fcaoz
Rango4 Nivel 17 (286 ptos) | Promesa literaria
#1
    Partes:
  • #2

- ¿Estás dormido?
- Si, mente estúpida.
- Ya se como eliminar al jefe.
- ¡Ostras!

Cantaba el gallo, y aún no se atisbaba ni un solo rayo de luz del alba, un Domingo a las seis de la mañana. De puntillas salí de la cama, el suelo frío y en la ventana, la escarcha que mojaba el cristal, caído en la madrugada. Chiquitos los ronquidos que mis padres aún exhalaban, a oscuras y tocando la pared hacía el garaje yo me encamine, un duelo a muerte allí me aguardaba. Encaje la puerta, dejándola entre abierta, por sí oía ruidos de mis padres de cuando se levantarán a hacer el café con las tostadas, y de este modo, desmontar mi batalla.

- Ahora esto es entre tu y yo, maldito bastardo.

Pude sentir, como el filo de mi espada de acero silbó y comencé a danzar, por todo lo ancho de aquellas oscuras ruinas, dando un grandioso recital. De pronto, una brisa gélida, me hizo estremecer, y mis huesos se comenzaron a entumecer y una tormenta ártica cubrió por completo las antorchas que me alumbraban.

- ¿Acaso crees que podrás detenerme escoria? ¡Te mataré!
- ¡Chico! ¿Ya estas jugando con muñequitos?

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#2

CAPÍTULO 1 - Salvar partida.

Las palabras élficas quedaron en un segundo plano, desplomándose el mando de mi mano,
sentir el aliento de mi padre, y de fondo como crujían todos mis huesos en pantalla.
Mi padre llamaba, a voces a mi madre, mientras no paraba, de soltar improperios,
y de mi flacucho brazo me zarandeaba.

Ángel - ¿Cuantos años más Ulises? ¿Treinta? ¿Cuarenta? Espabila parásito.
Diana - No seas tan duro con él.
Ángel - Cielo, nosotros con veinticuatro años, estábamos casados, con una casa y hartos de trabajar.
Diana - Recuerda, que los tiempos son diferentes y debemos adaptarnos.
Ángel - ¿Y acaso no lo estamos haciendo? Pero nuestro bolsillo, no puede hacerlo más.
Ulises - Lo siento...
Ángel - ¿Lo sientes? ¿Porqué no lo sentiste cuando abusaron de ti en el colegio?
¿Porqué no lo sentiste cuando te enamoraste de un persona inadecuada?
¿Porqué no lo hiciste cuando tiraste a la basura miles de euros para jugar con muñequitos?
Tu no sientes nada. ¿Me oyes? ¡Nada!

Un portazo ensordeció mis sentidos hasta el punto de cerrar los ojos por varios segundos.

Diana - Cariño, no se lo tengas en cuenta, se preocupa por ti, aunque tu no lo creas. Estamos un poco mayores y lo único que deseamos es que puedas romper tu silencio y de esta manera que el mundo conozca aquello tan maravilloso de lo que nos ha privado tanto tiempo, confiamos en ti hijo mio.

Sus brazos me rodearon, enredando mi alma y de lágrimas mis ojos se anegaron, deslizándose por su pecho, compungido, maltrecho y sin creer como siempre, a no tener derecho, permaneciendo por completo en silencio.
Sentí, sus manos, la yema de sus dedos, crecí, con sus cuidados, trate de seguir su credo, pero una y otra vez volvía a caer, y mi madre ha estado siempre ahí, para secar mi llanto y no dejarme desvanecer.
Llegaba el momento de un sol abrasador, fulgurante en todo su esplendor, abrasando mis mejillas, colocando en mi piel como en un guitarra una cejilla, fundiendo el dolor, de cada gota, quedando solo vapor en un haz de inmensa luz, de lo que siente una madre por un hijo, un incondicional amor.
Me aferré tan fuerte, desquebrajando cada una de mis defensas, restando inerte, en su regazo, pareciendo un simple abrazo, yo me sentía como en una fortaleza, donde por fuera era el infierno y al estar yo dentro, paz, serenidad y naturaleza.

Diana - Llorar nos recuerda que somos humanos, esto esta bien corazón, pero hay que desayunar. Vamos por pan y hacemos unas tostadas con jamón. ¿Te parece bien?

Levante la mirada, y con una sonrisa toda la estancia iluminó, ya no eran ruinas, ni mi cuerpo frío albergaba, era inevitable, una sonrisa en mi nació.