Kora83
Rango7 Nivel 30 (1415 ptos) | Autor novel
#1

"Creí haber encontrado a la víctima perfecta..., Pero sin darme cuenta, fui yo el que se convirtió en ella".

"No hay mayor demonio que el que te hace creer que lo es"

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Cara
Rango9 Nivel 42
hace 7 días

Buen comienzo


#2

Nada es eterno..., Menos el infierno.

Te aseguro que no miento. Sé muy bien de lo que hablo.

Creí haber encontrado a la víctima perfecta. Una bonita distracción para pasar un tercio de mi eternidad sobre ésta basta miseria. Me divertía tanto ver cómo ellos..., tan miserables, tan perdidos, tan agónicos, tan... Humanos... Se perdían una y otra vez en sus desgracias y en sus errores...

Sí..., Para eso vine y por eso me quedé. Para hacer aún más mediocre su existencia y saborear cada segundo en el que uno de ellos caía en ese profundo y oscuro agujero.

Todo habría sido más fácil para mí, si no hubiese aparecido esa bastarda.

¿No era yo el que tenía el poder de corromper?... ¿El que susurraba al oído nefastos consejos?

Fue entonces, cuando descubrí que las mismísimas llamas del infierno nunca me quemarían del mismo modo que aquella mirada.


#3

Aquella fue una mañana algo extraña para Nora. Se había despertado de una manera algo brusca e inesperada, como si hubiese tenido algún tipo de pesadilla, donde escapar del villano fuese la única solución para poder sobrevivir. 

Su pecho subía y bajaba de una manera un tanto violenta, mientras jadeaba algo entrecortada y las sábanas se le pegaban al cuerpo a causa del sudor nocturno producido por aquel mal sueño. Miró a su alrededor en la pequeña habitación que compartía con Jamie, su compañera, la cual se encontraba en la más absoluta penumbra. 

Observó a su amiga, quién dormía plácidamente en la cama de al lado. Sólo pudo distinguir un atisbo del dorado pelo de ésta, pues se había tapado con la colcha hasta las orejas.
El reloj de la mesita marcaba las 5:00 de la madrugada. Por un instante, la idea de volver a dormir hasta las 6:00 le pareció sumamente atractiva, pero en el fondo sintió que ya no podría volver a caer en los brazos de Morfeo. 

Esa pesadilla... ¿Por qué le dió tanta importancia? Sabía que había visto algo extraño en ella, pero, ¿Qué fue?... 

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 5 meses

Señoras y señores... Ésto sólo acaba de empezar... Jijiji


#4

—¿¡Qué hay Williams!?— el saludo provenía de Peter, compañero de trabajo de Nora, quién parecía haberse levantado con el pie derecho aquella mañana, puesto que rebosaba amabilidad y buen rollo por doquier. Nora le sonrió desde la última mesa de la cafetería. Se encontraba limpiando el mobiliario para el comienzo de otra extenuante jornada en ”Bells&Coffe".

—Vaya Pete, ¿Y ese buen humor?... ¿ A qué se debe?— le preguntó Amanda, la gerente.— No es propio de ti llegar tan vivaracho— El castaño la miró con los ojos entornados pero con cierto aire juguetón.
—Bueno... No siempre me pasan cosas malas ¿Sabes?... También me pasan buenas... Tan buenas como un metro sesenta, ojos azules, pelo rubio...— No pudo terminar la frase, ya que su jefa se echó a reír a carcajadas mientras abría los ojos con sorpresa.

En cambio, Nora parecía ajena a todo el batiburrillo que su compañero había formado unos metros más allá. Pareciera que se encontraba en una especie de trance. Desde que se despertó de aquella manera tan abrupta, no había parado de intentar recordar que fue lo que soñó esa noche.

Sabía que, por mucho que lo intentara, no podría sacar de su subconsciente aquella imagen que supuestamente la perturbó tanto.

escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38
hace alrededor de 1 mes

jajaja, amo esta frase "Tan buenas como un metro sesenta, ojos azules, pelo rubio.."

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 56
hace 5 días

Pete es un mal nombre para usarlo/leerlo en Argentina aja saludos.

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace 5 días

Upsss, vaya 😅. Yo soy española y no tenía ni idea. Pero bueno, escrito queda jeje. Gracias por la info @voz_sin_vos


#5

Era tarde. En el grasiento reloj de la cocina de "Bells&Coffe" marcaban exactamente las 00:00 de la medianoche. Cómo cada martes, Nora se cercioraba de que todo el local estuviese en orden antes de irse a casa. Los martes siempre le tocaba cerrar el negocio. Mientras subía a una de las mesas la última silla que quedaba en el suelo, el dije que colgaba de la puerta de entrada con una campanita, comienzo a tintinear, dándole a entender que alguien había entrado.
Nora, dió un salto en su lugar por el susto que le causó el sonido, haciendo que volviera la cabeza con rapidez.
—Lo siento, estamos cerra... — No pudo terminar con su disculpa.
En efecto, alguien había entrado y no una persona cualquiera. Los ojos de Nora no pudieron desapegarse de los del joven, que con suma arrogancia y soberbia, se hizo paso entre el montón de mesas y sillas apiladas.
—Ponme un café..., "Camarera"...— Le ordenó éste con rintintín, mirándola como quien mira a un insecto.
—Ehm... Lo siento mucho caballero..., Pero estamos cerrados y yo ya me...
—¡He dicho que me pongas un café! ¡¿Entiendes mi idioma o acaso eres retrasada?!...
—¿Cómo dice?... Creo que...
—¡AHORA!
El grito sonó profundo, devastador, casi parecía salido del inframundo. Nora estaba muy asustada. Casi se le escapa una lágrima, ya que sus ojos se habían cristalizado por completo. Él chico la miraba desde el otro lado de la barra, con esos ojos color amarillo. Un color ambarino que solo había visto en los animales. Mientras ella se dispuso a preparar ese maldito café con manos temblorosas, éste se hizo con uno de los taburetes de la barra, tomando asiento y disfrutando de la vista que tenía en frente.


#6

—Vaya, vaya... ¿De dónde eres, "camarera"?... Nunca te había visto por aquí antes... — El chico le hizo una pregunta que a Nora se le antojó bastante personal. ¿Estaba loco? ¿Qué quería de ella? Decidió no responderle.
—¿No me vas a contestar, "camarera"?—Una sonrisa ladina y perversa le dibujó los labios, mientras se relamía una gota de café. Nora aguardaba sentada y cabizbaja en una de las esquinas de la barra. No quería mirarlo, pero fue inevitable. En realidad era un chico bastante atractivo. Llevaba el pelo corto por las sienes y la nuca y un poco más largo en la parte de arriba, haciendo que un flequillo de negro pelo le cayera sobre la frente de una manera un tanto alborotada y salvaje. Su complexión era alta y parecía atlética, de una persona a la que le gustaba cuidarse haciendo ejercicio. Su rostro era delicado pero anguloso y varonil al mismo tiempo. Una leve sombra de barba le recorría la mandíbula. Volvió a reírse y esta vez, dejó entrever una fila de cincelados dientes.
—¿Qué crees que estás mirando?...¿Eeehh?...
—Na nada... Yo sólo... Yo...—Nora, apunto de llorar, balbuceó en el intento de expresarse.
—¿Tú sólo?... Jajajajaja, eres patética...—cogió la taza y la tiró al suelo sin ningún reparo, recreándose en lo acometido. —Ahora..., Niñata..., Recoge esto..., Mañana a la misa hora...
Nora no pudo creer lo que acababa de hacer en sus narices. El coste de esa taza rota saldría de su sueldo, aunque en esos momentos era lo que menos le preocupaba, sólo quería verlo fuera del local. Ya se había dirigido a la puerta de salida cuando se volvió rotando sobre sus botas negras. En ese instante, Nora se encontraba agachada, recogiendo y limpiando el desastre que había ocasionado. La observó con vehemencia.
—Por cierto... "Camarera"... Soy Sebastian...—Dijo, atrapando el pomo de la puerta y saliendo por ella como alma que lleva el diablo.


#7

Pasó de sentirse abrumada a experimentar verdadero miedo. Jamás imaginó que algo tan subrealista le pasará alguna vez y menos en su puesto de trabajo, mucho menos todavía a esas horas de la noche.

Pero claro, la noche lo era todo para él. En ella se movía como pez en el agua y se sentía cómodo. Era su mundo.
Andando a paso ligero y sin dejar de mirar a todos lados mientras alzaba un pies detrás del otro, Nora llegó a la puerta de entrada a su edificio. Rebuscó frenéticamente las llaves de la misma dentro de su bolso.

— ¡Mierda! ¡No volveré a coger más este puto bolso! ¿Dónde están las jodidas llaves?. —Replicó en voz alta. Ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba diciendo.
Al fin, después de 2 minutos eternos, recordó que estaban metidas en el pequeño bolsillo que había en la parte posterior, cerrado con una cremallera.—Vamos Nora... Imbécil...—Quiso darse una patada en el trasero por ser tan torpe.
—No deberías decir palabrotas en público...
De un súbito salto, Nora se volvió pegando su espalda a la puerta todavía cerrada, dejando caer su bolso al suelo, esparciéndose así todo lo que había dentro.
—¡Joder Jamie! ¡Me has dado un susto de muerte! ¿Qué haces?— Nora se llevó la mano al pecho, notando como sus pulsaciones volvían a la normalidad.
—Oye Nori, ¿Te has vuelto un poco mal hablada, no crees?— Le dijo Jamie, su amiga y compañera de piso, mientras recogía todo lo que había regado por el suelo mirándola de manera burlona.
—No digas tonterías, todo el mundo dice tacos..., Deja que te ayude..., Lo siento.

Hiarbas
Rango10 Nivel 45
hace 3 meses

Va muy bien, ahora a esperar la siguiente ración


#8

Cómo cada madrugada, Sebastian volvía a la cafetería donde trabajaba aquella asustadiza pelirroja. Le divertía verla nerviosa y acongojada. Su sola presencia pareciera que la llevaba a un estado de pánico irremediable... Y eso era justamente lo que él buscaba.

Buscaba su miedo, se alimentaba de su mayor pavor... La acechaba constantemente, mientras ésta corría de camino a su morada. Era un placer mirarla a los ojos y ver en ellos sumisión y apatía.

Pero... Aquella noche, Sebastian se preguntó sólo una cosa... ¿Por qué coño le dijo a la pelirroja su nombre?
Bueno, en realidad no se llamaba así, en realidad aquel "apodo" no significaba nada para él. Sólo era un disfraz con el que pasar desapercibido entre aquellos trozos de carne. Su verdadero nombre nunca debería ser nombrado por ningún humano, ya que ... Sería su fin .

escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38
hace alrededor de 1 mes

ohh, mmmm, jolin, ahora me he quedado con la intriga, no sé porque pensé que estaría terminada esta historia =)

Kora83
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 1 mes

😇 Muy pronto más..


#9

Las 00:00 en punto de la madrugada y Nora todavía se encontraba inmersa en la caótica vida nocturna de un sábado noche. La gente no paraba de entrar y salir de la famosa y única cafetería que había en el pequeño pueblo de Sunset.

Amanda, su jefa, no había aparecido en todo el día. Era algo sumamente extraño. Aquella ruda mujer nunca faltaba a su trabajo, menos aún, cuando se sabía que los fines de semana eran los días más fuertes en ventas y servicios.

—¡Nora! ¡Pásate por la mesa 6!— gritó Peter. Tenía la cara tan colorada por el estrés que le reportaba aquel trabajo, que parecía un globo rojo a punto de reventar.—¡Nora! ¡¿Me has escuchado?!
—¡Sí Peter, enseguida!— le contestó la pelirroja. Mientras, se dedicaba a hacer malabarismos con su bandeja llena de vasos y platos, paseando frenéticamente de un lado a otro del local.

El tiempo pasa rápido cuando estás ocupado, ese dicho siempre se cumple en estos casos.

Cuándo el grasiento reloj de la cocina marcó las 03:00 de la madrugada, Nora y Peter decidieron empezar a limpiar y recoger. Estaban exhaustos y sudorosos por culpa del arduo trajín.

—Ey Nora..., ¿No te parece que ha faltado algo esta noche?...— preguntó el rubio mientras barría por debajo de las mesas las múltiples servilletas usadas esa noche.
Nora lo miró frunciendo el ceño. En realidad no sabía a qué se estaba refiriendo su compañero. ¿Qué había faltado? Quizás, con tanta locura y tanta bandeja aquí y allá no se dió cuenta de algo importante.
—No sé a qué te refieres... ¿Pasó algo interesante?— Peter levantó la vista del suelo regalándole una sonrisa burlona.
—Vamos pecas... ¿No te diste cuenta de que esta noche no hizo acto de presencia tu chico misterioso?... Sí, ese tío tan raro que llega todos los días a la misma hora, se sienta en el mismo sitio y no deja de mirarte... ¡Menudo colgado!

Nora se quedó congelada. Sabía de quién estaba hablando Peter.

Ese chico... Sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. Recordó sus fríos ojos ambarinos y la forma en que la miraba, mientras se le formaba una oscura sonrisa en aquellos rosados labios.

¿Cómo puede albergar tanta maldad el rostro digno de un ángel?

Hace alrededor de 1 mes

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escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38
hace alrededor de 1 mes

A eso yo lo denomino masoquismo jajaja, muy bueno. Gracias por actualizar tan pronto =)


#10

Hello! Siento mucho haber estado tan perdida. He tenido cosillas entre manos, un lío 😵.
¡Pero ya estoy de vuelta! 😚
¡Vamos allá! 🙌

Aquella noche se prestaba a ser oscura. La luna se encontraba eclipsada por múltiples nubarrones, haciendo que ésta no pudiera brillar en todo su esplendor. Algunas calles se transformaban en túneles laberínticos sin sentido alguno, tan negros, cómo la mismísima boca de un lobo. Entre silvidos, un gélido viento soplaba, haciendo que la caminata fuera sumamente desagradable. Mientras, el largo cabello de Nora se prestaba a los múltiples juegos de aquel aire tan molesto.
Caminaba hacía casa como cada noche. Como lo había estado haciendo durante los últimos 2 años. Siempre el mismo recorrido, las mismas calles, los mismos edificios... Tenía contados todos y cada uno de los árboles plantados en la avenida. Quizás, pensó que hacer tal cosa le daría mayor seguridad y atenuaría su miedos.

Miedo.

Esa sensación tan repulsiva. Él, que te deja ese gusto tan amargo en el cielo de la boca. Él, que hace que todo tu cuerpo se paralice, haciéndote sentir vulnerable, torpe, ridícula y estúpida.

Ya estaba cerca, sólo faltaban unos cuantos pasos más para estar a salvo. Cuando de repente, el estruendoso sonido de un impacto contra el suelo hizo que Nora volviera la cabeza de forma violenta. Todo estaba oscuro. La luz amarillenta que proyectaba la farola que tenía encima de su coronilla no era suficiente para averiguar de donde provenía aquel ruido.

¡CHAAAASSSS!

De un segundo a otro, la bombilla que antes la alumbraba, ahora se encontraba hecha añicos. Nora observó los pedazos de la misma regados sobre el asfalto y con el más crudo pánico recorriéndola de pies a cabeza, intentó escapar de la oscuridad que la acechaba. Pero sólo fue eso, un intento, ya que en cuestión de segundos, unos fuertes brazos le abrazaron por la espalda.

—Ya eres mía... Pequeña...

Hiarbas
Rango10 Nivel 45
hace 6 días

Hacia mucho que no sabíamos nada de esta historia. La retomamos, a la espera de mas entregas.


#11

Sí, por fin la tenía totalmente a su merced. Cada poro de su delicada piel de porcelana emanaba miedo, terror, pánico... Y eso, siempre lo llevaba a un estado de éxtasis y lujuria.
No pudo pasar por alto el dulce aroma a melocotón de su llameante pelo y la suavidad y calor de su diminuto cuerpo. En ese momento, el chico hizo que Nora diera una vuelta sobre sí misma, quedando ambos frente a frente. Fue entonces cuando pudo fijarse bien en el rostro de la joven. En lo pequeña que era su nariz o la forma que tenían las pecas esparcidas por sus pómulos. La oscuridad de aquella noche invernal no supuso ningún problema para él.

— Mírame...— le ordenó el misterioso joven con autoridad. Nora estaba tan asustada que no pudo procesar aquella orden.
— Te he dicho que me mires... Nora Williams— volvió a repetir con una voz ronca, la cual parecía destilar veneno.

¿Cómo podía saber su nombre?

Nora sentía que lo conocía, pero en ningún momento abrió los ojos para confírmalo.

¿Qué iba a hacer con ella? ¿Robarle? ¿Violarla? ¿Matarla, quizás?

En un acto de valentía, la pequeña pelirroja hizo ademán de levantar su cabeza y plantarle cara a su agresor. Una vez que sus ojos conectaron con unos ambarinos y brillantes, su sangre se heló por completo.

— Tú...— la angustiosa afirmación salió de los labios de Nora en forma de susurro. Era él, Sebastian.

En aquel instante, sin soltar a la chica de su agarre en los hombros y dibujando una sonrisa ladina, la miró fijamente, con tanta intensidad que creyó desfallecer. Sintió como el corazón de Nora latía de una manera desbocada y notó que el suyo bombeaba de forma similar. Percibió que aquel frenesí cardíaco no era producido sólo por el miedo, sino por algo más profundo que estaba creciendo de manera efímera pero constante dentro de ella... ¿Y dentro de él? ¿Sería posible que en su alma demoníaca floreciera algo que no fuera maldad e indiferencia?

Dos corazones latiendo al unísono, rápidos, potentes, y embravecidos por algo inexplicable.

Pero... ¿Por qué?