Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64 (18915 ptos) | Premio de la crítica
#1

Hay demasiado ruido en mi cabeza, una tormenta de pensamientos burdos me acecha; llevo días encerrado en un enjambre de hojas marchitas, con la piel de las manos agrietada y fría... Tengo los labios pegados al timo, la lengua paralizada a la razón que apabulla a mis muertos; esos que deambulan como fantasmas yertos en los desvarios de mi cementerio. No dejo que afloren mis lamentos y, no obstante, cada que siento al corazón dolerme, sale de entre mis poros una gota de sangre triste; un coágulo de bilis con veneno y ácido que va quemando con maldad la superficie de mi vientre; ahí, en el centro de mi mente... En el prodigioso lugar donde la semilla se fundía con la fertilidad del cáliz y por el que, de repente, surgían verdes tallos con botones de flor besando a la intemperie.

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#2

Hastiado, me revuelvo entre los despojos de las hojas que tiré; de esas historias que nunca conté, de esos poemas que —por tontos— quemé, de esas frases vacías que me arrancaron de tajo la hiel, pero que se fueron enterrando, poco a poco, en la zona más blanda de mi ser. Asqueado de lo que pudo y lo que no pudo ser, me fui haciendo mudo de lo que no quería perder, mas solo fui cavando una tumba en la que no pretendía caer... Y heme ahí, durmiendo en el ataúd que yo solo me construí.
He llorado tal cual una tormenta en pleno fin de verano, como un tifón enardecido me he bañado... Me he ahogado con el calor de un colérico monzón que —a mis anhelos de seguir— me ha arrancado y me he desecho con la fuerza de un tornado. Ya no sé en dónde es que estoy ni en qué lugar han quedado esos sueños que en un escritorio había guardado; el eco de un mensaje que se fue deteriorando ha sido la pendiente que al abismo me ha arrastrado.
Ya no hay cobijo. Ya se acabó la luz. Hoy me acecha la oscuridad, el silencio y la razón; vulgares compañeros de la falta de inspiración, voces vagabundas que muerden las entrañas de mi propia compasión.

#3

Adonde voltee es el mismo sentido, ese vacío sumergido en una hoja de papel roída por el tiempo… o por el desvencijado cariño que no floreció en añiles pasiones, en dulces emociones… en caricias que pudiesen descifrarse en añoranza con rasgos de febril dulzor. ¡Oh, todo está en mi maldita imaginación! ¡Todo vive en mi mente sumergida en la nada que trastoca a mi debilitado corazón! Pero, ¿por qué se siente tan real? Y es que me escuece las yemas y pone mis manos a temblar…