carlos1983
Rango9 Nivel 40 (3108 ptos) | Escritor autopublicado

"Esta mañana nos cerraron a patadas... Nuestro puesto en el mercado. Sufrimos las vejaciones por parte de los campesinos.
Se lo dije a mi madre, le dije que no hablara del tema, que no hablara de la muerte de mi padre ni de los malos tiempos que se avecinan. Los campesinos de la ciudad de Garnhea son muy reacios e ignorantes y creo que les da miedo saber la verdad...
Me explico: Mi madre tiene un "Don", el "Don" de presentir ciertas cosas, adivinó la peste que llegó a la ciudad, adivinó la enfermedad de mi padre, predice y acierta lo que va a ocurrir y por eso la llaman "Bruja". Me da mucha pena por ella, a pesar de todo, la defenderé a capa y espada, porque la quiero y la creo.
Tengo un poco de miedo por las amenazas que recibimos cada vez que vamos a la ciudad, sobre todo por lo último que predijo...
"VENDRÁ EL MIEDO EN FORMA DE FUEGO DEL CIELO Y ARRASARAN CON TODO, SOLO SOBREVIVIRÁN QUIÉN QUIERA SEGUIR MI CAMINO Y LA SUERTE ESTÉ DE SU LADO" O algo así...
Lo predijo hace tres inviernos y antes que muriese mi padre, estuvimos trabajando en un túnel para protegernos..."

CharlesDelthea
Rango4 Nivel 16
hace 9 meses

Podría ser el inició de una historia muy interesante.

DanaMaat
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Muy interesante el comienzo, sobre todo la parte de "vendrá el miedo en forma de fuego del cielo"

Mariacarrion
Rango6 Nivel 26
hace 9 meses

Pasense por mi perfil y si les gusta denle like, que solo necesito uno más para poder compartir la historia completa con ustedes.

Mariacarrion
Rango6 Nivel 26
hace 9 meses

Gracias por los likes ya tenéis el primer capítulo, espero que os guste!!! Actualizaré cada 30 lecturas...

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 42
hace 9 meses

Me gusta mucho tu introducción y me llama mucho la atención lo que pueda acontecer a partir de aquí, seguiré leyendo ...
Por cierto soy nueva en esta plataforma y me haría mucha ilusión que te pudieras pasar por mi cuenta y echaras un vistazo a lo que he publicado.

SJPCorona
Rango10 Nivel 48
hace 8 meses

Me gustan estas historias. Muy bien construidas y con intriga.

PlumSons_74
Rango6 Nivel 29
hace 8 meses

Eres un crack Carlos, sigue intentándolo....

ErendiDemonai
Rango6 Nivel 27
hace 6 meses

Me gusta tu introducción, prometo seguir leyendo, te daré mis opiniones por cada parte, espero no te moleste.


#2

"Mi padre la amaba, la creía en todo lo que decía, daría su vida por ella, "El Gran Caballero Aethelu", así era como le gustaba que lo llamaran, hasta que falleció por culpa de una enfermedad.
Ahora mi madre y yo, nos encargamos de llenar el túnel de suministros, para estar preparados para la posible barbarie que se aproxima..."

A Carwin le encantaba escribir por las noches, bajo una gran vela, la madre de Carwin la Señora Aalis, se preocupaba tanto por su hijo, que se encargaba de interrumpirle siempre que la inspiración le venía, le decía una y otra vez lo que debía de hacer para protegerse, estaba más nerviosa que nunca, él presentía que algo malo podría ocurrir, pero prefería quitarle hierro al asunto para que su madre se tranquilizara y le dejara seguir escribiendo.
Aalis le contaba a Carwin, que probablemente vinieran a por ella, por sus malos pensamientos, que tendría que ocultarse en el túnel que escavaron en la parte trasera de su cabaña. Le explicó mil veces como quitar el tablón para adentrarse, a pesar de que lo sabía de sobra, que empuñara la daga de su padre y que corriera sin mirar atrás, en caso de que lo descubrieran, ocultándose entre las sombras.
Aquel día, dio de comer y ordeñó al ganado sin parar, cogió todos los frutos y verduras que pudo de su propia cosecha, vigilando constantemente a su hijo, le besaba y le repetía una y otra vez todo lo que le quería.
Carwin ya le estaba preocupando de verdad su madre y dejó la pluma y el papel sobre la mesa, se levantó apagando la vela de un soplido, salió de su habitación y se encontró de frente a su madre Aalis...
-¡Hijo mío¡, ¿ Porqué no recoges la fruta de la parte de atrás?- cogió su mano, como pidiéndole un último favor.
-Mamá, ya va a oscurecer, mejor lo cojo al alba...- mirándola a los ojos.
-No hijo mío, cogelas ahora por favor, mañana igual será demasiado tarde...-

Estuvieron varios segundos mirándose a los ojos, Carwin estaba muy confuso, pero sabía que tenía que obedecerla sin saber que podría pasar, ella nunca le contaba detalles, prefería guardárselo para no preocupar a nadie, así que Carwin cedió por su insistencia, fue hacia el huerto trasero de la cabaña dónde estaba oculto el túnel y cogió una cesta que tenía enganchada en una rama y se puso a recoger los frutos como su madre le pidió...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Qye te parece si me lees y yo te leo...

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

Me parece perfecto. Muchas gracias

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

No sé muy bien como va esto todavía

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Ah pues decia que si lees una de mis historias y comentas, asi como yo asi nos iremos dando opiniones y tal vez consejos.

DanaMaat
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Quitando algunas faltas de ortografía la historia se torna cada vez más intrigante.


#3

Ya estaba anocheciendo, Carwin, estaba pensativo y muy preocupado por su madre. Recogía las últimas manzanas y no se percató del silencio lúgubre que existía alrededor suya, perdiéndose en sus pensamientos.
Carwin dejó la cesta de manzanas en el suelo y miró por encima de la cabaña. La oscuridad parecía que no quería entrar en el cielo, ya que un gran resplandor, lo iluminaba y cada vez más.
En el lado contrario de donde estaba Carwin, por la puerta principal, el cielo se estaba convirtiendo en rojizo, acompañado de humo. Miró hacia el portón, por donde entró al huerto y se fue acercando poco a poco con cara extrañada. Se lo encontró cerrado, con la daga de su padre colgada de una cuerda, atada a un saliente de la pared. Antes no estaba ahí, se repetía a sí mismo, creciendo su inquietud.
Sorprendido, intentó abrir el portón con todas sus fuerzas, comprobó que estaba cerrada por dentro, empujó y empujó intentando forzarla y lo único que consiguió es una pequeña ranura, suficiente para ver lo que tramaba su madre Aalis. Comenzó a escuchar golpes, Carwin comenzó a llamar a su madre, mientras miraba sin parpadear hacia el interior de la casa, no podía visualizar mucho, solamente como la puerta principal se abría tras unos fuertes golpes. Entre ese pequeño agujero, buscaba a su madre llamándola a gritos, a la vez que golpeaba desesperado el portón. Contempló al fin, como Aalis se mantenía inmóvil en su mecedora, tambaleándose y mirando la hoguera fijamente.

Antorchas de fuego, gritos de venganza y rabia penetraban en la cabaña sin compasión. Campesinos gritando bruja, ramera, rompiendo todo lo que se cruzaba por su camino. El miedo de los campesinos, por las profecías de Aalis, se convirtieron en ira, decían que sus niños tenían pesadillas por las noches por culpa de sus palabras, que el ganado ya no producía igual...Todas, todas eran suficientes escusas para ellos y saltarse las leyes de la libertad.
A Carwin, anonadado, se le cayeron dos lágrimas de impotencia, como gotas de lluvia. Gritó, -¡ Mamaaaaa!-, por última vez con sollozo, presenció la crueldad humana desde el huerto, a través de aquella ranura vio como golpeaban a su madre, como la agarraban y la lanzaban a la chimenea. Ahora su hijo comprendió por que le mandó a recoger manzanas, por que el portón estaba cerrado por dentro, ahora comprendió porque la daga de su padre estaba colgada y el por que estaba nerviosa todo el día, ahora lo comprendía..., su madre Aalis, sabía lo que iba a pasar y lo protegió hasta el final de sus días...

DanaMaat
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Me encanta el personaje de Carwin, el amor y lealtad hacia sus padres sobre todo a su madre ya que poseía ese "don" que nadie más que su familia comprendía. Una verdadera lástima su trágico final pero fue para proteger a su hijo de tener el mismo destino.

Dani_99
Rango7 Nivel 34
hace 8 meses

Que triste! 😓
Te felicito, me has atrapado en la historia

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Muchísimas gracias @Dani_99, es un privilegio recibir tus halagos, espero que te diga gustando.


#4

Ella permaneció en silencio, se prometió no gritar, ni llorar... Para que su hijo no la viera sufrir, hasta que las llamas la obligaron a retorcerse de dolor.
Carwin, golpeó con los puños cerrados el portón, no podía hacer nada, se sentía impotente, eran cómo veinte personas llenas de odio hacia ellos. Dejó de mirar por la ranura, le temblaba el cuerpo como si también se estuviera quemando, no entendía como unas palabras, podrían convertirlos en salvajes.
Comenzaron a incendiar la casa, otros, querían buscar a su hijo para que recibiera su castigo y empezaron a rodear la casa.
Carwin, debía de reaccionar y reaccionó, se secó las lagrimas con la manga, cogió la daga de su padre y corrió hacia la entrada del túnel, quitó unos ganchos y abrió el tablón por donde se adentraba al agujero. Las voces de los campesinos, con las antorchas apuntando al cielo se acercaban, la cabaña se convirtió en una hoguera inmensa.
Carwin penetró en el túnel lo más cauteloso que pudo, era casi imposible que lo pillaran. Los padres prepararon la entrada y la salida con musgos, cubriendo toda la tabla, parecía parte de la naturaleza. Ni el más listo sabría que allí había un pasadizo debajo del huerto. A Carwin se le vieron por última vez los ojos, cuando vio unas sombras por el flanco derecho acercarse, cerró la tabla, haciendo el mínimo ruido. Respiraba con ansiedad y rabia, se pegó a la pared en forma de feto, estaba el túnel completamente oscuro, pero él sabía bien donde colocarse.
Lloró aquella noche hasta quedarse sin lágrimas. Solo se sintió a salvo, cuando dejó de escuchar gritos con su nombre, golpes y llamaradas...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Humm. Se pone bueno, vas mejorando.

Suyyen
Rango3 Nivel 11
hace 9 meses

Esta increible, me encanta

DanaMaat
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Cada vez que leo una caja me engancha más y más, me gusta como escribes y la manera de plasmarlo, sigue así. Espero ansiosa lo qué hará Carwin a partir de ahora.

@carlos1983


#5

Carwin amaneció entre pieles, dentro de aquél túnel bien preparado. El silencio era sepulcral. Sabía donde estaban guardados las cerillas, cogió uno y lo encendió. Encendió todas las antorchas que estaban incrustada en la pared de piedra.
Permaneció en silencio, pensando en su tragedia, comenzó a valorar todo lo que habían trabajado durante años para construir el túnel. Comprobó todos los suministros, pieles de lobos, verduras, frutos, botes de tomates, etc. Recordó todas las veces que le dijo su madre, que la temperatura del lugar mantenía en buen estado los alimentos. Cada dos semanas cambiaba todos los productos que pudieran ponerse malos y ayer, fue uno de esos días y por última vez. Tenía una cama hecha de paja, leña para un lustro, hasta una mesa con un libro en blanco...les gustaba que Carwin escribiera, había salido a su madre Aalis.
Se acercó al libro, lo abrió, puso la antorcha cerca de una página y vio unas letras escritas a mano por su padre...

" ES MEJOR VIVIR UN DÍA COMO LEÓN, QUE UN CENTENAR DE AÑOS COMO OVEJA "

Supuso que le pedía que fuera valiente, que no se dejara engañar por nadie y se le volvieron a saltar las lágrimas. Todo lo que le rodeaba, le recordaba a ellos y todos los días que trabajaron juntos.
Después de perderse en pensamientos del pasado, se quiso acercar a la tabla que le separaba del exterior, para cerciorarse de que estaba seguro...

DanaMaat
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Va cogiendo forma el personaje principal, recordando lo que ha vivido, sobre todo las cosas que le decía su madre.
¡Me encanta!

SJPCorona
Rango10 Nivel 48
hace 8 meses

Me lo tomo con calma... como todas las cosas buenas hay que degustarlas. Un saludo.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Es una inmensa alegría para mí, recibir tus palabras, muchísimas gracias @SPJCorona


#6

Suspiró, se llenó de valor y se animó. Abrió la tabla recubierta de musgo muy lentamente, enseñó la frente y parte de sus ojos, todavía mantenía el miedo en su alma.
Observó detenidamente lo que quedaba de su cabaña, prácticamente destruida y hecha cenizas.
Solo algunos tramos de madera quedaron en pie. No vio a nadie. Todo se mantenía tranquilo, solamente presenció, como algún hilillo de humo marcaban unas líneas onduladas que iban al cielo.
Empujó con la cabeza la tabla hacia arriba, se impulsó con los brazos y salió a la superficie. Volvió a quedarse quieto mirando a su alrededor y nada, no había nada ni nadie que lo perturbara.
Comenzó a caminar por los escombros, algunos tablones permanecían candentes.
Se animó a gritar el nombre de su madre, como si todavía tuviera la esperanza de que se mantuviese con vida. Levantaba piedras y maderos estando fuera de sí. Le vino un poco de lucidez alzando la cabeza llena de polvo, tierra y cenizas, por si veía a sus vacas y ovejas pactando como de costumbre, pero nada, habían arrasado con todo.
Se sentó un rato en lo alto de un caldero boca abajo, lloraba y recordaba momentos ahora calcinados, miró hacia su derecha y vio un hueco, donde estaba situada la chimenea, solo la base, con las piedras bien posicionadas se mantenía como antes, se levantó y se dirigió hasta allí.
Allí fue la última vez que vio a su madre Aalis con vida y allí fue donde se la encontró calcinada. Cogió lo que quedaba de ella, se la pegó al pecho y se puso a gritar de rabia e impotencia, de angustia y de venganza, dándole igual que le escucharan.
La mujer que le dio la vida, allí yacía y se negaba a abandonarla.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

A canijo, esta parte se me hace asta ahora la mejor.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

Muchas Gracias, procuraré que siga gustando

DanaMaat
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Da mucha pena, rabia e impotencia el destino de la madre. Pero ahora Carwin se hará valer. Increíble coml continúas la historia.

@carlos1983


#7

Después de un tiempo de llantos, recogió los restos de su madre y lo introdujo en el mismo caldero dónde se sentó anteriormente. Creía que cerrando los ojos, aún podría sentir su olor y sus caricias...
Entre escombros y algún pequeño tropiezo, llevó lo que quedaba de ella hacía el túnel.
Pensó en un entierro digno, pensó en encender varias velas, pensó en hacerle el rezo característico a los Dioses y que así, descansara en paz.
Pensó en entrar de nuevo al túnel, atravesarlo y salir por la otra tabla que permanecía dentro del bosque.

Estaba todo pensado para huir...

-¡Hijo mío!, ¿si te descubren?, corre hacia el túnel, seguro que te dará tiempo a esconderte mientras ellos te buscan, seguro que te dará tiempo a correr todo el pasadizo secreto sin que te vean, salir por la tabla que tenemos fuera del huerto y llegaras al bosque, una vez allí, huye hasta que la maleza oculte tu sombra.

Nunca se le olvidaran esas palabras de su madre, que le repitió, tantas y tantas veces...

Carwin hizo el mismo recorrido, sin correr ni huir, solamente con el caldero entre sus manos. Atravesó el túnel en silencio hasta llegar al final del mismo, abrió la tabla llena de musgos y se encontró rodeado de árboles gigantescos, la densidad de sus ramas no dejaba ni un rayo de luz pasar.

Debajo de un árbol dejó el caldero, volvió al túnel para coger una pala en el baúl de las herramientas, que su padre instaló. Salió de nuevo a la arboleda y se puso a cavar sin parar, de vez en cuando, miraba hacia su alrededor, aquel lugar le daba mucho respeto, por tantas cosas que se contaban...presentía como si algo o alguien le estuviese observando...

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

@Don diego ¿ cómo se pone los tag y se da me gusta a los comentarios?, no tengo opciones no sé...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Con el arroba t aparece automatucamente y dar like a el comentario pues solo dale click a la manita que aparece abajo de cada comentario. Pasa el mouse por el icono del pulgar arriba

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

En el móvil creo que no es así... no me sale mano y con las arrobas no me sale nada, pero muchísimas gracias.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Que raro yo tambien movil y si me salen.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

Pues entonces soy muy torpe jeje. Gracias

DanaMaat
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Espero que Carwin se tome una venganza por lo sucedido. Impaciente por conocer ls continuación de ésta intrigante historia.

@carlos1983


#8

La hojarasca advertía a Carwin de que no se encontraba solo. Colocó unas piedras de forma ovalada alrededor de la tumba y de rodilla, recogía algunas flores raras de un olor intenso y las puso encima.
Dio el último beso a la tierra y se quedó con la mirada perdida. No pudo evitar volver a llorar y se tapó la cara.

Aquel ruido, quizás de algún animal que rebuscaba entre los matorrales, o por lo menos eso quería pensar, estaba cada vez más cerca. Tan cerca, que entre sus dedos que tapaban su cara, pudo ver varios personajes de poca estatura en frente suya. Carwin se fue quitando las manos muy despacio, pensando en la pala que dejó atrás suya.
Aquellos tipos formaban un cuadrado, dos a la izquierda y dos a la derecha, uno detrás del otro. Llevaban ropajes invernales, con unas grandes capas negras que tocaban el suelo. Alguno de ellos, llevaban unas barbas que tapaban su boca y unos ojos arrugoso por el paso de los años, uno portaba un gran escudo de madera, otro un hacha, otro una espada, solamente, el más alejado de los cuatros, no portaba ningún arma.
Carwin sintió el peligro, reaccionó cogiendo la pala entre sus manos y se mantuvo en modo de defensa. Ellos le miraban fijamente, pero nadie decía nada.
La tensión era palpable, sobre todo para Carwin, que se veía indefenso contra esos enanos fuertes y sudosos.
Aquellas personas no les resultaba familiar ni de tantas veces que fue al mercado a vender los suministros, incluso pensó por un instante, que allí no existían enanos, porque nunca los vio. Solamente sus padres contaron alguna vez alguna historia de ellos, de un pueblo llamado Cuevas Bajas, decía que sus casas estaban hechas dentro de unas rocas naturales inmensas, atravesando Bosque Espeso donde se encontraban.
Después de refrescarse la mente, con postura desafiante y manteniendo la pala en rebeldía, contempló, que entre esos pequeños hombres había una mujer de baja estatura y muy avanzada edad, que comenzaba a acercarse por el pasillo que le hicieron sus aliados con dificultad, con un bastón donde se apoyaba, con los ojos vacíos por dentro. Tenía echada por lo alto una gran capa hecha de piel de lobo y a sus espaldas sobresalía un gran arco.
Carwin mantenía el semblante serio, no sabía si correr o enfrentarse a ellos, mientras, aquella vieja enana se acercaba lentamente a él...


#9

Con los pies medio arrastrando, la anciana ya estaba a menos de un metro de Carwin, decidió levantar el brazo derecho hacia su rostro...

- ¿Que queréis de mí? ¡Maldición !.
Gritó Carwin, levantando la pala en posición de soltar el primer golpe a pesar de que se le notaba nervioso...
- ¡Tranquilo muchacho!- sonó una voz gruesa del enano que portaba el hacha, no exento de fuerza, pendiente de un mal gesto de Carwin para clavársela en la cabeza.
Mientras, la anciana llegó a tocarle la cara, Carwin se quedó paralizado, le imponía bastante aquella voz gruesa y ese hacha preparada para atacarle con cualquier mal gesto suyo. La vieja enana, con esas manos frías y arrugadas, esos ojos blancos azulados que ocultaban sus pupilas, hacían estallar el corazón de Carwin, ella parecía como si quisiera reconocer a alguien.
Bajó la mano, giró su blanca cabellera hacia el enano que portaba el escudo de madera y asintió con la cabeza con una leve mueca.
El que portaba el hacha la bajó lentamente con la mirada que penetraba a Carwin e instintivamente, el hijo de Aalis, cayó hacia atrás con la pala encima de sus muslos, sentándose en la tumba de su madre, como si la tensión del momento le hiciera desvanecerse.
El enano que portaba el escudo se acercó a él y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.
-¿ Eres Carwin verdad muchacho?, ¡Vamos, levantate!, es de mal augurio sentarse sobre las tumbas.- Carwin sin entender nada, cogió su mano y se puso en pie.
-¿Quiénes sois?- preguntó Carwin, con voz extrañada y asustada.
-Yo me llamo Dvergar, él es Kurin- señalando al del hacha- Claudio, Gaerl y ella es la Reina de Cuevas Bajas, nuestra Reina Chise- señalando por último, a aquella anciana que le acarició la cara anteriormente.
- ¿Y que queréis de mí? ¿De qué me conocéis?- Carwin seguía preguntando muy confundido...
Seguidamente, la Reina Chise hizo unos gestos a Dvergar, sonreía plácidamente a la vez que movía sus manos, Carwin notó que era muda por los leves sonidos que salían de su boca mal formada y sin apenas dientes. Dvergar la miraba atentamente y comenzó a traducir sus gestos.
-Vimos mucho humo en el horizonte desde nuestro pueblo...Ella dice... Presentía que algo pasaba...a su...a su...gran profeta Aa...Aalis...al tocarte comprobó que eres su hijo...veníamos en vuestra ayuda...

De repente la anciana cogió las dos manos de Carwin y las beso. Carwin miró de nuevo a Dvergar y este continuó...

- Demasiado tarde muchacho, sentimos profundamente vuestra pérdida.

Todos agacharon la cabeza y posaron sus armas en la hojarasca, la anciana sacó un pequeño frasco y lo derramó en lo alto de la tumba.
- ¿De qué la conocéis?- preguntó Carwin a Dvergar, dejando a la anciana que siguiera con su rito.
- Hace mucho tiempo, tus padres solían buscar savia, leña y cazaban al límite de Bosque Espeso, cerca de nuestro pueblo. Nos ayudábamos mutuamente. Ellos también fueron juzgados, rechazados y a todos nos expulsaron de la ciudad de Garnhea. Decían que estábamos endemoniados por a ver nacido con menor estatura que los demás, a tú madre, la expulsaron de la ciudad por que decían que era una bruja, que impartía intranquilidad en la población, a otros los expulsaron por su mal formación, decían que teníamos el demonio dentro de nuestras almas y que no merecíamos vivir en estas tierras.

Carwin oía atentamente las palabras de Dvergar, tanto que la pala cayó al suelo. Los demás llenaban de flores la tumba de Aalis. Por el contrario, el enano con el escudo de madera, prosiguió...

-Quisimos que tus padres vinieran a vivir a Cuevas Bajas con nosotros, ellos no eran como los demás, pero tú madre prefirió ganarse a la gente de Garnhea, decía que quería evitar un desastre. Nosotros le insistimos que era una locura, que sus palabras nunca serían escuchadas...
-¿ Y mi padre?¿Qué decía mi padre?- Carwin, estaba ansioso por saber aquello, sabía que sus padres siempre le contaban la historia a medias y quería saber más...
- ¿Tú padre?- soltó una carcajada rápida- Tú padre estaba tan cegado por tú madre que hacía todo lo que ella quisiera, la amaba tanto que hubiera dado su vida...

Carwin cabizbajo, se hundió, le vino por la cabeza que todo aquello podría haber acabado de otra forma, si hubieran dado la espalda a todos aquellos que no la querían, ni creían...
A continuación, los enanos se acercaron en silencio para consolarlo.
La Reina Chise señaló a la entrada del túnel, se notaba que conocían donde estaba situada la cabaña y su túnel secreto. Carwin, después de aquéllas palabras, creyó todo lo que decían, intuyó que querían entrar, ya que comenzaba a oscurecer y venían de muy lejos para dejarlos marchar por ese bosque oscuro. Así que no los rechazó y abrió la tabla de musgos, dejando que pasaran primero.
Carwin miró por última vez la tumba de su madre, no sabía si hacía bien, pero le dieron tal confianza, sabían tanto de sus padres, que no se pudo negar y aceptó la nueva situación cerrando la tabla recubierta de musgos, dejando que la noche envolviera el bosque...


#10

Estuvieron toda la noche hablando bajo las antorchas del túnel, Carwin les ofreció vino, carnes y frutas. Por fin, estaba totalmente relajado el hijo de Aalis. Aquellos enanos le dieron tranquilidad.
La Reina Chise, tenía mucho interés en saber lo último que predijo la madre de Carwin e insistía en gestos a su traductor Dvergar. Carwin solo le contó sobre su madre, que lo último que repetía constantemente era, "que caerán bolas de fuego que arrasaran...", no se acordaba bien, pero en ese momento entendió porque hicieron el túnel y que esas bolas de fuego que alardeaba Aalis, serían las antorchas que lanzaron aquellos campesinos salvajes para quemar su casa.

Llegó la luz del alba, la Reina Chise fue la primera en levantarse, tenía dificultad para andar pero luego sacó fuerzas para abrir la tabla de musgos y salir al bosque. Carwin se quedó sorprendido de la agilidad de aquella anciana y preguntó a Dvergar, que intentaba ponerse sus botas altas llenas de pelos...
-¿ Porqué no puede hablar vuestra Reina?.
Dvergar, con esa mirada profunda, lo miró y terminó de colocarse las botas, se puso en pie y recogió el escudo de madera, a su vez Carwin esperaba una respuesta...
- Muchacho, a mí Reina le cortaron la lengua en Garnhea, el desgraciado del Rey Baco, ese inhumano no sabe defenderse con palabras- al fin le contestó con el semblante serio y dispuesto a salir del túnel.
- ¿Tan poderoso es ese Rey?- Carwin frenó la salida de Dvergar, este, giró la cabeza y le siguió respondiendo...
-El nuevo Rey comenzó a tener una creencia extraña sobre los Dioses, empezó a inculcar una nueva religión- levantando el escudo de arriba a abajo-. Decía, que los que no tuvieran más altura que un mandoble, no son digno de defender el Reino de Garnhea, que los discapacitados y quiénes hablaran en nombre del demonio, no podían respirar del mismo aire que el Rey...
-¿En nombre del demonio?.
-¡Brujería!- alzó su voz gruesa con más fuerza- predecir el futuro es un acto de brujería para él, dice que el futuro lo domina el Rey y por eso fueron a matar a tú madre...

De repente volvió a moverse la tabla de musgos y entró el amanecer en el túnel, era la Reina Chise con una cesta llena de manzanas, ofreció a todos el desayuno.
Cogieron cada uno su pieza y ella miró a Dvergar y le hizo varios gestos, esperando a que hablara con Carwin...

- Muchacho, nuestra misión aquí ha terminado, quisimos remediar este desastre y nos fue en vano, pero existe una luz de esperanza al verte vivo- todos los enanos se levantaron y miraban a Carwin, este, dejó de mordisquear la manzana.
- En nombre de nuestra Reina Chise, queremos que vengas con nosotros a Cuevas Bajas, tarde o temprano vendrán a buscarte muchacho...
Carwin se quedó pensativo, soltó la manzana y se puso en pie...
-Estoy muy agradecido por vuestro esfuerzo y vuestro ofrecimiento, pero tengo herido el corazón y quiero revelarme, no puedo huir ahora, quiero venganza por la muerte de mi madre.
-Nosotros también muchacho- dijo en un tono alto y sorprendido por las palabras de Carwin- pero hay que aceptar que somos pocos y no podemos contra todo un Reino...
-Pues tiene que haber una solución o estaremos siempre como conejos en su madriguera- alzando más la voz que Dvergar.

-¡La habrá maldita sea!, pero ahora mismo los Dioses nos dan la espalda, mejor juntarnos todos en una madriguera y nos haremos fuertes para el día de mañana darles su merecido... Recuerda que los lobos atacan en manadas y no solos...- Dvergar se sentía impotente a las palabras de negación de Carwin e intentando entenderlo bajó el tono de su voz...
- Nosotros ya te hemos dado el mensaje que queríamos darte, en breve partiremos contigo o sin ti, en tú alma tienes la decisión...
Carwin quedó muy pensativo y en silencio, buscando una respuesta, a la vez, que miraba con tristeza todo el túnel, le entraba mucha nostalgia el pensar dejarlo todo...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Se va armando su ejercito. Me encanta, sigue.

Haltrotaku1
Rango5 Nivel 23
hace 8 meses

Es grato leer historias así acompañadas de una canción de piano suave tipo orquesta, le da esa ambientación que encanta :D

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Me ilusiona tus palabras, muchísimas gracias por leer mi historia.


#11

Los enanos recogieron sus cosas y ya iban saliendo del túnel. Cuando estaban listos para partir, Gaerl, el más pequeño de todos y sin armas, asomó la cabeza por la tabla de musgos y avisó a Carwin que marchaban. El hijo de Aalis se dirigió a la salida para despedirse y allí estaban los cuatro enanos escoltando a su Reina Chise. Miraron por última vez hacia el túnel y vieron como Carwin les observaba, salió y se colocó al lado de la tumba de su madre sin dar un paso más.
Antes de partir, la anciana Chise se acercó a él, le puso una mano en la cara, le regaló una dulce sonrisa y Carwin le devolvió el gesto poniéndose de rodilla y besando sus manos, agradeciendo lo que habían hecho por él.
La Reina Chise se dio la vuelta, empezó a caminar hacia los suyos y ellos levantaron sus armas y sus puños, a la vez que se alejaban.
Cuando Carwin les perdió de vista, comenzó a caminar por la misma senda que recorrieron, agachó la cabeza y se apoyó en un gran roble. Perdido en sus pensamientos, se decía a sí mismo que no estaba preparado para marcharse, la palabra venganza la tenía clavada en la cabeza. Luego miró hacia lo alto del árbol, se agarró al tronco y empezó a subirlo rama por rama. Quería verlos por última vez desde las alturas, quería de nuevo sentirse que tenía a su lado, aliados, hasta que se perdieron en el horizonte por aquella inmensa arboleda que les rodeaban.
Pero algo le llamó la atención a Carwin, estaba lejos de su posición y por lo alto de las copas de los árboles, sobresalía un gran tronco de madera, claramente hecha por los humanos. Carwin forzó la vista para poder saber lo que era, pero entre tanta espesura y la curiosidad que lo llamaba... Bajó del roble lo más rápido posible hasta dar un pequeño salto y anduvo hacia el lugar. Caminó ocultándose entre los arbustos, troncos y matorrales, con la cabeza agachada y sigiloso, cada vez estaba más cerca. A unos veinte metros comenzó a escuchar sonidos de palos y cuerdas que se desliaban, hasta que encontró una buena posición para ver lo que pasaba...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Uy uy que se avesina... Sigue.


#12

Carwin vio una gran explanada en medio del denso bosque, allí solía llevarle su padre por las noches a ver estrellas fugaces, era el sitio más alto de Bosque Espeso. En una de las partes de aquella calva en mitad de espesura, estaban talados los árboles, estos quedaron como asientos para asomarse por un gran mirador donde se admiraba toda la llanura del Reino de Garnhea, allí solía sentarse con "El Caballero Aethelu" y le contaba mil y unas historias. A lo lejos, se veía Aguas Secas, también le llamaban oasis, pero la verdad que era una ciénaga donde los misterios estaban al orden del día, se veía como un punto en el firmamento El Molino de Bogdana y El Camino de la Seda.
Era un sitio único, pero como siempre, el ser humano tenía que "poner la guinda"...
Carwin, agachado y escondido entre la maleza, divisó a un guardia que llevaba varios palos entre sus brazos, los colocó formando un cuadrado en la tierra y uniéndolos por cada extremo con cuerdas. Luego puso otros dos palos cruzados entre sí en medio del dicho cuadrado. Los recogía de una carreta llevados por dos caballos que comían hierbas a sus anchas.
Este guardia puso dos palos en forma vertical uniéndolos con los otros que permanecían tumbados en el suelo. Carwin, no se percató de lo que quería hacer ese tipo, hasta que llegó otro guardia que salió entre los árboles con un gran mandoble, venía alterado...

-¿Has visto eso Neakail?- preguntó sorprendido
-¿El que Iagan?, o me ayudas o déjame terminar la catapulta, pero no me distraigas ¿entendido?- sin mirarle seguía su tarea.
-Eran enanos Neakail, estaban saliendo de Bosque Espeso, ¿Qué harían por aquí?- permanecía intranquilo.
Carwin observaba atentamente, estaban de espalda a él, pero se mantuvo en silencio para escuchar cada palabra que decían.
-¡Déjalos! y sigamos a lo que hemos venido...- llevando la cazoleta que alojaría el proyectil de la catapulta.
-Recuerda las ordenes del Rey Baco, no quiere a ningún enano vivo cerca de su Reino.
A Neakail se le soltó una cuerda haciéndose daño y poniéndose nervioso por la insistencia de su compañero.
-¡Por los Dioses! ¿Quieres que vayamos a por ellos?¡Pues vamos!, pero tu te vas a encargar de poner las rocas para lanzarlas...- se levantó sacando el mandoble, Iagan en silencio le marcaba por donde vio a los enanos, andando a paso ligero y cogiendo distancia sobre su compañero que mantenía un ritmo pausado.
Carwin permanecía oculto, pero aquellas palabras le hicieron reaccionar, seguramente vieron a la Reina Chise, a Dvergar, al joven Gaerl y los demás que iban de vuelta, no podía permitir que le hicieran daño. Levantó la cabeza dejando las hojas de aquel arbusto por el cuello, el guardia que construía la catapulta se alejaba, mientras, ya no estaba visible Iagan. Sigilosamente, Carwin se fue acercando por la retaguardia, de árbol en árbol, cada vez estaba más cerca de Neakail, sacó la daga de su padre sin hacer ningún tipo de ruido, nunca había matado a nadie, pero tenía tanta rabia acumulada que sacó fuerzas de flaqueza, sacó todas las ganas de venganza que llevaba dentro, "esos guardias pagaran la muerte de mí madre", repetía en su cabeza. Pasó por al lado de los caballos que seguían a lo suyo y entre ellos mantenían una cierta distancia, suficiente para intentar quitarse a uno del medio. Carwin ya estaba a un palmo de Neakail, apretó los dientes con todas sus fuerzas, le puso la mano izquierda en su brazo derecho sin esperárselo, no le dio tiempo a reaccionar cuando Carwin, con su brazo derecho le atravesaba con la daga la garganta, cayó desplomado sin apenas darle tiempo a ver su cara. Mientras, Iagan seguía marcando el camino, sin darse cuenta que su compañero estaba fuera de combate, Carwin tenía alguna salpicadura de sangre por la cara, no sabía que era sentir matar a alguien, pero lo necesitaba, la muerte de su madre tiene que ser vengada de alguna manera y aquellos que obedecían a un Rey sin corazón, no merecían vivir, eran sus escusas, que rondaban por su mente en ese momento lleno de dolor e impotencia, porque nunca podrá revivirla y quería vivir como león y no como oveja..., tenía decidido seguir las mismas palabras que escribió su padre en el libro.
Iagan hacia el camino evitando ramas que parecían que querían cogerle, hasta que miró hacia atrás y no vio a Neakail, se puso en pose de defensa con el mandoble sujeto con las dos manos con todas sus fuerzas, miró para todos los lados llamando a su compañero, mientras, Carwin se acercaba cada vez más, sabía moverse por aquel bosque y buscó una buena posición, ahora era más complicado, aquel tipo estaba en alerta.
Iagan retornó por el mismo sitio que vino, estaba extrañado, pero pensó que pasó de él y de los enanos y se fue a seguir montando la catapulta, -siempre hace lo que le da la gana a este muchacho...- pensaba el guardia. Bajó la defensa y empezó con su verborrea, llegó a la parte de los caballos mientras Carwin lo seguía con la mirada llena de odio.
Todavía no vio a su compañero, pero cedió a lo que quería Neakail, cogió una piedra robusta para la catapulta, de esas que tenían preparadas, -Ya te acerco una roca no te preocupes, pero le diré...- no le dio tiempo a decir una palabra más y con la gran piedra entre sus manos, apareció Carwin por detrás y le quitó el mandoble en un movimiento ágil, poniéndosela amenazante en el cuello. Iagan soltó la piedra y se le cayó cerca de sus pies, quedándose totalmente inmóvil...


#13

El joven Carwin nunca había matado a nadie, hasta este día, el no era un asesino pero las circunstancias estaban cambiando su personalidad y no sabía si estaba cerca de su segunda victima...

-Ahora quiero que camines sin mirar atrás, no quiero ni un movimiento en falso o sino te rajo la nuez- Le dijo Carwin en un tono amenazador, manteniendo bien sujeto el mandoble, manteniendo la hoja afilada pegada a su garganta.
-¡No me hagas daño por favor!- Dijo Iagan, con voz dificultosa y sollozando, al tener el arma pegada al cuello. Asustado y sorprendido por aquella nueva situación, pensaba que los guardias de Garnhea son intocables para el Rey Baco y cualquiera que les atacara, es como si atacaran a su Reino y tendría que sufrir las consecuencias en el caso que lo matara.
Carwin no pensaba en nada de eso, lleno de rabia y dolor e impotencia, no iba a permitir que nada ni nadie hicieran daño a los suyos y ya les hicieron, así que su venganza tenía que empezar tarde o temprano.
-¿Quieres oro, Señor?, tengo varias monedas...- Iagan insistía, mientras Carwin le obligaba a dar los pasos precisos.
-¡Camina y cállate!- le dijo Carwin entre dientes, a la vez que vigilaba, mirando para todos los lados, por si aparecía algún rezagado guardia.
Tomaron el mismo sendero que les llevaba directamente al túnel, no quería que viera el camino, así que lo frenó en seco, le arrancó un pañuelo rojo que cruzaba por encima de su armadura y le ocultó los ojos.
Después de llevarlo aprisionado, amenazándolo durante varios metros, llegaron a la tumba de Aalis, Carwin con la mano izquierda le torcía su mano izquierda, valga la redundancia, pegándosela a su espalda, con el derecho, mantenía el mandoble fuertemente, haciéndole una pequeña herida que le hizo sangrar. Al fin, llegaron a la tabla de musgos, Carwin la abrió rápidamente ayudándose con la pierna izquierda y luego lo empujó con fuerza, lanzándolo al fondo de su agujero secreto...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 9 meses

Usted disculpeme nose porque pero siempre pense que carwin era mas joven algo asi de entre 15 y 20 pero igual me va gustando la historia.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

Siempre ha trabajado y vivido para sus padres, una persona que no daba un paso sin que sus padres no le decían que lo diera...mantenía la mentalidad juvenil Y su único hobbi es escribir ...

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

Gracias por estas conversaciones jeje


#14

Carwin fue a por Iagan y lo cogió del pescuezo, empujandolo contra una de las paredes del túnel, justo encima de él, una antorcha mantenía la luminosidad. Iagan mantenía su pañuelo rojo tapando sus ojos, estaba pavoroso de lo que le pudiera ocurrir, aquel guardia no sabía quién podría ser su secuestrador. Por su cabeza pasaron muchas intervenciones que hizo en la ciudad de Garnhea pero ninguna recuerda que fuera tan grave para que se vengaran y fueran a por él. Mientras, Carwin rebuscaba en el baúl de herramientas que preparó su padre y sacó una larga cuerda, se dirigió al guardia y lo sentó pegado a la dicha pared, juntando sus manos con la espalda y haciéndole un nudo bastante fuerte...
-¿Quién eres?, ¿Que quieres de mí?, por el amor de los Dioses...- Iagan movía la cabeza con los ojos tapados, intentando ubicarle.
Carwin estaba de pie frente a él, estuvo analizando el mandoble y lo bien que le vendría un arma como aquella. Se acercó despacio poniéndole la punta de la hoja en la garganta, Iagan levantó la cabeza al ritmo del mandoble, parece que el papel del pobre indefenso se le estaba pasando, manteniendo ahora el semblante más serio...
-¿Sabes lo qué has hecho Señor ?, ¿Sabes que vendrán a buscarle y lo matarán?- buscaba una respuesta de su secuestrador.
Carwin lo miró, sentía por primera vez que tenía el poder y no hizo caso a sus palabras...
-¿Quién eres y que haces por Bosque Espeso?- con tono amenazador y manteniendo el mandoble en su nuez.
-Estaba trabajando- respondió Iagan rápidamente, manteniendo dentro de lo que cabe la compostura...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Que seguira despues mmm estoy a la espectativa.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Muchas gracias, ésta caja seguía más y no se porqué no ha salido

fcaoz
Rango4 Nivel 19
hace 7 meses

¿Carwin perderá la cordura? Voy a seguir leyendo.


#15

-Si estabas trabajando tendrás algo de oro encima...- continuó Carwin, empezando a registrarle, encontró en un bolsillo interior una pequeña bolsa llena de monedas de oro y la lanzó sobre la mesa donde permanecía su libro y la vela, que ahora permanecía apagada...
-¿Trabajabas en construir un arma de asedio?, ¿ a quién queríais atacar?...- continuó Carwin, manteniendo el mandoble fijo a su cuello.
Iagan mantenía el silencio, recordaba las horas y horas que practicaba en el patio de armas del castillo, le enseñaron a estar en silencio y mentir si hacia falta en caso de que el enemigo lo atrapara. De repente Carwin, agarró la antorcha encendida que estaba justo encima de Iagan y se la acercó a la cara...
- Os vi que ibais detrás de los enanos para matarlos...- juntó los dientes con más rabia, no sabía como sacarle la verdad y el silencio de Iagan, era motivo suficiente para persuadirlo de aquella manera.
- Queríamos asustarlos simplemente...- contestó Iagan, seguro de sí mismo.
-¡MIENTES, MIENTES, MIENTEEEES....!, ¡QUERÍAIS MATARLOS, OS ESCUCHÉ...!- Carwin alejó moviendo la antorcha de un lado a otro, a centímetros de su cara, ahora la apartó a un lado acercando su boca a la oreja de Iagan, expulsando saliva, gritándole con todas sus fuerzas y soltándole un golpe con el codo, con el brazo que mantenía el mandoble. El golpe hizo tumbar a Iagan en forma de feto, Carwin, incrustó de nuevo la antorcha en la pared y volvió a reincorporarlo, el guardia no se resistía, "si los Dioses querían su muerte, allí tenía su alma para entregársela", pensaba Iagan sin tapujos.
-¿Os ha mandado vuestro Rey?- continuó Carwin.
Iagan quedó mudo y a Carwin se le acababa la paciencia a medida que el silencio aumentaba, todo el dolor y la rabia contenida salió a la luz, la impotencia que llevaba dentro de sí, salió en forma de puñetazo hacia su rostro, una y otra vez, una y otra vez... Las lagrimas se le saltaban a Carwin, buscaba respuestas y no las encontraba, a continuación le soltó varias patadas al estomago, gritaba como sacando algún demonio que se le había colado dentro...; Carwin estaba convencido de que este guardia, tuvo algo que ver en la muerte de su madre y no iba a dejarlo inmune.
-¿ Sabes que si no me contestas te voy a matar?, ¿LO SABES?.- gritándole con odio- ya no tengo nada que perder...- ahora comenzó a retorcerle una oreja con todas sus ganas, Iagan hacía el gesto de dolor, a la vez que escupía sangre de su boca, pero ni se quejaba, ni gritaba, el tiempo se había parado para él, aquellos momentos les fueron eternos de sufrimiento.
Al rato, Carwin permanecía muy inquieto, pero a su vez, se estaba dando por vencido, más lo dañaba, más permanecía callado, más aguantaba los golpes, pensaba...; seguidamente, se sentó en frente del guardia, que permanecía derrumbado por la paliza que había recibido, Carwin, cabizbajo, se apoyó en la pared y se pasó la mano por la cabeza, pensaba que la otra opción era matarlo, pero ¿de que le serviría?, se quedaría igual y además no habría conseguido ninguna información, partiendo de que él no se consideraba un asesino.

Iagan, con los ojos amoratados y medio cerrados, por las gotas de sangre que recorrían por su cara, recobró un poco el aliento y empezó a recordar lo de la otra noche, cuando unos campesinos salieron en bandada a por la bruja Aalis para matarla y volvieron orgullosos de su hazaña a Garnhea, recordó, que uno de esos tipos dijo que el hijo de los Stewart había escapado y cada vez rondaba más por su cabeza la posibilidad de que por esa zona, donde se encontraban construyendo la catapulta, tenían la cabaña aquella extraña familia y podría ser aquel hijo, el que lo tenía secuestrado...
-No tuve nada que ver con el incendio- con un tono de dolor y escupiendo un diente, comentó Iagan para sorpresa de Carwin, que rápidamente se quitó la mano de la cara mirándolo fijamente.
-Continua...- insistió Carwin.
-Fue cosa de ellos...- prosiguió Iagan sabiendo que había acertado en sus pensamientos, se sentía morir...
-No sé si creerte, mientes más que hablas, así que mejor ¡CALLATE!.
-Mataron a tú madre por brujería- Iagan, manteniendo la voz dolorosa, parecía que quería provocarle, intentaba abrir un ojo.
-¡CALLATE, CALLATE, CALLATEEEEEE!- gritaba Carwin a la vez que volvió a levantarse dirigiéndose a él y de nuevo le puso el mandoble en el cuello- me estás obligando a que te mate.
- Si el Rey quiere intervenir en algo, manda a sus guardias y sus soldados, no a unos simples campesinos, fue cosa de ellos...- repitió Iagan escupiendo sangre sobre su armadura, haciendo dudar a Carwin esta vez.
-¿Entonces que hacíais construyendo una catapulta cerca de aquí?- insistía Carwin, separando del cuello la punta del mandoble, intentando creerlo.
- A vos no le puedo contar eso, pero sí que te puedo decir, que el Rey tiene ahora otras preferencias y no precisamente mataros a vos y a su familia...
Carwin agachó la cabeza muy pensativo, separó por completo el mandoble de su cuello, mientras Iagan no paraba de estornudar y escupir sangre, ya se había formado un charco rojo en el suelo arenoso del túnel.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Muy, muy bueno. Sigue con la trama.


#16

Parecía que no pasaba el tiempo dentro de aquel túnel, las antorchas mantenían una luminosidad tenue y las sombras permanecían en el mismo sitio. Iagan seguía con las manos atadas a la espalda, con su propio pañuelo rojo, seguía teniendo los ojos vendados sin poder ver nada. Carwin no quería mostrarle su secreto; Iagan estaba totalmente noqueado y tenía apoyada la cabeza en su propio charco de sangre, dejando que el sueño lo sucumbiera.

Carwin no sabía que hacer con aquel guardia..., pero ese no era su único problema, ya había matado a su compañero y su cuerpo estaba en medio de Bosque Espeso, expuesto a que cualquier soldado de Garnhea lo encontrase y fueran todos en busca del culpable.
Mantenía la mirada fija en Iagan, una mirada fría impropia de él. Nunca fue agresivo, sus padres siempre le enseñaron el respeto hacia los demás, le decían, que fuera una persona asertiva y bondadosa, que así conseguirían más compradores en el mercado, pero la fama no la tenía él y muchas veces se tuvo que comer la lengua por los improperios que recibían de algunos mercaderes, campesinos y nobles que solían rondar por allí y por respeto a sus padres, se lo callaba.

Así empezó a justificarse de lo sucedido, tenía un cúmulo de momentos malos guardados en su corazón y nunca pudo expresar su enfado, ni en el mercado, para no espantar clientes, ni de vuelta a la cabaña, los padres no le permitían que levantara la voz en ningún momento, pero la muerte de su madre fue la guinda para que aquel impulso que mantenía dormido, saliera a la luz y pudiera desahogarse como se desahogó.
Llevaba en su ser una parte propia de los Stewart, el arrepentimiento, quizás no decían la palabra perdón, pero si lo mostraban con gestos amables, captándola al momento, la persona ofendida.

Al cabo de un rato, después de darle vueltas y vueltas a la cabeza, Carwin se puso en pie, dejando el mandoble en el suelo, se dirigió a la alacena donde guardaban unas plantas, que según su madre Aalis, tienen un poder curativo que ayudaba a cicatrizar y curaba alguna que otra enfermedad, en ese momento recordaba las palabras de su padre,

"SI EL ENEMIGO SE RESISTE, DALE PACIENCIA A SU CONCIENCIA".

Así que recogió esas plantas, le arrancó sus hojas verdes y se puso a frotársela por los nudillos que estaban bastante lastimados, luego miró de reojo a Iagan que permanecía inmóvil y con una respiración tranquila.
El arrepentimiento apareció, Carwin se acercó a él y se agachó poniéndose a su altura, de cuclillas comenzó a pasarle por la herida del cuello aquellas hojas con olor a menta, provocando un leve reflejo a Iagan que permanecía abatido. Este estaba indiferente, prisionero de lo que hacía Carwin, desorientado por completo y en silencio.
Carwin lo incorporó, apoyándole la espalda suavemente contra la pared, cogió una manzana, que permanecía del desayuno con la Reina Chise y sus guerreros, y se la puso en la boca, no podía ni comer de las heridas provocadas, intentaba abrir los ojos pero la sangre se lo impedían. Carwin volvió a levantarse, cogió un barreño lleno de agua, un trapo mojado y empezó a limpiarle la cara, notaba que tenía sed porque intentaba lamer el mismo trapo, así que cogió un vaso de barro, lo llenó de agua fresca y le dio de beber, poco a poco aquel guardia recobraba el aliento y ahora recobraría la vista, cuando Carwin comenzó a quitarle el nudo del pañuelo rojo que tapaban sus ojos...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Chan chan chan chaaaannnn. Creo saber que pasa acontinuacion. Pero reservare 😁


#17

Le quitaba el pañuelo rojo de sus ojos, pero ya tenía un trozo de cuerda preparada en el suelo para atársela por los tobillos. Carwin no se fiaba, sabía que un guardia del Reino debía estar preparado para este tipo de situaciones y no quería ningún imprevisto hasta que supiera seguro lo que iba a hacer con él.
Al quitarle la oscuridad..., se miraron a los ojos fríamente durante unos segundos, a Iagan le sonaba su cara de cuando hacía ronda por el mercado, pero nunca fue el centro de su atención, no era una persona que se metiera en problemas pero sabía de sobra de quién era hijo. No compartieron ni una sola palabra, Carwin se levantó de su lado al asegurarse, de que los nudos de sus manos y de sus piernas estaban fuertemente sujetos, sin opción a escaparse ni defenderse.

Ya era mediodía, Iagan y Carwin seguían sin hablarse, este último agarró de un barril un costillar del último venado que cazó antes que muriera su madre, la puso en una tabla y agarró un cuchillo muy afilado para cortar la carne de la misma en porciones dejando la carne en cada lado del corte, no tenía hambre en ese momento, pero así lo dejaba preparado para la noche.
Iagan observaba cada rincón del túnel y el gran manejo que tenía Carwin con el cuchillo, hasta que se animó a romper el silencio.

-¿Conoces al ebanista?.
-No- Carwin fue rotundo en su respuesta, a su vez, quitaba la carne que quedaba de la médula y comenzó a cortarlos en cuadradillos para hacer un buen estofado.
-Pues el barril, la puerta de la alacena, incluso la mesa donde estás cortando llevan su firma- insistió Iagan buscando una conversación.
-Pues no sé, no lo conozco- Carwin parecía distraído pero en su cabeza pensaba el paso siguiente que debería de dar con ese tipo.
-¿ Sabes...? se casan esta tarde en la Ciénaga de Aguas Secas- insistía, estando muy interesado en ese tema.
Carwin levantó la cabeza, paró unos segundos de cortar la carne, miró hacia la pared que tenía pegada a la tabla de corte y se puso a pensar en aquello.
-Pues si estabas invitado lo siento mucho -continuó la conversación Carwin, sin parar de cortar-, no podrás avisarles de vuestra ausencia...
Iagan comenzó a reír a la vez que agachó la cabeza entre sus rodillas, negaba algo con la cabeza que Carwin no entendía, este volvió a parar su cuchillo y giró su cabeza para mirarlo fijamente, no sabía a que venían esas carcajadas, pero de repente le vino a la cabeza el otro guardia muerto, no le dio importancia a esa risa maliciosa de aquel tipo, él tenía otras cosas en mentes, llevaba todo el día con ese pensamiento, así que mientras Iagan seguía con lo suyo, Carwin quiso actuar al fin, cogió el gran mandoble y se dirigió a la tabla de musgos que daba al bosque donde tenía enterrada a su madre, parecía como si se le hubiera olvidado algo importante y tenía que ir rápidamente a recogerlo, Iagan paró un poco su euforia al ver como su secuestrador pretendía salir del túnel, dejándolo solo, así, de repente, sin decirle ni una sola palabra.
Carwin miró a ambos lados antes de salir completamente de su agujero secreto, estaba todo tranquilo, salió a la superficie y cerró la tabla de musgos dejando encerrado a Iagan. El mandoble lo mantenía por delante, no se fiaba de que ya estuvieran rondando más guardias por aquella zona, así que sigilosamente comenzó a caminar por el sendero que le llevaba a la explanada donde colocaron la catapulta. Cada vez que escuchaba un sonido raro se escondía en un matorral o en el tronco más cercano, la respiración se le aceleraba pero de momento eran falsas alarmas. Mantuvo el completo silencio, solo la hojarasca advertía de su llegada y algunos animales aprovechaban para buscar cobijo, menos aquel jilguero que se posaba de árbol en árbol acompañando sus pasos con un cántico alegre y agradable.
Carwin dejó de escuchar la naturaleza, cuando se encontró de frente con la catapulta, comprobó de lejos que los caballos no se habían movido de su lugar, seguían comiendo hierbajos y manteniendo esa carreta pesada llena de tablones, esperaban tranquilos a que llegaran sus amos, aunque uno de ellos, permanecía sin vida frente a sus ojos, tirado en la tierra y alrededor de un charco de sangre donde posaba su cabeza...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Mas o menos me lo imaginaba. Sigue.


#18

Carwin estuvo todo el día dándole vueltas al asunto, había matado a un guardia aquella mañana y el cadáver se mantenía en medio del bosque, esperando a que alguien lo encontrara. Pensó que sería un riesgo dejarlo allí y lo mejor sería ocultarlo antes de que se llenara de soldados y campesinos de Garnhea, que sabiendo que consiguió escapar la otra noche del incendio, no dudarían en echarles la culpa de la muerte de aquel guardia y tomarían represalias contra él.
Carwin se animó a salir entre los matorrales y comenzó a acercarse a la catapulta que permanecía sin terminar en medio de aquella explanada, tocó los maderos por tocar, observó los nudos fuertemente hechos que estaban para sujetar los palos que mantenían la estabilidad de lo que iba a ser una gran arma de asedio, todavía le faltaba a la construcción varias piezas y allí estaban reposando en la carreta.
Todavía tenía muchas dudas sobre lo que querían hacer esos dos guardias allí o a quién querían atacar con aquello, pero se centró en su objetivo y empezó a acercarse a la carreta, miraba a su alrededor manteniendo el mandoble rígido, no quería que nadie lo descubriera y estando a dos metros de la misma, sigilosamente, dio varias zancadas poniéndose justo detrás de una de las ruedas, con la cabeza agachada y en silencio, por sí algún improvisto le sorprendía, pero todo permanecía en calma, solamente uno de los caballos relinchó al notar su presencia y comenzó a ponerse nervioso, el otro seguía comiendo hierba como si nada.
Carwin asomó un poco la cabeza entre los tablones que sobresalían de la carreta, alzó la vista para ver a la distancia que estaba el cadáver de su posición y volvió a mirar hacia atrás para asegurarse de que nadie lo perseguía. Mantuvo su cuerpo erguido y se acercó al caballo que estaba más nervioso e intentó tranquilizarlo susurrándole y dándole palmadas en sus patas; Parecía que se tranquilizaba y más, cuando notaba que iba a ser liberado de su atalaje, le empezó a quitar las riendas de su cabeza y puso el tiro de la carreta apoyada en el suelo, volvió a darles unas palmadas en el trasero como advirtiéndolos de que eran libres, que podían marchar, pero no se alejaron demasiado, solamente a unos cuantos metros donde brotaban unos hongos hermosos bajo aquel gigantesco árbol.

Ya tenía todos los sentidos puestos en el cadáver, pensó por un momento trasladarlo en la carreta, pero se le quitó la idea al pensar en esclavizar de nuevo a los caballos, también le vino por la mente arrojarlo por el mirador, pero podría ser demasiado descarado, levantaría mucha polvareda al rodar por la ladera, así que se convenció en enterrarlo en algún lugar recóndito del bosque y que la naturaleza siguiera su curso.
Decidido así, comenzó a caminar con paso lento pero firme hacia el cuerpo que permanecía inerte entre el robledal, ya estaba a su alcance, sabía que debía actuar rápido y silencioso pero quiso cerciorarse de que no estaba vivo todavía y le puso la cabeza en su pecho, la herida en la garganta confirmó que el movimiento que hizo con la daga sobre su cuello fue letal.
Se levantó de nuevo y agachó las manos para agarrarlo de los tobillos, para comenzar a trasladarlo, comprobó lo que es llevar un peso muerto y pensó que le sería más difícil de lo que pensaba, así que volvió a soltarlo dejando caer sus piernas.
Los sudores fríos recorriendo por su frente hicieron su aparición, el nerviosismo era patente y más todavía, mientras se decidía a donde iba a enterrarlo, estaba muy indeciso, pero fue entonces, cuando pretendía secarse el sudor, empezó a oírse una dulce melodía de una flauta que sonaba muy lejana, en lo más profundo del bosque, Carwin se alarmó, abrió los ojos de par en par mirando al frente suya, por si podía conseguir ver algo, ese sonido se acercaba pero no visualizaba a nadie, solamente una espesa niebla iba poco a poco ocultando los árboles a la vez que se acercaba a él, Carwin dio un paso atrás y volvió a levantar el mandoble, los pájaros del lugar callaron, los caballos comenzaron a galopar huyendo asustados entre la maleza en dirección contraria, Carwin los perdió de vista, algo pasaba y ahora esa neblina venía acompañado de una luz que era cada vez más brillante a medida que se acercaba, la flauta sonaba cada vez más fuerte y más cercana, comenzaba esa melodía aguda a entrarle por los oídos, hasta el punto de dejar caer su mandoble, se puso de rodilla frente al cadáver y con las manos tapando sus orejas cerró los ojos con todas sus fuerzas, como queriendo parar aquel fenómeno. Pero la niebla avanzaba hasta el punto de cubrirlo todo, solo el cuerpo del guardia tenía a su vista al abrir los ojos de nuevo. Aquella niebla gris se convirtió en blanca por esa luz que crecía delante de él, como queriendo mostrar algo, Carwin, comenzó a gritar que parara pero no consiguió escuchar ni su voz, solo la flauta perturbaba el silencio, se quedó paralizado mientras la neblina comenzó a rodearlo como si fuera un torbellino, sus manos bajaban de sus orejas muy despacio, no podía ni palpitar, sus ojos estaban siendo testigos de lo que ocurría, la luz se convirtió en una sombra alocada que volaba a su alrededor, hasta que se quedó fijo en frente de él, solo el cadáver lo separaba. Carwin estaba fuera de sí, permaneció de rodilla con los brazos caídos, no podía hacer ningún gesto, preso de aquel acontecimiento tan extraño, sus ojos eran lo único que tenían vida y pudo comprobar como esa luz empezó a tener forma de mujer, Carwin quería escapar pero no podía moverse y aquel resplandor comenzó a ascender y luego bajaba, de nuevo subía y de nuevo bajaba, daba giros sobre sí misma formando aquella figura transparente y cada vez más nítida hasta ponerse delante de él, era una hermosa mujer a dos palmos del suelo, tenía un pelo rubio que le llegaba hasta la cintura, ojos celestes cristalinos donde Carwin podía verse así mismo estando a su merced, llevaba un vestido blanco de seda que parecía que si la tocabas se desmoronaría al instante, se movía como si un viento suave moviera su velo, no se le veían los pies, flotaba, parecía que el sonido de la flauta que portaba la mantenía en el aire, como si fuera un ángel, a Carwin le recordaba los cuentos de hadas que solía contarle su madre Aalis cuando era pequeño, estaba asustado pero a la vez era hermoso, una sensación rara corría dentro de él.
Aquella hermosa figura, miró fijamente a Carwin sin parpadear durante varios segundos, el circulo que formaba la niebla era cada vez más rápido y Carwin permanecía anonadado, ella, después de lucirse con esa brillantez, se posó en el cuerpo sin vida de aquel individuo y como si fuera por arte de magia, comenzó el cadáver a levantarse del suelo, el cuerpo permanecía rígido pero todo el peso de la cabeza cayó hacia atrás, las piernas se doblaron por la rodilla, a la vez que ascendía por sí solo, parecía que se guiaba por la mirada de aquella chica. El cadáver permanecía en suspensión a un metro del suelo, las hojas verdes que dormían inmóvil en la tierra comenzaron a convertirse en mariposas de todos los colores, fueron a la espalda del guardia como queriendo empujarlo más alto, ella, volvió a ponerse la flauta en sus labios y aquella melodía melancólica y aguda daba su primera nota. Cada vez había más mariposas que iban cubriendo el cadáver, la niebla en lo alto de ellos se abría a medida que subía más y más el cuerpo sin vida, hasta que un sonido nítido hizo parar aquel torbellino que los rodeaba, se formó un fuerte resplandor que picaba en los ojos de Carwin, seguidamente, sonó una fuerte explosión de mariposas que se expandieron dejando ver...que ya no existía el cuerpo de aquel guardia, había desaparecido, la niebla comenzó a volver al robledal suavemente, al mismo tiempo que la figura de aquella mujer hermosa sé difuminada poco a poco, adentrándose en el bosque y perdiéndose como si no hubiera existido, llevándose con ella la neblina espesa, escuchándose la melodía cada vez más lejos, los árboles aparecieron intacto y rebosante de ramas, la luz del atardecer volvía al cielo, la carreta y la catapulta permanecían en el mismo sitio y Carwin, cómo si aquel acontecimiento le hubiera consumido toda la energía, cayó desplomado en la hojarasca inconsciente...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

😲 Orales, que bueno se pone esto. Me gusto mucho, espero ansioso lo siguiente.


#19

Ya estaba anocheciendo cuando Carwin despertó, se sentía aturdido y desorientado, con las manos apoyada en la tierra miró a su alrededor buscando el cadáver, pero no lo veía por ningún lado, así que recogió el mandoble y se puso en pie, estaba muy confuso pero continuó con la búsqueda por el robledal. Se encontraba nervioso y más cuando la oscuridad llegaba a Bosque Espeso, sabía que sería más difícil encontrarlo, se sintió mareado y se puso la mano izquierda en la cabeza apoyándose en un árbol, pensó que si aquella luz de mujer fue un sueño que le ayudó a deshacerse del cuerpo sin vida del guardia, pero ahora, recordó todas las historias que le contaba de hadas y ángeles su madre Aalis y concluyó de que todo lo que le decía tiene su parte de verdad.
La luna llena hizo su presencia en el bosque que ya capitaneaba el cielo iluminando todo el firmamento, Carwin, quiso convencerse de que aquel acontecimiento vivido fue realidad y que del cadáver ya no se sabría más, así que se tranquilizó un poco y comenzó a caminar de vuelta al túnel.

Iagan permanecía dormido hasta que lo desveló el golpe que producía la tabla de musgo al abrirse. Después de un buen rato, llegó Carwin, a su izquierda había una pequeña fuente de agua que emanaba de las filtraciones de la lluvia sobre la tierra, Carwin se mojó la cara varias veces, como intentando entender lo sucedido, todavía estaba sorprendido de lo ocurrido. En ese momento Iagan le recordó que tenía sed también, que ya que estaba preso quería exigir un poco de humanidad, Carwin no le hizo caso, estaba como ido y seguía perdido en sus pensamientos y en aquella figura que lo paralizó...

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Jeje es un halago tú insistencia, tengo poco tiempo y aprovecho lo poquito que tengo para escribir y leer @Don_Diego MUCHAS GRACIAS


#20

CIENÁGA DE AGUAS SECAS.

El día acababa y todo iba de maravilla, un muchacho encendía todos los candeleros que adornaban el festejo con su antorcha, los músicos tocaban el laúd, la fíbula, el tambor y el arpa, acompañado por las palmas de los asistentes, todas aquellas personas llevaban sus mejores harapos para la ocasión, reían y bailaban cogiéndose de los brazos, cantaban y bebían, era una boda hecha con el corazón, amor del puro, de las que todos soñaron alguna vez, aunque estuvieran a escondidas del Reino.
Las aguas de aquella ciénaga llegaban hasta la rodilla de los niños, no paraban de jugar a salpicarse, por el contrario, a los mayores esas aguas les llegaban por los tobillos.
Siempre tuvo mucho misterio aquella meseta, rodeados de grandes rocas y alcornocales, pero idóneo para que los vigilantes de la ciudad de Garnhea, no se percataran de aquella ceremonia a espaldas del Rey Baco, hoy era el día perfecto para los amantes.
Desde la ciénaga se podía divisar, a lo lejos, una montaña con un acantilado y justo encima, un precioso mirador donde los que deseaban amar a alguien algún día, soñaban con dar su primer beso de amor a su amada o amado.

Eran casi cien invitados entre campesinos, artesanos y bufones, eran gente de clase media tirando a baja, pero humildes, algunos hablaban de la barbarie de la otra noche, la noche que incendiaron la casa de la familia Stewart, otros no querían hablar de penas y querían aprovechar el momento de alegría y embriaguez.

Décima no paraba de sonreír, parecía de nuevo la Reina que fue, dejó atrás las ataduras que la condenaban a un Rey caprichoso, sin escrúpulos ni corazón.
Décima iba preciosa, llevaba un hermoso vestido blanco de seda que ceñía su cintura, portaba una voluminosa falda, aunque impartía timidez, las mangas eran de campana y tenía un escote cuadrado con bordados de flores hechos de plata. Los zapatos, los mismos con los que se casó su madre, eran de un color granate y le cubría la cara un transparente velo, rodeado por una corona llena de margaritas, como marcaba la tradición.

Décima por fin, pudo elegir al hombre que quería para su vida, desbordaba felicidad, era lo que necesitaba, acompañada de los fieles amigos, familiares y por supuesto, su gran amor, el ebanista, llamado Ülfur, estaba enamorado de ella desde la primera vez que la vio, él, se encargaba de hacer muebles y decorados para el Reino de Garnhea, siendo uno de los más destacados.
Un día, Ülfur, preparaba un mobiliario que le pidió Décima, siendo Reina del Rey Baco, ella, impaciente, fue al taller donde trabajaba para comprobar su pedido y allí surgió algo cuando cruzaron las miradas, surgió una magia que debía continuar a escondidas por con quién estaba casada. Décima se sintió tan atraída por el ebanista que comenzó a hacerle pedidos sin ton ni son, aunque acabaran los objetos abandonados en las cloacas del castillo, tenía la escusa perfecta para poder verle, sin causar sospechas al Reino.
De todas formas, el Rey de Garnhea, el llamado Rey Baco, siempre se olvidaba de ella, solo cuando le interesaba la llamaba para que fuera a sus aposentos, era bella y el único objetivo era el de tener hijos para mantener la sangre real, nunca lo consiguió. El Rey era muy mujeriego, tenía en su poder a todas las mujeres que le apetecía y cuando quisiera, las trataba como escorias y nunca mostraba ningún respeto hacia ellas.

La Luna llena hizo su presencia, el sacerdote que iba a dar por válida la ceremonia, hizo el gesto a los comensales de que prestaran atención, los músicos dejaron de tocar, al novio se lo llevaron sus padres hacia los árboles para decirle sus últimas palabras, sabían que después de esta boda, deberían de huir. El padre, estando más entero, aguantó la pena como pudo, tenía la pena de que en breve, su hijo estará ausente en sus vidas, tragó saliva mirándolo a los ojos y le dijo unas palabras...

"Sé que el amor puede con todo, pero deseo que no pueda con tú vida hijo mío..."

Seguidamente se envolvieron en un abrazo, la madre lloraba desconsolada de emoción y dolor, Ülfur, la abrazó con todas sus fuerzas y la besó tranquilizándola con bellas palabras de que todo iba a ir bien, que no se preocupara, que algún día vendría a por ellos y que siempre los iba a querer y a tener en su corazón.

Los invitados comenzaron a sentarse, algunos con sus jarras de vino, otros permanecían de pie, el entorno rebosaba felicidad a la vez que un respetuoso silencio, dominaba el ambiente al empezar a sonar un tambor mudo.
Décima, agarrada por su padre del brazo, se iban acercando a las aguas de la ciénaga, muy despacio, a paso lento, el padre le apretaba con la mano su mano, diciéndole todo sin decir nada mientras todos la observaban a ella, allí la esperaba su futuro marido y el sacerdote con su biblia, mojándose los pies.
Los invitados hicieron un pasillo, los más pequeños tiraban flores de todos los colores al paso de ella, esas flores se mezclaban con las luciérnagas que por allí frecuentaban. La noche estaba siendo perfecta, solamente una leve brisa movía su velo y su bello vestido blanco.
Décima llegó a la orilla de la ciénaga, dejó sus zapatos granates a un lado y metió los pies en el agua, el sacerdote buscaba en sus escrituras el párrafo adecuado para la ocasión, el ebanista mientras, suspiró de ilusión y se colocó firme, las miradas coincidieron por un momento, diciéndose todo lo que sentían, estaban enamorados completamente.
Él se acercó a ella y le cogió de la mano poniéndose frente a frente, las miradas volvieron a encontrarse, el sacerdote, con su túnica negra, mantuvo su posición teniendo a los dos a ambos lados.

El cura encontró el escrito y empezó a recitar aquellas palabras de respeto hacia el prójimo, a decir que el amor es la fuerza de los hombres para llegar al bien de la humanidad, ellos mientras tanto, no separaban sus miradas escuchando esas bonitas palabras.
El sacerdote levantaba y bajaba la cabeza para poder recitar aquellos versos del latín antiguo y los candeleros cercanos le ayudaban a su visibilidad para que los leyera sin problemas.
Todo iba como lo planearon, a todos se les escapaban alguna sonrisa de ternura, pero demasiado perfecto estaba siendo para algunos que dudaban de aquello y más, cuando el sacerdote cambió el semblante y dejó la mirada fija en el horizonte, a espaldas de todos, Décima, con su dulce sonrisa, también fue cambiando el gesto al ver la cara de sorpresa y preocupación del cura. Los invitados empezaron a seguir la mirada del padre, comenzaron a levantarse y a mirar hacia atrás señalando a la colina, Décima y Ülfur giraron la cabeza a la vez, mirando a la misma dirección que los demás y en lo alto, entre aquellas rocas y alcornocales que rodeaban la ciénaga y la oscuridad, que solamente la perturbaba el resplandor de la Luna llena, un regimiento de soldados a caballos, aparecieron por sorpresa con antorchas encendidas, comenzando a rodearles...

Don_Diego
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hace 8 meses

Grandiosa caja. Nada mas que decir 🙆


#21

El ejercito del Rey Baco, comandado por su primer caballero Victorino y su segundo caballero Monroe, tomaron la decisión de hacerse ver en lo alto de la colina, rodearon completamente la ciénaga sin dejar escapatoria, los asistentes de la boda de la ex esposa del Rey y el ebanista, comenzaron a asustarse, no sabía que es lo que pasaba ni lo que iba a suceder, todos observaron esa ristra de soldados con lanzas, espadas, mazas y arcos montados a caballos, aparecieron entre la arboleda, con sus antorchas marcando su posición, guardando silencio y esperando una señal de sus superiores en la penumbra de la noche.

-¿Vos creéis que hacemos bien Señor?- le preguntó Monroe a Victorino.
Los dos permanecían montados en sus caballos enormes de color negro, pegados a un metro de distancia uno del otro, observaban desde lo alto de una roca muy grande el nerviosismo que inculcaron con su presencia. Los dos iban provistos de sus respectivas armaduras y su respectivo yelmo, cada uno con las insignias del reinado, manteniendo en una mano la antorcha encendida, Victorino tenía reposando en su cinturón una gran maza mientras que Monroe portaba a su espalda una magnifica ballesta.
-No podemos esperar más, las ordenes del Rey son claras, con catapulta o sin catapulta...

Los dos caballeros comentaban la estrategia a seguir, no estaba previsto la aparición de los soldados de tal manera, esperaban el lanzamiento de proyectiles con fuego desde lo alto del mirador, allí dos guardias debían montar una catapulta y nada más que oscureciera, tenían ordenes de dicho lanzamiento y así, con los presentes en aquella ceremonia aturdidos, atacarles a traición.
Mientras deliberaban, aparecieron dos soldados al galope por su retaguardia...
Aquellos guardias, habían sido mandados a lo alto de Bosque Espeso en busca de una explicación por la tardanza de aquella catapulta que no se lanzaba, llegaron nerviosos y le dieron a sus superiores la noticia.

-¡Mi Señor!, la catapulta está sin montar del todo, la carreta está sin los caballos y no hemos visto a nadie por la explanada- dijo uno de esos mensajeros con el caballo relinchando y moviéndose de un lado al otro.
-¡Malditos traidores!- exclamó el primer caballero Victorino, con un gran enfado, no soportaba que los planes no salieran como quería, porque luego tendría que dar explicaciones a su Rey y este, no tenía clemencia.
- Ya sabía que no podíamos confiar en ellos... esta bien, ¡Monroe!- tomando la decisión, seguro de sí mismo- tendremos que seguir el plan, dile a tus hombres que a la señal, ataquen sin compasión, no quiero a ninguno vivo y ustedes- dirigiéndose a los dos guardias que bajaron de Bosque Espeso- buscar a esos traidores que han desobedecido las ordenes del Rey, serán ejecutados por tal rebeldía.

Hubo un tiempo de silencio, todos los presentes en la boda decidieron amotinarse dentro de la ciénaga, no tenían apenas armas y eran muy inferiores en números, sabían que lo único que les quedaba era rezar y esperar, algún valiente decía que permanecieran unidos, mientras Décima, abrazada al ebanista, le preguntó que es lo que hacían ahora, Ülfur, con el semblante serio observaba aquel numeroso ejercito y le pedía calma, que tendría que haber alguna solución. Los invitados que estaban bebidos, empezaron a provocar a los soldados que permanecían inmóviles, esperando la señal, Victorino, por el contrario, miraba calmado y desafiante desde la roca más alta de la colina a sus conejillos de indias, ya era la hora, se dijo, pidió al abanderado de ataque, que alzara el estandarte, este, comenzó con los dos brazos a mover la bandera de un lado hacia el otro con todas sus fuerzas y visto aquello, los soldados comenzaron a desenfundar sus espadas y a bajar con los caballos por la colina, gritando como bárbaros. Mientras llegaban a la ciénaga desbocados, preparándose para la matanza donde permanecían aquellos pobres inocentes, una voz se escuchaba a lo lejos desgañitándose…

-¡POR ORDEN DEL REY DE GARNHEA!- gritaba Victorino aún sabiendo que en ese momento pocos les escucharían- ¡NUESTRO REY Y VUESTRO REY BACO!, ¡CONDENAMOS ESTA BODA POR SU TRAICIÓN!- los soldados con las espadas en alto estaban cada vez más cerca de sus presas-¡NUNCA, Y DESEADO POR NUESTROS DIOSES MÁS SAGRADOS, SE ACEPTARÁ UN MATRIMONIO DÓNDE ELLA ESTUVO CASADA, CONVIVIÓ, JURO Y ACEPTÓ AMOR ETERNO AL REY DE GARNHEA!- alterándose su caballo- ¡POR ELLO Y CUMPLIENDO LAS ORDENES DEL REINO, SERÁN EJECUTADOS TODOS AQUELLOS QUE HAYAN CONTRIBUIDO A DICHO EVENTO IMPURO Y NULO!.
Los invitados ya preparaban puños, piedras, lo primero que encontraban en el fondo de la ciénaga, los niños lloraban abrazados a sus madres, los gritos de pavor dominaban y cerca estaba aquella masacre. Décima se arrodilló, con el agua por la cintura, gritaba clemencia desconsoladamente, Ülfur se puso delante para intentar protegerla y aquellos soldados comenzaron a entrar rápidamente en la ciénaga, los más valientes campesinos fueron los primeros en recibir su muerte, las primeras cabezas flotaban, el agua ya se iba convirtiendo del color de la sangre, una mujer que ocultaba a su hijo, recibió un lance por la espalda atravesándolos a los dos al momento, el agua salpicaba sin parar, algunos conseguían esquivar el primer ataque pero al segundo eran cazados, no había escapatoria, los gritos de dolor se mezclaban con los gritos de euforia de los soldados, mientras el primer caballero y el segundo de Garnhea, observaban plácidamente desde lo alto de la colina, Ülfur miró por última vez a su esposa, que mantenía las lagrimas en los ojos, se llenó de valor para defenderla lanzándose contra uno de los caballos que venían hacia él, pudo tirar a aquel soldado del caballo y empezó a estamparle una piedra en la cabeza, tantas veces como pudo, llenándose su cara de sangre, hasta que aquella espada atravesó su faringe, no resistieron, lucharon por la libertad que nunca le dieron, las espadas atravesaban el alma, las cabezas caían como piedras, aquella noche, lo que iba a ser la mejor noche de sus vidas, se convirtió en la peor de las pesadillas.
Casi todos murieron al instante, los cuerpos, brazos y cabezas ya flotaban en la ciénaga que se había convertido en un gran charco de sangre, a Décima la dejaron para la última, los soldados hicieron con ella, todo lo malo que un hombre podría hacer a una mujer, mientras Victorino y Monroe, sonrieron a lo lejos, cogieron las riendas y giraron sus caballos, todo había terminado y comenzaron a galopar de vuelta a la ciudad de Garnhea, mientras, los soldados acabaron con el sufrimiento de Décima, arrancaron su hermoso vestido blanco de cuajo y le clavaron aquella daga en lo más profundo de su corazón, ya flotaba boca abajo en las aguas fúnebres de la ciénaga, su vestido roto se extendía por la superficie, era una mancha blanca en mitad de tantos cuerpos si vida, por lo menos pudo llevarse con ella, el último aliento de felicidad, pudo estar en su muerte con los que más quería...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

😲 que fuerte. Me encantan estos pasajes, se asi soy. No puede existir bien si no hay mal o vengaza sin causa.


#22

El panorama de como quedó la ciénaga, era horrible, los cuerpos amotinados, unos encima de otros en medio de aquel charco de sangre, era devastador, algunos candeleros permanecían en pie pero apagados, otros atravesaban algún que otro soldado, pero pocos fueron los que padecieron, eran mayoría e iban bien armados. Había un caballo tumbado en la orilla que intentaba luchar por su vida, intentando levantarse, permanecía encima de un hombre bastante mayor, con una cruz en su mano, arrugada e inerte, pero la agonía acabó también para él, dejando que su cabeza se apoyara en la tierra a la vez que sus ojos se cerraban.
Pero una persona, de las casi cien que estaban invitados en aquella boda, consiguió huir, aprovechó un descuido de los guardias que no cerraron bien el cerco al centrarse en varias muchachas que gritaban desconsoladas.
Aquel tipo corrió lo más rápido que pudo hacia la arboleda oscura, en sentido contrario a la masacre, sin mirar atrás y dominado por el miedo, olvidó el honor de defender a su familia y a aquellos que aguantaron la envestida de los soldados de Garnhea, dio más valor a su vida sabiendo que era una guerra perdida, así que tras unos tropiezos, llegó a la colina sin ser visto, miraba hacia atrás constantemente por si le seguían pero tuvo la suerte de los Dioses.
Él se llamaba Dido y era el hermano mayor de Décima, con casi cuarenta años a sus espaldas, era un hombre listo y habilidoso, no se llevaban demasiado bien, él tenía problemas con la bebida, algo que a Décima no le gustaba, pero era su hermano quisiera o no quisiera y debía de estar invitado. Dido, estuvo todo lo que duró la ceremonia bebiendo y bailando con alguna que otra fulana, disfrutando del festejo como uno más y por suerte para él, bebió lo suficiente para saber lo que hacía y no cometer ni un error en su huida.
La jugada le salió intachable, ya se encontraba en lo alto de la colina observando la ciénaga desde lo alto, con la respiración sofocada, pudo presenciar como se aprovechaban de su hermana y se sintió incapaz de hacer nada, se sintió impotente y su cara reflejaba tristeza, porque a pesar de sus tantas discusiones, la quería. A sus padres no llegó a diferenciarlos entre tantos cuerpos moribundos y caballos desbocados, así que no quiso martirizarse más y salió huyendo al este de la colina.
Pero la suerte seguía de su parte, mientras corría como nunca había corrido, encontró entre los matorrales un caballo desorientado, estaba muy nervioso, supuso que habría escapado como él de aquella barbarie, relinchó un poco, estaba lleno de sangre pero sin ninguna herida aparente, Dido consiguió tranquilizarlo y se montó encima comenzando ir al trote para alejarse de aquel oscuro lugar.
La noche temblaba con la Luna llena en lo alto del cielo de testigo y Dido, aprovechó lo que iluminaba para guiarse y alejarse de la ciénaga. Recorrió unos metros más y tiró de las riendas hacia él, para frenar al caballo, esta parte quiso hacerla andando al ver que el peligro ya no existía y se había tranquilizado. El caballo seguía su paso, parecía que le agradecía haberle sacado de aquel lugar terrorífico, hasta que al doblar por unos alcornoques, vieron un gran muro con dos torreones, en cada una había una enorme hoguera en lo alto, comprobó que entre las almenas había bastantes guardias vigilando, aunque las risas se escuchaban en aquella noche silenciosa, aquellos soldados miraban más hacia el este y norte que hacia su posición, así que permanecía oculto entre aquellos árboles.
Ahora tendría que pensar que camino escoger, no podía permitir que lo encontraran, porque tendría que responder a muchas preguntas y no sabría como contestarlas.

Dido se encontraba en el Torreón de Hisn Gaviar, era un punto estratégico que tenía el Rey Baco, se encontraba entre la ciudad de Garnhea, la ciénaga de Aguas Secas y la ciudad costera de Radka, que se encontraba más al norte. En este último recordó que vivía su primo Rhonda, un comerciante como él y el único que podía aguantar sus borracheras.
Sabía que su único escollo para ir hacia allí era atravesar esta muralla llena de soldados, pero le daba miedo que supieran que escapó de la boda de su hermana y que igual alguno podría reconocerlo. Pensaba las múltiples posibilidades, pensaba en dejar al caballo o no, pensaba en rodear la muralla pero sería muy largo el camino y estaba muy cansado por lo acontecido.
La resaca comenzaba a llegar a su cabeza, parecía que tenía la música de la boda aun metida en su cabeza y sonaba como una flauta lejana, no sabía si era él o es que de verdad estaba escuchándose aquella melodía aguda. Dido muy extrañado y confuso, visualizó como los guardias de lo alto de las almenas, comenzaban a ponerse nerviosos, mirando todos hacia la misma dirección, dándoles la espalda a Dido que se mantenía oculto en la densa arboleda. El caballo se alteró un poco pero consiguió calmarlo rápidamente,
aquel sonido se acercaba a ellos pero Dido no podía diferenciar nada y de repente, apareció un haz de luz en una de las torres, seguido de un potente rayo guiado por mariposas de colores que volaban alrededor de ellos, Dido miraba fijamente las almenas y a los soldados que permanecían de espalda a él, por increíble que fuera quedaron todos en silencio, se habían quedado inmóvil y no veía ningún solo movimiento, se habían quedado paralizado por completo. Dido agachó rápidamente la cabeza alterándose su respiración, no sabía lo que había ocurrido, volvió a mirar y seguían parados, como si el tiempo se detuviera, como si hubieran quedado congelados. Dido volvió agacharse sin soltar las riendas del caballo, nunca había visto semejante fenómeno y le vino a la cabeza que sería su oportunidad de pasar por el Torreón de Hisn Gaviar sin ser descubierto, no sabía si le pasaría lo mismo que aquellos guardias pero se llenó de valor, agarró fuertemente las riendas y se subió de nuevo al caballo, la decisión ya estaba tomada...

#23

TÚNEL DE LOS STEWART.

La noche se les hicieron eternas a Iagan y Carwin, uno porque seguía maniatado sin poder moverse apenas, los nudos estaban muy bien hechos, aunque pusiera todo su empeño cuando se encontró solo, pero no logró soltarse, quizás le faltaba más experiencia en ese ámbito, ya que solamente llevaba tres años metido en la guardia real y le gustaba más la enseñanza de construcción de armas de asedio que otra cosa. Además durmió mal, apoyado en la pared y la cabeza pegada a un barril, más la inquietud, de que se le pasaría por la cabeza al hijo de Aalis, de hacer con él.
Carwin por el contrario, estuvo casi toda la noche escribiendo en su diario hasta que el sueño lo dominó...

Al rato despertó con la cabeza en la mesa, Carwin con los ojos pegados, se levantó de su silla de nea, se dirigió a beber agua, encendió algunas antorchas que se apagaron y abrió un poco la tabla de musgos para que entrará algo de aire, comprobando que había amanecido, allí dentro parecía que no pasaba el tiempo, mientras, Iagan lo observaba detenidamente.

El hijo de Aalis, tenía muchas dudas de cual sería el siguiente paso a tomar y lo solucionaba escribiendo sus pensamientos, pensaba que así descargaría todo lo que tiene en mente y podría relajarse. Una de las notas contaba, el extraño acontecimiento que le ocurrió ayer en Bosque Espeso, con aquella mujer que se le apareció fantasmagóricamente de la nada, haciendo desaparecer el cadáver del otro guardia, sabía que tendría que estar agradecido a ese espectro, por que le ayudó a deshacerse del cuerpo.

-¿Me soltarías si a vos le digo la verdad?- el silencio se rompió con la pregunta de Iagan, se encontraba agobiado y necesitaba buscar soluciones.
-Según que verdad...- respondió Carwin a la vez que repasaba lo que escribió y cogía su pluma para empezar a escribir.
-Me llamo Iagan por cierto- intentando ser amable.
-Tú ya sabes quién soy- respondió Carwin, estando a lo suyo.
-Bueno..., solo quiero volver a decirte que no tengo nada que ver con lo sucedido con tú madre, ni queríamos ir por los enanos, queríamos solo asustarlos pero no queríamos hacerles daño- Carwin seguía escribiendo como si no escuchara.
Iagan viendo que no le hacía caso, quiso entrar en detalles...
-Yo cumplía ordenes- elevó la voz, pero sin faltar el respeto- a mi compañero Neakail y a mí nos mandaron a montar la catapulta a la explanada de Bosque Espeso, el Rey Baco quería que lanzáramos piedras de fuego sobre la ciénaga, cuando comenzara a oscurecer.
-¿Para qué?- paró de escribir Carwin, estando más interesado en el asunto.
-Para estropear la boda del ebanista.
- y...¿porqué?- insistía Carwin.
-Se iba a casar con la ex Reina Décima y el Rey no permite que una mujer que estuvo casada anteriormente con él, volviera a casarse con ningún otro hombre.
-Tú Rey es asqueroso...
Hubo unos segundos de silencio, Iagan agachó la cabeza y continuó...
-Son las leyes y tenemos que acatarlas o si no nos ejecutan.
-O os expulsan como a mucha gente- Carwin se giro mirándolo- que las echa a patadas como si fueran basura.
Volvió el silencio por un instante hasta que Carwin le entró ganas de hablar.
-¿Por que no me lo has contado antes?
-Porque antes era un soldado del Rey, a estas horas seré un desertor, nadie ha lanzado la catapulta y vendrán a por mí, no escucharan mis plegarias y me mataran, no perdonan estas acciones.- cogió aire y siguió con la mirada atenta de Carwin- así que te pediría que me liberases o que me matases, ¡ pero hazlo!, porque ya no podré volver a la ciudad...

Carwin creyó por primera vez a Iagan, tenía al lado del tintero un bote con el cabello de su madre, lo agarró y lo besó como pidiéndole que le diera toda la fuerza y la suerte del mundo y lo volvió a dejar en su sitio luego se levantó y se dirigió al guardia y comenzó a quitarle los nudos que le aprisionaban, Iagan no despegaba la mirada de él y soltó un suspiro de alivio, al sentirse liberado...

#24

Era bien entrada la madrugada cuando los dos soldados montados a caballo y sus antorchas encendidas, llegaron a la explanada de Bosque Espeso para investigar porque no se lanzó aquellos proyectiles recubiertos de fuego al anochecer, como tenían ordenados, iban mandado por su superior, el primer caballero de Garnhea, Victorino, la mano derecha del Rey Baco, que aunque estuviera oscuro, deberían volver con alguna respuesta.

Ni por asomo supieron, que para llegar donde estaba situada la catapulta, habían pasado por encima del túnel de Carwin, ni que allí estaba su compañero prisionero, además la oscuridad mandaba y tenían que aligerar el trote.

Estando en el mirador, veían a una distancia considerable, puntitos de fuego, poniéndose los dos de acuerdo que serían los candeleros encendidos de la boda, también observaron el arma de asedio de arriba a bajo, comprobaron que faltaban cuerdas y palos que finalizara aquella construcción. Se dieron cuenta, que todo lo que faltaba estaba amotinado en la carreta que permanecía apoyada por el tiro en el suelo.
Analizaron la zona de cabo a rabo en busca de pistas a la vez que hablaban de las ganas de comerse un buen jabalí. Uno de ellos sacó un terrón de azúcar para calmar su ansia, miraban y miraban, acercando las antorchas al suelo, pero nada de nada.
Ya, cansados de toda la noche y de buscar sin encontrar respuestas, decidieron en acampar allí mismo y que al alba, con más luminosidad, seguirían con la búsqueda...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Apenas lo e podido leer es que andaba ocupado pero ya estoy al corriente 😉😁

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Jeje no te preocupes @Don_Diego , lo bueno de escribir es que si no se borra, permanece permanentemente escrito.


#25

TORREÓN DE HISN GAVIAR

La misma noche que Carwin e Iagan permanecían en el túnel y otros dos soldados estaban en la explanada de Bosque Espeso, en busca de pistas alrededor de la catapulta...Dido, el hermano de Décima, después de huir de la masacre de la ciénaga de Aguas Secas, se quedó sorprendido y entusiasmado cuando comprobó que los soldados del Torreón de Hisn Gaviar se habían quedado totalmente paralizados. Permanecía sorprendido, nunca había visto nada igual y entusiasmado porque tenía una gran oportunidad de pasar por allí sin ser visto, así que montó en el caballo y comenzó a trotar muy lento pero sin frenarse, tampoco quería pararse para averiguar lo que sucedía.
Pasó por debajo de las almenas muy lentamente, en silencio, con el cuello torcido mirando hacia arriba, hasta que los mismos muros dejaron que pudiera visualizar si algún soldado se movía. Frente a él, ya se encontraba el patio de armas, algunos soldados quedaron paralizados en pleno entrenamiento, los que mantenían la guardia aquella noche, uno de ellos portaba un arco con la flecha a punto de salir disparada hacia la diana que tenía en frente suya, otros mantenían la mano en alto, señalando algo en el cielo, Dido siguió ese dedo, pero las estrellas en el firmamento era lo único que se veía en ese momento y siguió con su trote pausado, intentaba tranquilizar al caballo por si le daba por hacer algún ruido fuera de lo normal y despertaba a los soldados que seguían en forma de estatua. Se encontraba muy nervioso mirando a todos los lados, solo las llamas daban algo de vida a aquel lugar, pensaba si estarían muertos o si sería algún hechizo de alguna bruja, pero ahora mismo no era de su incumbencia, quería salir de allí cuanto antes.

Al fin consiguió salir de aquellas murallas, estaba muy contrariado, pero se quedó tranquilo al volver estar dentro de aquella arboleda oscura, ya tenía el camino libre para su destino y comenzó a galopar pensando que podría haber aprovechado la parálisis de los guardias para poder coger algún arma, ya que estaba exento de ellas, pero estuvo tan asustado que ni se le pasó por la cabeza al atravesar el Torreón de Hisn Gaviar.

Pasaron un par de horas y Dido permanecía dormido en lo alto del caballo, cuando comenzaba el Sol a salir de su escondrijo, el hermano de Décima cayó rendido, abrazado a este, dejando que el equino mandara en la ruta, hasta que frenó su trote, estaba muy cansado después de estar toda la noche trotando de un lado a otro, así que no pudo más y vio un pequeño manantial que le vino bien para calmar su sed. El sonido al beber y el movimiento de sus patas delanteras, como queriendo hacer un agujero en la tierra, hicieron que se despertara Dido apoyando sus manos sobre su lomo.
Despertó sin saber donde se encontraba y vio con buenos ojos echar un trago de aquel manantial, una la puso en forma de cucharro y se animó a beber.

Aquel descanso les vino bien a los dos, Dido quiso dejar en paz un rato al caballo e intentó buscar a su alrededor algo que echarse a la boca, estaba hambriento y suponía que su acompañante también lo estaría, pero el equino tenía allí todos los arbustos y hierbas que quisiera así que solo se centró en él.
Después de un rato merodeando por allí, a una distancia moderada, observó una inmensa granja, al parecer tranquila, los animales pastaban a sus anchas y el gallo dio su canto de las seis y media de la mañana, no se veía a nadie, supuso que a esas horas aún dormían y su estomago que hacía de las suyas, hizo animarle a buscar algo de alimento, lo necesitaba.
Se decidió a acercarse sigilosamente, el ganado ni se alteraba a su presencia, menos mal se decía, su intención era coger algo de comer y marcharse, no quería molestar.
Así que su primera idea era acercarse al corral que estaba justo pegado en el lateral de aquella granja enorme, desde allí seguía viendo a su caballo, que ahora le dio por tumbarse en la hojarasca. Dido ya pensaba en los huevos que se iba a comer para desayunar cuando iba a abrir la cancela, al lado suya, había un poste clavado en la tierra y en lo alto, un nido de pájaro hecho de madera, no le dio más importancia. La mayoría de las gallinas se juntaron y empezaron a corretear cuando Dido entró, algunas gallinas tenía que apartarlas con la pierna, eran buenas se decía, solo le imponía un gallo con una gran cresta roja, pero siguió con su idea.
Llevaba tres huevos en cada mano al salir del corral, cerró la cancela muy suavemente sin hacer apenas ruido, las gallinas volvieron a tranquilizarse y Dido ya iba de vuelta al lugar donde se encontraba el caballo, solamente paró sus andares al mirar de nuevo el poste donde se encontraba el nido de madera, cerciorándose que se había posado una paloma blanca con algo en su pico, antes no estaba, le pudo la curiosidad, así que dejó los huevos en la hierba muy cuidadosamente y se acercó al ave, se notaba que estaba acostumbrada a los humanos, permaneciendo inmóvil, hasta que Dido le sacó un trozo de papel que portaba y se puso a leerlo...

"VAN DE CAMINO PARA TU GRANJA, EL GANADO DE LA BRUJA AALIS, YA FALLECIDA...
UN CORDIAL SALUDO"
Firmado: anónimo..."


#26

CIUDAD DE GARNHEA

Los ciudadanos de Garnhea llevaban días inquietos, los rumores corrían por las angostas calles rápidamente y las diferentes opiniones se sucedían. Algunos estaban a favor de la muerte de la bruja Aalis, otros pedían que la encerraran y que cumpliera una buena condena, otros simplemente, no les importaba que viviera o no, simplemente no creían en sus profecías y mientras no les afectara, tampoco se iban a molestar en ir a por ella, además traía buenos venados al mercado y para algunos era suficiente para que viviera.
El siguiente rumor era el que más en silencio se guardaba, todos sabían que Décima fue en su día Reina, pero también sabían que había algo sospechoso con el ebanista, el castillo del Rey Baco es grande pero no para tanto tresillo, mesas y estanterías, algunas veces ella, repetía pedido y se suponía que sería para que ellos volvieran a verse. Pero los campesinos no querían hablar de ese tema, ni los trovadores con sus arpas se atrevían a cantarlas, les daban miedo que algún guardia escuchara sus cánticos, criticas o sus risas burlándose de que el Rey no pudo tener hijos con ella, además toda mujer que estuviera casada con él, no podría volver a casarse con ningún otro hombre y Décima estaba poniendo su vida en juego, a pesar de que los más allegados le recomendaban que dejara esa relación. Todo esos temas rondaban por la cabeza de los ciudadanos, solamente en las tabernas y a altas horas de la noche, algún borracho se soltaba de la lengua más de la cuenta y allí aparecía Ziyad, un mendigo solitario de treinta y ocho años de edad, siempre desaliñado, con sus harapos sucios y repitiendo su vestimenta un día tras otro, olía que espantaba hasta las moscas. Lo poco que le daban se lo gastaba en aguamiel y todas las noches terminaba hasta altas horas de la madrugada con alguna copa de más.
Ziyad vivía de las sobras del Reino y aquella noche, el tabernero no le dejó ni entrar, ya estaba cansado de que echara a sus clientes con su mal tono y sus pintas que no agradaban a nadie y lo expulsó amenazándolo de que algún día lo mandaran a Cuevas Bajas donde están los trastornados como él.
A Ziyad no le importaba lo que les dijeran, era una persona con carácter fuerte a pesar de la ignorancia de los demás, pero aquella noche no estaba del todo ebrio y llevaba varias lunas sin comer, vagabundeando por las callejuelas oscuras, pensaba a quién podría despertar para que le diera aunque sea una pieza de pan. Se puso a cantar en el silencio de la noche, un silencio fuera de lo común, estaba siendo una noche extraña en la ciudad, no había ni guardias patrullando como de costumbre y pidiéndole que se callase y que tuviera un poco de respeto por esos gritos sin ritmo a estas altas horas de la madrugada.
Ziyad, al ver que allí no se asomaba nadie, ni le ayudaban a calmar su hambriento estomago decidió salir de Garnhea gritando injurias, menospreciando a la ciudad y a todos los que la habitan, ya le daba igual todo aunque quedó en silencio al llegar frente al rastrillo que lo separaba del exterior y no le dio tiempo a pedirle al guardia que la abriera, cuando vio que bajaba el puente levadizo y el mismo rastrillo se levantaba. Ziyad comprobó como entraban por la barbacana una ristra de soldados a caballo, comandado por el primer caballero, Victorino y su segundo, Monroe, adentrándose en la ciudad, Ziyad se mantuvo a un lado para esquivarlos yendo en dirección contraria a ellos, pasando por el puente de costado intentando evitar que algún caballo lo pisara, no le echaron mucha cuenta, por no decir ninguna, así que salió de la ciudad sin problemas.

Consiguió alejarse de la ciudad siendo vigilado por la Luna llena en aquel cielo impoluto, comenzó a subir una colina maldiciendo al tabernero, al Rey y a todos los que no le prestaron ayuda esa noche, hasta que un ruido entre la maleza lo alertó. No tenía mucha visibilidad entre aquellos grandes alcornoques pero si que pudo diferenciar a un cervatillo desorientado comiendo entre unas rocas, Ziyad enmudeció y puso postura de ataque aunque no tenía arco, ni lanza ni nada con que poder cazarlo, solamente una bandolera vieja portaba, que solía utilizar cuando un alma caritativa le daba algo.
Sigilosamente, buscó la mejor zona para ir acercándose al animal que seguía pastando, los ojos brillantes del vivíparo le marcaban su posición y cuando se posicionó a una altura razonable se abalanzó rápidamente cayendo al suelo a la vez que huía el pequeño cervatillo, Ziyad volvió a levantarse con agilidad, se sacudió sus sucios harapos y se puso a correr tras él subiendo la colina, llegó a la cima, divisó el movimiento de matorrales y empezó a bajar la misma colina pero por el otro lado, esquivando los árboles muy descoordinado, el cervatillo fue mucho más rápido hasta que su sed le hizo pararse en una ciénaga, rodeados de cabezas, brazos, cuerpos muertos y sangre por todos los lados. Ziyad quedó perplejo parándose en seco, le impactó ver tantos cadáveres juntos, amotinados, unos encima del otro, "menuda barbarie" rondaba por su cabeza. Comenzó a caminar muy despacio, arrancó de cuajo un candelero que permanecía clavado en la tierra y aún mantenía su llama, empezó acercarla a los cuerpos inertes comprobando que algunas de esas personas les sonaban de algo, otros eran guardias del Reino pero eran menos los que fallecieron. Comprendió de donde venían aquella ristra de caballos que entraban a Garnhea, venían de aniquilar a estas personas.

Estos días atrás había escuchado que el Rey Baco tenía algo grande preparado para la boda de su ex esposa Décima, pero Ziyad nunca llegó a imaginarse aquella escena tan grotesca, era estremecedor lo que estaba presenciando. Madre con su hijo atravesados por una espada, cabezas que tuvo que apartar con su pierna para ver como un soldado no tenía rostro de los golpes que le habrían dado con una robusta piedra, cuerpos estancados y flotando en aquellas aguas que ahora estaban rojizas por la sangre que se desprendió, le entró el pánico, miedo, pudor y se puso a vomitar de la impresión.
Ziyad se olvidó por completo del cervatillo y este de él, huyendo y perdiéndose por la oscuridad de la noche entre la arboleda.

Pero el estomago le volvió advertir que existía, así que se acercó a una mesa que estaba partía en pedazos, allí había carne y frutos esparcidos por el suelo y sin perder de vista a los cadáveres, pidió perdón por los alimentos que estaba recogiendo, sería pecado pero no iba a dejar que cualquier animal carroñero se aprovechara, así que se excusó de esa forma.
Después de alimentarse y beber de alguna bota de vino, Ziyad se animó a registrar cadáveres, también era pecado pero para que viniera otro y se lo llevara todo, para eso lo cogía él que estaba muy necesitado, también se excusó de esa forma.
Saqueó todo lo que pudo, llenando su bandolera de todo el oro que encontró entre los muertos, también cogió una espada de uno de los soldados que padecieron y se colocó hasta su cinturón para poder reposar la dicha espada, levantaba la cabeza de vez en cuando para vigilar que nadie lo viera, estaba nervioso pero poco a poco pensaba que estaba teniendo suerte para su supervivencia.
Después de un buen rato y pedir perdón a los Dioses por lo que había robado, Ziyad decidió no volver a la ciudad, sabía que aparecer por Garnhea con toda esas monedas y una buena espada harían dudar a los campesinos y a los soldados, seguramente se lo quitarían, ya que está mal visto coger las pertenencias de los muertos, los estaba escuchando en su cabeza, "anoche estabas hambriento y sediento y ahora por la mañana eres rico, ¿Quién se lo cree?", así que corrió hacia la colina perdiéndose en la arboleda y dirigiéndose a Bosque Espeso...

Haltrotaku1
Rango5 Nivel 23
hace 8 meses

Sin opinión, nada más disfruto la lectura :D


#27

CUEVAS BAJAS.

"Todo aquel que nazca con una debilidad física, una mala formación mental, que presenten conductas incoherentes contra el Reino o invoquen seres y adviertan de profecías inoportunas, utilizando algún tipo de magia negra, hechizo o cualquier otro elemento, cautivando el miedo en nuestra querida ciudad, serán expulsados del Reino de Garnhea.
Estando prohibida su permanencia, tampoco seremos benevolentes con acercamientos al Reino, así que si son atrapados cerca del dicho reinado, serán ejecutados sin compasión..."

LEYES DE GARNHEA.
FIRMADO: VUESTRO REY BACO.

Cuevas Bajas se creó por los desperdicios de la ciudad de Garnhea, la inhumanidad del padre del nuevo Rey, lo mantiene ahora, su hijo Baco con honor.

Los que hoy son personas mayores y pudieron huir de ese Reino maldito, cuentan las atrocidades que sufrieron en su día a los más jóvenes, cuentan que huyeron buscando libertad, que los soldados advertían que los expulsarían, pero si huían rápido claro, por que si no, aprovechaban la noche para ir a descuartizarlos. A algunos los separaron de sus familias sin importarles nada, padres y madres rogaban al antiguo Rey de que se harían cargo de ellos, que no serían estorbo para el Reino, pero ese Rey, decía que les dolía sus ojos al verlos, que su Reino debía ser hermoso y no plagado de manchas negras creadas por el mismo demonio, que la gente se asustaba y quería una ciudad feliz...
Algunos padres se sentían atrapados, trabajaban para el Rey y no les dejaban marcharse, tenían un deber que cumplir, así que sus hijos eran expulsados a su suerte. Otros, por el contrario, consiguieron huir de esas garras escondiéndose por las sombras, con sus bebés en brazos, algunos eran cazados y quemados por el camino, otros encontraron la libertad, aunque fueron pocos. Un día, el antiguo Rey, cayó enfermo de una enfermedad rara, estuvo años y años sin acordarse de lo que hizo, postrado en una cama, comiendo y bebiendo como si fuera un niño pequeño, su hijo, el ahora Rey Baco, siendo muy joven y apenado por la situación grave en la que se encontraba su padre, se le metió en la cabeza que lo habían hechizado las brujas y que los enanos, que aprovecharon la enfermedad del Rey para volver a Garnhea a por sus seres queridos, pensaba que estaban planeando reconquistar la ciudad promovido por una enana revolucionaria que iba convenciendo a los campesinos a que huyeran de aquel terror. Iba creciendo la estampida de los ciudadanos y Garnhea decaía, hasta que murió el padre de Baco y así se hizo con el trono, empezó a reunir en el gran salón a todos los soldados y fieles seguidores de su padre planeando un plan perfecto, lo primero que pidió el ahora Rey Baco, con tan solo diecinueve años por entonces, que capturaran a esa enana, viva, hasta sus pies, que jurara lealtad al Reino y así su alma sería perdonada. Así lo hicieron, los campesinos que estaban muy asustados por el despliegue de tropas en la ciudad, no tuvieron reparo en delatarla a cambio de sus vidas y de su familia, hasta que al final la capturaron.
Al día siguiente, el Rey Baco quiso montar un gran espectáculo en la Gran Plaza de la ciudad, iba a ser coronado oficialmente como Rey y quería hacer algo grande, con la enana Chise, que por entonces tendría casi cuarenta años, metida en los calabozos recibiendo palizas por parte de los guardias.
El Rey Baco Invitó a todos lo que quisieran a asistir a su proclamación, -será algo único y espectacular- decía. Llenó la plaza de trovadores cantando y alabando a su persona, contrató a los dos mejores gladiadores a que lucharan, pero esta vez ninguno de los dos morirían, ganándose a la gente que estaba en contra de que muriera personas en la arena, hicieron espectáculos de cetrería, los niños se divertían con los titiriteros y sus maravillosas marionetas, había comida por doquier, todo era alegría, hasta que llegó la hora y el nuevo Rey salió a lo alto del escenario, preparado a su gusto, levantaba los brazos entusiasmado, los campesinos, nobles y todos los que por allí rondaban, nombraban su nombre con júbilo, era su día y quiso culminarlo. Dos guardias traían encadenada a la enana Chise a espaldas del Rey, él ni la miró, seguía con los brazos levantado animando a la muchedumbre, hasta que comenzó a decir sus palabras y la ciudad enmudeció para escucharlo.

"HOY ESTAMOS AQUÍ POR VARIOS MOTIVOS, EL PRIMERO, PARA HONRAR LA MUERTE DE MI PADRE, QUE LOS DIOSES SE APIADEN DE ÉL.- todo el gentío repitió estas ultimas palabras-.
EL SEGUNDO MOTIVO POR LO QUE OS HE REUNIDO, ES PARA DECIROS QUE SERÉ VUESTRO REY"- todo el mundo gritaba su nombre con alegría- " ¿QUERÉIS VIVIR ASÍ?- todos gritaban un "sí" rotundo, ¿QUERÉIS VIVIR COMO NUNCA HABÉIS VIVIDO?- de nuevo el "sí" hacía temblar la plaza- PUES SI QUERÉIS VIVIR ASÍ ME TENDRÉIS QUE GUARDAR UN RESPETO ABSOLUTO, OBEDECIENDO MIS ORDENES Y NO DEJANDO OS LLEVAR POR NECIOS QUE PROMUEVEN EL MAL- ahí giró por primera vez su cabeza para mirar a la enana Chise, estando abatida por las innumerables palizas que recibió en los calabozos- ASÍ QUE AQUÍ OS TRAIGO UN EJEMPLO, DE UN SER QUE POSEE EL DEMONIO EN SU INTERIOR Y BLASFEMA EN CONTRA DEL REINO, ESCONDIÉNDOSE COMO RATA ENTRE LA OSCURIDAD DE LA NOCHE- todos permanecían en silencio y expectante de lo que podía suceder- ASÍ PUES- sacando una pequeña daga de su cinturón de cuero y acercándose a la enana Chise, bien sujeta por los brazos de dos fornidos guardias- TODO AQUEL QUE INFRINJA LA LEY Y VAYA EN CONTRA DE NUESTRO REINO, SERÁ CONDENADO SEGÚN ME TERCIE, ELLA, POR IR CONTANDO MENTIRAS Y CALAMIDADES E IMPONER EL TERROR CON SUS FALSAS PALABRAS Y SUS INCOHERENTES PROMESAS, LE DOY SU CASTIGO, EXPULSÁNDOTE DE ESTA SAGRADA CIUDAD Y PARA QUE NO VUELVAS A HABLAR CON LA VOZ DEL DIABLO, ME QUEDARÉ CON SU LENGUA..."
En ese momento algunos giraron la cabeza para no verlo, otros quedaron boquiabiertos, otros animaban a que la mataran, mientras Chise, gritó como pudo de dolor, desplomándose sobre el escenario, viendo como el nuevo Rey alzaba sus brazos de victoria, con su lengua llena de sangre, en una de sus manos...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Jaja ja ja risa macabrona 😈. Soy malo como la carne de marrano. Porque a mi me gustan este tipo de historias sigue man sigue SIGUE!!!!

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Jaja muchas gracias @Don_Diego por tus ánimos, me da mucha alegría que lo vayas leyendo.

Haltrotaku1
Rango5 Nivel 23
hace 8 meses

Que sociedad tan inflexible D:

Que gran forma de mostrar un poco más del contexto en el que viven los habitantes de este mundo :D

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Muchísimas gracias @Haltrotaku1 por leerme, pretendo que el lector consiga ver cada parte de este mundo que e inventado. Me siento muy feliz que estés leyendo mi historias. Repito, muchísimas gracias.


#28

Los buenos tiempos llegaban a Cuevas Bajas, es un pueblo pintoresco, donde se excavaron sus casas dentro de las grandes rocas de la montaña aunque, antes que ellos se asentaran, ya estaban formadas cuevas naturales con pinturas rupestre de los antiguos antepasados, estás cuevas son aislantes del calor en verano y del frío en el duro y largo invierno.
Aquí todo el mundo se respetaba y compartían todo el venado que se cazaba, la cosecha, las pieles, todo... Aquí todos aportaban algo aunque tuvieran problemas físicos, porque los ponían a coser buenos abrigos de piel de lobo o de oveja, según si tenían más cantidad de uno o del otro. Estaba perfectamente organizado por su Reina Chise, Reina porque todos estuvieron de acuerdo, aunque no hablara, todos la respetaban como si fueran hijos suyos, además tenía su fiel escudero Dvergar para traducirle así, que no existía problemas para saber lo que quería en cada momento.
Ella fue de las pocas supervivientes del malvado Rey Baco, en su momento quiso venganza pero ahora, sabiendo que había creado un lugar de paz, no quería poner en riesgo la vida de sus paisanos, aunque en su cabeza permanecía el cruel recuerdo de cuando le cortaron la lengua en aquel festejo macabro.

Los cazadores volvieron al pueblo con las piezas conseguidas después de una intensa mañana de caza, los niños se bañaban en las cristalinas aguas del Barranco de Charádra, había una enorme cascada y dentro de ella podías entrar en una hermosa gruta donde la tenían preparada de velas y antorchas encendidas, había piedras pequeñas donde los niños pasaban el rato dibujando en las paredes o simplemente saltaban atravesando la cascada y cayendo en forma de caracol a las limpias aguas del barranco.

Gaerl, el joven enano sin armas, que partió hace dos días con Claudio, Dvergar, la Reina Chise y su padre Kurin a averiguar que sucedía en la cabaña de los Stewart, era el que se encargaba del cuidado de los niños, todavía tenía dieciséis años y ni su padre ni la Reina le permitían portar armas, él estaba ansioso por llevarlas, se aburría mucho yendo detrás de los mocosos estos y tenía muchas ganas de aventura, por eso se lo llevó su padre el otro día, para calmar sus ganas de luchar.
Gaerl, permanecía al margen de los niños aunque también estaba metido en el barranco, con los brazos extendidos sobre una roca y el agua que le llegaba por el ombligo, se relajaba y los vigilaba a una distancia razonable, veía como jugaban a saltar de la cascada y salpicar lo máximo posible a sus compañeros, Gaerl decía que se aburría con ellos, pero se le escapaba una sonrisa de vez en cuando al verlos disfrutar.

A espaldas de Gaerl, llegaba una mujer con un vestido marrón, un delantal blanco y un pañuelo por la cabeza del mismo color, avisó a todos los pequeños que era la hora de comer, que ya habían llegado los cazadores con sus presas. Todos salieron como un resorte, uno salió de la gruta de un salto enorme, otro salía detrás de un matorral, la mayoría salían del agua, dejando charcos alrededor de la misma, en un santiamén el barranco quedó completamente vacío y Gaerl aprovechó para cerrar los ojos y dejarse llevar por el sonido de la naturaleza.
Todavía faltaba un niño que pintaba dentro de la gruta, se lanzó al agua, salió de la misma y se puso sus pequeños harapos corriendo, no quería perderse lo que habían traído los cazadores para llenar su pequeño estomago. Gaerl soltó una leve sonrisa, se sentía responsable de aquellos niños, aunque ya le gustaría que lo trataran como un hombre, aunque la altura no le acompañara.
Volvió a cerrar los ojos, metió la cabeza dentro del agua aguantando la respiración todo lo que pudo, ahora si que se sentía en paz, la hora de la comida era su momento, ya comería algo después, pensaba...
Metido dentro de su propio mundo, perdido en sus pensamientos, escuchó dentro de la gruta unos ruidos, se extrañó bastante, creía que todos los niños estarían comiendo de aquel rico venado, pero no fue así, pensaba. Comenzó a llamar por sus nombres, uno a uno a los niños que tenía a su cargo pero no escuchaba respuesta, a la vez que esos ruidos aumentaban haciendo eco dentro de la gruta y mezclándose con el sonido de la cascada.
Gaerl se acercó a nado muy despacio a la misma, metió la cabeza dentro de aquella lluvia espesa que caía de lo alto de la montaña, la atravesó observando dentro de la gruta. No vio a nadie, pero las aguas comenzaron a hacer cosas extrañas, de repente el agua de la cascada no llegaba a mojar su cabeza, empezaba a meterse dentro de la gruta, como si la absorbiera esta, el agua circulaba pegada a las paredes de la cueva, haciendo círculos en forma de torbellino, apagando todas las velas y antorchas que dentro reposaban. Gaerl sorprendido, se animó a entrar para averiguar que es lo que sucedía, la gruta se volvió oscura, solo la claridad del exterior iluminaba algo, hasta que aquellas aguas frenaron su ímpetu por llenar la gruta y las aguas que permanecían dentro se amotinaron en el centro de la misma formando una silueta de mujer, tenía una larga cabellera totalmente mojada, ocultando los pelos su rostro y comenzó a llamar por su nombre al enano, era una voz misteriosa, pausada, con un tono tranquilizador, aunque con Gaerl no lo conseguía. Las aguas rodeaban aquella figura a sus espaldas, formando un circulo enorme...
-Hola Gaerl, pequeño y gran hombre- comenzó aquel ente con tono bajo que casi ni se escuchaba, tratando de darle conversación.
-¿Quién eres?- Gaerl respondió muy asustado y sorprendido de aquella aparición.
-Soy Ivania, soy el Hada del Agua y vengo para darte una misión, una misión que solo los valientes como tú, lo pueden afrontar- siguió aquella mujer fantasmagórica, con una voz suave y melancólica.
-¿Estoy soñando?- preguntó Gaerl con un tono incrédulo, creyendo que aún estaría con la cabeza debajo del agua del barranco, porque estaba viviendo algo increíble para él.
-No, Gaerl, hoy es el día de que vos se convierta en un guerrero, hoy debes de cambiar tú vida por completo y dejar de ser un simple niñero- esa voz misteriosa mantenía el tono, con las aguas que la rodeaban con más velocidad, como si se estuviera formando un agujero negro de la nada.
-Pensaba que solo existías en los cuentos que suelo leerle a los niños- siguió Gaerl, más tranquilo y con la curiosidad a flor de piel.
Ella empezó a reír a la vez que volvió a entrar agua, desestabilizando al enano...
-Quiero ver si estás preparado para enfrentarte a los enemigos de estas tierras sagradas, quiero comprobar si puedo confiar en vos, los Dioses te tienen preparado una gran recompensa si consigues con éxito sus propósitos, eres el elegido Gaerl...
-Pero, ¿Qué queréis de mí?, no tengo armas ni nada, encima mi padre y la Reina Chise se enfadarían conmigo, dicen que no estoy preparado- le respondió Gaerl un poco cabizbajo.
-Tranquilo Gaerl, los Dioses te acompañaran en tus pasos, además será fácil conseguirlo y más para un guerrero tan valiente como tú.
El Hada del Agua permanecía flotando dentro de aquella gruta, moviendo los brazos de forma ondulada, Gaerl comenzaba a desesperarse...
-¿Pero que quieres que haga?- insistió levantando el tono.
-¿Lo ves?, tienes la sangre caliente en tú alma..., pero tranquilo muchacho, es fácil, solamente queremos que vayas a la Granja de Ianna y traigas para tú pueblo el ganado que va de camino hacia allí- siempre manteniendo el mismo tono.
-¿Quieres que robe un ganado?- preguntó Gaerl muy extrañado.
-Si, pero no es un ganado cualquiera, es el ganado de Aalis, la mujer que mataron en su cabaña, ¿recuerdas...?, estuviste con su hijo hace poco tiempo-
-¡¿Carwin...?!- se dijo a sí mismo agachando la cabeza, pensando sobre aquellas palabras.
-Ese ganado fue robado injustamente por unos vándalos y robar a quién ha robado no es pecado- insistió aquella hada.
-¿Y si no lo consigo?, ¿iré solo?, ¿y si me matan por el camino?- levantó la cabeza de nuevo, convenciéndose de aquella hazaña.
-Si Gaerl, debes de ir solo, seguro que lo conseguirás y si te niegas no sabrás cual será tú recompensa...
Concluyó aquella Hada, comenzando a ceder y a salir el agua de la gruta bruscamente, Gaerl se dio la vuelta tapándose la cara y protegiéndose, aquella figura empezó a desaparecer a la vez que la corriente empujaba a Gaerl hacia el exterior, no aguantaba la fuerza del agua y naufragó atravesando la cascada y cayendo al fondo del barranco. Mantuvo la respiración y se puso a bucear hasta llegar a la orilla y allí salió a la superficie, estornudando y expulsando toda el agua que había tragado, miró hacia atrás, con todo el pelo tapándole los ojos y vio el entorno como siempre, como si no hubiera pasado nada y se puso a cavilar aquellas palabras que le dijo esa Hada misteriosa. Gaerl se quedó como poseído y perplejo, estuvo un rato pensando, se sentía esclavo de sus palabras y le daba la razón en que no quería ser un simple niñero. Salió del barranco y fue a por su ropaje que lo tenía en lo alto de una roca, todavía quedó más sorprendido aún, al ver que sus harapos se habían convertido en una impecable armadura de cuero, lo que era un palo simple de madera se había convertido en una brillante espada y tan afilada que hacía sangrar al viento, miró de nuevo a la cascada y se convenció de que aquello no había sido un sueño...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Esta genial, la historia @carlos1983 ya me voi visualizando como todos se iran encontrando, de como todos tienen que, de una manera u otra recorrer el mismo camino sea de hacer venganza, mision o simplemente su destino.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Muchas gracias amigo por leerme una vez más


#29

TÚNEL DE LOS STEWART.

"Los Dioses tienen la grandeza de purificar el alma, también tienen la grandeza de convertir a tú enemigo en aliado..."

Carwin permanecía escribiendo en su diario bajo una vela a medias, Iagan estaba sentado en una silla de nea, pelando y comiéndose una manzana roja y muy jugosa.
Los dos permanecían escondidos, uno por miedo a que los campesinos que mataron a su madre volvieran para hacerle lo mismo a él, el otro, porque sabía que le estarían buscando los soldados de Garnhea por desertor, por no haber lanzado las piedras recubiertas de fuego sobre la Ciénaga de Aguas Secas. Ahora, sin quererlo, tendrían que estar unidos para poder sobrevivir...

Carwin estaba distraído, escribiendo sus pensamientos, mientras Iagan también pensaba, pero prefirió romper el silencio...
-Disculpe Carwin, pero algún día se nos acabará las provisiones y tendremos que salir de aquí, no sé lo que vos pensáis, pero me gustaría saberlo...
-Deja de hablar con la boca llena- apartó la mirada del libro para mirarlo desafiante haciéndole que parara de masticar como un animal- una venganza no se escribe en un día- continuó Carwin, volviendo la mirada al papel.

Hubo varios minutos de silencio, Carwin seguía escribiendo su posible venganza e Iagan pensativo, se animó a levantarse de la silla de nea, dejando lo que le quedaba de manzana, dejando un pequeño cuchillo sobre la mesa y poniéndose a espaldas de él.
-Yo no soy quién para decirle a vos lo que debe de hacer, pero quiero que sepas una cosa, como ya le dije, no fue cosa nuestra que mataran a su madre, el Rey Baco puede ser lo que vos queráis que sea, pero esta vez le presionó el pueblo, llegaron una noche al gran salón del castillo, artesanos, bufones, comerciantes y comenzaron a presionarlo para que le dieran vía libre para aquella matanza, no sé si lo sabrás...pero uno de los guardias que iba a compraros carnes, era mandado por el mismo Rey, le gustaba vuestro venado, decía que era la mejor del Reino y le gustaba la manera como la preparabais, así que era suficiente motivo para él, para dejaros con vida a vos y a su madre. Pero si tenía que elegir entre dos carniceros y media ciudad, se decantó por esta última, sabes que él vive del pueblo y no puede decepcionarles, así que creo, que debes de temer al pueblo más que a los guardias, al contrario de lo que me pasa a mí, me juzgaran por traidor y por no haber cumplido las ordenes del Rey y más, si me ven contigo.- Iagan volvió a sentarse en la silla de nea agachando la cabeza.
-¿Como sabes eso?- ahora sí, Carwin dejó de escribir, preguntándole con mucho interés sobre el asunto.
-Mi trabajo no es solo montar catapultas y armas de asedio, dentro del castillo mi trabajo es pasarme horas y horas en lo alto de una torre, con un nido de palomas mensajeras mandando y recibiendo información del todo el Reino de Garnhea, me entero de muchas cosas...-manteniendo la mirada en una antorcha encendida.
-¡¿Entonces el Rey no quería matarnos?!- preguntó al aire Carwin, sin buscar una respuesta inmediata.
-No Carwin, los temas de la plebe, son para la plebe, pero para ganarse apoyos en el consejo y que el pueblo este contento por sus decisiones, se dejó llevar.
-¿Sabíais decirnos que personas nos atacaron?- insistió Carwin.
-¿Para qué Carwin?, no podremos los dos solos.
-PUES TIENE QUE HABER UNA MANERA- se levantó del escritorio enfadado y gritando, sin perder la vista en Iagan- NO PUEDO QUEDARME PARADO DESPUÉS DE VER COMO ARRASAN CON MIS TIERRAS, LAS TIERRAS DE MIS PADRES, ¿ENTIENDES?, NO PUEDO DEJAR PASAR, COMO INCENDIARON MÍ CASA Y A MÍ MADRE EN UNA CHIMENEA, ¡NO PUEDO IAGAN!, aunque me cueste la vida, ¿entiendes?-bajando de nuevo el tono de voz- no puedo permitir que todo mí ganado, días y días trabajando para la mejor leche, para le mejores pieles, los mejores venados del Reino, dejándome la vida en ellos, lleguen unos miserables y lo destrocen todo, ¡TODO IAGAN, TODOOOO!- volvió Carwin a alterarse mientras Iagan cambió el semblante dudando y le contestó...
-¿Su ganado dices?- preguntó con cara de esperanza.
-¡Si, arrasaron con todo y ¿QUE TENGO?, UN AGUJERO MUGRIENTO QUE EN CUALQUIER MOMENTO NOS ENTERRARÁN VIVO...- volvió a alterarse Carwin, pero esta vez se sentó en el escritorio poniendo una mano en su frente, quedándose muy desanimado y triste.

Iagan se levantó medio sonriente, cogió una copa de barro y se la llenó de vino, comprobó lo perjudicado que estaba Carwin por todo lo acontecido y continuó...Algo tenía que decirle...

-¿Sabes Carwin?, no han matado a su ganado- a la vez que se acercó y le puso la copa de vino en la mesa, haciendo que Carwin levantara la cabeza, quedándose sorprendido y esperando a que siguiera hablando. Iagan mientras, con semblante de que la conversación terminaría bien, se llenó otra copa y a la vez que la llenaba prosiguió...
-Le dije que al Rey le gustaba vuestro venado... ¿no?- llenándose la copa con la jarra- pues solo pidió un favor a esos miserables como vos decís, pidió que no mataran al ganado - dándole el primer sorbo a la copa de vino- antes de marchar para construir la catapulta, estando en la torre, llegó uno de los consejeros del Rey Baco y me pidió que mandara este mensaje a la Granja de Ianna, esta por cierto, es hija del mismo Rey Baco y al parecer estaba teniendo problemas con su ganado, su granja es la que distribuye los alimentos a Garnhea y Radka, ¿vos lo sabíais...?.
-Continua...¿Qué ponía en el mensaje?- impaciente Carwin por saber más.
-Ponía..., directamente a su hija..., que buscara a un pastor experimentado y que fuera a recoger vuestro ganado a Bosque Espeso y que se los quedara en la granja, para aumentar la producción del Reino, también ponía en el mensaje, que el pastor debería de ir, con dos palomas mensajeras para mandar el mensaje al Rey y a su hija Ianna de que estaba con el ganado, que iba todo bien y que iba de camino sin problemas, que si necesitaba guardias para protegerlos que se los mandaba.

Carwin se quedó perplejo, quería a su ganado como a sus hijos, tanto tiempo dedicado a ellos que no podía dejarlos escapar.

-Púes lo dicho...-siguió Iagan- que sus ovejas, sus cabras, vacas, bueyes, caballos y gallinas, están a salvo.

Carwin sin perder la mirada en Iagan, soltó una mueca de alegría, se miraron entendiéndose por primera vez, Carwin se levantó del escritorio, agarró la copa de vino y se acercó a su nuevo compañero...
-¡¿Iagan...?!, iremos a la Granja de Ianna, a por mi ganado...- brindando los dos a la vez, Iagan sabía que debía hacer algo y creyó que era la mejor opción, antes que enfrentarse al Reino, los dos solos...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Pues que decir... Que esto me lo imaginaba xP


#30

BOSQUE ESPESO

El mendigo Ziyad llegó a Bosque Espeso, se encontraba muy cansado y decidió sentarse entre unos helechos, apoyando su espalda sobre una encina. Se sintió seguro y con la bandolera de monedas de oro en las manos se puso a contarlas, ya no recordaba o no quería acordarse de que los obtuvo registrando a los cadáveres de la Ciénaga de Aguas Secas, era un magnifico botín que no podía dejar escapar y solo pensaba en ello, era lo único que le rondaba por su cabeza, pensaba que le valdría para subsistir bastantes meses, incluso años. Pensaba en que los días de mendigar se habían acabado, que compraría unas tierras y las llenaría de ganado, contrataría a las mozuelas más bellas del Reino para que lo complacieran. Ziyad se imaginaba siendo el más feliz del mundo, soñaba despierto con una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja, pensaba que los que se reían de él, ahora vendrían con el rabo entre las piernas pidiéndole ayuda.

Seguía contando ansioso, agradecía a los Dioses de que su destino fuera ese, pero cuanto más ilusionado y más metido en su pompa se encontraba, escuchó una carreta a paso de caballos que llegaban a su posición.
Ziyad se puso a recoger nervioso todas las monedas de oro que tenía esparcidas por el suelo, la carreta se acercaba a trote lento, era doblar una curva llena de encinas con bellotas desparramadas por la tierra y ya los vería, -no me va a dar tiempo a recoger todas las monedas- se decía Ziyad.

El ansia por tener grandeza, hizo que se quedara al descubierto, permaneciendo de rodillas Ziyad recogía lo más rápido posible las últimas monedas hasta que lo descubrieron, los guardias empezaron a tirar de las riendas a los caballos para frenarlos y pararon a un metro de él.
En las carretas traían muchos maderos y cuerdas, en lo alto del todo posaba la cazoleta donde debían de alojarse los proyectiles para lanzarlos. Aquellos guardias venían de buscar a sus compañeros en la explanada de Bosque Espeso, junto al mirador, mandados por el primer caballero de Garnhea, Victorino, fueron para buscar una explicación de porque no se lanzó aquella catapulta al anochecer como tenían previsto y regresaban sin ninguna explicación. -Quizás podía tenerla este mendigo...-pensaron los dos guardias que permanecían montados en la carreta...

-¿Que haces aquí viejo asqueroso?- preguntó uno de los guardias a Ziyad, este permanecía como un perro apoyado en el suelo, con la bolsa de monedas y oro desparramado por su alrededor.
-Vine a dar una vuelta al bosque- contestó Ziyad con mucho nerviosismo y sin levantar la cabeza.

Los dos guardias rieron a carcajadas...
-¿A dar una vuelta al bosque?, si tus mejores vueltas son en la taberna y en las cloacas y de las cloacas a la taberna- con un tono burlesco seguían riéndose de él.
Ziyad permanecía en silencio cuando uno de los guardias se decidió a bajar de la carreta, Ziyad seguía en la misma postura.
-¿A ver que tienes ahí viejo borracho?- Sacó su espada del cinturón mientras se acercaba a Ziyad, este se escurrió un poco como intentando tapar el botín que llevaba.
Pero con la punta del mandoble separó las manos de Ziyad que permanecía agachado, se sentía impotente por no poder hacer nada, sabía que aquellos dos tipos no tendrían compasión con él, así que se quedaron al descubierto las monedas de oro dejando todas sus ganancias a la visibilidad de los guardias.

-Pero mira que tenemos aquí...- con tono de superioridad continuaba uno de los guardias, teniendo a Ziyad a sus pies, comprobó lo que escondía, se le abrieron los ojos de par en par al ver tantas monedas de oro, animando a su compañero a que bajara de la carreta para que pudiera ver más de cerca todo ese botín, los guardias se sorprendieron bastante, era imposible que un mendigo desaliñado y con los harapos destrozados tuviera tanto dinero en su poder.

-Es mío Señor- con voz temblorosa habló Ziyad, sabiendo perfectamente que sus sueños se estaban esfumando.

Uno de los guardias se agachó poniendo su cara frente a la de Ziyad, este no se atrevía a mirar, el guardia cogió una moneda de oro y comenzó a observarla, seguidamente miró hacia atrás buscando la mirada cómplice de su compañero de batalla. Cambiaron el semblante de burla a serios y por sus cabezas rondaba la posibilidad de que alguien habría pagado a este mendigo, a cambio de que se deshiciera de los dos guardias que tenían que lanzar la catapulta en la ciénaga. El guardia que permanecía de pie, empujó con su bota derecha a la cabeza de Ziyad, desplazándolo hacia atrás, el guardia que permanecía agachado cogió la bandolera y empezó a recoger las monedas que quedaban por el suelo. El que le empujó despreciándolo, seguía dándoles pequeñas patadas a la vez que le preguntaba...

-¿Quién te ha pagado?.
- Nadie Señor- Ziyad iba como un cangrejo hacia atrás a la vez que recibía los golpes.
-Repito, ¿Qui én te ha pa ga do?- se lo repitió más lentamente, alzando a su vez el mandoble con intención de arrebatarle la vida. Sus cejas se habían juntado que parecía que entraba en sus ojos.
-Nadie Señor os lo juro- Ziyad tembloroso y arrastras pensaba en su fin.

Uno de los soldados terminó de meter las monedas de oro en la bandolera, el otro, disgustado por no escuchar la respuesta que quería, levantó con una mano a Ziyad de los hombros y lo lanzó hacia un tronco a la vez que pegaba su mandoble al cuello.

-No te lo voy a repetir más veces viejo asqueroso, borracho de las cloacas, ¿Dónde están los dos guardias que montaban la catapulta?- volvió a insistir el guardia con los ojos que parecían que salían de su órbita, con los dientes pegados, los de arriba con los de abajo, con toda la rabia que un hombre podría tener.
-No sé de que me hablas Señor, os lo juro- con el cuello hacia atrás permanecía Ziyad acorralado.
Seguidamente el guardia le propinó un puñetazo en toda la boca del estomago haciendo que Ziyad se retorciera de dolor.
-Córtale una oreja, verá como habla- dijo el otro guardia con tono de desprecio a dos metros de distancia de ellos.
-¿Quieres que te corte a trocitos hasta que me digas la verdad? ¿QUIERES?- apretando de nuevo con su mandoble en la faringe de Ziyad.

Volvieron a tirarle al suelo, entre los dos soldados comenzaron a darle una paliza a aquel pobre mendigo, Ziyad ya tenía la cara empapada de sangre. El soldado que portaba la bandolera con todo el oro, se tiró encima de él teniéndolo a su merced, situándolo debajo él, se le había metido en la cabeza lo de cortarle una oreja y a ello iba.
Ziyad no sabía de lo que le hablaban, pensó que estuvo a la hora y en el momento menos indicado y que los Dioses le habían abandonado, pero no fue así del todo, de repente, sintiendo la hoja afilada de aquella espada como comenzaba a rajar su oreja, se escuchó un grito...
-¡QUIETOS!

Los dos guardias que se ensañaban con Ziyad, giraron su cabeza a la vez hacia atrás, hacia la carreta, viendo a dos tipos de pie que aparecieron de la nada, uno portaba un mandoble y una armadura igual que ellos, el otro, llevaba también un mandoble, pero por el cinturón reposaba una daga y le cruzaba por el cuerpo una bandolera que se notaba que llevaba un libro...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Muy buena, la llegada de los heroes. O mejor dicho el vengador y el traidor.


#31

Los dos guardias se sorprendieron al ver a los dos tipos aquellos, aunque uno de ellos, su cara les era familiar, el guardia que permanecía en lo alto de Ziyad se levantó soltando al mendigo, que estaba destrozado por las palizas recibida y cayó muy abatido en la hojarasca.

-¡¿Iagan?!- dijo seguidamente al incorporarse uno de los guardias.
-¿Que hacéis?- continuó Iagan al ver que lo reconocieron.
-Llevamos un par de días en su búsqueda, ¿Qué te ha pasado?, ¿Por qué no montasteis la catapulta y la lanzasteis sobre la ciénaga?- el otro guardia mantenía su mandoble sin fiarse.
-Me salió un imprevisto- respondió tranquilamente Iagan bajo la atenta mirada de Carwin.
-¿Sabes que te tenemos que llevar arrestado no?, has desobedecido las ordenes del Rey Baco.
Iagan miró a Carwin con una sonrisa travesera y volvió a mirar a aquellos guardias. Esos guardias también se miraron mutuamente, uno de ellos parecía saber más sobre aquellos tipos y le susurro a su compañero.
-Creo que el que está al lado de Iagan es el hijo de la bruja, lo he reconocido porque solía ir a su puesto en el mercado, para comprarle el venado para el Rey- le dijo con voz misteriosa, sin enterarse ni Iagan ni Carwin de lo que se decían. Seguidamente el guardia que recibió esa noticia de su compañero continuó riéndose a carcajadas...
-Vaya, vaya, vaya...- acercándose el guardia a Carwin e Iagan con el mandoble haciendo malabares, dando vueltas sobre su mano.
-No te acerques mas- dijo Carwin levantando un poco más su mandoble.

El guardia paró de caminar y siguió con su tono prepotente.
-Pero que tenemos aquí, un desertor del Reino y el hijo de una bruja...
-No llames bruja a mí madre- a Carwin lo estaban cabreando.
-¿Te ha dado pena el hijo de la bruja, Iagan?- insistía aquel soldado.
-¡NO LLA MES BRUJA A MI MA DRE!- el enfurecimiento crecía en Carwin, mientras Iagan estaba preparado para el ataque, sabía que debía defender a Carwin, si le cogían aquellos tipos lo llevarían con el Rey Baco y lo ejecutarían.
-Porque no os marcháis y le decís a vuestro Rey que no habéis visto nada- siguió con la conversación Iagan.
-¿Creéis Iagan, que vamos a volver a Garnhea con las manos vacías y sin dar ninguna explicación?- miraba a su compañero, con una sonrisa traidora, a la vez que este se preparaba para el ataque.

Los guardias creían que tenían toda la de ganar cuando sin esperárselo, a espaldas de ellos, Ziyad se levantó de la nada, con la cara recubierta de sangre, ladeándose de un lado para el otro de las heridas provocadas por ellos, recogió del suelo una robusta piedra y manteniéndola entre sus manos como pudo, se la estampó sobre la cabeza del guardia que portaba el oro, el mismo que permanecía a la retaguardia y más cercano a él, quedó fuera de combate al momento cayendo desplomado al suelo, Ziyad también se derrumbó, se sentía muy mareado, quedando fuera de sí, por lo menos le dio tiempo para su último esfuerzo.
El otro guardia giró rápidamente la cabeza para ver que ocurría y aprovecharon Carwin e Iagan para lanzarse sobre él, con un grito de guerra, se abalanzaron sobre el que les amenazaba constantemente, no le dio tiempo a este a defenderse, solamente, cuando retorció de nuevo la cabeza para ver lo que le venía encima, giró su brazo que llevaba la espada, rajando en el brazo a Iagan, gritando a su vez de dolor, pero Carwin no iba a dejar pasar esta oportunidad y le agarró de la cabeza, los caballos empezaron a relinchar asustados moviendo la carreta unos metros y Carwin con aquel soldado cayeron a la hojarasca, Carwin tenía la de ganar, hizo un movimiento rápido que hizo que cayera primero, pero con la cabeza entre sus brazos de aquel guardia y el mandoble aprisionando en su garganta, Iagan tapaba su herida del brazo derecho con el izquierdo, aquel soldado no dijo nada, se mantenía tumbado sobre las piernas de Carwin, poniendo cara de dolor al sentir la presión del mandoble en su cuello, Carwin teniéndolo bien sujeto, con cara de pocos amigos le dijo varias palabras en voz baja al oído...

-Quiero que vos os marchéis o si no te rajo el cuello, que dejéis todo lo que tengáis y que le digáis a vuestro pueblo que esperen mi venganza...

El soldado intentaba levantar la mirada para ver su gesto, pero Carwin se lo impedía, supo que no tenía nada que hacer con ellos, -habían ganado esta batalla pero no la guerra-pensaba el soldado, Iagan mientras, con un brazo desmantelaba al otro soldado abatido, Carwin le quitó el arma al guardia que tenía aprisionado, lanzándola a la posición de Iagan, este recogió el mandoble, se acercó al guardia que tenía impedido Carwin y pegó la punta de la espada a su barbilla para que pudiera levantarse Carwin, el soldado tenía, ahora sí, cara de indefenso, se levantó de la tierra con la mirada fija y amenazante de Carwin y el desertor de la catapulta, ya no podía hacer nada, solo hacerles caso si no quería perder la vida. Se acercó a su compañero que estaba moribundo y comenzó a darle palmaditas en la cara para que se despertara, se había llevado una buena pedrada en la cabeza pero aún vivía. Volvió a mirar atrás con mirada desencajada hacia Carwin e Iagan, que mantenían sus armas preparadas por si ocurría cualquier imprevisto, pero no fue así, el guardia consiguió al fin levantar a su compañero herido, le echó un brazo por el hombro y le ayudó a caminar, ya se iban alejando a paso muy lento, hasta que les perdieron de vista por la densa arboleda,

Carwin se tranquilizó al saber que podía confiar en Iagan y los dos se acercaron al mendigo que permanecía inconsciente, ahora Carwin, estaba más seguro que nunca de que su venganza había comenzado...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Los ecos del pasado resuenan en el presente hasta que te alcanzan...

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Mi lector número uno gracias por comentar cada cajs


#32

Entre Carwin e Iagan, levantaron el cuerpo herido e inconsciente de Ziyad, lo subieron a la carreta, a lo alto de los maderos, que debían de haber sido una gran catapulta para boicotear la boda del ebanista y la ex esposa del Rey, Décima.

Carwin cogió las riendas poniendo rumbo al túnel, así lo decidió, quería recuperar al mendigo, ahora sabía que necesitaba todas las manos posibles para su venganza y aquel tipo demostró, con su gran pedrada en la cabeza al guardia, que se podía confiar en él.
A Carwin le sonaba la cara de Ziyad, lo recuerda ir pidiendo por el mercado con un plato hecho de corcho, alguna vez que otra lo recuerda borracho y recibiendo insultos de los mercaderes intentando echarlo de allí. En parte, aquel mendigo le recordaba a su familia, ya que era despreciado como a ellos, lo que no entendía muy bien como se mantenía en la ciudad de Garnhea sin ser expulsado de la misma, supuso, que les daría pena o por lo menos eso quiso pensar.

Ya estaban cerca del túnel, el camino estaba siendo plácido, los caballos trotaban con tranquilidad por aquel sendero de Bosque Espeso.

Iagan no era como Carwin, no se guardaba lo que pensaba, comentó por el camino que quizás hicieron mal en dejar a aquellos guardias vivos, en breve, nada más que esos dos soldados llegaran heridos a Garnhea, sabrían todos ponerle cara y nombre al desertor de la ciénaga y que vendrían a por ellos. Carwin le contestaba, que no iban a ser como ellos de asesinos, que todo a su debido tiempo, además en el túnel estarían seguro y si tenían que esperar a que el revuelo se calmara, esperarían su momento. Iagan se quedó casi conforme pero insistía en que él mató a su compañero en la explanada, Carwin le contestó diciéndole que se encontraba solo, que con los dos no iba a poder, que no tenía alternativa, de todas formas le reprochó a Iagan que estaba vivo, que le podía haber matado igual, pero no quiso.

Así estuvieron un rato discutiendo pero en un tono reconciliador, sobre todo por Carwin que se sintió un poco liberado al saber, que sus animales de granja estaban vivos y que podrían recuperarlos tarde o temprano.

Mantuvieron el silencio mientras los caballos trotaban suavemente entre helechos y alcornoques, una jabalina salió de unas esparragueras con un par de jabatos, salieron huyendo a través de la arboleda al sentir la presencia de la carreta por el sendero.

Casi llegando al túnel, volvió a salir el tema de Ziyad, Iagan estaba muy hablador, le contaba a Carwin que alguna noche que otra se las pasaba gritando y cantando como si fuera un trovador, siempre con una copa de aguamiel de más, que alguna de esas noches acabó en los calabozos del castillo por disturbios en la vía publica, que no estaba muy convencido de que fuera un buen escudero, pero Carwin seguía de que toda mano de más sería bien hallada y que aquel mendigo tampoco tendría otra alternativa después de abrirle la cabeza en canal a un guardia.

Mientras conversaban Carwin e Iagan llegaron al túnel, apalancaron la carreta en el manzano, justo al lado de la tumba de Aalis, despojaron a los caballos de sus riendas y bajaron el cuerpo inconsciente de Ziyad para adentrarlo en su cueva secreta...

Tumbaron a Ziyad sobre la cama, hecha de pilones de pastizales, Carwin se encontraba seguro de sí mismo y abrió la alacena sacando unas plantas con hojas muy verdes y una flor de color amarillo, grande y brillante, su madre le decía que la caléndula ayudaba a limpiar y a cicatrizar las heridas, mientras Iagan seguía inquieto, le dolía el brazo derecho por la herida de aquella espada, pero era insignificante para él ahora mismo, a pesar de la insistencia de Carwin en curarlo, así que Iagan por su cuenta, decidió ir a tapar la carreta con hojas secas y ramajes todo lo mejor que pudo, luego cogió los caballos y los llevó por detrás de las ruinas de la casa de Carwin derrumbada, allí todavía se mantenía un muro de piedra que consiguió aguantar el incendio de la otra noche, pensó que allí estarían más oculto de todo aquel, que quisiera acercarse para averiguar donde estaban escondidos...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Ei, no se vale copiar. 😁😁😁

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Jajaja es que hoy es imposible poder escribir y te he cogido la idea si no le importa a usted?

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

la idea de poner CONTINUARÁ... a ver si se van a creer otra cosa jeje

Haltrotaku1
Rango5 Nivel 23
hace 7 meses

buenas @carlos1983 , hace tiempo que no he podido leer tus relatos y seguir la gran aventura de Carwin, una historia rica y entretenida como siempre :D.

Si quieres, puedes unirte nuestra comunidad de escritores, así mas gente puede leer tus relatos y tener opiniones activas.

https://discord.gg/rHYrBmS


#33

Comenzaba a abrir los ojos Ziyad, Carwin esperaba su despertar, mientras Iagan contaba en la mesa todas las monedas de oro que portaba el mendigo,

-¿Dónde estoy?- preguntó contrariado y desorientado Ziyad.
-No importa donde estés, ¿Te encuentras mejor?- habló con tono de amistad Carwin.
-Si, si... gracias, me duele un poco la cabeza pero pasable- continuó Ziyad poniéndose una mano en la frente.
-¿De dónde has sacado todas estas monedas, borracho?- alzó la voz Iagan con parte del botín entre sus manos y la mirada de desacuerdo de Carwin por haberle llamado borracho.
-Perdón, perdón ¡¿querido...?!- insistió Iagan.
-Ziyad, me llamo Ziyad- con tono cansado.
-...Querido Ziyad, que gran honor conocerle, ¿me puedes decir vos de dónde has sacado todas estas monedas de oro- dándole Iagan un tono de humor y sacando una leve sonrisa a Carwin.
-Púes...me lo encontré en la ciénaga, había muchas personas muertas, ¡Pero yo no las maté os lo juro!- exclamó levantando un poco la voz y sentándose sobre la cama- soy pobre y vi una gran oportunidad para mí- agachando la cabeza.

Iagan volvió a soltar las monedas sobre la mesa, haciendo un gesto de desaprobación, estaba mal visto saquear cadáveres en el Reino, pero Carwin quiso suavizar la situación y no quiso darle más importancia de la que tenía, sabían que mendigaba por Garnhea y que no tenía donde caerse muerto aquel tipo y vio normal que aprovechara esa oportunidad.

-Tranquilo, tranquilo...- le puso Carwin un brazo sobre el hombro a Ziyad- ¿Sabes pastorear?- con tono suave insistió Carwin.
-Me defiendo Señor- Ziyad levantó la cabeza muy extrañado mirando a los ojos de Carwin.
-Pues me sirves, vamos a ir a por mi ganado, me lo robaron y lo llevan de camino a la Granja de Ianna.

Ziyad seguía extrañado, pero en parte se sintió aliviado, sabía que aquellos dos hombres, le habían ayudado de esos dos guardias, mientras contaba su oro en Bosque Espeso, así que se convenció que no tendría otra cosa que hacer que unirse al plan, además no estaba acostumbrado, a que nadie contara con él para nada y se sintió valorado.

Después de varios minutos de silencio, Iagan con la cabeza agachada sobre la mesa y pensativo, soltó unas palabras atrayendo la atención de Carwin y el mendigo.

-Sería un buen momento ir a por el ganado cuando suenen las campanas, para que acudan al consejo, el Rey y sus progenitores de todo el Reino. Las palomas mensajeras avisaran en Radka, en el Torreón de Hisn Gaviar, incluso en la Granja de Ianna que deben ir todos los altos mandos, con sus escuadrones, tienen que reunirse en la ciudad de Garnhea para discutir sobre novedades del territorio, creo que puede ser nuestra oportunidad, quizás tengamos más tranquilo el camino.

Carwin lo miró atentamente y Ziyad miraba a los dos a la vez, todavía se sentía desubicado. Carwin valoró positivamente esa idea e invitó a Ziyad y a Iagan a que cogieran fuerzas, por que su destino no había hecho nada más que comenzar a escribirse...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Ya quiero ver la pelea por el ganado 😁 pues no creo que se lo den a carwin por las buenas.


#34

RADKA

El pueblo costero del Reino de Garnhea, Radka, ubicado a orillas del inmenso Mar Aequor.
Comandado por Wynda, "el Rey del martillo de acero", así solían llamarle por estos lugares.
Hijo del Rey Baco y hermano de Ianna.
El Rey de Garnhea tenía la costumbre, de dar sus más valiosos territorios a sus hijos, que los reinaran ellos, en vez de dárselo a un fiel caballero, que ha hecho méritos más que suficiente en el campo de batalla, algunos estaban en contra de estas decisiones, pero se lo callaban.
Radka, disponía de unos cinco mil soldados para luchar por tierra y mar, tenían los mejores barcos, se creaban buenas hachas y espadas, tenían artificieros encargados de la clasificación, el mantenimiento, el traslado, la carga y descarga de proyectiles, a sus ordenes, tenían casi cincuenta esclavos, que algún día llegaron con sus barcas a estas orillas y lo capturaron sin remordimientos, sin preguntar a lo que venían.
En este pueblo vivían del ganado, el algodón y del rico pescado que llevaban sus aguas.
También era un lugar donde la prostitución se veía normal, era un lugar de ensueño para algunos, para otros, era el vertedero del reinado.

Ya estaba oscureciendo cuando Dido, el hermano de la ex Reina Décima, matada en su propia boda, llegó a Radka, dejó atrás la Granja de Ianna en su caballo, dejó aquel mensaje extraño que mandaban el ganado de la bruja Aalis a la dicha granja, también se olvidaba por momentos, que se salvó por los pelos de aquella barbarie en la ciénaga y se lo agradecía a los Dioses.

Se mantuvo, tod0 lo oculto que pudo por aquellas llanuras, hasta llegar a la playa de Radka sin muchos problemas.
Encontró varias embarcaciones pequeñas, boca a bajo sobre la arena, llena de redes y algas, la orilla estaba repleta de piedras y conchas diminutas, algunos guardias se divisaban a lo lejos pero él no se encontraba a la vista de ellos.
Muy cerca de Dido, había unas grandes rocas, el mar estaba en calma y sus pequeñas olas chocaban levemente sobre ellas, la Luna ya cogía el sitio en lo alto del cielo y Dido decidió ocultar su caballo en un enorme hueco que había en aquellas formaciones hechas por la naturaleza, que con el paso del tiempo y esas olas, de insistir e insistir en enfrentarse a la roca, habían formado aquellas figuras producida por la salinización. Era el sitio perfecto.

En unas de las embarcaciones preparada para la pesca, encontró una cesta con verduras y pescado, arrastró unos diez metros esa llevable embarcación, pero no menos pesada, hasta situarse cerca de su equino oculto. Miró para todos los lados para cerciorarse de que nadie lo estaba viendo, pero permanecía todo muy tranquilo.
La oscuridad iba comiéndose al Mar Aequor, solo el reflejo de la Luna, en aquella marea suave y ondulada, daba algo de vida a la noche.

Dido se sentía tranquilo, le dio de comer y beber a su caballo y cuando terminaron de cenar, colocó la barca boca abajo apoyada contra una de las rocas, dejando un hueco para adentrarse, las olas no llegarían a su posición, mucho debería de subir la marea, así que por última vez, asomó la cabeza para asegurarse de que no había peligro a la vista, se acomodó en la arena e intentó coger el sueño.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Camaron que se duerme... Espero no pase, deve unirse a carwin quiera o no. Pienso yo..


#35

CUEVAS BAJAS

Después de que el Hada del Agua se le apareciera en el Barranco de Charádra, el joven enano Gaerl, permaneció toda la tarde probando su nueva espada brillante y su impoluta armadura de cuero en un risco, justo a las afueras del pueblo. Se enfrentaba a gigantes y a dragones producto de su imaginación, de sus ansias de ser un gran guerrero, perdió la noción del tiempo soñando con salvar a Cuevas Bajas de los enemigos más feroces.

Pensaba lo que le había sucedido y como explicárselo a su padre Kurin, pensaba como podría traer aquel ganado, le parecía una misión sencilla y si se le había aparecido esa Hada tan bella, sería por algo, sería por que los Dioses confiaban en él y él en ese momento se sentía preparado para todo.

Ya era de noche y Gaerl se dio bastante prisa para volver a Cuevas Bajas, sabía que ya se habría perdido la cena y que su padre le estaría buscando por los alrededores.
Pero para su sorpresa, el pueblo permanecía tranquilo, algunos hombres conversaban y reían alrededor de una hoguera, supuso que lo verían en aquel risco enfrentándose a sus enemigos imaginarios y no quisieron molestarlo, todos sabían que Gaerl, estaba ansioso por aventuras y demostrar toda su valía y quisieron respetar ese momento.

Así que llegó a su casa-cueva, silencioso, apartó una gran manta hecha de piel de oso colgada en el techo y entró escuchando el sonoro ronquido de su padre Kurin, a su lado, permanecía encendido un candelabro, dejado aposta para cuando regresara su hijo Gaerl no hiciera ruido al entrar, se notaba que estaba seguro y tranquilo de que volvería su hijo a su lecho tarde o temprano.

A la mañana siguiente, el joven Gaerl, quiso despertar a su padre bien temprano, estaba entusiasmado por la aparición y lo que después le pidió sobre el ganado aquella Hada, sabía que tenía que contárselo, se arrodilló sobre su cama y comenzó a llamarlo susurrando, a la vez que movía su cuerpo para que abriera los ojos, hasta que los abrió. El padre, permanecía adormilado pidiendo una explicación por aquella insistencia, tan al alba, y Gaerl le dio su explicación.

-Tengo que confesarle algo padre...- le habló Gaerl en un tono, para que no se enterara nadie.
-¿Que quieres hijo por los Dioses?- le preguntó Kurin enfadado por desvelarlo tan temprano.
-Ayer se me apareció en el barranco un Hada padre...- continuaba con una voz misteriosa.
-Las Hadas solo existen en las leyendas de los cuentos hijo- manteniéndose tumbado, se dio la vuelta en la cama, dándole la espalda a su hijo Gaerl.
-¡Si, padre, si!, si existen, yo lo vi...- volteando a su padre de nuevo para que lo mirara, luego prosiguió- me dijo que fuera a la Granja de Ianna a recoger el ganado que robaron a Carwin, que lo trajera al pueblo.

Con los ojos entre abiertos, se quedó fijamente mirándolo, sin decir nada su padre Kurin, con cara extrañada mientras Gaerl seguía intentando que lo creyera.

-Padre de verdad, se me apareció dentro de la cascada, me pidió que no se lo dijera a nadie, que era un secreto, pero debía contárselo a vos, para eso eres quién eres, cambió hasta mi vara por una espada brillante, mira esta es padre...- poniéndole el arma sobre sus brazos- y también me cambió por arte de magia mis harapos por esta armadura, ¡tócala padre, tócala!- Aumentando su duda Kurin, parpaba la armadura de cuero detenidamente hasta que aún, más enfadado, empezó a recriminarle.
-¿A quién le has robado esto hijo?- sacando las piernas de la cama en un movimiento rápido, despojándose de su manta.
-A nadie padre, créeme...- insistía Gaerl.
-No te lo voy a repetir hijo, devuelve la espada y la armadura a su dueño- lanzándola sobre el suelo de la cueva muy enfadado, a Gaerl se le escapó un grito de impotencia ya que no lo creía, a la vez que crecía su rabia.

El joven enano se levantó furioso, recriminándole a su padre Kurin por que no le hacía caso de lo que había visionado, diciéndole que no quería pasarse toda la vida cuidando niños, que era su oportunidad para demostrar a Cuevas Bajas todo lo que era capaz de hacer, quería enseñar al pueblo que estaba preparado para enfrentarse a su destino.

Su padre Kurin, por el contrario, al ver como se estaba comportando, dejó que se desahogara sin hacerle caso, dejó de discutir pensando a quién le podría haber robado aquellas armas mientras se puso a comer unas hojas que conseguían asentar su estomago a esas horas de la mañana. Gaerl seguía muy cabreado, gritándole desesperado, diciéndole que lo haría si o si por que así, querían los Dioses que lo hiciera, algunos habitantes despertaban con sus gritos de impotencia, Kurin seguía a lo suyo, hasta que se comió la ultima hoja que permanecía sobre su mesita y comenzó a toser, Gaerl se quedó mirando a su padre, ahora calló por un momento, dejando que su respiración acelerada siguiera con el enfado, Kurin cada vez tosía más angustiado, agachó la cabeza y ahora sí, hizo reaccionar a su hijo acercándose a su posición, volviéndose a poner de rodillas y dándole golpes en la espalda, su padre se ahogaba.
Gaerl lo tumbó sobre la cama de nuevo, daba saltos descontrolados encima de ella, su hijo corrió a por un botijo lleno de agua, le dio de beber pero lo expulsaba empapándose entero el pecho, nada lo aliviaba.
El joven enano, sin esperarlo y compungido, presenciaba como su padre se estaba ahogando con las dichosas hojas que siempre tomaba para desayunar, que a él no le gustaban por cierto.
Parecía que se iba calmando, pero no para bien, la respiración también cesaba, cesaba y cesaba hasta que dejó de respirar, su hijo empezó a llorar desconsolado, puso su cabeza sobre su pecho y comprobó que era demasiado tarde, maldijo a los Dioses mirando unas de las hojas que había expulsado de la boca en plena agonía, eran verdes cuando se las introdujo y ahora se habían convertido en rojizas, pensó que sería venenosa, pero eran las que siempre comía al despertar, sin llegar a entender nada de lo que ocurría, de repente, empezó a sonar en su cabeza una voz tenue, diciéndole que había desobedecido las ordenes de los Dioses, que no tenía que haberle dicho nada a su padre, que era una misión única y exclusiva para él y nadie podía entorpecer el camino, Gaerl, rodeado por sus lagrimas, gritó a los Dioses pidiendo una explicación sin encontrarla, miraba a su alrededor buscando aquella voz misteriosa que le susurraba que ahora era su oportunidad para huir, ahora que el pueblo aún no había despertado de su sueño,-¡que huyera, que huyera!-, insistía aquel eco, le decía que no lo creerían, que pensarían que habría matado a su padre y eso le hizo reaccionar, entre el dolor que sentía y toda la culpabilidad del mundo, hizo caso a aquellas voces, se puso su armadura de cuero y recogió del suelo su espada impoluta muy rápidamente y nervioso, miró por última vez a su padre con sollozo y salió de su cueva corriendo entre llantos, los habitantes de Cuevas Bajas aún se hacían los remolones en sus respectivas casas y aprovechó, con los primeros rayos de Sol, para alejarse, ahora comprobó de verdad, que no era un juego todo lo acontecido, que tendría que ir a por ese ganado sin negarse...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

La muerte no me la esperaba, muy bueno ya se acerca el clímax o al menos un poquito. je je


#36

Aquella mañana, permanecerá en la memoria del joven Gaerl hasta su muerte, huyendo desconsolado de algo que no había hecho, buscando un ganado que no era suyo, pero el destino decidió que escribiera una pagina para la historia o así quería creer. Sabía que debía de hacer caso a los Dioses, que tenían tanto poder, que consiguieron envenenar al padre para que actuara a sus deseos, sabía que no podía volver de momento a Cuevas Bajas, le culparían de lo sucedido, así que la mejor manera para recibir el perdón de su pueblo sería traer aquel ganado, pensaba que Carwin le perdonaría, lo veía un hombre bondadoso y seguramente preferiría que cuidaran de su ganado ellos antes que los que mataron a su madre Aalis.

Pasaron varias horas y el joven Gaerl, se adentraba en el Paso Helado, sin saber que es lo que podría encontrarse, aquel lugar era un conjunto de montañas empinadas, siempre cubierta de nieve en la cumbre, no solía llegar tan lejos, ni los cazadores, pero era la mejor alternativa, eligió ese camino escarpado y complicado para que nadie pudiera seguirle.
El sendero estaba rodeado de hierbas secas y rastrojos, los árboles con sus ramas picudas que parecían que querían atraparlo, los pájaros no se atrevían ni a cantar a su paso, permanecían ocultos.
El joven enano estaba muy asustado, a pesar de llevar consigo una buena espada y una buena armadura, miraba a todos los sitios como esperando a que se le apareciera algo o alguien de la nada, pensaba mil veces que quizás, si no le hubiera contado su misión impuesta por aquella Hada en el Barranco de Charádra a su padre Kurin, quizás viviera todavía, no tenía ni sed ni hambre, solo quería salir de aquel lugar cuanto antes.

En los Montes Vrontous, como llamaban a aquella cordillera nevada por donde pasaba, Gaerl iba recordando los cuentos y leyendas que contaban los más ancianos del pueblo, recuerda que siempre le advertían que eran unas montañas malditas, que nadie se atrevía a cruzarlas, pero Gaerl, con las prisas de escapar, se decidió finalmente por esa opción sin saber si sería la mejor.

Se iba tranquilizando a medida que andaba sin ningún altercado, quería ir a paso ligero hasta que las fuerzas le obligaran a pararse, pensaba que cuanto más rápido cruzara aquel sendero, antes lo dejaría atrás y más cerca estaría del ganado, además por allí sabía que cortaría camino, aunque fuera tenebroso.

Notaba más el frio a medida que iba subiendo, cuanto más subía, más rocas se cruzaban en su camino, ahora recordaba que a esas horas, estaría llevando a los niños al barranco, pero ya no podía dar marcha atrás.
El viento soplaba cada vez más fuerte, los árboles se iban doblando cada vez con más fuerza, los primeros copos de nieve hacían apto de presencia en aquel sendero, convirtiendo las inertes piedras grises en blancas, Gaerl seguía con su insistencia aunque el aire frio lo fuera frenando.

Con su brillante espada, iba cortando las afiladas ramas que se interponían en su camino, el viento cada vez era más insoportable, la visibilidad era cada vez más escasa a medida que daba un paso, la nieve espesa hacía que se le pusieran los bellos de punta, el agobio aumentaba tanto que no pudo más, dejando caer su espada al suelo, cubriéndose la cara con las dos manos mientras la ventisca lo aguardaba. De repente, oyó caer un árbol detrás de él, miró para atrás rezando que aquello parara, pero seguía con más fuerza presionándole, aquella ventisca lo desplazaba hasta que se percató, con los ojos achinados por el golpe del viento en el rostro que le daba, que a su derecha había un saliente que formaba una gran roca, se refugió como pudo, allí podía resguardarse sin que la nieve lo helara, se acurrucó viendo como los pinos se tambaleaban, parecía el fin del mundo, era su locura jamás vivida, ya dudaba si saldría de esta situación.

Gaerl, con la cabeza entre las rodillas y los brazos rodeando sus piernas se dio cuenta que se iba formando un torbellino por el sendero en el que caminaba, se animó a gritar a los cuatro vientos -¿QUE QUERÉIS DE MÍ?- sin conseguir una respuesta, manteniéndose en esa angustia permanente y volvió a repetir aquella pregunta en voz baja y sollozando, aquel lugar era el infierno más cruel, hasta que pareció que le habían escuchado y toda la ventisca paró su estampida de repente, se formó una espesa neblina que iba cubriendo los pinos que ahora permanecían tiesos, Gaerl levantó un poco la cabeza, pensando que lo peor había pasado hasta que aquella niebla comenzó a expandirse dejándose ver una silueta con una larga capa negra que iba acercándose a la roca donde se resguardaba, cada vez estaba más cerca, su sombra se palpaba en aquel blanco ambiente. Gaerl abrió los ojos de par en par, sorprendido y dubitativo de quién sería el que caminaba por estos lugares.
Aquella silueta llevaba en las manos unos guantes negros que agarraban un gran palo, Gaerl se puso en pie alzando la espada, dudando si sería capaz de utilizarla, con sus manos temblorosas por el nerviosismo que le entró por dentro de todo el cuerpo.
El joven enano ya veía su capucha negra que cubría su cabellera y medio rostro, supo que era una mujer y más cuando escuchó su voz dulce y misteriosa a la vez.

-¿Que haces por mis tierras, pequeño enano?- expulsó de su boca un vapor de aire frio y desagradable al hablar.
-Voy de paso mi Señora, solo de paso se lo aseguro...- intentado convencerla de que no pasaba por allí para nada más.

Aquella misteriosa mujer, comenzó a reír a carcajada, tanto, que hacía temblar los sentidos del joven Gaerl que volvió a presenciar como se formaba otro torbellino alrededor de ella.

-Pequeño enano, si vos queréis atravesar el Paso Helado, tendréis que pagar un precio...- la voz venía precedida de un eco siniestro que hacía que le doliera los oídos a Gaerl.

Al joven enano le temblaba el pulso y comenzó a pedirle clemencia, se estaba dando cuenta que no estaba preparado para enfrentarse a ningún ser, que no era tan guerrero como pensaba a las afueras de su humilde morada.

-Acércate joven enano, acércate, no tengas miedo- aquella mujer le hacía el gesto de que se pusiera a sus pies, con sus guantes negros inmaculados atrayéndolo.
Gaerl no dijo ni una sola palabra, pasó su brazo por su frente sin parpadear, viendo como aquella misteriosa silueta le pedía que sé acercarse, Gaerl se sentía inferior y pensó que tendría que obedecerla.
Aquel torbellino volvió a las andadas a medida que se acercaba a ella, empezó a caer la lluvia a caños cuando aquella silueta misteriosa volvía a alzar la voz...

-Te voy a dar dos opciones, pequeño intruso...- Gaerl permanecía con la cabeza levantada mirando a su rostro fijamente y con cara de que se acabase esta situación cuanto antes, ahora rondaba por su cabeza volver por donde había venido, pero la veía con demasiado poder y seguramente no lo dejaría escapar.

-¡Unaaa….!- gritó aquella mujer dejando impaciente a Gaerl y con las primeras lagrimas en los ojos- ser inmortal, reviviendo a tu padre Kurin y ¡Doooos….!-alzando de nuevo la voz, expulsando todo el vapor de su boca- buscar la espada de fuego que hay en Cueva de Crack y seré tu bella esposa para toda la vida...Tú decides pequeño enano, tú decides que camino tomar...

-


#37

El joven Gaerl vio una luz de esperanza en aquella locura en la que estaba inmerso, se quedó anonadado pensando en las opciones que le ofreció aquella misteriosa Dama.

Sus propósitos fueron escuchados a duras penas pero entendió perfectamente las palabras que le interesaron más, "revivir a su padre", era el pensamiento que brotaba con más fuerza en su cabeza.

El pequeño enano nunca había besado a una chica, su obsesión era ser un gran guerrero y por eso, todo su tiempo libre lo pasaba practicando diferentes maneras de luchar, pensaba que ya llegaría su momento de casarse cuando demostrara su valía a alguna doncella, por eso, la opción de quedarse con esa misteriosa mujer, salida de la nieve, de por vida, la descartaba por completo.
También pensaba que si sería una trampa, así que esa decisión se la borró de la mente al instante, si era un engaño todo aquello, preferiría arriesgarse eligiendo que resucitaran a su padre y poder verle de nuevo, además ser inmortal, era algo que solía soñar constantemente, pensaba que tendría tiempo suficiente para demostrar que no era un cobarde como algunos pensaban.

No tenía mucho tiempo para pensárselo, cada segundo que pasaba, la tempestad de nieve y viento aumentaba, así que gritó con todas sus fuerzas a esa figura que se mantenía suspendida en aquella neblina densa, le dijo que la decisión estaba tomada, que se decantaría por revivir a su padre Kurin, el temporal inmediatamente aminoró al escuchar su respuesta, los pinos volvieron a su estado natural, los copos de nieve ya caídos, mantuvieron una sabana blanca en el sendero, mientras Gaerl recogió su espada antes que quedara oculta por esta, la silueta de aquella mujer iba desapareciendo a medida que decía sus últimas palabras...

-¡COMO DAMA DE LA VENTISCA, PEQUEÑO ENANO, TÚ DECISIÓN ES MI DECISIÓN, VOS DECIDISTE SER INMORTAL...- a la vez, que el entorno que permanecía blanco de la nieve, empezó a convertirse en verde de las hierbas silvestres que allí nacían.

Aquella silueta casi desfigurada, hizo su última aparición, siendo una hermosa mujer, parecía una princesa, la mujer más bella que Gaerl había visto en su vida quedándose asombrado por completo...

-...PUES INMORTAL SERÁS!- cambiando el tono de voz, a la más dulce voz que jamás ha escuchado el pequeño enano.

-¡TÚ PADRE VOLVERÁ A RESPIRAR EL AIRE FRESCO DE LAS MONTAÑAS, PERO COMO A VOS OS DIJE..., TODO TIENE UN PRECIO..., SOLO TUS OJOS MIRARAN, SOLO TÚ MENTE DECIDIRÁ PERO NO PODRÁS ANDAR, SERÁS INMORTAL, PERO SIENDO ESTATUA DE HIELO LO COMPROBARAS...!

Cuando Gaerl creía que volvería a ver a su padre Kurin, cuando creía que podría abrazarlo, cuando creía que podría volver a Cuevas Bajas sin miedo, cuando pensaba en aquel sueño..., sus pies empezaron a congelarse sin poder moverlos, iba subiendo aquel frio por sus cortas piernas, a su vez, una ilusión óptica en el aire, le mostró como su padre volvía a abrir los ojos y se levantaba aturdido de su lecho, intentó llamarlo pero no pudo, su vapor al hablar también se quedó congelado, volvió a intentar mover algún pie pero le fue imposible, se había convertido en una estatua de hielo, solo sus pupilas dilatadas podían moverse, solo su mente pensaba a sus anchas, a su libre albedrío, en el momento que la llamada Dama de la Ventisca, se esfumaba sin dejar rastro alguno, Gaerl quedó paralizado entre aquel saliente, con su espada fija en la mano sin poder rajar los cascotes de hielo, todo el sendero volvió a ser como antes, el Sol lucía como nunca y Gaerl no podía ni gritar, ni hablar, se convirtió en un ser inerte pero con sentimientos, buscaba respuestas sin encontrarlas, solo rondaba por su mente que al ser inmortal, estaría así para siempre...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Ya no me gusta tanto la idea de ser inmortal...


#38

PUERTO DE RADKA.

A primera hora de la mañana, a orillas del Mar Aequor, iban llegando a la playa las primeras embarcaciones con todas las piezas que habían pescado entre sus redes durante la noche.
Los campesinos sin trabajo, con bocas que alimentar, eran los primeros en llegar a las lonjas, buscaban que algún noble capitán les diera algunas monedas por ayudarles a desembarcar la mercancía, la mayoría de estos oficiales traían esclavos con ellos, eran más baratos y rendían más, así que algunos campesinos tenían más suerte que otros, siempre dependían de como hubiera ido la pesca y que los lideres de sus navíos no tuvieran suficiente con los mencionados esclavos.

En las lonjas se reunían todas las clases sociales de todos los lugares del Reino de Garnhea, a los comerciantes les valía para hacer sus transacciones y negocios, la aglomeración de personas, les venía bien a los ladrones que intentaban robar con sigilo todo lo que podían, pero no lo tenían tan fácil, hace poco, el Príncipe de Radka, Wynda, hijo del Rey Baco, ordenó a sus guardias que mantuvieran la vigilancia extrema en aquella zona, que no tuvieran piedad con los que quisieran saltarse las normas del Reino, así que solo los más osados y los menos reconocidos del lugar, se atrevían a tal hazaña.

Aquel lugar ya parecía una feria, los compradores a gritos, apostaban por un gran pez espada, otros, se disgustaban por perder aquel atún de 33 kilos, sonaban los latigazos de los capitanes a sus esclavos sin compasión, se escuchaban risas, trovadores dando ritmo a la mañana... Motivo por el cual, Dido, despertó debajo de aquella barca, le costó coger el sueño, estuvo pensando durante aquella madrugada, la suerte que había tenido.
También recordó, que no era muy querido por sus parientes o eso pensaba, aunque nunca le faltó un plato de comida ni ninguna moneda para emborracharse, así que no pudo evitar tener nostalgia al pensar en ellos.
Antes de dormirse recordó, como su hermana Décima, cuando pertenecía al Rey Baco,
le insistía en que fuera un hombre ejemplar, que se aprendiera el protocolo de bienvenida, que besara la mano al Rey y que jurara su lealtad, algo que a Dido siempre le disgustaba, no quería depender de nadie, aunque un día cedió, llevando en el cuerpo algunos aguamieles de más, el Rey no lo podía ni ver y era bien conocido por el lugar sus típicos desplantes al Reino.

Dido no creía en los Dioses, pero iba confiando en ellos cada vez más, después de haber sobrevivido a la masacre de la Ciénaga de Aguas Secas y a pesar de que su familia falleciera.
También comenzaba a creer, después de lo que le ocurrió en el Torreón de Hisn Gaviar, quedando todos los soldados paralizados sin saber cual fue el motivo, así que se lo achacó a esa magia divina que todos alardeaban que tenían, y por supuesto, por encontrarse aquel caballo que le hizo el camino más ameno, de momento, la suerte le sonreía...

El hermano de Décima se mantenía escondido debajo de la barcaza, un poco retirado del gentío, pero escuchaba perfectamente el sonoro jolgorio que se había montado en aquella orilla, se acordó que tenía al caballo atado entre unas rocas, así que se animó a levantar un poco la embarcación para asomarse y comprobar que seguía donde lo dejó.
Dido se percató, que las personas que llegaban a caballo, al ver al suyo allí amarrado, también se animaron a hacer lo mismo, juntándose una gran caballería con algunos mozos de los Señores Feudales, pendientes a sus equinos y charlando entre ellos.

Dido tuvo su época que era famoso en el Reino por ser el hermano de quién era, sabía que tendría que tener cuidado al salir de su escondrijo y que no le reconocieran, así que contó hasta tres para decidirse a mostrar su rostro al exterior. Cuando se convenció y se atrevió, notó como su barca se hundía dándose cuenta que dos tipos se apoyaron sobre la embarcación y comenzaron a conversar entre ellos, ahora solo les veía el calzado que llevaban y sus respectivas sombras...

-¿Que es lo que quieres ahora?- preguntó el que tenía unos zuecos de madera, con un tono de pocas ganas de hablar y de no gustarle la persona con la que iba a entablar aquella conversación.
-También me alegro mucho de verte querido hermano...tranquilízate...- con tono irónico continuó el hombre que portaba unas botas verdes- vengo a sacarte de tus noches en vela llevando tú gran galeón...
-Es lo que me da para comer ¿entendido?- con un tono más enfurecido contestó el de los zuecos de madera.
-Si, si, si no te digo que no..., pero lo que te voy a ofrecer es mucho mejor y ya no tendrás que surcar más las aguas del Mar Aequor- siguió el de las botas verdes con aires de grandeza.

Mantuvieron unos segundos de silencio, hasta que Dido escuchó, como sonaba una bolsa de monedas que caían sobre las manos del que supuso que sería un pescador.

-Esta bolsa que te doy ahora, es tú primer sueldo por adelantado, la siguiente parte será el doble y con intereses, según el riesgo claro, a mí hermano hay que cuidarlo ¿no...?.

Otra vez mantuvieron el silencio, Dido escuchaba como contaba algunas monedas y con un tono de aceptación, volvió a preguntar el que arrastraba sus zuecos de madera.

-¿Que tengo que hacer Héctor?- produciendo una risa de victoria al tipo de las botas verdes.
-¡Perfecto hermanito!, pues bien, te explico, han atacado a dos guardias de la ciudad de Garnhea, lo han atacado tres asesinos, un mendigo, un desertor del Reino y creemos que el hijo de la bruja Aalis, creo que Darwin o Tarquín, no sé...un nombre de esos, el Rey Baco piensa que se están revelando contra la corona y no puede permitirlo....
-¿Y que quieres que haga yo?- con tono de inferioridad.
-¿Cuantos hombres tienes a tu mando?- insistía el de las botas verdes.
-Ocho solamente- con un tono extrañado, se mantenía el de los zuecos de madera y el oído bien puesto por parte de Dido que se mantenía expectante.
-¡Perfecto!, con ellos más que suficientes, pues mira...
-¿Piensas que soy un asesino Héctor?- levantó la voz con un tono de rechazo, al imaginarse lo que quería aquel tipo de las botas verdes.
-No, no, no...ni mucho menos Nael, pero te recuerdo que robasteis unas cuantas veces, dejando en evidencia a tú familia delante del trono, por eso fuisteis renegados a este sitio mugriento, en vez de ser un buen soldado, ahora desea el Rey darte otra oportunidad, por eso estoy aquí- subiendo su tono de dominio.
-¿Y por que no hace ese trabajo sucio sus soldaditos?, yo estoy bien como estoy...- prosiguió con su enfado Nael, alzando la voz sin querer venderse.
-Porque ya asesinaron a bastantes mujeres, hombres y niños en la Ciénaga de Aguas Secas y no desea que el pueblo se asuste al saber, que esos tipos están sueltos por el Reino, además algunos mensajeros afirman, que van de camino a la Granja de Ianna a por el ganado del tal Marwin o Salwich, vaya el hijo de la bruja Aalis...
-Si algo escuché...- volvió al tono de aceptación Nael, cortando a Héctor- ¿Y si me negara?- buscó Nael una última opción.
-Púes... te tendré que matar aquí mismo...- finalizó aquel hombre de las botas verdes, dejando varios segundos y marchándose a continuación.

Dido deduzco, que el pescador de los zuecos de madera, había aceptado la propuesta asentando con la cabeza, se quedó perplejo al escuchar aquello, recordó que cuando pasó por la Granja de Ianna vio a una paloma mensajera con aquel mensaje escrito en papel, que mencionaba el ganado que se dirigía hasta allí. Dido comenzó a cavilar todo lo rápido que podía, pensaba que ya estaba bien de esconderse, a la vez que se quitó de su vista aquel hombre de los zuecos de madera con la decisión tomada. Comenzó a comprender Dido, que él podría ser uno de esos individuos que atacaron a los guardias, empezó a razonar que si descubrían que era el hermano de la ex Reina Décima, lo matarían sin piedad, además, no le llegaba a convencer la idea de aparecer en casa de su primo Rhonda después de tanto tiempo, a saber como lo recibiría.

Así, que sin perder más tiempo, al ver la zona despejada, salió de la barca para ir a por su caballo que se mantenía entre los demás equinos. Dido, con paso ligero, hizo como el que le picaba un ojo, rascándose continuamente para que los mozos que guardaban los caballos de los Señores Feudales, no lo reconocieran, volvió a sonreírle la suerte, aquellos chicos, hablaban entre ellos de las mujeres sueltas que rondaban por Radka habitualmente y solamente lo observaron, pero sin darle más importancia a Dido, que finalmente, montó en su caballo, galopando en busca de esos tres "asesinos", para unirse a la venganza que tendrían planteada...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

SEEEE!!!!!! estoy de vuelta, el trabajo y demás cosas me han absorbido por completo que ni escribir ni leer he podido, pero ya estoy de vuelta, en cuanto a esta caja me alegro de que Dido se aya decidido a unirse a Carwin. :D

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Hombreeeeee, ya se te echaba de menos...Muchas gracias.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Lo primero es lo primero, lo bueno es que las palabras permanecen intacta @Don_Diego


#39

LA GRANJA DE IANNA.

Las campanas comenzaron a sonar en una pequeña ermita, en los alrededores de la granja, un joven mozo corrió y se encargó de dar la alarma al ver el papiro que traía una de las palomas mensajeras.
Sabían que mañana sería el día del consejo en la ciudad de Garnhea, allí tendrían que reunirse los altos mandos del reinado, en el Gran Salón del Rey Baco.

La Princesa Ianna, escuchaba temblar el campanario desde sus aposentos llenos de lujos, pero ella, seguía centrada en las cuentas que debía de presentar mañana a su padre.
Su consejero Xanto, se mantenía junto a ella, tratando los temas más importantes para exponer al Rey Baco y buscar una solución.

-Siento decirle mi Princesa...Que la mondicia se está comiendo nuestras cosechas mi Señora...- comentó Xanto en un tono estabilizador y con sus manos ocultas entre las mangas de su túnica gris.
La Princesa Ianna, permanecía centrada y mentalizada, revisando un escrito que había realizado, a la vez que se quedó con la mirada perdida observando a través del vidrio, su inmenso campo sembrado, al escuchar a su consejero.

-¿Otra vez Xanto?- preguntó Ianna, con voz de estar cansada de escuchar siempre lo mismo.
-Otra vez mi Princesa...no sé como se lo tomará mañana el Rey, cuando compruebe que no hemos solucionado el problema.- continuó el consejero con tono pesimista.
-¡Bueno... No me estreses, POR LOS DIOSES!- se puso la Princesa en pie rápidamente, un poco agobiada, enseñando su largo vestido de seda engarzado y bordado de oro, con un forro de pieles exóticas. Miró a su consejero y continuó...
-¿Y las trampas...?, ¿que tan buen resultado daría según ese pastor?- insistió Ianna encogiendo el entrecejo.
-No han valido para mucho mi Señora...- agachando la cabeza y sin cambiar la pose de monje.
-¡PUES QUE LO QUEMEN EN LA HOGUERA!- gritó la Princesa a su consejero, con su enfado que iba en aumento al no ver una solución que pueda presentarle a su padre en el consejo- no quiero a nadie en mi granja que no aporte nada al Reino, ¡Y QUEMA LA COSECHA TAMBIÉN!, volveremos a sembrar más al sur, como dije en su día...
-Sí, mi Princesa...- Xanto asintió con la cabeza y se dirigió a cumplir las ordenes recomendadas por Ianna, saliendo de sus aposentos.

La granja de la hija del Rey Baco, era muy importante en el Reino de Garnhea, de allí salía los suministros para alimentar al pueblo.
Quitando los altos impuestos que debían de pagar los campesinos por sus tierras y las luchas de gladiadores que hacían distraer la atención de la plebe, que no les importaba gastarse lo poco que tenían en ver aquellos espectáculos sangrientos...La Granja de Ianna, daba mucho beneficio y estabilidad al reinado, por eso la Princesa, tenía una gran responsabilidad a su cargo, su padre no aceptaba ninguna excusa y por ello, debía de buscar una solución para presentar en el senado.

La hija del Rey Baco no paraba de dar vueltas en su habitación, cavilando y cavilando sobre lo que diría en el Gran Salón del Castillo de Garnhea. Llegó a la conclusión, de que aquellas tierras estaban malditas por una bruja, que le habrían echado un mal de ojo, por la cual, sus cosechas no brotaban, se convencía de ello, pero la fortuna llamó a su puerta, un guardia interrumpió sus pensamientos de hechiceras y pidió desde el pasillo que le abriera, ella aceptó, buscando una luz que la iluminara y lo consiguió. El guardia, bien uniformado y cumpliendo el protocolo, le dijo desde el umbral con tono de respeto, que había llegado el ganado de la bruja Aalis a la granja, los traía el pastor que dio la idea de las trampas para matar la mondicia, el mismo que pidió la Princesa que lo ejecutaran. Ianna, se apresuró a acercarse a su ventanal, para comprobar ella misma esa gran noticia, para ver aquel ganado como llegaba a su granja rodeado de perros pastores que guiaban a los animales, mientras, en la retaguardia, permanecía el pastor vigilando que ninguno se desorientara, lo tenía controlado.
Lo que no tenía controlado ese pobre hombre, mientras Ianna observaba risueña desde sus aposentos, que tres soldados se les acercasen violentamente, lo cogieran de los brazos aprisionándolo y lo llevaran a un poste vertical de madera, atándolo y sin escapatoria, el tercer soldado, sin dejar tiempo para sus últimas plegarias, le prendió fuego sin compasión, escuchándose desde los vidrios de Ianna, los gritos terminales y desconsolados, pidiendo una explicación, a tal reacción contra él.

El ganado consiguió rodear la cosecha, guiados ahora por guardias a caballos, para situarlos en el espacio preparado para ellos, la Princesa Ianna, por el contrario, contemplando como se hacía cenizas el cuerpo de aquel pastor, soltó una leve carcajada, se dio la vuelta y rompió la hoja que tenía escrita para presentar a su padre,- mañana será un buen día- se dijo, mientras, agarraba otra hoja y comenzaba de nuevo a escribir, -ahora sí que se alegrará, el Rey Baco de Garnhea- concluyó animándose, antes de poner su primera palabra.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

jajajaja me encanto la caja, ya quiero ver a la princesa arder!!!


#40

CARWIN STEWART.

Antes de partir aquella mañana, el hijo de la bruja Aalis, pidió al desertor del Reino, Iagan y al mendigo Ziyad, que les dejaran solo por un momento. Quería observar por última vez, con las lagrimas entre los ojos, ese túnel que sus padres y él construyeron con esfuerzo para protegerse de los ignorantes que vivían en el Reino de Garnhea.

Carwin recogió su libro de la mesa, el que tenía apuntado todas las escrituras de su madre Aalis y "el Caballero Aethelu", ahora él, se encargaría de finalizar las paginas en blanco que quedaban con sus pensamientos.
Cogió la daga de su padre y se la puso en su cinturón, recogió el mandoble y ya se sintió listo para marchar apagando las antorchas que permanecían encendidas allí dentro.

Iagan y Ziyad mientras tanto, sacaban la carreta de su escondite, recubierto de matorrales, agarraron a los caballos y los ataron al tiro de la dicha carreta. Comenzaron a vaciarlo de los tablones, de lo que iba a ser una catapulta y empezaron a cargarlo de víveres y armas, las suficientes para el largo camino que les quedaba por recorrer.

Carwin cerró por última vez la tabla de musgo y se acercó a la tumba de su madre, necesitaba ese tiempo de soledad perdiéndose en sus pensamientos. Inmediatamente después, se agachó y besó el suelo donde permanecía enterrada Aalis, puso una flor preciosa sobre ella, en medio de las piedras que rodeaban aquel sepulcro. Ya nada más podría hacer, solo soltó unas palabras de despedidas- ¡ADIÓS, MADRE...!-.

Mientras, ya esperaban montados en la carreta con todo preparado y respetando aquel instante, Iagan y Ziyad, el desertor del Reino mantenía entre sus manos las riendas y a su lado el mendigo con su bolsa de oro. Carwin se sentó atrás y seguidamente los caballos comenzaron a trotar. Carwin mantenía la mirada fija en su cabaña ahora hecha cenizas, entre sollozo veía como se alejaba de su humilde hogar.

Iagan, rompió el silencio, explicando porque tomó el mando de la carreta que los transportaba, Carwin parecía ausente, pero sabía perfectamente que lo escuchaba.
Empezó a comentar que se conocía bastante bien aquel lugar y que decidió, que el Camino de Mara, sería el más seguro para llegar a la Granja de Ianna para recuperar al ganado, nadie se interpuso a su solución.

Ya dejaban atrás Bosque Espeso, bajando por una larga pendiente, el sendero repleto de piedras hacía tambalear a los que montaban sobre ella.

El Camino de Mara, era una ruta que no cruzaba por medio de ninguna población, al revés, lo rodeaba o pasaba a una buena distancia.
Ese acceso, dejaba a su izquierda la Ciénaga de Aguas Secas.
Por la dirección que llevaban, no podían ver los cuerpos que se desintegraban allí, por culpa de una densa arboleda, no podían presenciar la masacre que hubo, de aquello que iba a ser una boda feliz y que acabó en tragedia.

Recorriendo aquel hermoso paisaje, pasaron varias horas de camino y decidieron hacer un pequeño descanso en medio de una llanura, había una pequeña charca que aprovecharon los fatigados caballos para beber. Desde la lejanía, veían unas banderas con el escudo del Reino, despuntando sobre las almenas, el desertor, les explicó, que era el Torreón de Hisn Gaviar, un punto de vigilancia que le servía al Rey Baco para estar en alerta, por si algún enemigo procuraba destronarle.
Aquel torreón, siempre estaba repleto de soldados, algo que agradecían Carwin y Ziyad de no haber pasado por allí, ganándose un poco más su confianza.

Cuando se estaban acomodando, Carwin se levantó de un salto haciendo que se levantaran también sus nuevos compañeros de viaje. El hijo de Aalis, más entero por dentro que antes, tenía prisas por llegar a la granja, no quería que les pillara la noche y de ahí, que no podía perder el tiempo.

Carwin, Iagan y Ziyad, llevaban todo el día al trote de esos buenos caballos, en ese incomodo transporte, en sus rostros ya se les notaba el cansancio de ese largo viaje.
En ese último tramo, una espesa niebla iba apoderándose del lugar, mientras conversaban de que estrategia seguirían.
Sabían, que pronto sería el consejo en la ciudad de Garnhea y que la Princesa Ianna, sus consejeros y los soldados que la encubrirían en su trayecto, se marcharían dejando la granja más despoblada y siendo su oportunidad para ir a por el ganado de Carwin, el comienzo de su venganza estaba más cerca.

El hijo de Aalis, insistía en acampar en un sitio cercano a la granja, aprovechar la noche para cerrar el plan e intentar con la primera luz del alba, ir a por sus vacas, ovejas y otros tantos animales...La idea era sorprender y ser lo más sigiloso posible.
Iagan, que ya le costaba mantener a los caballos dentro del sendero, por culpa de aquella espesa niebla y la noche que comenzaba a caer, propuso un lugar donde podrían pasar la madrugada, sin mayores problemas, asintiendo con sus cabezas Carwin y Ziyad sin reparo.

No llegaban a ver prácticamente nada cuando se adentraron en un bosque lleno de robles de más de quince metros de alto, lo intuían por su grueso y enorme tronco que parecían caras asustadas e inquietadas por algo. Iagan frenó la carreta diciendo que habían llegado, a Carwin y Ziyad les daba pudor aquel sitio tan siniestro, parecía que entre los huecos formados en su madera ruda, absorbían toda la neblina como queriendo decirles, que en aquel sitio no podían pasar la noche, Iagan intentaba tranquilizarlos, comentando que allí se contaron muchas leyendas y misterios, pero que nunca nadie, aseguró nada que pasara algo en realidad. No sabe Iagan, si sirvió de algo ese inoportuno comentario...

Bien entrada la madrugada y diluyéndose poco a poco aquella niebla molesta entre los robustos robles, los tres permanecían sentados y apoyados sobre la carreta, los caballos estaban tranquilos, algo que también agradecían.
Ya se iban familiarizando sus pupilas con el entorno y calmándose Carwin y Ziyad, a medida de que Iagan, seguía explicando donde estaban exactamente situados, en voz muy baja. Decía que se encontraban en medio de la Granja de Ianna y de la Torre Fabiana, que esta torre, tenía la misma función que el Torreón de Hisn Gaviar, muchos soldados y vigilancia del Reino.
Dijo también, que no les afectaría cuando fueran a recuperar el ganado, ya que hay una distancia bastante considerable y esta gran arboleda se encargaría de ocultarlos.

Aquel largo día para ellos, les sirvieron para coger confianza el uno con el otro, ahora Carwin se sentía más protegido.

Conversando los tres de que deberían descansar, cayeron rendidos, con sus cabezas apoyada en la carreta. Sabían que mañana, el día podría ser más complicado todavía.
Ziyad que pretendía ser el primer vigilante, no pudo tampoco con sus parpados ahora caídos.

La noche transcurría tranquila, los tres permanecían dormidos profundamente, no veían esa media Luna que les observaba desde el firmamento, formando unas sombras escalofriantes a aquellos inmensos robles.

El sueño pudo con ellos pero no con los caballos, uno de ellos comenzó a relinchar nervioso, alertando a su compañero de amarre, entre los dos, hicieron mover la carreta a un lado, lo suficiente para que se despertaran alterados Carwin, Iagan y Ziyad, con sus armas preparadas en las manos, se desvelaron un poco desorientados pero rápidamente, fijaron sus miradas en aquellos matorrales que se tambaleaban en la oscuridad de la noche...


#41

Entre la intensa oscuridad de aquella madrugada, rodeados de esos inmensos y misteriosos robles de más de cuatrocientos años de antigüedad, permanecían en guardia Carwin, Iagan y Ziyad, observando detenidamente como esos matorrales, ahora, dejaron de moverse.

Los tres estaban extrañados y expectantes, mantenían sus espadas en posición de ataque, no podían diferenciar nada entre la penumbra, eso les inquietaba, de repente, se escuchó una voz sutil y en un tono muy bajo entre la maleza, casi ni se entendía lo que aquel tipo decía...

-Soy de los vuestros...Os conozco...No vengo a haceros daño...- se escuchó también un relinchar al mismo tiempo, sin ser los caballos que transportaban la carreta.
-Daros a conocer...- en tono muy bajo dijo Carwin, agarrando fuertemente el mandoble y permaneciendo con la otra mano preparada, para sacar la daga de su padre por si era necesario.

Hubo un mutuo silencio, Carwin, Iagan y Ziyad se mantenían tensionados, podría ser un espía, un soldado o a saber...Rondaban mil cosas y ninguna buena, por la cabeza de los tres, al fin, escuchándose un suspiro, aquel tipo fue saliendo muy despacio, con la palma de la mano apuntando hacia ellos, pidiendo clemencia, que venía en son de paz y la otra mano agarraba a un caballo.
-No te acerques más...¿Qué haces aquí?, ¿Quién eres?- preguntó Iagan, manteniendo casi el susurro, no querían que en esa noche silenciosa, se escucharan sus ecos y que se alertaran los guardias que estarían haciendo su ronda.
-Soy Dido, hermano de Décima...- mantuvo el mismo tono que Iagan, y este, al escuchar esos nombres, fue bajando su espada poco a poco, forzando la vista a la vez que se acercaba a aquel tipo salido de la nada, le sonaba familiar, hasta que se quedó a un metro de él.
-¡¿Dido...?!- sorprendido comentó Iagan.

A Carwin y Ziyad también les sonaba esos nombres, más, el mencionado Décima, se miraron a la vez confuso pero no caían en ese momento quién sería aquel hombre.

-¡¿Estas vivo...?!, ¡¿Sobrevivisteis...?!- continuó Iagan sabiendo ahora más que nunca quién era.
-¿Quién es?- insistió Carwin.
-Es el herm…- interrumpiendo a Iagan, prosiguió Dido.
-Soy el hermano de la ex Reina del Rey Baco, ¡Iagan...!, me alegro de verte aunque no lo creas.
-¿Lo conoces Iagan?- impaciente seguía preguntando Carwin al desertor.
-¡Claro que lo conozco!, estuvo viviendo un tiempo en el Castillo de Garnhea...

Empezó un leve movimiento de tierra...

-¿Que es eso?- preguntó Ziyad sin hacerles caso.

-Tenías que haber muerto en la ciénaga...- Iagan, le reprochó a Dido sorprendido.
-Conseguí escapar..., tuve mucha suerte, los Dioses están conmigo y mi destino-.

Carwin y Ziyad bajaron las armas mientras el hijo de Aalis, se acercaba a la posición de Iagan y Dido.

-¿Tú eres el rebelde borracho del Reino?, se reían mucho de ti en el mercado...- dijo Carwin, recordando poco a poco de quién era Dido.

La aurora boreal también quiso participar en esa noche, mientras...El movimiento de tierra aumentaba levemente...Solo estaba pendiente a aquello, el mendigo Ziyad.

-Bueno...No he venido desde el Puerto de Radka, para que me saquéis mis trapos sucios, vengo a unirme a vosotros- con la mirada fija de Carwin e Iagan, poniéndole toda la atención y queriendo que continuara con su explicación.
-Cómo dice el desertor Iagan...-
-¡No me llames desertor borracho!- amagó Iagan con sacar de nuevo su espada, si le volvía a incidir en lo de desertor.
-Está bien...Lo siento...Como os decía- manteniendo el tono bajo- Consiguieron matar a toda mi familia en la Ciénaga de Aguas Secas- no soltaba la rienda de su caballo Dido- a mí también quisieron matarme, pero aproveché un despiste de los soldados, en aquella encerrona que nos hicieron y huí. Huí sin mirar atrás, muy asustado y escondiéndome por las sombras- ahora agachó la cabeza- quería ir a Radka a ver a mí primo Rhonda, era el único de mi sangre que no fue a la boda de mi hermana Décima, por las discrepancias, y el único que podía ayudarme a esconderme. Pero no puedo vivir toda mi vida así...- de nuevo se quedó mirándolos a ellos-, escondido debajo de una barcaza, escondiéndome toda mi vida y asustado, no puedo, así que me animó lo que escuché en la playa del Mar Aequor, oí a dos tipos hablando, uno de ellos le ofrecía al otro, monedas de oro a cambio de vuestras muertes, pagado por él mismísimo Rey Baco, no pude diferenciar sus caras.
Decían que os estabais revelando contra el Reino y que seríais muy peligrosos. Así que sabiendo vuestra historia- ahora señalaba a Carwin- que incendiaron su cabaña en Bosque Espeso matando a su madre y que un guardia había desertado buscando venganza, me hizo de pensar y decidí que yo también quiero venganza, ¡Yo también quiero REVELARME contra estos ASESINOS que mataron lo poco que tenía...!- gritó Dido, en ciertas palabras, pidiéndole inmediatamente Carwin que bajara la voz- Mataron a mi hermana Décima por casarse con otro hombre, cuando estaba siendo feliz por una vez en su vida, no nos llevábamos bien, que todo sea dicho,- acercando al caballo a donde estaban situados los otros dos equinos con la carreta.- pero hasta ese punto de arrebatarle la vida y además, nunca me gustó ese Rey miserable...

Aquellos movimientos de tierras eran cada vez más constante, Carwin e Iagan estaban convencidos de sus palabras y solamente con la mirada, se entendieron de que también, tendría muchos motivos para unirse a ellos y ayudarles en su venganza. Ziyad por el contrario, estaba alterado, se acercó a Carwin e Iagan diciéndoles que aquellos estruendos no eran un terremoto, que era algo más, Dido también levantó la cabeza poniendo sus sentidos en aquellos movimientos gigantescos, que parecían que se acercaban lentamente.

Los cuatros se juntaron cerca de la carreta, en silencio, no sabían que ocurría, Dido ya se sentía aceptado por ellos, ya que no era el centro de atención, ahora asomaba una nítida claridad, el amanecer estaba a punto de aparecer y aquella sacudida también, Iagan incidió diciendo que venía de la dirección de Torre Fabiana y que se prepararan para cualquier sorpresa, a Ziyad ya no le asustaba las caras formada en los gruesos troncos de los robles, ahora le asustaba más lo que se acercaba...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 8 meses

Artos, Portos, aramis y Dartañan por fin a el ruedo.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Jejeje me alegro de tú regreso y muchas gracias. Seguimos con la lectura...


#42

En medio de la barahúnda, empezaron a escucharse los tambores, al mismo ritmo de aquellos temblores de tierra, cada vez estaban más cerca de Carwin, Iagan, Ziyad y Dido, pero aún no llegaban a visualizar nada.

El crepúsculo formaba una imagen confusa en aquel lugar, los enormes robles, con las caras de angustias formada en su corteza, les tapaban lo que acechaba.
Una gran bandada de aves, volaban en dirección contraria a la polvareda que se levantaba sobre el inmenso bosque, sobre las copas de los árboles huían sin rumbo fijo mientras los cuatros personajes miraban al cielo atónitos.
Lobos, ciervos, jabalíes...Todos los animales de aquel entorno se escabullían como podían, sin pararse ni un instante, pasaban cerca de ellos sin importarles su presencia.

Los caballos, exentos de riendas, comenzaron a levantarse sobre sus dos patas traseras, parecían que se habían vuelto locos, el mendigo Ziyad intentó tranquilizarlos, pero lo único que consiguió es caer al suelo y desde allí, ver como los equinos cogían el mismo camino, desorientados y aterrorizados se alejaban del claro, donde permanecían sus nuevos amos.

Se miraban con el rostro pálido y sin saber lo que hacer, solo Iagan, por su condición de soldado, se animó a ir contracorriente, quería cerciorarse de ante mano lo que se acercaba a ellos y pidió tranquilidad a la vez que se ocultaba entre las sombras.

Los tambores sonaban cada vez más fuerte y más cercano, el temblor se sentía con tanta fluidez, que ya comenzaban a perder un poco el equilibrio, Dido propuso correr y Carwin decidió mantenerse detrás de la carreta, para esperar al desertor Iagan.

La carreta daba pequeños saltos sobre la gravilla, Carwin, Ziyad y Dido, se mantenían detrás con las manos apoyadas en el filo de la misma, sin perder de vista el sendero que escogió Iagan, no sabían si volvería y menos, cuando veían caer detrás de los primeros árboles, que permanecían en frente de ellos, los enormes robles, el terror se apoderó de sus rostros, veían como caían desplomados los bastos troncos, chocando uno con los otros, haciendo con sus ramas duras, una tela de araña infranqueable.

Pero la pesadilla que estaban viviendo no se acabó ahí, delante de aquellos tambores graves y produciendo aquel destrozo, pisada a pisada, pasos lentos pero arrasadores, como si fueran rocas gigantescas que habían recobrado vida, unos pies enormes hicieron su aparición a unos cien metros de ellos, aplastaban todo lo que se interponían en su camino, con sus manos encadenadas, arrancaban los árboles de cuajo, hasta sus raíces, que algunas terminaban en aquellos enormes colmillos llenos de baba y que parecían que escupían lava.

Carwin, Ziyad y Dido levantaron la cabeza congelados, sin reacción ninguna, estupefacto a lo que estaban viendo, ya contemplaban una gigantesca cabeza sobre la copa de los robles, una cabeza con rasgos maltratados, con una barba corpulenta y llena de hojas secas y deterioradas, tiene una larga melena mugrienta y cada punta de su sudoso pelo, cepos de acero lo aprisionaban fuertemente, estando a merced de miles de soldados, que sujetaban con todas sus fuerzas aquellas cadenas enormes, su robusto cuello, estaba rodeado por un gran grillete de hierro forjado, sobresaliendo del artilugio, otras tantas cadenas agarrados por más hombres dejándose el físico, tan grande y tan esclavo, aceptando, por el dolor de los tirones en su cabellera, por donde debía de continuar.

Era el momento, sin Iagan, pero era el momento para correr, pensaron los tres sin dudarlo, la carreta ya volcó sobre la tierra y fue la señal para huir. Corrieron sin mirar atrás, les daba igual que dirección tomar, lo único en lo que pensaban eran en alejarse lo antes posible de aquel monstruo, sin saber que iban directo a la Granja de Ianna.

Saltaban los arbustos sin importarles los rasguños ni las heridas, Ziyad quedó un poco más rezagado por culpa de un tropiezo en unos brezos, pero se reincorporó rápidamente, no sabían si consiguieron percatarse de su presencia, pero les daba igual, huir, huir y huir...Era lo que importaba, hacían zigzag entre los enormes robles sin parar de correr en largas zancadas, hasta que no dejaran de sentir el temblor, no cesarían en su ímpetu, es verdad que eran más rápido, pero un paso de aquel gigante valía por cincuenta pasos suyos, así que se hacía eterno aquella estampida.

Aquellos tambores sonaban más alejados, pero sabían que seguirían en su misma dirección...

Cuando ya divisaban la gran llanura donde estaba situada la Granja de Ianna, Carwin paró su carrera apoyándose con un brazo en la corteza, no le salía la voz ni la respiración, seguidamente llegaron Dido y después Ziyad, asfixiados y consternados, no podían más, solo se miraban y luego escupían soltando la saliva que se le quedaba acumulada en la garganta, si había una idea... No les salía del alma en ese preciso momento soltarla...

No sabían si alegrarse o seguir corriendo cuando escucharon una voz que se acercaba impetuosamente a ellos, sus palabras sonaban entrecortadas entre la maleza pero supusieron que sería Iagan, Carwin pronunció su nombre varias veces a la vez que tosía, aunque su corazón iba calmándose a tanta aceleración. Efectivamente, Iagan apareció impoluto, se notaba más preparado que ellos, venía mucho más fresco y se apresuró en seguir, en buscar un sitio para ocultarse, que no tenían tiempo para descansar, ninguno dijo nada, por un momento pensaban que habría muerto pero no fue así, allí estaba dando ordenes, algo que quieras o no tranquilizó a los demás, alguien se tenía que poner al mando de esa escapatoria y quien mejor que un ex soldado de Garnhea, conocía aquellos lugares mejor que ninguno, así que sin más demora, le siguieron a él.

Iagan propuso en marchar en paralelo por la Granja de Ianna, a su derecha veían ya los establos entre los árboles, estos robles pasaban rápidamente por su lado, debido a la velocidad que llevaban, el desertor no dijo nada al ver una fila de soldados a caballos que iban saliendo, bien organizados, por la parte de la ermita que permanecía con sus campanas a pleno son, supuso que irían a la Ciudad de Garnhea, al consejo de todos los lideres del Reino, era el momento de recuperar el ganado pero estaba siendo estropeado por aquel tenebroso gigante, rodeado de miles de hombres jugándose la vida por dirigirlo.

Al fin, Iagan se detuvo por el bien de los demás, estaban exhaustos, aquellos tambores ya se escuchaban muy nítidamente a lo lejos, el temblor de la tierra cesó en aquel preciso instante, ya que no permanecieron en la misma línea de paso de aquel monstruo, el desertor era el único que se mantenía firme detrás de un tronco, observando como aquel regimiento de soldados salía a trote lento de la granja, custodiando un lujoso carruaje cerrado, hecho de buena madera, con cuatro ruedas, con dos portezuelas laterales y ventanillas del mejor de los vidrios de la época, llevado por cuatro enormes caballos y en su retaguardia...Más de esos hombres montados en sus equinos, portando sus mandobles, prestando su servicio a la Princesa Ianna.

Hubo un momento de tranquilidad para los cuatros intrépidos personajes, agazapados, entre ramas y matorrales, Carwin, decidió acercarse a Iagan y le preguntó que harían ahora a la vez que miraban fijamente a todos esos soldados partir de la Granja de Ianna hacia la Ciudad de Garnhea, pero no tuvo tiempo para responder al hijo de Aalis, desprevenidos y sin esperarlo y cuando decidió el desertor mirarlo para contestarle, comprobó que tenían detrás un escuadrón del Reino, todos con las espadas en alto y amenazantes, Ziyad y Dido, que permanecían sentados en la hojarasca, vieron antes que ninguno como se organizaban para tapar cualquier escapatoria, no tuvieron tiempo ni para abrir la boca cuando se dieron cuenta que les habían descubierto y ahora estaban totalmente rodeados, por el ejercito de Torre Fabiana...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 7 meses

Wow, la descripción del gigante me encanto. y en cuanto a lo demás muy buena la carrera jaja. Lastima que los cacharon.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 7 meses

Gracias . Es un halago tus palabras.


#43

La claridad de la mañana, se iba enturbiándo por varias nubes negras que asomaban por el horizonte y amenazaban al cielo azul impoluto que posaba de momento sobre la Granja de Ianna...

Carwin, Iagan, Ziyad y Dido, ahora permanecían maniatados de pies y manos, cada uno en un tronco de aquellos inmensos robles, por culpa de los soldados de la Torre Fabiana, los descubrieron infraganti a los cuatros intrépidos personajes, cuando llevaban encadenado al siniestro gigante, la intención era que cuidara la granja aquel monstruo repugnante mientras la mayoría de los guardias custodiaban a la Princesa Ianna, dejando sin defensa al ganado y todos los suministros que mantenían a la población con vida. Uno de estos soldados, portando en su cabellera un yelmo de cuero y una gran capa roja que llegaba hasta sus tobillos, con su típica armadura del Reino, se apresuró en ir a avisar a la Princesa Ianna, que seguía dentro de su lujoso carruaje, escoltado por miles de soldados para dirigirse al congreso de Garnhea, para reunirse con su padre, el Rey Baco.

A la derecha de la granja, se visualizaba desde sus posiciones inmóviles, en la lejanía, desde la espesura del bosque, como luchaban por controlar los miles de soldados, dejándose la vida en ello, a esa enorme bestia, que parecía que luchaba por quitarse esas robustas cadenas de acero que lo aprisionaban por todo su fornido cuerpo.

Carwin, Iagan, Ziyad y Dido se quedaron asombrados, girando sus cabezas, igual que los soldados que tenían en frente amenazándolos con sus mandobles, esperando todos a la llegada de la Princesa Ianna que decidiera por sus vidas, miraban todos a la misma dirección, comprobando como aquellos hombres guiaban al gigante a una enorme fosa, a saber cuanto tiempo estuvieron cavando para crear aquel hondo agujero y para conseguir que solo se viera parte de la gran frente y de los pelos que parecían ramas del árbol más grande que se podría imaginar, pensaban que manteniéndolo allí, la granja estaría protegida de cualquier contratiempo.

Uno de los soldados, el que estaba más cercano a Carwin, comentó con el compañero de batalla como crearon aquel colosal hoyo, Carwin girando la cabeza hacia ellos, escuchaba atentamente lo que decían. Oyó que forzaron a miles de esclavos y desertores del Reino y les obligaron a cavar por turnos. Comentaba que todos se peleaban entre ellos para cavar los primeros, llegaban hasta matarse unos con los otros, aquel soldado continuaba con su tono burlesco, explicando que querían esos siervos comenzar a penetrar el suelo porque así, al terminar su labor, todavía tendrían posibilidad de subir desde el fondo de la fosa a la superficie, ya que no habría demasiada distancia, los soldados no le ponían escaleras, solo permanecían con sus arcos apuntando hacia ellos para que no pararan de remover la tierra, cuando los veían cansados, les daban la posibilidad de escalar y salir de allí. Todo era una encerrona, algunos esclavos se hacían los abatidos y sin fuerzas, les tiraban de lo alto migajas de pan para que recargaran energía, pero si no llegaban a creerse los guardias su agotamiento, les lanzaban una flecha atravesándolos al instante y fulminantemente, inmediatamente después, lanzaban a otro esclavo para que siguiera el trabajo.
El siguiente turno se adentraba rezando por los Dioses, seguía conversando aquel soldado con tono dominante y risueño, continuaba diciendo que hubo un esclavo que consiguió trepar entre las escurridizas piedras, que ya habría por lo menos diez metros de distancia desde abajo del agujero hasta donde estaban situados con los arcos, pero era bastante habilidoso y ágil, a ese esclavo, soltando una carcajada el guardia hablador, le prometieron clemencia y una vida de lujo por su impresionante hazaña y mientras lo encaminaban a Torre Fabiana, prometiéndole un gran manjar y mujeres por doquier, soñando el pobre prisionero con su nueva vida y sin pensar que todo era una horrible mentira, porque al llegar a la torre, él fue la cena de aquella fatídica bestia.

Carwin no pudo escuchar más y aquellos hombres dejaron de conversar poniéndose rápidamente firmes y serios, al ver que llegaban montados a caballos la Princesa Ianna, su consejero Xanto y dos soldados más, haciendo de guardaespaldas.

La Princesa Ianna cabalgaba muy enfadada al lugar donde permanecían los presos maniatados en los árboles, sabía que ya llegaría tarde al consejo de Garnhea y ahora pensaba como se pondría su padre por tanta impuntualidad. Por el camino, iba amenazando a quien fuese el culpable de hacer parar a su regimiento, decía que quien haya sido el que intercediera en su camino, que estuviera rezando con toda su fe, por aquel lapsus, que rezara porque fuera importante para ella o sino sería alimento para esa asquerosa bestia, su consejero asentía con la cabeza constantemente, dándole la razón en todo momento.

Ya llegó la Princesa al lugar, el primer caballero de Torre Fabiana, Damián, fue el primero en adelantarse a sus bien adiestrados soldados, él fue el que dio la orden de avisarla, sabiendo de sobra que él era el que tenía que dar la cara, observó el rostro de enfado que traía su Princesa en lo alto de aquel caballo, aunque no le tuvo que decir nada más, quedando perpleja al ver a los cuatro tipos que tenía delante de ella amarrados en aquellos robustos robles, sobre todo, se quedó mirando fijamente y con cara amenazante a uno de ellos, sabía perfectamente quien era...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 7 meses

Magnifico quiero ver como se las a reglan para salir de esta apretada situación, ahora...

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 7 meses

Empieza a calentarse el asunto jeje


#44

El cielo ya estaba totalmente cubierto por las nubes negras, algunos rayos hicieron su aparición en el firmamento amenazando la llegada de la tormenta, de momento, ni una sola gota de lluvia sobre la Granja de Ianna.

Damián, el primer caballero de Torre Fabiana, hizo los honores en contarle a la Princesa que los encontraron escondidos en el bosque, que huyeron al verles, que uno de los guardias vio por la noche donde acamparon con su carreta, pero pensaron que serían unos simples viajeros y los dejaron descansar. Pero que al alba, cuando sacaron al enorme gigante para trasladarlo a la granja, uno de esos cuatros hombres se acercó entre la maleza y uno de sus soldados reconoció su rostro y supo que era el desertor de la Ciénaga de Aguas Secas, ahí les ordenó que lo capturaran.
Los soldados permanecían con sus armas alzadas con una postura característica, como amagando que les atacaban al mínimo movimiento a los cuatro hombres que tenían retenidos en aquellos robles, esperando una instrucción de su superior.

La Princesa Ianna bajó de su caballo ayudado por un soldado, acompañado por su consejero personal Xanto, dejando que el primer pie lo pusiera ella sobre la tierra y luego haciendo el mismo gesto, para acompañarla hasta la posición de Dido, el primer prisionero en el que se fijó la hija del Rey Baco.

El hermano de la ex Reina Décima, mantenía la mirada penetrante y desafiante sobre ella, -si pudiera deshacerme de estos nudos...-pensaba con maldad Dido. En aquel instante estaba convencido de ir al cuello de esa mujer y dejarla sin aliento hasta que la matase, -si me dejaran esa oportunidad lo haría sin dudar, sería mí venganza perfecta-, seguía su mente llena de odio, cuando la Princesa Ianna, comenzó a hacerle caricias con la uña más larga de su dedo indice sobre su cara, sin cambiar el semblante.

-Dido..., Dido...,Dido...,- la hija del Rey Baco mantenía el tono de calma, pero en su cabeza iba recapitulando posibilidades de que hacer con ese tipo. -No me esperaba tan grata visita, pensaba que estabas muerto, cómo tú madre...cómo...- con tono de superioridad y levantando la mirada hacia los demás prisioneros mientras terminaba de pasar su uña prolongada por el rostro de Dido, este seguía observándola sin parpadear. - cómo...Tu querida fulana Décima...-, ahí quiso reaccionar echando su cuerpo hacia ella, pero rápidamente, cuatro puntas de cuatro espadas estaban sobre el pecho de Dido, sin dejarle que prosiguiera con su rabia.

La Princesa del Reino de Garnhea siguió andando hacia el siguiente preso, ahora le tocaba a Iagan aguantar esas sucias palabras malvadas y llenas de rencor.
El desertor no mantenía la vista sobre ella, dejó su nuca apoyada sobre el tronco y permaneció mirando el cielo gris que ya se había instalado sobre el lugar.
Esta vez, el consejero Xanto, mientras daban un par de pasos hacia Iagan, acercó su boca a la oreja de la Princesa, le recordó susurrando que ese era el hombre que les comentó Damián, el mismo que no cumplió la orden de su padre, el que debió lanzar proyectiles de fuego con la catapulta sobre la Ciénaga de Aguas Secas y no lo hizo, esas palabras que escuchaba le hizo sacar una leve sonrisa a Ianna, disfrutando de este acontecimiento que se le había presentado.

-Lo recuerdo mi fiel consejero...lo recuerdo, algo escuché de aquello- ahora rozaba con la punta de su uña el cuello del desertor que permanecía inmóvil, sin darles motivo a nada-.
-Todavía puedo darte otra oportunidad soldado- ahí le hizo parpadear varias veces seguidas a Iagan, a la vez que bajó levemente su cabeza hacia ella, sorprendido por sus palabras.
-Es fácil...si me vuelves a jurar lealtad a mí y al Rey Baco, te dejaré que mates al borracho de Dido, que nos desvelaba con sus cuentos de locura todas las madrugadas cuando era tan solo una niña.

Carwin giró su cabeza por primera vez hacia su izquierda para mirar a Iagan, dudando de su respuesta, seguidamente Dido escupió sobre la tierra, a varios centímetros de los pies de la Princesa, sin decir ni una palabra. Un soldado le puso inmediatamente después, con todas sus fuerzas, su codo sobre su garganta esperando la decisión final de Ianna, pero ella miró aquel salivazo con desprecio, lo miró a él de nuevo con una sonrisa burlesca, como sabiendo lo que haría con él, pero prefirió dejarlo pasar en ese instante, algo tenía entre manos seguro.

La Princesa Ianna volvió a mirar al desertor buscando su afirmación, ella no solía dar facilidades y se sentía orgullosa por ser tan benévola en esa ocasión.

Iagan, estando desconcertado, giró su cabeza hacia la derecha juntándose con la del hijo de Aalis, su cabeza estaba llena de dudas, dudaba de volver a la vida de antes, de ser un simple captador de mensajes de palomas o un simple montador de armas de asedio, pero también veía en aquel momento la mirada de Carwin, un joven que podría haberlo matado fácilmente, un joven dolido por la masacre que hicieron con su madre, un joven que le dio la oportunidad de ser valorado por alguien, un joven que en tan pocos días que han estado juntos, han enlazado una gran amistad y se sentiría el peor de los hombres si lo traicionaba.
Así que Iagan, prefirió no contestar, simplemente volvió a levantar la cabeza y siguió mirando al cielo gris con sus primeras gotas que bajaban para surcar su cara, la decisión estaba tomada.

Carwin suspiró por dentro y mantuvo de nuevo, la mirada fija en la tierra, su rostro reflejaba sorpresa pero también ilusión y fuerza, aquel desertor no lo fue con él, dándole más motivos para luchar y cerrar su venganza.

La Princesa Ianna dejó su gesto de indiferencia, mostrando que le daba igual su decisión, la muerte de una persona para ella, no valía nada, así que prosiguió con el reconocimiento.

Nuevamente el consejero Xanto, le advirtió del siguiente preso, simplemente le dijo que era un vagabundo borracho, que gritaba por las noches despertando y molestando a los ciudadanos de Garnhea. Ianna a Ziyad, no le dio ni un solo segundo de su grandioso tiempo, ya sabía que llegaba tarde al consejo y que su padre se enfurecería con ella, pero se le veía deseosa de contarle lo ocurrido. Así que pasó al último, no sin antes escuchar al vagabundo pedirle clemencia, con lo que ella contestó rápidamente con un escupitajo sobre su cuerpo a la vez que volvió a mirar a Dido con arrogancia, vengándose de la saliva que antes le lanzó.

Finalizó el interrogatorio poniéndose delante de Carwin, el hijo de Aalis mantuvo el rostro frío, no daba señales de miedo ni pudor, el valor que demostró Iagan, le sirvió para hacerse fuerte en ese preciso instante frente a la hija del todo poderoso Rey de Garnhea.

La Princesa, esperaba los detalles de su consejero sobre aquel joven, pero Carwin se interpuso diciendo tres palabras...

-Devuélveme el ganado...-muy seguro de sí mismo.

Ianna dejó de observar a su consejero para centrarse en Carwin, esas palabras le hicieron recordar de quién era y comenzó a reírse de menos a más, contagiando la risa a todos los soldados que lo rodeaban. Carwin mantuvo el entrecejo pegado a los ojos, el dolor que portaba y las ganas de venganza que tenía, le hizo poner el rostro enfurecido como nunca antes lo había puesto, la rabia lo corroía cuanto más se reían.

-Eres el hijo de la bruja Aalis- siguiendo con sus carcajadas maléficas la Princesa Ianna.

-Mí madre no es ninguna bruja- Carwin continuó con un tono de enfado inmenso, los demonios lo llamaban en su interior.

Todos los soldados reían, mientras Carwin permanecía con la mirada fija en Ianna, la estaba matando con los ojos, solo cuando ella hizo un gesto de silencio todos callaron inmediatamente, parecía que iba a decir algo, pero el tiempo le apremiaba y ahora mismo ella sentía que estaba perdiendo el tiempo.
Sin más demora y con su tono de poder característico, comentó a todos los presentes que a su padre, el Rey Baco, le encantará este preciado regalo tan inesperado y que le ofrecerá sus vidas para compensar su tardanza al consejo de Garnhea, que decida él.

Comenzando a llover intensamente sobre la Granja de Ianna, la Princesa, a la vez que volvía a montarse en su caballo, concluyó diciendo, que los encerraran en los calabozos que tenían instalados debajo de los establos, que los pusieran por separado y que comieran y bebieran una vez al día, hasta su llegada a la granja desde Garnhea. Siguió diciendo, que ya vendría con la condena impuesta por su padre, que se esperaran el mejor de los cautiverios posibles, a la vez que empezaba su trote para dirigirse al regimiento que custodiaba su carruaje lujoso a la salida de la granja.

Dicho esto, todos los soldados fueron a desatar a Carwin, Iagan, Ziyad y Dido, con malas maneras, dándoles golpes sin parar, ellos, ahora estaban trastornados e intentando pasar el suplicio de la mejor forma posible, sin saber lo que harían con sus vidas...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 7 meses

hummmm, ya quiero saber que sigue, se pone muy bueno.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 7 meses

Muchas gracias, que te sea leve en tus tareas diarias, nos leemos.


#45

CIUDAD DE GARNHEA.

La mañana amaneció con todas las vías públicas preparadas y engalanadas...Era un gran día festivo para ellos. Todos los habitantes se ponían sus mejores harapos para la ocasión pues recibirían en sus calles a todos los altos mandos del Reino, llegaban para tratar los asuntos más importantes que preocupaban a la población.

Los altos cargos y sus respectivos regimientos, atravesaban en orden las murallas de la ciudad con aires de grandeza, el pueblo llano los esperaban con los brazos abiertos, aclamándolos exageradamente, tirándoles flores por doquier y con una extrema alegría forzada para algunos que asistían al evento, haciéndoles un gran pasillo por largo camino empedrado de la Gran Vía, dirigiéndose esplendorosos al Castillo del Rey Baco.
Todo era más por tradición que por otra cosa, muchos lo sabían, pero añoraban esa hipocresía llena de pobreza y malos juicios por parte de ese consejo.

Las banderas del Reino hondeaban en lo más alto de las almenas, los guardias que permanecían en los torreones hicieron tocar su añafil que poseían, anunciando que el Rey Baco ya estaba sentado en su trono, todo estaba dispuesto, solo faltaba a que cada invitado tomara su asiento en el Gran Salón del Castillo y comenzaran con la tertulia; mientras la plebe sería distraída con juegos, música, peleas callejeras de jóvenes gladiadores a los que prometían que serían grandes soldados del Reino si luchaban y ganaban; también era un gran día para comprar buenos esclavos, ya que era el único día que exigía el Rey Baco a que bajaran su valor, veinte monedas de oro cuando lo normal eran cuarenta, precios solamente aptos para algunos viajeros ricos, para dueños de espectáculos sangrientos y para señores feudales, aunque disminuyera notablemente la cantidad, un simple campesino no se lo podría permitir.

Ya esperaba muy ansioso el Rey Baco en su gran trono, esperaba impaciente a que sus invitados fueran entrando, se mantenía con la mano estirada hacia delante, la misma que portaba un gran anillo de oro, recibiendo a cada comensal sin moverse de su posición, esperando a que les besaran en su mano, según su protocolo, antes de que se sentaran en sus respectivas butacas.

A su lado, en otro trono de inferior tamaño y con la misma postura que el Rey, la reciente Reina Tiffany, la nueva aventura de él, como ocurrió en su día con Décima la hermana de Dido.
La Reina Tiffany, consiguió ganarse con su belleza ese cargo, sacada por el mismo Rey de los oscuros suburbios de la ciudad, donde solía frecuentar a menudo por las noches, cuando Garnhea dormía.
Además de ser nombrada Reina también la condecoró con ser dueña de Torre Fabiana, algo que no gustaba del todo en el consejo, pero que callaban, mantenían pleno silencio sobre ese tema y nadie se atrevía a dar su opinión por las posibles represalias del Rey Baco.

Casi todos los consejeros, señores feudales, senadores etc... Opinaban lo mismo, escondidos entre las sombras solían recriminar, sin alzar la voz, que este nuevo Rey no era como el padre, que era peor aún y ahora tenía de acompañante a una arpía, así la llamaban, algunas decisiones tomadas habían hecho dudar a todos, su frialdad asustaba y su última hazaña, la de imponer la ley de matar a todas las ex esposas del Rey y sus familiares e conocidos, hacían salpicar a su reputación y con la masacre de la Ciénaga de Aguas Secas hicieron aumentar la fama de ser una mujer malvada.

El Rey Baco se encuentra tan enamorado de ella, que sus palabras y su osadía son ordenes para él, sin imponer ni un solo pero a sus palabras, pareciéndole bien todo lo que se le ocurría por su corona a la nueva Reina, lo único en lo que estaban todos de acuerdo era...Que son tal para cual, por desgracia.

En el Gran Salón del Castillo ya se asentaban casi todos los altos cargos del Reino con sus consejeros, los hijos del Rey tenían su plaza reservada en las butacas más cercanas a su padre, en aquella gran mesa alargada de forma rectangular.

Esa mesa tenía un valor incalculable, empezando por los lujosos manteles adornados con franjas de brocado, sobre el borde de estos, estaban dispuestos un segundo mantel más estrecho para que los comensales se limpiaran los labios y las manos.
Cada invitado estaba provisto de cucharas de plata bizantinas, platos de porcelana bellamente decorados y copas de oro con pequeñas perlitas de diamantes, la pobreza de los campesinos en Garnhea no era pasajera como les prometían y la abundancia crecía en los que poseían el poder del Reino.

Al principio de la impoluta e inmensa mesa, ya permanecía sentado Wynda, el hijo del Rey Baco, el proclamado Príncipe de la ciudad costera de Radka, joven pero con valentía, era uno de sus preferidos, por su gran respeto a su padre, su responsabilidad y su siempre buen hacer.
En frente de su hermano Wynda, tan puntual como de costumbre, permanecía la preciosa Gaia, la Princesa y heredera del Torreón de Hisn Gaviar, nunca quiso aquel lugar, pero su padre la obligó sin poder rechistar.
De los hijos del Rey Baco, solo faltaba su hija Ianna, permanecía desquiciado y nervioso cada vez que miraba a su asiento vacío, -era la deshonra de su familia-, pensaba una y otra vez el Rey que se notaba inquieto y alterado, aunque manteniendo su semblante típico de superioridad hacia los demás.

No se sabría decir cuantos comensales habría en aquel Gran Salón, todos hablando unos con los otros al mismo tiempo, bajo la atenta mirada fría y aburrida del Rey Baco, que se impacientaba cada segundo al no visualizar la llegada de su hija Ianna.
Alto de esperar, entre tanto jolgorio, mandó a llamar a su fiel consejero Nawel, que permanecía a dos metros detrás de su trono en silencio, le susurró algo en el oído actuando este de inmediato, produciendo varios chasquidos con sus manos en alto, que captaron rápidamente los guardias que portaban unos impresionantes tambores y que permanecían entre unas columnas enormes, al final del Gran Salón.
Inmediatamente y a la misma par, empezaron a tocar unos redobles muy contundentes, haciendo temblar todo el castillo y provocando que cada invitado se levantara rápidamente de sus respectivas butacas, guardando al instante un mutuo y respetuoso silencio, firmes, observando atentamente al Rey Baco que ya se levantaba de su trono, el Rey de Garnhea, ya estaba preparado para recitar sus primeras palabras a los agregados.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 7 meses

Que buen banquete se dan los ricos mientras los pobres se matan a golpes por un mendrugo de pan, me gusto mucho la caja. 😁 ahi vamos leyendo.


#46

El Rey Baco, comenzó la reunión del consejo del Reino de Garnhea, sin la presencia de la Princesa de la Granja de Ianna, se sentía enfadado por que siempre solía ser impuntual y eso le ponía de los nervios. La madrastra en cambio, la ahora Reina Tiffany, se mantenía en su trono sentada con las piernas cruzadas y con una sonrisa picarona, nunca habían congeniado bien Ianna y ella y no le extrañaba que aún no hubiera llegado.

Los comensales en pie y con las copas levantadas, escuchaban atentamente al Rey como daba su bienvenida, nombrando uno a uno a todos los altos mandos allí congregados, todos guardaban un prudente silencio, asentaban todos sus cabezas hacia el Rey, mostrando el habitual gesto de respeto, sentándose cada uno en sus respectivas butacas nada más sonar su nombre.

Después de dar la bienvenida al personal, el Rey Baco volvió a sentarse en su trono, dándole paso a su fiel consejero Nawel, él se encargaría de elegir el turno de palabra y de cada una de las intervenciones para hablar a favor o en contra del Reino o de una propuesta.

El primero en decidirse en tomar la palabra fue Amber, el consejero del Torreón de Hisn Gaviar...

-Mi Rey, con todos mis respetos, debo de confesarle que hace varias Lunas paralizaron a todos mis guardias, algún extraño ente en forma de luz brillante, nos iluminó sin saber nadie lo que era, ni nos atacaron ni nos robaron mi Rey, solo nos dejaron como estatua durante algunos minutos.

Al escuchar esas palabras, la multitud se sorprendió mientras se deleitaban con aquellos manjares, frenando sus ansias para conversar con el que tenían al lado de la mesa.
El Rey Baco mantuvo su mirada fija en Amber, a la vez que bebía un sorbo de su copa de vino.

Seguidamente, Yuma, el Señor Feudal del Torreón de Hisn Gaviar, uno de los hombres más mayores del salón, que permanecía justo a la derecha de su consejero Amber, se levantó y alzó la voz por encima del murmullo...

-Mi Rey, pidiendo de antemano perdón por mi intromisión...
-Prosiga...- siguió el Rey con un tono de aburrimiento de lo que estaba escuchando mientras le daba otro buche a su copa.
-Con su permiso, propongo volver a dar ofrendas a los Dioses..., fui uno de los que estuvo paralizado en aquella torre, inmóvil totalmente y tengo fe en ellos. Con su padre manteníamos esa tradición y nunca nos pasó nada de lo acontecido.

El gentío fue silenciándose poco a poco al escuchar las palabras longevas del Señor Feudal, pequeñas carcajadas se hicieron silenciosos ecos entre aquellas columnas que rodeaban esa lujosa mesa, cuando Astrid, consejera de la Torre Fabiana quiso dar su opinión, proponiendo bajo la atenta mirada del Rey y la risa irónica de la Reina, que podían ofrecer a un enano asqueroso, que habían llegado rumores a su entorno, gracias a un mensajero, que un enano que se dirigía a la Granja de Ianna había desaparecido misteriosamente, propuso que podrían aprovechar y encontrarlo...
-Creo que nuestros Dioses, nos están paralizando... Porque... no hemos renovado nuestra sangre del roce de esos pequeños individuos apestosos, que siguen conviviendo en nuestras fronteras- concluyó Astrid, comenzando de nuevo ese runrún en el Gran Salón del Castillo.

El Rey y la Reina, mantenían su semblante arrogante y de indiferencia, dejaban que discutieran entre ellos, hasta que Nawel pidió tranquilidad a los comensales y que guardaran un poco de silencio. Cuando el gentío cayó, el consejero se acercó a su Rey, susurrándole al oído lo que quería aconsejarle, asintiendo con su cabeza en todo momento el Rey Baco, al recibir esas palabras.
Segundos después, se animó a dar su conclusión, con la mirada fija y de superioridad hacia su copa de oro, repitió las mismas ideas que le convencieron de su consejero, decidió que buscaran al enano perdido para ofrecérselo a los Dioses...
-Pero...-quería seguir el Rey condenando bajo la atenta mirada de Nawel, ya que lo que le aconsejó ya se lo había adelantado a los asistentes, pensando que lo que prosiguiera sería cosa suya solamente.
-Pero lo haremos a mi manera queridos fieles...Iremos a Cuevas Bajas...- ahora el Rey miró fijamente a su nueva esposa, con los ojos cómo hechizados por ella- ...Le daremos el perdón de Garnhea y de los Dioses, ofreciéndoles y ayudándoles a buscar a su enano, cuando se confíen y crean en nuestro perdón, extinguiremos a su especie por completo...Es fácil...- chocó con su copa la copa de la Reina, en un gesto de victoria.

Nadie dijo nada, todos siguieron comiendo, ahora permanecían en un mutuo silencio, ninguno de los que estaban invitados, se había atrevido nunca a recriminarle nada, sus palabras había que acatarlas si o si, sus palabras eran ordenes gustara o no gustara y se debía de hacer tal como dijo y sin ningún error, por que o si no, la condena sería dura para ellos.

Después de varios minutos de deliberación, Nawel le cedió la palabra a Owen, era el Señor Feudal de Garnhea, la mano derecha del Rey Baco...

-Mi Señor, con su permiso- el Rey ahí dejó su copa a merced de un esclavo que corría para recogerla, juntó los dedos de ambas manos y puso más interés en aquella voz más cotidiana.
-Quiero decirle que comparto su decisión intachable, hemos dejado mucho tiempo que Cuevas Bajas crezca, si vos queréis saber mi humilde opinión...Sobre la parálisis de los guardias del Torreón de Hisn Gaviar, es que seguramente podría ser por culpa de alguna bruja malvada, que convive en aquellas rocas con esos monstruos. Según mis informadores...- mirando y empezando a leer Owen un pergamino entre sus manos- ya tienen unos dos mil hombres fieles a ellos que lucharían por su libertad, y con todo esto- sorprendiendo a los asistentes de esas cifras, volvió a alzar la mirada hacia Baco- seguimos siendo mayoría mi Rey, no hay que preocuparse, pero tampoco podemos dejar que tramen una venganza por quitarles en su día sus tierras y expulsarlos de aquí a esos condenados, creo que independientemente que secuestremos al enano para ofrecérselo a los Dioses...Deberíamos atacarles de inmediato antes que se hagan más fuerte.
-Tienen razón mi Rey, si ahora mismo atacaran al Torreón de Hisn Gaviar, fracasaríamos, no tenemos demasiados hombres para defenderlo y lo dicho anteriormente, algunos permanecen asustados de cuando quedaron paralizados- prosiguió Yuma, el Señor Feudal del mismo Torreón.

La Reina y esposa del Rey, Tiffany, pareciendo ausente en el Gran Salón, quiso tomar la palabra por primera vez, sin pedir advertencia al consejero Nawel, ella por sí sola quiso culminar la decisión tomada, en lo que todos estaban de acuerdo, diciendo que sería una perdida de tiempo ir a buscar a un simple enano, ordenando inmediatamente a Torre Fabiana que empezara con la conquista de Cuevas Bajas, que sacaran a su gran gigante de sus ataduras y que lo soltaran a su antojo en aquellas tierras donde habitaban los enanos.

Astrid, la consejera del lugar donde tenían aprisionado al gigante, tomaba notas en la misma mesa y hacía recuentos de hombres que tendría a su disposición. Rodeado de manjares apetitosos, debía de preparar desde ya la estrategia a seguir, ya no había marcha atrás a esa decisión tomada por la Reina Tiffany mientras el Rey Baco, le sonreía masticando unas uvas, aceptando y disfrutando de lo que escuchaba.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 7 meses

Que no hay nadie bueno dentro de la realeza?. Si es asi. Que todos ardan en la hogue con leña verde entre gritos de suplica y de dolor.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 7 meses

Jajaja lo tendré en cuenta. Gracias por comentar amigo.


#47

Tuvieron un tiempo de descanso todos los comensales, algunos se fueron a la puerta del castillo a conversar, otros se quedaron dentro sentados en la gran mesa y saboreando ese exquisito vino.

Hicieron tocar el añafil nuevamente, todos los invitados volvieron a sus butacas con toda la mesa impoluta, solo las jarras y los vasos se mantenían en lo alto del lujoso mantel.

A la Reina Tiffany le peinaban el pelo con un cepillo de oro en lo alto de su trono, mientras el Rey Baco recibía un pergamino que le dio su consejero Nawel, escuchando sus indicaciones atentamente. En el mismo momento que se asentaban los altos mandos e iba silenciándose el Gran Salón, su consejero hacía pasar a dos guardias al lado de su trono, uno de ellos se mostraba con una venda en la cabeza, el otro se mantenía intacto y firme.

El Rey Baco los miraba de arriba abajo a la vez que leía aquel escrito que le pasaron en voz baja, Nawel le aconsejó que lo leyera en alto cuando terminara de leerlo...

"Querido Rey Baco:

-Somos dos guardias a los que mandaron a investigar sobre lo sucedido en la explanada de Bosque Espeso.
Nuestra misión era buscar respuestas de porque la catapulta no se lanzó sobre la Ciénaga de Aguas Secas en el atardecer, como ordenó vuestro Primer Caballero Victorino.

Solamente encontramos los caballos y la carreta que portaban los maderos para formar dicha catapulta a medio hacer. Al volver con lo hallado, vimos a un sucio mendigo contando monedas de oro entre la maleza, quisimos pasar de largo pero este nos quiso hacer una trampa atacándonos por la retaguardia con una gran piedra que impactó sobre mi compañero. No nos dio tiempo a reaccionar, que aparecieron otros dos tipos de la nada, reconociéndolos al momento...Uno de ellos era Iagan, el mismo hombre que debió cumplir sus ordenes mi Rey, lanzando los proyectiles sobre la boda de su ex esposa Décima.
Le insistí en que me ayudara con mí compañero herido y su respuesta fue reírse y decir que ya no cumple ordenes de ese Rey sin pies ni cabeza. Me sentí muy herido mi Señor y fui a por él, pero el otro muchacho que apareció me frenó, ahí me di cuenta que era un Stewart, el hijo de la bruja Aalis, estaba muy enfurecido por la muerte de su madre y me quiso atacar también, agarré como pude a mí compañero malherido y huimos lo más rápido posible mientras nos lanzaban piedras, gracias a los Dioses seguimos vivos y a esa fuerza que llevamos en la sangre por defenderos a vos..."

Al Rey se le cambió el semblante radicalmente poniéndose colorado y muy enfurecido, pensando en la dura muerte que les pondrían, nada más que lo capturaran.
Ya estaba preparado para decir sus primeras palabras de odio cuando la puerta se abrió de par en par, para dar paso a su hija, acompañada de varios soldados proveniente de la Granja de Ianna...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 7 meses

Estupendo! a por la siguiente caja!!!!


#48

Las puertas del Gran Salón del Castillo se abrieron de par en par para recibir a la Princesa Ianna, acompañado por su consejero Xanto y dos soldados que la custodiaban. Ella se adentró e interrumpió la reunión de los altos mandos sin avisar, eufórica por sus nuevos prisioneros, impuntual como siempre.

En ese momento tenía la palabra el Príncipe de Radka Wynda, su hermano, el único que se mantenía en pie frente al Rey, movió su cuerpo dejando paso al silencio tras escuchar las puertas abrirse con un gran golpe.
Todos los invitados giraron la cabeza hacia la entrada, al Rey Baco se le abrieron los ojos por completo al verla entrar con tanta osadía, además de la tardanza...Tuvo la desfachatez de llegar sin pedir permiso, no la podía ni ver.
De sus hijos herederos al trono, era la que menos deseaba y más todavía desde que se hizo esposo de la Reina Tiffany, esta tampoco la aguantaba, con su mirada se podría saber que la odiaba.

La Princesa Ianna, atravesó entre las dos lujosas y grandes mesas alargadas a paso muy ligero, con la intención de ponerse frente al Rey Baco. Le perseguían las miradas de sorpresas de todos los comensales que allí estaban asentados, guardando un completo silencio, pero a ella no le importaba nada, ni los protocolos que siempre le solía incidir su padre, ella venía con la ansiedad de contarles algo importante.

El Rey Baco juntó el entrecejo, con cara de pocos amigos, la Reina Tiffany en cambio, mantenía una risa hipócrita cuando la Princesa frenó sus zancadas a dos metros de ellos, manteniendo una de sus bellas piernas en el escalón más alto, preparada para hablar.

-Padre...- Ahora si que agachó la cabeza Ianna para dirigirse a su padre, a su madrastra ni la miró, el Rey Baco sentía que le ardía algo por dentro, pero dejó que siguiera exponiéndose...

-Pido disculpas ante de nada por mí retraso, a vos y a todos los invitados del Reino aquí reunidos- sonó un leve murmullo en el salón que volvió a cesarse para seguir escuchándola...

-Habla hija, habla...Con tus malas formas, tú severa e inoportuna entrada, parece que traes algo importante...- El Rey Baco la miraba con asco a la vez que cogía su copa de vino, odiaba su conducta y su desobediencia, esperaba que le contara algo que valiera la pena, aunque la miraba a su hija, lo delataba de que había tomado alguna decisión.

-Querido padre...Tenía todo previsto, veníamos de camino y le aseguro que nada más salir el alba, como vos me pidió...Estábamos en marcha hacia Garnhea, pero mis guardias aprisionaron a cuatro hombres sospechosos y peligrosos para el Reino, detuvieron mi carruaje para que dictara una sentencia sobre ellos y tuve que retroceder...
-¿Quienes eran hija?, y...¿Qué decidisteis?- Con ironía y con un gesto de interesarle poco lo que le iba a contar, el Rey Baco le preguntó, mientras el Gran Salón permanecía pendiente a las palabras de Ianna.
-Púes le explico el porque de esta entrada tan apresurada padre...- La Princesa Ianna hacía muchos aspavientos con las manos, ansiosa por contarle todo.

-Tenemos prisionero en la granja, al desertor que no lanzó la catapulta sobre la Ciénaga de Aguas Secas, se llama Iagan, tenemos al hijo que escapó de su cabaña cuando quemaron a su madre, el hijo de los Stewart, que al parecer venía a por su ganado, les acompañaba un sucio mendigo y además, tengo un hombre que le resultara familiar y que sé que será un gran regalo para vos...¡Tenemos en las mazmorras a Dido, el borracho del hermano de su ex esposa Décima, que consiguió escapar para sorpresa de todos, de aquella asquerosa ciénaga, ¡TODO EN UNO PADRE!-

La Princesa Ianna dio una vuelta sobre si misma, con los brazos levantados en forma de victoria, se sentía gloriosa y orgullosa en aquel momento.
Todos los allí presentes, sorprendidos, conversaban entre ellos, los dos guardias heridos, que anteriormente dieron su versión de lo ocurrido en Bosque Espeso, se convencían mutuamente de que aquellos tipos, eran los mismos que les atacaron.
El Rey Baco se tomó su copa al instante mientras su esposa la miraba de reojo.

La Princesa Ianna, después de creerse su hazaña, se quedó expectante, con una sonrisa atrevida, convencida y deseando de escuchar los halagos de su querido padre Baco...
Este, es verdad que cambió su ceño, pero seguía sin cuadrarle algo, no se fiaba de su hija...

-Muy bien hija, buen trabajo...Pero...¿Con quién has venido a Garnhea?- ahora le miraba interesado de su respuesta.
-Padre...hemos venido con quinientos soldados, con mí consejero Xanto, aquí presente...
-¿Y quién se ha quedado al mando de la Granja Ianna?- Le interrumpió rápidamente.
-Ni te preocupes padre...Lo tenía todo pensado...He mandado a los soldados de Torre Fabiana a que trasladaran al gigante a las cosechas, nadie se atreverá a robar los suministros que sustentan al Reino...

A estas palabras le acompañaron unas carcajadas de grandeza, unas carcajadas del trabajo bien hecho o eso creía...Por que al escuchar aquello su padre, se levantó de su trono como un resorte, aumentando el cabreo que parecía que había menguado, todo el salón quedó perplejo...-¿Un gigante?, ¿Ha dicho un gigante?-, todos murmuraban elevando poco a poco más la voz, anonadados de lo que habían escuchado, más de la mitad de los altos cargos desconocían que existiera aquel monstruo.
Unas de las pocas personas que sabían en el Gran Salón, de aquel secreto dicho a voces, era la consejera de la mencionada Torre Fabiana, Astrid, que se levantó enfurecida de su puesto para aclarar rápidamente al Rey que ella nunca comentó lo que tenían oculto allí, que habrían sido sus centenares de guardias que trataban con aquel enorme animal, que hablarían entre ellos haciendo que saliera a la luz lo que mantenían escondido.

El Rey Baco suponía que algo haría mal su hija Ianna, ella fue perdiendo la sonrisa a medida que veía el rostro de su padre levantarse, mirándola con desprecio, como si fuera el mismísimo demonio. La Princesa Ianna no entendía nada, pensaba que había actuado bien, pero para Baco no fue así. Él tenía aquel gigante como si fuera oro, lo mantenía en secreto por si venía una gran guerra, teniéndolo oculto en aquellas cloacas que tardaron años y años en construirlas a propósito exclusivamente para aquel monstruo infranqueable en Torre Fabiana. Era su carta guardada, era el arma más letal de todos los tiempos que tenía a su disposición, bien escondido para cualquier enemigo que quisiera atacar al Reino. Aquel secreto, al moverlo de lugar, habría sido descubierto, con su imponente fuerza y arrasando con todo, sería imposible que no se dieran cuenta de su presencia y seguramente sería más frágil su reinado al ser destapado.

Muchas preguntas sin respuestas rondaban en aquellas columnas del castillo, algunos querían saber porque le ocultaron aquello...Pero el silencio volvió a aquel lugar al recibir la Princesa Ianna un tortazo con la mano vuelta, clavándose en su hermosa cara aquel anillo que portaba su padre, haciendo que cayera al suelo, compungida y extrañada por esa reacción, no se la esperaba para nada.

La Reina Tiffany también se levantó de su trono, manteniendo esa sonrisa pintoresca se acercó a su esposo que mantenía su brazo en alto, diciéndole varias palabras al oído...Y este, El rey Baco, como siempre desde que la hizo Reina, le volvió a hacer caso...

-¡IANNA...POR TUS CONSTANTES DESOBEDIENCIA, POR TUS MALOS MODALES, TÚ IMPUNTUALIDAD Y TÚ POCA RESPONSABILIDAD...Y POR SUPUESTO...POR TÚ SIEMPRE FALTA DE RESPETO A QUIÉN FUE TÚ PADRE Y TÚ REY...TE EXILIO DEL REINO DE GARNHEA, QUITÁNDOTE TODO TÚ PODER Y NO QUERIENDO VER TÚ MALDITO ROSTRO POR MIS TIERRAS, TE DESPOJO DE TÚ NOMBRE Y MIS APELLIDOS...!, ¡SOLDADOS! ¡ECHARLA DEL REINO INMEDIATAMENTE!, no quiero verla más...

Aquellas palabras, se le cayeron encima como una gran tormenta a Ianna, con los ojos llorosos y manteniéndolos fijos hacia quién fue su padre, a la vez que varios soldados se encargaban de sacarla del castillo, agarrándola de los brazos sin compasión, entre todos los altos mandos allí presentes que no salían de su asombro.
El Rey Baco seguía en pie seguro de su decisión mientras la Reina Tiffany le besaba suavemente en el cuello, alegrándose de su reacción hacia su hija...O la que fue su hija...

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 7 meses

!EXCELSO! !BRAVITSSIMO!!!!! QUE ENCANTO LA CAJA, SIGUE QUE QUIERO SABER MAS!

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 7 meses

Muchas gracias Don_Diego una vez más.


#49

La noche llegó a la ciudad de Garnhea...Aquel día fue muy duro para todos los altos mandos del Reino y ya descansaban en sus respectivos aposentos dentro del Castillo...

Solo Héctor, el Señor Feudal de Radka se mantenía en vela, no paraba de darle vueltas al asunto sobre su lecho y no cesaba de pensar en su hermano Nael. Dudaba en aquel instante, si la bolsa de oro que le dio a ese pescador en mano, en la orilla del Mar Aequor, habría sido suficiente para que hiciera bien el trabajo que le encomendó...

Héctor, con su lúcida calva y su media barba, se decidió a ponerse su túnica marrón, por encima, se echó una estola decorada con bordados, pedrerías y forrado con pelos de lobo.
Cuando terminó de vestirse se animó a salir al largo pasillo, iluminado por antorchas a ambos lados de las paredes y puertas que daban hacia las habitaciones de los invitados, entre aquel silencio que dominaba en el ambiente.

Se sabía de memoria todos los recovecos de aquel Castillo e iba decidido hacia su destino, bajando con mucha cautela por los grandes escalones, rodeados de cuadros pintados con los rostros de los ancestros del Rey Baco, su propia sombra, los tapaba a medida que bajaba.
Aquella noche era placida en aquel mismísimo instante, se escuchaban algunos susurros de los soldados que les tocaban la guardia, pero no fue impedimento para que Héctor siguiera bajando por aquellas escalinatas, que cada vez era más estrechas y más empinadas.

A su anciana edad, solo él sabía lo que tramaba, no se lo llegó a contar ni a su hermano Nael ese miedo que siempre le tenía a los hechizos, a las brujas y a todo lo relacionado con lo esotérico, nunca se fiaba de las magias negras, ni de lo que predecían algunos videntes y tenía muy claro que había que echar a la hoguera todo lo relacionado con este tema.

Por eso, nunca se sintió arrepentido cuando mandó a los campesinos de Garnhea...A que quemaran a la bruja Aalis en su cabaña, -"solo el fuego quema las malas hierbas"-, solía ser su frase. Aquellas bolsas de oro que repartió a esos hombres y mujeres que mataron a la madre de Carwin, fue una de las mejores inversiones que hizo, por lo menos limpiaba el mal del Reino.
Pero no estaba tranquilo mientras siguiera vivo el hijo de los Stewart, Héctor estaba convencido de que él, también llevaba el demonio en sus genes y que en cualquier momento se revelaría con todos los de su alrededor, "expulsando bolas de fuego" como auguraba su madre en el mercado, estaba seguro de que su madre hablaba del poder de su hijo y tenía claro que no iba a concederle al mal más poder que esas palabras, así que se justificaba con esos pensamientos y el porqué, quería que Carwin muriese.

Él mismo se cercioraba que aunque no creyera...Creía, o si no, no actuaría de tal manera, él mismo sabía perfectamente que algo habría de verdad, tras las palabras que pronunciaba una y otra vez en su puesto de venado, no sabía el porqué, pero intuía que algo malo pasaría si no acababan con los de su sangre...Así que hasta que el hijo de la bruja Aalis no muera...No dormiría tranquilo.

Después de bajar todos los escalones...Al fin llegó a las catacumbas, esa galería subterránea estaba repletas de tumbas, con los cuerpos que allí yacían tallados en las mismas piedras donde estaban enterrados, las antorchas infinitas iluminaban dibujos evangélicos y alegóricos en las paredes y por medio de estas, cruzaba Héctor un largo pasillo hasta llegar a un pequeño portón, abriéndolo con sumo cuidado y echando su ultima mirada hacia atrás para comprobar que nadie lo seguía...

Nada más salir al exterior, por la parte trasera y más abajo del Castillo, se encontró pisando un campo lleno de tréboles, siendo los pies de una espesa neblina.
No quiso dar un paso más sin coger antes una antorcha que se mantenía postrada en lo alto de un ataúd, de quién sería un valiente caballero del Reino. Pidiendo sus respeto, la agarró para encender su camino y prosiguió por el sendero que ya estaba pisado.

Sin estar tranquilo...Siguió andando, sabía a donde iba a pesar del pudor que le daba aquel lugar, sin parar de observar atentamente a su alrededor o lo que la naturaleza le dejaba que viera...

Héctor, anduvo a pasos lentos pero firmes varios metros, alejándose de la base del Castillo hasta llegar a unas aguas que pocos sabían que allí emanaban, solo los privilegiados del Reino podían beneficiarse de ellas.

El Señor Feudal de Radka estaba muy agotado, cansado por el largo viaje y por tantas horas de reunión que mantuvieron en el Gran Salón, así que necesitaba relajarse y que mejor que unas aguas termales rodeado de grandes rocas y donde nadie podría perturbar la tranquilidad que ahora necesitaba.

Algunas lechuzas giraron su cabeza 360 grados a la vez que ululaban al ver su presencia, aunque Héctor no llegaba a verlos aunque quisiera por la niebla que se mantenía constante en el entorno.

Intentó serenarse y no dejarse llevar por los ruidos de la noche, dejó la antorcha encendida sobre una roca y comenzó a quitarse su túnica, quedándose totalmente desnudo.
Entre unas ramas tenía escondido una toalla y unas alpargatas de esparto, que seguían perennes en el mismo sitio donde las dejó la última vez que estuvo allí.
Héctor ya estaba preparado para adentrarse en aquellas aguas templadas, bajo la luz de la luna llena que se reflejaba tras la niebla...

Se atrevió primero con su pie derecho para comprobar la temperatura, se mantenía como siempre, limpia, pura y cristalina. Metió todo su cuerpo llegando el agua hasta su cuello, cerró los ojos por un momento para asegurarse que era exactamente lo que quería en ese instante, era su tiempo con los Dioses, pensaba...

Se sentía ahora mismo en sintonía con la vida, le daba igual la penumbra y aquellos sonidos nocturnos, no sabría decir cuantos siglos pasaron hasta abrir los ojos y ver que la niebla dejaba entrever a una figura enorme sentada sobre un brusco tronco...
Abría los ojos muy despacio al sentirse vigilado, aunque pareciera lo contrario, pero algo había allí...
Sumergió los brazos en aquel pequeño lago y miró a la orilla del frente suya, como hipnotizado a los movimientos extraños que hacía la niebla, no se creía que hubiera alguien más a esas altas horas de la madrugada, en aquel sitio tan oculto, pero la silueta que vislumbraba le decía lo opuesto.
Intentó nadar suavemente hasta el otro extremo para acercarse más a aquello, hasta que lo vio perfectamente y no era imaginaciones suyas o eso creía...

Héctor, cada vez más asustado...Paralizó su nado y hundió su cabeza hasta llegar el agua por los ojos, quedándose asombrado de la imagen que veía.

Allí, sin llamarlo nadie, permanecía un enorme gigante con una gran barba blanca y un pelo sudoroso que le llegaba hasta la cintura, sentado sobre un brusco tronco caído en la tierra. Héctor se frotó los ojos varias veces sin terminar de creerse lo que presenciaba, mojándose totalmente la cara, sintiendo que esta, se iba enfriando poco a poco a la vez que aquel monstruo portaba entre sus manos un gran muslo de lo que era un mamut, mirándolo desafiante sin decir ni una palabra, mordiendo aquella carne sin contemplación, sin parpadear, fijo al Señor Feudal, como advirtiéndolo.
Héctor se quedó perplejo y volvió sobre sus pasos en aquellas aguas termales que cada vez era más frías, muy despacio, como no queriendo interrumpir su cena.
Este apartó la mirada para centrarse en lo que engullía, mientras Héctor estaba deseando salir de allí, ya se encontraba cerca de la orilla contraria al gigante y ya estaba preparado para impulsarse y proceder a dejar esas aguas, pero unas burbujas comenzaron a brotar de la superficie, formándose cada vez más rápidas y chispeantes, el gigante volvió a mirar a Héctor con esa mirada que lo penetraba, cuando de su gran boca escupió un trozo de hueso.
El Señor Feudal bajó la mirada para ver el fondo, ahora le importaba más aquello, era como si miles de caballos trotaran, las burbujas no paraban de sucederse a su alrededor, manteniendo un gesto de pudor "in extremis". Héctor vio como una de estas empezó a crecer, flotando sobre el aire y haciéndose cada vez más grande sin explotarse, con la boca abierta y pasmado, contemplaba como dentro de esa gran burbuja se iba formando una silueta de una bella mujer, mientras, el gigante se seguía regocijando con la comida, como si nada pasase, como si no percibiera lo mismo que Héctor, este se quedó inmóvil en aquel lago, esclavo de aquel acontecimiento...

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 6 meses

Jeje gracias Don_Diego, tengo que seguir las pautas jeje