A_S_Alva
Rango3 Nivel 14 (198 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Capítulo I: "Cansancio"

Mis ojos no me metían, ya que después de apretarlos y desapretarlos fuertemente, dilucide un color gris a la media distancia, que destacaba del amplio negro, este último, compañero de las pisadas inciertas de todos. Avancé un tanto titubeante, hasta llegar aquel tinte grisáceo, el cual no era otra cosa, que una gruesa roca, presumiendo encima… Algo. Enseguida me dispuse a subir a la plataforma, aunque debido a mi disminución de nutrientes y claro, a la carencia de aire puro en la intemperie, que alimentara correctamente de oxígeno a mis sobre exigidos músculos, lo hice con dificultad. De hecho, de no ser, en primer caso, por mi mascara filtradora de última generación, no hubiese sido capaz de avanzar tanto, en medio de aquella enrarecida atmósfera. Mis guantes de tonalidad negra, como la de todo mi revestimiento debajo de la gruesa gabardina de lana, eran delgados pero resistentes, para permitirme utilizar de manera efectiva, mi sentido del tacto en cualquier superficie.

—Me he cansado ya —susurré, recostado apenas sobre la roca.

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#2

Capítulo II: "Lo Más Valioso Que Existe"

Mientras colgaba una de mis manos por el borde de la plataforma, el liviano material que la cubría, le permitió sentir aquel cálido basalto, cálido no sólo de manera física, sino también a niveles profundos del psiquis. Pasados unos instantes, restablecí mi fuerza, y caminé hasta su centro, logrando aún con las gruesas suelas de mis botas, parecidas a las mineras, comprobar una contextura… Única. Escuchaba mi respiración muy fuerte, y mi corazón palpitaba también de manera potente, era por los nervios despertados en mí, mismos que yo sabía no eran de miedo, sino por lo que los más viejos decían, se presentaban al presenciar algo extraordinario. Y cómo no iba ser así, si estaban experimentando mis pies, un cosquilleante y seductor terreno.

Por fin, en el punto que yo quería, me apoyé en mi rodilla izquierda, y enseguida esta fue acariciada, en lugar de raspada y tiznada. Metí por causa de instinto, los dedos en uno de los muchos espacios de mi larga prenda, y saque de un contenedor hermético, una toallita húmeda, de las que usaba yo meticulosa y exclusivamente, para mi deshidratada piel; la pase de manera apresurada por sobre mis empañados googles, demostrando que así de importante me parecía el hecho de poner atención a lo que se le venía a mi sentido, detrás de los sucios cristales.

Pulcro, o lo más que pude dejar a mi accesorio ocular, lo ajusté, y bajé mi mirada lentamente… era nuevo para mí, pero ese algo antes mencionado, ahí estaba.

—¿¡El vivo color de la leyenda!? —me cuestioné, con un pequeño sobresalto.

Me parecía que era así, pues sin la luz adecuada, era capaz de bailar de manera intensa en mis retinas, me bailaba también en la punta de la lengua, pero no cantaba, y no cantaba, porque se me había olvidado su apreciado nombre. Puse lentamente mis nudillos sobre aquella consistencia refrescante, y recordé las palabras de mis ancestros:

—"¡Eso es lo más valioso que existe, a pesar de no poseer el color rutilante que el humano ambicioso adoró, y que ahora arroja con desprecio a las paredes!"

#3

Capitulo Final: "Argumento Final"

Posé la otra mano, pero esta la coloque abierta, para constatar si esa textura, era de aquellas por las cuales se decía, que el planeta se comunicaba con nuestra alma. Cerré los ojos, haciendo un esfuerzo total para abrir el canal inexistente en mí, ese de la esperanza, y le dejé a lo presionado por mi palma, la tarea de mostrarme su grandeza. Cosa de unos segundos, y ese pequeño espacio activó mis emociones, cuando con toda la fuerza, tomó en un color sepia, la imagen de mi cansada madre al llegar de sus inspecciones, y al mirarme con sumo cariño, en un momento de sincero desahogo. Dentro de mi mascara, una densa cascada nació de mis ojos, mientras se tornaba de un aroma contrario al del prepotente y orgulloso intelecto humano: olía a sabiduría, olía a muchísima sabiduría.

Poco después, coloque mi otra rodilla en el mágico sitio, y enderece el cuerpo abriendo los brazos; exhalé lentamente lo que energizaba a mi ser, desobturando así, de ralentizada forma los parpados. De inmediato destensé el puño, y elevé mis dedos al opaco cielo, con la cabeza agachada. Mis piernas temblaban, y no por el hecho de estar dobladas durante largos segundos, era esta vez, porque al final de todo, porque gracias a todos, yo, el más incrédulo de la manada… había dado con el alfiler en el pajar, con la serpiente emplumada de nuestros días.

Debo aceptar que los rumores se habían propagado, susurraban que estaban apareciendo, o que se habían aferrado a su existencia, pulmones… —"¿De qué color?" —pensé—. Sabía el color, pero es que al estar presente en esa consistencia tan viva, me hacía dudar, no obstante, definitivamente eran esos que se resistían al colapso, demostrando su fuerza, y claro, el querer asombrarnos a nosotros: aquellos individuos que acostumbramos del dicho, "ver para creer".

Colocando ahora mi extremidad elevada a la altura de mi cara, comencé a contar a mis seres queridos, impactando una por una, mis yemas en mi palma. Recordé las siluetas de esas fantásticas personas, y entonces… el nombre de aquella alfombra, apareció:

—¡Pasto, esto es verdísimo pasto! —el color se hizo más nítido—. ¡Y sé ahora que es real! —agregué con sentimiento, al constatar que efecto, como la esperanza en esos cansados ojos, alejados de la indiferencia de los míos, me lo sugería... escalaban entre las cenizas, con todas sus ganas, esa clase de excelsas texturas y tonalidades.

Entonces, llegó mi argumento final:

—Es increible como las pupilas, los cuerpos, las mentes, los seres màs dañados, aun inmersos en un mundo oscuro... siguen percibiendo un sin fin, de cosas luminosas.