PresleyMercuryJackson
Rango13 Nivel 64 (19137 ptos) | Premio de la crítica
#1

Eran las horas más avanzadas de la tarde. Los rayos más potentes del Sol que caracterizaban las primeras partes del día acababan de desaparecer. Por ello, éstos ya no atravesaban los ventanales de la casa con toda la carga de calor que desprendían. El solitario dueño de la casa podía recurrir ahora al encendido de las luces eléctricas sin sentir remordimientos por derrochar energía y dinero vanamente y sin preocuparse de que el Sol le deslumbrara por completo al pasar por sus ojos.
Pulsó los interruptores del cuarto de baño, perfectamente adoquinados con azulejos blancos en las paredes. Del mismo modo, las luces encendidas eran de un color blanquecino y contaba con un resplandor que tenía una mínima parte de iluminación de fósforo. Se formó un ambiente intimista propio de quien vence con éxito a la oscuridad vespertina que manifiesta la antesala de la noche.

Hace 8 meses Compartir:

0

0
#2

Sin embargo, aquel intimismo le generó un mal presentimiento interior al dueño de la casa. Se sintió incómodo porque tanta soledad y tranquilidad le dio la sensación de que alguien acechaba y podría aparecer por sorpresa mientras él estuviera absorto en sus propios asuntos.
Tocaba empezar por lo que había venido a hacer en aquella estancia. El pequeño temor de ser cercado u observado por alguien y no saber si era conocido aún le invadía, pero prefirió centrarse en tomárselo con calma. Los zapatos eran muy fáciles, ahora faltaba quitarse el resto de la ropa. Se desabrochó los botones de la camisa hasta desprenderse de ella, dejando al descubierto su esbelta y bien formada figura. Hizo lo mismo con los pantalones, bajándose la cremallera hasta que los bóxers quedaron como la única prenda visible. Fue al bajarse los calzones cuando el dueño de la casa se puso nervioso. Le invadió el temor porque notaba que ese alguien existía y andaba merodeando por alrededor del baño y, más aún, observándole. Sin embargo, recurrió a la típica excusa de que eran imaginaciones suyas para culminar su completa desnudez.
Enseguida se metió dentro de la ducha, cerrando la mampara al instante. Aunque quería comportarse como un adulto para no enfrentarse a terrores propios del mundo infantil, parecía un niño intentando esconderse de un tenebroso fantasma. Abrió el grifo y no se molestó esperar a graduar el agua para que saliera caliente. Daba igual empezar estando fría con tal de ahuyentar un tormento que comenzaba a ponerse en serio. Quizá el chapoteo sobre el suelo disimulaba la situación, hacía desaparecer al invisible enemigo de su cabeza o en última instancia lo tranquilizaba.
El dueño de la casa no entendía nada: todo le parecía demasiado surrealista porque por un momento se sintió el protagonista de un improvisado remake de Psicosis, aunque esta vez Alfred Hitchcock no estaba allí para exclamar “¡Corten!” para poner fin a una tensa pesadilla.
Ahora sí: el incesante goteo de H2O no frenó el sonido de los inesperados pasos que, sin saber de dónde procedían, sonaban cada vez más cercanos. El dueño de la casa ya no tuvo dudas en la veracidad de sus miedos, aunque la impresión le dejó congelado e inmóvil. El visitante misterioso existía y no era un fantasma porque su andar sonaba muy físico. Por si fuera peor, no pudo distinguir claramente la figura del extraño porque cuando éste se acercó se apagaron todas las luces de la estancia. Una mano con forma humana abrió la mampara de la ducha y el desconocido a la que pertenecía se metió dentro.

#3

Justo cuando el dueño de la casa iba a soltar un grito de terror en medio de la oscuridad estando él de espaldas a la criatura con la esperanza de despertar de ese mal sueño, las luces blancas de fósforo del baño volvieron a encenderse. La presunta víctima no se dio la vuelta, pensando que su deseo había sido concedido. Pero la mano invasora, o mejor dicho las manos, no se esfumaron. Al contrario, rodearon su torso y lo palparon en medio de lentas caricias. El dueño de la casa no hizo nada para impedirlas: eran inexplicable y al mismo tiempo irresistiblemente excitantes.
Habló una susurradora voz femenina.
- Sé que esto era lo que deseabas, ¿o no es así?
El receptor de aquellas palabras seguía inmóvil, impaciente por escuchar más.
- Aquí estoy, no te contengas -. Le dijo la interlocutora al oído de manera suave.
Al fin el aludido accedió a girarse hacia ella lentamente. No solo le vio la preciosidad de su cara, sino también todas las hermosas curvas de su cuerpo. Su misteriosa acompañante se llamaba Sensualidad.
- Hazlo, ¿a qué esperas?
Con el agua que golpeaba su espalda con la misma caricia de suavidad desde el final de la nuca hasta sus glúteos, el dueño de la casa la tomó de su rostro y comenzó a devorarle la boca con un beso similar a un mordisco después de un inicial y ligero contacto en sus labios.
- Despacio, despacio… No tengamos ninguna prisa, querido. – respondió ella sin cambiar el tono de su voz y correspondiendo mutuamente de sostener la cara de él.
Mientras la mujer, Sensualidad, bajaba las manos hacia el pecho del dueño de la casa con intención de seguir recorriendo su cuerpo más abajo, el dueño de la casa abrió el grifo para que el agua cayera más fuerte (y casualmente, ahora caliente).
La situación se había iniciado muy psicótica por un terror que gracias a Dios no alcanzaba el grado sadomasoquista, pero el posterior transcurso iba a ser mucho mejor y más placentero que "Psicosis".

FIN.