taraduncan19
Rango6 Nivel 25 (782 ptos) | Novelista en prácticas
#1
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  • #2

El ser humano es realmente codicioso, demasiado. A veces esa codicia es buena y otras lo lleva a la muerte.

Cuenta una leyenda que hubo una vez una cripta en algún lugar de la tierra, se dice que esa cripta contiene la fuente de la vida eterna.

Muchos, al escuchar sobre ello se pusieron cómo locos al intentar encontrarla, buscaron con fervor día y noche, arriba y abajo, por mar, por tierra y por cielo, pero no pudieron encontrar ninguna pista o algo que les llevara hacia ella.

Pasaron los años, algunos se agotaron y dejaron de investigar su ubicación, otros, ya cansados creyeron que no existía y que solo lo inventaron algunos malnacidos para burlarse de ellos y los demás, bueno, siguieron con la búsqueda.

Aunque poco a poco, cómo los otros, su espíritu codicioso se fue apagando y dejaron de intentar encontrar algo que, para ellos ya era inexistente.

Sin embargo, no contaron con que lo que buscaban estaba en frente de sus narices, estaba prácticamente a la vuelta de la esquina. Solo necesitaban estar atentos a su entorno y abrir bien sus ojos para poder encontrarla.

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#2

Solo la persona más perspicaz y atenta pudiera darse cuenta de su residencia y esa persona era una niña de 8 años.
Esa niña, de por sí siempre fue algo extraña para todo el mundo, la encontraban demasiado seria para su edad y se comportaba de una forma rara.

El padre de la niña era una de las personas que ansiaban encontrar aquél lugar, por ello la chica, al conocer el paradero de la cripta se lo contó. El padre dudó sobre lo que contaba la hija, pero no tenía otra opción más que creerle, además de que ella siempre tenía una manera peculiar de ser.

Así que en el mismo día en el que la chica le confesó aquello, el padre le hizo prometer a la pequeña que no se lo diría a nadie, que eso era secreto entre los dos y ella solamente asintió con una mueca algo rara, y se pusieron en marcha.

Caminaron varios kilómetros lejos del lugar de dónde vivían, hasta llegar a un puente abandonado.
Por ahí no pasaba ninguna alma, estaba todo en silencio, roto, sucio e inhabitable, todo estaba ahogado en la penumbra.

De pronto, la niña empezó a bajar por una cuesta hasta estar justamente bajo el puente, exactamente en el medio de éste.
El padre desconcertado la siguió y ahí empezó su aventura.

Su hija estaba parada enfrente de lo que parecía ser una alcantarilla, pero ésta no era una normal, sino que era de plata y tenía letras por todas partes en una lengua que no reconocía.
Esto era lo que ponía.


"Με το αίμα του πιο κακόβουλο και αηδιαστικό η πόρτα θα ανοίξει."

Repentinamente la chica sacó una navaja afilada de su bolsillo, se acercó más a la alcantarilla, allí se rajó la mano dejando que la sangre fluya y así poder llenar cada centímetro de ésta.

El padre estaba anonadado, no sabía que hacía su hija, ni de dónde había sacado esa navaja, ni porqué estaba ella haciendo eso, todo era muy confuso para él, sentía que algo no iba bien, sobre todo con su hija, que no parecía serlo.

Decidió acercarse a la chica para evitar que derramara más sangre, pero ella lo miró de una manera muy gélida y amenazadora.
El hombre sintió que si se acercaba acabaría malherido. Así que, asustado, dejó que todo siguiera su rumbo.

Después de unos segundos la tapa de la alcantarilla empezaba a emitir una luz cegadora y solo empezó a moverse hasta abrirse por completo, y unas escaleras de piedra aparecieron.
La niña miró a su padre y le hizo una seña, él, aterrorizado la siguió.

Una vez abajo el hombre se tuvo que tapar la nariz del mal olor que había ahí.
Olía cómo a muerto y a podrido, pero cuánto más adentro avanzaban, más débil y raro se sentía.

Pasaron unos días, y la madre de la niña estaba preocupada, su marido y su hija todavía no habían vuelto y hace días que se habían ido a no sé dónde.

Inquieta, fue preguntando casa por casa si los habían visto, pero nada, ningún rastro de ellos, cómo si la tierra los hubiese tragado.

Cansada y muy triste la mujer volvió a su casa, sin esperanza alguna, pero al casi llegar a su hogar divisó en el portal a una niña pequeña.
Corrió rápidamente hacia allí y efectivamente, era su hija.

La chica abrazó a su madre y ésta le correspondió al abrazo, cuando se separaron la madre preocupada le preguntó el paradero del padre, pero pronto su cara se volcaría de nuevo en una llena de angustia al ver el gesto negativo que le daba su hija.

La mujer sonrió tristemente, abrazó nuevamente a la hija y la tomó de la mano para entrar a su casa, en dónde sus hermanos la recibirían con los brazos abiertos.

Lo que su madre, ni sus hermanos vieron era la terrible y macabra sonrisa que llevaba la chica encima.

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Με το αίμα του πιο κακόβουλο και αηδιαστικό η πόρτα θα ανοίξει.
(con sangre del más malicioso y asqueroso se abrirá la puerta.)