escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43 (3792 ptos) | Escritor autopublicado
#1

PRÓLOGO

AGUASCALIENTES, MÉXICO

Lágrimas que obstaculizan la mirada, ojos que observan sin contención, murmullos que la abruman y solo la mano de quien la sostiene, impide a la pequeña derrumbarse en la escalera, del dolor. Su vestido negro de luto anunciaba a gritos la repentina despida de sus progenitores. La niña de cabellos castaños y ojos ámbar, de nombre Zahra, se sujetaba con fuerza a la mano de su vecina, mientras que con la otra se cubría el rostro, impidiendo a los curiosos la vista de su dolor.

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace 9 meses

Muchísimas gracias, la verdad soy totalmente nueva en el mundillo y aun no entiendo muy bien como funciona la plataforma, pero pongo mi mayor esfuerzo.

METZ
Rango5 Nivel 20
hace 5 meses

Me lei todas las partes, escribes bien, tienes buenas ideas y ordenas sumamente bien todo ese arsenal, lo último es mas dificil de lo que parece. Pero, si pudiera darte un consejo, seria que trates de contar en menos palabras, lo que se pueda contar en menos palabras. Le da mas centralidad al texto e interes. Aunque es todo cosa de gustos supongo. Animo, sigue mejorando.

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace 5 meses

Muchas gracias por tu consejo, lo tendre en cuenta =). Espero seguirte viendo por aqui .

NOVACHEK
Rango11 Nivel 50
hace alrededor de 2 meses

Me anoto, para futuras lecturas.
Cuando llegue el Colegio la leeré

Alcala
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 1 mes

/...en la escalera, del dolor.../ entre escalera y del dolor pusiste una pausa, tuve que leer de nuevo esa linea para conectar la idea. No se si fue esa tu intensión solo que, a mi, me pareció extraña esa pausa.

Por lo demás me parece buena el comienzo de la historia ;)


#2

Farren al otro lado de la sala, observaba la escena con evidente tristeza. Su amiga sufría más de lo que el resto imaginaba, temía por ella y su destino; con sus padres muertos y sin parientes, no tenía sitio donde quedarse. Se acercó a ella y tomó su mano libre, no sabía qué decirle o cómo mirarla, por lo que se limitó a apretar con fuerza sus dedos y respirar profundo. Esto le recordó a la niña que debía respirar y mientras lo hacía, escalofríos recorrían su cuerpo. La señora Ciut echo la vista hacia abajo, a Zahra y luego a su hijo, y sonriendo con pesar, salieron de la casa donde el clima era frío y húmedo.
La lluvia los acompañaba en el sentimiento, las gotas de agua mojaban la cara de Zahra, quien comenzó a llorar con más tranquilidad y confianza al sentirse acompañada por las del cielo. Solo tenía cinco años y su acompañante acababa de cumplir los seis. Caminaron hasta donde estaba el coche y subieron a este en absoluto silencio, a diferencia del resto de días en los que formaban grandes escándalos, que eran acallados por los vecinos. La señora Ciut, desde el volante, los miraba de cuando en cuando a través del retrovisor y se mordía los labios para contener las lágrimas por sus amigos muertos. Edgar y Sofía no solo eran vecinos, también eran padres y amigos.
Al llegar al cementerio, el señor Ciut ya los esperaba, Zahra bajo del auto mirando a la gente que iba llegando tras ellos: demasiados coches, demasiada gente, pero sus padres solo se juntaban con sus vecinos; para la cría el resto sobraba. Los recién llegados se fueron amontonando alrededor de los ataúdes de sus padres, ella los observaba con enfado, pero los ojos de Farren destilaban amor y comprensión. El chico la llevo hasta la primera fila y dejó que esta se despidiera. Zahra besó cada ataúd y apretó con fuerza el colgante de su cuello, el cual, había sido un regalo de su madre, les dedicó una sonrisa y dejó caer un par de lágrimas sobre la madera, que fueron ocultadas por la lluvia. No había paraguas y nada cubría sus cabezas, aquello incomodaba a Farren al que le gustaba mantenerse en seco, mas a Zahra le era indiferente, cerraba los ojos escuchando las palabras del sacerdote quien comenzaba la misa. Las palabras de este, no significaban mucho para ella, aun así, intentó entenderlas y se alegró al escuchar las últimas:
“No os dejéis abatir por la pena, seres amados. Mirad más bien la vida que ahora empiezo, y no la que he concluido; pues voy a unirme con Dios y os espero en el Cielo.”
Ella quería volver a verlos y según su padre, el Cielo era un lugar muy bonito. –Los veré después– aseguró aliviada mirando el cielo gris y apretando contra su pecho su colgante de piedra.
Minutos después regresaron a la casa, Zahra se fue a dormir a la planta alta en compañía de Farren, mientras que en la planta baja el señor y la señora Ciut atendían las visitas, aceptaban condolencias y ofrecían aperitivos. Hacían sus mejores esfuerzos por poner buenas caras y cuando todos se fueron, se derrumbaron en el sofá a llorar. La señora Ciut le tenía un gran aprecio a la pareja, eran unos buenos vecinos y amigos, sobre todo a Edgar, con quien compartía ideales, objetivos y aficiones. Su marido la consolaba, al tiempo en que ambos se desahogaban. –Los voy a echar mucho de menos– masculló la señora Ciut tratando de serenarse. –Lo sé, querida, yo también– aseguró el hombre destrozado. La mujer cerraba los ojos con fuerza, deseando que aquello solo fuera parte de una pesadilla de la que pronto todos podrían despertar, mas a pesar de apretar con vehemencia los ojos, la imagen al abrirlos no variaba. –Pensar que pasamos por tanto … ¿Para esto? – jadeó con rabia, –para que se fueran de esta manera– añadió riendo con amargura. – ¿Un accidente de coche? – emitiendo un fuerte suspiro que concluyó con una nueva oleada de lágrimas y quejidos, su marido la abrazó, acariciando con ternura sus cabellos sin añadir comentarios. El día paso con una lentitud fuera de lo común, la pareja veía como poco a poco el cuarto se oscurecía y el ruido de la calle desaparecía.
Al caer la noche, la señora Ciut volvió a pronunciar palabra –Zahra–, su marido asintió a su lado y suspirando comentó: espero que continué durmiendo. La mujer negó con la cabeza, no se refería a aquello –se quedará con nosotros– masculló mirando hacia las escaleras, el señor Ciut siguiendo su mirada asintió nuevamente –correcto.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 9 meses

Escribes bien, es fluido y se comprende. Continua, toma un par de likes para que te anines a seguir, venga vamos y ANIMO!

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace 9 meses

Muchas gracias por tus ánimos, me sienta muy bien a la autoestima. Bueno ya que veo que conoces del tema. ¿Hay alguna regla, no escrita, sobre la frecuencia de publicación? Me toma mi tiempo escribir ... si soy sincera.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 9 meses

Tiempo Pues no en realidad. Escribe cuando quieras pero si quieres que te lean debes hacerlo mas continuamente; igual hay tantos tipos de personas quienes leen o escrben solamente. Asi que animate a escribir otras cosas nose poesia ciencia ficcion fantasia terror drama romance entre mas historias tengas mas te leeran. 😉

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 9 meses

Podria proponerte leernos y ya tendrias un lector de cabecera claro si tu gustas.

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 9 meses

Explicas muy bien la situación, me siento intrigado, te metes en la lectura desde el principio, buen comienzo, sigue...

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace 9 meses

Muchas gracias, creo que es de las cosas que más espero, conseguir que otros puedan sentir lo que yo siento y veo.

JorgeBenitezR
Rango9 Nivel 41
hace 5 meses

...muy buen texto; estilo impecable... me agradó...


#3

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO 1

LOWA, ESTADOS UNIDOS, 2 AÑOS DESPUÉS

Lluvia que impacta contra las ventanas, un sonido tranquilizador. Este es el único sonido que se escuchaba en la casa. Azariel, como de costumbre, estaba enclaustrado en el despacho que alguna vez fue de su padre, mientras su madre leía plácidamente en el sillón al fondo de la estancia, junto a la ventana. A pesar de su corta edad, Azariel disfrutaba de la meditación y la lectura sobre elementaristas, dichos libros se ocultaban entre los distintos estantes de la pequeña biblioteca de su casa. Su diversión se basaba en encontrarlos, y su pasatiempo favorito era releerlos, descubriendo así los nuevos matices escondidos entre sus páginas, que antes no comprendía pero que ahora podía admirar, tras empaparse una vez más de ellos. Adquiriendo de manera ambiciosa, todos los conocimientos de su contenido.
– ¿Cómo se cambia de estado?– preguntó Azariel después de su lectura sobre el tema, Esther levantó la vista de su libro y sonrió. –¿No lo dice en el libro?– cuestionó alzando una ceja. –La teoría no ayuda en mi práctica– comento el muchacho encogiéndose de hombros. Esther cerró el libro y se levantó con elegancia del sillón para sentarse a poco metros, en el suelo, frente al crío. –En estos ocho años ¿Cuándo la teoría ha ayudado a tu práctica?– le preguntó apartándole el negro pelo de la cara, un gesto cariñoso y típico entre ellos. El niño pensó por unos segundos frunciendo los labios, aparentando construir un cálculo real – 40%– aventuró aproximando un porcentaje, la mujer rió volviendo a alzar la ceja – puede que un poco menos– supuso entonces el chico, sin darle importancia al asunto.
–¿Voy a estar siempre aquí?– le preguntó con ironía su madre, Azariel negó con la cabeza, aunque en el fondo esperaba que sí, sentía por su madre un gran afecto y respeto, no solo porque era la única persona con la que solía convivir, sino porque ella desplegaba sobre él un amor inconmensurable. Esther le pidió el libro y este, sin pensarlo, se lo dio abierto por la página que le interesaba, ella lo colocó sobre su regazo, para que él lo viera mejor y señaló un párrafo. –Vuelve a leerlo– pidió con gentileza, Azariel asintió y leyó reiteradamente sin encontrar diferencia con respecto a la vez anterior; levantó la vista pidiendo nuevamente la explicación de su madre en lugar de la autodeducción a partir del libro, pero Esther negó con la cabeza esperando que el chico volviera a leer. –No seas arrogante Azariel, lee con la mente abierta– educó. Su hijo suspiró, mas asintiendo decidido, leyó la página, y luego otras dos veces más hasta que comprendió el contenido del texto.

“El agua que corre, el agua libre, la que fluye, la que se escapa de entre tus dedos, la que no puede ser contenida, la que no para. Ese líquido del cuyas partículas colisionan y chocan, esos amantes que se persiguen, que se juntan, que vibran al tocarse y hacen subir la temperatura cuando el elemental extiende sus manos caldeadas, como lo hizo el salvador de los hebreos, entre ellas; donándoles su calor, que nace del sutil tirón de sus pensamientos, tras vaciarse de los recuerdos, llevándolas, como luceros, hasta su periodo canicular, del que solo él las podrá sacar.”

Esther lo miraba con atención y cuando el semblante de Azariel cambió, indicando su nueva lección aprendida, lo animó amorosamente – ahora inténtalo.
Azariel se levantó, cogió el vaso de agua que estaba en la mesa junto a la cómoda y se sentó otra vez frente a su madre. Vertió el contenido sin cuidado por el suelo, sin importarle humedecer la madera. Respiró profundo un par de ocasiones, luego soltó el aire y pensó en algo caliente: en géiseres, en el agua hirviendo en la olla o en el vapor que se formaba al ducharse. Movió sus manos frente a su rostro y cerró los ojos intensificando su concentración, dos segundos después el agua del suelo poco a poco se fue evaporando, Azariel al sentir que controlaba la situación abrió tímidamente los ojos y miró complacido a su madre. Había hallado la respuesta solo y Esther lo sabía, sabía lo rápido que él evolucionaba en su aprendizaje, lo rápido que entendía y veía las cosas. Pensó en Dimitri, agradeciendo el chico inteligente que habían concebido.
–Dale forma– instruyó tomando una de las manos del chico y colocándola de determinada manera; cerrando el dedo índice y uniendo el meñique con el pulgar. Azariel observó con atención, reteniendo en su mente lo mejor que podía la explicación y mantuvo la posición moviendo alrededor de su cara las manos, entre fascinado e inspirado. La mujer se levantó del suelo y volvió a su cómoda complacida del trabajo de su hijo. Cogió el libro de la mesa dispuesta a continuar su lectura, las novelas psicológicas atrapaban su interés.
–¿Qué hay del hielo?– preguntó el chico sin perder su esmero sobre el gas que comenzaba a rodearlo. Esther sin levantar la vista de su libro ya abierto, respondió– primero devuelve ese gas a su estado. Azariel no recordaba el contenido de la página siguiente, en la cual se mostraba el paso del gas al agua, por lo que se dejó llevar por la intuición y pensó en el agua que corre por los ríos, en la lluvia de la calle, en el agua del grifo …
Creyendo que las cosas podrían funcionar de una manera similar que con el paso del agua al gas, mas rápidamente el vapor se le escapó de las manos y se dispersó por el aire. –Dale la vuelta a la página y lee– riñó girando ella su propia página –la intuición aquí no sirve Azariel– le recordó con un tono neutral. –No podía contener el gas y darle la vuelta a la página– se justificó el crío en el mismo tono. Esther ante su respuesta, movió una sola mano, sin soltar el libro con la otra, y atrajo todo el gas que se encontraba en la habitación y que antes había sido agua líquida, al reunirlo todo, dejó el libro sobre su regazo y le dio la vuelta a la página, con un movimiento exagerado; luego leyó un par de líneas, para terminar alzándolo una vez más la vista y transformar el contenido de su mano en agua, la cual fue direccionada al vaso de donde había salido. –¿Hay excusa?– preguntó tomando con ambas manos el libro, Azariel se hundió en el sitio avergonzado –ninguna– masculló negando con la cabeza. Le dio la vuelta a la página y comenzó a leer.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 9 meses

Me gusta la historia"Harry popote y la piedra pomex" perdon no pude soportar hacer la broma😅 sigue la historia es muy solida a mi parecer continua plissss

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace 9 meses

jajajaja gracias, estaré subiendo de esta historia cada semana o diez días, la estoy subiendo a la par en otra plataforma por ello es más cómodo. =)


#4

CAPÍTULO 2
AGUASCALIENTES, MÉXICO

– ¡Zahra! ¡Baja! ¡Ya está el desayuno!– gritó Farren desde las escaleras de la planta baja retornando hacia la cocina; sirvió dos vasos de zumo de naranja y los colocó frente a las tazas de café de sus padres, quienes ya estaban sentados a la mesa. El señor Ciut leía el periódico, al tiempo en que ella servía los platos de pancita, un desayuno típico del país. Segundos más tarde, la chica bajaba por las escaletas mientras se amarraba su largo pelo, con un fino listón rojo.
–Gracias– masculló esta cuando el plato estuvo en su sitio, mas al detectar la ausencia de cubiertos, se encaminó al cubertero y sin prisa, sacó las cucharas del cajón para dárselas a cada uno de los miembros de la casa. Una rutina sencilla y fácil de llevar, cómoda, incluso acogedora. La familia Ciut la habían aceptado, desde el primer momento, como a nuevo miembro de su familia. Los señores Ciut la consideraban ahora su hija y Zahra a ellos, como a unos muy buenos segundos padres. Farren y ella no se definían a si mismos como hermanos, sin embargo, eran los mejores amigos; el chico sobreprotegía a la pequeña, cuyo cuerpo daba la impresión de ser tan frágil que podía romperse con solo tocarla, y por fortuna, a pesar de no necesitar de los cuidados de Farren, a Zahra no le molestaban, por el contrario, disfrutaba de sentirse querida.

Una vez que todos disponían de su desayunó, se bendijo la mesa y desayunaron entre risas y gritos. Habían pasado dos años desde la muerte de los padres de Zahra. Los primeros meses fueron horribles para esta, extrañaba su vida pasada y las personas que giraban en torno a ella, mas, con el tiempo, las heridas poco a poco fueron sanando y el hueco de sus padres se fue llenando, vaporosamente, con el cariño de los Ciut. La madre de Farren era muy cándida y sabía cómo intervenir en los problemas de la pequeña, pretendiendo mantener hábitos que Zahra ya poseía con su familia de origen, mientras incorporaba nuevos recuerdos y momentos con ella.
De esta manera, le leía cuentos por las noches, tomaba su mano al cruzar la calle o jugaba con sus cabellos, como lo hacía Sofía en vida; al tiempo que adhería los rezos y las creencias religiosas típicas de los Ciut. Así, todas las noches, antes de dormir, le dedicaban una oración al ángel de la guarda y una mirada a las estrellas del cielo, donde, según las enseñanzas de la señora Ciut, se encontraban las personas que ya no habitaban en este mundo.
Farren, como de costumbre, las observaba desde el cuarto de enfrente y sonreía cada vez que su madre y su amiga señalaban al cielo nocturno despidiéndose de los que ya no estaban.
Por otro lado, el señor Ciut era más seco y mostraba menos su afecto. Al principio aquello preocupó a Farren, pues deseaba que ambos recibieran el mismo amor por parte de su padre, sin embargo, a la chica parecía no incomodarle. –Tu padre también me quiere Farren, a su manera– mascullaba Zahra cuando el chico se enfadaba con el señor Ciut y, en el fondo, ella sabía que sus palabras eran ciertas.

Aquella mañana, al terminar el desayuno, se dispondrían a salir de casa e ir al jardín de San Marcos. La señora Ciut lo había propuesto desde hacía un mes, pero las tareas y exámenes de la escuela, además del trabajo del señor Ciut lo habían ido aplazando. Zahra ya estaba sentada contra la puerta esperando al resto de miembros de la casa, Farren buscaba su gorra, la señora Ciut guardaba unas frutas en su bolso para la merienda, y el hombre del hogar buscaba las llaves del coche.
–¡Las tengo!– sonrió victorioso, cuando encontró las llaves bajo la gorra de Farren, quien se ruborizó avergonzado, Zahra rió por lo bajo y se levantó del suelo con un salto. El timbre de la puerta principal sonó y ella la abrió al instante.
Se trababa de seis agentes de policía que entraron de manera avasalladora con órdenes de arresto en las manos. Al verlos, la señora Ciut soltó su bolso y corrió fuera de la cocina junto a su marido, quien sin pensarlo, empujó a Farren contra Zahra, que estaba en el umbral de la puerta, y gritó: ¡Corran!
La niña al oírlo, viró rápidamente su vista hacia su segunda madre, descubriendo el terror en sus ojos; tras ese dolor, Zahra se obligó a tomar la mano de su amigo y tirar de ella hacia la calle, esquivando a dos agentes de policías en el trayecto. Al momento, Farren reaccionó corriendo con mayor decisión por la acera, mientras dos de los agentes los perseguían a corta distancia. Afortunadamente, los niños lograron despistaros al tirar por un callejón estrecho. Zahra sentía que los pulmones se le salían por el cuerpo y Farren notaba cómo ella disminuía la velocidad con cada paso. Cuando lograron perderlos de vista, el chico se detuvo frente a una de las casas bajas con balcón, levantó las manos con todas sus fuerzas y se concentró en mover poco a poco la tierra del suelo, deseándolo con todo su corazón, mientras pensaba en mantener a salvo a Zahra. Luego hincó las rodillas en el piso y enterró las manos en este, cerrando los ojos con brío, para levantar más y más tierra, hasta construir una especie de escalera que llegaba hasta el balcón. Acto seguido, empujó a Zahra para que las subiera y cuando ambos estaban en lo alto, devolvió la tierra a su sitio con mayor dificultad. Al chico le faltaba el aire, debido al gran esfuerzo empleado y el pecho le dolía, presuponiendo que el corazón se le pararía. Zahra se acurrucó junto a él y comenzó a respirar profundo para que Farren la siguiera. Poco a poco la velocidad de sus latidos disminuyó y sus respiraciones se acoplaron. Permanecieron abrazados y agazapados contra la pared del balcón, manteniéndose escondidos y sin decir palabra, hasta que la noche cayó.

–Debemos volver– susurró Zahra en la oscuridad, mientras le castañeteaban los dientes y apretaba con fuerza su colgante de piedra tallada, con forma de fenix y de color rojo intenso. Farren apretó su brazo alrededor de la diminuta figura de ella y negó con la cabeza– aún es pronto, mamá siempre ha dicho que esperáramos veinticuatro horas– le recordó. La chica asintió resignada, cubriendo su rostro en el pecho de él, absorbiendo su calor.
– 2 … 3 … 5 … –comenzó a contar minutos después, en susurros apenas perceptibles, con cada respiración – 7 … 11 … 13 … –continuó Farren en voz más baja, indicando que también quería dormir. – 17 … 19 … 23 … Lo has hecho muy bien hoy– le dijo aludiendo a la escalera de tierra – 29 … 31 … 37 … No estaba seguro de que lo conseguiría, a papá no le gusta que pruebe con cosas tan arriesgadas. Ambos suspiraron y cerraron sus ojos– 41 … 43 … 47 … A mí me ha gustado y nos a salvado– le recordó bostezando, Farren sonrió aceptando el cumplido de su amiga– 53 … 59 … 61 … – prosiguió, pero no volvió a recibir respuesta, la cría había caído profundamente dormida. El chico se alegró de que el juego funcionase y sin abrir los ojos para comprobarlo, también intentó dormir.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 3 meses

Aqui se me paso darle su like.


#5

A la mañana siguiente, Zahra despertó a Farren, las tripas les rugían, pero el miedo del día de ayer les había impedido darse cuenta del hambre que tenían. –Tengo frío. ¿Ya podemos volver a casa?– preguntó la chica deseosa de poner fin a la pesadilla. Farren, en respuesta, asintió y volvió a construir la escalera, aunque en esta ocasión, le tomó tres intentos demás para edificarla.
Caminaron de regreso a casa convencidos de que encontrarían al señor y la señora Ciut intranquilos, preocupados, mas aliviados al verlos entrar por la puerta. Divagaron sobre las distintas cosas que ellos les dirían y sobre los múltiplos platillos que desayunarían, en compensación por el día sin bocado. Sin embargo, cuando llegaron, la casa estaba vacía; los muebles, cuadros y demás objetos rotos, esparcidos por el suelo. No había rastro de los adultos. Farren rápidamente subió a la segunda planta de la casa y gritó sus nombres, con desesperación, mientras los busca. Zahra, en cambio, salió a buscarlos por el barrio, en el jardín y en la calle de enfrente, pero lo único con lo que se encontró fue con las miradas extrañas de sus vecinos. Entonces lo comprendió, sus ojos se oscurecieron, apretó los puños de sus manos con nervio y corrió de vuelta a casa.
–¡Farren, no podemos estar aquí, volverá la policía!– le grito tras cerrar la puerta de la calle, alarmada. El chico bajó con lágrimas en los ojos –no están– lloró, la niña negó con la cabeza y cogió comida del frigorífico. –Lo siento– se disculpó, por su dolor, por la frialdad de sus acciones, y tiró de su mano para sacarlo nuevamente de la casa. Al salir, uno de los vecinos llamaba por teléfono, razón suficiente para que Farren recobrará la compostura y apretando la mano de su amiga, volvieron a correr, sin detenerse a mirar hacia atrás.
Regresaron al balcón en el que habían pasado la noche anterior y comieron de lo poco que Zahra había guardado en una pequeña maleta que estaba en la cocina. –Me están buscando– murmuró Farren al terminar con el paquete de lonchas de jamón. La niña asintió y mordiendo un trozo de queso le dijo– pero no te encontrarán–, el crío no estaba del todo seguro, mas en ese momento solo podía pensar en sus padres.
–¿Zahra?– le preguntó a los pocos segundos–¿Tú crees que ellos están muertos?– inquirió con voz entrecortada, la chica negó con la cabeza y continuó comiendo; rompió un trozo de queso y se lo ofreció, pasaron varios segundos hasta que él lo cogiera, sin embargo, no lo ingirió.
–No voy a volver a verlos ¿Verdad?– dijo comenzando nuevamente a llorar, sintiendo el tosco nudo en la garganta. Zahra soltó la bola de queso y lo abrazó con prudencia– eso no lo sabemos– le dijo a modo de consuelo, sin soltarlo, aun cuando ambos lo intuían. Los padres de Farren hablan poco de las reglas o de la policía, pero Farren tenía prohibido usar su elemento fuera de casa o frente a cualquier otra persona que no fueran ellos o Zahra, porque eso no estaba bien. De hecho, la mayoría de veces, el chico solo usaba la tierra cuando perdía el control sobre esta, no a voluntad, como ayer.
También sabían que si la policía llegaba a su casa, debían esconderse y no volver hasta el día siguiente, pero sus padres nunca plantearon la posibilidad de que ellos no estarían después de regresar a casa. Farren no tenía más familia y Zahra se había quedado con ellos, desde la muerte de sus padres, por el mismo motivo. No tenían a nadie más.
–Zahra a ti no te buscan, tal vez… –comenzó pensando, no obstante ella negó con tesón –no me voy a ir a ningún lado sin ti– juró. Lo apretó contra ella, ahora con decisión, y el chico respiró reconfortado, tenía miedo de quedarse solo, y llorando en silencio, dejó que ella continuase con su abrazo.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 9 meses

Orales, aver como sale duo magico de esta. Ei echale un ojo a mi texto Alexander cazador de mounstros, si tienes algun chance @escritoraatiempoparcial ah y dime cual dices que es tu genero favorito igual y escribo una pequeña historia de ello.

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace 9 meses

jajaja. Juro que mañana le echo un vistazo. Con respecto a lo otro... no ha quedado claro con mis publicaciones ? jajajaja Fantasía y Romance =)


#6

CAPÍTULO 3

SEVILLA, ESPAÑA. UN AÑO DESPUÉS

El calor sofocante que quema y te deja sin fuerzas, sin ganas de salir de casa, ese calor que te hace aferrarte al aire acondicionado como si de ello dependiera tu vida. Cuarenta grados centígrados en la calle, mientras que en la comodidad del chalet aún se sentía el aire fresco correr.
–Buenos días– saludó Erik sin apartar los ojos de ella– buenos– bostezó desperezándose, luego se levantó y, pensándoselo mejor, se volvió a sentar en la cama. A los pies de la misma, el muchacho de mirada pícara la observaba con paz.
–¿No tendría que ser yo, quien te levante a ti?– le preguntó ella, cuando al fin pudo mantener los ojos abiertos.
–Qué más da, ahora los dos estamos despiertos.
Erik se puso en pie y abrió las cortinas de la habitación, la luz entró por ellas haciendo que la chica se cubriera los ojos para no quedar ciega. Cuando se acostumbró a la claridad de la estancia volvió a bostezar y colocándose las sandalias, salió del cuarto sin decir palabras. Como de costumbre, el chico la siguió hasta la puerta del baño, en el interior, ella se lavaba la cara –¿Has desayunado?
Erik rió desde fuera y negó con la cabeza, aquel gesto era imposible de detectar por ella, sin embargo, el silencio de este, le daba las respuestas.
–Tú padre llegó anoche con el mío– comentó Erik cuando el agua del grifo dejó de correr. Acto seguido, la puerta se abrió y ella lo zarandeó, recuperando su habitual humor– ¿Porque no empezaste por ahí?– recriminó ilusionada, con su natural felicidad, a flor de piel. –Están en el despacho, quería verte– comentó Erik mientras se arreglaba la camisa. La joven saltó de júbilo y salió corriendo hacia el despacho. Erik la vio partir y sonrió cuando esta desapareció en la distancia. Se recargó contra la pared y cerró los ojos disfrutando de la brisa que corría por los pasillos. Su madre, en la planta baja, era responsable de tal hecho, a la cual le gustaba esculpir, al tiempo que empujaba el aire del interior, una actividad bastante difícil de llevar a cabo, sin embargo, la señora Wline argumentaba que así, se concentraba.
–Acaba de iniciarse la junta– comentó esta al ver a la chiquilla llegar hasta la puerta del despacho. –Llego un poco tarde– se excusó ante la señora, quien asintió y le pidió ayuda con su nueva obra. La mujer trabajaba esculpiendo unas flores a tamaño humano, que partían de una maceta poco convencional y que terminaba cuasi envolviendo la propia planta. –¿Ha decidido ya el color?– le preguntó sacando el segundo boceto de la carpeta que le pedía la mujer.
–Aún no– negó algo enfadada al no encontrar el tono correcto para su obra. –¿Cual crees tú que debe ser?
La muchacha pensó, sin encontrar respuesta, ni siquiera se veía a la altura de escoger el color. –A veces lo más obvio es lo más hermoso y singular– informó la señora Wline mirando el boceto, pero aun así, la chica no dijo palabra.
Momentos después, la reunión concluyó y un grupo de hombres y mujeres salieron del despacho, los últimos, el padre de la chica y el señor Wline, entre risas y bromas. La señora Wline ensimismada en su labor, no percibió cuando su ayudante dejó los bocetos y fue hacia su padre.
–Por favor, encárgate de volver a redactar el contrato– pidió el padre de Erik. El secretario asintió y se despidió del señor Wline con una sonrisa.
–Hola– dijo la chica, a modo de bienvenida, cuando el dueño de la casa y padre de su amigo Erik, volvía a su despacho. Su padre saludó con la mano y le pidió que lo acompañara. Se internaron dos habitaciones más alejadas y cuando el hombre cerró la puerta volvió a saludarla– me alegro de verte.
Le dio un cortó, pero cariñoso abrazo, para después sentarse frente a su escritorio y comenzar a redactar el documento, con las nuevas cláusulas de la reunión.– Anoche ya era muy tarde y no quise despertarte– informó con una sonrisa al tiempo que tachaba frases sobre el papel.
–No importa– respondió ella tomando asiento y mordiéndose las uñas. –Tengo que cambiar esto y volver a llevarlo con el señor Wline, después arreglar unos papeles y después … – La joven se levantó de su sitio y se puso frente a su padre, con una mano acarició las hojas de un Anturio que estaba sobre la mesa y con la otra le pidió silencio a su padre. Las hojas poco a poco volvieron a su verde común y las flores a su rosa pastel. Su padre abrió la boca para decir algo, mas la chiquilla lo interrumpió– yo entiendo que tengas mucho trabajo y que hoy no puedas estar conmigo, pero, por favor, no descuides al Anturio, no tiene la culpa de tu trabajo– masculló sonriendo y mandándole un beso, después, abrió la puerta del pequeño despacho y salió por ella guiñándole un ojo. En el silencio de la estancia, su padre sonrió, centrando su atención en el Anturio –bellísimo.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 5 meses

Vaya... Estaba seguro que habia dejado aqui mi comentario y like... En fin espero continuacion desde hace 3 meses. 😁✌🙌

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 5 meses

Si lo entiendo a vecez uno no expresa lo que de verdad quiere por miedo a la critica., al que diran. Pensaran estas loco o que las nuestras ideas retorcidas y poco creibles seran tonadas con burla y desden. No pasar vergueza e incomodidad siempre me an reprimido. Mas de una vez me he contenido de escrbir lo mas loco feo o maravilloso y cursi por la malvada espina del: Que pensaran de mi, en fin. Hay que sacudirse ese insano miedo de a poco o de golpe e ir a hacer lo que el corazon y mente dicte ✌ vamos seamos fuertes💃😁👍


#7

CAPÍTULO 4
LOWA, ESTADOS UNIDOS
-¿Porque los elementaristas y los humanos se odian?- preguntó Azariel mirando por la ventana, había crecido unos cuantos centímetros desde el pasado invierno.

-Por estúpidos- sonrió su madre, viendo a los agentes de policía caminar por la acera. El niño también los vio partir molesto, Esther revolvió el pelo del niño y negó con la cabeza. -Muy poco sabio por tu parte- le dijo dándole la espalda a la ventana. -¿A qué te refieres?- le preguntó encogiéndose de hombros. Su madre alzó una ceja y le dedicó una media sonrisa- a generar odio porque ellos nos odien. Azariel asintió y comprendió lo que su madre le decía, tenía razón, no valían la pena.
Se metieron en la cocina y comenzaron a hacer la cena. Azariel vertió el agua en la olla y sin necesidad de fuego la hizo hervir, mientras su madre abría el paquete de pasta y la vertía en su interior. El chico añadió la sal, sin descuidar el punto de ebullición de su olla, al tiempo que su madre en un sartén freía trocitos de bacon. Azariel sacó del mueble un bol y echó los huevos y el queso. -No descuides la pasta- le recordó su madre, añadiendo la pimienta al bol, Azariel asintió volviendo a la olla y minutos después la pasta estaba casi cocida. La vertió en el sartén del bacon, su madre añadió el contenido del bol y dejó que su hijo terminase la cocción en la estufa.
Se sirvieron los platos y acompañados de la música de fondo cenaron. -Algún día los humanos y los elementaristas estaremos juntos- soñó Esther, su hijo desconocía cómo aquello se podría conseguir, -acabas de decir que son estúpidos- le recordó virando la mirada. -Pero nosotros no Azariel, los elementaristas del agua somos los más inteligentes, por eso nuestra diosa nos ama.
Azariel había leído sobre todos los elementaristas y en efecto, ellos eran los más sabios, aquellos que se regían por la razón y no se dejaban engañar por las emociones, como los del fuego.
-Madre, ¿Porque querríamos aliarnos con los humanos?- preguntó Azariel, Esther sonrió -¿Porque querríamos estar en guerra con ellos?- cuestionó, el chico aún confundido, se encogió de hombros. -No hay motivo para estar en guerra con los humanos, en el fondo todos pertenecemos a la misma especie- comentó la madre mientras bebía agua.
-Ellos nos odian- argumento el muchacho esperando el contraataque de su madre. -Carecen de inteligencia, no se les puede culpar.

Azariel meditó las palabras de su madre durante toda la cena, después levantaron la mesa y él lavó los platos – Me aseguraré de que los humanos y los elementaristas del agua estén juntos- prometió descubriendo que su madre tenía razón, ellos eran los más capacitados para establecer dicha unión. Esther asintió complacida y le dio un beso a sus cabellos negros. Por un momento el brillo en los ojos azules de Azariel se intensificó y observó, con amor, como su madre se alejaba, a descansar, a la habitación.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 5 meses

Pienso igual: La falta de inteligencia es lo que siempre nos termina separando.


#8

CAPÍTULO 5
DF, MÉXICO
Días ennegrecidos, sucios, turbios, ese tipo de días vivieron Zahra y Farren en el último año, huyendo de un lado a otro, viviendo de la caridad de la gente y de las riquezas de la calle, que se reducían a lo que las pillas manos de Zahra robaban de los comercios. Intentaron buscar refugio en Aguascalientes, sin embargo, encontraron pocos lugares donde poder ocultarse y la policía dificultaba la situación. Dos días después del arresto de los señores Ciut, la policía comenzó a colgar carteles con las caras de Farren y Zahra por todas las calles principales, esto obligó a los chicos a buscar una manera de emigrar. Tras casi un año ocultos, una pareja joven, les prestó su ayuda y con ellos lograron llegar hasta la ciudad de México, donde gracias a la documentación falsa y su bajo perfil pudieron sobrevivir junto a la pareja. Los chicos continuaron yendo a la escuela pública, pero ahora, por las tardes y fines de semana ayudaban a la pareja en la librería y las actividades del hogar. El trabajo era del agrado de Zahra, quien no solo vendía libros sino también los leía escondida entre los pasillos de la tienda, creando una especie de amistad con la mujer de la pareja, Alejandra, a quien además de fascinarle la lectura, había heredado el negocio de su padre y este de su padre, por ello era muy importante para ella mantenerlo en auge a pesar de lo poco que leía la sociedad actual. Farren, en cambio, no disfrutaba de la lectura, y tampoco de las finanzas del negocio, las cuales eran llevadas por Enrique, el recién casado, por lo que se dedicaba a las tareas del hogar, huyendo siempre que le fuese posible de la librería. Tanto Alejandra como Enrique sospechaban que los niños debían provenir de una familia disfuncional o ser hijos de elementaristas, no obstante, les dieron cobijo y protección; a cambio, ellos jamás hablaron de su pasado, y Farren nunca alertó a la pareja de sus poderes, viviendo así, en una relativa tranquilidad y paz.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 5 meses

Mira justo lo que queria leer 😁👍 la vida de esos chiquillos. Ahora que llego la calma seguro viene una nueva tormenta. Espero ansioso continuacion. 😁👌

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 5 meses

Esperando con impaciencia el siguiente capítulo, me encanta tu redacción y la estructura del relato, continúa esta genial.


#9

CAPÍTULO 6
LOWA, ESTADOS UNIDOS. UN AÑO DESPUÉS

Gotas de lluvia que impactan contra la ventana, el sonido más tranquilizador de la estancia, pero no el único, más bien, este sonido iba acompañado al monitor conectado a Esther. Pequeños pitidos que indicaban su continuidad en la tierra, en la habitación, en la vida de Azariel; quien a los pies de la cama de su madre, no soltaba su mano, ni cerraba los ojos, pues si dormía, la vida de Esther se le escaparía de entre los dedos. El agua cura, había dicho el médico horas atrás, al ver al niño elementarista intentando sanar la enfermedad de su madre. Una enfermedad que se había detenido en el momento en que Azariel, sin previa instrucción, detuvo temporalmente el crecimiento de las células que mataban el cuerpo de Esther. Se trataba de una sensación que solo el joven percibía, pero donde Esther volvía a estar en paz, relajada, su respiración mejoraba y la expresión de su rostro se destensaba. Azariel continuó con el proceso, mas sin conseguir que la enfermedad desapareciese, solo que se detuviera, como si parase al mal que atacaba el cuerpo de Esther pero no logrará encontrar su cura. –Muy listo– susurró Esther minutos después, cuando se sentía más fuerte. Azariel la miró desesperado – ¿Cómo curarlo?– preguntó esperando que su madre le instruyese aquello que en los libros no se encontraba. Su madre sonrió y en voz baja, muy baja confesó –no lo sé. De los ojos de Azariel cayeron lágrimas que mojaron las sábanas de la cama, pero Esther apretó su mano con ternura– gracias– suspiró volviendo a cerrar los ojos. El chico besó su mano con pesar, dejándola nuevamente descansar, manteniéndola con vida el tiempo que su propio cuerpo le permitiese, pues con cada minuto, sentía que los parpados le pesaban, la cabeza le dolía y su cuerpo se entumecía, mas, continuaba luchando, por esas escasas horas demás, por esos pocos minutos extra e inclusos por esos gratos segundos que les regalaba el tiempo, para seguir escuchando las dulces gotas de agua que impactaban contra la ventana de su hogar.


#10

CAPÍTULO 7

SEVILLA, ESPAÑA. CUATRO AÑOS DESPUÉS

Al romper el alba Erik despertó, se cambió y se dirigió a la habitación de su amiga, sin tocar su puerta, se internó en ella esperando, como cada mañana, a que la chica despertase. Cuando esta lo hizo, la contempló por largos segundos causando su rubor. Le gusta provocar dichos efectos en ella, efectos que hasta hace unos meses ni imaginaban. Ella comenzaba a sentir algo distinto por Erik, joven que era cinco años mayor que ella, sin embargo, la diferencia de edades nunca había representado un conflicto entre ellos. Erik también sentía afecto por ella, un cariño distinto al de la amistad, un sentimiento de amor que poco a poco se le escapaba de las manos. –Deja de mirarme así– le pidió la chica cubriendo su rostro entre las sábanas con una sonrisa genuina. –Es que eres bonita cuando te levantas– comentó con picardía Erik. –Muy sutil– rió levantándose de la cama. – ¿Que harás hoy?– preguntó Erik desde el suelo. –Marcel me pidió que lo ayude en la herrería– explicó encogiéndose de hombros avergonzada. – El hombre en discordia– dramatizó Erik apoyándose contra la zona inferior del armario. –No le llames así. Erik sonrió asintiendo mientras la chica suspiraba y abría las ventanas del cuarto, luego fue hasta el armario donde descansaba Erik y le pidió que se apartase. – ¿Estas molestó?– le preguntó sacando la ropa del armario. Erik, desde la cama que había ocupado, después de ser desplazado del armario, le respondió– no me agrada Marcel, pero si a ti te agrada, haré el esfuerzo por agradarle a él.
La joven sonrió sin que él lo notara– me agradas– masculló cuando se dirigió de vuelta a la cama, dejó la ropa en ella y extendió sus brazos hacia Erik esperando a que este se acercase. Erik, por su parte no se movió, mas también abrió los brazos para recibirla en ellos. –Eres caprichoso– le aseguró colocando los brazos en jarra, el joven se encogió de hombros, pero mantuvo sus brazos extendidos en el aire. Ella suspiró y volvió a subir a la cama para llegar hasta él, quien la abrazó al tenerla lo suficiente cerca.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 5 meses

Romance... Mmm casi no lo toco nunca, pero quiero saber.

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace 5 meses

Tú dale una oportunidad a todo, puede que descubras gustos ocultos que desconocías =)


#11

CAPÍTULO 8

PRINCE GEORGE, CANADÁ. TRES AÑOS DESPUÉS

En los años siguientes a la pérdida de su madre, Azariel impulsado por el médico que trato a Esther, buscó información sobre sus poderes curativos. A pesar de su corta edad, se aventuró a dejar su casa y visitar nuevos lugares con la finalidad de hallar aquello que deseaba. El arte de curar a otros, era un conocimiento muy místico y secreto del que la gran mayoría de elementaristas del agua desconocía. Azariel visitó bibliotecas ocultas, o espacios restringidos para humanos, anhelando encontrar documentos que explicasen el proceso de curación, las reglas, las técnicas de su uso o siquiera, el origen de dicho poder derivado del agua. No obstante, a pesar de sus esfuerzos, no había información al respecto, como si aquello no existiera, como si se lo hubiera imaginado. Consternado, continuó con su búsqueda y poco a poco los días se convirtieron en meses y los meses en años. A lo largo de todo este tiempo Azariel se encontró con numerosos documentos y escritos referidos a los distintos elementos, sus orígenes, aptitudes, técnicas de estudio, historia, mas ninguno de ellos contenían lo que él buscaba.
De esta manera su filosofía de vida cambió, haciéndole replantease sus creencias y suponer que su propia imaginación lo había engañado; creyendo que podía parar la enfermedad que mató a su madre. Sin embargo, aprendió mucho, mucho sobre su propio elemento y sobre el resto de ellos, entendiendo así un poco mejor la necesidad de su madre por unificar a los elementaristas del agua con los humanos. Ahora tenía en su poder un conocimiento que la mayoría de los individuos de todo este mundo no poseían, un conocimiento sobre ellos mismo que podría usar, siempre que quisiese, a su favor.
Esto lo llevó a identificar con mayor facilidad a otros elementaristas que se cruzaban por su camino, al tiempo en que él mismo desarrollaba su capacidad para camuflarse mejor entre las multitudes y pasar desapercibido entre humanos y elementaristas, la clave para su supervivencia.
Se volvió un chico solitario y frío, rasgos característicos de la mayoría de elementaristas del agua. Se preocupaba lo justo por los demás y centraba su atención en libros y sus secretos. Era el tipo de chico que viajaba de un lado a otro sin detenerse, cuyo apego por los sitios o las cosas era inexistente, esto se debía a que carecía de hogar al que volver por la noches o a la ausencia de alguien que esperase su retorno. Tomaba lo que necesitaba de la gente, fuera elementarista o humano y desaparecía después de obtenerlo. Así comenzó a trabajar con los humanos. Cuando necesitaba dinero, iba a ellos y les vendía información falsa sobre elementaristas, sacando de este pacto dinero para continuar con su propio viaje, además de mantener a los humanos lejos de la realidad sobre los elementaristas
El joven disfrutaba de su ritmo de vida, mas la sentía vacía, la soledad no era un problema, pero la ausencia de amor sí.
Un día, tres años después, cuando caminaba por las calles de Prince George, encontró una niña, de unos cuatro años de edad, en la acera de la calle principal. Estaba sentada en el suelo, con pelo negro manchado por mechones blancos, sus manos cubiertas de restos de tizas y frente a ella, una pequeña obra de arte. Un dibujo muy poco apropiado para una niña tan pequeña, mas esto era la prueba evidente de su singularidad. La cría había pintado unos pájaros, con tiza, en el asfalto negro de la calle. Azariel se hincó junto a ella y le sonrió– No había visto un colibrí rojo– La niña no apartó la vista de su trabajo– lo bello no siempre existe– respondió con un tono de voz tierno pero distante. Azriel identificó que no era humana, la forma ausente con la que hablaba y su muestra de arte la delataban. La observó intrigado, una niña tan pequeña con un don tan grande. – ¿Conoces los colibríes picaflor rojo?– le preguntó sentándose a su lado. La chiquilla levantó su vista, la centró en el recién llegado y le negó con la cabeza. Azariel, complacido por captar su atención comentó– los machos tienen un plumaje anaranjado. La chica entrecerró los ojos – ¿Porque se llama picaflor rojo si es naranja?– le preguntó soltando las tizas. Azariel encogiéndose de hombros respondió –supongo que cuando la luz del sol les refleja de determinada manera da alusión al color rojo, es como un naranja oscuro.
La pequeña tenía tiza por toda la ropa, cara y manos; vestía con una camiseta sencilla y sus ojos brillaban como si acabara de llorar.
–Quería pintar otro colibrí azul, pero se me acabo la tiza– explicó la cría enseñando el otro colibrí del suelo, similar al rojo. El joven miró con atención el dibujo –creo que queda mejor en rojo– confesó virando su vista a ella. La niña sonrió con una mueca y asintió.
– ¿Tienes nombre?– preguntó Azariel a los ojos vidriosos de ella. –Brisa– asintió sorbiendo los mocos y pasándose la mano por la cara.
–Azariel– masculló en respuesta. – ¿Están tus padres cerca?– le preguntó mirando a alrededor, Brisa negó con la cabeza e instintivamente volvió a centrar su atención en la pintura del suelo.
–Bueno, puedo llevarte con ellos– comentó el joven, pero la niña negó con vehemencia y cerró los ojos, como si contuviera las lágrimas– no me quieren– dijo volviendo a tomar la tiza del suelo.
– ¿Tienes hambre?– le preguntó cuando Brisa volvía a pintar el suelo, un tercer colibrí. Ella asintió mas no dejó de dibujar.
–Vamos a comer algo y después puedes volver con esto– sugirió Azariel levantándose del suelo, Brisa con pucheros en la cara soltó la tiza y se levantó alisándose el vestido lleno de tiza. Caminaron un par de calles hasta entrar en un restaurante sencillo, se sentaron al final de la estancia, en una mesa con sillones largos y pidieron la carta. Azariel ordenó dos hamburguesas con patatas para ellos y la chiquilla comió sin decir palabras. Al terminar con el plato bostezó en un par de ocasiones, mientras Azariel aun comía su hamburguesa –puedes acostarte y dormir un rato– comunicó comiendo una patata, Brisa simplemente volvió a bostezar sin taparse la boca y se recostó en el sillón en posición fetal, al ser tan pequeña a penas ocupada la mitad del sillón, sin embargo, no estiró las piernas. Cuando Azariel terminó de comer, pidió la cuenta y decidió que debía despertar a la chiquilla, no obstante, al verla dormir tan cómodamente cambió de opinión y quiso dejarla descansar un poco más, solo que en lugar de que el sillón hiciera de colchón ahora lo harían sus brazos. Cargó con ella mientras buscaba indicios de que alguien buscase a la pequeña, mas, no parecía que nadie hubiese perdido una criatura tan diminuta.
Llegó hasta un bar, diez calles atrás de donde la niña pintaba y miró desde la ventana exterior el interior del recinto. En su interior un hombre de cabellos largos y mechones blancos pintaba en la pared del bar. Una obra francamente hermosa, con tonos muy lúgubres y oscuros, pero toques alocados de luz y color. Azariel convencido de llegar al lugar correcto entró admirando la pintura del padre de la niña. Dicha persona estaba en compañía de otros dos hombres que al igual que el joven Azariel admiraban la pared mientras bebían de sus copas despreocupadamente. Entonces el artista habló: Debo reconocer que desde que la niña se fue, pintó mejor– comentó soltando un fuerte suspiro y extendiendo los brazos en el aire. –Me siento liberado– manifestó volviendo a centrar sus ojos en la pintura.
Azariel comprendió porque Brisa no deseaba volver con sus padres y porque insinuaba que no la querían, el joven escuchó con atención, desde la puerta del bar al hombre que les relataba con orgullo a sus amigos, cómo se deshizo de la pequeña, pagándole a una mujer para que se hiciera cargo de ella y de esta manera él poder volver a su vida tranquila y sin responsabilidades que los desvincularan de su arte. En ese momento Azariel sonrió con sorna y salió del bar, con la niña en brazos y un nuevo plan de vida.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 5 meses

La historia me gusta. A la espera de la confirmación


#12

CAPÍTULO 9

DF, MÉXICO. SEIS AÑOS DESPUÉS.

Sol que se refleja en la cara, que te despierta por las mañanas, ese tenue resplandor que anuncia la llegada de un nuevo día. Zahra sonreía ante la cálida luz que traspasaba la ventana mientras Farren, a su lado, se cubría el rostro con la almohada al tiempo que emitía sonidos de queja. –Zahra cierra la cortina– le dijo con voz amorronada. La joven negó con la cabeza aun con los ojos cerrados, disfrutando del calor. –Zahra– volvió el sencillo lamento. –A mí me gusta– comentó ella con su voz tersa. Sus caireles castaños estaba esparcidos por la almohada y algunos de ellos llegaban a rozar la cara del chico que ante el picor se levantó. –Tengo sueño– masculló sentado en la cama emitiendo grandes bostezos, la joven rió por lo bajo abriendo los ojos y le dirigió una mirada divertida a los ojos negros de su compañero –pues duerme. Farren sonrió con malicia, colocó la mano hacia la ventana y la elevó ligeramente, parte del suelo de tierra se elevó y cubrió la ventana, la luz del cuarto se apagó sumiéndolos en una absoluta oscuridad. –Tienes razón– murmuró Farren volviendo a tumbarse en la cama complacido, se envolvió en las mantas y cerró los ojos disfrutando de la sensación. Zahra divertida negó con la cabeza, pero no volvió a dormirse, por el contrario, se levantó de la cama y descalza camino hacia la cocina.
Ella y Farren vivían en un pequeño departamento de la ciudad desde hacía cuatro años. Era un hogar sencillo y tranquilo, el cual visitaban con frecuencia Alejandra y Enrique, quienes aún se ocupaban de la librería y cuyo negocio representaba un refugio cómodo para Zahra.
Ambos habían continuado con sus estudios y aquel año Farren se había graduado en la facultad, mientras que a ella aún le quedaba un año más en la carrera de psicología. No obstante, ambos trabajaban desde hacía años y con ello habían ido pagando su manutención y todas sus necesidades. Zahra era profesora en un colegio cercano a casa y Farren trabajaba como abogado desde antes de terminar la carrera.
– ¿Qué hora es?– preguntó Farren desperezándose en la cama al cabo de unos minutos, Zahra desde la cocina le gritó– la hora de que la pared caiga.
Se oyó el montículo de tierra caer, luego los pies de Farren envueltos en sandalias acercándose a ella. –Hoy veré un caso importante sobre elementaristas– comunicó sirviendo dos tazas de café. La chica asintió sacando dos panes de dulce para desayunar.
Se sentaron a la mesa, Farren cortó los dos panes a la mitad y ambos se quedaron con un trozo de cada uno. Zahra con el trozo más grande como de costumbre. – ¿De qué trata el caso?– le preguntó ella con restos de pan en la boca, Farren le limpió la barbilla al tiempo que le respondía– hay una chica que dice no ser elementarista pero uno de sus hijos lo es. – ¿Y el problema es?– preguntó bebiendo de su café. –Que la madre no quiere al niño, dice que no es suyo– explicó –estoy intentando que el niño vaya a un centro especial pero no sé si lo conseguiré.
Centros especiales, lugares donde los niños elementaristas podrían estar a salvo hasta la mayoría de edad, después, su destino podría volverse difuso. Si lograban curarlos y que su elemento desapareciera podrían tener una vida tranquila y normal, mientras que si sus poderes seguían estando presentes, su vida se convertía en propiedad del gobierno y su paradero se volvía desconocido. La mayoría de los niños elementaristas aprendían, como Farren, a disimular su elemento y fingir su inexistencia.
–Pobre niño– masculló Zahra soltando el trozo de pan. Farren entendía como se sentía, ellos habían huido siendo unos críos y sino fuera por Alejandra y Enrique sus vidas se habrían convertido en un enigma, las posibilidades infinitas, muchas de ellas implicaban su segura separación. Farren era un elementarista y ella no. El joven se levantó de su asiento y se hincó frente a la silla de ella. –Haré mi mayor esfuerzo– le dijo tomando una de sus manos. Zahra asintió aunque la tristeza continuaba en su rostro. El muchacho sonrió con pesar y la besó en los labios. –No te preocupes ladronzuela, yo me encargaré de esto. La joven le correspondió el beso y lo abrazó. Farren era un buen abogado, lo haría bien, pensó.
–Bueno, me voy– anunció levantándose del suelo– te cuidas– pidió dándole un beso en la nariz. –Lo haré– respondió ella volviendo a tomar el trozo de pan con desgana. –Nos vemos ladronzuela– se despidió antes de cerrar la puerta.
La chica se levantó de la mesa y fue a cambiarse de ropa para ir al trabajo, esperaba que le fuera bien a Farren, confiaba en sus capacidades.


#13

CAPÍTULO 10

OTTAWA, CANADÁ

Pintura por los suelos, con colores vivos y luminosos, los cuales se intensificaban con la luz del sol que entraba por la ventana. Azariel desde un extremo de la habitación, fascinado, observaba a la chica de cabellos negros y mechones blancos pintar. No con pinceles, sino con sus manos y con cubos que salpicaban el lienzo y los suelos. El joven recordaba la época en que la tiza era mucho más fácil de limpiar que las manchas de pintura que se instalaban de por vida. En el fondo, dichas marcas representaban parte del arte de la chiquilla, pues cada mancha la podía relacionar con la pintura que la provocó. Un arte que no todos podían apreciar o siquiera comprender, pero que para ambos ahora representaba un vínculo, el joven había estado presente en cada uno de sus proyectos y comprendía cada una de sus pinturas, las cuales estaban relacionadas con cada momento de su corta vida.
Azariel se había hecho responsable de la pequeña Brisa tras ese día en que la encontró frente al suelo de tiza, convirtiéndolo en una persona más sedentaria y dejando de lado sus viajes sin retorno. Se mudaron a Ottawa, lugar que el joven consideraba ideal para el desarrollo de su niña.
La relación entre ellos se estableció con gran facilidad y rapidez, eran muy parecidos a pesar de poseer diferentes elementos. Brisa dominaba el aire, un elemento caracterizado por la libertad y la sencillez; para la mayoría, las normas no contaban y su arte prevalecía sobre lo demás. Eran personas que se aferraban poco a las personas y más a su propia luz. Con facilidad se les podía tachar de egoístas o locos, mas no era lo único que les definía.
Azariel escogió Ottawa como punto de encuentro por muchos motivos, pero el principal era que le permitía a la chica vivir y continuar desarrollando sus poderes. No solo era la capital de Canadá, sino el primer sitio donde Azariel comenzó a llevar a cabo su objetivo por unir a los elementaristas del agua con los humanos. En los últimos ocho años, el chico había conseguido ponerse al mando de la capital e incorporar en ella, de manera confidencial, a la mayoría de elementaristas del agua. Creando una atmósfera de protección entre ellos y para Brisa.
–Nerea llamó– informó Brisa al percatarse de que él estaba en la habitación. – ¿Algo interesante?– preguntó el joven sin cambiar de posición, la chiquilla negó con la cabeza y Azariel asintió. –En unos días iré a México– le informó esperando su reacción– ¿Cuantos días?– preguntó sin soltar su cubo de pintura, Azariel conocía la dinámica de esa conversación tanto o más que Brisa, pero se habían acostumbrado a llevarla a cabo siempre que salía –tres días– informó, ella asintió y respondió – iré a la escuela, comeré al menos una vez por día, me ducharé seguramente y dormiré en mi cama y no en el suelo.
Azariel rió por lo bajo, sabía que más de una de esas tareas cotidianas no las haría, pero dejaba que ella las recitará como un mantra. –Llámame a las 20:00– pidió únicamente y Brisa sonrió asintiendo, soltó un momento el cubo y le dirigió una breve mirada– llamaré– prometió, Azariel asintió saliendo de la habitación.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 3 meses

Desde que integraste a la pequeña en la historia, cajas atras, mas me he interesado en esta estrecha relacion de casi hermanos.


#14

CAPÍTULO 11

DF, MÉXICO

Sentada en el sillón del pequeño departamento, leía aquello que había tomado prestado la última vez que visitó la librería de Alejandra. Inmersa entre las líneas del texto no se percató de la llegada de Farren, quien desde la puerta la observaba con ternura. La niña pequeña que se escondía detrás de la mujer que hoy tenía delante, la mujer con la que compartía una vida, unos sueños y muchos proyectos. Una persona que había pasado de ser su amiga, a ser su novia y esperaba que en poco tiempo su esposa.
– ¿Qué lees?– le preguntó asustándola. –Farren, no te oí llegar– masculló. – ¿Qué tal el caso?– preguntó cerrando el libro. El chico al recordar el caso se emocionó y antes de sentarse comenzó a relatar.– El niño irá a un centro especial, fue difícil, porque el crío había causado problemas en su casa, pero convencí al jurado de que era sin intención. “Tengamos en cuenta que no controla sus poderes”, les dije. Farren se sentó en el brazo del sillón y acarició la mejilla de Zahra. –Así que los convenciste– sonrió ella,– así es– respondió orgulloso de sí mismo. Aquello en el fondo representaba un pequeño triunfo para él, Farren sabía que si no conseguía que el niño fuera a un centro especial, se convertiría en propiedad del gobierno y siendo un crío tan inquieto tendría muchos problemas. El gobierno nunca informaba de qué hacían con las personas o los niños elementaristas una vez que pasaban a su jurisdicción, pero nada bueno debía ser, pues a la mayoría de ellos nunca se les volvían a ver y a los que sí, jamás en las mismas condiciones; sus miradas se hacían tristes y su físico lamentable, no hablaban, eran reservados y distantes.
–Muy bien– lo felicitó besándolo con cariño, mientras su mano jugaba con la corbata de su formal traje. Farren también sonreía, puede que ahora fuese un buen momento para hablar de temas serios, pensó. –Lo llevó pensado desde hace mucho tiempo– comenzó captando así la atención de su compañera. –Debo entrar en el gobierno– soltó sin encontrar una mejor forma de decirlo, ella se separó rápidamente de él y lo miró consternada –¿Porque?– preguntó escéptica, –por temas como este– manifestó el joven intentado relajar la situación,– no podré ayudarlos a todos solo siendo un abogado. Zahra tenía intención de añadir muchas cosas, mezcladas, cruelmente, con palabras indeseadas, mas hizo acopio de su madurez callando. –Zahra estando dentro del gobierno, puedo ayudar a muchos más, a todos los que he perdido en mis casos, por ejemplo, y de los que no sé nada– explicó con rapidez, mas ella lo interrumpió– ayudas a muchos ahora– manifestó buscando las palabras adecuadas para dejarle en claro lo peligroso de la situación que planteaba. Zahra se levantó del sillón, dejando el libro en él y se paseó por la habitación –puedo ayudar a más– argumentó él seguro de sus capacidades, sin levantarse del sitio. – ¿Qué pasará con los que ahora ayudas?– le preguntó Zahra ligeramente molesta, deteniéndose en su sitio– evitas que muchos pasen a ser jurisdicción del gobierno, los mandas a centros especiales… –Farren la interrumpió en esta ocasión –a los niños, pero no a los adultos– aclaró con dureza. – ¿No lo entiendes?– preguntó con ironía –no es suficiente– rió dejando el sillón para situarse frente a ella. –Pero no expones tu vida– recriminó ella suspirando. Farren tomó su mano y le aseguró– no me pondré en peligro ladronzuela–, pero Zahra no estaba tan convencida– haz lo que creas que es mejor– respondió con un tono neutro– pero recuerda que hay una razón por la que yo soy la ladronzuela y tú el abogado. Le dio un beso en la mejilla y se fue a la habitación dejando a Farren con la duda.
Horas después Farren entró en la recamará y se acostó junto a ella – ¿Duermes?– preguntó esperando que ella no respondiera. –No puedo– se escuchó su tenue voz, Farren sonrió y le pasó el brazo por el cuello, abrazándola. –Todo irá bien– aseguró, ella tenía la esperanza de que él cambiara de opinión, de que sus palabras hicieran mella y que se diera cuenta de que estaba en un error.
Siendo niños y cuando aún no habían encontrado a Alejandra y a Enrique, ambos tuvieron que sobrevivir de diversas maneras, Farren intentando encontrar un trabajo para un niño de ocho años, mientras que Zahra recurría a métodos poco ortodoxos; como robar comida cuando se les acababan las posibilidades legales. Esto molestaba a Farren, sin embargo, debía reconocer que sin aquellas fechorías, ambos habrían muerto de hambre mucho tiempo atrás. A Zahra se le daba bien la adquisición de productos, mientras que Farren era incapaz. Por ello, el chico la llamaba ladronzuela, era experta en el arte del engaño y lo suficiente inteligente como para no ser descubierta. Farren por el contrario, se colapsaba ante los problemas, se bloqueaba y muchas veces se dejaba llevar por sus impulsos, sin pensar en las consecuencias. Esto, dentro del gobierno, le representaría la muerte, todo estaba muy bien calculado y si no tenía cuidado, cualquiera podría descubrir que no era un humano.
–Zahra confía en mí– le pidió Farren, la chica continuó apretando con fuerza el fenix rojo que colgaba de su cuello desde niña. Aquel regalo que le recordaba a sus vidas pasadas, a un tiempo feliz e inocente; permaneció callada por largos segundos hasta que asintió– confió– respondió cerrando los ojos. –2. … 3 … 5 … –comenzó a contar Farren estrechando con fuerza a Zahra entre sus brazos –7 … 11 … 13 … –continuó ella, suspirando con cada número, –17 … 19 … 23 …– luego él cerrando los ojos– 29 … 31 … 37 … – bostezó segundos después – 41 … 43 … 47 …– contó Farren, y así continuó la enumeración hasta que Zahra llegó con Morfeo. Fue entonces cuando Farren pudo dormir.
Tras la muerte de los padres de Zahra, a la chiquilla le costaba conciliar el sueño y pasaba noches enteras sin pegar ojo, sumergida en sus pensamientos y recuerdos. El chico en su momento le propuso, como alguna vez lo había hecho la señora Ciut a él, contar ovejas, no obstante, aquello aburría a Zahra y en poco tiempo terminaba llegando hasta números insospechados, por lo que Farren cambió el juego, metiendo los número primos en su lugar. Este cambio ayudó a Zahra, y en noches difíciles como esta, contaban juntos para conciliar el sueño.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 3 meses

Que le enseñe codigos como el fibonachi u otro similares para dormir 😁


#15

CAPÍTULO 12

DF, MÉXICO. DOS SEMANAS DESPUÉS.

Miraba por la ventana, sin preocupación, con la tranquilidad que le caracterizaba. Sus ojos azules se reflejaban y le devolvían la vista, con un color ligeramente más intenso que los de su compañera, cuya opacidad no se debía al tono del iris sino a la frialdad acumulada por los años. Su mirada distante y arrogante la alejaba de los humanos, convirtiéndolos en simples hormigas ante sus ojos indiferentes. Nerea, solía acompañar a Azariel en aquellos viajes y lucrarse de las mentiras impartidas por el joven. Para los humanos, obtener información sobre los elementaristas era fundamental para mantenerlos a raya. El joven, vendía información falsa desde hacía años y aprovechaba las ganancias obtenidas para sus propios objetivos en Ottawa, mas, con cada nuevo viaje sus posibilidades de ser descubierto aumentaban, por lo que el joven debía idear rumores mucho más elaborados en cada ocasión.
–Lo están esperando –manifestó la secretaria de las oficinas de gobierno. Azariel asintió con la cabeza y dejó a Nerea aburrida ante las vistas del edificio. Entró en la misma oficina de siempre y se presentó ante el mismo hombre de los últimos dos años, este lo saludó con la misma cortesía, estrechando su mano y ambos tomaron asiento.
–Esperaba verlo antes –comentó sacando un puro de su cajetilla y encendiéndolo en el espacio cerrado. Una pésima costumbre, pensó Azariel mientras respondía– Bueno, tenía cosas que hacer.
El hombre gordo asintió, acomodándose en el asiento, dejado atrás su falsa amabilidad y tras un par de caladas preguntó: ¿Que me traes?
Azariel curvo los labios de forma sombría, en lo que parecía una sonrisa cansada – ¿Cuánto ofrece el gobierno?– preguntó perdiendo brevemente el interés de la conversación, una rutina pesada y molesta, era más fácil que el fumador aclarase el presupuesto del gobierno antes de exigir la información.
–Lo bastante para algo bueno– aseguró tras otra calada, recuperando así la atención del elementarista, quien alzó las cejas dudando de la propuesta, mas, segundos después respondió– Tendrás un informe para mañana sobre los elementaristas de la Tierra, espero mi pago. Inmediatamente después, se levantó de la silla y sin esperar respuesta, salió de la oficina del director de departamento, le cansaba el exceso de palabras y la hipocresía del imperfecto hombre.
Fuera lo esperaba Nerea, con quien tras un rápido asentimiento de cabeza, salieron del edificio.
–Quieren el reporte de los elementaristas de la Tierra, se lo entregaremos mañana– informó Azariel marchándose de la escena. Ambos jóvenes se separaron, acostumbrados a no compartir rutinas, la joven seguramente iría a ver a las esposas, amantes o hijas de los importantes empresarios e intentaría sacarles información para sus próximos negocios, mientras Azariel terminaría de preparar el informe de los elementaristas de la Tierra. Por lo que, volvió al hotel y acabó de redactarlo.
A las 19:00 llamó Brisa, en México era una hora menos que en Ottawa –Sigo viva– masculló la chica ausente. Azariel, suponía que estaba pintando – ¿De qué color es?– preguntó recostándose en la cama. –Aún no lo he decidido, pero ahora predomina el rojo– comentó y se escuchó el nuevo charco de pintura al caer al suelo, acompañado con el constante sonido del aire moviéndose. En momentos donde la chica se encontraba relajada, formaba una bola de aire que giraba debajo de ella y la hacía verse flotar sobre el aire, a veces incluso se cruzaba de piernas y la burbuja se situaba bajo su culo.
Seguramente la pintura permanecería roja. –He ido a la escuela– comentó restándole importancia. El joven amaba el conocimiento y odiaba pensar que Brisa no le dedicase el tiempo suficiente. Cuando era pequeña le hablaba de historia, filosofía, física, matemáticas, lenguas extranjeras... esperando que alguna de ellas fueran de su interés o agrado. La chica mostró cierta curiosidad hacía las lenguas extranjeras y hacía la historia, pero aun así resultaba difícil captar su atención por más de 20 minutos.
–Dime que has aprendido algo– masculló esperanzado. Brisa, al otro lado de la línea, estaba atenta en su lienzo y tardó unos segundos en responder. –Sí, ya que invertí mi tiempo en ir, al menos busqué complacerte en el ínter– Se hizo un nuevo silencio. Azariel, esperaba paciente a que ella continuase, era una de las muchas concesiones que le tenía a la chiquilla y a la única persona en realidad. – ¿Sabes cuál es el primer país en el mundo con el aire más limpió?– preguntó Brisa soltando el cubo. –Finlandia– contestó Azariel mientras escuchaba ruidos en la cocina, ella lo había dejado en altavoz y aprovechaba el tiempo de llamada para comer. – ¿Porque no vivimos allí?– le preguntó con la boca llena y recuperando el teléfono, el sonido de aire cesó. Azariel rió por lo bajo y se levantó de la cama mirando por la ventana. – ¿Quieres que nos mudemos?– preguntó serenamente, como si hablara de comprar pizza o hamburguesas para cenar. –Me gusta Canadá– aseguró volviendo
a morder lo que el chico suponía que era un sandwich. Azariel esperaba pacientemente a que ella continuase hablando. –En realidad, me preguntaba… ¿Porque elegiste Ottawa?– el suave revoloteo del aire que circulaba alrededor de Brisa retornó. –Me gustaba el clima de Canadá, era seguro para ti y estaba cerca de mis labores– masculló mirando las calles de México.
Canadá era un sitio en desarrollo, podía convertirse en uno de los países más importantes en el futuro, tenía un buen nivel de vida y en él podría proteger a Brisa. –Además Canadá es el segundo país con el aire más limpio– concluyó sonriendo, aquella sonrisa no podía verla ella, mas podía sentirla. Azariel era casto en palabras y la mayoría de sus sonrisas no llegaban a iluminar sus ojos, pero con ella se esmeraba mucho más que con el resto, muchos podrían creer que ella no lo notaba, pero ambos eran conscientes de sus atenciones el uno con el otro. –Lo sé, lo aprendí hoy, ¿Sabes que más descubrí?– preguntó entusiasmada, de repente, por su hallazgo. –Impresióname– masculló llevándose la mano hacia el pelo. –La profesora de música es elementarista– declaró, el joven al oírla no perdió su relajada postura habitual, sin embargo, la escuchó con más atención– creo que domina el aire– manifestó Brisa volviendo al cuarto de pintura. –La había visto ausente en clase, a veces no prestaba atención a las preguntas de otros, siempre está tocando el violín por los pasillos, pero hoy la he visto levitar por microsegundos. Azariel analizó rápidamente la información de Brisa y luego le contestó– es posible, por lo pronto, preferiría que tu investigación sobre ella continuase cuando haya vuelto, es más seguro– Brisa tomó el cubo de pintura nuevamente y el ruido del aire se hizo más intenso, volvía a encontrarse sobre su bola de aire– de acuerdo, tampoco sé si vuelva mañana a la escuela, tengo que terminar el cuadro– comentó colocando el móvil en su oreja y metiendo la mano en el cubo, el chico sabía que volvería a perder la atención de la chiquilla en breve –duerme– pidió entonces, antes de colgar.
Le resultaba extraño que un elementarista del aire trabajase como profesora en una escuela, mas era una posibilidad que no debía dejar de lado, no por el hecho de que fuese una elementarista, eso le daba igual, sino por la posibilidad de que fuese una trampa. Los humanos, a lo largo de los años, fueron construyendo distintas maneras de atrapar a elementaristas y una de ellas, podría ser hacerse pasar por ellos. Cuando volviese a Canadá, mandaría a Nerea para investigar y después tomaría decisiones.

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 3 meses

Pues ya estoy actualizado. 😁👍 nos seguimos leyendo. 😁👍

Alcala
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 1 mes

Me gusta la forma en que relatas la historia, a mi perecer, fluida; aunque debo confesar que a ratos me apetece que le hace falta como un toque de conocimiento del tema, de los elementaristas, que la haga mas real a la historia y a este universo que estas creando.

Esta de mas decir que se que es una historia de fantasía, pero no se, ese mundo, no llega a convencerme del todo. Quizá, mas adelante, llegue a imbuirme dentro de ese mundo y creer que realmente existe.

No obstante me gusta el como va apareciendo, sigue así o mejor ;)

escritoraatiempoparcial
Rango9 Nivel 43
hace alrededor de 1 mes

Muchas gracias @Alcala por tu comentario, es magnifico conocer tus impresiones, así puedo tomarlas en cuenta y analizarlas detenidamente. Seguiré publicando y espero siempre ir a mejor =)