A_S_Alva
Rango3 Nivel 12 (142 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Capitulo I:
"Balcón"

La noticia empezó a correr, después de que las luces de las patrullas se aglomeraran en un pequeño pueblo, situado a una hora de la ciudad próxima. Unos padres, los cuales vivían justamente enfrente de donde la policía estaba, dilataban sus pupilas y detonaban conjeturas mentales. Trataban de no ser fatalistas, talvez hubo un mínimo incendio en su ausencia, o algún amigo de su pequeño les había logrado una llamada de broma, una por cierto, muy pesada, como para hacer que los uniformados acudieran hasta allá, al contrario de las cadenas de comida rápida, que por razones de logística, nunca lo hicieron. No obstante, todo cambio el color de su atmósfera, cuando a sus oídos llegaba el informe de que un niño, hijo de estos… Había sido desmembrado.

La hiperventilación en los padres apareció de inmediato, pues dilucidaron sostenidas a su balcón, sólo dos extremidades empalidecidas: un par de manos, con las muñecas totalmente tasajeadas.

Hace 8 meses Compartir:

0

5
#2

Capitulo II: "Cachos"

-No sabemos todavía, pero alguien se internó de manera misteriosa a la propiedad, es decir, sin forzar alguna entrada, e hizo esa atrocidad -decía el comandante, mientras se acordonaba el sitio y se miraba con extrañeza por detrás de la cámara (fotos periciales), a lo acontecido.

Los vecinos se notaban perplejos, teniendo en cuenta que en el lugar todos se conocían y nadie era enemigo de nadie, sabían que, al contrario de eso, les convenía apoyarse, ya que en un lugar alejado y con estilo de vida a la antigua, todos eran soporte de todos. Siempre se vigilaban, el caso, es que en esa ocasión nadie había sospechado nada, no con afuera, las risas de los niños, claro indicativo de calma. De hecho, ese bello ruido había gobernado desde hace mucho tiempo, hasta que de pronto, esa noche, fue empujado por el súbito grito de una de las pequeñas del lugar, la cual avisó del incidente a sus padres, y estos a las autoridades.

La pregunta por los judiciales, era la misma:

-¿Tienen idea de quién pudo haber sido? -pero esta era respondida de manera negativa, y explicándoles lo anterior mencionado, sobre un apoyador pueblo.

El enigma estaba marcado en los semblantes de todos, produciendo que la investigación no tuviera rumbo para dónde ir; se podría dejar para otro día, pero los aldeanos se oponían a ello. La presión parecía darle igual a los policías, sólo uno era el que se notaba más interesado, mencionando a los suyos que él tenía hijos, y por ende sentía un compromiso mayor con el incidente. Debido a eso, el mandamás en turno se retiró, guardando con inconformismo un folder color paja que cargó casi todo el tiempo bajo su brazo, y dejando a unos cuantos embajadores del sector de protección pública, a la orden de aquel sensato; disponiéndose este, enseguida a seguir buscando pistas.

Se revisaron de cuenta nueva las fotos tomadas a la acordonada área, y se trató de entender qué había pasado, pues la piel colgaba, pero no había gotas de sangre en las extremidades arrancadas violentamente. Por si fuera poco, no existían señales de animales grandes en las cercanías, y aunque así fuera, la ausencia de hemoglobina en las partes, era todo un misterio. Cuestionado fue el líder provisional de los azules, sobre ¿qué hacer?, con los niños que seguramente si presenciaron el evento, y en especial, con la niña del aviso, a lo que el superior les recomendó dejar eso para después, y para los especialistas en el área de psicología.

Se dieron giros en el lugar y se le observó con atención, tan minuciosa fue la inspección, que el cansancio mental apareció, indicando que lo mejor, era después de todo, dejar para el día siguiente eso de llenar con más cosas el expediente, pero entonces… otro clamor se escuchó. La mayoría de los jefes de familia ahí, sintieron pavor, pero fueron sólo otros dos los infortunados, los que se unieron al sentimiento arrebatador de felicidad, que tenían aquellos que habían recién perdido a su hijo. Se acercaron al lugar del espanto, a un par de calles del primer siniestro, y entraron a su casa, llamando a su pequeña -la que dio el pitazo del anterior mal evento-, sin embargo, esta no respondió. Salió al balcón aquella pareja, sintiendo alivio de no ver algo similar a lo antes acontecido con sus vecinos, pero su tranquilidad se vio privada, cuando desde lo alto, miraron que las ramas de su carente de hojas, árbol… Estaban repletas de lo que parecía piel seca. El viento entonces les corroboró al bajar pronta y ansiosamente hasta el místico café, que los cachos en las ramas, eran de su hijita, ya que como seña de pena, el árbol y el aire les dejaban caer hasta sus manos, la pulsera y el collar que esta a diario utilizaba.


#3

Capítulo III: "Descripciones"

Por tales maneras, con furia y espanto, el primer revelador dato fue externado, y no por los gendarmes y su investigación, sino por las personas del pueblo, que al ver otra vez carencia de sangre en lo que fue una nueva víctima… enseguida culparon a La Niebla Carmesí. Dijeron que habían preferido desde hace tiempo no hablar de ella, para evitar malos augurios, y por supuesto, para no invocarla, pero que dicha entidad, vivía en un raro y enorme cilindro, el cual había sido hecho por ella. Situado estaba a muchos metros del pueblo, pero cerca de las luces naranja, que eran despertadas en ocasiones por la mentada niebla. Agregaron que últimamente, algunos leñadores y turistas que pasaban a saciar su curiosidad, mascullaban haberla notado más activa, inquieta y densa, asegurando incluso, que por tal cosa, colegas portadores de hachas, y gente fisgona, estaban desaparecidos.

Los hombres de seguridad, pidieron se les compartiese, ¿de dónde había salido tal ocurrencia de La Niebla Carmesí?, respondiéndoseles de inmediato, que en una ocasión, ahí, de paso, estuvo una familia que había sido despojada de sus tierras, a causa de las ambiciosas obras de los hombres de frac; y que esos padres por miedo se alejaron, y en especial, alejaron a sus pequeños, antes de que los sellados contenedores en el centro de su pueblo, y similares al hogar de lo que ahí le llamaban La Niebla Carmesí, fueran abiertos por los idiotas invasores; así, según ellos, evitarían que las dormidas y greñudas entidades… al despertarse, utilizaran sus carnes para desarrollarse.

Aquellos que pidieron explicaciones, después de estas, no supieron si creerlas, pero su silencio y atención, por lo menos dieron la sensación de haber escuchado una entretenida historia. Se les describió poco después, que el cilindro, debajo del duro y rojo barro que le cubría, era brillante como el cristal, pero que de ninguna manera frágil, ni traslucido. La posible puerta de ese extraño rodillo, era un broma, así se mencionaba, al poseer este una aparente puerta de dos por dos metros, trazada como tal, pero nunca vista abierta; y en su centro existía una especie de pequeño embudo, cual entrada para algún tipo de llave. Se pensaba por parte del grupo policiaco, que quizás eso sólo era una roca alterada por algún vivo, de esos que disfrutaban jugar con la ignorancia de la gente, o simplemente del exaltar su lado positivo y creativo, ya que, en sus diversos operativos, habían visto hasta casas levantadas con un poco de madera y alfombras, poseyendo en la cima dichas construcciones, antenas de televisión por satélite: exquisitas postales, para ser famosas en internet.

-¡En ocasiones, desde su interior, deja escapar sonidos de animales, y hace no mucho... gritos desgarradores! –les aseguró una mujer.

#4

Capítulo Final: "Abre Tu Mente"

La autoridad sabía que la desesperación y el shock, estaban despertado en la gente, su parte más incrédula, en aras de responder tales siniestros. Les dejaron expresarse, mientras en bolsas herméticas, recolectaban los pedacitos de piel incrustadas en la madera, y los llevaban con respeto a la cajuela de una de las patrullas.

Al cerrar la unidad, el mandamás de los policías, dijo:

— ¡La Niebla Carmesí es una vieja rara, loca y muy peligrosa, de prominentes cabellos enredados que se confunden con el rebozo negro enredado en su cuello, y que por su condición de hemofílica, disfruta el beber la sangre de sus víctimas, en especial de niños! ¡Siempre se salía con la suya, haciéndole honor a su apariencia, pues desaparecía como una bruja; pero después de ser encontrada, estando herida como simple mortal, fue atrapada y encerrada en una impenetrable e inviolable celda, repleta de luces del mismo color rojo, que el de su largo vestido! ¡Ustedes lo saben! —refiriéndose al poblado.

El sector de protección aclaró ese rumor, no obstante, y ellos lo entendían, historias sobrenaturales seguían y seguían. La encargada de transformar los eventos en letras, no tomaba muy en cuenta lo expresado intensamente, ella anotaba sólo los datos "reales", en las hojas apoyadas en sus tablillas, mismas que estaban por rellenarse un poco más de morbidez, cuando uno de los guardias llegó hasta sus colegas, y les indicó del rastro de alguien pequeño, siendo llevado a la fuerza. Acudieron con prontitud, recibiendo en sus oídos los lamentos de otros tutores:

—¡Nuestro hijo desapareció, nuestro hijo desapareció! —el desasosiego en los desesperados, se había combinado al que ya cargaban, por esa razón, sus pensamientos chocaban sin decidir si era buena o mala señal, el que no hubiese sangre en aquel surco, que empezaba en la entrada de su casa.

La alebrestada huella se podía distinguir hasta los inicios del bosque, esos que llamaban a los incrédulos, como una boca a un buen manjar.

Velozmente el rastro fue seguido, contoneándose de forma dolosa en la tierra, hasta llegar al punto en donde se detenía toda la mala danza: era un lugar descampado, sembrado con pasto que se meneaba sanamente, menos en donde recién aplastado estaba. ¿Cómo podía terminar el rastro hasta ahí?, lo más lógico era pensar que en algún momento se había cargado al cuerpo, pero de ser así, el césped presentaría cierto tipo de irregularidades, debido a los pesos combinados.

—¡No hay pistas que nos pueda guiar más! —dijo el buen policía, aquel que por sus hijos se había quedado a investigar.

Los aldeanos gritaban con seguridad en la garganta, que la neblinosa bruja se lo había llevado volando, por eso no había ni pisadas. Era algo imposible de creerse, así era escrito el suceso en el papel, pero entonces, el ligero silbido de algo cayendo desde lo alto se escuchó, para después rebotar hasta pies de quien escribía el reporte. La guardia hizo a un lado su tablilla con incertidumbre inyectada, miró hacia abajo lentamente, y dio cuenta con la luz de su lámpara… de la cabeza de un jovencito, drenada y sin cuerpo.

Las miradas se elevaban en un ambiente que ahora presumía, una nada agradable carcajada, pero a los instantes. se dirigieron al pueblo, ya que para seguir por esa línea, mientras se contenía la respiración debido al susto, de otras cinco casas, con antorchas en manos, las familias corrían al encuentro del resto de los suyos, situados en aquel descampado sitio; haciéndoles saber que todos estaban desapareciendo.

—¡¿Qué rayos está sucediendo?! —mencionaban los judiciales.

Los celulares se pusieron activos, para buscar en las bases de datos alguna referencia similar a la acontecida en los alrededores u a la relatada hace minutos, pero comprendieron inmediatamente que en ese rubro estaban también a ciegas, ya que no había señal suficiente en el sitio, para navegar por la red virtual.

El poblado por fin se quedo sin ruidos, después del viento soplar diez veces y pasar regando fluidos por el campo. Los ojos de quienes volteaban de cuenta nueva hacia arriba, empezaron a arder, pero estos no tenían ni idea, o quizá sí, del origen y del tipo de líquido que se les posaba.

La piel se erizo de verdad, por toda la inexplicable violencia ahí desatada. ¿Quién seria tan hostil, para cometer tantos asesinatos? Otra vez se mencionó a la niebla de la tubular columna, y es que, en efecto parecía tener relación, pues la decena de rafagas que pasaron sobre las personas, movían los árboles mientras se dirigían en dirección a donde está según se situaba, dirección que en esos momentos destelló naranja.

Tal luminosidad apagó increíblemente los movimientos de civiles y judiciales. El silbido otra vez el cielo surco, unas pajillas de follaje seco adornaron los hombros u cabeza de inmóviles, para enseguida, al ritmo de la peculiar carcajada... salir disparados al cielo entre estallidos de huesos, y ya nunca caer.

Pueblos cercanos contaban, posterior a persignar sus labios, la leyenda de La Niebla Carmesí, compadeciendo al que efectuara el más mínimo ninguneo, y por supuesto, increpándole:

—"Abre tu mente a las posibilidades, así no te congelaras de más, cuando una de ellas se carcajee de ti".

carlos1983
Rango9 Nivel 40
hace 8 meses

Una horrible pesadilla bien descrita...Muy bueno.

A_S_Alva
Rango3 Nivel 12
hace 8 meses

Hey, carlos1983, muchisimas gracias.