Temple
Rango6 Nivel 26 (912 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Capítulo 1: «Borrando experiencias».
No sé, no sé, no sé, no sé, no sé. No sé qué hago, quién soy, cómo voy, adónde; por qué. Elijo un objetivo y me adhiero a él. Así voy tan lejos como lo que quiero alcanzar.

He tomado la decisión de sentarme; de dejar de caminar. Espero que autos, motos, bicicletas o cualquier cosa pase. Espero que alguien venga. Me repito a mí mismo que es un sueño, que deberé de despertar pronto. Intento hacerme daño pero no puedo, siento que mis extremidades flotan. Siento mi cara graciosa, un aire sin viento empieza a asustarme. Grito y no hay sonido, miro a los extremos y veo los pastizales danzando; pero, no siento nada.

Me dispongo a andar hacia adelante, intento entrever algo allá, en el horizonte, pero todo sigue con esa tonalidad gris. Tomo la decisión de empezar a correr, quiero salir, quiero irme, quiero huir, quiero escapar. Dejar de sentir, ¿para qué?

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pololoco
Rango3 Nivel 14
hace 7 meses

muy buen relato me encanto,¿podrias ayudarme con la mia?

pololoco
Rango3 Nivel 14
hace 7 meses

Golpe_estipulante_carnoso que foto tienes?

pololoco
Rango3 Nivel 14
hace 7 meses

Golpe buscame tu el mio es pepeargento316


#2

Mis manos y olores raros me tornan confuso, al equiparar la suavidad del pasto con respecto a mi recuerdo de una cama, la naturaleza no pierde por mucho, mis labios se aprietan fuertemente, y, en cambio, mis ojos quieren seguir vigentes cual perro guardián. Cambio la modalidad de mi cerebro y canto una canción... "Canto, bajo, relieves... Nave tierra, sigo tu voz...,"

Y entonces subo de nivel.

#3

Capítulo 2: «Ferviente empedernido».
Me concentraba en la agrietada para conseguir pasos agigantados. Este día está un poco más claro, y el cielo parecía dividirse a base de nubes negras. Todo era cielo para mí, aunque mirase abajo, a la derecha, o a la izquierda. Pensaba que el cielo reflejaba tristeza, frialdad, hasta incluso un poco de culpa. Y entonces éste lloraba y me sentía feliz, me volvía egoísta. Todo esto al interpretar las imperfecciones del cielo, que gris, se desahogaba no importándole si yo me ahogaba.

Neutralizado ya por la fría gota, punzante en el medio de mi espalda, lograba reconocer los ruidos de una aparotosa tormenta. Pero incluso bajo las advertencias de un ya casi ido yo, me sentía a gusto y crepitante, como un águila de oro dibujando los rayos con las plumas que se desprendían de él.

Rápido y en el entretanto de esto, la tormenta, derribando vastos kilómetros de lejanía, casi inmutable a causa de su furia, casi sorda y ciega ante los constantes destellos y aturdimientos que no desaprovechaban ninguna contra mis tímpanos, se mecía jugando con la suerte, cada trueno solía perdurar en mis cavidades auditivas, yaciendo como plegarias a lo único que lograba desafiarlo.

Y entonces luego de haber corrido tanto, mi cuerpo me pide descanso para rato y aligero el paso. Me envuelvo en un formidable aislamiento cuando el sonido, viajando por ondas, toca la puerta de mi banalidad, la que quiere volver a ser como fue, y los pastizales se encogen, el cielo se ennegrece, cambia de forma, de sentido, vida y razón. Empieza a ocupar más espacio, a delinear bocas para gritar; ojos para llorar, se sienta en el aire y resopla. Me advierte sobre mis últimos instantes de vida.

Y entonces el tiempo vuelve a correr.

#4

Capítulo 3: «Imperdonable Acto».

Misma velocidad, mismo encanto, mismo ritmo, mismo objetivo... Todo cambia cuando las pisadas empiezan a achicarse en mi alma, entonces mi personalidad se desconfigura y caigo al suelo aturdido. Suena una última obra de arte: "Una flor... una flor... otra flor. Una sonrisa, una belleza, no de mundo nuestro."

Cánticos al mismo equilátero son, y de cabeza gacha me deshago y vuelvo al aire; a caminar. Y la tormenta de zumbido eterno, con sus artimañas de algodón negro, desordena sus átomos y aparece delante.
Al dejarme inconstante y petrificado, empieza a devorar mis sales y pienso con mi mente, alma, ser: "Basta".

Y empiezo a llorar oscuro, lloro por todo: por no poder alcanzarla aun habiéndola pasado. Y el pensamiento me recalca lo del destino, de lo imposible y resbaladizo de su ser. Después de la animalada de mis actos, incido en el error de creer mi mente normal, exenta de banalidad y recaigo en la constancia y fuerza de mi alma, para ésta sentirse más pura. Y en el golpe tajante de mi ojo venoso, despierto en un nuevo ser, en un nuevo movimiento, en una carrocería de metal y rojiza, lleno de almas en pena.

Y entonces su sonrisa se asemeja a mi amor.

#5

Capítulo 4: «Conciencia... ¡¡¡Un tormento!!!»
Qué desgarradora voz sale de mis entrañas, al definirme, al gritar: -¡¡¡Un tormento!!! -me acerco al suelo-. ¡Un tormento quiere acabar con mi ser...! ¡Consume descendencia de mi historia!

Y despierto al reparar en la existencia de la fibra de carbono, y recuerdo que todas las personas que conocí, ahora pasan a formar parte de mi fibra invisible, y se renuevan en sus aspectos básicos y ordinarios... Y grito con voz de ultratumba: ¡¡¡Un tormento!!!, ¡un tormento es mi vida, mi ser, mi amor inexistente! Esa tecla especial que me recuerda lo que fui; y de mi boca sale una grabadora asesina que reproduce: ¡¡¡Un tormento!!! ¡¡¡Quiero dormir, quiero dejar de existir!!!

Y pensar en los demás causa de mí: ¡¡¡Un tormento!!!, frías gotas traspasan el techo de la carrocería y se unen a mis sales. ¡¡¡Un tormento!!!, ¿cuánto falta?, ¿y por qué...?

No consigo conseguir nada, y el naranja... ¡Oh, dulce naranja! ¿Por qué existís? ¿Te di acaso algún permiso de existencia? ¡¡¡Sal, sal de mi cabeza, endemoniado tormento!!!

¡No me mates, maldito tormento! Tengo todavía mucho que perdonarme, arrepentirme, sostenerme, abastecerme, imaginarme, cantarme, escribirme, conseguirme, evolucionarme... Y me recuerdo a ella, ¿qué soy?, ¿por qué me hablás, piel serena rubia de nariz chata y ojos de dulce de café? ¡No me hables! ¡Que el tormento toma posesión de mí! ¡Y ya no me reconozco! ¡Que soy tan vulnerable... como fuego contra sol! ¡No me inquietes... que soy tan ambiguo como la sequedad de la soledad, que camufla y traspasa... cualquier barrera proveedor de la inmortalidad!

Y caigo muerto a la nada, con los ojos ciegos bien abiertos.

Y la muerte empieza a controlar mi vida.

#6

Capítulo 5: «Movimientos Finales».
Y del Caos, surgió un trueno; del trueno, un pálpito, iba que iba. Movía hierro a destiempo, eriza piel, bulle carbón. Entonces algo empieza a flotar, y la vida, se hace.

Punto aparte, palabras que marcan paso, sonidos distantes que perduran, negrura que se desprende hacia el sol. Recuerdo vidas y cambio de tiempo, cuerpo, vida. Veo mi muerte, se altera.

Aquí y ahora; mi segunda oportunidad.

Y despierto en la carrocería, sonrío automáticamente, burlas. Veo a mi alrededor personas, todas enfermas. Siento trastornos terminales suspendidas por el aire. Busco fuego de mi interior y me lanzo hacia la ruta, caigo con heridas que arden, me levanto sin ningún rasguño. Y la tormenta se reforma obstinada, desafiándome. Se detiene en la carencia de la acción. Demente mental, se pone a pensar. Traslada, acciona, sustituye.
Se pone en función al objetivo y me absorbe.

Y mi cuerpo se disipa para evitar sufrir.

#7

Capítulo 6: «Consciencia Literal».
Y camina taciturno, apoyado por las cuerdas que lo redujeron alguna vez. En cúmulos de vaivenes que resuenan al sonar: "Una flor, una flor.... Otra flor. Un maestro, una causa... Un efecto. ¿Quién sabrá el valor de tus deseos? ¿Quién sabrá? Gira el sol, gira el mundo... Gira Dios."
Desde esa función se hizo y adquiere una forma ciega, piensa a la aguja y al tiempo. Provee una respuesta a la dirección de preguntas, y mantiene que, todo lo que experimenta, sirve de algo. Y piensa entonces, frente a la tormenta: -¿Qué será? Ya sin persona. ¿Adónde irá? Ya sin lugar. Fui, fue. Doble estrago. Sonrisa de brusquedad.

Como sin embargo lo ve, la tormenta redirige. -Fuiste, fue. Descubriste artimañas, armaste rompecabezas, finjiste escenas, resolviste dudas que fueron expulsadas por mero instinto. Empero, otrora eras normal y no había orgullo, ¿a qué se lo debes todo esto?

Fue como sismo, accedí.

-Vosa lástima, que al aire se extiende. Vosa indulgencia, que al oscuro perceptible, vusted posa a lo mínimo arte cual navío en riera. Frágil equilibrio que se ve, y desborda. Un sentimiento acuático que nunca quema. Mas, airoso voacé que sale del declive.
¡No salir de función en brincos sin gravedad!

-Quedémonos fijos, rojos a causa de furia. ¿Está seguro, alto estimado, que el eliminar vidas y memorias que flaquean y flaquearán, es lo que quiere? ¿Seguro que el morir bien, es decir, "vivir" al fin, le proveerá todo lo que olvidó y necesitó alguna vez?

-Desde luego, desde que el tiempo resquebrajó. Entonces me debe algo y quiero olvidarme de la evolución.

-Como desee, forma de consciencia. Fue una sorpresa agradable y un placer irrefutable el poder haberlo conocido. Le deseo la mejor de las suertes.

-Adiós, vaya a Él.

Y las imágenes acuáticas tomaron forma al fin en mi retina.