Carax_J
Rango5 Nivel 21 (500 ptos) | Escritor en ciernes
#1

−Chau Vane, mandale saludos a tus viejos. Cuidate.−
Así despidió Luis a su señora, cuando ésta se fue por el fin de semana a visitar a sus padres que vivían en un pueblo a unos 40 Km.
Luego de saludarla desde la puerta agitando la palma de su mano mientras el auto se alejaba, llegaba a la esquina y doblaba hacia la izquierda, Luis ingresó nuevamente a su domicilio. Eran las dos de la tarde de un sábado de agosto, en el cual el sol brillaba plenamente en un cielo prístino y la temperatura era muy agradable.
Lamentó tener que limpiar los platos y recoger la mesa, pero no tenía escapatoria. Se imaginaba la reprimenda que le daría Vanesa si a su regreso se encontraba con toda la vajilla sucia en la bacha de la cocina. Además sabía que si postergaba la actividad, solo empeoraría las consecuencias, pues recordaba que no hay peor cosa que limpiar una salsa boloñesa que ha quedado seca y adherida de tal manera a los platos y cubiertos, que pareciera que al prepararla le hubieran agregado pegamento industrial. Por lo que muy a su pesar, se arremangó ambas mangas y comenzó con la tarea.

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CUENTA_BORRADA
Rango3 Nivel 13
hace 12 meses

Estoy curiosa de saber cómo continuará esta historia, que ya de por sí arranca fuerte con esa odisea doméstica que es el lavar los platos sucios. A Luis lo entiendo perfectamente: si por mí fuera sólo compraría vajillas de plástico.

Carax_J
Rango5 Nivel 21
hace 12 meses

Una odisea cotidiana ante la cual muchos valientes perdemos nuestra valentía ;)


#2

Mientras lavaba, se sorprendió al sentirse curiosamente entusiasmado respecto de la partida de su señora. No porque no la quisiera, todo lo contrario. Llevaban años de casados y no se imaginaba la vida sin ella. Lo que le movilizó sus emociones, fue la posibilidad de volver a tener la casa para él solo. La posibilidad de no oír deambular a nadie más que a sí mismo. Siempre había sido un tanto ermitaño de niño y adolescente, pero eso había cambiado con el transcurrir de los años en relación de pareja. La vida laboral y social que llevaba lo obligaba a compartir mucha cantidad de tiempo con gente que no siempre era precisamente una buena compañía.
Tener la casa silenciosa y toda para él, lo entusiasmó. De niño, era un aficionado a la lectura. En su adolescencia continuó con dicha práctica, pero la adultez ralentizó su hábito. Si leía un libro cada dos meses debería ser pura casualidad.
Se fue hasta el segundo cajón de su mesa de luz, removió objetos que estaban destinados al olvido en ése lugar, y encontró su lector de libros digitales. Un regalo de su hermana, para la navidad de hace tres años. Como todo juguete nuevo, comenzó a utilizarlo vorazmente los primeros días, pero al cabo de unos meses, se había convertido en un trasto olvidado. Ahora, con todo un fin de semana para él solo, iba a retomar el tiempo perdido. Lo encendió y comenzó a navegar por la tienda virtual. Le sorprendió ver tanta cantidad de libros de los cuales no tenía ni idea de que trataban. No reconocía los títulos ni sus autores. Tampoco tenía un género que le gustase más que otro. Siempre había sido un lector sin prejuicios y había leído tanto a Dostoievski como a Claudia Piñeiro.
−Hola Marito, ¿cómo estás? Che, vos que la tenés clara, recomendame algo para leer. Hace rato que no leo nada y estoy buscando ponerme al día. Algo tranquilo, no quiero un novelón que me devane los sesos. Una novela corta, o algún libro de cuentos, no sé... Ilustrame.− dijo Luis y luego soltó el dedo que apretaba la pantalla del celular, enviándole un mensaje de voz al que creía era su amigo más intelectual. Mario, era una de esas personas que siempre se encuentran en pos de algún proyecto. Esa gente que no puede quedarse tranquila sin hacer nada, de las que siempre tienen que tener desafíos en el corto y mediano plazo. Cómo si les molestara la ociosidad y con la conciencia de que el tiempo es un bien cuasi tangible, sumamente efímero, y del cual no se debe desperdiciar ni la mínima parte. Así era Mario, pero con la salvedad de que sus proyectos y planes, siempre estaban relacionados con el plano intelectual. Siempre estaba estudiando algo o preparando algún proyecto, tesis o ensayo para presentar en diferentes instituciones, ya sea la universidad, el gobierno, empresas particulares, editoriales, organismos no gubernamentales, etc.
− ¿Que hacés loco? Todo bien por acá. ¿Vas a volver a leer? ¡Qué bueno! me alegro mucho. Mira como recomendarte, puedo recomendarte un montón de libros. Pero no quiero fallarte. Decime que género, y te tiro un par de nombres.− salió del parlante del celular de Luis.
−No sé... me da igual, alguno que te haya gustado a vos. Esos libros que te dejan pensando, pero que no necesitas haber leído antes al autor para poder entenderlo. ¿Me explico? − dijo Luis.
−OK. Si querés algo latinoamericano, leete “Ficciones” de Borges, o “Bestiario” o “Final de Juego” de Julio Cortázar. Si querés algo de afuera leete “Catedral” de Raymond Carver o “Cuentos” de John Cheever. Cada libro que te dije son cuentos relativamente cortos, y que te dan vuelta la cabeza. A mí me encantaron.− Esta vez el mensaje salió escrito desde la pantalla, a lo que Luis respondió también de manera escrita con un "Ok. Gracias. Después te cuento. Un abrazo."
Con la información recibida, se fue a la tienda en su lector electrónico y luego de haber leído las descripciones de los libros, optó por comprar Final de Juego de Julio Cortázar. Nunca había leído nada de él, pese a que siempre lo había intrigado el reconocimiento que tenía el escritor argentino.
Perdió la noción del tiempo. Se sentó en el cómodo sillón del comedor, la luz del sol invernal ingresaba al inmueble desde la ventana ubicada a sus espaldas, la taza de café que se había tomado hace ya un par de horas reposaba sobre el apoyabrazos soltando un sutil, lejano y familiar aroma a confitería porteña. «¡Cómo extrañaba leer!», se dijo a sí mismo. No se había dado cuenta y el tiempo se le escurrió como se escurre el agua en un colador. Quedó fascinado con la prosa del escritor, los cuentos transcurrieron uno tras otro sin pausa y sin descanso. El primer cuento que leyó del libro fue "Continuidad de los parques" y fue como un golpe knock out por la manera en que lo impactó. Quedó maravillado. Luego de semejante impresión sospechaba que no iba a correr con la misma suerte con el siguiente, "No se culpe a nadie". Su impresión fue absolutamente infundada, porque nuevamente disfrutó leyendo cada hoja, como hacía años que no lo hacía. Y así fue transcurriendo la tarde. Se le cayeron un par de lágrimas al leer "Los Venenos" y "Final de Juego". La evocación de la infancia que el autor plasmaba con un ingenio y una sensibilidad tan especial, lo llevaron inevitablemente a su primera década de existencia, donde todo era inocente, todo era bueno, todo era nuevo, todo era aventura, todo era fantástico. Se sintió apesadumbrado, al tomar noción de lo lejos y pasado que ése mundo había quedado para él. En el mundo actual de Luis, la aventura y la fantasía habían sido reemplazadas por las responsabilidades y la rutina.

enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 59
hace 11 meses

Ya me parecía en la narrativa, pero con las sugerencias de este capítulo estaba cantado.
¡Saludos desde la otra orilla @Carax_J!


#3

Con semejante impresión, no dudó en comprar y descargar “Bestiario”, el otro libro de Cortázar que le había recomendado su amigo
−¡Pero mirá la hora que se hizo! − dijo asombrado, y al escuchar su propia voz se dio cuenta del silencio absoluto en el que había estado sumergido las últimas horas.
−Bueno, me doy una ducha y arranco con el otro. − volvió a vociferar, para cortar el silencio reinante.
−¡Gracias Marito! Recién terminé de leer Final del Juego. ¡Que buen libro! Que buen escritor. No sabes cuánto lo disfruté.− Nuevamente envió un mensaje de voz a su amigo.
Rápidamente, como si algo lo estuviera apurando -por más que no tuviera ningún compromiso, ni nada especial que hacer- ingresó en el baño, abrió la ducha, se desnudó y se duchó a toda velocidad. Al salir se vistió, se colocó frente al espejo y se peinó. Sin saber bien que era, notó en el reflejo que algo había cambiado. No sabía si era él, o era el punto de vista desde el que ahora se observaba. Se sonrió a sí mismo, y nuevamente se dirigió al sillón para comenzar con “Bestiario”. Pero antes de sentarse, notó que tenía hambre y que necesitaba comer algo. Raudamente, se preparó algo para picar y un aperitivo para tomar. Nada sofisticado. Maní salado, aceitunas, cubos de queso gouda y un salamín casero. No sentía ganas de ponerse a cocinar, por el tiempo que le insumiría tal tarea. Encendió la televisión, pero la programación que encontró no le resultó nada atractiva. Los mismos programas de chisme que hacía años eran repetitivos y partidos de fútbol de la liga local por los que nunca tuvo un interés considerable. Hizo zapping unos minutos mientras terminaba de comer. Llamó a Vanesa para chequear que todo estuviera bien, y luego de hablar unos minutos con ella, se vio nuevamente listo para continuar con sus planes.
Se sentó en el sillón nuevamente, y esta vez bajo la luz artificial, reanudó su jornada de lectura.

#4

−¡Pero por favor!− resonó su voz a lo largo del living-comedor cuando terminó de leer casa tomada. «¿Cómo nunca leí a este tipo?» se recriminó.
En ese momento sonó su teléfono. Era un mensaje de Mario.
−¡Te dije que te iba a gustar! Ahora leé el otro que te dije. Es un viaje de ida. − salió del parlante del móvil.
− Recién lo empecé. Acabo de terminar de leer el cuento “Casa tomada” y me dejó de una pieza. ¿Que tomaría este tipo para escribir de esa manera? Jaja − le dijo Luis al aparato y luego soltó el dedo de la pantalla. La respuesta no demoró en llegar.
−Jajaja, yo también me lo pregunto. Oíme una cosa Luis. Si te interesa, fijate en YouTube que hay una entrevista que le hacen a Cortázar en la televisión española allá por la década del 70. Es una entrevista larga de casi dos horas, pero es excelente, a pesar de que el entrevistador es medio plomazo. Avisame, y si querés te paso el link. −
− Sí. Claro que me interesa. Ahora quiero saber más de este tipo. Pasame el link. −
Minutos después, Luis abandonó la lectura y luego localizar en su Smart TV el video que su amigo le había indicado, se abocó a escuchar atentamente la entrevista. Nunca había visto siquiera una fotografía del escritor, mucho menos lo había escuchado hablar. Le llamó la atención la clara dificultad que tenía el para pronunciar la letra "r".
Al margen de eso, notó que en la misma se veía a un Cortázar primeramente incomodo, siendo entrevistado por un periodista español que tranquilamente se podría catalogar como un desvergonzado chupamedias profesional, de los tantos que se veía en los programas de televisión actual. Esos tipos que en un primer momento quieren hacerse ver, y le dan al entrevistado cierta información como para que quede claro que han estado investigando y repasando exhaustivamente la información relativa a la persona invitada, pero que en el devenir de la entrevista quedan expuestos al tener que seguir un libreto y realizar preguntas vacuas o que ya han sido contestadas. Sin perjuicio de ello, Luis dedujo que la incomodidad del escritor no pareciera provenir por encontrarse frente a semejante interlocutor, sino por la exposición y por una timidez originada ante la pérdida de la intimidad. No parecía sentirse cómodo hablando de sí mismo y de su historia de vida frente a las cámaras. Claramente se notaba que había sido un tipo ermitaño en su juventud, y que debió cambiar sus costumbres por el devenir de la vida adulta. De alguna manera, Luis se vio identificado con el entrevistado.
Los primeros veinte minutos no pudo despegar sus ojos de la pantalla. Lamentó profundamente que el mundo actual no contara con una personalidad como ésta. Coincidía en todo con lo que el escritor manifestaba y rezongaba cada vez que el anfitrión del programa lo interrumpía. Le llamó la atención que por aquellos años, se permitiera fumar en los programas de televisión. Mientras escuchaba la entrevista, se imaginaba lo especial que hubiera sido compartir un café con el escritor. O mejor aún, haber podido ser él quien lo entrevistara. Él si le preguntaría cosas interesantes, sin ningún tipo de libreto que lo orientara e incomodara al entrevistado.
Los minutos fueron pasando, y el sueño y la pesadez, fueron ganando terreno en el cuerpo de Luis. Sin darse cuenta fue entrecerrando los ojos y acomodándose de manera tal que su anatomía quedara cada vez más de manera horizontal. Inevitablemente, se quedó dormido.

#5

−Disculpe señor. Señor. Señor.−
Luis se encontraba recostado en el sillón en una posición que podría ser descrita de muchas maneras, pero en la descripción jamás aparecería la palabra comodidad. Sus piernas estaban estiradas, una sobre el apoyabrazos izquierdo del sillón y la otra sobre el piso. Tenía las caderas apoyadas contra el filo exterior del mueble. Un almohadón estaba mal colocado bajo su cabeza, lo que lo dejaba contorsionado de manera forzada. El brazo derecho adormecido debajo del torso y el izquierdo doblado, teniendo la mano abierta debajo de su nuca.
Cuando Luis comenzó a despertarse, entreabrió sus ojos y tomó conciencia de que se había quedado dormido mientras miraba la televisión. Recordó lo que estaba mirando, y se dio cuenta de que en la pantalla ya no estaba la entrevista. Con un estruendoso sonido gutural, comenzó a estirarse como lo hacen los perros y gatos cuando se despiertan. Mientras se desperezaba, no tenía ni idea de que ya había amanecido. Automáticamente, sus instintos se alarmaron cuando sintió ése olor a cigarrillo dentro de su casa. «¿Y ese olor de dónde viene?» pensó mientras seguía acostado, ahora sí en una posición más cómoda y con un pie apoyado sobre el otro.
Al sentir el golpecito gentil que recibieron sus zapatillas, Luis sintió que su corazón se detenía. No entendía que estaba sucediendo, y el susto que se llevó al escuchar el reiterado "Disculpe señor" que previamente había escuchado creyendo que provenía de la televisión, lo hizo incorporarse instintivamente y abrir los ojos de golpe.
La voz grave y pausada que lo había despertado, provenía de una persona que estaba sentada en una silla al lado del sillón. Cuando Luis pudo observar bien, cosa que le llevó unos segundos pues el adormecimiento aun pesaba sobre sus parpados, se dio cuenta que tenía a su lado a un masculino de gran porte, sumergido en la tenebrosidad de un living-comedor a media luz. Se notaba que era una persona sumamente alta y delgada, de ojos saltones, oscuro pelo negro y una espesa barba. En una fracción de segundo Luis pensó que se trataba de un asalto y temió lo peor.
− ¿Quién sos vos?− preguntó atónito y con una súbita actitud de defensa. − ¿Qué hacés acá? ¿Cómo entraste? ¿Que querés? ¿Viniste a robar? Mirá que tenemos alarma, te conviene rajar enseguida porque se te va a poner feo.− Escupió Luis. Las palabras salían de su boca como balas de una ametralladora. El miedo se había apoderado de él.
− Mire señor, que usted se sienta alarmado me preocupa, puesto que quien está más alarmado aquí soy yo. Quédese tranquilo que no vine a robarle. Y si quiere que le responda, vamos por partes.− dijo el intruso, con un tono de voz sumamente respetuoso, tan grave y paciente como los que poseen las personas que expelen seguridad a través de sus poros. –Mi nombre no se lo puedo decir porque no lo recuerdo. Se ve que me he golpeado la cabeza o algo por el estilo. Pero previo a continuar con este intercambio de información, necesito saber el suyo y donde me encuentro. Se ve que esta es una situación incómoda para ambos, por lo que considero necesario que empecemos a conocernos para desenmarañar este embrollo.−
−Me llamo Luis− dijo Luis, y en ese momento se dio cuenta dos cosas. Una era que todo indicaba que era el intruso quien había estado fumando, y la segunda, era que el tipo que tenía enfrente, pese a no haberle visto claramente la cara, no parecía ser un delincuente.
−Bien Luis, voy a contestar al resto de sus preguntas, o al menos a las que pueda responderle. Que hago aquí y como ingresé no lo sé. Como ya le dije, no vine a robarle ni mucho menos. Lo único que puedo decirle, es que yo me encontraba en medio de una entrevista, y en un momento dado pedí permiso para ir al baño. En vez de espejo tenían unos rectángulos impresionantes de un metro de ancho por unos cincuenta o sesenta centímetros de alto -dijo el desconocido mientras gesticulaba con las manos-, que en vez de reflejarlo a uno, contenían unas fotografías de una calidad que yo nunca he visto. Increíblemente, esas imágenes no eran fotografías, sino que eran proyecciones que cambiaban cada unos segundos y automáticamente uno se encontraba ante otra fotografía. Casi parecía que se pudiera tocar al contenido de la misma, nunca he visto algo así. Usted no me conoce, pero yo soy una persona muy curiosa y efectivamente quise intentar tocar el contenido de la imagen. El resultado fue que todo se iluminó de manera cinematográfica. Inmediatamente perdí el conocimiento y me he despertado en esta casa, donde casualmente tiene Ud. un rectángulo exactamente igual a la que recién le mencioné.−
Al escuchar el pausado discurso, los sentidos de Luis se fueron despertando, el oído y la vista se fueron aclarando. Ya oía y comenzaba a ver nítidamente. Se puso de pie y pasando al lado del intruso, mientras éste también se paraba abrió las cortinas para que ingresara más luz. Al verlo de frente y con la habitación bien iluminada, no le quedaron dudas. Quedó petrificado mientras se le erizaba la piel. El sujeto que tenía enfrente, era el mismo que había visto la noche anterior en YouTube en la entrevista realizada en la década del 70. Tenía en frente al mismísimo Julio Cortázar.

enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 59
hace 11 meses

Es buenísimo!! Una especie de Continuidad de los parques a través del ciber espacio!!