Kora83
Rango7 Nivel 30 (1430 ptos) | Autor novel

Amelia no era el tipo de mujer del que todo hombre se enamoraría de manera fulminante. Tampoco era la típica señorita remilgada, gustosa de llevar consigo alhajas de un valor sentimental incalculable, combinadas con ricas telas y conjuntos de vestir refinados. No, Amelia Boubuar no era de ese tipo de mujer. Su cabello corto, de un color oscuro ceniciento, lleno de tiesas canas por la zona de las sienes, tenía un aspecto reseco y poco cuidado. En su rostro había un deje de tristeza permanente, acompañado de un cutis del color del mismísimo mármol más blanco. Siempre se había conformado con poco, ya que provenía de una de las familias más humildes de París, peso que acarreaba con oscura desazón. Por lo tanto, estaba más que acostumbraba a no tener de nada y a necesitar de todo. Era una persona tan simple e insulsa, que nadie se daba cuenta cuando entraba todas las mañanas en la baguettería de monsieur Çezan en busca de su acostumbrada barra de pan, la cuál, le daba para hacer todas las comidas del día.

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 10 meses

Gracias Laura!!!!!

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 9 meses

¿Os gustaría seguir conociendo a Amelia Boubuar? Sólo tenéis que dejar vuestros comentarios u estaré encantadisima de desvelaros todos los secretos que esconde su historia.

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 6 meses

Hello bonicos!!!! Ya son 18 capítulos de "En las sombras..." Y todo gracias a vosotros 🙌.

Ahora os propongo algo: ¿Cómo os gustaría que siguiera la historia?

Os reto a escribir el siguiente capítulo. ¿Qué os parece?

¡Besicos! 😘

Sasami_Hanatsuki
Rango6 Nivel 29
hace 5 meses

Da gusto leer una buena intro, intentaré tener el tiempo para leer el resto

loqns13
Rango3 Nivel 11
hace 4 meses

Me encanta😊¿ puedes pasarte por mi perfil?


#2

Entre sus huesudas y delicadas manos, se encontraban las llaves con las que abriría la puerta de su humilde hogar. Mientras subía aquellas tortuosas escaleras, las cuales tenían dos de tres peldaños rotos, el movimiento de su ejercicio hacía que los objetos de metal tintinearan sin cesar en su mano derecha. Cuándo estuvo en frente de su desaliñada puerta, escogió entre el manojo metálico una de las llaves. Con sumo cuidado, temblando en el proceso por lo duro que le había parecido subir aquellas escaleras, metió la llave en la cerradura. Abrió, no sin antes pelearse con la misma durante unos segundos. Al entrar, un ligero olor a alconfor se coló por las fosas nasales de Amelia. Ya estaba más que acostumbrada a ello, pues la casa era sumamente antigua, llena de humedades y desconchones en las paredes. Suspirando por su trémula suerte y cerrando los ojos con fuerza, Amelia, se encaminó hacía su habitación, dónde se dejaría caer sobre su apolillado camastro, quedándose dormida después de haber llorado con amargura y desesperación.


#3

Aquel día fue sin duda, el día definitivo en la penosa existencia de Amelia Boubuar. El día en el que, sin esperarlo si siquiera, unos ojos, tan claros como el cielo, se fijaron en ella. ¿Cómo pudo suceder tal acontecimiento? Si ella era así, tan poca cosa, tan insignificante y diminuta en las vidas ajenas. Una mujer, con una imagen tan tediosa como su carácter, tan triste y apagada cual vela humeante... Por unos minutos, mientras ese hombre de vestimentas impecablemente planchadas la miraba ensimismado, Amelia creyó que tal individuo sólo buscaba burlarse de ella. ¿Con qué propósito se atrevió a fijarse en su persona?. Ella no era nada. No tenía nada especial, o por lo menos eso había creído siempre. Hasta que él se dió cuenta de que formaba parte de esa sociedad tan ególatra y superficial. Le sonrió. Con una sonrisa de dientes sumamente perfectos. Amelia, embobada ante tal gesto, no pudo hacer otra cosa que sonrojarse de manera inmediata, mientras una tímida sonrisa se dibujaba en las comisuras de sus labios.
—Buenos días Madame ¿Me permite decirle que hoy está graciosamente espléndida?— dijo, mientras se quitaba el sombrero que lucía con elegancia.
Amelia no contestó. Sólo se dedicó a observarlo con los ojos tan abiertos como platos. Esos ojos, tan grises y apagados, ahora brillaban con tal fulgor que hasta la estrella más luminosa habría quedado eclipsada. Amelia se sintió alguien. Se sintió como la mujer más bella. Como si fuese importante en la vida de alguien. Cómo si de verdad su existencia, por fin, valía la pena.

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 10 meses

Me alegro de que así fuese!!!

LauraDadaCuentista
Rango7 Nivel 31
hace 10 meses

@Kora83 igual meto la pata, pero me sumerge en un ambiente victoriano, decadente... Y el personaje de Amelia promete.

Arcana
Rango6 Nivel 28
hace 7 meses

Tu forma de escribir me recuerda a Austen 💚

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 6 meses

Es todo un halago saber que piensas así @Arcana. Muchas gracias!!!! 😉


#4

Fue extrañamente inaudito, como la pesarosa y triste vida de Amelia dió un giro de más de 180°. Todo comenzó con una tímida sonrisa, en la misma baguettería donde compraba su única barra de pan cada semana. Él, tan elegante, tan refinado..., Con olor a cierto perfume masculino que denotaba calidad y por lo tanto se sobrentendía que debería de ser bastante caro..., Con esos ojos tan celestes, intensos, chispeantes y con un toque misterioso. Sí, Denis Bretton era todo un galán. Irremediablemente atractivo y de aura serena. Todo en él gritaba nobleza. ¿Cómo pudo fijarse en ella?. Él, la colmó con toda la riqueza que jamás había tenido, sin pedirle nada a cambio. Luego, pensó en que aquel instante pudo haber sido producto de una broma pesada, típica de un niño rico que siempre lo tuvo todo. ¿Se enamoró de ella? ¿Así? ¿Tan de repente?... Algo no encajaba para Amelia.

#5

Se encontraba frente a un rico espejo labrado de forma barroca, de tonos dorados que destellaban a la luz de la única vela que había encendida en el refinado candelabro. Aquel espejo le devolvió su propio reflejo. Un reflejo totalmente distinto al que estaba acostumbrada. Su cabello, antes encrespado y grisáceo, se veía pulcramente peinado en suaves ondas que le caían sobre su marmólea frente. Su rostro, sin vida y apagado, tornó en sonrosado y vibrante, con el aspecto de una rosa en abril. Aquellas vestimentas tan suaves y finas, de colores ricos con perfectos bordados... En ese momento, Amelia sintió miedo. Miedo de despertar a la mañana siguiente y que todo fuera un sueño. Miedo de las verdaderas intenciones de Mousier Bretton en lo que a su persona se refería.

#6

—Amelia..., Querida..., ¿Por qué tiene sólo una vela encendida?...— le preguntó Denis, entrando a sus aposentos con vehemencia— Recuerde que ya no vive en aquel cuchitril..., No tiene porqué escatimar en gastos...—
Bretton la miraba con tanta ternura que hasta su corazón se le saltó un latido.
—Oh... Perdóneme..., No me acostumbro a tenerlo todo tan a mano...— Le contestó Amelia en un hilo de fina voz, dejando de cepillarse el cabello, el cual, ya le había crecido hasta rozarle las mejillas.
—No se preocupe por nada querida, lo entiendo...— Mientras decía esto, Denis comenzó a acercarse a ella lentamente.—Quedé sumamente prendado de su belleza sin pulir... Y de hecho, ahora que este diamante está a mi lado...— dijo mientras alzaba la mano para acariciar con suavidad la mejilla de Amelia — Me siento el hombre más afortunado de todo París...

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 9 meses

Hola a tod@s!!!!! Si decidís que os gusta la historia de Amelia Boubuar y queréis saber más sobre ella, sólo tenéis que dejarme vuestros comentarios. Buenas y felices noches!!!!


#7

—Madame... Madame Boubuar... ¿Querida? ¿Está usted bien?... Su rostro está totalmente lívido... Pareciera que ha visto un fantasma...— El sonido de aquella voz femenina tan sumamente chirriante sacó a Amelia de su pesada ensoñación. No había pegado ojo en toda la noche. Su constante preocupación por las verdaderas intenciones de Denis Bretton la tenían totalmente consumida.
—Oh... Disculpe mi distracción Madame Pouland... ¿Sería mucho atrevimiento por mi parte ausentarme unos segundos?... Es menester que tome un poco el aire.— La dulce, pero fingida sonrisa que le dedicó a aquella anciana remilgada se le antojó incómoda y miserable.
—Claro que no querida, faltaría más... Vaya, vaya... — Le dijo, mientras le hacía un gesto desdeñoso con una de sus arrugadas manos. Amelia le brindó una comedida reverencia y se encaminó hacia la hornamentada terraza de aquel palacete, dónde desde hacía unos meses, empezó a "socializar" con todas aquellas arpías mientras fingía que tomar el té con en su compañía, era lo más parecido a estar en el cielo.

LauraDadaCuentista
Rango7 Nivel 31
hace 9 meses

@Kora83 tú ves!!! Algo esconde ese tipo!!! Si es que pasa lo mismo que con mi Gastón... Son demasiado perfectos y maravillosos para no tener un lado oscuro...o perveeeeerso...
Me tienes intrigada. Además me encanta como usas el castellano ese rimbombante de época. Sigue!


#8

Después de haber respirado algo de aire fresco, Amelia volvió sobre sus pasos hacia el interior de aquella jaula dorada. Cuando hubo llegado a la silla ricamente acolchada en la que había estado descansando anteriormente, desvió su atención hacía un grupo de féminas que se encontraba no muy lejos de su aposento. Era la típica reunión de solteronas amargadas, las cuales, sólo sabían cuchichear de todo ser viviente que se moviese en los alrededores. No quiso oír lo que aquellas urracas de sombreros emplumados decían..., pero lo hizo.
—¡Oh! ¿Saben el último escándalo que está corriendo como la pólvora por todo París?... Os aseguro, compañeras mías, que jamás podríais imaginar de quién os hablo...— dijo una de ella con sorna y notable veneno en sus palabras, para luego proseguir...— ¡Ja!... Escuchad, según he sabido, Mousier Bretton, el hijo del magnate de las finanzas residente en Toulouse..., Sí, ese... Tan fino, tan elegante y distinguido. Tan atractivo y galante... ¡Jajaja!... ¡Ha tenido la desfachatez de meter en su morada a una vagabunda! ¡¿Os lo podéis creer?!... —dijo mientras reía a carcajadas, como si lo dicho sonara tan absurdo como gracioso. En ese momento, Amelia se encogió un poco más, si cabía, en su asiento, para después, sin siquiera pensar en el indecoroso acto, salir corriendo de la sala, mientras intentaba esconder la humedad en sus ojos y la vergüenza que aquel comentario le causó.

#9

No pudo creerlo. ¿En qué clase de mundo se había osado a vivir?. La verdad es que Amelia nunca se preocupó por su apariencia, ni tampoco por el qué dirían las personas más influyentes de París. Le resultó todo tan sumamente superficial, que hasta sus entrañas se revolvieron en protesta por aquella forma de vida. Con inmensas ganas de vomitar, debido al nerviosismo que la atenazaba, Amelia, buscó desesperadamente la puerta de salida hacía el exterior del palacete. Iba tan absorta y desesperada en su búsqueda, que no pudo remediar chocar contra algo blando pero a la vez firme. Unos brazos fuertes la sostuvieron antes de que cayera al suelo debido al desafortunado impacto. Entonces, la mirada de Amelia, temblorosa y cristalizada por las lágrimas, se topó con unos ojos que conoció al instante. El azul de Denis Bretton.
—Amelia... ¿Qué os ha pasado?... ¿Por qué tanta prisa?... Querida... ¿Está bien?.. ¿Va todo bien?...— La miraba con una preocupación indigna de su carácter. En ese momento, sólo quiso deshacerse de la prisión que sus brazos le ofrecían. ¿Qué pensaría la gente si los veía de aquella manera?. Sabrían que ella era la vulgar vagabunda que había recogido en su propiedad por pura lástima y eso, la ponía enferma.
—Déjeme, Mousier..., Estoy bien, puede estar tranquilo.— Le dijo sin mirarlo a la cara. Un destello de inseguridad le hizo preguntar...—¿Qué está haciendo aquí Dennis?... Este lugar es sólo para señoritas, ¿No es así?...— La mirada triste y curiosa de Amelia lo escudriñaba de una manera tan intensa que Bretton no supo que contestar.
—Ehm... Bueno... Sí, así es mi querida Boubuar... Jeje... Bueno... Si todo está bien, debo proseguir con mis tareas. ¿Si me disculpa?— contestó, desviando el tema con nerviosismo.
—Faltaría más Mousier...—le contestó mientras inclinaba su pequeña cabeza.
—Bien..., Espero verla esta noche en casa. Qué pase un espléndido día querida.
¿Qué había sido eso? ¿Qué hacía Bretton en aquel sitio? ¿Negocios?. Algo no andaba bien...

#10

Cuánto más lo pensaba, más nerviosa le ponía aquel pensamiento. No tenía ni la más mínima certeza de que el amable caballero, que muy cortésmente la cobijó en su hogar, estaba metido , de una u otra forma, en alguna clase de asunto turbio.

¿Cómo podría? ¿Sería tan estúpido de tirar por la borda todo su honor y reputación por simples chismorreos?. No, no lo creía. No hacía tampoco mucho tiempo que lo conocía. Quizás unos cuatro meses. Eso no es nada en comparación a una vida entera. Pero creía conocerlo lo suficiente para darle el beneficio de la duda.

No lo sabía, quizás Amelia estaba siendo más benévola de lo que Denis Bretton se merecía. Quizás, en tan poco tiempo como estuvo conviviendo a su lado, sentimientos ajenos a su control habían florecido en su frío y destrozado corazón. Y quizás, sólo quizás, por esta razón, no le creyó capaz de semejantes majaderías.

#11

Buenos días a todos y feliz año 2019!!!!. Esta no es otra parte de "En las sombras...", Sólo os escribo para disculparme por la demora en la subida de nuevos capítulos. He estado bastante liada estas últimas semanas del año, pero ya he vuelto!!!.
Si queréis seguir sabiendo de la vida de Amelia Boubuar y los secretos que oculta Denis Bretton, sólo tenéis que votar por la historia y comentármelo. Muchas gracias y abrazos!!! :)

Arcana
Rango6 Nivel 28
hace 7 meses

phh y yo que estaba esperando ansiosa una nueva parte :’(

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 7 meses

No te preocupes @Arcana, pronto seguiré subiendo capítulos!!!! 😉


#12

—¿Amelia?...,— Preguntó Denis, quedándose quieto delante de la maciza puerta de madera labrada que separaba el pasillo de los aposentos de Boubuar.
— Me preguntaba si sería de su agrado bajar un momento al comedor principal. Me gustaría cenar en su graciosa compañía...— Silencio. Parecía que nadie se encontraba dentro de la habitación. Lo único que pudo escuchar Denis fue su pesarosa respiración. Al no encontrar respuesta alguna después de haberlo intentado en dos ocasiones más, optó por pegar su oreja derecha sobre la madera e intentar captar algún tipo de sonido proveniente del interior.
—Amelia, voy a pasar... Espero no importunarla...— Informó abriendo la puerta con fuerza, pero a la vez con suma delicadeza. Lo último que deseaba era asustarla. Una vez dentro, Bretton pudo comprobar que se encontraba totalmente vacía. Sólo pudo distinguir el dulce perfume que se encontraba en el aire. Notas de gardenias y melocotón fresco golpearon sus sentidos. Pero...¿Dónde estaba?...¿Quizás había escapado?... Rebuscó un poco entre las hojas de papel amarillento que reposaban sobre un buró ricamente tallado, por si acaso encontraba alguna nota que pudiera darle alguna pista de su paradero. Nada. Sólo había dibujos de unas cuantas aves y flores, las cuáles ni siquiera supo que estuviesen en su jardín. En aquel instante, Denis entró en pánico. Su corazón comenzó a bombear a un ritmo vertiginoso. La sangre le zumbaba por las venas y un leve pitido empezó a aparecer en sus oídos. Tenía que encontrar a Amelia, no podía dejarla de nuevo a su suerte. Ella, tan frágil y tan indefensa, de nuevo sola, sin nada ni nadie... No podía permitirlo.
De un salto bajó la interminable escalera de caracol que conectaba la casa con el piso superior y trotando entre los pasillos llegó hasta los establos, dónde un poderoso corcel negro azabache lo esperaba totalmente equipado para salir como una auténtica tormenta hacía la búsqueda de aquella muchacha.

Arcana
Rango6 Nivel 28
hace 6 meses

Me tiene atrapada tu forma de contarlo <3


#13

Sólo se escuchaban sus pasos sobre la maleza. Hacía frío y estaba a punto de nevar. Aquel año estaba siendo realmente gélido y Amelia jamás imaginó encontrarse vagando en tan fantasmagórico lugar. Se suponía que sólo salió a dar un paseo por las tierras que rodeaban el palacio de la familia Bretton para despejar esas ideas tan inútiles que la atormentaban y resultó que, entre cavilación y cavilación, perdió totalmente el norte. La noche comenzó a caer, cubriéndolo todo con su negro manto. Las ramas de los árboles siseaban palabras ininteligibles debido al aire helado que empezó a soplar con insistencia. Estaba perdida. En esos momentos, recuerdos de su Yo pasado volvieron a reavivar viejos miedos. Miedos que creyó haber ocultado en lo más profundo de su memoría. El frío le caló hondo, hasta la médula del último hueso. Tuvo ganas de llorar, de gritar, de reírse de sí misma por ser tan torpe y distraída, por no ser más que una pobre niña sin futuro, sin ambiciones, sin esperanzas... ¿Moriría sola en aquel bosque? . Todo apuntaba a que sí. Cerró sus oscuros ojos con fuerza y se acurrucó en el hueco que ofrecía el tronco de uno de los numerosos árboles que dominaban aquel lugar.

Arcana
Rango6 Nivel 28
hace 6 meses

Super visual todo, me encanta.


#14

El crepitar incesante de los cascos de aquel poderoso caballo azabache se escuchaba a través del bosque. Los pensamientos de su jinete viajaban hacia la delicada y frágil figura que, con tanta dulzura, había querido proteger desde el día en que la vio en aquella panadería.
Recordó entonces, el olor dulzón que emanaba de aquel negocio, producto de la exquisita receta que utilizaba mousier Ceçan para el glaseado de sus croissants. Jamás hubiese entrado allí, de no ser, por el agradable aroma que se filtró hasta su olfato. Una sonrisa tímida se formó en la comisura de sus labios, al recordar a Amelia sentada en la esquina más apartada. Parecía tan pequeña, tan diminuta... Pero a la vez tan bella a sus ojos...
Cuando volvió de nuevo de la nube en la que había estado inmerso, se encontró en medio de un enorme y solitario páramo. Denis, confiado, sabía perfectamente dónde se encontraba. Desde niño había jugado entre aquellos viejos árboles, resbalando con cada brote de musgo, que muy sutilmente, se aferraban a cada arruga de los troncos secos que se esparcían por doquier. No tenía miedo, ni estaba perdido. Sólo sintió una punzada de culpabilidad y temor, pues creyó estar convencido de haber tenido la culpa de que su delicada flor se hubiese perdido.

Arcana
Rango6 Nivel 28
hace 6 meses

te sobró una coma después del “de no ser”, esa coma no debería ir ahí 😊

Arcana
Rango6 Nivel 28
hace 6 meses

jajaja de nada! amo tu historia 💚


#15

No supo de dónde provenía el sonido de aquel furioso galope. Con suma pereza y desidia, se desenvolvió de la pequeña madeja de brazos y piernas en la que se había convertido, para de esa manera, poder mantener el poco calor corporal que le quedaba. Todo su ser se encontraba totalmente aturdido por la humedad y el frío. La leve escarcha, que había caído estando escondida en el seno de uno de los troncos huecos, hacía acto de presencia sobre ramas y hojas.
Su mirada viajaba de un lado a otro por el vasto páramo helado. ¿Había escuchado un grito?... Quizás sólo fueran sus pensamientos. Pensamientos llenos de tristeza y ávidos de reconocimiento por parte de aquella persona que hacía que su corazón vibrara de esperanza.
—¡AMELIA!...— Su diminuto corazón dió un estrepitoso vuelco, haciendo que un pinchazo de sorpresa se alojara en él. —¡AMELIA! ¡¿PUEDE OIRME?!...
—Mousier Bretton... — Susurró entre sus azulados labios que exhalaron un hilo de humo blanquecino. Giró la cabeza, tan rápido que casi le pareció marearse. ¿Era él? ¿Denis Bretton había venido a salvarla?


#16

¿En qué cabeza cabría la locura de adentrarse en ese fantasmagórico lugar en busca de una simple niña?
Por más vueltas que le dió su alborotado seso, siempre llegaba a la misma conclusión. Él no debería estar allí, no debió haber ido en su busca... No debería haberse tomado la molestia de abandonar el calor que le proporcionaba una de las múltiples chimeneas existentes en aquella fastuosa mansión. No, no cuando ella no valía nada. Cuando ella no significaba nada para nadie. Al fin y al cabo, ya estaba más que acostumbrada a ser rechazada, a no ser más que una insignificante mota de polvo encima de un mueble olvidado...
Sus oscuros ojos comenzaron a cristalizarse, haciendo que se tornaran tan brillantes como centellas en el cielo invernal. Denis paró su negro corcel justo delante de ella. Fue lo último que vio antes de sentirse fuertemente abrazada por él. Todo ocurrió tan rápido que su respiración se cortó, haciendo que de su pequeña boca sólo brotaran finos hilos humeantes.
—Amelia... Amelia...— susurró Bretton, con suma desesperación contra su húmedo cabello.—No vuelva a hacerme esto o le juro que sería capaz de llegar al fin del mundo si fuese menester...
Amelia no pudo responder nada, sólo se limitó a abrir los ojos como platos ante tal confesión. Presa de un fuerte impulso visceral, Amelia agarró con fuerza entre sus puños parte de la casaca gris marengo de Denis. Entonces, acurrucada entre sus cálidos brazos, se echó a llorar, liberándose de lo abrumador de aquel momento.

#17

Denis sintió un alivio desmesurado al verla en la lejanía. Su corazón palpitaba como el de un adolescente, tiritando de emoción al ver a la persona que llenaba sus más arraigados anhelos. Pero... ¿Por qué ella? ¿Por qué Boubuar le suscitaba tales sentimientos?... Quizás, en un primer momento, ese sentimiento fuese lástima, pero con el paso del tiempo se fue tornando en otro más complicado, en algo más intenso, más abrumador... Con sólo imaginarla lejos de su persona, una sensación sumamente desagradable e inmunda le recorría de pies a cabeza. Siempre la misma pregunta ¿Por qué?. Pensó que quizás Amelia pensara lo mismo con respecto a él... Pero ¿Cómo saberlo?... Era tan silenciosa, tan tímida... Imposible de descifrar. Aunque por otro lado, esa fue una de las razones por las cuales se sentía tan atraído. ¿Locura?... ¿Locura sentir "algo" por una mujer por la cual no debería?... Definitivamente... Ese no era el plan... No, no lo era.

#18

Se encontraba sentada en un mullido sillón de piel, adornado con un capitonel color verde musgo. Sus manos, todavía heladas por aquella aventura, se sintieron un poco más tibias gracias al dulce calor que desprendía la hoguera de aquella chimenea.

Su delicado cuerpo, se había convertido en un interminable mar de mantas de cashemir, las cuales le aportaban consuelo después del intenso frío que había pasado.
Fue algo extraño. Durante todo el camino de regreso al palacete, Bretton no se atrevió a mirarle ni un sólo segundo. ¿Por qué razón habría hecho tal cosa?. No entendió nada.

¿Dónde quedaron aquellas palabras que hicieron vibrar todo su ser?
Quizás se sintió arrepentido de haber ido en su busca, de haber salido de su cálido hogar en una noche tan sumamente gélida... Quizás fue su culpa. Tal vez no debió abrazarle con tanta desesperación y esperanza... Amelia se encontró tan confusa, que le fue imposible entrar en calor. En el fondo, su corazón se había quedado en aquél páramo, helado... Bajo la escarcha.

Hola hola!!!... Por fin nuevo capítulo!!! 😉
Anteriormente os invité a escribir este mismo, de esta forma si os va gustando la historia de Denis y Amelia, podríais darle un giro al asunto. Sigo esperando vuestras ideas!!! Muchas gracias por vuestro apoyo!!! 😘


#19

La lluvia caía de forma incesante sobre el inmenso páramo de la familia Bretton. Denis, se encontraba ensimismado observando como las pequeñas gotas de agua resbalaban por el fino cristal de aquella ventana. Miraba a través de ésta y en la lejanía, quiso diferenciar el lugar exacto en donde encontró a su pequeña y frágil Boubuar.
—Denis... ¿Me estás escuchando?...— preguntó Alain Bretton, su padre, quién lo miró intensamente frunciendo sus pequeños ojos oscuros en el proceso.
—Eh... Sí... Discúlpeme padre... ¿Qué me decía?— contestó el joven con aire distraído.
—Te acabo de preguntar el por qué de esa actitud tuya... Nunca te había visto tan absorto, con ese comportamiento tan sumamente descuidado...
—Perdóneme padre..., No se preocupe..., No es nada importante... No me lo tenga en cuenta.
—Es por ella ¿Verdad?...— En ese momento, Denis miró a su padre con los ojos tan abiertos, que pareciera haber visto un fantasma.
—¿Ella?... ¿A qué se refiere?
—Denis... ¿Quizás creíste que no me iba a enterar de nada porque estaba en otra ciudad?... Tengo ojos que observan y oídos que escuchan por mí en este lugar...—Alain río soltando el aire por su regordeta nariz, haciendo así, un sonido burlón.
En ese instante, el joven agachó su cabeza mirando al suelo, haciendo que una mata de pelo oscuro le cayera como una cascada sobre el rostro.

#20

Aquel invierno estaba siendo uno de los más crudos y lluviosos. Los orbes castaños de Amelia miraban con melancolía a través del congelado vidrio de aquella ventana enmarcada en un color blanco roto. Recordó, aquellas frías y lúgubres noches, en las que no tenía más remedio que taparse con las harapientas mantas que pudo rescatar de aquel monstruoso incendio.
Nunca había hablado de ello. Le era duro recordar cómo sucedió todo. Las anaranjadas llamas todavía le quemaban el cuerpo y también el alma.

El chasquido del dorado picaporte, que relucía en la puerta de su habitación, la sacó de sus terribles cavilaciones.

Cuando Amelia se volvió para ver quién había entrado a sus aposentos sin siquiera haber tocado con los nudillos el trozo de madera, su sonrosado rostro se tornó del color de la rosa más roja y sus inexpresivos ojos, chispearon con una jovialidad impropia de su persona.

—Disculpe mi atrevimiento Amelia... Pero creo que tenemos una conversación pendiente... ¿Estima oportuno que podamos darle solución con la mayor brevedad posible?— Denis Bretton se encontraba justo delante de ella, observando cada detalle de su anatomía.

¿Se había osado a entrar en su intimidad sin su permiso? ¿Qué pretendía?

—Oh... Si es menester y si su persona lo estima... Yo... Estaré encantada de acompañarlo— susurró la joven, mirando hacia abajo para que, de esta forma, él no pudiese darse cuenta de la vergüenza que le producía aquel inesperado encuentro.

anamar26
Rango8 Nivel 39
hace 3 meses

Una buena historia. Me ha dejado intrigada. Supongo que la continuarás.


#21

Helado. Así amanecía el páramo donde se asentaba el gran palacete de la familia Bretton. La dura y resbaladiza escarcha cubría con su cristalino manto todo lo que la intemperie ofrecía. Sin embargo ese domingo, el tibio sol de invierno, hacía apetecible la salida a los jardines.

Con sumo cuidado, Amelia fue bajando peldaño a peldaño la pequeña escalinata que la conducía al laberinto de fuentes y setos. La verdad, es que no dudó ni un segundo en enfundarse su delicado abrigo de color beige y su sombrero de lana a juego, para de esta forma, poder dar un agradable paseo mientras los tímidos rayos de sol bañaban su rostro de ópalo.

— Debería ir con cuidado querida... No olvide lo que aconteció la última vez...— La ronca y profunda voz de un hombre desconocido le hizo volver la cabeza como un resorte, encontrándose con unos ojos del mismo color del cielo en abril. Unos ojos que le resultaron familiares, ya que se parecían a aquellos con los soñaba cada noche.

— Disculpe, no le había oído llegar... —Amelia hizo ademán de inclinarse para ofrecerle un cordial saludo que fue cortésmente respondido.— Perdone mi indecorosa pregunta moisuer, pero... ¿Le conozco?

Levantando sutilmente una de sus blancas cejas en respuesta a aquella pregunta totalmente fuera de lugar y dibujando al mismo tiempo una de sus burlonas sonrisas, respondió a Amelia.

—Oh, ¿No me conoce?... Daba por hecho que sabía de mi existencia querida Boubuar... Yo por el contrario, sé de la suya desde hace tiempo...— Dijo, mientras miraba con soberbia a la pequeña muchacha.— Pero no se apure querida, le sacaré de esa incertidumbre ahora mismo... Mi nombre es Alain Bretton..., padre de Denis Bretton y dueño absoluto de esta casa y del suelo que pisa.