Galin_H
Rango6 Nivel 26 (841 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Bajo la sombra de un árbol sentada en un columpio se encontraba Henedy, una niña de cabello amarillo, con risos en toda su cabellera que caía hasta su cintura. Sus ojos eran como el mar, tal azul que las personas volteaban a verla, le sonreían y le decían cumplido de sus ojos que además de ser azules eran grandes. Sus pestañas eran tan largas que le rozaban las mejillas llenas de pecas cuando cerraba los ojos. Hanedy vivía solo con su padre, un hombre empresario loco por el dinero; las personas que conocían a Henedy le preguntaban por su padre, pero nunca por su madre, quien para aquella niña no existía. Henedy no tenía hermanos, por eso amaba a sus amigos, sin embargo, sus amigos la envidiaban por ser tan perfecta, por su perfecto color de piel, por lo suave y sensible que era, por sus ojos, su sonrisa, su cabello, su rostro y hasta como olía aquella niña.

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Quendi
Rango9 Nivel 43
hace alrededor de 1 año

Me encanta tu redacción, buenos instrumentos de composición.


#2

Los amigos de Henedy tenían la misma edad de ella, ocho inocentes años, pero eran tan envidiosos como un cualquier joven adulto.
Henedy se sentaba en las tardes bajo el árbol, en aquel columpio que su padre le había comprado desde que ella tenía cuatro años; ella era muy buena pensando, resumiendo en pocas palabras lo que había hecho en días, pensaba en la vida y en la muerte, en el amor y el odio, en la familia y en la soledad. Pero lo que casi siempre pensaba todas las tardes sentada en su columpio bajo la sombra de aquel árbol, era en donde estaría su padre, que estaría haciendo en ese momento y si ya le faltaría poco para llegar a casa.
Un día su padre llego temprano a casa, estaba tan alegre que le transmitió esa alegría a Henedy, ella no pregunto la razón, simplemente le agradaba verlo así. Su padre le dijo que hiciera una maleta para dos días y ella como buena hija lo hizo; partieron ese día a una casa algo lejos de donde se encontraba su hogar, había muchas montañas alrededor de ese lugar a donde habían ido. Henedy estaba completamente sorprendida por aquel lugar tan lindo, tenía un patio trasero gigante y al final del patio trasero había un lago, un enorme lago lo que intrigó más a Henedy.

#3

- ¿Qué es eso papá?-le preguntó al no entender por qué tenían un lago detrás de su casa.
El padre de Henedy le explicó que era un lago y que allí podrían pescar algunos peces. Ese hombre hablaba con entusiasmo, de verdad estaba muy feliz por alguna razón. Entraron a la casa y era tres veces más grande que la casa de ellos; Henedy se sintió pequeña dentro de tan grandiosa casa de dos pisos.
Pasaron dos días y Henedy se preguntaba por qué su padre no le había dicho que ya era hora de irse a casa, sin embargo, no le preocupó demasiado, le agradaba tanto aquella casa que decidió no preguntar. Una semana después su padre le dijo que esa sería su nueva casa; Henedy se alegró y comenzó a pensar las cosas que podría hacer viviendo allí, pero lo primero que pensó fue en su columpio, así que le pidió a su padre que se lo buscara y se lo guindara bajo ese árbol que se
encontraba solo en todo el medio del patio trasero, así mismo su padre lo hizo y desde ese entonces se sintió como en su hogar.

#4

Pasó el tiempo y Henedy nunca había ido al lago, su padre seguía siendo el mismo hombre trabajador y eso de pescar nunca lo llegaron a hacer. Un día ella estaba tan aburrida en casa, no tenía tareas, no tenía muñecas nuevas ni nada importante qué hacer, así que prefirió agarrar su mejor ropa de pesca (la cual nunca había usado), sus objetos de pescar y por supuesto su amiga Lucy, una muñeca de plástico con la que jugaba al té, como no tenía amigos allí, usaba a Lucy como su mejor amiga y compañera de aventuras.
Henedy colocó todas sus cosas sobre el bote de madera que parecía tener años allí, pero entonces recordó su sombrero de pesca, así que salió corriendo de vuelta a la casa, cuando regresó notó que su bote lo había movido quizás el viento y ya estaba lo suficientemente lejos como para agarrarlo sin mojarse. Henedy se molestó con ella misma ¿Cómo había sido tan tonta y había colocado sus cosas en el bote luego de que lo rodó al agua? Tenía que dejarlo en la tierra mientras ella no estuviera. Se quitó el gorro, los zapatos y levantándose el vestido corrió al agua, cada vez el agua se hacía más onda y ella dudaba en seguir ¿Sabía nadar? No lo recordaba, tenía años sin ir a un lago o a una piscina. Su corazón comenzó a latir fuerte al notar que el agua llegaba a su labio inferior, recordó cómo hacían sus caricaturas de la tele para nadar, así que se impulsó desde el suelo inclinándose hacia adelante, pero cuando sus pies no tocaron fondo entró el desespero, movía las piernas y los brazos para tratar de no hundirse, pero estaba perdida, ya el agua había entrado por todos los orificios de su rostro, trató de gritar pero fue peor, su aire se trancó y lo único que pudo ver mientras sus ojos se cerraban y caía al fondo, fue el bote que estaba sobre ella en la superficie.

#5

El padre al llegar a casa y no encontrarla se asomó por la ventana y vio el bote, corrió hasta allí gritando su nombre y la encontró a un lado del bote flotando, llorando nadó hasta allí para sacarla de inmediato, intentó darle respiración boca a boca, pero como no era experto salvando vidas la llevó lo más rápido que pudo a un hospital que por suerte quedaba a tres cuadras.
La pequeña logró salvarse, o eso decía su hermana adoptiva, quien una semana después de ese pequeño accidente, llegó a la casa. Su nombre era Jazmine, tenía ocho años al igual que Henedy, las dos niñas desde el primer instante se llevaron bien. Jazmine tenía los ojos de color café y el cabello de un tono extraño, parecía marrón pero cuando estaba bajo el sol podía confundirse con rojizo.
El padre de aquellas niñas últimamente estaba decaído, tal vez no le iba muy bien con lo del dinero y pues esa era su mayor preocupación.
Al mes de haber llegado Jazmine a casa, le preguntó a Henedy quien se encontraba sentada en su columpio con su muñeca Lucy sostenida, que por qué nunca iban al lago, allí fue donde Henedy le contó que casi muere ahogada, Jazmine se sorprendió y Henedy le dijo que jamás se acercara al lago, para que así no le pasara a ella.
Jazmine entendió perfectamente y nunca se acercó al lago. Luego de tres meses el padre de aquellas niñas andaba extraño, hacia muchas llamadas y no eran de negocios, se paraba justo al lado del telefono a observarlas hablar, ellas seguían jugando y hablando mientras él fruncía el ceño y hablaba por la llamada.
-Jazmine-la llamó su padre una tarde, parecía preocupado, ella sin decir nada fue hasta donde estaba él y se sentó en la silla que tenía al frente. Su padre la miró-tú...necesitas entender algunas cosas; sé que es complicado para ti y también sé que tienes mucha imaginación, es solo...que estás torturándome-la cara del hombre se arrugó como si le hubiesen dado un puñetazo en la cara-no quiero que me la recuerdes ¿Está bien? Simplemente evita hacer todo lo que haces frente a mí.
Jazmine estaba sin habla, no entendía lo que su padre le decía.
-No entiendo papá ¿Qué te molesta? -le preguntó ella con un poco de dolor en el rostro, pensaba que su presencia comenzaba a molestarle y pues para ser una niña recién llegada del orfanato era doloroso.
-Hablo de Henedy-dijo él como si hubiese evitado ese nombre todo ese tiempo.
Jazmine volteó hacia los lados buscando a Henedy.
- ¿Quieres que la llame? Es que no sé qué te molesta ¿No quieres que hagamos ruido mientras trabajas? -le preguntó preocupada.
El hombre chasqueó la lengua y pareció frustrado.
-¡Entiéndelo de una vez! ¡Solo no actúes como si estuviese viva! ¡Me torturas Jazmine! -dijo su padre y la dejó sola en la sala.
Jazmine tenía ganas de llorar por aquél grito que su padre le dio, pero no entendía por qué le había dicho eso.
Volteó hacia la puerta del patio y vio que Henedy estaba allí con cara triste.
-¿Por qué dice eso?-le preguntó Jazmine con desespero a Henedy.
Henedy solo se dio la vuelta, abrió la puerta del patio trasero y comenzó a caminar, Jazmine la siguió con rapidez hasta caminar al lado de Henedy, le hacía preguntas, pero Henedy lloraba y no le respondía. Cuando llegaron al lago Jazmine vio los zapatos de Henedy en la orilla junto un sombrero de pesca, vio el bote y cuando estaba a punto de preguntarle qué pasaba, ya Henedy había desaparecido, Jazmine entró en desespero y se acercó más al lago, entonces allí vio la viva imagen de algo que pudo haber pasado, el cuerpo de una niña casi de color morado, flotando al lado de un bote, tal vez esperando que los animales se la comieran o tal vez esperando a ser salvada.
Jazmine gritó con horror, tapándose la boca con las dos manos y llorando del terror.
El padre llegó enseguida que escuchó el grito y se la llevó adentro, Jazmine entró en crisis y se negaba a creer que eso fuese real, día tras día hablaba con Henedy, se tocaban, se abrazaban ¡No podía ser real que Henedy estuviese muerta!
Jazmine quedó tan traumatizada que la llevaron a un manicomio de niños, fue aceptando todo poco a poco y cuando por fin pudo recuperarse entendiendo que Henedy había muerto una semana antes de que ella llegara, regresó a casa, ya Jazmine tenía 11 años, tres años sin ver la casa, así que se sintió bien pero aún quedaba algo de temor en ella. Su padre entró a la casa primero que ella, suspiro alegremente y le dijo que bienvenida fuese de nuevo, fue a la cocina mientras ella dudaba si ir a su habitación o salir corriendo de allí. Miró a la sala y allí estaba, una niña perfecta sentada en el sofá sonriendo alegremente.
- ¡Pensé que nunca volverías!-le dijo aquella niña de largo cabello rubio, que llevaba como nombre “Henedy”.

FIN