor sin él, es una mentira demasiado fuerte.
No decimos más nada, él se acerca y sus labios rozan con los míos, cuando los dos abrimos la boca nos besamos, por fin nos volvemos a besar.
Sus labios son carnosos, su boca se mueve de una manera que me hace llevar al cielo y pues tenerlo cerca, así de cerca otra vez, me hace querer jamás dejarlo para que nada de lo que ya sucedió, vuelva a pasar.

#45

Capítulo 21: Cuando las estrellas dejen de brillar

Ryan me mira sonriéndome.
–Dios, al fin te beso otra vez, ya me estaba muriendo–dice y nos reímos.
–Tienes que ir con la mujer, me dijiste que se volverá loca–le digo sin soltarme de su cuello y él sin soltar mis caderas.
Hace una mueca de fastidio.
–Sí, es cierto, te diría que vinieras conmigo para dejarla en su casa y luego salir nosotros, peeero conociéndola a penas me monte en el auto me va a gritar, discutiremos y ella llorará para hacerse la débil, terminaré molesto y no querré hacer nada–suspira–así que mejor nos vemos mañana ¿Si? Yo te llamo y cuadramos en donde nos vamos a ver.
Me rio por su resumida historia de la chica y él, asiento y le doy un beso corto, él sonríe.
–Me voy–me suelta y lo miro bajar las escaleras, luego le digo si me puede hacer el favor de acompañar a mi amiga y a mí al ginecólogo.
Oh…cierto que son primos, pero de todos modos no creo que él hable.
Bajo después de él y cuando llego abajo veo su auto estacionado justo al frente, la chica le está gritando algo mientras llora, Ryan solo le dice como dos cosas y coloca los ojos en blanco; me dan ganas de reír porque él tenía razón, pero no me rio, solo los veo hasta que el auto arranca y se van.
Suspiro.
Me salió mejor de lo que pensaba venir al ginecólogo; mi teléfono comienza a sonar.
– ¿Si?–digo sin ver el número.
– ¡Amiga!–escucho la voz inconfundible de Nicole.
– ¡Nico!–digo con la misma emoción.
– ¿Cómo estás?–me pregunta.
Sonrío.
–Bien ¿Qué tal tú?
–Bien, bien, oye te llamo para específicamente una cosa–dice–¿Este fin de semana estarás allá cierto? ¿No te moverás a ningún otro lado?
Pienso un poco, supongo que no.
– ¿Hablas de este que es hoy o del que viene?–pregunto porque hoy es sábado.
–Del que viene boba–se ríe.
–Ah, pues creo que sí, no creo que salga, casi nunca salgo–digo caminando de regreso a casa.
– ¡Iré para allá!–dice como loca emocionada.
– ¡Mentira!–digo con los ojos como platos.
– ¡De verdad! Mañana me voy a Georgia ¿Recuerdas que te dije que unas tías se fueron para allá hace años? No las conozco, se fueron como un año antes de que yo naciera–se ríe–pero el punto es que mi mamá me dejó irme el fin de semana a Kansas, para verte–se ríe ansiosa–te extraño mucho ¿Entonces nos vemos el viernes?
–Claro, claro, que sorpresa, de verdad me alegra mucho.
Que feliz me hace saber que vendrá, es cierto que tengo mis nuevas amistades pero Nicole es Nicole, no se compara con nadie.
–Oh, por cierto, hay un pequeño problema–me quedo callada esperando a que lo diga– ¿Me puedo quedar el viernes y el sábado en la casa donde te estás quedando? Ese es el único detalle, pues el dinero no me alcanza para pagar un hotel.
–Bueno, tendría que hablar con María, no creo que me diga que no, de todos modos yo te aviso hoy mismo.
–Ok, está bien–hace un gritico de esos que nosotras solíamos hacer–¡Ya te quiero ver!
Me rio.
–Yo igual Nico, ya ha pasado bastante tiempo–sonrío.
–Si… ¿Y cuándo piensas regresar? Siempre veo a tu hermana Cami en el parque con tu padre, mientras tu madre pasea a Dayana en el coche–se ríe–tu hermanita menor es muy graciosa, se ríe de cualquier cosa y es gordita, así como Cami cuando era bebé–mis ojos se llenan de lágrimas–tienes que conocerla Emma–dice menos alegre–tu familia te está pintando frente a los demás de una manera…distinta.
– ¿Cómo distinta?–pregunto aún con mis ojos llorosos.
–Cuando hablaron conmigo me dijeron que no quieres volver porque te sientes mejor allá, pero dicen que no quieres conocer a tu hermana y que no los extrañas–su voz es baja–no sé si es verdad Emma, pero por un momento pensé que era cierto.
Dos lágrimas se me escapan.
–Eso no es cierto, si es verdad que me siento mejor aquí, pero por supuesto que los extraño, también quisiera conocer a mi hermana, pero sé que si me voy no regresaré a Estados Unidos y no quiero vivir más en Grecia Nicole, si te soy sincera no quiero vivir más allá; por supuesto que es difícil no extrañar tu antiguo estilo de vida, pero me gusta más esta forma de vivir.
–Bueno amiga, sabes que yo te apoyaré en cualquiera de tus decisiones, lo único es que tienes que hablar con tus padres, busca la manera de decirles que no quieres regresar para quedarte, sino para visitarlos y…¿Allí tienes bastante gente conocida?
–Más o menos, lo normal–respondo.
–Entonces pídele ayuda a ellos a conseguir un lugar que sea tuyo, no puedes estar en casa ajena ¿Sabes? A veces los dueños se cansan.
Suspiro, tiene mucha razón.
–Nico, eso es cierto, pero recuerda que soy una menor de edad todavía, no puedo hacer lo que a mí me dé la gana aún.
Hay un largo silencio.
–Entonces tendrás que hacer caso a tus padre Emma, vuelve y cuando tengas la mayoría de edad te mudas a donde quieras, igual eso lo hablamos cuando yo vaya este fin, ahora te tengo que dejar, ya estoy llegando a mi casa y no quiero que me escuchen hablar contigo de estos temas.
–Está bien Nico, te aviso más tarde entonces, adiós.
–Adiós–se despide y cuelga.
No sé qué hacer, de verdad no había pensado tanto esto desde que me vine para Estados Unidos. Nicole tiene razón, aún estoy bajo la responsabilidad de mis padres y tengo que hacer caso a lo que ellos digan, pero no lo sé…tiene que haber una manera de convencerlos de ir exclusivamente a visitarlos.
Mejor dejo de pensar tanto, ya me comienza a doler la cabeza.



Ya le pregunté a María, me dijo que no hay ningún problema, mientras nos comportemos bien, todo perfecto.
Le escribo a Nicole.

Emma: Nico, María me dijo que si, solo tenemos que comportarnos Jajajaja

A los minutos escucho que me llega un mensaje, no es de Nicole, es de Ryan.

Ryan: hola princesa ¿A que no adivinas? Sí pasó lo que te dije jajajajaja oye ¿Qué haces?

Me rio y le sonrío al teléfono como si fuese lo más hermoso que he visto…me encanta que me diga princesa.

Emma: Holaa, siii yo los vi jajajaj pues nada, espero a que una amiga me responda, viene de Grecia a visitarme este fin de semana jeje.

Ryan: Ohh que bien ¿Qué harás esta noche?

Emma: dormir jajajajjajaja.

Ryan: Qué graciosa eres Emma (nota el sarcasmo) ven conmigo a un mirador, yo invito, aunque no se paga nada, pero igual te estoy invitando yo jajajaj

Emma: tú también eres muy gracioso Ryan, está bien ¿A qué hora?

Ryan: ¿Ocho?

Emma: tú eres el que está invitando, te recuerdo.

Ryan: entonces ocho y media.

Emma: ¿Tan tarde?

Ryan: yo estoy invitando, tú misma lo dijiste.

Coloco los ojos en blanco y me rio.

Emma: ok, entonces nos vemos a las ocho y media, te espero en mi casa ¿Sabes en donde vivo?

Ryan: nop, pasa la dirección.

Le paso la dirección y me llega el mensaje de Nicole.

Nico: ¡SIII! Que buenooo. Entonces yo te aviso para que me busques al aeropuerto, yo luego te pago el taxi.

Emma: está bien amiga, no hay problema ¡Nos vemos el viernes! 

Nico: Qué emoción, claro, adiós.

Veo el mensaje de Ryan y dejo de hablar con Nico.

Ryan: Está bien, nos vemos más tarde princesa.

Sonrío.

Emma: Adiós <3

María me llama.
– ¡Enseguida bajo!–respondo, dejo el teléfono en la cama y bajo.
–Emma cariño, es tu madre al teléfono–dice María con el teléfono local.
–Gracias–le digo sonriendo y hablo al teléfono–¿Mamá?
–Hola amorcito ¿Cómo estás?–dice de la misma manera que siempre me saluda cuando quiere pedirme un favor o algo así.
–Hola mamá…bien ¿Y tú?–pregunto entrecerrando los ojos aunque no me pueda ver.
–Bien amorcito ¿Qué tal todo?
–Mamá…te noto rara ¿Qué me vas a pedir?–le pregunto enseguida.
Ella suspira.
–Pensé que no te darías cuenta–dice decepcionada de ella misma, yo me rio–hija, quiero que regreses…queremos, mejor dicho, queremos que regreses por favor.
Suspiro.
–Mamá, sé que quieren que regrese y también sé que yo no puedo hacer lo que a mí me plazca, pero te voy a ser sincera, me siento bien aquí, siento que aquí puedo tener un buen futuro, me siento cómoda.
– ¿Y aquí no te sietes cómoda?–pregunta triste y decepcionada.
Ay no…es que no sé cómo expresarme sin lastimar los sentimientos de mis padres, es complicado.
–Claro que sí, pero me siento más segura y completa aquí, no te voy a mentir, por supuesto que los extraño, yo quiero ir para allá, pero de visita mamá, quiero regresar a Estados Unidos.
Hay un silencio en la línea.
–Espera por lo menos a tener la mayoría de edad hija, por lo menos pasa con nosotros unos años más y comienza a hacer tu vida después, te necesitamos aquí.
Mis ojos se llenan de lágrimas.
–Yo también los necesito, pero necesito que ustedes me entiendan, estando allá siento que todos los días son iguales, que nada cambia, no van a entender jamás la sensación que tengo cuando estoy allá a la que siento cuando estoy aquí.
–Bueno Emma, yo voy a hablar con tu padre, cuando tengamos respuesta te llamo otra vez.
Saldré perdiendo, cuando luchas con tus padres siempre sales perdiendo ¿No es cierto? Porque hasta cuando te “complacen” están beneficiándose a ellos de alguna u otra manera, juegan con trampa, eso no se vale.
–Está bien mamá–suspiro por mis pensamientos–, que descansen, allá ya es tarde–me rio.
Mi madre también se ríe.
–Sí, es cierto, que descanses cuando sea que te acuestes hija, adiós.
–Adiós mamá–cuelgo.
–Emma, disculpa por meterme en tus asuntos, pero deberías ir a tu casa, aún eres joven y deberías estar con tus padres hasta que tengas la edad suficiente y puedas empezar tu vida aparte de ellos…
¿De verdad? ¿Todo el mundo me lo tiene que decir? Ya sé que soy una niña aún, pero es que nadie puede entender.
–Lo sé…pero es complicado María, no sabes lo que yo he vivido allá y pues es difícil tener que regresar a ese lugar cuando ya te sientes tan cómoda en ese otro.
María me sonríe y se acerca a mí.
–Haz lo que te diga tu corazón–dice agarrándome las manos–pero jamás dejes a tu familia de lado, ellos son los que siempre estarán ahí.
Sonrío.
–Gracias–le digo y la abrazo.
María realmente ha pasado a ser alguien muy...

#46

...importante para mí, siempre hablamos de la vida y su atención hacia mí es bastante linda.
Ella es una de las cosas que también me hace sentir mejor.



Nishta ha venido a visitarme un rato en la tarde, estuvimos actualizando todos los cuentos que nos hemos perdido, hablamos de Ryan, de nuestros amigos en Grecia, de que Nicole viene, unas que otras cosas del colegio y del béisbol. Se fue hace media hora.
– ¡Me voy María!–digo saliendo de la casa ya arreglada, mientras Ryan me espera en su auto afuera.
– ¡Adiós cariño! ¡No llegues tan tarde!
Sonrío.
– ¡Te aviso cuando venga de regreso!–cierro la puerta y escucho su “Está bien, disfruta”
Ryan tiene las ventanillas abiertas, me está sonriendo, mi sonrisa causada por María se une con una que es causada gracias a ver a Ryan sonreír.
Me monto en el auto.
–Hola–lo saludo acercándome a sus labios.
–Hola–me responde y nos damos un beso corto.
El auto arranca, comenzamos a ir al supuesto mirador.
–¿Sabías que hoy se ven más las estrellas?–me pregunta.
Lo miro, él ve hacia adelante mientras maneja.
–Nop–respondo sin dejarlo de mirar.
–Sí, menos mal nos reconciliamos, desde hace tiempo he querido llevarte a un mirador pero especialmente en días como estos, la luna también se ve más grande–se ríe.
–Qué lindo–digo sonriendo.
–A mí me encanta todo eso que tiene que ver con el espacio, es un tema muy lindo e interesante.
–Es cierto, solo que no le he prestado mucha atención–dejo de mirarlo y veo hacia adelante.
Cruzamos a un lugar donde todo comienza a estar más solo.
–Hoy no hay casi nadie aquí–dice.
– ¿Por qué?–le pregunto extrañada.
–Porque no abren–se ríe.
Evito reírme y lo miro, él también me mira.
– ¿Y entonces como piensas entrar?–le pregunto.
–Un amigo está de guardia hoy, solo hay que pasar por los lados donde no están las cámaras y cuando lleguemos al campo, allí si no hará falta esconderse porque no hay cámaras.
Me rio y nos quedamos callados por un momento, los dos miramos hacia al frente otra vez.
–Estás loco, lo supe desde el primer momento que te conocí ¡No querías jugar! ¿A qué niño respectivamente normal no le gusta jugar?
Ryan se ríe.
–Claro que quería, que no podía era otra cosa–nos reímos–aunque tengo que admitir que ya estaba grande y no estaba para esas cosas.
– ¡Uy cuidado! ¡El chico guapo de trece años ya es un hombre!–digo sarcástica riendo al igual que Ryan.
–Te amo–dice sonriendo mientras mira haca al frente.
Sonrío.
–Yo te odio–digo cortando el momento por la simple razón de que me da pena decirle que yo también lo amo.
– ¿Por qué? ¿Qué hice yo para merecerme esto?–pregunta actuando como si estuviese dolido, luego se ríe–llegamos.
Se estaciona bastante lejos de la entrada.
–Vamos–me dice y nos bajamos.
Comenzamos a caminar de la mano, un chico flaco y con cara graciosa aparece sonriéndonos, el uniforme es cuatro veces él, le queda muy gracioso.
– ¡Hey!–se saludan–te presento a mi amiga–dice Ryan y me quedo paralizada ¿Somos amigos? Bueno, sí, realmente no somos ni fuimos nada, aun no.
Su amigo me sonríe.
–Mucho gusto, mi nombre es Randy–se presenta.
–Yo soy Emma–digo estrechando su mano.
–Bueno, ya sabes por donde ir Ryan–le dice y le guiña un ojo.
Ryan asiente y comenzamos a caminar por los alrededores de la entrada, hasta que llegamos a un campo, el que me dijo Ryan, comenzamos a caminar.
–Es largo el camino–me advierte.
–No hay problema–me encojo de hombros.
– ¿Te mudaste para Estados Unidos definitivamente?–me pregunta.
–Emmm….es un tema del cual hoy no quiero hablar más, en serio–digo y me rio para que no parezca muy cortante, aunque ya lo pareció.
–Claro, no importa… ¿Y qué tal todo?
–Bien… ¡Oye! Recordé que tenía que decirte algo.
Ryan me mira mientras seguimos caminando.
–Sabes que tengo una amiga que es tu prima Shaleen, la cual necesita tú ayuda…o sea, nuestra ayuda, pero más tuya porque tú eres mayor de edad–Ryan frunce el ceño, me rio–ok, déjame explicarte desde el principio–suspiro–mi amiga andaba extraña, un día le pregunté que qué le pasaba, pues ya me tenía muy preocupada, ella me dijo que se acostó con un chico y que la regla no le ha bajado–Ryan coloca los ojos como platos–entonces fui al ginecólogo a ver si ella puede ir sin algún representante o mayor de edad, pues no–frunzo los labios–así que necesito que tú te presentes como su primo y ella pueda pasar a que se haga un chequeo normal y aproveche para que le hagan el eco ¿Puedes?
– ¿Mi prima Shaleen? ¡¿La calladita?!–eso me causa risa, me rio y asiento–woow, no me lo esperaba.
–No digas nada por favor–le pido con carita de perro.
Él se ríe.
–Claro que no diré nada y sí las voy a ayudar, espero solo sea un retraso normal, porque si no a mi familia le dará un ataque, créeme, le tienen fobia a ese estilo de cosas, más si no es casada, ya si se casa a los trece años es problema de ella si queda o no embarazada, no le dan demasiada importancia, pero mientras no estén casados ni el hombre ni la mujer, es un drama en mi familia.
–Que locos–digo en voz baja.
–Hey, te escuché–nos reímos.
Caminamos un rato hablando de sus hermanas que son extremadamente mala conducta, les encanta salir todos los viernes, sábados y a veces hasta los domingos, a una de ellas le encontraron droga, pero supuestamente ya lo dejó, otra tiene como mil novios, todas son locas, hasta la más pequeña pero a su manera. Los hermanos son los que se portan mejor y pues él que es el ejemplo de la familia por todo lo que pasó y ahora está de pie–literalmente–siguiendo su vida, sin quedarse detenido por nada.
–Aquí–dice cuando terminamos de subir por una montañita inclinada.
Ryan se acuesta en el suelo, todo está oscuro, lo único que alumbran son las estrellas y la luna.
Me acuesto a su lado, estamos separados como por 25 centímetros.
–Ok ¿Y qué haremos?–le pregunto con mi cabeza recostada del césped que está súper corto, mientras lo miro.
Él me mira.
–Miremos el cielo–dice y deja de mirarme para mirar el cielo.
Coloco los ojos en blanco ¿Eso es todo lo que vamos a hacer? Suspiro y volteo mi cabeza hacia arriba.
Woow, no me lo esperaba, desde que llegamos aquí no haba visto hacia arriba, de verdad.
Hay demasiadas estrellas, la luna está a nuestro lado derecho, pero todas las estrellas nos alumbran, qué bonitas; es extraño ¿Por qué jamás había visto las estrellas así de lindas como hoy?
Nos quedamos mirando al cielo, las estrellas y la luna, en silencio; no sé cuánto tiempo pasa, pero es tan relajante que no me importa.
Ryan se ríe y eso me hace mirarlo, él me está viendo ya.
– ¿Qué?–le pregunto extrañada.
–Pareces una niña que jamás había visto televisión, estás hipnotizada.
Me rio.
–Es que es hermoso, las estrellas, la luna, todo, están de una manera que podría llamarlas perfectas, como si la noche fuese mandada a hacer–me rio y vuelvo a mirar las estrellas.
–Pues claro ¿Cómo vamos a notar lo bonito del cielo si nunca nos acostamos a descansar un poco del camino? A veces tenemos que parar, acostarnos y mirar el cielo, ahí es donde notaremos las estrellas y nos daremos cuenta que ellas siempre han estado ahí para alumbrarnos.
Lo miro, él está mirando el cielo y miles de preguntas existenciales pasan por mi cabeza.
– ¿Y si dejan de brillar? ¿Y si no me doy cuenta y cuando las busque no las encuentro?–pregunto y como no me mira, miro al cielo otra vez–las estrellas no siempre estarán alumbrándonos–digo casi segura.
– ¿Cómo lo sabes?–me pregunta.
–En el día no las veo–digo mientras detallo cada una.
–En el día está el sol Emma, las estrellas siguen ahí, solo que no las podemos ver porque tenemos a la estrellas más cerca alumbrándonos.
– ¿Y en las noches nubladas?–pregunto–no las veré tampoco.
–Serán solo noches nubladas, ellas no se moverán de allí, cuando pase la tormenta las volverás a ver.
Me siento y él también se sienta enseguida.
–Tengo miedo de que las estrellas dejen de brillar–digo en voz baja.
–No te mentiré–dice y nos miramos–yo también tengo miedo–nos quedamos callados por un momento, solo viéndonos–, Manuela me enseñó que las estrellas viven hasta cierto tiempo, duran miles de años, pero luego se deshacen, dejando solo la luz reflejada, como un destello, por bastante tiempo también; tal vez tenemos que aprender de ese destello y luego enfocarnos en otra.
Asiento.
–Y sobrepasar las nubes que no nos dejarán verlas en algunas oportunidades–digo–porque a pesar de todo, ellas no dejarán de alumbrarnos ¿Cierto?…tal vez muera una, pero millones siguen vivas, ahí–miro el cielo–alumbrando para todos nosotros.
Ryan se acerca más a mí y me abraza con un solo brazo, mientras los dos miramos el cielo sentados.
–Yo me aseguraré de que las estrellas no dejen de brillar ante tus ojos–dice en voz baja.
Sonrío.
–Y yo me aseguraré de recordarte que las estrellas seguirán brillando cuando no las puedas ver–digo en voz baja.
Momentos así quisiera que fuesen infinitos.
–Cuando cerremos nuestros ojos y dejemos la tierra, cuando ya hayamos cumplido nuestra misión aquí, será…
–Cuando las estrellas dejen de brillar–completo enseguida.
Nos miramos sonriendo.
–Tú eres mi estrella favorita–me dice sonriendo–mi estrellita de ojos verdes que entró por esa puerta gigante y trató de convencerme de jugar, la que se quedó conmigo, ahí alumbrándome justo cuando creía que no había luz…Emma–me agarra la cara con delicadeza–si tu luz se apaga, la mía ya no existirá.
–No puedes depender de otra estrella Ryan–digo casi en susurro–las estrellas brillan por sí solas, tú tienes tu brillo propio.
Se ríe irónico.
–Tú encendiste mi luz, así que soy como un pedazo de ti–se ríe–como un destello y si tú te apagas yo desapareceré al poco tiempo, cuando ya no te vea más brillar.
Sonrío, solo nos miramos en silencio.
–Te amo–lo digo por fin.
Él sonríe, la sonrisa más sincera y hermosa que he visto y la única más hermosa de las que vea de ahora en adelante.
–Yo también te amo–responde y me acaricia la mejilla.
Me inclino hacia él pero él termina de...

#47

… acercarse a mí y me besa, sus suaves labios con los míos, luego nuestras lenguas hacen contacto, lentamente, como si la vida se detuviese solo por nosotros dos y este momento.
Creo que no hay mejor luz que la que nosotros dos creamos cuando nos unimos, si su supuesto destello muere, mi luz se apaga y solo seré una roca más en el espacio, pero si mi luz muere, sé que su destello desaparecerá.
Sólo los dos, estando juntos, nos podemos mantener vivos.

#48

Capítulo 22: Hazlo

Ryan y yo hablamos casi toda la noche, me explicó demasiadas cosas que no sabía acerca de las estrellas, me dijo que eso era lo otro que más le gustaba además de psicología, pero que habían muchas cosas que tenían relación. Nos besamos mucho, por supuesto, pero él no hizo que en algún momento me sintiera incómoda, Ryan sabe hasta dónde puedo llegar yo o me dan mis crisis, luego de pasar toda la noche allí me trajo a casa y ahora estoy acostada mirando el techo y pensando que lo amo demasiado ¿Qué hubiese pasado si mis padres no se van de viaje y no me quedo esa semana con mi tía Mary? ¿No lo hubiese conocido jamás? Woow, sería un mundo muy distinto, tal vez fuese como un estilo de pesadilla, porque es mejor que haya pasado todo lo que pasó a que nunca haya pasado nada y mi vida sea simplemente de blanco y negro.



Estoy desayunando y viendo la tele con María.
– ¿No quieres más Emma?–me pregunta María levantándose para servirse un poco más de huevo revuelto.
Niego con la cabeza y sigo viendo la tele, termino de comer y me voy a duchar, cuando salgo de la ducha entro a mi habitación y encuentro a Ryan ahí sentado, en mi cama.
Doy un salto del susto.
– ¿Tú qué haces aquí?–le pregunto riendo y cerrando la puerta detrás de mí.
Dios que pena, estoy en toalla.
Me sonríe.
–Quería venirte a visitar, hoy no entreno ni nada–se encoge de hombros.
–Estoy en toalla…salte–digo mirando a todos lados incomoda.
–Yo me tapo–dice colocándose las manos en la cara como un niño y eso me hace reír.
–Yo me sé ese jueguito Ryan, siempre hacemos trampa–arqueo una ceja–salte.
Coloca los ojos en blanco y se tira de cabeza a la cama.
– ¿Aquí voy a ver?–pregunta con la cabeza incrustada en la almohada, creo que no respira.
Enseguida me quito la toalla y me coloco la ropa interior.
–No veas, aún falta–digo mirándolo y colocándome la ropa.
Él se ríe, termino de vestirme y me siento a su lado, Ryan se levanta y me mira.
Sus ojos verdes son hermosos, sé que son más lindos que los míos, aunque él no lo quiera admitir.
– ¿Cómo estás?–me pregunta cuando nos estamos mirando de cerca.
–Estaba bien, pero ahora que llegaste tú estoy mejor–me encojo de hombros y me rio.
Él me sonríe, me agarra la cara, se acerca a mí y me besa.
Amo sus besos, lo amo a él.
– ¿Cómo estás tú?–le pregunto.
–Bien, me acosté pensando en ti y me desperté pensando en ti, como siempre–coloca los ojos en blanco.
Me rio y lo abrazo.
–Ryan… ¿Qué se supone que somos?–le pregunto y lo miro otra vez.
Él ladea la cabeza.
–Somos amigos–dice evitando reírse–amigos que se gustan y se besan siempre.
Lo miro con cara de pocos amigos con una sonrisita en la boca.
–Amigos con derecho, ok, me parece bien–digo y me encojo de hombros–¿Y qué se supone que vamos a ser?
Él se queda callado.
–Por ahora saldremos Emma, ya conocemos bastante de nosotros, pero no completamente, así que tenemos que llevar las cosas con calma.
Es verdad, pero me pone triste la realidad.
–Sí, cierto, está bien–asiento–¿Qué haremos hoy?
– ¿Quieres ir a conocer a mi familia?–me pregunta.
Hago una mueca de “¿Me estás hablando en serio?”
–Me estás diciendo que vayamos despacio y quieres que conozca a tu familia–me rio–no te entiendo.
Él se ríe.
–Emma, conocerás a mi familia, te presentaré como una amiga, poco a poco se irán acostumbrando a ti hasta que seamos novios–se encoje de hombros–así de sencillo.
Lo pienso un poco, es verdad.
–Ok, está bien ¿Cuándo iremos? O sea, sé que es hoy, pero a qué hora.
–Ahorita mismo puede ser.
Ya va, un momento, es demasiado temprano, son las nueve de la mañana y no voy a ir a molestar a una casa ajena tan temprano.
– ¿Y por qué no mejor en la tarde?–le pregunto–es muy temprano.
–Prefiero en la mañana, que están todos en casa.
Ay no, ya tengo miedo.
– ¿Cuántos hermanos y hermanas me dijiste que tenías?–le pregunto arrugando la cara.
–Siete–se ríe–y un perrito nuevo, además de los grandes.
Asiento y me rio.
– ¿Vamos?–me pregunta.
–Déjame colocarme algo más decente–digo obvia y me levanto de la cama, busco una ropa bonita en mi closet y volteo por un momento a mirar a Ryan, él me está mirando, entrecierro los ojos y él sonríe divertido–¿Qué ves?–le pregunto.
–Nada, nada, sigue en lo tuyo–dice haciéndose el inocente.
Entrecierro más los ojos pero luego me volteo y sigo buscando.
– ¿Puedo darte un beso en el cuello?–me pregunta de la nada.
Volteo lentamente y me comienzo a reír, me giro y quedo frente a él.
– ¿Estás loco? No–coloco los ojos en blanco y sigo buscando.
Escucho cuando se levanta y camina hacia mí, me abraza por detrás y me da escalofrío.
– ¿Por qué no puedo? –me pregunta con voz chiquita.
–Porque es mi cuerpo y mi cuello, así que no quiero que lo beses–digo sonriendo.
–Está bien, lo respeto, pero en algún momento tu cuerpo no será nada más tuyo, tendrás que compartir.
Me giro quedando igual de pegada pero ahora de frente.
–Algún día, que no será ni hoy, ni mañana–arqueo una ceja.
–Pasado mañana entonces–dice burlón y nos reímos.
Me muerdo el labio inferior, me provoca besarlo, así que lo agarro del cuello y lo beso, este beso es extraño, tiene una sensación distinta, como si fuese con otras intenciones, pero él se detiene, está agitado.
– ¿Ni uno pequeñito?–me pregunta con los ojos cerrados respirando fuerte.
Le toco la cara y él me mira, niego con la cabeza, asiente porque lo entiende, me da un beso corto y se va hacia la ventana, yo solo lo miro.
– ¿Puedo ir al baño?–me pregunta algo incómodo.
– ¿Qué harás?–le pregunto evitando reírme porque bueno…
Se ríe.
–Solo orinaré Emma, eso es todo–dice y sale de mi habitación.
Me rio sola y elijo un conjunto bonito para ponerme, aprovecho y me cambio antes de que Ryan llegue.
Entra a mi habitación y me mira.
–Creo que solo te había visto en falda o vestido de pequeña–dice evaluándome mientras me coloco mis zapatillas.
Sonrío.
–Sí, de pequeña me gustaban más.
–Te queda bien–dice y se asoma por la pequeña ventana.
Lo miro, es tan…perfecto.
– ¿Vamos?–le pregunto agarrando mi carterita, él me mira, sonríe y salimos.



Llegamos a la SÚPER mansión de los Hollins, parece un castillo, es inmensa, ahí puede vivir un colegio completo y queda espacio.
– ¿Para diez personas y un perro?–pregunto en un hilo de voz.
Ryan se ríe.
–Son más perros ¿Recuerdas que te dije que teníamos varios pero todos grandes?–Oh cierto, me mira y asiento–, porque unos son guardianes, pero el nuevo es doméstico y si, solo para diez personas–me mira cuando estaciona el auto al lado de nueve autos más último modelo todos–¿Bastante exagerado no?
Trato de decir algo pero no sé ni siquiera qué decir.
–Mejor no opino–nos bajamos del auto y comenzamos a caminar hacia la entrada.
– ¿Todos esos autos son de ustedes?–le pregunto.
Él asiente.
–Cada quien tiene uno, siempre nos lo prestamos, pero este que cargo yo es el mío, mío, mi padre tiene más pero los tiene en otro lugar, dice que llaman mucho la atención.
Me quedo sin palabras ¿Entonces qué? ¿Estos no llaman mucho la atención? Dios mío, vida de ricos tenía que ser.
Tocamos el timbre, nos abren enseguida.
–Gracias Tod–le agradece Ryan al hombre que nos abrió la puerta.
Tod asiente cordialmente y me sonríe.
–Bienvenida a la mansión Hollins señorita–dice Tod.
–Gracias–digo más bajo de lo que lo pienso y le sonrío.
Pasamos y un perrito llega enseguida a mis pies oliéndome con su colita moviéndose.
AWWWWWW SE PARECE A ROYYYYYYYYY ¡ES IDÉNTICO!
Enseguida me agacho sonriendo y lo acaricio, está chiquitito.
– ¡Se parece al mío!–digo casi llorando.
Extraño a mi perrito, solo que con tantas cosas en la cabeza…
Ryan se ríe.
–Yo lo elegí–me dice y se agacha para saludarlo también.
–Se llama Giles, es un machito–me mira y me sonríe.
Agarro a Giles y lo cargo mientras me levanto.
–Ya llegó, le voy a reclamar–escucho la voz de una niña que supongo viene para acá– ¡Ryan!–dice una niña de la edad de mi hermana, tiene el cabello castaño y los ojos oscuros– ¡El pedazo que quedaba de mi pastel te lo comiste!–dice molesta con sus brazos en la cintura.
–Primero que nada–dice Ryan arqueando las cejas–hay visita, compórtate Rhianne; segundo, yo no me comí tu pastel, siempre se lo come Sebastián y me culpa a mí–coloca los ojos en blanco–ve a reclamarle a él.
Rhianne con su ceño fruncido me mira.
– ¿Y quién es ella?–pregunta y mira a su hermano.
–Una amiga, se llama Emma–le explica Ryan.
– ¡Mamá Ryan trajo a otra novia!–grita y se va molesta desde donde vino.
Ok…Auch.
–Dije que era una amiga Rhianne–responde es voz alta Ryan algo molesto.
Arqueo las dos cejas y asiento sin decir nada.
Aparece una chica cabello amarillo y ojos azules desde el mismo lado por donde apareció Rhianne.
Me mira, me sonríe y luego mira a Giles que está en mis brazos.
–Este perrito está buscando que lo deje dormir fuera con los demás–dice con voz chiquita acercándose a nosotros–¿Me lo permites? Es que se me ha escapado dos veces, no quiere bañarse–coloca los ojos en blanco y se ríe mientras le entrego a Giles.
–Verónika, ella es Emma, una amiga–dice Ryan.
–Hola Emma, un placer–dice Verónika y me sonríe otra vez.
–Igualmente–le digo de la misma manera.
–Ya regreso, iré a duchar a este perrito–le da un beso y se va hablándole chiquito.
Ya ella me cayó bien.
Caminamos hacia donde la chica se fue y es una sala inmensa en la cual está un chico moreno sentado en uno de los muebles leyendo el periódico.
–Hola enfermo–lo saluda Ryan, él voltea y nos mira.
–Hola psicópata–lo saluda y se ríe.
–Te presento a Emma, una amiga–me presenta.
El chico se levanta y extiende su mano, la estrecho.
–Mucho gusto, Emma–me presento.
–Sebastián–se presenta él–hermano mayor de todos estos psicópatas que conocerás.
Me rio.
– ¿Quién es la supuesta novia que anda diciendo mi hermana por ahí a gritos?–pregunta una chica morena pero no tanto, es como café medio y ojos claros, bajando por unas escaleras.
Dios, que pena.
Viene...

#49

... sonriendo.
–Es una amiga Maureen, solo que Rhianne piensa que todas las chicas que yo conozco son mis novias–dice Ryan colocando los ojos en blanco.
–Hola–la saludo algo tímida–me llamo Emma.
–Hola Emma–me saluda alegremente y se acerca para abrazarme.
Woow, no me lo esperaba.
–Mi nombre es Maureen, hermana mayor entre las chicas–se ríe–, por cierto disculpa a nuestra hermanita Rhianne, anda de mal humor por su pastel.
Me rio.
–No hay problema.
–Oye cara de mono, mamá dijo que hicieras la lista que necesitas para mandar a comprar a Wanda lo que necesitas–le dice Sebastián a Maureen.
Maureen se acerca a su hermano y comienzan a hablar.
–Ven, vamos al salón de arriba, allí debe estar mi padre–dice Ryan y me agarra de la mano para guiarme, subimos las escaleras por las que bajó Maureen, esta casa es inmensa, si me dejan sola me pierdo.
–No creo amor, dile a Jayden que te lleve–dice un hombre.
–Pero es una reunión de padres e hijas–escucho que dice Rhianne algo triste.
–Rhia, sabes que los lunes trabajo.
Ryan me mira y frunce los labios, llegamos a una sala, veo a un hombre de cabello castaño y ojos oscuros hablando con Rhianne.
–Bueno…–dice ella y se va a una de las habitaciones cercanas con sus hombros hacia abajo.
El hombre nos mira y nos sonríe.
–Hola papá, ella es Emma, una amiga.
No sé cuántas veces tendré que escuchar “una amiga” hoy, pero cada vez que lo escucho se siente una cosa rara en mi pecho.
–Un placer Emma–se levanta y me abraza–soy Abraham Hollins, el padre de esta pequeña familia–dice sonriente.
PEQUEÑA, sobretodo.
–Igualmente señor Hollins–digo sonriéndole.
–Llámame Abraham, señor Hollins suena de gente adulta–se ríe–ya sé que soy gente adulta, pero uno nunca pierde la esperanza–me guiña un ojo y me rio.
–Es cierto, a mi madre tampoco le gusta que le digan señora–me encojo de hombros y me sigo riendo.
– ¿Y mi madre?–pregunta Ryan a su padre.
–Está en su oficina–le responde.
–Vamos–dice Ryan, me despido del señor Hollins y nos vamos por un estilo de pasillo que es como un puente, es todo de vidrio y podemos ver hacia afuera.
–Woow–digo mirando por donde pasamos.
–Mi padre es arquitecto–explica Ryan.
Ohhh ya.
– ¿Y tu madre?–le pregunto.
–Abogada.
Ohhh por dos.
Un chico de más o menos mi estatura o un poco más alto, cabello amarillo y ojos azules–muy parecido a Verónika– viene de frente a nosotros.
–Buenos días–dice y sigue caminando.
–Buenos días–respondo yo solamente.
Eso es raro.
Ryan está serio.
–Ehh…
–Después lo hablamos–dice seco y seguimos caminado.
Bien…es mejor.
Llegamos al otro lado de la casa, es igual al que estábamos ahorita pero al sentido contrario, tiene un pequeño piso más, al igual que el otro lado. Ryan y yo caminamos hacia una de las puertas y tocamos un timbre.
–Adelante hijo–dice un micrófono.
–¿Cómo sabe qué…?–no termino cuando Ryan me señala una cámara–oh.
Ryan me sonríe de medio lado y pasamos.
–Buenos días mamá–dice Ryan.
–Buenos días–digo yo tímida.
Bien Emma, comportate bien, no le temas a los abogados… no sé pero los abogados me ponen nerviosa.
–Hola hijo ¿Hola…?–espera mi nombre.
–Emma–sonrío.
–Emma–completa ella y me sonríe–siéntense–nos invita.
Me siento del lado derecho y Ryan del lado izquierdo, ella mira a Ryan.
–Te venía a presentar a mi amiga Emma, mamá–dice y me mira.
–Mi nombre es Darleen Hollins, como ya sabrás madre de estas criaturas.
Darleen es morena por todos lados y es HERMOSA, la morena más bella que he conocido.
–Un placer–digo sonriendo.
Siempre yo con mi sonrisa fiel para ver a quien engancho y les parezco tierna.
–¿Qué harán hoy? Pueden ir al cine o al campo de golf, también le puedes mostrar la sala de teatro–se encoge de hombros–como tú quieras hijo.
–Sí, de todos modos le mostraré la casa, así que conocerá la sala de cine y todo eso–Ryan le sonríe a su madre–vamos–me dice–para que nos dé tiempo de que conozcas todo.
Asiento.
–Adiós señora Hollins–me despido.
–Nos vemos en un rato mamá–dice Ryan.
–Disfruten–dice Darleen y salimos.
–Tu madre es un encanto–digo sonriéndole a Ryan, él me mira y también me sonríe–y demasiado joven…o eso hace parecer.
–Lo sé–se ríe.
–¿Tienen cine en la casa?–le pregunto.
–Sip, nosotros salimos de la casa porque aquí no hay colegio ni nada de eso, pero de resto, tenemos todo.
Woow.
Una chica de ojos verdes y cabello castaño, se asoma desde su habitación.
–¡Cameron!–grita la chica y luego nos mira–¡Ah hola!–dice algo apenada.
–¡DIMEEEEE!–grita un chico asomándose desde la habitación de al frente, también nos mira y se coloca rojo, es súper blanquito y es pelirrojo–oh lo siento.
Me rio y Ryan niega con la cabeza pero se ríe luego.
–Chicos–dice Ryan y ellos salen de su habitación–ella es Emma, mi amiga–me presenta.
–Hola chicos– los saludo.
–Hola Emma, mucho gusto, mi nombre es Yannel–dice con pena.
–Yo soy Cameron…la loca esta lo gritó–se ríe tímido.
Ay…es tan lindo, me encanta, los pelirrojos siempre me han parecido lindos.
Les sonrío.
–Lo sé, estoy consiente–digo y nos reímos todos.
–Bueno…ya te presenté a mi familia y a mi perrito Giles, ahora tengo que mostrarte la casa–dice Ryan–por cierto chicos, tienen la habitación al frente, pueden salir y tocar la puerta como gente civilizada.
Yannel y Cameron se ríen, nosotros seguimos caminando y ellos dos se quedan hablando.
–Tu hermano es súper lindo, bueno, toda tu familia es demasiado hermosa, esa fue en la mía que hubo un error de impresión–nos reímos.
–Tú eres hermosa, tu hermana es hermosa, tu pequeña familia es hermosa, créeme.
Lo abrazo mientras caminamos y él me da un beso en la cabeza.
–¿A dónde vamos?–le pregunto.
–Ya que estamos cerca de mi habitación, te la presentaré, luego te iré mostrando todo.
Asiento y llegamos al final del pasillo en el cual hay un ventanal, entramos a la habitación que está a la izquierda y me quedo atónita al ver lo GIGANTE que es su habitación.
–¡¿TODO ESTO PARA SOLO DORMIR?!–le pregunto casi a gritos.
Ryan se ríe.
–También para bañarme, vestirme y hacer ejercicio Emma, no solo duermo.
Lo miro con los ojos como platos y él cierra la puerta, comienzo a caminar por toda la habitación, hay una escalera, en la parte de abajo hay como una mini oficina del lado izquierdo, del lado derecho está un closet inmenso, hay muebles de lo grande que es, en el medio está la cama que parece cuatro veces más grande que la matrimonial.
Veo en sus adornos, fotos de él, algunas con su familia y otras él solo desde que estaba pequeño–cuando lo adoptaron–están en orden, primero cuando estaba en silla de ruedas y cuando lo veo allí me vienen todos los recuerdos a la mente, sonrío, otras con máquinas, con muletas, poco a poco hasta verlo con un bate de béisbol en los brazos de pie sonriendo.
Lo miro y le sonrío.
–Esta familia fue un milagro para ti–le digo mientras él me mira desde su cama, está sentado–me alegra mucho que la hayas encontrado.
Me sonríe.
–Tú me dijiste que la encontraría y así fue.
Sonrío y sigo viendo las cosas.
–¿Puedo subir?–le pregunto.
–Arriba solo es el área de ejercicio princesa, no hace falta que subas.
Princesa…aayyyy.
Me muerdo los labios para evitar sonreír por el comentario.
Corro hacia él y lo abrazo, pero eso lo hace caer en la cama de espalda.
–Ok, no lo vi venir–dice y se ríe mientras también me abraza.
–Te amo–le digo y levanto mi cabeza para mirarlo.
–Yo también te amo mi niña–dice y me mira a los ojos.
¿Por qué sus ojos me gustan tanto? Dioos me va a volver loca.
Me siento bien a su lado, no encima y nos miramos.
Él agarra aire y suspira fuertemente, lo que me hace reír.
–¿Qué piensas?–le pregunto.
–Nada–se ríe.
–Dime–insisto.
Al decirme “nada” es ley que está pensando en algo, tiene que estar consciente de que no puede estar pensando en nada y que le voy a insistir hasta que me diga, es lo más normal, siempre nos pasa con alguna persona.
–Solo pienso que te amo Emma, eso es todo, no tengo que estar pensado cualquier otra cosa–me mira.
Me quedo callada.
–¿Y ahora qué piensas tú?–me pregunta.
Entrecierro los ojos para seguir pensando y luego lo miro firme.
–Hazlo–digo.
Él frunce el ceño.
–¿Qué cosa Emma? No te estoy pidiendo nada–se ríe confundido.
–Quiero que lo hagas–insisto porque sé que en algún momento lo entenderá.
–¿Pero qué quieres que haga?–pregunta confundido riéndose.
Suspiro.
–Hazlo antes de que me arrepienta–digo arqueando una ceja.
Él me mira entrecerrando los ojos y sonríe cuando al fin lo entiende.
Se moja los labios y evita reírse, se acerca más a mí y siento una adrenalina extraña, mi corazón se acelera cuando coloca su mano derecha en mi torso, me mira, me sonríe y su cabeza se esconde en mi cuello, cuando solo sus labios lo rozan me da escalofríos y siento algo extraño en mi cuerpo.
Da un beso corto, siento su respiración en mi cuello, abre la boca y besa mi cuello lentamente, siento su lengua, mi respiración es más acelerada, la sensación me hace cerrar los ojos y algo extraño en mi entrepierna sucede, es como un boom, boom, boom, algo que no había sentido antes.
Levanto más la cabeza y Ryan sonríe contra mi piel al darse cuenta que lo estoy dejando más, él sigue, cada vez más suaves y provocadores.
Abro la boca para respirar mejor, mis ojos están como bobos.
Su mano derecha que está en mi torso baja más, pero poco a poco, sé que quiere ver si lo dejo o no.
Por primera vez no quiero detenerlo.
–Hazlo–digo a duras penas, él vuelve a sonreír y sus labios sube al lóbulo de mi oreja, eso me pone peor, así que me muevo incomoda en donde estoy.
¿Qué sucede?
Su mano derecha sigue bajando lentamente...

#50

... y llega hasta mi falda, no se mueve más, ni siquiera toca por dentro solo la deja ahí.
Mi respiración sigue igual, quiero que toque, no me importa.
Agarro su mano y la coloco dentro de mi falda, solo rozando por fuera mi ropa interior, siento más deseo ahora, es primera vez que me pasa algo así de fuerte.
–Pensé que no me dejarías–dice a mi oído, yo ni siquiera puedo hablar–¿De verdad me dejas?
Asiento, es todo lo que puedo hacer, él sigue con sus besos y mueve sus dedos por encima de mi ropa interior, siento como algo sale de mi parte, dios…no había entendido eso de “mojarse” hasta ahora.
Muero lentamente cuando mueve mi ropa interior a un lado y sus dedos hacen contacto conmigo…con mi parte.
–Ay Emma–dice ahora con la respiración mucho más acelerada.
Me muevo en donde estoy sentada y él introduce un dedito en mí.
Solo eso bastaba para que mis hormonas se terminaran de activar y olvidar todo lo que me hicieron cuando era pequeña.
Trato de no hacer ningún tipo de ruido extraño y lo logro, él mueve su dedo y el momento se siente más intenso, tanto que yo misma me muevo, luego introduce otro dedo y tengo que cerrar los ojos porque de verdad están demasiado bobos, se van de la nada.
–Dios–susurro y Ryan se ríe.
–Lo sé, a mí también me gusta–dice.
–¡Ryan!–digo y me rio, pero es muy difícil pensar en otra cosa que no sea en sus dedos ahí.
Sigue moviéndolos y decide mirarme a los ojos, pero no lo dejo, me da pena.
–Emma, mírame–me pide, yo con todo y aire entrecortado lo miro, él saca los dedos y yo me tapo la cara porque mi expresión no iba a ser normal–Emma–repite y ahora si lo miro–quiero que sepas que esto que acaba de pasar no lo hice porque ese era mi objetivo, pues no–asiento–mi objetivo realmente es lograr tu confianza completamente y que olvides todo lo malo que viviste, que confíes en mí y sepas que no te haré daño–me agarra la cara con la mano izquierda POR SUPUESTO–te lo prometo.
Yo solo asiento y él me besa, cierro los ojos y me relajo, con él si pudiese llegar a lo que no quería llegar con nadie, me inspira otro estilo de sentimiento, que sé que jamás he llegado a sentir con otra persona.
Tal vez él si sea el indicado, el que nosotras llamamos príncipe azul o chico perfecto…tal vez, no puedo estar segura, pero quisiera que si lo fuera.

#51

Capítulo 23: Wesley

Cuando ya el ambiente está calmado, nos reímos, es extraño, tanto para mi como para él, para mí porque es primera vez que me dejo tocar por alguien y para él porque soy yo, la chica con trauma sexual, debe sentirse más orgulloso que yo.
–Y bueno…–me rio y él me abraza.
–Te amo princesa–me dice, sonrío y lo aprieto más.
–Yo también te amo.
Suspiramos y nos miramos.
–Oye, sabes que tenía una pequeña duda–digo entrecerrando los ojos.
Él se levanta a buscar algo en uno de sus cajetines.
–¿Uh-Hum?
– ¿Ese chico que nos saludó en el pasillo es tu hermano? Con el que pasaron las cosas.
Ryan se queda quieto un momento, luego sigue buscando, cierra el cajetín al sacar lo que buscaba y se da la vuelta, tiene un álbum de fotos en las manos.
–¿Qué es eso?–le pregunto.
–Un álbum–dice obvio.
Coloco los ojos en blanco.
–Me refiero a lo que tiene dentro, quiero verlas–digo estirando mis brazos hacia él.
–Primero–dice y se sienta a mi lado sin darme el álbum–te contaré cómo sucedió todo–suspira y yo asiento–yo estuve con Sharon por un año y medio, un año y medio Emma, eso es demasiado para mí, porque nunca había tenido una novia oficial, siempre era salir con cualquier chica, tener sexo con ella y adiós, yo no lo decidía solo, era algo que nosotros dos lo decidíamos, yo aún no me sentía listo y pues llegó Sharon, se ilusionó y yo tenía la mentalidad de que se repetiría la misma historia, pero no me importó, simplemente seguí y ya.
“Los sentimientos se hicieron presentes y por primera vez estábamos de acuerdo en tener algo bonito y duradero, primera chica que sí quería algo conmigo, entonces accedí, tuve muchos problemas por causa de Sabrina Astor, no sé si la recuerdas, es la chica rubia que te saludó aquella vez que nos vimos por primera vez después de todos estos años–asiento–bueno, te seré sincero y si, me acosté con ella por puro placer–ok, esto es un poco incómodo–yo no la quería, ella si me quería a mí y por eso fue el dilema entre Matthew y yo, porque era su novia y ella me buscó, engañé a mi novia y Sabrina engañó a su novio; en fin, seguí con Sharon porque ella me amaba y me lo perdonó, además yo no quería a Sabrina, yo solo…–me mira–tú entendiste–asiento–, entonces–continua–antes de irme de viaje a Grecia esa vez que te conocí por segunda vez literalmente, discutimos porque yo la notaba extraña, ella no lo quería aceptar y pues en eso se basó la discusión. Cuando llegué aquí jamás pensé que te encontraría, yo sabía que en algún momento me encontraría con esa niña de ojos verdes que me enamoró de pequeño, sin embargo esta vez estaba tan ido, siempre que iba a Grecia estaba pendiente por si veía a alguna chica parecida a aquella niña, pero no, ninguna se llamaba Emma y ninguna recordaba aquél orfanato…
– ¿Tú les preguntaste?–le pregunto sorprendida.
Él se ríe.
–Por supuesto–responde y asiento aun sorprendida–y esa vez que no quise preguntarle a nadie te vi a ti, desde un principio sabía que tenías que ser tú, la misma sonrisita, tus ojos no son iguales al de las otras chicas, tienen algo especial, créeme–sonríe y es inevitable no sonreír–no te pregunté porque perdí la esperanza en un momento, me dije a mi mismo que estaba loco y que superara aquello que había pasado en el orfanato.
“Pero cuando supe que eras tú, no me resistí, no me importó mi novia, no me importó nadie, solo brillabas tú en mi cielo y por lo tanto eras la única estrella que podía y quería ver; me enseñaste tantas cosas en tan pocos días Emma–se ríe–no sé qué hubiese sido de mi si tus padres no hubiesen viajado–suspira–. Cuando me fui, estuve pensando en ti, hablaba contigo al principio pero mi novia notó lo mismo que yo había notado en ella, pero en mí, le súper juré que yo estaba bien y que la quería a ella, pues la convencí y ella me convenció a mí que yo era el único en su vida–se ríe sarcástico–nos estábamos engañando y los dos estábamos muy claros en eso.
“Aquel día que descubrí a mi propio hermano con mi novia fue el peor de todos, me sentía mal, muy mal porque a pesar de todo llevamos mucho tiempo (en mi idioma claro) justos y pues pensé que lograríamos más. Habíamos perdido un partido, uno muy importante y me sentía derrotado, ese día nuestro entrenador se molestó y dijo que se iría, que estaba decepcionado de nosotros y cosas hirientes; llegué a la casa buscando a Wesley, mi hermano con el que más tenía confianza, siempre le había contado todo a él, desde lo más tonto hasta lo que hacía con Sharon…–niega con la cabeza decepcionado–es increíble que haya confiado tanto en una persona tan mierda.
“Lo busqué por toda la casa, no estaba en su habitación ni en los lugares que solía estar, así que comencé a buscarlo en las habitaciones que menos visitaba, ya que todos me decían que él estaba en casa, pero absolutamente nadie me dijo que estaba con mi novia, todos sabían y por eso andaban como nerviosos. Cuando entré a la biblioteca, en la cual al final hay como un estilo de escritorio, mesas, algo así como una mini oficina, estaban allí, en pleno acto sexual–frunce el ceño y no me mira–yo me quedé paralizado, no sabía si gritarles o golpear a mi hermano, no sabía qué hacer, pero decidí quedarme ahí, mirando hasta que se dieran cuenta, no pasó mucho tiempo claro, los dos agarraron sus prendas y se taparon, me reí irónico, estaba dolido pero no lo quería demostrar, les dije que siguieran en lo suyo y me di la vuelta, entonces recordé que tenía un preservativo en la billetera–se ríe y me mira–lo saqué y me devolví, ellos estaban como en Shock; se los tiré y les dije que era por si no tenían otro para echar un segundo–me mira otra vez–¿Tú crees que me dijeron algo? Yo solo salí de allí y me encerré en mi habitación, no salí hasta el día siguiente, pero lo que más me dolió fue que no podía dormir, pensaba en tantas cosas que me sentía mal por todo, te llamé y simplemente me mandaste a la mierda–baja la cara–y me sentí peor.
“Ese día me tocaron mucho la puerta, tanto como mis hermanos que si nos ponemos a ver fueron cómplices, mis padres y los dos desgraciados que me hicieron sentir mal. Estuve alejado…estoy alejado aun, pero me siento mejor porque estás tú, mis padres hablaron conmigo, regañaron a Wesley pero ya no valía la pena, me daba igual lo que había hecho, porque al fin había entendido que las estrellas fugases roban tu atención por un momento, decimos que son muy lindas y todo eso–coloca los ojos en blanco–pero muchos no sabemos que es una estrella destruyéndose y pues creemos en algo que en menos de un minuto desaparece.
Me sonríe de medio lado.
–Uno siempre espera la lluvia de estrellas fugaces, yo la esperé, llegaron muchas, me sentí feliz, por un momento, pero desapareció enseguida, como la luz que irradian, porque ellos solos se destruyen, las personas son así, llegan a tu vida haciéndote creer que serán lo más bonito que verás en tu vida, pero de repente te abandonan y te hacen sentir decepcionado al ver la triste realidad. Es triste Emma, pero tan cierto como que el planeta da vueltas–se encoje de hombros–. Tú no eras mi otra opción, por si piensas eso, tú siempre has sido la prioridad porque si hubieses estado aquí antes que sucediera todo esto, ya hubiese sido claro y tal vez no hubiese salido tan lastimado como salí.
“Ahora que te tengo no quiero que seas una estrella fugaz, quiero que te quedes, porque siento que valdrá la pena todo lo que pase, pero todo aquello que tenga que ver contigo.
Sonrío y me acerco a él, miro su regazo y decido sentarme sobre él, colocando mis brazos en su cuello, mirándolo de cerca.
–Yo no quiero ser una estrella fugaz, tampoco quiero que tú seas una estrella fugaz para mí, yo quiero seguir contigo hasta que las estrellas dejen de brillar, eso es lo que yo propongo, no sé qué pensarás acerca de eso.
Se ríe.
–Princesa, claro que quiero lo mismo que tú, si es por mí hasta después cuando reencarnemos en otras estrellas seguir ahí a tu lado.
–Podemos hacerlo, solo no tenemos que rendirnos–acerco mi nariz hasta la de él, la frotamos y sonreímos.
–Entonces no nos rendiremos–susurra.
Asiento y sonrío, mis labios llegan hasta los de él y lo beso, Ryan abre la boca haciendo que mi lengua entre y haga contacto con la suya.
Nos despegamos.
– ¿Y luego?–le pregunto.
– ¿De qué?
Me rio.
– ¿Luego qué pasó acerca del tema?–le pregunto riendo.
Él se ríe porque ya entendió.
–Ah, pues nada, ella habló conmigo y me pidió perdón como ochenta mil veces, en ninguna la perdoné, no quiero, no me sale; además de que me mintió diciéndome que estaba embarazada de mi ¿Qué intentaba?–me mira entrecerrando los ojos–sabía que en cualquier momento saldría la verdad a la luz y sin embargo le dije que si estaba embarazada de verdad entonces que yo me haría responsable del error cometido, pero que ella no sería mi pareja.
Woow, que fuerte.
–No pienso volver con ella jamás–dice muy seguro.
–No digas eso–digo en voz baja–tú no sabes lo que puede pasar mañana y mucho menos luego de unos años–le sonrío de medio lado pero de una manera triste.
Él acaricia mi mejilla.
–Espero que nada que tenga que ver con ella–se ríe un poco.
– ¿Y tu hermano no te ha pedido perdón?–le pregunto.
Ryan niega con la cabeza.
–No me importa, que no lo haga, de todos modos no lo voy a perdonar y no lo ha hecho porque sabe que jodió todo, me refiero a lo que teníamos él y yo, la confianza que se ha ido a la mierda–niega decepcionado–pero él se lo buscó.
–Que inútil–digo de la misma manera– ¿Qué edad tiene?
Se ríe.
–Eso es lo más inútil, tiene quince y mi novia diecinueve, hasta se lo dejaría pasar a él porque es un niño, pero ella…dios mío cumple veinte en estos días.
Me rio.
–Ya qué, dejemos de hablar de esto.
Él me sonríe y me besa en la mejilla.
–Te quería mostrar algo que no sabes que existe–me dice y me hace seña para que me siente a su lado, no encima de él, le hago caso y agarra el álbum–este es un álbum de cuando estaba pequeño, desde que me adoptaron hasta los catorce. Te recuerdo que me adoptaron a los trece, pero también hay unas fotos...

#52

que me habían tomado antes, en algunas estoy bebé, en otras más grandes y así hasta llegar a los catorce.
Miro el álbum, él comienza a pasar las páginas.
–Él es mi padre biológico–me señala a un hombre en una foto familiar, tiene un mostacho bastante grande–ella es mi madre biológica–señala a una mujer muy hermosa, con un estilo bastante peculiar para la época–ella era mi hermanita, la de tres años en aquél entonces–señala a una niña hermosa, que aunque la foto está en color sepia, se puede notar que sus ondas del cabello eran muy doradas, su sonrisa es encantadora y tierna–ella mi hermana de cinco años–esta niña es idéntica a Ryan, es la versión femenina–él es mi hermano mayor–si la niña de cinco años se parecía a Ryan entonces no sé qué nivel es el de este chico, son idénticos–y este–señala al bebé que está en brazos de su madre–soy yo–sonríe, estaba recién nacido–esta fotos nos la tomaron como cinco días después que nací, estaba extremadamente pequeño–sonríe mirando la foto y me mira–esa es mi familia biológica, la cual seguirá siendo.
Le sonrío también.
–Por cierto mira esto–pasa todas las paginas hasta llegar al final de álbum, donde hay una estrellita…
Espera.
–¡Tu estrellita!–digo alegre, él sonríe y la saca de allí.
Esta es su cadena, la que tenía cuando lo conocí.
–Sip, esta es la misma estrellita–la saca y me la entrega.
–¿Ya tiene alguna…?–pregunto pero justo la abro, no tiene nada–ah…no, no tiene–lo miro–¿Por qué?–le pregunto algo triste.
–Te dije que colocaré una foto importante cuando las tenga ¿Sabes? Alguien bastante importante.
Asiento, le entrego su collar con la estrellita, él la guarda y vuelve al inicio del álbum, pasa la página y veo a Ryan en las escaleras del orfanato, no tenía silla de ruedas en ese momento, tenía como cinco años.
–Que hermoso–me rio–tu sonrisa era muy graciosa en ese entonces.
–Lo sé, era el más guapo de todos–nos reímos.
Podría asegurarlo.
–Ahora mira esto–pasa algunas páginas y aparece él en silla de ruedas hablando con una niña…
– ¡Esa soy yo!–digo enseguida–¡Estoy en tu álbum!–mi felicidad se nota hasta en mis mejillas.
Ryan se ríe.
–Había un niño de más o menos mi edad que le encantaba la fotografía, era muy querido entre todas las mujeres del orfanato, entonces le compraron una cámara unos días antes de que te conociera, pues estaba con la fiebre de tomar fotos a lo que veía y hace como un año me lo conseguí, se recordó de mi–se ríe–me llegó estilo “¡Hey tantos años!” y yo me quedé extrañado, me empezó a explicar que de donde me conocía y me preguntó que en qué momento me habían quitado la silla de ruedas. De conversación en conversación llegamos al tema de la fotografía y recordó que tenía varias fotos mías, me las mostró y le pedí esa en donde salgo contigo–pasa la página–y está también–salimos en el patio delantero, los dos de espalda, yo en el suelo y él en su silla de ruedas–no me quiso entregar otra en donde sales sola porque le había encantado esa foto, así que me quedé con estas dos.
– ¡Qué lindo!–digo feliz mirando las fotos– ¡Hagamos un antes y después con esta foto!
Mi emoción no es normal, de verdad.
–Está bien, pero quiero que sea en el mismo lugar en donde estábamos ¿Ok? Así que iremos hasta Grecia por una bendita foto.
Lo miro.
–¿Estás loco?–le pregunto.
Se encoge de hombros.
–Sí, pero está bien ser loco–se ríe.
Me quedo callada un momento.
–No sé qué hacer…–digo ahora desanimada.
–¿Por qué?–me pregunta extrañado y cerrando el álbum.
Suspiro, ahora tengo que contarle lo que a mí me pasó…pero está bien, él ya me contó su parte, ahora me toca contar la mía.

#53

Capítulo 24: El amor es complicado

La vida nos coloca pruebas, unas más difíciles que otras; nos coloca a elegir entre personas, entre objetos, entre pensamientos, entre sentimientos, pero eso no es malo, lo único en contra de eso es que no sabemos si las decisiones que tomaremos serán las correctas, no sabemos si esa persona que estamos eligiendo será mejor que aquella de la que nos estamos separando, no sabemos si después necesitaremos el objeto que tuvimos que rechazar solo porque necesitábamos de urgencia el que elegimos, no sabemos si nuestra mente nos engaña, pues a veces creemos cosas que no son pero lo sentimos tan fuerte que ya es inevitable molestarse y creer que es así y no como realmente es; en otras oportunidades no sabemos si es mejor elegir el sentimiento de la amistad o del amor, tal vez entre dolor y felicidad, porque ya deberíamos tener muy en claro que estamos como estamos y sentimos lo que sentimos porque nosotros mismos queremos. La vida no es fácil, lo sé, pero no hagamos que nosotros mismos nos la compliquemos más, no podemos pensar solo en el presente, tampoco enfocarse demasiado en el futuro, tenemos que ir despacio, para que nos dé tiempo de olvidar el pasado, vivir el presente y prepararse para el futuro. Al final siempre aprenderemos, al final siempre tendremos que escoger un solo objeto, una sola persona, un solo sentimiento, un solo pensamiento, una sola verdad, que es la que nosotros crearemos, esa que así haya sido la respuesta equivocada, le daremos el sentido para que sea la correcta. No nos arrepintamos luego que elegimos, recordemos que el tiempo no se detiene, la vida sigue con o sin nosotros.
Yo quisiera decir que es muy sencilla mi situación y quisiera también saber elegir, pero aun no sé, porque luego de explicarle lo que me sucedió y me sucede a Ryan, él se colocó un poco triste pero dice que es mejor que regrese, así sea por los años que me faltan para cumplir la mayoría de edad. Yo no quiero, no quiero volver a alejarme de él, no quiero sentirme otra vez lejos de todo esto, pero amo a mi familia y sí quiero estar con ellos, solo que no lo sé…es difícil.
Ryan me dijo que lo pensara, pero que no tardase mucho en eso, porque el tiempo está pasando y por supuesto que no me está esperando.
Ya estoy en mi cama, recordando todo lo sucedido en casa de Ryan, desde sus hermanas y hermanos, sus padres, su perrito, hasta nuestros besos…hasta eso a lo que llegamos.
Suspiro, llevo ya como una hora pensando, se suponía que iba a dormir. Será mejor que descanse, mañana tengo que ir al colegio y en la hora de salida iremos al ginecólogo.
Bostezo.

Suena mi despertador, gruño y lo toco fuerte para que se calle, me levanto, me cepillo los dientes, me doy una ducha y salgo ya arreglada a comer.
–Buenos días María–saludo.
María está colocando mi comida en la mesa.
–Buenos días cariño, aquí tienes tu desayuno–asiento y me siento a comer, cuando termino me levanto, saco mi agua de la nevera y camino hacia la puerta–adiós María, gracias por el desayuno–digo y salgo.
Agarro mi bici, llego a la secundaria y veo a mis amigos juntos, por supuesto que Shaleen igual de rara como los últimos días.
–Hola chicos–los saludo y me arreglo el bolso.
–Hola Emma–me saludan todos a la vez.
Suena el timbre de entrada.
Todos se quejan como siempre.
–Vamos–me dice Shaleen agarrándome por mi brazo izquierdo.
Suspiro, me toca historia a primera hora, detesto historia.

–Adiós Emma, adiós Shaleen–se despide Alec mientras ya los chicos están mucho más adelante hablando.
Shaleen y yo nos despedimos con la mano y ellos se van.
–¿Qué haremos?–me pregunta Shaleen enseguida.
–Iremos con Ryan–digo y ella coloca los ojos como platos.
–¿Tú estás loca verdad?
–Tranquila, él no dirá nada, larga historia, ya nos arreglamos–sonrío fingiendo.
Ella coloca los ojos en blanco.
–Lo sabía, ustedes dos están destinados–se ríe.
Se escucha una bocina, las dos giramos la cabeza y es el auto de Ryan.
–Ese es él, vamos–le digo, ella asiente y nos montamos en el auto.
–Hola princesa–me saluda Ryan, le doy un beso corto y él sonríe–me lo debes–dice más bajo mientras yo me rio–hola Shaleen ¿Cómo estás?
–Hola Ryan bien, bien ¿Qué tal tú?
El auto arranca.
–Bien, no te preocupes, si es falso no diré nada, pero si es verdadero tendrás que decirlo tú–la mira por el retrovisor y ella asiente algo insegura.
Ryan me mira, me sonríe y vuelve a mirar hacia al frente.
Unos minutos después llegamos al ginecólogo, nos sentamos los tres afuera a esperar, cuando la llaman me detiene a mí.
–¿Usted es la paciente?–me pregunta la mujer, niego con la cabeza–entonces espere afuera.
La miro con una cara de “si te acercas te cacheteo” pero decido dejarlo así y evitar problemas. Ryan pasa con Shaleen, yo solo espero.

Salen los dos despidiéndose del doctor, Shaleen sonríe abiertamente, yo me levanto y ella enseguida me abraza, ahora está llorando…dios, espero sea algo bueno y no malo.
–Ok…salgamos–digo alejándome de ella y sosteniendo la puerta para salir.
–Ya voy con ustedes, pago y voy–dice Ryan, asentimos y salimos.
–Falsa alarma–dice aun llorando pero de felicidad–es solo un retraso normal y pues mi cuerpo acaba de experimentar algo nuevo, así que se pone un poco loco al principio.
Sonrío.
–¡Siiiii!–nos abrazamos–no seas tan tonta Shaleen, si vuelve a pasar protéjanse, mira que yo no pienso cuidar niños ahorita.
Ella se ríe y se seca la cara.
–Está bien, de todos modos no quiero que vuelva a pasar.
–Eso lo decides tu–me encojo de hombros.
Esperamos a que Ryan salga, cuando sale caminamos de la mano y nos montamos en el auto.
–Ya sabes lo que te dijo el doctor Shaleen, debes de tener mucha precaución, incluyendo con las cosas de las enfermedades.
Ella asiente.
Ryan me mira.
–¿Qué haremos?–me pregunta.
–Llevar a Shaleen a su casa, pero primero buscar las bicis…espera, tendrás que dejarnos allá para buscar las bicis e irnos a nuestras casas.
Ryan asiente.
Llegamos al colegio, Shaleen se despide y yo me voy en bici a mi casa mientras Ryan me sigue en el auto, dejo mi bici estacionada y me acerco al auto.
–¿Quieres ir un rato a mi casa?–me pregunta.
Abro la puerta, me monto y él cierra las ventanas.
–No Ryan, tengo que comer, muero de hambre–me rio y me acerco más a él para agarrarle la cara.
–Yo te doy comida, en mi casa hay–se ríe.
–¿Qué estilo de comida?–le pregunto arqueando una ceja divertida.
Ryan se ríe.
–De la que prefieras–dice, nos reímos y coloco los ojos en blanco.
–No nene, yo me quedo aquí–digo pero comienzo a sentirme rara, así como ayer, es un estilo de tensión extraña en el aire, tal vez sea la manera en que me mira o…
–Por favor–me pide acercando mis labios a los suyos.
–¿Qué me estas pidiendo Ryan?–le pregunto divertida.
–Que vayas a mi casa–se ríe pero aun nuestros labios rozan.
–Pareciera otra cosa–digo, sonrío y termino de juntar mis labios con los de él.
Ryan abre la boca, me besa con desespero, me agarra fuerte para que no me despegue, aunque no quiero despegarme, mi corazón late fuerte y por alguna razón siento que tengo que estar encima de él, pero no lo hago, son solo hormonas activadas.
–Para–le pido cuando coloca sus labios en mi cuello, lo que me hace cerrar los ojos de inmediato.
–¿No quieres? ¿Cómo ayer?–me pregunta ahora mirándome a los ojos.
Estamos agitados, muy agitados, nuestros pechos se mueven demasiado.
–Si quiero, pero no debo, me estas volviendo loca y eso me llevará a hacer cosas de locos, cosas que no debo hacer aun.
–¿No quieres o no debes?–me pregunta.
–Dije que no debo.
–Me refiero a lo segundo–coloca los ojos en blanco.
–Es solo miedo, ya tú te sabes eso–digo en voz baja.
–Primero que nada, recuerda que yo no quiero y ni siquiera me sale lastimarte, también recuerda que si tú quieres entonces puedes, solo que no sea algo de lo que luego vayas a andar arrepentida. Por cierto lado lo de ayer estuvo bien, pero a la vez estuvo mal, porque yo sé que como me siento yo, tú también te sientes y sí quieres, solo es miedo.
No digo nada, solo nos miramos.
–Yo me quedé con ganas de más y a pesar de todos tus miedos sé que tú también.
Cuando habla así siento que mi cuerpo reacciona a sus palabras, estoy consciente de que si quiero más.
–¿Sabes que es lo que pasa? No solo tengo miedo a eso, realmente tengo miedo a que de repente en medio acto recuerde lo malo, me sienta horrible y luego para volver a verte la cara sin pena será un caos, no quiero que pase eso, prefiero estar completamente segura.
Él asiente sin mirarme.
–Yo te esperaré, te lo prometo–dice y me mira otra vez.
Me acerco a él y lo beso despacio, ahora no hay tanta tensión, pero igual siento ternura y esa es una de las mejores sensaciones que puedo llegar a sentir de su parte.

Ya es viernes, por fin hoy llega mi amiga loca Nicole, la estoy esperando mientras veo los horarios de los autobuses, ya debería de haber llegado.
Siento como alguien corre con demasiada velocidad, viene hacia mí, oh no…
–¡EMMAAAAAA!–grita Nicole y se tira sobre mi espalda, por poco y me tumba.
Me rio y en cuanto puedo me giro para abrazarla.
Cuando nos miramos a los ojos noto que está llorando, así que la vuelvo a abrazar.
–Al fin te vuelvo a ver dios mío, me estaba muriendo–se ríe y se seca las lágrimas.
–¿Cómo estás? ¿Qué tal el viaje?–le pregunto mientras caminamos para ir a buscar su maleta que quedó en la mitad del lugar porque salió corriendo a abrazarme.
–Dormí todo el camino, así que bien–se ríe, agarra su maleta y comenzamos a salir–¿Qué tal tú?–me pregunta y me abraza otra vez mientras caminamos.
–Bien–me rio–pensé que el autobús se había retrasado.
–Nop, aquí estoy ¿Nos vamos en taxi?
Asiento y buscamos uno.

Hemos hablado de todo lo que le ha pasado allá en Estados Unidos, me dijo que Parker y ella aun no son novios pero que están en eso, han tenido muchos problemas porque no son nada y se celan…típico. Aldana dejó de pasársela con su grupo de fresas, ahora se la pasa con los chicos y Nico, pues supuestamente tiene algo raro con Timothy, ya le conté a Nico lo que me...

#54

...pasó con Ryan y ella dice que parece una novela.
–Sabes que conocí a mi tía Bree–dice Nico.
– ¿Si? ¿Y qué tal es?–le pregunto.
–Es una maravilla de mujer, pues tiene una familia bastante grande y unas casas que…–hace un gesto gracioso con la cara y las manos–ni hablar de sus casas, son mansiones y para entrar tienes que recorrer un camino que por cierto es muy lindo.
Me rio.
– ¿Y te llevas bien con tus primos?–le pregunto.
Ella asiente sonriendo.
–Mis favoritos fueron los gemelos–dice alegre.
– ¿Hay gemelos?–le pregunto emocionada.
– ¡Siiii! Son hermosos, tienen diez años–se encoje de hombros–también está su hermana, la única chica, tiene nuestra edad, ella es lo máximo, los otros dos no tanto.
– ¿Y cómo se llaman?–le pregunto.
–Los gemelos se llaman Jack y Frederick, la chica Liliana y los otros dos…–piensa un poco–me recuerdo de Liam y no sé cómo se llama el otro–se ríe–no fueron muy importantes la verdad.
Me rio.
– ¿Y qué tal las casas? Me imagino disfrutaste demasiado–digo riéndome.
– ¡Si digo que no miento! Son demasiado ricos, tienen dinero hasta para regalar, yo creo que en la basura consigues billetes de cincuenta dólares–nos reímos–en serio, por cierto también conocí a una Ángela, es mejor amiga de los gemelos, pero Lily no la soporta–se ríe malvada–dice que se la da de mucho cuando no es nada.
–Tal vez lo dice porque no tiene tanto dinero como ellos–digo encogiéndome de hombros.
–No, no es eso, es que es muy antipática y solo tiene nueve años.
–Uyyyy–digo riendo.
– ¿Qué?–me pregunta Nico riendo también sin entender.
–Eso me huele a amor–sigo riéndome.
– ¿Qué cosa?–pregunta ella.
–Eso de que ella tenga nueve, que sus “mejores amigos”–hago las comillas con mis dedos–tengan diez y que sean demasiado unidos.
Ella abre la boca.
–O amor de tres–dice ella arqueando una ceja.
Arrugo la cara.
–Qué horrible, no les desearía ese mal–digo y nos reímos.
–Bien, momento de hablar acerca de ti, mucho de mí–mueve sus dedos hacia mí para que yo hable.
– ¿Y qué te cuento? Ya te conté lo más relevante.
Nicole se acomoda en la cama y yo también.
– ¿Qué piensas hacer?–pregunta.
Ya sé a qué viene la pregunta.
–Lo hablé con Ryan, él dice lo mismo que dices tú y lo que dice la señora María–frunzo los labios hacia un lado–no me quiero ir–digo más bajo.
–Emma tienes que volver, no puedes estar tan alejada de todos, aun eres joven y tienes que estar cerca de tu familia para que te enseñen, puedes llegar a cometer muchos errores si no estás cerca de las personas que te aman y te explica cómo son las cosas realmente–asiente con cara triste–sé que estás cómoda aquí pero piensa en que volverás algún día.
Suspiro.
–Si…lo sé, tengo que regresar–mi voz es desanimada– ¿Y Ryan? ¿Otra vez lejos de él?–mis ojos se llenan de lágrimas sin querer.
–Emma, si él te ama, él te va a esperar, él hará todo lo posible para que se vean así sea cada tres meses–busca palabras–ay Emma no lo sé, cuando una persona se enamora de ti tú te das cuenta y te darás cuenta cuando lo veas ahí a tu lado pase lo que pase, afrontando todo lo que les venga encima.
Asiento, abro y cierro los ojos para que las benditas lágrimas se devuelvan.
Nicole suspira.
–El amor es complicado Emma, pero vale la pena.
Creo que con esa frase me quedaré, esa me gusta.

#55

Capítulo 25: No más miedos

a me decidí, regresaré a Grecia el próximo fin, ya le avisé a mis padres y están muy felices de mi decisión, el que no está muy feliz es Ryan, aunque lo entiende y pues quiere que lo haga. Ya Nicole se fue el domingo, hoy miércoles María viene a retirarme del colegio, es mi último día aquí en la secundaria.
–Adiós–dice la profesora mientras salimos de clases.
Veo a María salir de dirección, se despide de los profesores y gira la cabeza hacia mi, me sonríe, yo también le sonrío y camino hacia ella, mis amigos están detrás de mi.
–Hola María–la saludo y le doy un abrazo.
–¿Lista?–me pregunta.
Miro a mis amigos que me miran con cara de tristeza, vuelvo a mirar a María y asiento.
–Dame un momento, espérame afuera–le digo y ella asiente, luego que se va miro a mis amigos–bueno chicos, fue un placer estar con ustedes por este lapso de…–no termino de hablar cuando Shaleen me abraza y comienza a llorar, poco después siento a Bill, a Sly y a Alec abrazándome.
Mis ojos se llenan de lágrimas, me encariñé demasiado con ellos, no quisiera irme aún.
–Bueno–dice Shaleen secándose la cara mientras se despega de mi.
Todos se despegan.
–Que tengas buen viaje, regresa pronto Emma–dice Sly.
Le sonrío.
–No nos olvides tan pronto si no regresas–dice Bill y Alec le pega disimuladamente aunque igual me di cuenta.
–Espero nos veamos en un futuro no muy lejano–dice Alec frunciendo la boca.
Le sonrío también y los abrazo a uno por uno, la última es Shaleen que me mira con tristeza.
–Te quiero mucho amiga, si vienes de visita no se te olvide pasar por aquí–se seca una lagrima, la abrazo otra vez y cierro los ojos.
–Yo también te quiero–la suelto–los quiero mucho a todos, hasta luego chicos–comienzo a caminar mientras ellos me miran.
Llego al auto en donde me espera María.
Me monto, los miro, ellos mueven sus manos y yo también hago lo mismo, sonrío por última vez y arranca el auto.

OCHO AÑOS ANTES

Ya tengo 7 meses en Grecia y 7 meses sin ver a mis amigos e inclusive a Ryan, pero las cosas son muy distintas, ahora Ryan y yo hablamos todos los días, él dice que me ama y hasta donde yo creo nos decimos la verdad, siete meses sin besar a Ryan…dios mío ¿Cómo he sobrevivido? Supuestamente ya el mes que viene él vendrá, mi hermanita Dayana cumple un añito dentro de dos meses, está muy grande y es un amor con todos, se porta bien, por lo menos hasta ahora. Camila cada vez está más rebelde porque ahora hay una niña consentida en la casa, entonces se pone celosa ¡Y eso que ya está grande! No me la puedo imaginar si Dayana hubiese nacido cuando Cami tenía cinco años; mis padres están muy felices de tenerme aquí, al igual que mis amigos. Por cierto ya Nicole y Parker son novios al fin, hacen muy linda pareja. Por otro lado…nah, no hay otro lado, mi vida es igual todos los días, bueno, una de las cosas es que cumplí quince años el 26 de abril, de resto nada, no veo la hora de estar con Ryan otra vez, lo extraño tanto.
Hoy saldré con mis amigos, al parecer habrá una reunión pequeña en casa de Timothy.

Llegamos, hay música y poca gente, solo estamos los conocidos y unos más que no conozco, creo que son amigos de Parker y Timothy, Nico se va con su novio, mientras yo me quedo con Aldana, pero Timothy me la roba.
–¡Gracias buen amigo!–le digo para fastidiarlo cuando se lleva a Aldana y me deja sola.
Los dos se ríen y yo coloco los ojos en blanco.
Un chico rubio se acerca a mi enseguida.
–Hola–me saluda, huele a vodka.
Lo miro y le sonrío.
–Hola–le respondo.
–¿Eres amiga de Timothy no?–me pregunta pero es más que obvio.
Me río porque sé que solo está tratando de sacarme conversación.
–Sep, supongo que si tú estás aquí es porque también eres su amigo–digo divertida.
Él se ríe.
–Me llamo Ibrahim–arruga la cara–algo así como Abraham pero a lo obsoleto.
Me río, es gracioso.
–Yo soy Emma, un placer–me presento.
–El placer es mío–dice sonriéndome–¿No estás tomando?
Niego con la cabeza.
–Deberías, vamos, yo preparo unos tragos increíbles–dice y me agarra la mano para llevarme a donde están las botellas.
Comienza a hablar de cosas que no me importan de las bebidas alcohólicas, pero finjo que si me interesa solo para no aburrirme.
–Aquí tienes–me lo entrega.
–Gracias–le sonrío y nos vamos al sofá, todas las personas están en el patio, nosotros somos los únicos que quedamos adentro, pero no quiero salir porque no quiero bailar.
–¿No quieres bailar?–me pregunta, yo solo niego con la cabeza–vamos, vamos, no te quedes achantada–dice riendo y me levanta de un jalón haciéndome quedar pegada a su cuerpo lo que enseguida me incomoda y me hace alejar de él.
Me entra una llamada.
–Eh… será en otro momento–miro mi teléfono–mi novio me está llamando–digo y su cara parece haber cambiado.
–Bueno–dice y se va.
Evito reírme y atiendo.
–Hola nené–saludo a mi niño favorito.
–¿Cómo está la princesa más hermosa de todas?–me pregunta y eso me hace sonreír.
–Bien mi niño, me has salvado de un baile que no quería–digo riendo y me siento esta vez sola en el sofá.
–Mi instinto de estrella dijo que tenía que llamarte ¿Estás en la fiesta?–me pregunta.
Río porque pareciera que cargara un GPS y cuando un chico se acerca más del límite, él aparece.
–Sip, ya me quiero ir y no llevamos ni dos horas–suspiro.
–Yo estoy en plena madrugada mirando las estrellas y pensando en ti ¿Vienes?
De repente me coloco triste.
–No juegues con mis sentimientos nené, te extraño mucho–mis ojos se llenan de lágrimas.
Él suspira.
–Yo también te extraño mucho mi niña, pero nos veremos pronto–dice muy seguro.
Eso espero.
–Emma ¡Ven aquí, esta es tu canción!–me llama Nicole.
Suspiro forzada y coloco los ojos en blanco.
–Iré a ver qué quiere Nicole, nené, te amo mucho, hablamos mañana–le digo.
–Yo también te amo nené–me dice–cuidate mucho.
–Shi mi ñiño–digo con voz chiquita, nos reímos, nos despedimos por última vez y cuelgo.

UN MES DESPUÉS

Estoy esperando a Ryan en el aeropuerto, el vuelo llega en veinte minutos, ya lo quiero ver dioooos, me estoy muriendo de ansiedad, miro mi teléfono, estoy ahora mismo revisando mis fotos porque no tengo nada que hacer.
–Disculpe señorita ¿Sabe en donde se encuentra Emma James?–pregunta alguien.
Levanto la cabeza y veo a Ryan con una sonrisa de lado.
–¡Ryan!–grito y me levanto de golpe para saltar a su cuello.
Lo abrazo y monto mis piernas en su cintura.
Las lágrimas son inevitables, Dios mío al fin lo vuelvo a ver.
–Mi princesa–dice mientras me abraza.
Me bajo y le agarro la cara, me río mientras seco sus lágrimas también.
–Te extrañé tanto–dice y enseguida lo beso, pasa de ser un beso simple a uno más íntimo.
–Yo también te extrañé demasiado nene–digo frotando mi nariz con la suya, me vuelve a besar y luego nos abrazamos otro poco.
–¿Qué vamos a hacer?–me pregunta.
–Pues…vamos a mi casa, ya mis padres saben que te quedarás conmigo–me río.
–¿No me iba a quedar en un hotel?–me pregunta extrañado pero feliz a la vez.
–Eso era en tal caso que mis padres dijeran que no, pero si te quedarás en mi casa.
Sonríe y me da un beso corto.
–Vamos–me agarra de la mano y caminamos juntos.

–¡No! Peor fue cuando se tiró al suelo antes de tremor y no pudo llegar a la base–dice mi padre riendo con Ryan mientras cenamos.
–Lo sé, fue patético–dice Ryan riendo también.
Hablan del béisbol, como siempre Ryan y sus temas.
Terminamos de comer.
–Emma ve a lavarle las manos a Dayana, se ensució toda mientras comía–dice mi madre recogiendo los platos.
–Vente–le hago seña a Dayana con los brazos, ella se ríe y los alza.
Sus ojos son como amarillos, a veces verdes, a veces amarillos, son raros, su cabello es castaño como el mío y su piel es muy clara, así como la de mi hermana Camila.
–Cami ¿Hiciste la tarea del curso?–le pregunta mi mamá mientras me voy al baño con Dayana en brazos, Camila le responde pero no logró escuchar.
Le lavo las manos a Dayana y ella comienza a jugar con el agua.
–No Dayana Aline, que me estás mojando–digo seria y luego le secó las manos.
Salgo del baño y ahí está Ryan parado, recostado de la pared mirándome.
–Hola–lo saludo y me río.
–¿Estás muy cansada?–me pregunta.
–Emmm no mucho ¿Por que? ¿A donde me quieres llevar?–le pregunto y Dayana aplaude.
Ryan se ríe y eso hace reír a mi hermana también.
–Ven con tu cuñado–dice Ryan y me río.
Dayana no duda en irse con él y lo primero que hace es recostarse de su pecho.
–Awww, me ama y a ti no–dice Ryan burlándose de mí.
Ryan si fastidia, le hago una mueca y él se acerca a mí para besarme, pero quito la cara.
–No, porque mi hermanita te ama más a ti–digo jugando.
–Ven aquí–me agarra la cara con una mano y como me aprieta las mejillas mi boca queda como un pollito.
Ryan me da un beso corto y luego camina hacia la sala.
–Creo que Dayana tiene sueño señor Marshall–le dice Ryan a mi padre mientras le entrega a mi hermana.
Mi papá le da besitos por todos lados y nosotros nos reímos.
–¿Que harán?–nos pregunta mi padre.
–Saldremos un rato y volvemos–dice Ryan.
–Vayan con cuidado–habla mi madre desde la cocina.
Asentimos, subimos a mi habitación, nos cepillamos los dientes y luego salimos de casa.
Comenzamos a caminar agarrados de las manos.
–¿Ahora qué?–le pregunto.
Él me mira, me sonríe y no dice nada.
En silencio caminamos hasta llegar a uno de los parques que ya está bastante solo a estas horas.
–Vamos a mirar las estrellas otra vez–dice.
–Me parece bien–sonrío y beso su mano que está entrelazada con la mía.
Tenía tanto tiempo sin sentirlo así de cerca, su calor, su cuerpo, a él…al fin estoy con él.
Cuando llegamos a una de las partes del parque hay una cajita en el suelo con luces, es como del tamaño de una pizza.
–¿Y eso?–pregunto mirándolo, él solo se encoge de hombros, entonces me entra curiosidad y corro hasta allí, me agacho, la caja está rodeada de luces como navideñas, con un cartel de “Abre” abro la caja y hay dulces por todos lados, salen de allí unos globitos flotando, en la caja también hay rosas, con una carta amarrada a ellas y en la parte de la tapa dice...

#56

...“Emma ¿Quieres ser mi novia?”
Muero.
Muero, muero, muero.
Miro a Ryan, él sonríe, miro otra vez la pregunta y ahora sí puedo decir que es oficial.
Me levanto y lo beso, rápidamente, luego a un paso más lento, hasta llegar a sentir las mismas cositas que había sentido hace meses cuando él me tocaba.
–Por supuesto que sí–respondo aún con los ojos cerrados, los abro y él me mira–al fin lo preguntaste Ryan, ya era hora–me río y lo abrazo.
–Te amo mi niña–me dice mientras acaricia mi espalda.
–Yo también te amo–le respondo y en la oscuridad, solo con la luz de la luna y esas pequeñas luces que están con mi regalo, nos miramos a los ojos–te amo demasiado Ryan, es increíble.
Me río y él sonríe.
–¿Vemos las estrellas?–me pregunta agarrando mis manos.
Asiento, apagamos las luces que trae mi regalo, sonrío y lo dejo a un lado para acostarnos en el césped.
Ryan suspira.
–Hoy las estrellas están más brillantes–comenta mientras me acerco a él y coloco mi cabeza en su pecho.
Cierro los ojos.
–Y el clima está mejor–digo sonriendo.
Él me hace cariño en la espalda.
–¿Por qué será que las estrellas brillan más cuando estamos juntos?–me pregunta y levanto mi cabeza para mirarlo.
–Tal vez porque las luces se encuentran–me río.
–Si, puede ser eso–también se ríe y nos quedamos mirando por un momento.
–Al fin te tengo otra vez así de cerca–dice en voz baja.
Ahora mismo siento que no quiero hablar, siento algo distinto, así que me muevo incomoda.
–¿Estás bien?–me pregunta.
–Es que…
Mi cuerpo está muy cerca del suyo, una de mis piernas está sobre él y su mano en mi espalda no colabora.
–¿Qué?
–Hormonas–lo resumo en esa palabra.
Ryan se comienza a reír.
–¿Qué quieres hacer?–me pregunta bastante interesado en el tema–me río y niego con la cabeza–¿No quieres hacer nada?
Su mano izquierda toca mi cintura y con ayuda de su mano derecha me empuja encima de él.
Esto está mal…no tanto, pero siento que va a pasar algo malo y bueno a la vez.
¿Que más da?
Lo beso, abro mis piernas dejando las de él entre las mías.
Mi pulso se acelera cada vez más, sus manos tocan mis piernas, luego una sube a mi espalda y entra en mi blusa, las hormonas despegan aún más alto. Su mano pasa hacia adelante y toca uno de mis pechos encima de mi sujetador.
–Detente–le pido.
Él enseguida para y dejamos de besarnos.
–Vayámonos de aquí–digo y eso al parecer le sorprende, pero sonríe y se comienza a reír–¿De qué te ríes?–le pregunto.
–Levántate–me pide, nos levantamos, agarro mi regalo y nos vamos de allí, los dos tenemos como una cierta adrenalina en el cuerpo, eso me hace pensar en muchas cosas que…mejor dejo de pensar.
Llegamos al lugar más indicado: motel.
Me río porque jamás pensé que entraría a uno por razones hormonales.
Ryan pide una habitación mientras yo estoy a su lado algo tímida por la gente que nos mira, aunque pareciera que les da igual.
Caminamos más rápido hacia la habitación, entro yo primero, dejo las cosas en una de las mesas, observó el lugar y se me había olvidado por un momento pero Ryan me abraza por detrás.
Sonrío y me volteo para mirarlo de frente.
–Trátame con amor–le digo y hasta yo me quedo sorprendida de estar diciendo esto y no algo como “es mejor esperar” o “aún no”
Él me acaricia la mejilla y me sonríe.
–A las princesas se les trata como lo que son–es todo lo que dice y me besa, nuestro beso es intenso, mi cuerpo comienza a pedir más cuando me pega a él completamente, baja a mi cuello y eso me hace cerrar los ojos porque sé que se giran, sus dedos recorren mi piel debajo de mi blusa hasta quitármela, baja cada vez más hasta que llega a mis pechos, evitó jadear pero no puedo, es difícil.
Él sonríe contra mi piel y quita mi sujetador de una manera tan fácil que me deja sorprendida, baja a mi abdomen y lo besa, me quita el pantalón y lo tira a un lado, luego se aleja un poco, me observa detalladamente, lo que me da un poco de pena, me mira a los ojos, sonríe y levanta los brazos.
Camino hacia él sonriendo, le quito la camisa y por primera vez toco más de lo normal, su cuerpo definido de deportista, su cuello, su cara, su cadera…
Me besa como loco otra vez mientras me guía a la cama, coloco las manos detrás hasta acostarme entre besos ¿Qué se supone que estoy haciendo? ¿De verdad estoy haciendo esto? No lo puedo creer, pero me gusta, me siento bien.
Ryan se quita el pantalón, su ropa íntima y por primera vez también veo su parte intima, lo veo completamente desnudo y me entra un poco de miedo al pensar que eso tendrá que estar dentro de mí y no se…siento que va a doler, tengo miedo.
Me quita lo único que me queda encima y cada vez siento más nervios ¿De verdad podrá hacerlo?
Ryan sube por mis piernas, lentamente, dando besos cortos, hasta que llega a mi parte y me mira, sus ojos verdes resaltan ante todo esto.
Él espera como un estilo de señal, así que asiento y su lengua se posa en mi parte, muevo las piernas por la sensación, él las agarra y sigue mirándome ¡¿Podrías dejar de mirarme?! Me pones nerviosa.
Sigue jugando con su lengua sobre mi, arqueo mi cuerpo y los ojos se me giran inmediatamente, una sensación extraña de calor y frío empieza a recorrerme por el cuerpo, mis piernas quieren moverse, pero Ryan se detiene.
NOOOOOOO ¿Y ahora que? Eso estaba bien, que rabia.
Lo miro enseguida, él se ríe.
–¿Y qué pasó?–le pregunto decepcionada.
–Te ibas a venir–coloca los ojos en blanco–no quiero que te vengas aún.
Sube por mi cuerpo, su cuerpo caliente choca con el mío caliente y sudado ya.
Me besa y siento el sabor de…¿Mi? ¿Que? Bueno, siento mi sabor mejor dicho, es salado…no exageradamente, pero si lo es un poco.
Ryan hace chocar nuestros cuerpos, donde mi parte choca con la suya y eso me hace sentir con más ganas de seguir, se levanta ahí mismo, se coloca la protección y pues se acerca a mí.
–¿Lista?–me pregunta bajando su mano hacia mi parte y tocando lentamente, hundiendo sus dedos en mi.
Dios, no puedo ni hablar ¿Por que hace esto tan bien?
Asiento con los ojos cerrados y apretados porque se siente delicioso, tanto placer me da miedo.
–Emma, abre los ojos–me pide, los abro y lo miro, nuestras miradas chocan–lo voy a hacer y si quieres que me detenga lo haré, no quiero que te sientas mal después ¿Ok?
Asiento otra vez.
–Di que si, no asientas.
Lo agarro por el cuello.
–Si Ryan, si, hazlo y ya, yo quiero que lo hagas–le digo mirándolo a los ojos, él sonríe.
Saca sus dedos, me besa, levanta mis piernas haciéndolas quedar a la altura de su parte, yo cierro los ojos más relajada, solo espero.
–Emma, mírame–me pide.
Abro un ojo nada más y él se ríe, abro los dos, Ryan coloca su parte en la mía, la siento allí, dios, moriré…calma, calma.
–No más miedos–digo tan bajo que solo lo escucho yo, realmente era para mí ese comentario, así que está bien.
Ryan hunde lentamente, siento el cambio, como aquella parte se expande lentamente, él lo introduce otro poco más y cuando termina de hacerlo siento un poco de dolor.
Agarro aire, nos estamos mirando, él cierra los ojos y suspira.
Mi corazón late fuertemente, ya no tengo miedo, pero es normal este sentimiento…supongo.
–Sigue–le pido, él abre los ojos, me sonríe y saca su parte, comienza el movimiento y creo que no aguantaré demasiado.
Luego de unos que otros movimientos se acerca a mi oído y me dice “Cámbiate” lo pienso por un momento, lo haré.
Sale de mi y gruñe por alguna razón, se coloca abajo y yo arriba, me introduzco en él y eso me hace cerrar los ojos, tengo que admitir que ya el dolor desapareció, solo siento placer.
Comienzo a moverme y otra vez la sensación de calor y frío aparecen, una furia loca me invade y me muevo como loca hasta que siento como los tiempos se me van, mi mirada de nubla y aún así no paro, sigo, jadeando, él me guía las caderas y poco después gruñe moviéndose brusco debajo de mi.
Ya agotada solo colocó mis brazos al rededor de su cara, Ryan respira demasiado rápido igual que yo, no decimos nada, pareciera que hubiésemos corrido un maratón.
–Dios–dice cerrando los ojos y volviéndolos a abrir, me agarra la cara–te amo Emma, demasiado.
Sonrío.
–Yo también te amo–digo en voz baja como él, Ryan sonríe también.
Me levanto un poco para que salga de mi, luego me acuesto literalmente arriba, el sudor no es normal pero somos nosotros, a quien le importa el sudor en este momento.
¡Lo hice! ¡Sin trauma ni nada! Me siento orgullosa de que haya pasado así y justo con él.
–Tengo sueño–digo–¿Es normal?
Ryan se ríe.
–Muy normal, hay personas que se activan, a otras les da por dormir, yo soy uno y al parecer tú también–nos reímos.
–Entonces durmamos–digo acomodándome junto a su cuerpo.
–No podemos, se supone que estamos en el parque–dice Ryan riendo.
Oh…cierto.
–¿Tenemos que irnos?–le preguntó levantando mi cabeza y mirándolo.
–Creo que si mi niña–me acaricia el cabello mientras me mira con ternura–Emma me diste el mejor polvo de mi vida–se ríe–yo soy muy callado cuando hago este estilo de cosas, pero hoy no pude callarme, fue demasiado fuerte, hasta me dejaste con ganas de más.
Me río.
–Para mi es el primero que yo siento–me encojo de hombros–eso de “masturbarse” no iba conmigo, ahora mucho menos que lo probé así.
Ryan sigue sonriendo.
–No puedo creerlo–dice mirándome–soy novio de la niña del orfanato y…¡Me acosté con mi novia que es la niña del orfanato!–dice divertido.
Me río.
–Al fin estoy con alguien que me hace olvidar todo eso malo–sonrío–gracias.
Me besa, yo le devuelvo el beso, lentamente baja sus manos a mi trasero, mi cuerpo reacciona al momento y se mueve.
–¿Otro?–pregunta.
Sonrío y me río.
–Otro–afirmo y pues…este es el principio de un vicio.
Lo amo, lo amo mucho y quiero que se repita cuantas veces tenga que repetirse pero solo con él.

#57

Capítulo 26: Una mirada sobre mí.

Una de las mejores noches de mi vida, por cuatro razones:
1–Soy novia oficialmente de Ryan.
2–Ya mis miedos han sido superados.
3–Mis padres están encantados con Ryan.
4–Anoche me dejaron dormir con él.
La cuatro no me la esperaba, pensé que yo tendría que estar en mi habitación sola y él en la de visita, pero no, nos dejaron dormir juntos, solo que nos dieron la charla del “respeto” y pues bueno, ignorando la charla incomoda todo fue perfecto ayer.
Estoy acostada con Ryan, ya yo desperté pero él no, él sigue durmiendo como roca, lo abrazo, está de espaldas a mí.
–Nene, despiértate–digo pero él se queja, me rio–nene…–digo con voz amenazadora.
Ryan agarra la sabana y se tapa la cabeza, me rio otra vez y trato de quitarle la sabana, pero tiene demasiada fuerza.
–Ryan–digo fastidiada al ver que no puedo quitarle la sabana.
Él se ríe.
–Si eres fastidiosa nené–dice y se la quita.
Veo su cara de sueño, sus ojos que ahora mismo parecen turquesa, su cabello despeinado y siento que me enamoro otra vez.
Sonrío.
–Párate–le pido pero lo abrazo y me acurruco en su espalda.
–¿Cómo quieres que me levante así?–me pregunta y se ríe.
Se da la vuelta y me quedo en su pecho, los dos ahí abrazados.
Tocan la puerta.
–¿Quién?–pregunto.
–Camila–dice mi hermana.
–Pasa niña fea–digo y abre la puerta.
Se cruza de brazos y nos mira.
–¿No se van a levantar nunca? El desayuno ya debe de estar frio–coloca los ojos en blanco, Roy entra y mi hermana se va cerrando la puerta.
Nos reímos.
–Alguien anda de mal humor–dice Ryan, le doy un beso en su pecho y me levanto.
Saludo a Roy, quien luego me ignora para ir con Ryan.
–Voy a ducharme primero–digo, Ryan asiente y se sienta en la cama mientras saluda a mi perrito.
Entro a mi cuarto de baño, me quito la pijama, me cepillo los dientes y me meto en la ducha. Ahora que recuerdo, oficialmente ya no soy virgen, obviando mi pasado oscuro, sonrío y siento pena al recordarme de esa manera como estuve anoche, recordar a Ryan desnudo, recordar nuestros cuerpos chocando…no, no, mucho.
Termino de darme mi ducha y salgo, Ryan está con su pijama aun sentado en la cama.
Me rio.
–¿Sigues ahí?–le pregunto y él asiente con pereza.
Se levanta, se acerca a mí y me abraza.
–Te amo mi niña–dice y siento el cosquilleo en mi estómago como siempre.
–Yo también te amo nene–digo, me besa en la frente y se dirige al cuarto de baño.

Estamos llegando a la casa de la hermana de mi padre, o sea, la casa de Nicole, hoy mis padres querían visitarla, así que nos preguntaron que si queríamos ir.
–Emma–dice mi madre que tiene a Dayana en los brazos–ven aquí.
Camino hacia donde está ella mientras Camila, Ryan y mi padre se adelantan.
–Tienes que presentar a Ryan como tu novio ¿Ok?–me dice.
Ok…esto es raro.
–Está bien–la miro con los ojos entre cerrados y sigo a mi padre.
Tocan el timbre, Ryan me agarra la mano.
–Buenas, buenas–dice mi tía Joe alegremente como siempre.
–¿Quién es?–escucho que pregunta Nico por detrás, se asoma y me busca con la mirada–¡Emma!–sale de casa y me abraza.
–Hola Nico, vinimos a visitarte con Ryan–lo miro.
–Sí, ya veo–le sonríe.
–Pasen adelante–dice mi tía.
Pasamos y aparece mi tío Connor.
Todos comienzan a saludarse entre sí hasta que llegan a mí.
–Tío, tía, les presento a Ryan, mi novio–digo y siento algo de nervios, es primera vez que lo presento como mi novio, que presento a alguien como mi novio realmente.
Ryan les sonríe y los dos estrechan su mano.
–Un placer–dice Ryan.
–Igualmente–responden ellos sonriendo.
Nicole me golpea por detrás y hace un ruido de emoción bajito.
–Shhh–le hago en voz baja también.
Todos los adultos se van a la sala que está del otro lado de la cocina y nosotros los más jóvenes nos vamos a la sala principal, comenzamos a hablar de cosas, como de la pizzería, el día que nos reencontramos formalmente, también le contamos a Nicole anécdotas de cuando éramos pequeños y estábamos en el orfanato, Ryan habló un poco de su vida, también Camila contó cosas, Nicole y yo le contamos las cosas más locas que ella y yo habíamos vivido, cómo nos conocimos y temas relacionados con todos nosotros. Llegó la hora de la merienda, todos comimos hablando de las comidas, cuáles son nuestras preferidas y cuales no nos gustan. Pues así se nos fue el día, hablando y al final de la tarde jugando en el salón de juegos de Nicole, mientras Camila jugaba por ahí.
–Adiós–digo y nos montamos en el auto.
Son las seis de la tarde, la pasamos muy bien hoy, Nicole al fin conoció mucho mejor a Ryan y la verdad es que se llevan bien.
–¿Ustedes saldrán o se irán a la casa?–nos pregunta mi madre.
–Tenemos que ir a la casa para buscar mi auto, el que alquilé, pero creo que si vamos a salir–dice Ryan.
–Sí, así sea a caminar por ahí–digo yo.
Mis padres siguen hablando entre ellos, Camila canta una canción, Dayana aplaude y Ryan y yo solo nos miramos, nos reímos y pues nos abrazamos.
La mejor salida familiar de mi vida, por lo menos hasta ahora.

SEIS AÑOS ANTES

El tiempo ha pasado demasiado rápido, ya estamos en el dos mil diez, cumplí 17 años este año y Ryan cumplió 22, nos sentimos viejos. Hoy diez de julio es mi graduación, creo que el día más esperado desde que me mudé otra vez a Grecia. Amo estudiar, me encanta, pero ya me estaba muriendo por irme a Estados Unidos, se suponía que cuando me graduase me iría de casa a estudiar en una universidad, la que yo quisiera y pues elegí estudiar en Estados Unidos para poder estar cerca de Ryan siempre. Aun no puedo creer que ya tenga dos años de relación con Ryan, fue algo complicado lo de la distancia, pero cada tres meses nos veíamos–así como dijo Nicole en un principio–y con eso yo era feliz, ahora que me mudaré con él seré más feliz. El único problema es que son una familia muy grande, entonces siempre habrá discusiones, algo con lo que tengo que vivir.
Ryan se vino hace una semana, dijo que quería estar en mi graduación, yo ahora mismo estoy súper nerviosa, mis compañeras de la preparatoria igual, todos estamos nerviosos, no ha empezado la ceremonia de graduación.
–¿Y Jean vino?–le pregunta una de las chicas a otras.
–No lo sé, me dijo que sí, pero no me confirmó nada–dice la ora chica algo triste.
Ojalá y esté el supuesto Jean, es un día especial para esa chica que es una completa desconocida para mí, pero de todos modos quiero que su día sea el mejor.
–¡Emma!–me grita alguien y me asusto, pero entonces veo a Nicole con su toga, maquillada y con su gorro de graduación.
Las dos gritamos como estúpidas y nos abrazamos.
–¡Estás hermosa!–decimos las dos a la vez mirándonos.
Nos reímos y nos volvemos a abrazar.
–Emma te ves preciosa, de verdad–dice Nicole detallándome–Ryan se morirá cuando te vea.
Me rio.
–Parker también–digo y ella se ríe–dios Nico, nos vamos a graduar de la preparatoria, que emoción–muevo las manos desesperada, con muchas ansias.
–Demasiados nervios y emoción acumulados en una habitación–dice Nico.
Nos reímos.
–Es verdad, a cualquiera que miras enseguida se les nota que está como nosotras, solo que algunos son más callados.
–Chicos y chicas–dice la directora que entra al salón–¿Preparados? Ya comienza la ceremonia.
Respiro rápidamente, todos hablan entre si y la directora sale.
Nos guían a todos por orden alfabético y nos mantienen ahí. La ceremonia empieza y luego cada paso del acto.
–Emma James–dice la directora cuando es mi turno en la tarima, los aplausos no se detienen, pues van uno tras otro.
–¡Emma! ¡Emma! ¡Emma!–dicen cantando Camila y Ryan mientras todo el mundo aplaude y hace bulla.
Me rio, me entregan el certificado, hago el mismo proceso que todos de saludar y dar las gracias hasta salir de la tarima, los demás siguen pasando y yo solo sonrío. Llego a otro de los salones, de allí saldremos a sentarnos otra vez.
Cuando salimos me siento al lado de las personas que también desconozco, sé que estudiaron en a misma preparatoria que yo, porque están aquí, pero de resto no les había visto jamás la cara.
–Nicole Fave–anuncia la directora y Nicole sale sonriendo, camina, hace el mismo proceso que todos y luego de entrar al salón se sale y se sienta en su respectivo puesto.
¡Me gradué de la preparatoria! Uno de mis sueños cumplidos, ahora viene la universidad. Estuve pensando mucho mi carrera estudiantil y pues creo que estudiaré Biomecánica, me llama mucho la atención y pues me encantaría ayudar a personas que sienten que no van a volver a levantarse o correr, tal vez caminar o hacer algo con un brazo propio, así que me gusta mucho esa carrera.
Tenemos que esperar otro poco para poder salir y encontrarnos con nuestros familiares.

–¡Mi amor!–dice mi madre emocionada alargando la “o”, camino más rápido hacia ella y nos abrazamos, cuando nos miramos las dos tenemos lágrimas en los ojos, nos reímos.
–Es la emoción–dice mi madre y nos secamos las lágrimas–lo lograste mi niña, terminaste una etapa de tu vida, ahora a seguir creciendo.
Le sonrío y la abrazo.
Siento como un pequeño cuerpo me abraza las piernas.
–Lichitaciones–dice Dayana cuando me agacho.
Sus ojitos color miel que son muy grandes me miran.
La abrazo y le doy un beso en la frente.
–Gracias mi princesita–le acaricio su cabello castaño.
–¡Emma! ¡Emma!–escucho gritar a Cami.
Me levanto, mi madre carga a Dayana y Cami me abraza fuerte.
–Felicidades hermana, ya estás más grande–dice mi hermana.
Le doy un beso en la cabeza y nos miramos.
–Gracias Cami, pronto te tocará a ti–toco la punta de su nariz y sonreímos.
–Mi niña se graduó de preparatoria, quien lo diría–dice mi padre sonriendo orgulloso.
Me acerco rápidamente a él y lo abrazo, detrás veo a Ryan sonriéndome tiernamente.
–Felicidades amor–me felicita mi padre, le doy las gracias y luego me lanzo a los brazos de mi novio.
Él me carga y me da una vuelta, nos reímos, levanto la cara y me besa.
–Llegaste a una meta, una de muchas mi princesa, felicidades, estás hermosa por cierto, siempre lo estás.
–Gracias nene, te amo–le acaricio la mejilla...

#58

...y mis padres me llaman.
Volteo, ellos ahora están raros, sus rostros cambiaron.
Ryan y yo nos acercamos a ellos, Camila me mira de una manera extraña.
–¿Pasó algo?–les pregunto frunciendo el ceño.
–No, no es nada–mi padre mira hacia otro lado, luego me sonríe, pero sé que es falso–vayámonos a festejar–mi madre le sigue la corriente pero Camila sigue extraña, todos se adelantan, Ryan y yo nos quedamos atrás.
–¿Vamos?–me pregunta.
–Eh…un momento, busco a Nico y los sigo–le sonrío pero también es falso.
Él asiente, me besa en la mejilla y se va.
Yo siento una mirada sobre mí, busco por todos lados a ver quién me mira, es increíble como uno puede sentir esa vibración.
Entonces me encuentro con unos ojos verdes potentes, muy muy potentes, que me observan fijamente, es un hombre de unos cincuenta años más o menos, su mirada es triste, su cara aún más, tiene una larga barba y su ropa…da lástima ¿Será invitado de alguno de los alumnos? Frunzo el ceño, el hombre no deja de mirarme, miro a otro lado y cuando vuelvo a girar, sigue allí, no me deja de mirar.
De repente veo como se seca algunas lágrimas de los ojos, deja de mirarme y desaparece entre la gente.
¿Quién es ese señor?
Aún confundida me quedo mirando a donde estaba el hombre y una mano en mi hombro me asusta, me giro y es Nicole.
–¿Todo bien?–me pregunta extrañada.
Sonrío otra vez falsamente.
–Sí, todo bien–la abrazo–felicidades, lo logramos.
–Igualmente Emma, al fin lo logramos–me agarra la mano y nos apretamos fuerte.
–¡Emma!–escucho que dice un chico, es Parker, se acerca a mi con una sonrisa y me abraza–felicidades corazón de melocotón–dice jugando, me río.
–Gracias–respondo y Timothy e acerca con su novia, que por cierto es Aldana.
–¡Felicidades amiga!–dice Aldana abrazándome.
–Si Emma, ya no eres tan inútil–dice Timothy para fastidiarme.
Me río, los abrazo y les agradezco.
–Mi tío nos espera afuera ¿Vamos?–me pregunta.
Su tío es mi padre, nos iremos a celebrar todos juntos.
Asiento y nos vamos todos.
Qué momento tan extraño, ignorando a mis amigos que aparecieron de repente.

Ya han pasado los días desde que me gradué, pues me quedan tan solo dos semanas para irme, Ryan se va en una semana porque su pasaje ya tenía la fecha de regreso, así que me esperará allá en Estados Unidos, hoy salí a comprar ropa, necesito actualizar mi armario.
Vine sola porque Ryan iría a comer con unos amigos hoy, Nicole salió con Parker, Timothy y Aldana.
Camino por los pasillos del centro comercial, veo algunos zapatos y algunas ropas, entro a una de las tiendas, compro algunas cosas y salgo, me da hambre así que voy a la feria de comidas que queda en la parte trasera y por fuera del centro comercial, es parte del centro comercial, solo que al aire libre.
Me siento en una de las mesas sola a esperar que esté listo mi pedido, entonces siento que me miran.
Miro a mi derecha y no hay nadie observándome, miro a mi izquierda y tampoco, luego miro diagonal a mí a la izquierda y está el mismo hombre que vi en mi graduación; de repente siento miedo, estoy sola, hay bastante gente pero ninguna me conoce.
Mi corazón comienza a latir fuerte y trato de pensar en miles de escapatorias, pero solo me quedo allí sentada, sé que no es Mark, pero es otro hombre el cual ahora le tengo miedo; su mirada de tristeza no ha cambiado, sigue siendo la misma. el hombre comienza a caminar hacia mí y mi miedo crece, quiero levantarme pero la piernas no me dan.
Cada vez que está más cerca me dan ganas de llorar, es horrible esta sensación, se sienta frente a mí en mi misma mesa, huele mal, como un estilo de drogas con alcohol, su vestimenta es horrorosa y sus ojeras aún más grandes que su cara.
Agarro valor para levantarme y justo cuando estoy de pie, el hombre habla.
–Emma–dice sin mirarme.
Me quedo paralizada, conozco esa voz.

–Emma, no todo en la vida será sencillo, algunas cosas serán fáciles como si te cayeran del cielo, pero hay otras que nosotros mismos tenemos que crear para poder vivir una mejor vida. ¿Tienes juguetes aquí?–me preguntó y negué con la cabeza–entonces créalos tú misma–me entregó todos esos productos que tenía en las manos.

No, él no puede ser.
–¿Giorgio?–pregunto con los ojos como platos.
El hombre no me mira.
Mi corazón sigue latiendo fuerte.
–Yo…me tengo que ir–digo nerviosa y comienzo a caminar, tal vez solo me equivoqué.
Poco después escucho unos pasos apresurados detrás de mí y me detengo, el hombre tiene lágrimas en sus mejillas, se detiene a unos cinco pasos de mí.
–Lo siento, lo siento mucho Emma, perdóname–dice con lágrimas saliendo de sus pequeños ojos, casi achinados.
Es Giorgio, no lo puedo creer, estoy parada a cinco pasos de mi padre biológico, del que jamás supe nada, el que me abandonó por una prostituta; siento que es una pesadilla, jamás pensé que este momento llegaría, no quería que llegara, este hombre nunca me amó.
–¿Y qué con eso?–le pregunto–llegas de la nada, así–lo señalo–como si todo lo que pasó fue ayer, como si me hubieses demostrado que me querías de verdad en todos estos años que estuviste ausente–mis ojos se llenan de lágrimas, soy muy débil y más para este este estilo de cosas–¿Vienes y me dices que te perdone? No entiendo a la gente, de verdad y con permiso, me retiro.
Sigo mi camino, busco mi comida y me voy al auto de mi padre, que me lo prestó por hoy, me subo y enseguida comienzo a llorar, tal vez porque no me lo esperaba o porque aún me duele pensar que yo lo amaba tanto y me dejó como si yo fuese un perro, otra cosa más en su vida.
Doy golpes al volante y sigo llorando, cuando me logro calmar un poco arranco hacia un parque, no quiero llegar a la casa así, mi cara está súper hinchada, de verdad no quiero que me pregunten nada.
Me estaciono y me bajo del auto, me siento en una de las bancas a mirar a los niños jugar, a los perros correr y a las personas caminar.
Así termina la tarde y comienza la noche, la gente va desapareciendo, hasta que me quedo sola, la brisa es muy fría, pega contra mi piel y sin embargo siento que no duele, no tengo el frio suficiente como para decir que de verdad está helado el clima.
Un auto se estaciona, no volteo, escucho como se baja una sola persona del auto y reconozco enseguida la manera de cerrar la puerta.
Es Ryan.
–Estoy bien–digo.
Ryan llega hasta donde estoy yo y se sienta a mi lado sin decir nada.
–Supuse que estarías aquí, ya que no respondías los mensajes ni las llamadas–dice sin mirarme, yo tampoco lo miro, realmente solo miro las estrellas que se pueden observar desde aquí.
Ahí están algunas brillando, aunque poco a poco desaparecen, hace tiempo de lluvia.
–Te traje un abrigo–dice Ryan y me lo coloca por encima.
–Gracias–respondo.
Entonces mientras miro las estrellas los ojos se me llenan de lágrimas y de un momento a otro comienzo a llorar; Ryan solo me abraza, me acaricia la espalda y el cabello, yo lloro, solo hago eso.
Cuando me calmo cierro los ojos allí en su pecho como si fuese a dormir.
–Vamos a casa–dice Ryan.
–No quiero que mis padres me vean así–digo secándome la cara y sentándome derecha.
–Es tarde, deberíamos regresar–dice y me acaricia la mejilla.
Asiento algo insegura pero nos montamos cada quien en su auto y nos vamos. Llegamos a casa, mis padres ya están en sus habitaciones, mis hermanas dormidas y nosotros pues estamos llegando.
–Ve a darte una ducha–me dice Ryan cuando entramos a mi habitación.
Niego con la cabeza y me acuesto en la cama, él sonríe con un poco de tristeza y se sienta en la orilla, me acaricia el cabello mientras yo miro mis manos.
–Mi niña, sabes que me puedes contar lo que sea, yo estoy aquí para eso, puedes confiar en mi–dice Ryan.
Asiento.
–No quiero hablar del tema ahora mismo, solo acuéstate conmigo y durmamos–le sonrío como puedo, él me sonríe y me besa en la mejilla, se levanta, se quita la ropa quedando solo en ropa interior, me quita la mía y también quedo como él, apaga las luces y se mete en la cama, los dos nos acurrucamos como dos pollitos y me quedo dormida en sus brazos.

Luego de que hablamos, Ryan me aconsejó algunas cosas y entre tantos temas recordó la foto que le dije que hiciéramos un “antes y después” entonces se le ocurrió que fuésemos de visita al orfanato, de verdad quiero esa foto, así que ya estamos llegando más bien.
–Sabes que mi tía Mary nunca me ha caído bien, no sé cómo haremos–le digo negando con la cabeza mientras nos estacionamos.
Ryan se ríe.
–A mi me amaban, tal vez me siga amando, lástima que no está Manuela.
–Uy no, no le desearía ese mal otra vez–digo y mi nené se ríe.
Nos bajamos, yo llevo las fotos, hay niños jugando en el patio delantero y casualmente hay una niña en silla de ruedas.
–A ella si la dejan salir–le digo a Ryan bajito.
Él se ríe y niega con la cabeza.
–¿Ves a ese niño de allí?–me pregunta y veo a donde me señala.
Asiento.
–Es su amigo–dice muy seguro.
–¿Cómo lo sabes?–le pregunto frunciendo el ceño.
–Va con una silla–dice evitando reirse.
Miro al niño y tiene una silla en sus manos, pero le está buscando las ruedas, mi cara de ternura no es normal.
–Qué lindo–digo embobada por ese ser en miniatura.
–Conseguí una–dice el niño acercandose...

#59

...a la niña que le sonríe–pero esta no tiene rueditas–dice mirando la silla y frunciendo su pequeño ceño.
La niña se ríe y comienzan a hablar, pero Ryan y yo seguimos caminando.
–¿Será que se encontrarán en el futuro?–le pregunto.
Ryan me mira.
–Por lo menos eso les deseo–dice sonriéndome.
–¡Señor!–escuchamos a un niño, los dos volteamos, viene corriendo hacia nosotros desesperado–¿Usted se llevará a mi hermano?–pregunta casi con lágrimas en los ojos.
–No pequeño, no me llevo a nadie–dice Ryan con ternura.
Que lindo se ve mi nené hablando así.
El niño suspira aliviado.
–Mi hermano no se puede ir de aquí sin mi–dice y se va triste pero menos preocupado.
–Ya veo que en los orfanatos no solo hay niños–digo–hay una familia entera, que la conforman los mismos niños.
Ryan me sonríe.
–Tu y yo eramos una familia–opina–aun la seguimos siendo, solo nos faltan los hijos.
Nos reímos, lo abrazo y llegamos a la puerta que está abierta claro, los niños están en la hora de merienda.
Nos dirigimos directamente a la oficina, donde siempre se encuentra mi tía Mary.
–Buenas tardes–decimos Ryan y yo a la vez; veo a mi tía sentada haciendo algo en una carpeta, tal vez llegó alguien nuevo o se va uno.
–Buenas ¿En qué puedo ayu…?–levanta la cabeza y nos ve–¡Emma!–dice alegremente ¿Cómo mierda me reconoció? ¿ A caso sigo igual?
Se levanta rápidamente y me abraza, ahora que me doy cuenta mi tía es extremadamente chiquita, antes la veía gigante.
–Hola tía...–digo en voz baja.
–¡Dios mío pero que te han dado! Estás hermosa y grande–dice sin dejar de sonreír.
Finjo reír mientras Ryan si sonríe de verdad.
–¿Y tú quién eres?–pregunta mi tía entrecerrando los ojos, evaluándolo, sé que se le hace conocido.
–Tengo que confesar algo señora Mary, quien se escapó fue ella, no yo, yo solo la fui a buscar–dice como si fuese un secreto pero a la vez lo dice alto.
Yo coloco los ojos en blanco, la cara de mi tía es tan sorprendida como la mía cuando me dijo lo de mi hermana en la pizzería.
–No puedes ser tú–dice en Shock y acercándose a él lentamente.
–El mismísimo–dice Ryan riendo.
–¡Ryan eres tú!–dice y lo abraza, literalmente su cabeza queda en el estómago de Ryan.
Yo me río y Ryan sonríe mientras se abrazan.
–¿Cómo es que estás tan bien? Qué guapo–dice coqueta y se ríe.
Asiento
Es hermoso y es mío.
–Oh, por cierto señora Mary, ella es mi novia–me “presenta”
Mi tía queda boquiabierta y nos mira a los dos a la vez.
Yo solo me río y Ryan me abraza.
–¡Esto no puede ser posible!–dice agarrándose las manos–¿Y qué hacen por aquí?–pregunta feliz y se sienta del lado de su escritorio–siéntense.
Nos sentamos.
–Vinimos solo a tomarnos dos fotos–explica Ryan–para hacer un “antes y despues”–se ríe–es algo medio inútil, pero para nosotros vale mucho, nuestro amor comenzó aquí.
Mi tía se tapa la boca y su cara es de ternura, yo estoy un poco roja.
–Por supuesto que pueden mis niños, vayan, vayan–nos anima–aprovechen que las habitaciones están solas porque los niños están en merienda.
Asentimos, nos levantamos, le agradecemos y nos vamos.
Llega el amigo de Ryan, saluda a mi tía, ella también se queda bastante asombrada de lo grande que está, luego de que hablen un poco subimos a la habitación donde Ryan y yo nos conocimos.
–Yo veía esta habitación inmensa–digo mientras entramos en silencio agarrados de la mano.
–Yo igual–dice Ryan y se ríe.
Imagino cómo lo vi allí sentado, al final de la habitación y sonrío.
Nos tomamos varias fotos, hicimos el antes y el después de esas dos y nos tomamos otras.
El amigo de Ryan, quien nos tomó las fotos, se despide y nos dice que me las entrega en dos días, se va y solo quedamos Ryan y yo en esa habitación.
–Me hubiese gustado–dice Ryan mirándome y acercándose a mi–poder–coloca sus manos en mi cintura–hacer–sonríe y se acerca más a mi–esto–sus labios rozan con los míos, me inclino y lo beso, nuestras bocas se abren y nuestras lenguas se acarician mutuamente–cuando estaba pequeño–completa, nos reimos.
–¿Estás loco? Agarro trauma contigo–digo riendo.
–No creo que te hubieses negado a un besito–pone la boca hacia adelante, me rio y le doy un beso corto.
–Claro que sí, era una niña–digo y nos miramos.
Ryan sonríe, me vuelve a besar y este será nuestro último recuerdo en el orfanato.

Ya Ryan se fue, me quedan solo dos días en Grecia, ya me quiero ir, aunque extrañaré demasiado a mi familia y a mis amigos. Es difícil volver a hacer una separación así, pero es lo que quiero y siento que realmente valdrá la pena.
–Emma–dice Cami asomándose a mi habitación mientras hago las maletas, la miro–necesito que me acompañes al parque, tengo que hacer un experimento biológico allá y nuestros padres están trabajando.
Asiento.
–No hay problema ¿Ya mismo?–le pregunto.
–Em…no, déjame arreglarme y te aviso–se va a su habitación.
Suspiro, mi ánimo ha cambiado mucho desde aquel día que me encontré con Giorgio, no quiero que me afecte pero la verdad es que si lo hace y más si mi niño hermoso no está aquí.
Algunas de las cosas que me aconsejó mi nené, fueron dos cosas, mejor dicho, me dijo que tengo dos opciones:
1–Buscarlo y hablar con él bien.
2–Olvidar todo y seguir mi vida.
Ryan dice que yo nunca dejo hablar a las personas, entonces no sé qué es lo que tiene para decirme Giorgio, así que pudiese darle una oportunidad de hablar; como también puedo dejar pasar todo esto e irme a Estados Unidos y comenzar una nueva vida.
Aún lo pienso y de verdad es que no sé qué hacer.
Pasan algunos minutos, mi hermana llega a mi habitación y me dice que ya está lista, agarro mi cartera y salimos, comenzamos a caminar juntas en la calle.
–Sabes que aprovecharé para preguntarte algo–dice Cami mirándome.
Le sonrío.
–¿Qué cosa?
–Yo tengo un amigo muy lindo, nos conocemos desde primer grado pero comencé a hablar con él el año pasado, somos amigos pero hay algo extraño–arruga la cara y eso me hace reír.
–¿Qué ves tú de extraño en tu relación amistosa con el chico?–le pregunto.
–La primera es que él siempre me pregunta que quién me gusta, tal vez con la esperanza de que yo le diga que él, pero bueno, ese no es el caso, un día le dije que me llamaba la atención un chico del último año y se molestó conmigo por una semana–se ríe–él es raro, además, siempre actúa de una manera extraña cuando está conmigo.
Me rio.
–Le gustas Cami, no lo dudes–le digo.
–Eso ya lo sé Emma–me mira con cara de pocos amigos y después se ríe–lo que no entiendo es que no sé qué me sucede a mí.
–¿Te gusta?–le pregunto arqueando una ceja.
Ella busca la respuesta pero no la consigue.
–Eso de quedarte callada es una respuesta clara Cami, también te gusta tu amigo–me rio.
–Tal vez, pero siento que aún no somos lo suficientemente maduros ¿Entiendes?, y no lo sé, es extraño–nos quedamos calladas–muchas de mis amigas tienen novios pero la mayoría son mayores que ellas.
–A ver Cami, lleven las cosas con calma, tienes razón, tú y él están jóvenes, no hay nada malo de que se atraigan, es algo normal, a todos nos ha pasado en algún momento; pero no se apresuren a los hechos, si sientes que no es el momento, no hagas que nada pase, sigan hablando como amigos y después de un tiempo ven qué pasará más adelante, por ahora no te des mala vida, eres muy joven para sufrir por amor… no sé con qué moral lo digo, pero no quiero que sufras tan temprano como yo.
Camila se ríe.
–Lo sé–se encoge de hombros–¿Cómo te diste cuenta que estabas enamorada de Ryan?–me pregunta.
Me quedo callada y sonrío.
–Sabía que sentía algo extraño por él cuando lo conocí en el orfanato, era distinto a todos mis amigos, comencé a agarrarle cariño y pues lo mantuve en mi mente como mi amor platónico por seis años, nunca dejé de pensar en él, me gustaron algunos chicos, pero nada como él, yo ni siquiera sabía si lo volvería a ver pero entonces llegó el momento cuando volvimos a cruzar miradas, yo en el fondo sentía que ese era él, pero era complicado pensar que él era Ryan al verlo de pie y de tan buena forma que Woow–nos reímos–, sentí muchas cosas esas veces que nos miramos sin saber que éramos los mismos niños del orfanato, hasta que hablamos y nos reencontramos oficialmente. A partir de ese día supe que él me volvía loca, que me hacía sentir de una manera muy distinta a como me sentía con cualquier chico, así que me enamoré–suspiro–y nuestro primer beso lo confirmó, me sentí en las nubes, sentía que estaba tocando el cielo mientras lo besaba–sonrío–. Cami, Ryan es el hombre de mi vida, el chico de mis sueños, el que siempre esperé, te lo aseguro, lo que siento por él no lo siento por más nadie y estoy casi segura que no lo sentiré por nadie más.
Camila me sonríe
–Sí, estás enamorada, que asco–nos reímos–¿A qué edad diste tu primer beso?
–Je, jeje, je, estem, bueno… a tu edad–le sonrío culpable.
Ella se ríe.
–Ay Emma, estás pasada–dice imitando a mi madre.
Nos reímos nuevamente y llegamos al parque, en una de las bancas hay un hombre bien vestido, con traje pero sin la chaqueta de cena, la tiene a un lado.
Camila frunce el ceño, saca de su bolso su cuaderno y comienza a anotar algunas cosas, yo solo espero a que ella haga lo que tenga que hacer. El hombre se levanta, agarra su chaqueta y camina con un rostro serio hacia su auto.
Camila lo observa y enseguida voltea a verme con los ojos como platos.
–¿Qué?–le pregunto.
–Es Giorgio–dice en voz baja.
Veo otra vez al hombre ¿Qué? ¿Cómo puede ser él si hace una semana estaba como un vagabundo? Ahora tiene traje y todo, hasta auto.
–Vamos–dice Camila y sin darme tiempo de responder me arrastra hacia allá.
–Camila no–digo en voz baja, pero llegamos a la puerta del conductor que aún está abierta, con el hombre fuera del auto guardando algo en la puerta.
–Hola–dice Camila.
El hombre se levanta y nos mira, está sorprendido...

#60

...huele bien, no puede ser el mismo.
Me mira sorprendido y luego mira a Camila.
–Hola…–dice sin siquiera saber qué palabras formular.
–¿Eres Giorgio James?–le pregunta Camila seria.
Él queda atónito, yo solo bajo la cara ¡No pueden ser el mismo!
–Si ¿Desean algo?–dice aun de una manera extraña.
–Te lo dije–dice Camila, la miro y siento pena–no, no es nada, solo quería asegurarme–camilla se encoge de hombros.
–Claro…–dice ahora este nuevo Giorgio.
¡Está afeitado y parece aún más joven! No, no, este no puede ser el mismo.
–¿Usted estaba en el centro comercial hace una semana conmigo?–le pregunto.
¿De dónde salió eso? ¡¿Por qué mierda lo pregunté?!
Camila me mira extrañada y Giorgio mira incomodo a todos lados.
–Si–responde, entonces Camila me mira enseguida ahora fulminándome con la mirada.
–¿Lo habías visto antes?–me pregunta Cami seria.
–Él…era muy distinto, no era la misma persona, no pueden ser la misma persona–digo aun sin poder entender.
–Yo también lo había visto pero nunca le había hablado–comenta Cami–antes parecías vagabundo–dice directa.
–¡Camila!–la regaño.
No es que yo piense distinto ni nada, sino que no seré tan imprudente de decir eso.
–¿Sabes por lo menos quiénes somos?–le pregunta Cami alzando una ceja y cruzándose de brazos–el colmo sería que no nos recordaras.
Él hace un estilo de ¿Sonrisa? No lo sé.
–Claro que sé quiénes son–dice y me mira.
–¿Ah sí? ¿Quiénes?–lo reta Camila.
–Mis hijas–dice sin rodeos y algo extraño sucede en mi estómago.
Camila se queda callada esta vez, Giorgio mira a Camila.
–Te respondería todas las preguntas que sé que tienes en esa cabecita, pero ahora mismo tengo que irme–dice Giorgio montándose en el auto y bajando la ventanilla–tengan–nos entrega una tarjeta que agarra Cami–allí está mi número de teléfono, si quieren comunicarse conmigo, yo no tengo ningún problema, me encantaría volver a hablar con ustedes.
Cami está sin palabras.
–Eh…gracias, supongo–digo extrañada.
Este hombre es completamente distinto al que vi hace una semana.
–Adiós chicas–dice y se va.
Camila y yo nos miramos.
–¿Qué acaba de pasar?–le pregunto.
Ella se comienza a reír.
–No lo sé, pero irá para mi diario–me rio y ella sigue en lo suyo.
Qué día tan extraño ¿De verdad está pasando? Es muy loco todo esto, de verdad que si, tal vez esta sea la solución de mis problemas, por lo menos uno de ellos o…un nuevo camino por el cual vendrán más problemas pero habrán cosas buenas; solo hay dos opciones o me arriesgo y salgo ganando o me arriesgo y salgo perdiendo, de allí no creo que pase, así que me arriesgaré, nada haré quedándome con la duda de qué hubiese podido pasar.

#61

Capítulo 27: Mi hermana

Llegamos a casa mi hermana y yo, Dayana está jugando con sus juguetes en la sala y me recuerda a Cami cuando era pequeña…el tiempo ha pasado tan rápido.
–¿Qué hay de cenar?–pregunta Cami luego de saludar a mis padres.
–Hoy es día de comer en la calle, no queremos cocinar–dice mi padre.
Me río y subo a mi habitación, ya todo está recogido, solo hay una que otras cosas regadas.
Suspiro.
–Hemana–escucho la voz de Dayana en la puerta.
Me giro y la veo con una muñeca en la mano.
–Dime mi amor–le digo tiernamente.
–Mi mamá diche que bajis.
Asiento, le sonrío y se va, me siento en la cama un momento, miro todo y un sentimiento de tal vez ¿Dolor? Invade lentamente mi mente, pues pasé tantas cosas aquí, que de verdad me duele dejar mi casa, solo que yo quiero hacerlo así me duela, lo estuve esperando por mucho tiempo y eso haré.
Me levanto y bajo porque mi mamá me mandó a buscar con Dayana.
–¿Sí?–digo al llegar a la cocina.
–¿Qué?–pregunta mi mamá que está sentada en la mesa hablando con papá y con Cami.
–Dayana me dijo que…–no termino la frase y recuerdo a Camila diciéndome que mi mamá me llamaba aquel día que nos fuimos al orfanato, así que sonrío–nada.
Camila se ríe.
–Dayana es una genia–dice Cami, yo coloco los ojos en blanco y Dayana aparece riéndose y acercándose a mi padre.
–Tonta–digo sonriendo y subo otra vez.
Unos últimos juegos de hermanas, no tengo ningún problema con respecto a eso, las amo a las dos.
Cuando cierro la puerta de mi habitación agarro mi teléfono y marco a Ryan.
–Hola nene–dice al atender.
–Hola nene–digo yo de la misma manera.
Nos reímos como tontos.
–¿Cómo está mi princesa hermosa?–me pregunta y puedo imaginar su sonrisa.
–Bien mi niño, extrañándote ya.
Se ríe y yo sonrío.
–Ya nos vamos a ver, pero la mejor parte de todas es que estaremos juntos y nos podremos ver todos los días.
Sonrío.
–Ya quiero ver eso–digo.
–Yo también princesa.
–¿Qué haces nene?–le preguntó acostándome en la cama y arrimando con mi pierna izquierda la maleta que no está completamente llena para poder acostarme.
–Nada mi niña, ya me voy a dormir, es tarde aquí recuerda.
Oh, cierto, muchas veces se me olvidan los distintos horarios.
–¿Mañana qué harás?–le pregunto.
–Emmm–suspira y piensa–mañana tengo que acompañar a Maureen a su curso de cocina y…después llevaré a Rhianne a comprar algunas cosas que necesita para una maqueta de su curso de Arquitectura.
Las hermanas de Ryan son las hijas perfectas, todas trabajan en lo que quieren para poder lograrlo, siempre hacen lo que desean y de buena manera. Todas estudian, ninguna trabaja en algún lado pero están en cursos de lo que les gusta, preparándose para un futuro que las espera.
Por supuesto ¿Quién no haría eso con tanto dinero que les brindan los padres? Y eso es lo que más me gusta de esa familia, que a pesar de tener dinero luchan por tener un futuro aparte y poder ganarse sus propias cosas con sus propios esfuerzos.
Ryan ya dejó el béisbol, ahora comenzará a estudiar lo que él quería que es Psicoanálisis, por lo menos sus padres lo entendieron y pues lo apoyaron en eso.
–Que bien–digo.
–¿Y tú qué harás nene?–me pregunta.
–Pues creo que seguir acomodando mis cosas, ya quiero verte–hago puchero.
Ryan se ríe.
–Contigo a mi lado ya seré feliz completamente, verte todos los días despertar será lo mejor que me podrá pasar en esta vida.
–Yo no lo diría así–digo sonriendo–yo diría que lo mejor que me pasará estando a tu lado es cuando formemos una familia, allí si será lo mejor de esta vida.
Ryan se ríe de esa manera que me encanta, de la que siempre me ha vuelto loca.
–Es cierto–se queda callado–te amo mi niña.
–Yo también te amo nene.
–¡Emma nos vamos!–grita Camila por las escaleras.
–Tengo que irme mi amor, hablamos luego–le digo–descansa nene.
–Está bien princesa tú igual, hasta mañana.
–Adiós–digo y cuelgo.
Bajo, salimos de casa y nos dirigimos a comprar comida china.

Despierto, hoy llamaré a Giorgio, le diré a Camila que lo haré y así ella está presente también cuando lo llame.
Salgo de mi habitación luego de arreglarme, mis padres salieron con Dayana, creo que hoy tenía consulta con su pediatra.
–Cami–la llamo mientras agarro mi desayuno y como.
–Dime–aparece de repente asustándome, se ríe y coloca los ojos en blanco.
–Oye, sabes que voy a llamar a Giorgio ¿Quieres estar? Lo más probable es que nos reunamos luego–doy otro mordisco a mi pastel relleno de pollo.
–Claro, sabes que siempre ando anotando lo que me pasa–se encoge de hombros–y a veces necesito cosas más interesantes, siempre es lo mismo.
Me río.
–Además, tienes que aprovechar a tu hermana mayor que ya se va, así que tienes que obligatoriamente estar conmigo lo más que puedas; espero hayas aprendido a cómo ser una hermana mayor, porque ahora te tocará a ti.
–Oh por supuesto que sí, a ser una pesada, fastidiosa y amargada, ya lo aprendí muy bien–dice jugando y luego sonríe con tristeza–. No quiero que te vayas Emma–dice y baja la mirada.
–Algún día te tocará a ti también y Dayana se pondrá triste–sonrío.
–No es lo mismo, tú tienes más tiempo conmigo, a ti te quiero más–hace puchero–pero no le digas nada a Dayana ni a mis padres porque se molestan–nos reímos.
–Ven aquí–abro los brazos, ella se acerca a mí y nos abrazamos.
–Ya, demasiado amor–dice ella y nos separamos riéndonos–¿A qué hora lo vas a llamar?
–Termino de comer y lo llamamos.
Ella asiente y se va, como, me levanto, lavo lo que ensucié y nos sentamos en el sofá para llamar. El teléfono comienza a repicar, Cami y yo nos miramos.
–Buenos días oficinas Becker–dice la voz de un hombre que enseguida reconocemos.
–Buenos días Giorgio, es Emma James–digo.
–Ah, Emma ¿Que tal todo?–me pregunta sin ningún tipo de sorpresa en su voz–sabía que ibas a llamar, te conozco.
No me conoces, no sabes nada de mí.
–Claro–digo sarcástica–,bien, quería hablar con usted ¿Tiene tiempo?–le pregunto.
–Ahorita estoy en el trabajo, pero al mediodía tengo dos horas de descanso, podríamos vernos, si quieres claro.
–Ok, me parece bien, llevaré a mi hermana ¿Está bien?
–No hay problema–dice tranquilo.
–Bien, adiós–digo y cuelgo.
Camila me mira.
–Giorgio es raro ¿No lo crees?–me pregunta arrugando la cara.
Me río.
–La verdad es que sí, antes era un vagabundo llorón y ahora es un empresario serio ¿Quién lo entiende?
Nos reímos.
–Arréglate para el mediodía–le digo y la empujó con mi brazo izquierdo.
Ella se ríe y asiente, este día será otro extraño para la lista.

Salimos de casa, llamo a Giorgio.
–¿Sí?
–¿En dónde nos vemos?–le pregunto enseguida.
–En el mismo parque–dice neutro.
–Bien–digo y cuelgo.
Seguimos caminando.
–¿En dónde?–me pregunta Cami.
–Parque–la miro y ella asiente–recordemos que nuestros padres no saben que nos veremos con Giorgio, así que tampoco se tienen que enterar que salimos de casa, por lo tanto tenemos que llegar antes de que ellos lleguen y así no sospecharán nada.
Cami asiente firmemente, sonrío y la abrazo con mi brazo izquierdo, ella me devuelve el abrazo. Llegamos al parque, nos sentamos en la banca donde lo vimos aquel día y pues miramos al infinito, de repente comenzamos a reírnos porque parecemos robots.
–Hablemos de algo mientras tanto–dice Cami riendo.
–Bueno, ya que estamos… ¿Has hablado con tu amigo?–le pregunto y arqueo una ceja.
Ella bufa y coloca los ojos en blanco.
–No, ese tema no es lo mío, lo mío es escribir lo que pasa en mi vida y lo que les pasa a los demás–frunce el ceño y luego sonríe–tal vez escriba un libro en algún momento.
Sonrío.
–¿Y entonces qué? ¿No te gusta el romance? Le pregunto.
–Me encanta y lo he llegado a escribir, pero hermana–me mira seria–algo es escribirlo, otra cosa es vivirlo, además–se encoge de hombros–apenas tengo catorce años Emma, aun me falta por vivir, no creo poder vivir un romance como el tuyo, aún no.
Asiento.
–Pero te han tenido que pasar cosas para que hables de esa manera–digo sonriendo algo desanimada.
Ella baja la cara y niega con la cabeza.
–Sólo tomo apuntes de las vidas de los demás–dice de esa manera como cuando era pequeña y no sabía qué decir cuando le preguntabas de algo que para ella era complicado responder: tímida y triste.
Le coloco una mano en el hombro y frunzo el ceño.
–Sé que no es así, sé que te sucede algo, pero no me quieres contar y lo entiendo, yo jamás le conté nada de lo que sentía amorosamente a mi familia, solo a mis amigas…bueno, a Nicole nada más y ella no sabe muchas cosas.
Me mira.
–¿Cómo qué?–me pregunta.
–Como que fui abusada sexualmente cuando era pequeña, ella sabe que tenía un trauma y por eso iba al psicólogo y esas cosas, pero jamás supo ni sabrá la razón, no quiero, simplemente no quiero.
Camila asiente lentamente.
–Yo no sé la historia tampoco, yo solo sé que pasó y que literalmente estuviste enferma–se ríe y yo sonrío–pero nuestros padres no me quieren contar, realmente no hablan de eso, cuando les trato de entrar en el tema mi mamá mira a mi papá y le hace seña de que no, tal vez los traumados son ellos.
Sonrío con tristeza.
–Tal vez haya sido eso–digo y bajo la cara.
–¿Podrías contarme qué pasó?–me pregunta colocándome su mano izquierda en mi pierna derecha.
–Yo…era pequeña e inocente–comienzo–ya yo había ido antes de que tú nacieras al orfanato, me quedé allí muchas otras veces y conocí a muchos niños, pero esa vez que fuimos mi antiguo amigo había cambiado…

– ¡Mark!–grito sonriendo.
¡Es mi amigo Mark!
Dejo todo allí en donde está y corro a abrazarlo. Mark me devuelve el abrazo y nos sonreímos.

–Yo lo consideraba mi amigo y pues estaba feliz de verlo otra vez, pero no sabía en qué se había convertido, su mente estaba cambiada y la mía seguía siendo inocente.

Cada vez está más lindo. Me río porque es tonto eso que pensé.

–En una oportunidad me castigaron y me llevaron a la habitación del castigo el cual se suponía que estaba solo, pero allí estaba Mark y…–trago grueso–me dijo que quería jugar algo conmigo–me rio irónica–algo horrible. Abusó de mí y se fue, yo no sabía qué significaba y me daba miedo decirle a...

#62

...alguien porque yo era consciente de que esas partes que él tocó, no debía tocarlas nadie y allí fue donde callé.
Miro a mi hermana, ella solo me mira atentamente sin decir nada.
–Tuve mucho miedo de que volvieran a hacer lo mismo conmigo, pero volví a encontrar a Ryan y él…–sonrío–él se llevó mis miedos.
–¿Te acostaste con él?–me pregunta sorprendida.
La miro, la empujo y me rio.
–Si eres imprudente–digo riendo–pero sí, ha sido la única persona con la que he hecho eso y con a única que espero hacerlo por toda mi vida.
–¿Y no te dio miedo? –Me pregunta con el ceño fruncido.
Recuerdo aquél momento y siento como mis mejillas se calientan.
–Si me dio, pero solo pensé en el…–mejor no digo la palabra placer porque no lo sé, con mi hermana es incómodo–solo lo disfruté y ya.
Ella asiente lentamente.
–¿Y si quedas embarazada?–dice preocupada.
Me rio.
–Cami, hay miles de métodos anticonceptivos, no pienso ser tan estúpida de no utilizar ninguno.
–¿Y no quisieras experimentar con otras personas?–ladea la cabeza.
Frunzo el ceño.
–¿Por qué preguntas eso?–le pregunto extrañada.
Me esperaba más preguntas pero jamás esa.
Cami se encoge de hombros.
–Solo responde–dice.
–No–digo negando con la cabeza–no quiero que más nadie tenga el dominio de mi cuerpo, no quiero que más nadie me toque, solo él.
Ella sonríe.
–¿Cuándo se van a casar?
Me rio.
–Espero que dentro de pocos años–nos sonreímos y escuchamos unos pasos hacia nosotras–lo que hablamos hoy se queda entre nosotras–le digo.
Ella sonríe y asiente.
–Hola niñas–dice Giorgio, volteamos y lo vemos caminar hacia nosotros mientras se arregla su traje elegante.
–Hola–decimos las dos al mismo tiempo.
–¿Caminamos?–pregunta deteniéndose frente a nosotras.
Asiento, me levanto y extiendo mi mano para que Cami se levante. Ahora, que pase lo que tenga que pasar.
Comenzamos a caminar.
–Bueno chicas ¿Tienen algo que preguntarme?–dice Giorgio y nos mira–supongo que sí, por eso llamaron.
–¿Por qué nos dejaste?–pregunta Camila sin miedo a nada y sin demostrar algún sentimiento en su rostro ni en su manera de hablar.
Yo solo coloco los ojos como platos, mientras Giorgio busca las palabras pero no las consigue, así que carraspea.
–Podría ser otra–dice en voz baja, esta vez demostrando ser lo que realmente es: una persona débil.
–¿Qué pasó con aquella chica con la que engañaste a mamá?–pregunto yo.
Si no respondió la de Cami tendrá que responder esta.
–Estuve con ella todo este tiempo, crié a un hijo que no era mío, solo porque quería demostrarle que yo podría ser un buen padre.
Arqueo una ceja.
–¿Y nosotras qué?–le pregunto sin dejarlo terminar.
–Déjame hablar Emma–me pide serio y enseguida reconozco ese gesto, esa manera de decir las cosas…me veo a mí–, estuve con ella porque dejé de sentir lo que sentía por su madre, ya yo no amaba a su madre y me enamoré como un estúpido de otra mujer que ya tenía un hijo pequeño; me manipuló, sabía que me había enamorado, entonces se aprovechó de eso y me dijo que me alejara de ustedes y creara mi vida con ella; eso hice y…simplemente me dejó, me dejó muchas veces pero le insistía tanto que me aceptaba de vuelta, no quería alejarme de ella porque sabía que eso implicaría recordarlas a ustedes, no tanto a su madre, ella no me importa, pero hijo es hijo y así seas el peor padre del mundo siempre tus hijos te van a doler–Camila baja la cara y me agarra la mano–todos estos años al lado de una persona que no me amaba, solo por capricho; teniendo que soportar los cuernos, las peleas, las veces que me echaba de casa–agarra aire y suspira fuertemente–todo, solo por estar a su lado. Y pues bueno ¿Qué pasó con ella? Se fue, dejó a su hijo el cual por cierto aún mantengo yo, y me dejó por otro, así de sencillo para ella.
–¿Y no te pusiste a pensar que eso mismo que tú sentiste lo sintió nuestra madre?–pregunta Camila algo molesta–con la única diferencia de que tú la golpeaste e hiciste que nuestra vida cayera a pedazos justo cuando más te necesitábamos–Camila con el ceño fruncido y los ojos llenos de lágrimas niega con la cabeza–eso de elegir a otra persona y a otro niño a cambio de tu familia, tus hijas en específico, está mal, está muy mal y es algo que por lo menos yo no te voy a perdonar, no tan fácilmente.
Halo a mi hermana hacia mí y la abrazo mientras caminamos.
–Yo creo que ya no hay más preguntas–digo en tono seco–ya nos explicaste que te importaron más esas dos personas que tus propias hijas, eso era todo lo que necesitábamos escuchar.
Giorgio me mira a los ojos y definitivamente veo los míos ¿Por qué mierda tengo que parecerme tanto a él?
–Yo quería preguntarles algunas cosas a ustedes–dice de esa manera inofensiva, así como si el vagabundo hubiese entrado en él.
–No quiero que preguntes nada–dice Camila molesta.
–Cami–digo para que se calme–tienes derecho a una sola pregunta.
Él asiente y nos detenemos.
–Si yo llegase a cambiar, si yo llegase a volver con ustedes, no a la casa claro, a sus vidas ¿Ustedes me perdonarían?
–No lo sé–digo yo enseguida–es difícil ¿Ok? Es muy difícil que el padre que nunca te demostró amor venga y te diga que cambiará porque te ama–me rio irónica–eso no tiene sentido Giorgio, para mí no.
–Para mí tampoco–dice Cami–yo no quiero que vuelvas, yo estoy bien con mi papá.
Y justo en ese instante cuando Camila le recuerda que ya tiene reemplazo porque él mismo se lo buscó…es cuando sus ojos se llenan de lágrimas y aunque yo no quiera, aunque yo me niegue porque le tengo rencor, yo lo amo, él es mi padre quiera o no, hizo lo que hizo porque todos cometemos errores, pero aunque sea difícil perdonarlo y tratar de no sentir lástima por él, igual se siente, igual me duele pensar que él también sufre, de alguna u otra manera él también sufre y no puedo imaginar lo que siente en este momento, porque yo misma no puedo imaginar lo que yo sentiría si mi propia hija me dice en mi cara que ya tiene otra mamá, es…doloroso y por eso no sé qué sentir.