Zas_
Rango7 Nivel 30 (1482 ptos) | Autor novel
#1

A YELO, POR LOS BAILOTEOS COMPARTIDOS EN LA RESI
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Allí estaba otra vez, mostrando un erotismo inverso: era puro amanecer y las golondrinas volaban como kamikazes sobre aquel piso de renta antigua cuya balconada, leprosa, con puertas de cuarterones, ella dejaba entreabierta con algo de insinuación fetichista. Dormía sobre una cama turca, enfundada en un sayón de lino, y cuando se vestía cada mañana frente a un espejo de tres cuartos él, desde un ángulo imposible, no podía sino caer derribado contemplando su cuerpo desnudo. Le había asignado un nombre, Vero, había imaginado la tersura de sus labios en forma de corazón, tenía el pelo lacio y castaño y senos como brevas abiertas cuando se ponía el sujetador. Era asidua a ponerse los pantalones echada, embutía sus piernas en perneras y luego alzaba el pubis níveo con gesto rebelde, como el de los amores construidos sobre pasiones fortalecidas. Culpable, irónico, verificaba más tarde la presión dilatada en su bragueta.

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#2

Pero su deseo no guardaba relación con el onanismo gratuito, era un sentimiento mucho más depurado, igual que si se vinculara a un credo político o a un dogma religioso. Transcurría la jornada laboral pensando en Vero, sus gustos y opiniones, el color de sus sueños. Sin caer en la obsesión, recluía el concepto idealista en la hornacina del pensamiento. Únicamente al sentir dentelladas de abatimiento en cualquier rincón de la existencia recurría a esa imagen, insólita, que después era actualizada en los detalles más nimios -cabello ensortijado en un pecho, rosa fósforo como única herida de fresa- cada veinticuatro horas.

Presumió con fatalidad no que se estaba intoxicando de un enamoramiento cómico, sino que el día menos pensado irrumpiría otro compartiendo con ella plenitudes y almohada. No soy celoso, repetía como un mantra budista, me conformo con lo que el destino me haya reservado, fue su conclusión terminal.

Hasta la noche de primavera en que el patio contiguo saturó el aire de azahares y de la casa de Vero manó un hilo de música que él, sin dudarlo, identificó con una canción de Norah Jones. De la puerta de cuarterones se adivinaba un filo de luz naranja, a veces interceptado por una presencia humana y otras no.

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#3

Se va a cambiar de ropa, en un instante se pondrá el camisón. Era como beber té a pequeños sorbos, con paciencia, sabiduría. Por ella salió otra chica de similar edad y complexión más recia, se acodó en la baranda, fumaba un pitillo. Se tocó el corte de pelo militar y giró la cabeza hacia dentro, esperando quién sabría qué. Son amigas o hermanas, la disyuntiva errante mientras pudo ser apuntalada. Cuando surgió Vero en ropa interior y le dio un beso a su amante comprendió sin llegar a comprender.

Paradójico, imbécil, puso cortinas hasta en la cocina.

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