AlejandroWriter
Rango6 Nivel 28 (1167 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Estábamos todos en el salón, era medio día y el ruido imparable de los cubiertos al golpear con los platos me resultaba tranquilizante, el sol no había salido y del norte se veía como una nube gris se aproximaba imponentemente amenazando con posarse sobre nuestras cabezas.

—¿Qué pasa, Martinez? —. Me pregunta Mckenzie mientras me sujeta del brazo—No has probado bocado, ¿qué pasa?

Sus palabras me trajeron de vuelta de lo que parecía un viaje astral, abstracto en mis pensamientos.

—Va llover, Mckencie y parece que va a ser tormenta —. Le dije mientras le señalaba con mi índice la gran ventana del salón.

Me levanté de la mesa y cuando Mckenzie iba a lanzar uno de sus chistes, el gran portón del salón se abrió abruptamente y tras el aparecieron Ruiz, Rodríguez y el teniente Maldonado. Ruiz llevaba su rostro bañado en sangre mientras que Rodríguez y el teniente tenían el uniforme hecho jirones.

Retrocedi un par de pasos mientras que Ruiz corría por todo el salón gritando como loco que esas cosas ya venían, que subían arrastrándose en el fango...

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KodaSanku
Rango3 Nivel 10
hace alrededor de 1 año

¡Uf!, buen comienzo.


#2

Prestar los primeros a Rodríguez y el teniente Maldonado fue bastante fácil, los hombres se hallaban paralizados, no respondieron pregunta alguna, y fueron internados en la enfermería pese a que no presentaban lesiones visibles ni tampoco se quejaban de dolor. Con Ruiz hubo que disponer de la fuerza de cuatro hombres, el tipo había enlocecido y debo reconocer que su actitud sembró en mi interior un inexplicable terror, le aplicaron un sedante y sólo así pararon sus advertencias sobre algo que se aproximaba.

Mckenzie tenía guardia en la noche pero se había dado la orden de reforzar la vigilancia dados los eventos de la tarde, le acompañaron Arias y el recién llegado, Ardila. A la base le rodeaban cuatro garitas, elevadas todas a una altura de 5 metros. Mckenzie, Arias y el chico Ardila ocuparon cada uno una quedando vacía la garita sur que daba de cara a la espesura.

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#3

—Hace frío, ¿no? —comenta Ardila.
—Así es, más que el de costumbre —le responde del otro lado Arias—. Pero no ocupes el la frecuencia para mencionar obviedades, chico.

Todos guardaron silencio un buen rato, Mckenzie se frotaba las manos y de su boca salía un vaho producto de la noche helada. A su alrededor sólo había niebla y apenas si podía ver la luz de la garita en la que se encontraba Arias.

—Algo se mueve entre la espesura —advierte Ardila—. ¡Lo ha vuelto a hacer!

—¿Qué cosas dices, chico? —intervino Arias.

—Ardila, use el reflector —le ordena Mckenzie —. Hagalo rápido.

Un silencio sostenido invadió la frecuencia, nadie pronunciaba ninguna palabra y la angustia parecía empezar a reinar en el ambiente.

—¡Ardila, hagalo! —gritó Mckenzie.

—Por un demonio, Ardila, ¿lo hizo? ¿qué ve? —interviene abruptamente Arias.

— Veo... lu...ces... si... so... luces. —Dijo Ardila entre intermitencias.

—Accione la alarma, Arias —ordena Mckenzie con total seguridad.

No hubo que repetir la orden cuando la sirena se hallaba soñando y las luces empezaron a circular por todo el campamento

—Ardila, ¿me copia? —pregunta alguien desde la radio.

Ardila no responde pero sólo hace Arias,

—¡Sargento, vienen subiendo! ¡oh, por Dios!

Se corta la comunicación y empieza la ráfaga de disparos del fusil de asalto.

Hace alrededor de 1 año

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